Cuando la leyenda se vuelve mito y retorna en su ciclo infinito.

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Por Paola González

(OJO: ESTE TEXTO CONTIENE SPOILERS DE LA OBRA “FAUSTO” DE GOETHE)

Durante muchos años, una novela exquisita, considerada una de las más grandes obras de la literatura clásica, fue interpretada de distintas maneras; dividió a eruditos y a novatos, causando terribles desencantos. Algunos afirmaban que la obra convertía a quienes la leían en un peligro para sí mismos y para su entorno social. Otros, que lleva una carga psicológica, política y social trascendente que los despistados no lograrían comprender. Otros más, que es una de las obras más bellas y humanas, por su tratamiento de la vida y el alma.

Hablo del Fausto de Johann Wolfgang von Goethe, o sólo Goethe (gø tə). En esta obra, un hombre solitario y desesperado, vende su alma al diablo, consiguiendo así una vida épica, con vastos conocimientos, placeres y longevidad. Mefistófeles, el antagonista, es el ser que Dios había creado como el más bello y poderoso de sus ángeles, y que finalmente fue enviado a las profundidades y al fuego eterno por su desafío; continúa portando los dones que Dios le dio al crearlo, por lo tanto, es capaz de hacer creer a cualquiera que el camino que descubre frente a sus ojos es el que lleva a la plenitud y a la verdad. Fausto no tarda mucho en caer en sus mentiras.

En la primera parte de la tragedia, Fausto clama desesperado en su soledad aquella necesidad de una cercanía espiritual, el poder apreciar la belleza que Dios creó en el universo y sus portentos. Lo que más desea es sentirse admirado apreciado y amado. El conocimiento que tanto ha cultivado durante su vida le parece insuficiente. Sin embargo, el poder de Mefistófeles le engaña y le lleva a vivir una vida como ninguna otra, sí, pero insatisfactoria.

Y muchos dirán ¿pero cómo? Si disfrutó todo, vivió muchos años, bailó con brujas, embaucó hombres poderosos, desafió a las parcas, habló con grandes filósofos, amó a helena. Eso no puede ser insatisfactorio.

Siguiendo a Mefistófeles solo estaba siendo consciente de una parte de sí mismo. Al dejarse llevar por él, en una vorágine muy similar al actuar de muchos más  “no pienses, no creas, disfruta, goza, vive al máximo tu cuerpo”, Fausto, al igual que aquellas personas, se olvida de dos partes de su naturaleza: su mente y su espíritu. Solo uniendo estas tres se vive en plenitud. Mientras más “disfrutaba” Fausto de su vida, —y lo pongo entre comillas porque Mefistófeles siempre arruinaba esa felicidad— más se encadenaba al infierno y el contrato de la venta de su alma se volvía más sólido. Y muchos alegan que el seguir normas que definan la integridad y/o dignidad del ser humano son los actos que llevan a encadenar el cuerpo y el espíritu.  Me pregunto si son conscientes de esas pequeñas punzadas de vacío al terminar el día en una supuesta libertad sin camino alguno. En ocasiones las nomas liberan más que un camino sin restricciones.

Más adelante en la trama ocurre un cambio sustancial en el protagonista. Al igual que todos cuando la vida ha dejado su impronta en el ser humano, comienza a reflexionar sobre el camino que le llevó hasta aquél lugar y situación en la que se encuentra. Fausto reconoce su fallo tras múltiples diálogos aún bajo el influjo de Mefistófeles.  Al dejar pasar su energía en las tres potencias del ser: cuerpo mente y espíritu. Es decir, al envejecer y permitirse un escrutinio filosófico y espiritual,  Fausto llega a la plenitud de su existencia, deja entrar en su ser lo que más anhelaba; el amor lo llena, destruye las cadenas que lo ataban al infierno, destruye el contrato en el que vende su alma, lo encumbra al cielo y al fin último del alma humana.

Pero esperen un poco.  En el libro dice que Dios manda a sus ángeles a que lo suban entre pétalos de rosa. Sí. En el banquete de Platón –maestro de Aristóteles, uno de los filósofos que disertan con fausto en la obra— afirma que solo lo perfecto puede ser divino, pero nada, excepto el amor es perfecto. Ergo, el amor es Dios; y es tan basto que, nosotros, en nuestra infinita pequeñez e imperfección lo confundimos con otras cosas.

Al igual que Fausto vivimos solo una potencia, algunos tal vez dos, y buscamos entender la tercera, la espiritual, en la manera en que percibimos nuestro intelecto o nuestro cuerpo. Esta obra, más que una oda al ego; busca despertar en el lector el interés por descubrir esa plenitud que somos capaces de obtener, que la dignidad de la vida no encadena y que el amor SIEMPRE vence.

