México en Rojo

 

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Imagen: alef.mx

Por: Ximena Mata  – @XimenaMataZ

No nos distraigamos. Nuestro peor enemigo no se apellida Trump. Nuestro peor enemigo no ha cambiado, sigue siendo la corrupción.

En enero pasado, Transparencia Internacional, organización mundial líder en el combate a la corrupción, presentó, como cada año, su Índice de Percepción de la Corrupción. Los países que participan reciben una calificación que va de cero a 100 puntos de acuerdo con su nivel de corrupción, siendo cero la peor y 100 la mejor. En esta ocasión, México obtuvo 30 puntos, su peor calificación en lo que va del sexenio. De 2012 a 2015, la calificación de México osciló entre los 34 y 35 puntos. El año pasado, con 35 puntos, México se ubicaba en la posición 95 de la tabla. Este año se ubica en la posición 123 (!), de 176 países evaluados, compartiendo el sitio con Azerbaiyán, Yibuti, Honduras, Laos, Moldavia, Paraguay y Sierra Leona. Entre los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), México es el peor evaluado en la materia; y entre los países del continente americano, México se ubica también en los lugares inferiores, sólo por encima de Guatemala, Nicaragua, Haití y Venezuela.

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La puntuación de 2016 sorprende, no sólo por el número de posiciones perdidas respecto a años anteriores, sino porque fue precisamente en el 2016 cuando se creó el tan esperado Sistema Nacional Anticorrupción (SNA). Este Sistema, que surgió con la reforma en materia anticorrupción y se materializó gracias al empuje ciudadano con su iniciativa “Ley 3de3”, generó altas expectativas en una sociedad ávida de una solución para combatir este problema. Si bien es ingenuo pensar que el SNA acabaría por sí solo con la corrupción en México, ver un incremento en la percepción de la corrupción en el país cuando se crea el principal instrumento para combatirla es, al menos, raro. Dos explicaciones pueden dar respuesta a esta situación: la primera es que, de acuerdo con algunos estudios, cuando más se combate a la corrupción, es cuando más aumenta su percepción en la sociedad; la corrupción se vuelve un tema recurrente en los medios de comunicación y la gente es más propensa a percibir este mal. Y segunda, el SNA no ha servido ni servirá para reducir la percepción de corrupción en el país mientras no se demuestren sus efectos, es decir, mientras no se castigue a los corruptos, mientras no se combata a la impunidad. Yo me voy más por la segunda hipótesis.

Determinar qué es peor, la impunidad o la corrupción, es como el determinar si fue primero el huevo o la gallina. La impunidad, o sea dejar sin castigo a quien comete una falta, es lo que detona, o al menos fomenta, la corrupción en México. Un funcionario que abusa de su cargo público en beneficio privado y no recibe castigo por ello simplemente lo seguirá haciendo. De poco o nada sirve que se investiguen, demuestren y persigan actos de corrupción, si no se llega al objetivo final: castigar a quien los cometió. Y, de esta manera, advertir a los corruptos que no se saldrán con la suya. Esa será, a su vez, una de las mejores formas de prevención.

Pero con todo y SNA todavía estamos lejos de castigar a los Duartes que abundan en la administración pública del país. Ya existen las leyes que sancionan los actos de corrupción, y ya está conformado el Comité de Participación Ciudadana que encabeza el SNA. Pero todavía falta que el Senado nombre al fiscal anticorrupción que conducirá los esfuerzos desde la PGR, y, sobre todo, aún falta la voluntad política de las esferas más altas para no dejar escapar a quienes a todas luces abusan de su cargo público enriqueciéndose ilícitamente. Sólo así lograremos darle credibilidad al Sistema Nacional Anticorrupción y quizá entonces logremos cambiar la percepción de corrupción en el país.

Aunque ahora la atención esté centrada en el vecino del norte, no debemos olvidar que dentro de nuestras fronteras se sigue encontrando el peor enemigo de México: la corrupción. Y lo que se percibe es que en este tema vamos de mal en peor.

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El Lado Positivo

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Por: Ximena Mata – @XimenaMataZ
Imagen: Fernando Pinilla

Todo en esta vida tiene un lado positivo. Hasta la llegada de Donald Trump al poder.

