La música como marca de vida

Por Ernesto Gómez – @EGH7

Hace varios años leí una frase de Friedrich Nietzsche que decía: una vida sin música sería una equivocación, y no la olvido desde entonces por la forma en la que me identifiqué con el sentir del filósofo alemán. En esta frase Nietzsche capturó un sentimiento ancestral en el hombre, pues la música es de las expresiones artísticas más antiguas de la humanidad y desde que se tiene registro del tiempo, se sabe que los humanos complementaban sus vidas con música. Desde los tiempos de las cavernas, los hombres más primitivos sentían ese impulso de hacer ruido y descubrir ritmo para manifestarse plenamente en su espíritu humano. La música se ha refinado mucho desde entonces, pero el impulso permanece igual.

Como todo arte, la música ha tenido muchísimas transformaciones a lo largo del tiempo y ha alcanzado todos los rincones del mundo, en los cuales se le ha dado un toque particular, que refleja la cultura de cada lugar. La música también es un reflejo del tiempo en que se hizo y del ánimo del entorno durante dicho tiempo. A pesar de sus variaciones y de los gustos, lo innegable es que el legado de los grandes músicos es atemporal y perdura sin importar la fecha ni el lugar. La buena música no se inmuta con el paso del tiempo, todo lo contrario, lo marca y hace de sus referentes portavoces de sus generaciones, ídolos inolvidables.

La música ofrece una infinidad de posibilidades y es clave para la creación de otros artes al dar la ambientación correcta o la inspiración necesaria. Es también una de las mejores herramientas para reflexionar y estar en paz con uno mismo. Cuando se prende la música en soledad, se puede apagar el ruido del mundo.

En un nivel más personal, tengo que reconocer a la música como una de mis más grandes pasiones. La mayoría de los momentos más felices de mi vida han sido al paso de una canción y estoy convencido de que no sería quién soy ni pensaría como pienso si no hubiera descubierto el amor que tengo por este arte. En una enorme cantidad de géneros muy contrastantes he encontrado diferentes mensajes que se adaptan a muchas realidades y que también pueden acompañar a cualquier estado de ánimo.

Desde mi infancia con The Killers a mi pubertad con The Beatles y Bob Dylan, desde mis tardes de estudio con bandas sonoras de John Williams y Hans Zimmer a mi camino diario a la escuela escuchando Drake. He encontrado en cada músico un complemento para mi vida.

Además de lo anterior, he descubierto que para la mayoría no hay mejor fiesta que una que se pasa cantando hasta altas horas de la noche, peleándose para escoger la siguiente canción. Pocas cosas dan más nostalgia que escuchar una canción que en algún momento marcó un período de tu vida y recordar cómo era todo en ese entonces, pocas cosas pueden alegrar más tu día que escuchar tu canción favorita en la radio.

La música es clave en la formación de la identidad, pues nos identifica con artistas y valores, además de que ayuda a crear lazos con otras personas afines a nosotros. Indudablemente vivir sin música sería un error.

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Bjork: la Tejedora

Bjork en el Auditorio Nacional

Por: Mauricio González del Castillo – @magomcgrath

Es la tercera vez que Björk Guðmundsdóttir pisa tierras mexicanas y la primera en la CDMX. A falta de encuentros previos, en esta ocasión decide darnos todo y no dejar nada a la imaginación. Dos conciertos (el primero en el Auditorio Nacional, el segundo en el casi no, que siempre sí Ceremonia 2017) y una exposición de realidad virtual permiten al afortunado peregrino de aquel hajj islandés poder maquinar la traducción del lenguaje oculto de una mujer llena de gracia, siempre marchando al ritmo de su propio tambor. Como calamar gigante en Arrival de Villeneuve, el interpretar björkiano y adentrarse en sus palabras abre otras dimensiones. Ella posee tal radar para componer que puede romantizar a las placas tectónicas así como trazar fielmente la cronología del dolor.

En el concierto del Auditorio no necesita más que del apoyo de cuerdas para formular una receta cándida del proceso de generación, supuración y sanación de una herida. Ante diez mil personas que no sabían muy bien como comportarse al principio, (severa ante la exposición mediática indiscriminada) la gran sacerdotisa de todas las cosas sonoras abre el rito que le hace oda a su más reciente trabajo, Vulnicura, producto del desencanto amoroso con su antigua pareja, Matthew Barney.

