Vargas Llosa vs el consumo postmoderno de la literatura

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Por: Paola González – @PaolagabbieG

Hace unas semanas el mundo literario se sacudió ante el inesperado veredicto de la Academia Sueca. Bob Dylan obtenía el Premio Nobel de Literatura, arrasando a los escritores y poetas que habían sido nombrados como posibles ganadores. El año pasado también hubo discusiones sobre la decisión de otorgarle a la periodista Bielorrusa Svetlana Alexievich el Nobel por su prosa—según sus detractores, similar a varios autores (leease Joyce Carol Oates, John Banville, Jon Fosse, entre otros)–. ¿Cuál es la mayor diferencia entre estos dos casos?

-Ah, sí, Bob es cantautor-.

Si bien su icónica trayectoria y sus letras son de una belleza excepcional, muchos literatos expresaron su inconformidad al conocer el veredicto y miles de opiniones contra este se sumaron al del veterano Mario Vargas Llosa, quien en algunas ceremonias que ha presidido en estos días, como la presentación en Berlín de su último libro, dijo a la prensa que el Premio Nobel de Literatura debe ser para escritores y no para cantantes, a pesar de que disfruta de la obra del señor Dylan. Comentó también que este galardón no debería abrirse a la poesía cantada, ya que dejaba el paso abierto a que cualquier persona de la farándula aspire a un Nobel dedicado al arte de las Letras.

Si bien pareciera que el señor Vargas Llosa dio estas palabras a la prensa por la emoción negativa que aún mantienen muchos respecto al galardón de las letras, no dista mucho de la realidad que hemos presenciado este mismo año. Durante la Feria del Libro en Bogotá, Colombia, la prensa local se escandalizó al ver que la presentación del libro del youtuber Germán Garmendia, titulado “Chupa el Perro”, atrajo a más personas al recinto, e incluso medios como El Universal afirmaron que el saldo final fue de mayores ventas del joven chileno que del veterano peruano que asistía junto a otros grandes de la literatura latinoamericana a esta Feria del Libro.

Tenemos entonces motivos claros para que el escritor Mario Vargas Llosa se exprese de esa manera ante la prensa, aunque más allá de sus experiencias se encuentran los datos estadísticos en países latinoamericanos. Tan solo en México, Grupo Milenio publicó en el 2013 que había cerca de 100 ferias del libro en el país, y sólo se leían 2.5 libros al año en promedio, aumentando a 5.3 en el 2015, según datos arrojados por el Excelsior y El Universal.

-¿Pero cuales fueron los libros más leídos en el año más leído?-

Excelsior tiene el top 5:

5.- Crepúsculo (sí, aún lo leen)

4.-El Principito

3.-Cien Años de Soledad

2.-Trilogía Cincuenta Sombras de Grey (hasta mis tías lo leyeron)

1.- La Biblia

Aunque sabemos que entre nuestros amigos pasa que dicen haber leído tal o cual libro para sentirse importantes, “únicos y diferentes” (que tire la primer piedra el que no), en un mundo lleno de hipsters o cosas mainstream y es tan usual que se vea ahora un best seller de una socialité, una autobiografía de algún famoso caído a menos buscando la gloria perdida o un compendio de absurdos traducidos a un lenguaje “impropio del vulgo”, que no nos damos cuenta a simple vista de las tendencias del consumo literario hasta que hacemos un análisis más profundo: preguntando por sus hábitos de lectura, sus afinidades y gustos más allá de las páginas.

Esto es lo que critica el señor Vargas Llosa en sus discursos, el poder de la opinión pública de personajes lejanos a la literatura y las tendencias en redes sociales, para guiar al consumo literario impuesto por el pensamiento postmoderno que se rige por las ganancias en ventas y la sentencia—si no leíste a (…) no eres lector –.

Les mando un cordial saludo a todos los que asistieron a la Feria Internacional del Libro 2016 en Guadalajara, Jalisco, estuve paseando por los pasillos llenos de póster promocionales del nuevo libro de Kim Kardashian, mientras buscaba una buena edición de la obra Cyrano de Bergerac.

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Perdonar lo Imperdonable

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Por: Victoria Olaguivel – @VickyGO

De acuerdo con el mapa de los conflictos mundiales publicado por el portal del Premio Nobel, se estima que entre 1899 y 2001 – año en que el Premio Nobel de la Paz celebró su centenario – se llevaron acabo más de 200 guerras. Este mapa define como guerra todo conflicto armado con un saldo de al menos 1000 muertes en combate militar y donde al menos una de las partes involucradas sea el gobierno de un estado.

A su vez, el mapa también registra información estadística sobre la distribución geográfica de los personajes y organizaciones nominados y galardonados al Premio Nobel de la Paz, siendo Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, el último acreedor al prestigioso premio.