Poco antes de la elección en Estados Unidos, escuché al embajador mexicano en dicho país, Arturo Sarukhán, decir que, si ganaba Hillary Clinton, lo más riesgoso para México habría sido que actuáramos como si fuera business as usual. Él y muchos más nativos de este lado de la frontera, no sólo queríamos que ganara ella, sino también creíamos que sucedería, y por eso comenzábamos a cuestionarnos sobre los posibles escenarios para México. Hoy sabemos que el resultado de la elección fue, entre otras cosas, inusual. Así que el temor del embajador no se materializará porque en México y en el mundo sabemos que esto no es business as usual. Otros temores, mucho peores, han empezado a surgir con la llegada de Trump, pero ahí es donde se encuentra el lado positivo: su llegada nos puso alerta; queremos entender qué pasó y cómo nos afecta, nos cuestionamos cosas que antes preferíamos ignorar; estamos preocupados y, si somos listos, transformaremos esa preocupación en acción.

Entender qué pasó y por qué ganó alguien tan poco calificado no sólo es una tarea compleja, sino que también es una pregunta con muchas respuestas. Algunos culparán al sistema electoral de Estados Unidos, en el que no gana quien tenga la mayoría del voto popular, sino quien conquiste la mayoría de votos del Colegio Electoral –si el sufragio fuera directo, Hillary habría ganado por más de dos millones de votos. Otros culparán a las encuestas que nos mintieron una y otra vez, o que simplemente no supieron reflejar la realidad. Otros más culparán a los white americans que votaron en su mayoría por Trump porque prometía devolverles su trabajo y hacer America great again. Otros culparán a los latinos que “se nos voltearon” y votaron por el principal enemigo de los migrantes. Otros más culparán a la clase política y sus abusos, razón por la cual la gente no quiso más de lo mismo y prefirió a un outsider, un populista con soluciones sencillas a problemas complejos.

Lo cierto es que en todo esto hay una enorme lección tanto para políticos como para ciudadanos. Las instituciones tienen que actualizarse para cumplir con las necesidades de la sociedad y, en este sentido, el sistema electoral de Estados Unidos es obsoleto y debe cambiar. Las encuestadoras deben mejorar sus mediciones para asegurarse de reflejar la realidad, y reforzar su compromiso con la gente para ofrecer un pronóstico veraz. Los políticos deben saber escuchar las necesidades de la gente que vota por alguien, no por misógino, racista y poco calificado, sino porque les promete lo que necesitan. Y los ciudadanos debemos informarnos mejor antes de elegir a nuestros gobernantes; es un error grave votar por alguien simplemente porque se ve diferente, dice ser diferente o promete cosas diferentes, generalmente radicales que parecen sencillas. Ya veremos las consecuencias de las promesas de Trump, que poco a poco se están convirtiendo en acciones.

Desgraciadamente, las consecuencias no se quedarán dentro de las fronteras de Estados Unidos. Apenas empieza la administración de Donald Trump y México ya ha sido blanco de diferentes ataques: empresas que retiran sus planes de inversión en México; una orden ejecutiva para comenzar la construcción del muro en la frontera, a costa de los mexicanos; una difícil renegociación del TLCAN, si no es que la disolución del mismo. Y eso es apenas el comienzo. ¿Cuánto nos afectan estas decisiones? Mucho, y no sólo por nuestra ubicación geográfica, sino porque aún somos dependientes económicamente del vecino del norte. Las empresas de la industria automotriz que han amenazado con irse de México, al menos parcialmente, le pegan a la que ha sido una de las industrias más exitosas de nuestro país. El muro fronterizo no sólo reduciría el flujo de personas, creando una mayor división entre familias que se encuentran ya separadas, sino que también pone en riesgo a una de las principales fuentes de ingresos en México: las remesas. Peña Nieto ya ha dicho que los mexicanos no pagaremos por el muro, pero si Trump decide imponer un impuesto a esas remesas, claro que lo terminaremos pagando. Y sobre la renegociación del TLCAN no hay mucho que esperar, especialmente cuando se da en un contexto de desventaja y humillación. Una mala negociación o la disolución del tratado tendría un serio impacto en la economía nacional, toda vez que la gran mayoría de nuestras exportaciones tienen como destino Estados Unidos, y la gran mayoría de nuestras importaciones provienen de ese mismo país.