Bjork

Se logra el silencio total mediante la procesión de mantras de ruptura. Stonemilker anhela (9 meses antes de darse en la madre), Lionsong siembra la duda (5 meses antes) , The History of Touches desnuda (3 meses antes). Su política estricta de no fotos rinde frutos y la audiencia permite ser llevada de su mano por la corriente del Estigia en Black Lake, el punto más álgido y sombrío de Vulnicura (2 meses después). Family lamenta la muerte de la unión (6 meses después) y Notget es despecho puro (11 meses después). Llega el intermedio y la segunda parte, el cuerpo se suelta poquito, Björk recita viejos y nuevos pasajes de su arquitectura cerebral, realza el espíritu y da por terminada la misa.

Björk Digital, en el Foto Museo Cuatro Caminos (hasta inicios de mayo) consiste en una serie de instalaciones de realidad virtual que utilizan a Vulnicura como punto de partida narrativo en una experiencia de inmersión. Como si todavía fuera necesario, las canciones cobran vida, los hilos de dolor son tangibles, el pesar de Black Lake se vuelve cueva y Björk te canta al oído. Si su approach con la tecnología y la ciencia se consagra con Biophilia, es con Vulnicura que adquiere su tono más personal y crudo.

Festival Ceremonia

Pero el triángulo casi no se cierra a causa de los infortunios del clima. Ceremonia 2017, movido milagrosamente casi todo (con sus desafortunadas ausencias, Beach House, M.I.A, Vince Staples) al domingo, abre sus puertas tímidamente a todo aquellos que quisieron o pudieron darle una segunda oportunidad. Si en el Auditorio encarna a Norma la druida, es en Ceremonia donde Björk adquiere una de sus más resguardadas facetas: la de la multipremiada entertainer. Quizás los años le han permitido hacer las paces con la fama, a beneficio de todos. El concierto en Ceremonia es una verdadera celebración de su arte pasado y presente, el público grita, la música (literalmente) explota. A suerte de un hada madrina, de una mariliendre mágica que da en el clavo en cada una de sus colaboraciones, como lo hizo a su vez con el dúo Matmos o con Anohni, Björk encuentra una nueva complicidad de las manos de Arca, quien realza cada beat y da hilo a la tejedora para tejer sus entramados a lo largo de 17 canciones, una hora y media.

Ella es la fuente de sangre, la cazadora, la lava. Tal como lo ha dicho, hay tantas cosas que quiere hacer y es tan poco el tiempo. A nosotros nos queda esperar. Hasta pronto, valquiria. Dicen que te quedas un tiempo acá a grabar. No tardes.

Dylan

Bob Dylan in 1963

Por: Ernesto Gómez – @EGH7

Descubrí la música de Bob Dylan hace casi diez años y, desde entonces, nunca me ha dejado. Desde que escuché Highway 61 Revisited me atrapó la extraña voz, la gran música y las letras únicas. No hubo vuelta atrás.

Más de cincuenta años tiene cambiando a la música moderna el artista que nació con el nombre de Robert Allen Zimmerman en Duluth, Minnesota en 1941 y que decidió tomar legalmente el nombre de Robert Dylan en honor al poeta Dylan Thomas. Más de cincuenta años cautivando a todos los que lo escuchan con atención.

Uno de estos oyentes fue John Lennon, quien conoció a Dylan en una fiesta en 1964 en la que se dice que indujo a los Beatles a la marihuana. Lennon quedó tan impresionado con Dylan, su personalidad y su música que trató de imitarlo por un buen período de su temprana carrera e incluso se ganó la burla de los otros Beatles que se refieren a esa etapa como su “época Dylan”.

Bob Dylan ha dejado una marca indeleble en la música con sus 37 álbumes de estudio e incontables canciones que se han ido publicando a lo largo de los años como raras e inéditas, haciéndolo el compositor más prolífico de la música moderna. En un principio un cantante de folk y denunciado como Judas cuando empezó a usar instrumentos eléctricos, Bob Dylan es el tipo de artista que ha llevado su música a donde lo ha llevado su vida y su sentimiento. Con decir que uno de sus mejores álbumes, Blood on the Tracks, fue descrito como uno de los recuentos más sinceros de una historia de amor de principio a fin. Por esto mismo, podemos encontrar un amplísimo espectro de emociones en sus letras, una variedad de temas que van desde la protesta antiguerra hasta historias de amantes apasionados o boxeadores encarcelados de manera injusta.

