Nadal, eterno Nadal

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Por: Ernesto Gómez – @EGH7

Entre las diversas clases de deportistas existen aquellos que con su talento puro y nato nos deslumbran, los arrogantes que se ganan solamente a su propio público y también aquellos que le ponen una pasión y una garra a su disciplina que conquista a quien los ve, conmovidos por la entrega que demuestran. Pocos ejemplos como Rafael Nadal para esta última categoría, un jugador que emociona en todo momento.

Siguiendo por ya diez años la trayectoria de Nadal, estoy convencido de que no fui el único que estaba eufórico de verlo levantar un título más del US Open —su tercero en Flushing Meadows— y tomar una ventaja sustancial sobre Roger Federer en la carrera por cerrar el año como número uno del mundo. Cuatro años después de que lo hiciera por última vez y luego de que muchos pensaran que estaba acabado.

En su carrera, así como en la pista, Rafael Nadal no ha hecho más que remar, pelear en todo momento y hasta la última bola. Fiel a su estilo, se ha batido como gladiador desde que se probara a los diecisiete años como uno con el llamado de los elegidos. Indiscutiblemente uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, a pesar de que sus lesiones han querido frenarlo. Rodilla, muñeca, codo, espalda, de todo ha vuelto y siempre parece volver con más fuerza, aún si los dos cursos anteriores fueron para el olvido. El 2015 y 2016 nos mostraron a un Nadal taciturno, irregular y desconfiado, nunca encontrando consistencia en su nivel y alejado de los escenarios principales hasta otra lesión que terminó su 2016 antes de tiempo.

El 2017, empezando desde el puesto 9 de la clasificación, ha sido un año de ensueño que comenzó con la final del Australian Open en un duelazo frente al maestro Federer (véase https://inteligenciaindependiente.com/2017/01/30/nadal-y-federer-un-clasico-instantaneo/). Otras dos finales jugó sin suerte (Miami y Acapulco) hasta que llegó a su tierra de dominio y sobre la arcilla se alzó con títulos en Montecarlo, Barcelona y Madrid, coronado con paso arrasador en su amado Roland Garros. Nunca antes había alguien ganado el mismo torneo diez veces y el mallorquín logró este hito en tercia con Montecarlo, Barcelona y París. Recordó a los que olvidaron que la tierra batida tiene un nombre propio y es el suyo y calló a quienes lo pensaron abatido, con un tenis incapaz de ajustarse a su edad y al ritmo de juego actual.

Estando a estas alturas del año, lo único que faltó para hacerlo más especial fue una participación más protagónica de Novak Djokovic, pues las tres rivalidades más repetidas y antológicas del tenis son las que tienen entre Roger, Rafa y Nole. Después de dos años de hegemonía del serbio, ahora a él le tocó el lado amargo de las lesiones y abrió paso para el resurgir de Nadal y Federer, que acapararon los cuatro Grand Slams del año por cuarta ocasión en sus carreras (2006, 2007, 2010, 2017). Ahora, después de siete años —a menos que pase algo extraordinario— también cerrarán el año parados en los dos primeros puestos del ránking por séptima ocasión, ambas hazañas insólitas.

“La heredera es la pasión”, bien lo decía Toni Nadal, tío y entrenador de Rafael, en una de sus columnas de este año para El País. En ella hace referencia a que la nueva generación no ha trascendido porque, además de tener unos titanes en la vieja guardia, no han logrado batirse con la pasión de sus antecesores. Pasión es lo que le sobra a Nadal, lo que derrocha en cada punto que se juega como si estuviera ahí el juego entero y que lo hace el jugador más difícil de vencer en cinco sets. Empezará mal, pero siempre encontrará el camino para volver. Así lo demostró en este US Open, que marcó el decimosexto grande de su carrera (sólo superado por Federer con 19) y que nos ilusiona con que esa cifra sea un “y contando”.

Nueve años después de que Rafa alcanzara el número uno por primera vez, este 2017 también será especial para el ya mencionado Toni Nadal, quien se retirará al final de la temporada como el entrenador más laureado de la historia del tenis y dejará a su sobrino en manos de Carlos Moyá. En otra de sus columnas recordó cuando le contó a su sobrino haber oído decir a algunos tenistas retirados “si hoy volviera a empezar lo intentaría con más ahínco” para aleccionarle sobre el valor de la perseverancia como ingrediente clave. A esto, Nadal le respondió “Toni, no creo que a mí me pase eso. El día que yo me retire de este deporte, lo haré con la tranquilidad de haber hecho todo lo que ha estado al alcance de mi mano”. Sin duda alguna, Rafa, sin duda alguna.