Es preciso actuar, y hacerlo ya. México necesita diversificar su economía, especializarse, producir y vender otras cosas; necesita tener nuevos socios comerciales y fortalecer relaciones con otros países. México necesita consumir lo nacional, pero no como revancha ni por patriotismo, sino porque lo nacional sea la mejor opción en precio y calidad. Y para eso, México necesita apoyar a sus propias empresas y hacerlas competitivas a nivel mundial. Que en lo que ya somos buenos, nos convirtamos en los mejores. Por ejemplo, ahora que se van Ford y GM, no tenemos un auto mexicano al cual voltear, siendo que México es líder en la industria automotriz. México necesita plantarse firme frente cualquier gobierno que atente contra su dignidad y su seguridad. México necesita escoger mejor a sus gobernantes, y para eso debe revisar las credenciales, y analizar las propuestas de quienes pretendan asumir el reto de dirigir al país. No podemos caer en el mismo error de nuestros vecinos del norte y elegir a la persona incorrecta sólo porque nos diga lo que queremos escuchar, o porque se vea diferente o porque prometa soluciones fáciles o porque diga que no pertenece a la clase política. México necesita fortalecer sus instituciones, eliminar la impunidad y solo así combatir la corrupción; necesita estar bien dentro de sus fronteras para poder hacer frente a cualquier amenaza que venga de fuera. Darnos cuenta de esto y actuar de una buena vez debe ser el lado positivo de la llegada de Donald Trump al poder.

Por eso digo que todo en esta vida tiene un lado positivo.

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Foto: http://www.nationalmemo.com/wp-content/uploads/2015/07/2015-07-18-donald-trump-ames-iowa-thumbs-up-reuters-640-668×501.jpg

 

Nasty Woman

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Por: Ximena Mata – @XimenaMataZ

Nasty woman”, fue el adjetivo que Donald Trump eligió para su adversaria Hillary Clinton  durante el último debate presidencial de Estados Unidos. Nasty, o despreciable, fue la mejor forma que tuvo aquel para describir a una mujer que se preparó para subir al escenario y hacerlo pedazos con estilo.

Pero no hace falta ser candidata a la presidencia de Estados Unidos para que una mujer sea considerada de esa manera. Lo sucedido en el debate me hizo reflexionar en que somos muchas las mujeres que hemos sido señaladas como nasty por meternos en asuntos públicos, por aspirar a puestos de liderazgo o por desafiar los estándares sociales. Donald lo dijo en voz alta porque el tipo no tiene filtro. Pero hay mucha gente allá afuera –hombres y mujeres- que opinan lo mismo y, sin decirlo, nos lo han hecho sentir.

Les quiero platicar brevemente mi experiencia en la política en México. No es muy amplia, pero alcanza para ejemplificar la situación. Al incursionar en ese terreno, aún dominado por hombres, nasty son los retos con los que una se enfrenta. Tres en específico he identificado: 1) entrar en la política, 2) sobrevivir a la política y 3) regresar a la política.

Cuando el entonces Alcalde de Puebla, Eduardo Rivera, me invitó a dirigir el Instituto Municipal del Deporte, más de un funcionario no entendía la razón. Recurrentemente me preguntaban ¿pues quién es tu papá? o ¿cuál es tu relación con el Alcalde? Parecía que necesitaban una justificación para entender qué hacía yo asumiendo esa responsabilidad. No les bastaba con saber que siempre he sido deportista, y que Eduardo –por cierto gran jefe y mejor persona- necesitaba a alguien que se hiciera cargo de los asuntos del deporte. Para mí era obvio, para ellos no.

El segundo reto es más duro porque exige tiempo completo. Y con eso me refiero a 24/7. Lamentablemente, en la administración pública sobrevive la creencia de que hay horario de entrada más no de salida. En ningún contexto me parece razonable, ni siquiera en el que una es joven y sin más responsabilidad que el trabajo. Pero menos razonable lo es para las mujeres que además desean ser esposas, madres, amas de casa. Simplemente no dan las horas, y cualquier trabajo debería permitir tener una vida fuera de él. Otra cosa que una tiene que sobrevivir es que muchas de las decisiones importantes en política se toman fuera de la oficina, en entornos dominados por hombres y que pueden resultar incómodos o peligrosos para las mujeres. Mi ingenua estrategia era dejar claro a la menor provocación que sé taekwondo –y que me sé defender muy bien- pero ese no tiene que ser el caso. No tiene que ser.