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Nuestra raza

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Por: Paola González – @PaolagabbieG

Estas semanas de dolor, pérdidas y desastres en México y el caribe, pero también de un infinito amor, entrega y generosidad, nos han vuelto testigos de la grandeza del ser humano. Nuestra raza. Esta adversidad a la que hemos recibido con los brazos abiertos, ha hecho recordar a muchos las palabras que otros hombres han dedicado a su pueblo. Nuestro pueblo. “Por mi raza hablará el espíritu” Resuena esta célebre frase de José Vasconcelos mientras veo videos y fotografías de mi gente, mis hermanos, de toda la nación y del mundo entero sumándose a una de las causas más nobles: la lucha por la vida. Este esfuerzo inmortal de resurgir entre los escombros más fuertes y sabios demuestra que somos una creación maravillosa.

Sin embargo, en otras ocasiones se puede observar un comportamiento completamente diferente. Cada año el 12 de Octubre se celebra el “Día de la raza” en México, en el que se reconoce el mestizaje que unió continentes en una cultura tan compleja y exquisita, que el mundo entero busca deleitarse con ella. Este día y en los últimos años se ha podido apreciar en los comentarios de la gente una veneración fiera hacia los pueblos indígenas y un rechazo cínico a migrantes españoles por los crímenes históricos que cometieron en contra de los nativos.

Mientras postean su crítica histórica en su IPhone de temporada y pasan de largo ante una familia de indígenas que buscan mejores condiciones de vida que las que pueden conseguir en sus comunidades, rechazan parte de su cultura, de su historia. Parece que está de moda venerar a la madre y destrozar al padre; honrar a los indígenas ancestrales e ignorar a los actuales; criticar a europeos históricos y buscar imitar los modernos. Las expresiones de riqueza cultural y sabiduría ancestral hechas carne y vida, son ignoradas a diario, vistas como parte de la decoración nacional.

¿Qué congruencia puede encontrarse en ello? Ninguna realmente.

Se nos olvida que somos mestizos, los herederos de la sangre de tantos pueblos y tanta gente como estrellas en el cielo; que somos uno, en cientos de vidas, momentos y lugares sin importar el color de nuestra piel o la religión que profesemos. Dice María Luisa Burillo Es necesario escuchar la sangre de nuestros artistas ancestrales y el vigor de España, proyectando una identidad que une lo mejor de dos continentes en una luz cósmica que irradia humanismo al mundo”. Seamos dignos hijos de la historia que nos contamos, agradezcamos las acciones de los pueblos que llevaron a que se nos diera el don de la vida y reconozcamos en los demás ese precioso regalo.

Así como en momentos de crisis hemos respondido con valor, amor y gran generosidad, entreguemos el corazón a quienes como nosotros son hijos de esta tierra y este pueblo tan vasto y rico que es México, que en palabras de Octavio Paz “La ética más sublime es la de la acción”. Los invito a todos a ver a los ojos a quienes portan vestimentas tradicionales de los pueblos indígenas y que se tomen unos minutos de su día para escucharles, a darles la mano y desearles pasen un bello día; pues así como hemos sido capaces de responder ante los sismos del 7 y 19 de septiembre, podemos hacerlo también los 365 días del año con quienes lo necesiten, especialmente a aquellos que tanto presumimos en el extranjero.

Reconciliémonos con nuestra historia y nuestra gente. Pidamos perdón por el trato tan injusto, con gestos amables.

Somos uno.
Somos el universo.
(…)
Los eones pasan escribiendo la historia de todos nosotros
El día a día, una nueva apertura (o un nuevo comienzo)
Para el más grande show de la tierra… la vida.

T. Holopainen.

Esa fantástica primera vez.

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Por: Paola González – @PaolagabbieG

Mucho me habían hablado de sentirse entre las nubes, de cómo tu pulso se acelera y tu respiración se entrecorta. No sabes si es el miedo a lo desconocido, la adrenalina, los nervios de comenzar o todo junto. Lo has esperado por mucho tiempo y cuando al fin llega el momento ansiado, descubres cuánto lo disfrutas y no quieres volver a vivir sin ello. Así es, hablo de subirse a un avión y volar; así que si eres de los que desde pequeño soñabas con volar y no fue sino hasta tu adolescencia o ya de adulto cuando subiste por primera vez a uno. Seguramente te sentirás identificado.

Has planeado un viaje de vacaciones con tus amigos por meses y por fin llegó el día de comprar los boletos. Llegas al mostrador con los nervios de un niño pidiendo un dulce por primera vez sin compañía de sus padres y pides la cotización del paquete de viaje que ya sabes que está disponible porque investigaste en internet los mejores precios. Estás ansioso por disfrutar esas merecidas vacaciones pero el estar comprando ese vuelo te pone nervioso, y es que automáticamente, se vuelve tangible algo que sólo podías imaginar, el tener ese papel en tus manos te hace sudar por la adrenalina que te inunda.