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Bob Dylan escogió inicialmente el folk por encima del rock porque consideraba que así podría transmitir la vida de forma más realista y para crear música impregnada con más desesperanza, tristeza, triunfo y fe, sentimientos mucho más profundos. Con lo anterior se puede describir efectivamente el arte que ha creado Dylan desde que comenzara en los sesenta con su viaje que sigue en curso.

Hurricane es el tipo de canción que nunca se olvida, Like a Rolling Stone del tipo que no hay quien no la haya escuchado alguna vez, Blowin’ in the Wind de las que han cautivado a millones de personas por generaciones. Keith Richards le dijo a Dylan cuando lo conoció “yo habré compuesto Satisfaction pero no hay manera de que tú hayas escrito Mr. Tambourine Man”. La lista es interminable y los adjetivos sobran para describir a las canciones de Dylan.

En la película I’m Not There del 2007 se usaron seis actores diferentes para interpretar a Bob Dylan como seis personajes completamente distintos que constituyen a una sola persona y artista multifacético, misterioso e iconoclasta que se vio cambiado en varias ocasiones de su vida. Por ejemplo, cuando se convirtió al cristianismo evangélico y empezó a componer música góspel o el período que duró recluido tras su accidente de motocicleta. Bob Dylan estuvo casado dos veces y tuvo seis hijos, sostuvo una fuerte amistad con Johnny Cash y una relación de amigos y amantes con Joan Baez. Todas estas relaciones dejaron su huella en su música y, por lo tanto, en su leyenda, pues Dylan por encima de ser músico, es una persona complicada y difícil de comprender.

El legado de este hombre es más grande aún que su repertorio de canciones. Dylan nos ha dejado en muchas formas testimonios de su vida extraordinaria, pero además ha tocado temas con los que todos nos podremos relacionar alguna vez. Como todo gran artista, Bob Dylan es un reflejo de la época que vivió e influenció, es uno de los nombres propios que están grabados entre los más notables para siempre en la historia de la música. Bob Dylan es un auténtico poeta y una de las voces de la generación de los sesenta. Un artista irrepetible.

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Introduciendo a Leonard Cohen

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Por: Luis Godoy – @luis_godoy88

Escribir sobre música es de lo más etéreo que uno puede hacer. Cuando se toman prestados sonidos y se transforman en letras se corre el altísimo riesgo de no decir nada. En el mejor de los casos, uno se puede aventurar a describir sensaciones complejas: ordenar el placer, y quizás hacerlo deseable para otros.

Leonard Cohen cumplirá en septiembre 82 años, y hay que temerle a su vejez. Por que Cohen, a diferencia de la mayoría de los músicos que envejecen, no se ha retirado. Apenas en 2014 salió su último disco, y hace unas semanas acaba de publicar en The New Yorker un nuevo poema: “Steer your way”, como preludio a un nuevo disco y nuevas canciones. Eso mismo hizo en 2014 publicando “Almost like the blues”, y en 2012 “Going Home”.

Escuché por primera vez a Cohen cuando tenía 21 años (ya muy grande). Me lo presentó un amigo de la universidad que vivía su momento con Cohen. En aquella época me pareció sólo interesante. Lo guardé. No lo sabía, pero Cohen en ese momento no estaba en activo para mí. Tuvieron que pasar tres años para que entendiera la utilidad del canadiense. Y es que Cohen aparece y se le aprovecha en un tiempo preciso: entre la soledad y el desamor. Lo tomé como se toma una pastilla. Surtió su efecto, y me convertí en un aliviado por su música.

Pronto me volví un fiel seguidor de su palabra, literalmente. Su mezcla de voz, articulación y narrativa logra que se atienda a cada palabra que canta. Sucede que había oído miles de canciones sin realmente haberles escuchado, supongo que a varios nos pasa.

mid_leonard¿Escuchamos u oímos las canciones? En Latinoamérica la tradición del trovador nos forma desde muy jóvenes en memorizar las letras de nuestros cantautores. Crecí con el pegamento que causaban Joaquín Sabina, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, y en otros momentos y para otras generaciones Fernando Delgadillo y Alejandro Filio. Letra, punto y coma se declamaban en reuniones o fiestas. Era penoso no saberlas con el detalle y la pasión que les causaba a otros.