El tercer reto es triste. Y es que con ese sistema tan nasty, una no quiere volver a la política. Simplemente no es racional hacerlo si una tiene aspiraciones fuera del trabajo, o si se quiere evitar ciertos episodios desagradables. Además, el mercado laboral cada vez ofrece más y mejores oportunidades para las mujeres, que bien pueden desarrollarse personal y profesionalmente en la iniciativa privada, por ejemplo. La política se ha rezagado en ser más atractiva para las mujeres, y en México eso se refleja en los pocos cargos que ocupan actualmente en todos los órdenes de gobierno: menos de 300 alcaldesas en los casi 3000 municipios, sólo una gobernadora en los 32 estados, 46 senadoras de los 128 disponibles, 213 diputadas de los 500, y sólo 2 ministras de 11 en la Suprema Corte de Justicia.

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Pero aún así ahí estamos las nasty women que nos negamos a darle la espalda a la política. Porque importa, porque las cosas tienen que cambiar, y porque no van a cambiar por sí solas. Afortunadamente hay mujeres como Hillary, que van abriendo brecha para las nasty women en puestos de liderazgo, sobre todo en la política. Pero hacen falta más como ella, y de todas depende ir preparando el camino.

  Foto: http://people.com/politics/katy-perry-nasty-woman-t-shirt-campaigns-hillary-clinton-las-vegas/

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México en Río: ¿estamos fracasando?

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Alexa Moreno. Gimnasia, México.

Por: Ximena Mata – @XimenaMataZ

Concluye la primera semana de competencias en Río 2016 y México todavía no cosecha medallas. Varios de los medallistas en ediciones anteriores se han quedado en el camino –notablemente en clavados, tiro con arco y fútbol- y la crítica de millones de mexicanos se ha dejado venir al grado de insultos y amenazas. Es hora de poner un alto.

Primero, los deportistas que están en Río merecen nuestra admiración y respeto. Ninguno está ahí porque “le regalaron el pase” o “por cubrir una cuota”. Las reglas de participación en cada deporte están definidas por sus federaciones mundiales y, les aseguro, todos los mexicanos que compiten en estos Juegos pasaron por un arduo proceso eliminatorio. Simplemente están entre los mejores del mundo y por eso están ahí.

Segundo, todos los que compiten en los Juegos Olímpicos aspiran a ganar, de eso no hay duda. Pero la carrera por las medallas no empieza el día de su prueba, sino años atrás durante su preparación. Aunque el día de la competencia existan condiciones de igualdad entre los atletas, lo cierto es que durante su preparación no hay tal cosa. Los países con mayores recursos y/o mayor compromiso con el deporte le invierten más y mejor a sus atletas, por lo que llegan con mayores posibilidades de ganar. Pero en países como México, ganar una medalla es más bien un mérito del atleta y de su familia, que una consecuencia de la estrategia nacional del deporte. Por eso es que debemos aplaudir a talentos como Alexa Moreno que han llegado muy lejos en deportes en los que México poco ha figurado.

Tercero, a los que exigen medallas a los atletas mexicanos y juzgan participación sin haber pisado una pista, cancha, tatami, y sin haber sentido la presión de un país bajo sus hombros, los invito a guardar silencio. O bien, los invito a ir por las medallas ustedes mismos. A México le hacen falta más deportistas y menos tuiteros pseudoexpertos en deporte olímpico.

Que no quepa duda: yo también estoy tristísima con los resultados del país y tengo el himno atorado como un nudo en la garganta. Pero en la crítica desinformada no está la solución. Al ver el medallero de México vacío, todos sentimos una profunda tristeza e indignación. Creo que no hay culpables, pero sí un responsable, y se llama Alfredo Castillo.

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Alfredo Castillo. Director de la CONADE

Alfredo Castillo es el director de la CONADE, organismo que se encarga de promover el deporte a nivel nacional. Ante las críticas sobre la actuación de México en Río, Castillo se ha encargado de dar respuestas desafortunadas y culpar a los jueces, a las lesiones, a la edad de los atletas, a un conflicto añejo con la FINA, en lugar de enfrentar el problema de fondo: México no le ha apostado lo suficiente al deporte. Pero qué otra respuesta puede dar quien opina que la CONADE es una agencia de viajes, y quien tiene escasa o nula experiencia en el deporte, pues su trayectoria ha sido en la procuración de justicia, el derecho penal y el combate al narcotráfico.