¿Y luego? ¿Qué sigue?

Los interminables días de espera. Esos en los que recuerdas las escenas de las películas donde los protagonistas pasan por el detector de metales y los taclean dos policías gorditos, a mí no me va a pasar porque no soy delincuente ni estoy dentro de una película, te repites cada que esa imagen aparece en tu mente para tranquilizarte mientras continúas con tus labores diarias. ¿Y si hay turbulencias? ¿O si se estrella? No puedes controlar tu mente que trata de darte alertas de que no está tan dispuesta como aparentaba de experimentar algo diferente.

Tienes tu maleta lista con una semana de antelación y constantemente revisas el calendario, volteas a verlo tantas veces, que te enfada y te tienta a la vez. Conforme vas tachando los días revisas de nuevo tus pertenencias. Un día antes no consigues conciliar el sueño y sabes, que aunque te levantes por la mañana con mucha energía, terminarás el día exhausto; quedaste de verte con tu amigos tres horas antes, pero tú llegas 4 horas más temprano y esperas sentado, con la maleta al lado de tus piernas, callado, viendo a la gente ir y venir.

Llegan al fin y juntos van a documentar y a que les entreguen los pases de abordar, vaya y yo que creí que con el boleto que me dieron ya podía pasar al avión, resulta que no, y que también tienes que pagar el exceso de equipaje que llevas en tu maleta. Ni modo, agregaste de última hora unos kilitos de más por si las dudas. Caminan ahora hacia las puertas para abordar y logras ver las bandas transportadoras y los detectores de metales, ves a todos los trabajadores que están ahí y te alivias de no ver a ningún policía gordito. Pones todas tus pertenencias en la bandeja y pasas por el arco sintiendo cómo tu pulso cambia y todo pasa lentamente. “Ya puede tomar sus pertenencias”, escuchas a una persona que no identificas por buscar rápidamente la bandeja correcta.

Les indicaron esperar en la sala tres, frente a la puerta 15, y miras a tu alrededor lleno de restaurantes y tiendas deslumbrantes, es todo un centro comercial que te retiene a que consumas o que al menos aprecies sus mercancías. “No te vayas a quedar atrás wey, que si te pierdes no subes al avión”, te dice uno de tus amigos que ha viajado más veces en avión que en autobús. Pasean un rato entre las tiendas antes de llegar a la sala de espera y ahí platican de todo. Te parece interminable la espera pero al fin ves que la tripulación entra por la puerta que debes cruzar… y comienzan los nervios de verdad.

Tus manos sudan y tu lengua se vuelve pastosa mientras escuchas las indicaciones para abordar. Muestras tu pase y tu identificación y caminas por ese pasillo que no te ayuda a calmar los nervios, todos los pasajeros parecen estar acostumbrados y se mueven tranquilamente; en cambio tú… no te ves muy coordinado como pretendes parecer. Te sientas y ves por la ventana que te tocó a un lado del ala. “Rayos, no vas a ver bien el paisaje”, dice uno de tus amigos que se sentó a tu lado. “Da igual, grábalo cuando despeguemos”, añade otro.

La tripulación comienza a dar instrucciones y el avión comienza a moverse en la pista, se siente como si estuvieras en el autobús, hasta ahí vas bien, pero son quince angustiosos minutos en los que tus amigos se ríen y te guiñan el ojo esperando a ver tu reacción. “Se siente como subir a un elevador, no pasa nada”, te dice uno de ellos sin aguantarse la risa. Escuchas al piloto indicando que comenzará el despegue y te olvidas de que tienes un celular enfrente grabando todos tus gestos.

Abres desmesuradamente los ojos por el impulso de la velocidad y agarras tu asiento, tu pulso se acelera, se tapan tus oídos y cuando intentas decir “¿qué está pasando?” solo logras susurrar, el sonido de las turbinas a tu lado es intenso pero con los oídos tapados sólo puedes sentir cómo zarandean tu cerebro y al poco tiempo lo sueltan. Uno de tus amigos pone su mano en tu hombro y pregunta “¿Estás bien? ¿Cómo te sientes?” mientras revisa el video que grabó en su teléfono.

Después de algunos segundos en lo que te acostumbras a la sensación del ascenso sólo puedes exclamar “¡Estoy jodidamente bien! Ya quiero volver a hacerlo.”

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Legalidad y psicología detrás del maltrato a la mujer

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Por: Paola González

Colaboró Cecilia Basulto

“Después de tantos años juntos y de vivir pensando que esto era amor; el esperar en casa día tras día sus insultos y golpes siempre que él quería, se fue convirtiendo en una necesidad. Un día, en un momento de tranquilidad decidí actuar diferente y pedirle que cambiara; que me tratara mejor”.

