Historias de terror: The Keepers… y la de Marcial Maciel

Por: Sofía Bosch – @sboschg

Netflix estrenó la semana pasada una nueve mini serie documental de 7 capítulos intitulada The Keepers. En pocas palabras, y para no estropearle la serie a las personas que estén interesadas en verla, es un documental basado en el asesinato de una monja en la ciudad de Baltimore, Estados Unidos. El asesinato de la Hermana Cathy Cesnick en 1969, es solo un eslabón en una serie de acontecimientos y abusos que ocurrían en la institución educativa católica donde enseñaba. Estos acontecimientos salieron a la luz casi 25 años después gracias a las valientes declaraciones de una de las víctimas, la cual desencadenó una serie de testimonios. Más de 50 víctimas declararon los horrores a los cuales eran sometidas.

El documental arroja una luz a uno de los primeros casos, en EE.UU., de denuncia de abuso sexual a menores de edad por parte de miembros del clero. Reitera el modus operandi institucional de la Iglesia Católica para encubrir a los ejecutores de los crímenes. Presenta de primera voz el sufrimiento de las víctimas y el cómo sus vidas se vieron afectadas para siempre por estos acontecimientos. Es una historia descorazonadora.

Al finalizar la serie no pude más que pensar en México. En que nosotros tenemos nuestro propio caso sin resolver, aunque sin serie televisiva. Que Marcial Maciel se haya ido de este mundo impune después de haber causado tanto dolor. Que era el hombre de las dos caras, un verdadero Dr. Jekyll y Mr. Hyde: por un lado un líder moral y religioso, a cargo de la educación de los menores de edad que estudiaban en sus instituciones, por otro un criminal despiadado que aprovechaba esas mismas circunstancias para abusar de ellos. Que las víctimas fueron extremadamente valientes y fuertes al denunciarlo ante el Vaticano, aunque fuera su principal protector. Que la Iglesia Católica mexicana no hizo NADA al respecto, lo encubrió y protegió, al igual que la orden que él mismo fundó: los Legionarios de Cristo. Que Norberto Rivera siempre lo apoyo y consideró un amigo cercano. Por supuesto que toda esa protección del Vaticano la ganó con base en sobornos y “donativos especiales”, Juan Pablo II no sirvió más que de aliado a Maciel.

Además de los abusos sexuales de los cuales fue acusado Maciel, también fue inculpado de fraude y extorsión. Se movía con facilidad gracias a su buen posicionamiento entre las élites políticas y económicas de México.

“A los más ricos de México no los casa ni los bautiza cualquier obispo o cardenal: los casa un Legionario de Cristo” – Pablo Pérez Guardado

En fin, aún con lo antes mencionado en 2015 el papa Francisco perdonó por medio de una indulgencia plenaria a los Legionarios de Cristo. Algunos dicen que fue presionado para hacer esto —es una de las órdenes más poderosas del mundo. El punto es que al otorgarles el indulto, parecería que, por transitividad, perdona a Maciel.

Si lo que busca Netlix es abrirnos los ojos ante historias estremecedoras, historias de terror, impunidad y corrupción, de desesperanza y abuso, que revisen el expediente de Maciel y los Legionarios de Cristo, ahí seguro encontrara MUCHA tela de donde cortar.

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Referencias:

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/10/28/mexico/1446071736_323939.html

http://elpais.com/diario/2006/05/20/sociedad/1148076004_850215.html

http://nymag.com/thecut/2017/05/the-keepers-netflix-documentary-sister-cathy-cesnick.html

http://www.m-x.com.mx/2013-06-09/la-mafia-financiera-de-los-legionarios-de-cristo-int/

WELCOME TO YOUR TAPE!

Welcome to your tape 1

Por: Mauricio Ochoa  – @Mauri8a

Como cualquier ente millennial con acceso a Netflix, me chuté la nueva serie de 13 Reasons Why (y la odié, pero ésa es otra historia).

Durante cada episodio, dos cosas retumbaban en mi cabeza: 1) YA CÁLLATE, CLAY, Y PONTE A ESCUCHAR EL PUTO CASETTE, y 2) Qué fuerte el bullying en las preparatorias gringas.

Al menos entre mis amigos, me parece que yo fui el único “bulleado” en la prepa. Casi todos mis amigos o se escondían en lo más recóndito de su clóset de cristal, o eran de los bullies que jodían al prójimo. Mi bullying, digámoslo así, no fue tan fuerte como el de 13 Reasons. Yo tuve varios bullies, pero solo uno recurrente, y hoy quiero hablar de él.