Los propios atletas se han quejado del trato de Castillo y del desempeño de la CONADE durante este último año. Aida Román, medallista de plata en Tiro con Arco en Londres 2012, asegura que “se le ha tratado como delincuente”; Rodolfo Cazaubón, golfista en Río, se quejó de la falta de apoyo ante el extravío de sus bastones de golf; y el equipo nacional de boxeo tuvo que salir a “botear” para juntar recursos para ir al mundial de la especialidad, luego de que la CONADE le recortara presupuesto a su federación.

No, no hay culpables, pero sí un responsable, porque el titular de la CONADE, sea Alfredo Castillo o quien venga después, tiene que asumir el rol que le toca: promover el deporte nacional, fomentar el semillero de talentos, regular los excesos de las federaciones deportivas nacionales, y facilitar a los atletas de alto rendimiento el camino hacia la gloria olímpica.

México no ha fracasado en Río y todavía es temprano para hacer un balance general. Pero no debemos perder el ánimo y mucho menos atacar a quienes están portando dignamente la camiseta de un país que les ha quedado a deber.

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http://rio2016.com.org.mx/atletas/paginas

http://www.animalpolitico.com/2016/08/las-frases-de-alfredo-castillo-sobre-mexico-sin-medallas-en-rio-2016/

https://inteligenciaindependiente.com/2016/03/11/la-indignacion-de-los-mexicanos-sin-bandera/

http://www.proceso.com.mx/450589/la-conade-una-agencia-viajes-busca-medallas-alfredo-castillo)

http://aristeguinoticias.com/2708/kiosko/explota-aida-roman-contra-alfredo-castillo/

https://www.facebook.com/espnfans.mexico/videos/1119521501439053/?pnref=story

http://www.record.com.mx/mas-deportes-amateur/boxeadores-mexicanos-botean-para-ir-al-mundial

Fotos

http://mexico.as.com/mexico/2016/08/10/masdeporte/1470781436_331061.html

http://conexos.com.mx/alexa-la-gimnasta-mexicana-criticada-por-sus-compatriotas/

 

Juegos Olímpicos “in a Nutshell”

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Por: Ximena Mata – @XimenaMataZ

La fiesta más grande del deporte mundial acaba de comenzar. Cuatro años tienen que pasar para que podamos reír, gritar, festejar, llorar, cantar el himno nacional  viendo a nuestros atletas sudar la camiseta de México. Cuatro años me parecen una eternidad, porque desde que tengo memoria siempre esperé con ansias esas dos semanas de verano en las que todo es deporte en el ambiente. Pero antes de que empiece esta fiesta y todos gritemos “México, México” frente a la pantalla, y pretendamos ser expertos en cada deporte en el que participe nuestro país, esto es lo que hay que saber sobre los Juegos Olímpicos de verano:

Los Juegos Olímpicos (y no Olimpiada, que se refiere al periodo de cuatro años que pasan entre unos Juegos y otros) comenzaron en Atenas en 1896, cuando el francés, Pierre de Coubertin, revivió una antigua tradición griega del siglo VIII a.C. -por cierto, en la ciudad de Nemea aún se celebra cada cuatro años una carrera al viejo estilo en la que participa gente de cualquier edad y de cualquier parte del mundo, con el único requisito de ir descalzos y cubiertos con una túnica blanca-. Los primeros Juegos Olímpicos de la era antigua se celebraron en la ciudad de Olimpia, donde ahora se encuentra la Academia Olímpica Internacional. Hace algunos años tuve la fortuna de representar a México en la Academia, encargada de promover los valores del olimpismo en todo el mundo, y ahí entendí que los Juegos son mucho más que un espectáculo para unos y un sueño para otros; son en realidad una herramienta para el desarrollo de las personas, un instrumento para el respeto y amistad entre los pueblos, y un camino para la tregua y la paz.

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Los Juegos se han realizado desde entonces cada cuatro años, con la excepción de 1916, 1940 y 1944 a causa de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Esta será la segunda vez que se realicen en un país Latinoamericano. La primera vez fue México 68, y ahora será Brasil el encargado de recibir a más de 10 mil atletas de 206 países, que del 5 al 21 de agosto se disputarán la gloria olímpica en 42 modalidades deportivas.