Varias veces me sentí huérfano de trovador. Aunque disfrutaba de los cantautores latinoamericanos, solamente los oía, pero no los escuchaba. No describían plenamente los mundos que me hacían sentido; apreciaba su poesía, pero no me funcionaban, sobre todo a la hora del desaliento. Leonard Cohen ocupó ese lugar, en ese género particular entre poesía y música, para quitarme una orfandad que mi idioma desgraciadamente no me había dado.

Atravesar el mundo de Leonard Cohen requiere media vida. Cada quien descubre su propio Cohen: su cuantiosa obra (y vida) da para escoger la trama que se prefiera. El camino es raro, porque lo suyo va desde lo espiritual a lo terrenal, de lo sagrado a lo profano, de lo tangible a lo intangible.

Quizás por eso Cohen sobreviva en pocos. A penas se le escucha en el soundtrack de una película independiente, a propósito de una visita en Montreal, o en una librería de viejo. A pesar de ser uno de los autores más laureados, sigue sin ser el músico popular que todos sus seguidores queremos que sea. A los que somos sus fans continuamente nos preguntan quién es ese viejo cachondo de voz ronca que anda rezando. Por eso, sus seguidores tenemos como misión mínima presentárselo a nuestros amigos, platicarles y darles un poco de nuestro Cohen, para que con alguna suerte también sea su Cohen.

Así, preparé esta breve selección de material en línea: videos, canciones, pequeños fragmentos, entre otras cosas, como una introducción al mundo de Leonard Cohen.

***

Él

young_leonardLeonard lo pudo todo. A los 32 años ya era un reconocido novelista y poeta, poco después ya estaba en amores con Janis Joplin, y al poco tiempo ya era de los sobrevivientes de su época a toneladas de drogas. Ha ganado de todo: Príncipe de Asturias, Álbumes de Oro, y mucho dinero. Pero también perdió todo: lo estafaron, quebró, y casi se le muere un hijo. Por eso, hay que leer la biografía I’m Your Man: The Life of Leonard Cohen de Sylvie Simmons, para entender la evolución y proceso del artista. Pero antes, hay que escucharlo en vivo y ya viejo, cantando desde Londres la canción que lleva el título del libro: “I’m Your Man”:

Religión

Leonard Cohen es sobre todo judío. No es coincidencia que la religión sea uno de los temas recurrentes de su obra. A pesar de su predominancia hebrea, lo espiritual en Cohen es de lo más diverso: desde el budismo hasta el paganismo. Yo he entendido mucho del mundo judío gracias a Cohen, no sólo en clave religiosa, si no también las tradiciones e instituciones que han creado.

“Blues de los Judíos” (“The Jew’s Blues” o “Billy Sunday”) cantada en Dublín en 1979:

Cohen tuvo un breve paso por la Cienciología, y en ese camino escribió una de sus mejores canciones: “Famous Blue Raincoat”, probablemente mi canción favorita. Como muchas canciones de Cohen, perfectas para el cine, esta fue usada en 45m2, una película griega sobre una mujer en medio de la crisis. Esta es una versión finísima del grupo Vassilikos, mucho mejor que el famoso cover de Tori Amos.

Política

Siempre tuve la impresión de que Cohen era un hereje en política, sobre todo después de canciones como “Democracy”, que bien puede ser un himno nihilista:

Pero luego está “Everybody Knows”, “The Partisan” (adaptación de la francesa La Complainte du Partisan), a propósito de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra, y “Story of Isaac”, esta última una narración de la historia bíblica de Abraham e Isaac como una alegoría de la guerra de Vietnam. Quizás es una necedad descifrar el pensamiento político de un artista, sin embargo, con estas canciones uno puede acercarse el contenido político inicial de su obra: contra la hipocresía, lo desigual, y la guerra; y en pro de lo que yo leo como una democracia mística. Decía Cohen en entrevista:

Democracy is the great religion of the West – probably the greatest religion because it affirms other religions; probably the greatest culture because it affirms other cultures. But it’s based on faith, it’s based on appetite for fraternity, it’s based on love, and therefore it shares the characteristics of a religious movement. It’s also like a religion in that it’s never really been tried.

