El vaso. ¿Está medio lleno o medio vacío?

Vaso medio lleno o medio vacio

Por: Alex Leurs

En “El potencial social de la comunidad”, mi primera colaboración con Inteligencia Independiente, hice alusión a la película-documental “Demain”. Este proyecto propone una aproximación distinta a las dificultades ecológicas y económicas de nuestra actualidad; en vez de centrarse en problemas y citar tragedias escoge enfocarse en propuestas de solución. Resulta interesante destacar este aspecto ya que las conceptualizaciones teóricas de terapias contemporáneas proponen que todos los días, cada uno de nosotros, tenemos la posibilidad de escoger el tipo de historias que queremos contar.

En terapia narrativa se parte del principio de que la realidad se construye socialmente. Esto quiere decir que en las interacciones cotidianas, mediante el diálogo, se reproducen y sostienen visiones específicas de la realidad. La realidad social, esa que resulta de los significados que arrojamos al mundo, se crea y mantiene conforme la hablamos y la actuamos. Algunos apelarían en este momento al concepto de cultura para identificar un sistema de significados en el cual estamos inmersos y que determina, en parte, formas de comprender la realidad.

Es decir que la metáfora del vaso medio lleno/vacío no se puede reducir a un sesgo intencional o a una simple cuestión de enfoque. En el tipo de discurso que decidimos implementar existe, implícitamente, una forma de interpretar al mundo. Detrás de la elección lleno/vacío radica un proceso de construcción de realidad —del vaso— ya que en función de la perspectiva que se adopta, diferentes posibilidades se abren —tanto al vaso como a la relación con él—. Como lo discutí en “La locura o la cachetada de guante blanco a la normalidad”, uno de los elementos más analizados en psicología narrativa son las practicas de poder implícitas tanto en los discursos de las instituciones como en los de la cotidianidad. Sin embargo ello no supone que no existan un sin fin de significados tácitos dentro de nuestras cotidianidades. Así, en este caso, me gustaría exponer otra noción implícita: la dicotomización de la realidad.

Retomando la metáfora del vaso —y sometidos a una visión binaria de la realidad—, se nos presentan dos posibilidades: el vaso medio lleno asociado a una visión positiva del mundo o, el vaso medio vacío asociado a una visión pesimista de la realidad. Dicho de otra manera, puedes ver al mundo de forma positiva o pesimista. Es necesario escoger una porque son mutuamente excluyentes: escoges enfocarte en lo positivo o en lo negativo. El mundo, entonces, es bueno o malo. Sin embargo existe una tercera alternativa: aceptar la ambivalencia de los eventos que conforman nuestra cotidianidad, nuestra vida y que permiten crear la realidad social. Esto no es tarea fácil ya que supone romper con una visión dicotómica en la que las cosas no pueden ser dos caras de la misma moneda al mismo tiempo.

Permítanme apelar a otro ejemplo para destacar el impacto del tipo de discursos implementados a escala nacional. Recuerdo que hace algunos años (tal vez 20), al mismo tiempo que los hermanos Brennan explotaban el alarmismo y amarillismo con su noticiero “Duro y Directo”, y que Zabludovsky nos quería hacer ”bobos”, surgía un noticiero cuyo lema era “las buenas noticias también son noticias”. Aquí tenemos nuevamente dos posturas: discursos centrados en problemas y un discurso centrado en soluciones.

En el primer caso la saturación de noticias agravantes reproduce una realidad pesimista, dominaba por la violencia y los abusos generando así una realidad de la cual hay que defenderse. Difundir pánico es crear miedo y crear miedo genera problemas. Que estos problemas existan o no es irrelevante ya que la condición necesaria para que se vuelvan reales es que la gente los interiorice como ciertos. Así funcionan los rumores: los eventos importan poco cuando la genta está convencida. El lobo no tiene que llegar, sólo necesita ser anunciado para que la gente lo empiece a buscar e, inevitablemente, a encontrar.