“Cuando llegó, lo recibí con todo el cariño que le tengo y le pedí que se sentara para hablar. Inmediatamente comenzó a insultarme, había analizado tanto mis palabras que sentí que había desperdiciado mi tiempo al intentar hacer esto; se molestó demasiado.  –Desgraciada, si no te gusta cómo te trato lárgate de aquí, esto es lo que mereces y puedo conseguir a otra cuando quiera.-“

“No puedo dejarlo, lo amo… prefiero sus insultos a separarme de su lado.”

Aún existen muchos casos como este en la actualidad, todas las campañas en contra del abuso y la violencia que reciben las mujeres no han arrojado los resultados que se esperan de ellas, pues es necesario ahondar en el problema más allá de la promoción de videos, carteles o actividades en centros de integración social.

Pareciera que estas campañas son como un eco en un gran barranco; que aunque suene repetidamente, no llena el espacio, impidiendo un tránsito tranquilo y simple por el lugar. Este problema social no se ha combatido de raíz, por lo que los esfuerzos son infructuosos.

Tan sólo en el estado de Jalisco —según datos de la Secretaría de Salud Jalisco—, la violencia en contra de las mujeres registrada en 2017 indica un 78.5% superando el promedio nacional de 65% de incidencia, lo que coloca a Jalisco como uno de los primeros lugares; el 57% de las mujeres de zonas urbanas y el 45% de zonas rurales en el estado sufrieron algún tipo de violencia.

Estas cifras hablan solamente de los casos denunciados que se han registrado, mientras que un gran porcentaje de casos de violencia se ocultan por “lavar los trapos sucios en casa” o restarle importancia; esto deja a la víctima  a merced de una reincidencia o la imposibilidad de superar el trauma ocasionado tras el hecho.

De los casos denunciados, según datos del INEGI en 2015, mil 157 están relacionados con violencia física, dos mil 179 con violencia psicológica, 136 con violencia económica, 408 con violencia sexual y 68 casos fueron de abandono. Los 138 restantes no se encuentran especificados.

Dentro de este tipo de violencia, se encuentra que por cada 10 homicidios de mujeres que ocurren en Jalisco, cinco se registran en Guadalajara, Zapopan y Tlaquepaque. La otra mitad de las muertes ocurre en los 122 municipios restantes de la entidad federativa.

Los datos arrojados muestran que la violencia física es menor a los casos en los que se presentan otros tipos de violencia, y la psicológica, ha demostrado ser la predominante tan solo en el estado.

UNA APOYO LEGAL

Por su parte, el Congreso y el Ejecutivo de la entidad han promovido la “Ley de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia del estado de Jalisco” para prevenir casos de violencia y sancionar eficazmente a quienes con dolo (conscientes o no de que es una violación a los derechos humanos), dañen la integridad de una mujer.

En las disposiciones generales del capítulo uno, el artículo primero versa de la siguiente manera.

“La presente ley es de orden público, interés social y observancia general en el estado de Jalisco, y tiene por objeto sentar las bases del sistema y programa para la atención, prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres, a fin de  garantizar el derecho fundamental de las mujeres a acceder a una vida libre de violencia, conforme a los principios constitucionales de igualdad y no discriminación”.

Además de implementar un programa que respalde los esfuerzos para erradicar la violencia hacia el género femenino, esta ley pretende dirigirse por los principios de respeto, igualdad, libertad y autonomía que merecen las mujeres.

Trata también las distintas modalidades de violencia ya antes mencionadas, incluyendo la violencia laboral, docente e institucional; sin embargo, todas las medidas para prevenir y/o erradicar este problema no llegan a la población en general, ya que su difusión y preparación no llega a todos los sectores y no es recibida en ocasiones por quienes realmente necesitan esta información y apoyo.

LA REALIDAD ES…

¿Realmente funciona esto? ¿La sociedad está dispuesta a tomar estas medidas? ¿Las mujeres estamos programadas para atender al cambio fácil y rápidamente?

Desde finales del siglo pasado, las investigaciones sobre la psicología femenina comenzaron a perfilarse, desde la perspectiva de la mujer misma; lo que hace a un lado los estudios arcaicos hechos por el hombre para dar respuestas al comportamiento femenino para dar cabida a estudios integrales de la mujer, para la mujer.

Tres especialistas del comportamiento femenino, Karen Horney, G. Kelly y B. F. Skinner; describen a la mujer como un ser empático, que necesita de conexiones emocionales para lograr desarrollarse plenamente en sus relaciones, desde la infancia con su madre en primer instancia, hasta la edad adulta con todas las personas con quienes se relacione (pareja, hijos, amigos, compañeros, vecinos etc.).

