WELCOME TO YOUR TAPE!

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Por: Mauricio Ochoa  – @Mauri8a

Como cualquier ente millennial con acceso a Netflix, me chuté la nueva serie de 13 Reasons Why (y la odié, pero ésa es otra historia).

Durante cada episodio, dos cosas retumbaban en mi cabeza: 1) YA CÁLLATE, CLAY, Y PONTE A ESCUCHAR EL PUTO CASETTE, y 2) Qué fuerte el bullying en las preparatorias gringas.

Al menos entre mis amigos, me parece que yo fui el único “bulleado” en la prepa. Casi todos mis amigos o se escondían en lo más recóndito de su clóset de cristal, o eran de los bullies que jodían al prójimo. Mi bullying, digámoslo así, no fue tan fuerte como el de 13 Reasons. Yo tuve varios bullies, pero solo uno recurrente, y hoy quiero hablar de él.

LUIS, WELCOME TO YOUR TAPE, CABRÓN.

Creo que antes de hablar de L.D., debería hablar un poco de su entorno familiar. Si mal no recuerdo, él era el segundo hermano de tres (o estoy inventando; ya no me acuerdo). De lo que estoy seguro es de que tenía un hermano más grande. Llamémosle Juan. Conocí a Juan nada más y nada menos que en clase de jazz. Eso, atendiendo a todos los prejuicios que giran alrededor de estas clases, nos lleva a concluir que, efectivamente, Juan también era gay.

Desde que conocí (y por conocer me refiero a “estuve en el mismo salón de duela”) a Juan, traté de llevarme con él. Uno, porque DUDE si así movías las caderas cómo moverías el; Y DOS, porque entre los cientos de provincianos con los que yo estudiaba la prepa, me parecía que era el único “abiertamente” homosexual. Spoiler alert: Juan nunca me hizo caso y la única convivencia que tuvimos fue compartir cuarto en un viaje de la escuela y que él llegara ebrio a la mitad de la noche. Not quite how I imagined our trip would be. 

Ahora, ése era Juan. Luis, por el contrario, era lo diametralmente opuesto a su hermano: macho que se respeta; goleador estrella de la preparatoria; grupito de amigos lomo plateado; novia curvilínea en turno, etc, etc, etc. Además del fútbol, Luis tenía la diversión de gritarme cosas en la escuela. Pick your insult: puto, maricón, joto. Siempre que me veían pasar. Estuviera solo o acompañado. Siempre. Todos. los. pinches. días. Mis amigas intentaron hablar con los profesores, que hicieron punto menos que nada. Nunca me pegó (…), pero eso no quitaba que me diera miedo caminar cerca de él o de su grupito de amigos. MENOS cuando salíamos noche de la escuela y había considerablemente menos gente que la normal.

El miedo se mantuvo hasta que un día iba caminando con una amiga y forzosamente teníamos que pasar enfrente de Luis y su grupito de subnormales. Y, bueno, como siempre, el típico:

“Jajajaa ahí va el joto”

“Jajaja, maricóooooon”

Y así, como si nada, de algún lugar recóndito de mi ser, se me salió un:

-Ay, primero fíjate en tu hermano, ¿no?

Miedo, pánico, terror… en los ojos de sus amigos. Mi único recuerdo después de eso es escuchar el casi inaudible “corre”, que me dijo mi amiga. Y así fue. Corrí como si mi vida dependiera de ello; como si tuviera condición física, o como si acabara de abrir la panadería. Y ya. Corrí, corrí, y dejé atrás a Luis, a su grupito de amigos anonadados y, sin saberlo, también dejé atrás mi bullying preparatoriano. Ni Luis ni sus amigos me volvieron a molestar.