En el segundo tipo de discurso parecería que tenemos exactamente lo opuesto: un enfoque en eventos cotidianos positivos. No obstante, existe una ligera diferencia que se manifiesta en el uso del adverbio “también”. Este último introduce una visión complementaria que no rechaza la presencia de eventos propios al primer caso. En realidad, lejos de negar la presencia de eventos negativos en la realidad, propone rescatar buenas noticias ya que ellas también forman parte de la realidad.

No se trata de hacer la apología de un noticiero que traía noticias bonitas. Más bien, se trata de subrayar que en su lema, el noticiero (tal vez sin querer), señala que la realidad es ambivalente y que en ella, elementos que asumimos ser mutuamente excluyentes en realidad, cohabitan. A diferencia de los discursos alarmistas que no dejan lugar para aspectos positivos, los discursos centrados en soluciones no se limitan a ignorar lo problemático. Este punto es crucial: un discurso centrado en soluciones presenta rasgos de flexibilidad que hacen espacios para la complementariedad de aspectos de la vida que en nuestros discursos asumimos son incompatibles. Esto es válido para cualquier par de opuestos: guerra/paz, blanco/negro, sucio/limpio, dentro/fuera, etc.

Ambos tipos de noticias reproducen alguna faceta de la realidad cuya complejidad radica en la coexistencia de incompatibilidades conceptuales creadas por sistemas de creencia. La única limitante está en el sistema de creencias que asume incompatibilidades en hechos de la cotidianidad. Entonces, el vaso no está ni medio lleno ni medio vacío. El vaso tiene agua y es, al mismo tiempo, metáfora de pesimismo y positivismo. Está medio lleno y medio vacío al mismo tiempo. Incluso, si integramos la variable de tiempo, podríamos destacar que ambos son momentos de transición de un dinamismo en el que el vaso se vacía y se vuelve a llenar.

Así es el mundo y la realidad. Aceptar esta ambigüedad y deshacer mitos dicotómicos abre las puertas a una relación más amena con el mundo. Justamente uno puede odiar a los que ama y amar a los que odia. Estar triste siendo feliz y ser feliz estando triste. Estar bien consigo mismo no excluye el sentirse triste. No hay emociones buenas o malas simplemente existe un aparato para sentir el mundo y esta se manifiesta con un rango diverso de estados de animo. De la misma manera, ambos tipos de noticieros pueden coexistir. Aunque sería más productivo presentarlos en un mismo programa en vez de entretener la psicosis dicotómica de una faceta (un programa) buena y otra mala.

La vida entendida como movimiento requiere de un dinamismo que, a mi parecer, está garantizado por la ambivalencia tanto de los eventos de la realidad como de las experiencias subjetivas de los individuos. La película-documental “Demain” es un buen ejemplo de cómo podemos incorporar discursos alarmistas con discursos centrados en soluciones: los primeros despiertan la necesidad de los segundos. Si los problemas no se aceptan no hay manera de proponer acciones para resolverlos. Así, un discurso centrado en soluciones no puede ignorar los problemas ya que representan la condición necesaria para que puedan surgir alternativas. Para que el vaso pueda llenarse tiene que vaciarse y viceversa.

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Juegos Mentales

Final US 94

Por: Uriel Gordon  – @Urielo_
Imagen: http://www.bbc.com/sport/football/26931123

“Antes de que me fuera a las finales, mi maestro budista espiritual me dijo que enfrentaría muchos problemas y quF´e todo, se decidiría en el último minuto. En ese momento, no me di cuenta que su predicción sería muy precisa”.

Roberto Baggio en su autobiografía Una Porta Nel Cielo-

Pasadena California, 17 de julio de 1994.- Las banderas ondean; los gritos, aplausos y suspiros dictan la tónica del ambiente. Llegó la hora de la verdad, el momento para definir al campeón del mundo: Brasil e Italia se juegan el todo por el todo en la tanda de penales. El torneo, de pronto, se reduce a un instante; tras el gol de Dunga, la Verde Amarela se coloca 3-2 arriba en el marcador; Italia está en desventaja; otro tiro fallido y el viaje habrá terminado. No obstante, si hay alguien que puede mantener con vida a la Squadra Azzurra es el delantero Roberto Baggio, la estrella de la selección italiana, el ganador del Balón de Oro de 1993. Había hecho una gran papel en el Mundial; todo indica que está destinado a ponerse la camiseta de héroe para salvar a su equipo y hacerlo respirar.