Estas conexiones se dan a través de la empatía, por ejemplo:

 Andrea llega del cardiólogo y les cuenta a Citlalli y a Blanca que le diagnosticaron una cardiopatía congénita; Citlalli y Blanca se conmocionan, por lo cual cuando la segunda llega a su casa, intenta compartir con su pareja aquello que experimentó tras escuchar la noticia de Andrea.

 El hombre intentará hacer un comentario sobre lo mucho que tendrá que cuidarse de no sufrir un infarto y cambiará inmediatamente de tema  —¿Vamos el domingo con mi madre?—. Blanca sentirá que esa conexión de empatía se rompió y buscará la manera de volver a conectarse emocionalmente con lo que siente; ya sea con el problema de Andrea, con la reacción de su pareja o con ambas.

Al no tener este tipo de conexiones y sentirse incapaces de cambiar esta situación, la mujer hace lo que puede para lograr esta empatía, y en ocasiones, la única manera que encuentra es cambiándose a sí misma para satisfacer las demandas empáticas de los demás y lograr la conexión.

Esto, es en términos generales el inicio psicológico por el cual las mujeres son en mayor número víctimas de violencia. La mujer misma, gracias a su necesidad de conexiones emocionales y la educación social que se da de ser “servicial y atenta”, muchas veces se degrada y llega a ser causante de este problema que aunque se redoblen esfuerzos y campañas no se ha podido solucionar.

“Mientras las mujeres no encuentren la fuerza y el valor que tienen van a seguir siendo víctimas de los demás y de sí mismas” comenta el psicólogo Yaír Hernández; la autoestimación y el buscar desarrollarse plenamente no es una tarea fácil, y muchos se dejan vencer por las presiones sociales.

Esto genera que la víctima no sea consciente del daño que se causa y que le causan al permanecer en ese estado de auto devaluación; sólo cuando la víctima es consciente y tiene la fuerza de carácter y voluntad para buscar ayuda y salir de esa situación es que se puede cambiar realmente y la mujer puede encontrar motivación para autorealizarse y valorarse, comenta el especialista.

Mientras tanto, en una charla con Ana Castellanos*, nos platicaba de lo difícil que fue su última relación y cómo la marcó. “me decía que me veía gorda y que estaba fea; sé que lo estoy, cuando me dicen bonita sé que lo dicen por compromiso porque la verdad… soy fea.

Nosotras somos responsables de esto.

Al no tener cuidado desde la educación de nuestras hijas, al descuidar el desarrollo de su personalidad y el incremento al valor que se tenga a sí misma; estamos fomentando la violencia hacia el género femenino y que probablemente, en el futuro, esa niña se vuelva una víctima de violencia por no saber poner un alto y reconocer su valía ante los demás.

Las campañas sociales que actualmente buscan fomentar el respeto hacia la mujer, no llegan a conseguir su objetivo, pues sólo “tapan” el pozo y el problema sigue ahí, escondido, latente en la comunidad. Sólo enfocándonos en la educación de los niños y las niñas es que se podrá erradicar este problema social, mostrándoles que cada uno tiene su valor y su dignidad como seres humanos y que nada, ni nadie tiene el derecho a humillarlos o maltratarlos.

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EUROVISIÓN: La politización de la música

Algunos años atrás platicaba tranquilamente con unos amigos españoles por Skype cuando de pronto una de ellas comenzó a gritar frenéticamente: “¡Va a ganar la mujer barbuda, por Dios!”

Su reacción fue el detonante para que mis amigos comenzaran a discutir sobre la tan enigmática “mujer barbuda”; y yo… bueno, los veía sin entender de qué estaban hablando. A los pocos minutos uno de ellos me explicó el súbito cambio en nuestra conversación, todo se resumía a una sola palabra: EUROVISIÓN.

Es un festival musical con más de sesenta años de tradición en el que los países compiten enviando a un cantante con un tema inédito para tratar de obtener el primer lugar. El país ganador será la sede del festival al año siguiente, generando mayor turismo y derrama económica, por lo que todos quieren ganar.

El concurso es un evento organizado por la UNIÓN EUROPEA DE RADIODIFUSIÓN (UER) y todos los países del continente pueden participar sin importar su afiliación política. De igual forma, cualquier otro país puede tener acceso al programa si alguna de sus televisoras está dispuesta a pagar por los derechos de transmisión. Por lo anterior hemos visto concursar a otras naciones como Israel y Australia ya que transmiten contenidos de la UER en sus propios países.