LUIS, WELCOME TO YOUR TAPE, CABRÓN.

Creo que antes de hablar de L.D., debería hablar un poco de su entorno familiar. Si mal no recuerdo, él era el segundo hermano de tres (o estoy inventando; ya no me acuerdo). De lo que estoy seguro es de que tenía un hermano más grande. Llamémosle Juan. Conocí a Juan nada más y nada menos que en clase de jazz. Eso, atendiendo a todos los prejuicios que giran alrededor de estas clases, nos lleva a concluir que, efectivamente, Juan también era gay.

Desde que conocí (y por conocer me refiero a “estuve en el mismo salón de duela”) a Juan, traté de llevarme con él. Uno, porque DUDE si así movías las caderas cómo moverías el; Y DOS, porque entre los cientos de provincianos con los que yo estudiaba la prepa, me parecía que era el único “abiertamente” homosexual. Spoiler alert: Juan nunca me hizo caso y la única convivencia que tuvimos fue compartir cuarto en un viaje de la escuela y que él llegara ebrio a la mitad de la noche. Not quite how I imagined our trip would be. 

Ahora, ése era Juan. Luis, por el contrario, era lo diametralmente opuesto a su hermano: macho que se respeta; goleador estrella de la preparatoria; grupito de amigos lomo plateado; novia curvilínea en turno, etc, etc, etc. Además del fútbol, Luis tenía la diversión de gritarme cosas en la escuela. Pick your insult: puto, maricón, joto. Siempre que me veían pasar. Estuviera solo o acompañado. Siempre. Todos. los. pinches. días. Mis amigas intentaron hablar con los profesores, que hicieron punto menos que nada. Nunca me pegó (…), pero eso no quitaba que me diera miedo caminar cerca de él o de su grupito de amigos. MENOS cuando salíamos noche de la escuela y había considerablemente menos gente que la normal.

El miedo se mantuvo hasta que un día iba caminando con una amiga y forzosamente teníamos que pasar enfrente de Luis y su grupito de subnormales. Y, bueno, como siempre, el típico:

“Jajajaa ahí va el joto”

“Jajaja, maricóooooon”

Y así, como si nada, de algún lugar recóndito de mi ser, se me salió un:

-Ay, primero fíjate en tu hermano, ¿no?

Miedo, pánico, terror… en los ojos de sus amigos. Mi único recuerdo después de eso es escuchar el casi inaudible “corre”, que me dijo mi amiga. Y así fue. Corrí como si mi vida dependiera de ello; como si tuviera condición física, o como si acabara de abrir la panadería. Y ya. Corrí, corrí, y dejé atrás a Luis, a su grupito de amigos anonadados y, sin saberlo, también dejé atrás mi bullying preparatoriano. Ni Luis ni sus amigos me volvieron a molestar.

Y ya. Ése es el fin de mis casettes. Tuve suerte. Ni me pusieron la madriza de mi vida, ni se volvieron a meter conmigo. Hace poco Facebook hasta me recomendó a Luis como amigo (¡!) y, obvio, me metí a stalkear. Vi que se lleva muy bien con su hermano; se likean sus fotos, etc, etc. No sé si Luis maduró, hizo sinapsis o se sacudió la provincia, pero sí sé que a mí me dejó en paz. Mi caso quizá sea aislado. Hay gente a la que tratan peor, a la que no dejan de molestar, y gente que decide que ya no puede más.

Gran parte del bullying que sale en la serie, y que me imagino que es el bullying que se hace hoy en día, es el cibernético: mandar las fotos de alguien más, enviar correos anónimos, publicar cosas en redes sociales… todo. Las redes sí han hecho más fácil escudarse en una pantalla para molestar, pero también creo que son una gran oportunidad para apoyar. “En mi tiempos” (cof cof) no era tan fácil buscar apoyo. No podíamos meternos a youtube a buscar el video de alguien que pasaba lo mismo por nosotros. No había páginas ni iniciativas de fácil acceso como ahora, y por eso me maravillan las propuestas como las de “it gets better”. Lo más aventurado que conseguí hacer en mi época era bajar Queer as Folk de mi Limewire e imaginarme que, en algún lugar perdido de Pittsburgh había gente como yo que había salido adelante. Hoy es más fácil. Hoy, creo, que es nuestro deber asegurar a las nuevas generaciones que hay un futuro mejor. Prometer al Mauricito adolescente que sí, todo mejora.

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