Es un momento complicado; la multitud en el Estadio Rose Bowl está vuelta loca; los ruidos son ensordecedores; la presión está sobre Baggio. ¿Qué pensamientos estarán pasando por su cabeza? Con decisión y nerviosismo, agarra la pelota y la coloca en el manchón penal; toma vuelo y se prepara para ejecutar. El mundo lo observa; es la primera final en la historia de las Copas Mundiales que se decide en penales. Baggio entra a otra dimensión del tiempo; los instantes que vivirá lo marcarán para siempre. Se encuentra en el limbo del futbol: sabe que si mete el gol, su equipo tendrá chance de seguir volando; si falla, el sueño se romperá: todo se irá por la borda y la realidad se convertirá en su peor pesadilla.

Suena el silbatazo del árbitro y el número 10 del equipo italiano, comienza a trotar hacia el balón; para el espectador los pasos se ven acelerados; él, tal vez, los percibe como una eternidad. Está a punto de hacer contacto con la pelota y vemos que el portero de Brasil, Claudio Taffarel, instintivamente, se vence hacia el lado izquierdo, buscando adivinar la trayectoria. La pelota sale disparada con fuerza, pero vuela; sobrepasa la altura del travesaño y va dirigida hacia la tribuna. Brasil es campeón del mundo; el estadio se vuelve una samba; los jugadores brasileiros celebran. Baggio agacha la cabeza: Italia pierde la final del Mundial Estados Unidos 1994.

Cuando un partido se define en penales, se dice que es un volado. En cualquier momento, la presión y la suerte pueden inclinarse para cualquier lado de la balanza. En Estados Unidos 94, vimos que el péndulo de la presión jugó a favor de Brasil; vimos a uno de los mejores jugadores del mundo literalmente, volar un penal en el momento más definitorio de su carrera. ¿Qué sucedió?

Cuando llegué al manchón penal, me sentía bastante lúcido; lo más que uno puede estar en ese tipo de situación. Sabía que Taffarel siempre se aventaba, así que decidí tirar hacia el centro, arriba de la media altura para que no pudiera detener el balón con sus pies. Fue un decisión inteligente (…) Desafortunadamente, y no sé cómo, la pelota se elevó tres metros y voló sobre el travesaño (…) Fallé en ese momento; punto. Me ha afectado por años. Es el peor momento de mi carrera; todavía sueño con eso. Si pudiera borrar un momento de mi carrera, ese sería”, recordó Baggio en su autobiografía.

No se trata de juzgar a Baggio, a un jugador de entonces 27 años que no pudo soportar la presión. Los dioses del futbol no existen: el deporte lo juegan finalmente humanos que están llenos de emociones; en cualquier momento, la confianza se puede transformar en miedo; los aciertos y los errores forman parte de nuestra naturaleza. Por supuesto, se dieron muchos factores que detonaron el error de Baggio, pero podemos asumir que internamente la mente le jugó chueco: perdió concentración y voló el balón.

Ante este tipo de situaciones, el escritor del portal Slate, Stefan Fatsis, quien también es autor del libro A Few Seconds of Panic: A Sportswriter Plays in the NFL planteó, en entrevista con businessindiser.com, que el truco para vencer el pánico es encontrar una manera de aislar nuestra mente y de enfocarnos en la tarea que debemos realizar.

“Hablas con psicólogos del deporte y ellos te dicen que todos los grandes atletas hacen esto: tienen un lugar a donde se van y se enfocan; tienen una frase que repiten constantemente para hallar un camino para bloquear la presión y enfocarse en la tarea que han hecho millones de veces antes”, dice Fatsis.