Si algún país debe dinero a la cadena, este es automáticamente suspendido del festival. Todos los concursantes pasan por unas eliminatorias o semifinales, excepto España, Alemania, Reino Unido, Italia y Francia, mejormente conocidos como los “BIG FIVE”. Ellos son los jueces en las semifinales y pasan automáticamente a la final ya que son los que más aportan a la cadena (UER).

El año en el que mi amiga gritó durante nuestra llamada por Skype (2014) ganó Conchita Wurst, un personaje artístico creado por el cantante austriaco, Thomas Neuwirth, mejor conocido como “la Mujer Barbuda” o “la Reina de Austria” con el tema Rise like a Phoenix. Mi curiosidad se abrió entonces al desarrollo artístico, escénico y musical de uno de los festivales europeos más trascendentales en la historia de los mismos.

En el 2015 me preparé iniciando el año. Quería predecir al ganador estudiando las noticias más importantes de los medios internacionales, las políticas públicas de cada gobierno, la letra de la canción, el desarrollo audiovisual y escénico de cada uno de ellos. Había encontrado la conexión el año anterior con la señorita Conchita y la algarabía popular por una mayor aceptación legal en Europa de los derechos LGBT.

Mi análisis entonces, me llevó a elegir como futura ganadora a Polina Gagaria, la representante rusa del certamen que hablaba de esperanza e inclusión de toda índole en su propuesta. Ese año se habló mucho de los primeros grandes atentados del Estado Islámico; de cómo atraían a jóvenes occidentales con promesas de una vida arrojada y de valor; de la destrucción de ciudades y las matanzas que asemejaban más a un holocausto que a un simple conflicto armado local.

A Million Voices sonaba al aliento dulce que necesitaba el mundo, sin embargo, erré. Heroes del sueco Mäns Zermelow fue la ganadora y creí que todo mi análisis había estado equívocado; se lo achaqué a mi inexperiencia y falta de conocimiento sobre el tema. Sin embargo, al año siguiente otro ruso estaba a punto de llevarse el primer lugar y asegurar la oportunidad de llevar el evento a su nación generando el tan anhelado flujo turístico, y el honor de ser parte de la gloriosa lista de ganadores.

Sergey Lazarev (Rusia) entregó en 2016 en Estocolmo, Suecia, You are the only one con la vitalidad y frescura de las primeras chispas del saberse enamorado. A pesar de que las casas de apuestas y el público en general la posicionaban en primer lugar, fue la ucraniana Jamala con su tema 1944 la ganadora del certamen. Para entonces dejé de interesarme tanto por estudiar el evento y me enfoqué en disfrutar de la música que iba agregando de a poco a mi reproductor. Sin embargo seguía pensando que algo no cuadraba.

Tras finalizar la gala del año 2016 leí en varios portales noticiosos que Rusia alegaba la tan famosa “mano negra” en contra de su representante; es decir, que los jueces del certamen habían sido parciales al darle esa puntuación a la representante ucraniana por una canción que hablaba de cómo soldados del régimen comunista habían masacrado a una comunidad de la península de Crimea.

Las menciones en los medios de comunicación a la canción galardonada ese año reavivaron la rivalidad política entre Ucrania y Rusia, pues en el año 2014 Ucrania declaró a la Unión Europea que Rusia había invadido su territorio y violado su soberanía al anexar la península de Crimea a su territorio. Esto llevó a una completa cobertura mediática que se redujo paulatinamente; el resultado de eurovisión en el 2016 abrió de nuevo esa carpeta que comenzaba a olvidarse.

Sin embargo, en este conflicto, Ucrania no cuenta con el respaldo de la historia por cercana que esta sea.

  • La península de Crimea es un punto clave en el comercio nororiental.
  • A lo largo de la historia ha sido disputada por persas, cimerios, escitas, hunos, turcos, hasta llegar a manos de la autoridad imperial rusa.
  • Por sus cálidas temperaturas, comparadas con el resto del país, era apreciada como área de veraneo para aristócratas. La familia Romanov llegó a pasar algunos veranos en esa región antes de ser masacrados.
  • Durante el periodo comunista la región se vio desolada y diezmada por el control autoritario y déspota del ejército, haciendo que muchos de los nativos huyeran a una joven Ucrania y otros países aledaños.
  • Tras la caída de la Unión Soviética, la pequeña península se declaró a sí misma República Independiente de Crimea. Sin embargo, al ser tan pequeña y tan fácil de dominar pidió auxilio a su vecina más cercana: Ucrania. Generando así un pacto de colaboración y protección.
  • Ucrania no respetó el pacto y trató a la pequeña república como a la sierva del hogar: sin derechos y sin leyes que les permitieran el desarrollo. Se encontraban a merced de un pez más grande.
  • En tres ocasiones, la pequeña República de Crimea pidió diplomáticamente la oportunidad de generar su propia constitución política, algo que Ucrania rechazó tajantemente.
  • Durante el 2014 se organizó el referéndum que llevó a la región a buscar adherirse a la Federación Rusa buscando mejores oportunidades civiles y políticas para sus ciudadanos, estallando así el conflicto.