El Comité Nobel Noruego decidió otorgar dicho premio al presidente Santos por su lucha en concluir una guerra que ha aquejado al país por más de 50 años, cobrando la vida de al menos 220 mil colombianos y desplazado a casi seis millones de personas. Lamentablemente, el conflicto armado en Colombia figura en el mapa del Premio Nobel como uno de los más prolongados y violentos que jamás se hayan registrado.

El Comité también justifica su decisión haciendo del premio en un tributo a todos los colombianos, que a pesar de soportar grandes dificultades y abusos por mas de cinco décadas, no han perdido la esperanza de la llegada de una paz que sea justa y equitativa.

A escasos días de que el Comité anunciara su decisión, tuve el gusto de conocer a la periodista colombiana Claudia Palacios, quien se encontraba en la ciudad de Nueva York para promocionar su último libro titulado “Perdonar lo Imperdonable.” En el libro, Claudia retrata 126 testimonios de reconciliación y solidaridad, 126 historias que ella cataloga como “crónicas de paz,” logrando recoger relatos tanto de víctimas como de victimarios del conflicto armado a través de toda Colombia.

Claudia abre su libro exponiendo sus conclusiones personales: para hacer la paz no es imprescindible firmar un acuerdo de paz. A la luz del reciente resultado del plebiscito, Claudia explica que “la paz más firme y la menos vulnerable es la que se fundamenta en la convicción personal de que cada individuo en si mismo es un constructor o un destructor de paz.”

Durante su presentación Claudia orgullosamente declara como Colombia no solo es un exportador del café mas exquisito del mundo, sino el mas grande exportador de perdón y reconciliación. Solo a través de aquellas “pacecitas chiquitas,” como ella las define, que se hacen desde la cotidianidad, quienes han sido protagonistas del conflicto armado han logrado transformar la tragedia y renunciar a la venganza.

Claudia deja muy en claro que el libro es una invitación a superar la indiferencia para seguir construyendo la paz, sin embargo no es un llamado a perdonar sumisamente ni apoyar los procesos de paz a favor de una postura en particular. Su exhaustiva investigación, entrevistando a ambos bandos del conflicto, reflejan un entendimiento total de las poderosas razones que llevaron a los victimarios a cometer ciertas acciones, así como del difícil proceso de reconciliación de las victimas que perdieron todo a manos del conflicto. Es justamente a través de recontar “pacecitas chiquitas” que Claudia propone una solución distinta para seguir construyendo la paz a partir de la premisa de que ambas partes tienen razón.

Dentro de las 126 historias incluidas en el libro, una de las mas impactantes es la de Pastora Mira, quien sufrió la muerte de su padre, su primer marido y dos de cinco hijos en el conflicto. A días de enterrar a uno de sus hijos, Pastora encontró en la calle a un joven herido y abandonado y decidió llevarlo a casa para curarlo en la alcoba de su recién fallecido hijo. Cuando el chico despertó preguntó por el joven de la foto perplejo: “¿Uy, que hace este man aquí si lo matamos hace unos días?.” Fue como Pastora se dio cuenta que el chico que recogió era un paramilitar y uno de los asesinos de su hijo. Lejos de buscar la venganza, Pastora le dio ropa limpia, dinero para llegar a un hospital y una bendición, una reacción que encuentro sumamente admirable (y desconcertante, claro) tras el dolor sufrido. Cuando Claudia preguntó por que Pastora había decidido dejar ir al joven, ella relató como hubiera querido que a su hijo le fuera dada una segunda oportunidad. Pastora al poco tiempo creo el Centro de Acercamiento para la Reparación y Reconciliación del municipio de San Carlos, su municipio.

Pocas veces es posible tener tanto detalle sobre la perspectiva las dos, o más, partes involucradas en un conflicto. De los 200 conflictos mapeados por el Premio Nobel difícilmente llegaremos a entender siquiera la mitad en su totalidad. Claudia hace justamente eso. A través de su libro es posible analizar el conflicto de una manera más sencilla, pero sobre todo más humana.

Dicho esto, los invito a leer el libro, para que por su propia cuenta validen el Premio Nobel de la Paz otorgado este año. Pero sobre todo los invito a leerlo para a través de sus paginas rendir tributo a la labor de colombianos, y latinoamericanos, que hacen de la lucha por la paz su vida entera.

 

REFERENCIAS:
Conflict Map, Nobel Prize: https://www.nobelprize.org/educational/peace/conflictmap/index.html
Perdonar lo Imperdonable, Planeta de Libros: http://www.planetadelibros.com.co/perdonar-lo-imperdonable-libro-207020.html

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