Nadal y Federer, un Clásico Instantáneo

Australian Open Tennis

Por: Ernesto Gómez – @EGH7
Imágenes de AP

Este domingo el mundo del tenis estuvo de fiesta. Rafael Nadal y Roger Federer, los grandes rivales y amigos, se volvieron a enfrentar en una final de Grand Slam. La novena se ha dado entre dos de los mejores tenistas de la historia, que protagonizan una de las más fuertes rivalidades del medio, comparable solamente con la que cada uno tiene con Novak Djokovic, el gigante que ha dominado los últimos años.

Hasta el 2011, Nadal y Federer fueron los dos nombres propios del tenis, acaparando casi por completo el deporte y peleando siempre en el número uno y dos del ránking mundial. Djokovic, las lesiones de Nadal, y las bajas de rendimiento de Federer, vendrían a romper su racha ganadora y a alejarlos por momentos de la gran escena. Ambos volverían al número uno del mundo (Federer en el 2012 y Nadal en el 2013), pero no retomarían su rivalidad como en antaño.

Se enfrentaron con mucho y poco que perder al mismo tiempo. Pues estar aquí, cuando nadie lo apostaba, ya era ganancia. Llegaron ranqueados número 9 Nadal y 17 Federer, muy lejos de sus posiciones acostumbradas a la hora de encontrarse. Comprobaron que sus carreras aún tienen que ofrecer y levantaron la mano para competir el resto del año contra la hegemonía de Murray y Djokovic. Por otro lado, ambos podían reafirmar aún más sus legados: Federer conseguiría su 18vo Grand Slam y ampliaría su brecha sobre su perseguidor, el mismo Nadal que estaría ganando su 15vo, rompiendo el empate que tiene con Pete Sampras.

Ya lo anunciaba El País “El tiempo se detiene en Melbourne, donde al tenis le ha dado un ataque de nostalgia y por mirar atrás, hacia el pasado.” Para los que siguieron el deporte blanco durante la década pasada, el partido, tan sólo con el cartel, representó exactamente eso: una vuelta al pasado, a la nostalgia. Pues estos dos titanes del deporte no se veían las caras en un escenario así desde la final de Roland Garros en el 2011 (donde el triunfo fue para el español). Esperamos seis años para volver a ver el gran clásico que comenzó su historia hace más de una década cuando un Federer ya consolidado como el mejor del mundo se vino a topar con un joven Nadal que lo eliminaría del Masters de Miami con tan sólo 17 años de edad. A partir de entonces forjaron una rivalidad con estadísticas impresionantes, siendo este su duelo número 35 y dejando en el pasado partidos inolvidables como la final de Wimbledon del 2008 -considerado el mejor partido de la historia del tenis- que se llevó Nadal en cinco sets.

Australian Open Tennis

El duelo se anticipaba memorable, tal vez el más importante en la carrera de cada uno. Probó ser exactamente eso: un clásico instantáneo, una pelea épica a cinco sets que evocó las de antaño no sólo por el cartel, sino por el juego que se vio en la Arena Rod Laver. El partido arrancó con un Roger concentrado en imponer su estilo, buscando el tiro ganador pronto y evitando el peloteo prolongado que beneficia a Nadal. Rafa, por su lado, hizo esfuerzos impresionantes para responder cada bola y contener el asalto de Federer. Cada quien tiró de lo que sabía, Federer de su clase y su revés y Nadal de su resiliencia y pasión por la épica en los partidos grandes.

En dos ocasiones Nadal remontó estando un set abajo para mandar el partido a un quinto y, en este último, fue a Federer a quien le tocó remar a contracorriente para llevárselo. Arriesgó más y, despejado de sus fantasmas contra Nadal (registro de 12 ganados contra 23 perdidos), se hizo de un Grand Slam más para su registro, rompiendo los pronósticos de la mayoría, que apostaba que ya se había quedado en 17. Más monumental aún, considerando que el suizo tiene 35 años.

Me aventuro a decir que al final del partido Federer no era el único con lágrimas en los ojos. Los dos se felicitaron extensivamente, contentos de haberse encontrado una vez más. “No te vayas Rafa. El tenis te necesita”, le dijo Federer a Nadal cuando recibió el trofeo. El deporte necesita siempre a caballeros y superdotados como estos dos. Independientemente de las inclinaciones personales de cada quien, el domingo, quien ganó más fue el tenis.

Australian Open Tennis

Emociona la vuelta de Rafa y más considerando que el próximo torneo grande es donde forjó su leyenda, Roland Garros. Emociona también que el grande inmediato al de París es Wimbledon, el santuario de Roger. Está por verse hasta donde extienden su legado este par de históricos. De momento, un brindis por Australia que nos llevó al pasado glorioso y un brindis por Roger Federer, campeón del primer gran torneo del año, atemporal maestro del tenis.

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