Género

Ni siquiera Leonard Cohen es perfecto. Su folk es estrictamente misógino. Ni modo, hay que asumirlo. Las pienso como las de José Alfredo Jiménez, describían su tiempo. Sordo, no me había dado cuenta, hasta que Juliette me lo hizo saber por este cuento de Lara Vapnyar que toma el título de una canción de Cohen: “Waiting for the Miracle”. Sigo sin saber cómo lidiar con esto, pero encontré esta genial crónica “My Night With Leonard Cohen” de dos feministas que pasaron una noche con Cohen (una de ellas Roz Warren, escritora en el New York Times).

Montreal

Montreal es su patria. Cohen lo ha dicho varias veces, es un hombre de su pueblo, lo mismo le reconoce cualquier québecois. Ahí nació, se formó, y probablemente, ahí morirá.

Aunque la canción nunca menciona la ciudad por su nombre, “Suzanne” es conocida por ser sobre Montreal. La canción representa la relación platónica de Cohen con Suzanne Verdal, una musa de la generación beat que tenía un departamento en Montreal.

Esta es una impecable interpretación en vivo, muy parecida a la grabación del disco. Se ve a un Cohen posiblemente en su mejor época, por ahí de 1972.

Belleza

Cohen es un crítico de lo obvio. En su canción legendaria, “Chelsea Hotel no. 2” (dedicada a Janis Joplin), hay una frase que me retuerce y me parece de lo más verdadero que se haya escrito:

I remember you well in the Chelsea Hotel you were famous, your heart was a legend. You told me again you preferred handsome men but for me you would make an exception. And clenching your fist for the ones like us who are oppressed by the figures of beauty, you fixed yourself, you said, “Well never mind, we are ugly but we have the music.”

Acá una versión en vivo, que tiene un lindo video introductorio del hotel, por supuesto en Nueva York, su segunda ciudad. (A los impacientes, la música empieza hasta el minuto 2:50)

Cine

Lo dije antes, el cine y las canciones de Cohen son un magnífico complemento. Varios cineastas han tomado canciones de Cohen para momentos épicos del cine. En mi pequeño compendio les ofrezco dos.

Take this Waltz es una película que toma como título la canción que Leonard Cohen adapta de Pequeño vals vienés del poeta español Federico García Lorca.

Otra película que toma una canción de Cohen es Natural Born Killers, de Oliver Stone. “The Future” introduce la película como una amenaza reflexiva a los futuros asesinos.

Mención especial a Gael García bailando “Dance me to the end of love” en Rosewater, y a Robin Wright cantando “If It Be Your Will” en The Congress

En Vivo

No conozco seguidor de Cohen que no viva con la obsesión de presenciar un concierto en vivo del viejo. Leonard Cohen nunca ha estado en México: doloroso. Por eso es que desde hace algunos años pertenezco a un pequeño grupo utópico de Facebook llamado “Queremos a Leonard Cohen en México”. No me queda más que hacerle propaganda e invitarlos a que se unan.

Hace como cinco años vi en mi celular, en Youtube, y en un largo trayecto de viaje, el documental de la BBC dirigido por Tony Palmer, Bird on a Wire, como la canción. Confirmó mi alucinación por ver al hombre recitando sus letras.

Este es uno de los extractos que más vale la pena. Cohen llora después de interpretar “So Long Marianne”. La banda duda en seguir el concierto por razones desconocidas. Luego leí este artículo con una posible interpretación que involucra LSD. El documental cierra magistralmente con una interpretación de “Bird on a Wire”.

***

La sabiduría que encuentro en Cohen es por la sensibilidad para entender y contar historias que recorren vidas, que son completas y no terminan. A través de la memoria y la imaginación, Cohen continuamente explora su pasado y la de su cultura para ofrecernos un arte maravilloso, reconciliado con su historia, definitivamente optimista.

Es correcto pensar que Cohen es el portavoz de la melancolía, así inicia a escucharlo la mayoría. Sin embargo, su música atraviesa todas las emociones. Me doy cuenta que su folk también es felicidad y plenitud, cuando dedico “Dance Me to the End of Love”, cuando converso sobre Cohen y Rockdrigo, y cuando lo pienso como preámbulo a Nueva York.

“Music is the emotional life of most people.”

Leonard Cohen

 

Sinceramente,

7_LuisGodoy