Todo esto nos lleva a cuestionar si Ucrania actuó cual niño berrinchudo culpando a Rusia de tomar bajo su protección a una zona que despreciaron por décadas. Y ahora, no sólo la Unión Europea, sino el mundo entero ven a los rusos como los “malos” del cuento. Sí, todos sabemos que Putin no es un santo, pero tampoco es el tirano que pretenden reconocer.

Al estudiar inicialmente la política como factor determinante en el festival creía que sería impulsora de la empatía de los asistentes y televidentes y no algo más turbio que eso. Un festival generado para dejar tensiones políticas a un lado después de la Segunda Guerra Mundial está ahora manchado con la política más sucia de la actualidad.

Este año el concurso se llevó a cabo en Kiev (Ucrania) con el lema Celebrate Diversity, el cual fue mancillado al acercarse la fecha de las Semifinales. La cantante rusa, Yulia Samoylova, fue sancionada por el equipo organizador por conocerse que había visitado previamente la República de Crimea —en la actualidad, para los ucranianos esto es un crimen de guerra—por lo que lanzaron un ultimátum a Rusia: “Cambian a su representante o se transmite su actuación vía satélite. Ella no pisará suelo ucraniano.”

Al intentar politizar tan descaradamente el concurso, muchos críticos comenzaron a señalar que esto dañaría la reputación del concurso, dejando de lejos el fin por el que fue creado y por el que se eligió el tema de este año.

Pero la historia no termina ahí. Por primera vez en la historia ganó Portugal, una nación ninguneada por la Unión Europea, con la canción de Salvador Sobral, Amar pelos dois. Esta canción compuesta por su hermana Luisa es una oda al amor puro y no deja insensible a nadie: algunos la odiaron… Muchos más, lloraron al escuchar la bella interpretación del portugués.

Este hombre que nunca se había interesado por los festivales y la algarabía mediática subió al escenario al conocerse el resultado final y dijo a la audiencia: “La música son emociones, sentimientos; no son los fuegos artificiales que se ponen en el escenario”, rematando así su comentada actuación en el festival.

La prensa y otros artistas no tardaron ni lo que Cristo en resucitar de la muerte para atacarlo: “Un rarito ha ganado Eurovisión”, comentan unos por su estética no convencional; “Ha ganado por el teatro que armó con su enfermedad”, comentó un desairado representante rumano. Este venerado festival ahora mancillado por los rencores de los malos perdedores se encuentra en su etapa más hipócrita: declara unión en la diversidad y apuñala a la menor provocación.

A pesar de esto los millones de televidentes y espectadores no dejan de disfrutar el ambiente festivalero y las propuestas musicales que cada año endulzan sus oídos. Esperemos que no los endulcen tanto como para no reaccionar en contra de esta situación que se agrava año con año.

 

 

 

El origen de la violencia

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Por: Paola González – @PaolagabbieG

La historia de la humanidad está plagada de conflictos y actos violentos. Constantemente se han hecho investigaciones y discursos acerca de la violencia que ha sido blandida desde la aparición de nuestra especie; incluso algunos se atreven a especular que sin esta situación jamás habríamos desarrollado un pensamiento científico y tecnológico como el que tenemos hoy en día.

¿Qué es lo que la detona?

¿Es una reacción inherente al ser humano?

¿Acaso falta la razón o el respeto en la crianza?

Sí, Freud afirmaba que es un acto instintivo, proveniente de nuestros genes y patrones evolutivos. Sin embargo, la ONU ha respaldado un acuerdo médico afirmando que es un efecto social que detona según el contexto de la persona violenta. Teniendo en cuenta que hay tantos estudios que se suprimen el uno al otro según el enfoque y el campo de estudio que se utilice, hasta el día de hoy los estudiosos no han podido llegar a un acuerdo.

Por otra parte, Tomás Moro (Sir Thomas Moore) en su obra “Utopía” explica que si la sociedad misma le niega las oportunidades de desarrollo adecuadas a su gente y crecen para convertirse en ladrones y asesinos, que queda más que concluir que la misma sociedad castiga a quienes ha dejado desvalidos. Esta obra podría explicar medianamente la razón de la extremada violencia que sufre y ejecuta el ser humano.

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Hemos crecido escuchando que somos el pináculo de la evolución, que el hombre es el único en el reino animal capaz de razonar; que en ese razonamiento está el goce de la vida, el amor, el uso de la inteligencia como herramienta y el desarrollo cognitivo superior. Hemos creído que TODAS las personas que sufren en carne propia la violencia retorcida de una voluntad mezquina se vuelven unos mártires benditos de la comunidad.