Suena fácil escapar de la presión pero, sin duda, bloquearla es una tarea complicada; a todos nos puede traicionar la mente en los momentos definitorios, que son los que, a veces, definen la gloria o la derrota en los capítulos de nuestras vidas. Hoy recordamos a Roberto Baggio como uno de los grandes del futbol, pero también lo recordamos injustamente, como el jugador que llevó a Italia a la derrota, cuando el futbol claramente es un deporte que se gana o se pierde en equipo.

Los hechos deben ser juzgados en su respectiva proporción y otra vez, “errar” es humano. Si nos llega a suceder una situación similar a la de Baggio, ojalá aprendamos de ella y actuemos con madurez, sin perder la cabeza. Este tipo de madurez es la que se esperaba que mostrara el Jugador Más Valioso de la NFL al perder el Super Bowl 50, Cam Newton. Sin embargo, la frustración se apoderó de él. Esto fue lo que sucedió:

Faltan 4:16 minutos para que acabe el partido. Carolina pierde por seis puntos. Sin duda, no ha sido un juego fácil. El quarterback de las Panteras de Carolina, Cam Newton, ha sido golpeado constantemente; tuvo una temporada de ensueño, pero la defensiva de los Broncos de Denver lo ha opacado y no ha podido demostrar por qué le otorgaron el premio al Jugador Más Valioso de la liga. No obstante, todavía hay tiempo y Carolina está a un touchdown; el equipo se encuentra en la yarda 23 de su campo; es tercera oportunidad y nueve yardas por avanzar. Cam saca el balón; es jugada de pase; Newton está a punto de lanzarlo, pero llega el defensivo Von Miller, el verdugo que lo ha perseguido toda la noche; le arranca la pelota; es balón suelto. Denver lo recupera y se pone en posición de anotar; touchdown: los Broncos ahora se colocan 14 puntos arriba. Prácticamente ya no hay tiempo; Cam lo sabe. Desde la banca, mira con ojos de impotencia lo que sucede. Momentos después, lo vemos haciendo berrinche y dando de pataletas en el pasto. Carolina pierde el partido.

Llega la conferencia de prensa y Cam enfrenta a los medios. Con arrogancia y frustración, les dice que su equipo volverá al Super Bowl. Las preguntas siguen y él trae la cabeza agachada; mira poco a los reporteros, trae una mirada pérdida: uno de los hombres más carismáticos de la NFL está totalmente apagado. Viene otra pregunta; no aguanta, suspira, se levanta y abandona la conferencia de prensa. La prensa se queda incrédula.

Al respecto, Deion Sanders, comentarista de NFL Network y miembro del Salón de la Fama, criticó de forma atinada, la actitud infantil de Cam: la gravedad de no saber lidiar con el fracaso.

“Tú (Cam) eres la cara de nuestra marca en este momento. No puedes hacer esto (…) Entiendo las emociones que se desatan al perder, pero no puedes hacer esto. Un (Peyton) Manning, un (Tom) Brady… todos estos hombres, que son el prototipo de un mariscal de campo en nuestro juego, nunca van hacer esto (…) Te abres para que te critiquen más”, dijo Sanders al respecto.

Aunque no es nuestro papel juzgar a Cam y ponerlo en el banco de los acusados, hay que tener siempre en mente que nuestra actitud ante la derrota, también dice mucho: perdió la cabeza, fue presa del juego mental del fracaso y en ese momento, no supo salir con la dignidad que se esperaba de alguien de la talla de él, del Jugador Más Valioso de la Liga.

Ante las experiencias de Baggio y Cam, nos queda recordar que podemos ganar nuestros propios juegos mentales: superar el fracaso con madurez, vencer el pánico cuando nuestra mente y cuerpo se conectan plenamente, en paz y con sintonía, en el momento que nos toca vivir. No nos dejemos convertir en presas de esos juegos mentales que transforman los momentos clave en pesadillas que nos cazan y nos persiguen en nuestros sueños. Por supuesto, no es una tarea fácil. Ojalá Cam haya sacado una lección de vida sobre su derrota; ojalá Baggio con su madurez y perspectiva duerma hoy, después de más de veinte años, más tranquilo.

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