La delegación mexicana estará compuesta por 124 atletas que participarán en 23 deportes diferentes: atletismo, bádminton, boxeo, canotaje, ciclismo, ecuestre, esgrima, futbol, gimnasia, golf, judo, levantamiento de pesas, lucha, natación (aguas abiertas, nado sincronizado, clavados), pentatlón moderno, remo, taekwondo, tenis de mesa, tiro, tiro con arco, triatlón, vela y voleibol (sala y playa). Se recomienda seguir de cerca a los clavados, el tiro con arco y –por supuesto- al taekwondo. Aquí participarán atletas con amplísima experiencia, como es el caso de Paola Espinosa, Aída Román y María Espinosa. Pero lo cierto es que vale la pena dejarse sorprender por el talento mexicano que cada cuatro años nos regala una medalla o una historia inesperada.

¡Qué disfruten los Juegos!

https://www.olympic.org/about-ioc-institution

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Prisa

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Por: Ximena Mata – @XimenaMataZ

Parece que algo tenemos en común jóvenes y adultos. Todos tenemos prisa. Vamos corriendo como si se nos hiciera tarde para la vida, y mientras tanto va pasando la vida misma.

No tenemos tiempo de estar en calma. Porque en la calma parece que no pasa nada, y la nada nos aburre, a veces nos deprime. Tenemos prisa de que nos pase todo, y que nos pase ya. De chicos teníamos prisa de crecer; de pasar de secundaria a preparatoria, de encontrar al primer amor, y de que éste fuera eterno. Tuvimos prisa de entrar a la universidad y “estudiar lo que nos gusta”; de salir de la universidad y empezar a trabajar, de ganar nuestro propio dinero. Ahora quizá tenemos prisa de ganar más; no sólo dinero, sino también reconocimiento e independencia. Tenemos prisa de colgarnos tantos títulos como sean posibles; de ser expertos del mundo, de la economía, de la política, de la vida. Tenemos prisa de encontrar al verdadero amor, y de que llegue bien y de buenas en la primera búsqueda. No tenemos tiempo de “perder el tiempo” en relaciones infructíferas; tenemos prisa por el éxito en todos los aspectos de la vida. Tenemos prisa por el matrimonio y por los hijos; prisa de que crezcan y de que todo aprendan, de que entren a la secundaria y repitan el ciclo, teniendo prisa de ir a la prepa.

Parece que jóvenes y adultos vamos a toda prisa en dirección de la rutina. No tenemos tiempo de disfrutar del café de la mañana, o de una breve plática matutina, o de una caminata hacia el trabajo o hacia donde sea. Tenemos prisa de que empiece el día, de saber todo lo que pasa a nuestro alrededor, y de entenderlo todo, aunque sea por encimita. Tenemos prisa de que acabe el día y llegue la noche, porque estamos todos muy cansados de tanto correr; luego prisa de que acabe también la semana y llegue la efímera paz del sábado y domingo. Tenemos prisa por las vacaciones, y añoro de que no se acaben nunca. Tenemos prisa de vivir.

Esa prisa nos llevará un día al puerto deseado, en el que hayamos cumplido la lista del deber, y ahí nos dará urgencia por volver. Volver para no tener prisa al tomar café, y para darnos el tiempo de conversar lo que de jóvenes nos parecía trivial. Nos dará urgencia por volver y cometer errores que nos hicieran aprender; por aceptar que no lo sabemos ni lo sabremos todo, y que eso está bien. Desearemos volver para disfrutar también los lunes y los días que no son vacaciones; para disfrutar la calma en la que parece no pasar nada, pero desde la que se puede apreciar todo. Desearemos no haber tenido prisa por crecer, por trabajar y por trascender. Nos daremos cuenta de que nos estorbaba la prisa para vivir, y nos faltaba la calma y su placer.

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Imagen: http://simonjannerland.blogspot.mx/2012/02/kent-in-hurry.html

¿Perdimos la Guerra Anticorrupción?

 

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Por: Ximena Mata – @XimenaMataZ

En días pasados, el Senado de la República y la Cámara de Diputados, se dieron a la tarea—finalmente—de aprobar las Leyes que conforman el Sistema Nacional Anticorrupción. Entre ellas, discutieron, mocharon y aprobaron la Ley General de Responsabilidades Administrativas, mejor conocida como Ley 3 de 3. En las redes sociales, los ciudadanos han manifestado su inconformidad por la aprobación de una ley que no respeta fielmente la solicitud de los más de 630,000 firmantes de aquella iniciativa.