Creemos que la vida es una constante lucha en la que el más fuerte siempre se impondrá ante el débil; no nos damos cuenta que en ocasiones esa persona que venció fue en una ocasión esa persona que fue rota, retorcida en el dolor y que perdió toda esperanza de redención, de una vida digna, de paz y justicia.

No es la genética la que detona comportamientos crueles, no es nuestro ancestro primitivo el que nos incita a la venganza. No es nuestro instinto animal el que decide y planea toda una masacre. Una vez un anciano con los ojos arrasados en lágrimas le contó a su nieto sentado en su regazo cómo en tiempos de la Revolución Mexicana, él mismo siguió al ejército de Pancho Villa y entró a las ciudades ocupadas precedido por un río interminable de carmesí. Cuerpos colgando de los alféizares, vida hecha lluvia de lágrimas, sudor y sangre.

Si los especialistas juran que estamos en la época más pacifista y consciente de la historia; las millones de voces víctimas del trato inhumano en cualquier sentido gritan diciendo “MENTIRA” “CALUMNIA” “TRAICIÓN”. Desde los asaltos a mano armada, los feminicidios constantes, la represión política, segregación, asesinato por armas químicas, el mundo entero dice BASTA.

Se necesita ser valiente para tenderle la mano a quien ha sido cegado y no puede encontrar la esperanza y la redención. Sé luz, sé un puente sobre aguas turbulentas. Sé un milagro para quienes lo necesiten; no solo un post en redes sociales sobre lo terrible que te sientes viendo cómo la humanidad se destruye a si misma.

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Un bastión en ruinas

 

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Por: Paola González – @PaolagabbieG

Hay una tristeza latente en cada rincón del bellísimo continente que es América. A pesar de toda la diversidad, de esa emoción que te embarga al escuchar los sonidos de la tierra, el calor de su gente y sus tradiciones, la gente se siente desprotegida. Existe esta sensación generalizada de la que se habla tanto en los medios de comunicación y que nadie puede resolver. Los ecos de los llantos se esconden tras las risas de una noche de fiesta y en los cotilleos diarios por WhatsApp.

Puedes verlo: mira cómo aquel hombre venezolano lucha cada día por no perder las esperanzas por su país; o como aquella chica argentina que camina a su casa voltea hacia atrás continuamente, esperando que nadie la siga. ¿Ves a aquella madre mexicana? Todos los días reza fervientemente para que su familia esté a salvo de las ejecuciones, los tiroteos y secuestros que suceden a diario. Hay un joven estudiante estadounidense que teme ser atacado por grupos xenófobos y racistas ¿lo conoces tu?

Violencia. Miedo. Dolor.

Vivimos bombardeados constantemente por actos infames en contra de la humanidad y cuando buscamos con desesperación una noticia que alimente nuestra fe es cuando la tormenta arrecia. Nos llegamos a preguntar diariamente ¿cuándo fue que nuestras leyes dejaron de protegernos? ¿Cuándo comenzaron las burlas y los teatros?

Las leyes que deberían de proteger y regular nuestros derechos se han vendido a sí mismas; convirtiéndose en protectoras del delito y la humillación en el marco del trato indigno, inhumano. Se ha perdido ya, y quizás para siempre, la confianza en un sistema legal pleno que garantice el respeto a la ciudadanía que pretende cobijar.

Así es como en estos días inciertos, pasamos buscando en los móviles descargar toda esa frustración, ese miedo que amenaza con cerrarnos la garganta y silenciarnos para siempre entre las promesas de seguridad que suenan más a “cliché hippie” que a una verdad por suceder.

“En tiempos de vacas flacas, la justicia no tiene precio”, decía un locutor hace algunas semanas en una estación local. Mientras la justicia mórbida continúa alimentándose de los despojos que mantienen el precario equilibrio entre la guerra y la paz, algunos comienzan ya a tomar sus herramientas para reconstruir piedra por piedra este bastión en ruinas que jamás se ha terminado.

Algunos los observan y se alejan lanzando maldiciones al aire. Otros, toman una piedra y se la ofrecen al nuevo constructor; algunos más comienzan a ver con esperanza este proyecto y se suman de una manera u otra a los esfuerzos de reconstrucción.

Aún habrá rapaces que tirarán esos muros, cínicos que escondan las piedras por las noches. Incluso pasarán años antes de que esta tristeza y desconfianza se puedan difuminar en un ambiente digno y justo. Pero entre las cualidades del ser humano está la esperanza que nos mueve a creer que todas las mañanas la luz vuelve a vencer a la oscuridad.

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