Recordemos: luego de los escándalos de corrupción en el país que involucraron a altos funcionarios del gobierno federal, incluido el Presidente Peña Nieto, la ciudadanía pasó de la indignación a la acción al urgir a los servidores públicos que hicieran públicas 3 declaraciones: patrimonial, fiscal y de intereses. El IMCO y Transparencia Mexicana se dieron a la tarea de juntar esa inquietud ciudadana en la propuesta #Ley3de3. La meta era juntar 120,000 firmas (como marca el art. 71 Constitucional) para poder llevar la propuesta de ley al Senado. En tan sólo 2 meses, lograron juntar 634,143 firmas de mexicanos hartos de la corrupción.

La iniciativa pasó al Senado, y se turnó a las Comisiones Unidas de Anticorrupción y Participación Ciudadana, y de Justicia y de Estudios Legislativos para su análisis. Dichas comisiones debían discutir, además, las otras 6 leyes que conforman el Sistema Nacional Anticorrupción. El plazo constitucional para emitir dictámenes era el 28 de mayo, y tristemente a nadie sorprendió que los legisladores violaran la Constitución—una vez más—al patear los dictámenes hasta después de las elecciones del 5 de junio. Una vez pasadas las elecciones, y definido el periodo de discusión de las Leyes Anticorrupción para el 13 al 17 de junio, empezamos a ver la verdadera voluntad política para combatir la corrupción. En eso tampoco hubo sorpresas.

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En lo que respecta a la Ley 3 de 3, con 59 votos en contra (PRI, PVEM y 1 independiente), 51 a favor (34 PAN, 16 PRD y 1 independiente), una abstención y 17 ausencias, los senadores bloquearon la máxima publicidad de las 3 declaraciones ya mencionadas. Fue un golpe para la ciudadanía. De acuerdo con lo aprobado en el artículo 29, “las declaraciones patrimoniales y de intereses serán públicas salvo los rubros cuya publicidad pueda afectar la vida privada o los datos personales protegidos por la Constitución.” Es decir, cualquier funcionario que sienta afectada su vida privada podrá optar por no hacer públicas buena parte de sus declaraciones. Además, los senadores (PRI y PVEM) rechazaron los formatos utilizados en la plataforma #ley3de3, que la gente ya conoce, para hacer las declaraciones.

En su lugar, los nuevos formatos serán creados por el comité coordinador, a propuesta del comité de participación ciudadana, que aún no existe. Por otro lado, esa misma ley en su artículo 32 impone a todo ciudadano que reciba recursos públicos (empresarios, empleados, becarios, pensionados, beneficiarios de programas sociales, etc.) a hacer las 3 declaraciones. Si bien los empresarios deben ser parte de la solución anticorrupción, una disposición tan ambigua desvía la atención de lo verdaderamente importante: vigilar y sancionar a los funcionarios corruptos, que al final son quienes nos representan. Afortunadamente, este último artículo fue vetado por el Presidente y ahora toca al Congreso volver a votar sobre su contenido; sin embargo, el artículo 29 quedó intacto y debemos seguir presionando hasta antes de que se promulgue la ley.

En fin. Comparto la indignación de miles de mexicanos. Es una burla que los políticos se sigan escondiendo en leyes hechas a modo para seguir usando el servicio público para beneficio privado. Pero también reconozco que estamos viviendo un avance importante. Como nunca antes, la gente está pendiente y participa en la vida pública del país, exigiendo a los legisladores combatir la corrupción. Y por primera vez en la historia de nuestro país una iniciativa ciudadana se convierte en ley. Sí, nos quedaron a deber en la Ley 3 de 3, pero también están la Ley General del Sistema Nacional Anticorrupción, que da un papel primordial a los ciudadanos; las reformas al Código Penal Federal, que tipifican delitos de corrupción e imponen cárcel como sanción; las reformas a la Ley Orgánica del PGR, que determinan a la fiscalía anticorrupción como encargada de investigar y perseguir delitos en la materia, entre otras, que han sido aprobadas exitosamente, y que permitirán prevenir, perseguir y sancionar mejor a los corruptos de este país.

No todo está perdido y no debemos estancarnos en la frustración de una sola ley. No podemos dejar que con una batalla nos ganen la guerra. Somos más los buenos y vamos por buen camino. Esta guerra apenas empieza, y el triunfo estará en no bajar la guardia frente a la corrupción.

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Fotos: El Universal, ley3de3.mx