Y ya. Ése es el fin de mis casettes. Tuve suerte. Ni me pusieron la madriza de mi vida, ni se volvieron a meter conmigo. Hace poco Facebook hasta me recomendó a Luis como amigo (¡!) y, obvio, me metí a stalkear. Vi que se lleva muy bien con su hermano; se likean sus fotos, etc, etc. No sé si Luis maduró, hizo sinapsis o se sacudió la provincia, pero sí sé que a mí me dejó en paz. Mi caso quizá sea aislado. Hay gente a la que tratan peor, a la que no dejan de molestar, y gente que decide que ya no puede más.

Gran parte del bullying que sale en la serie, y que me imagino que es el bullying que se hace hoy en día, es el cibernético: mandar las fotos de alguien más, enviar correos anónimos, publicar cosas en redes sociales… todo. Las redes sí han hecho más fácil escudarse en una pantalla para molestar, pero también creo que son una gran oportunidad para apoyar. “En mi tiempos” (cof cof) no era tan fácil buscar apoyo. No podíamos meternos a youtube a buscar el video de alguien que pasaba lo mismo por nosotros. No había páginas ni iniciativas de fácil acceso como ahora, y por eso me maravillan las propuestas como las de “it gets better”. Lo más aventurado que conseguí hacer en mi época era bajar Queer as Folk de mi Limewire e imaginarme que, en algún lugar perdido de Pittsburgh había gente como yo que había salido adelante. Hoy es más fácil. Hoy, creo, que es nuestro deber asegurar a las nuevas generaciones que hay un futuro mejor. Prometer al Mauricito adolescente que sí, todo mejora.

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Dejar de Contar

What now

Por: Mauricio Ochoa – @mauri8a

Cuando me dijeron que podía colaborar en Inteligencia Independiente, la única solicitud que me hicieron fue que tratara “temas de interés público” y que “no fuera un blog de viajeros”. Tenemos un mes para escribir algo y cerca de dos semanas para que se publique. Lo frustrante de esto es que muchas veces los temas, para ese entonces, ya están quemados o, generalmente, ya sucedió algo peor.

Desde hace algunos meses nos han bombardeado con infinidad de anuncios con el slogan de “las cosas buenas no se cuentan, pero cuentan mucho”. Yo, francamente, ya no me acuerdo de alguna cosa buena que haya sucedido recientemente. ¿Algún mexicano descubrió la cura contra el cáncer? Ah, no. Y, además, en Veracruz, Duarte acabó dando quimioterapias falsas a niños. QUIMIOTERAPIAS. FALSAS. No sé ustedes, pero cuando leí esa noticia ya no me imaginé otro punto más bajo. En verdad no se me ocurre alguna cosa peor que formar parte de un Gobierno que dé medicina falsa a niños con cáncer. De cualquier manera, no voy a decir mucho, porque el Gobierno no deja de sorprenderme.

Nos piden que contemos las cosas buenas que cuentan mucho. ¿Qué cosas buenas? ¿Qué político decente? ¿Alejandra Barrales? Ya le encontraron la casa en Miami. ¿Ríos Piter? No sé. ¿Ahora sí va a ir a la votación contra Paloma Merodio o va a aplicar la misma que con Medina Mora? Yo ya no sé qué contar. Uno ya ve las noticias y no sabe qué más puede salir peor. En lo que venía a mi casa del trabajo, salió la noticia que ya exoneraron a uno de los “porkys”. Los escuincles que ultrajaron a la niña en Veracruz. Leí el resumen de la sentencia y resulta que se concluyó que el mono “le introdujo sus dedos por debajo del calzón y se los introdujo en la vagina [sin intención] lasciva ni con intención de copular”. Ah, ok. Le metió el dedo a la fuerza, pero sin ganas de copular. Fue de amiguis, de compas, violacioncita tranqui. Qué bueno que no fue con intención lasciva. ¿Ya ven? Eso no se cuenta, pero cuenta mucho.

O, no nos vayamos tan lejos. La susodicha Plaqueta. Que a veces me cae bien y a veces me cae mal. Independientemente de cómo me caiga (o a las de mi oficina que dicen que “ya no es banda”); independientemente de si le gritó guapa un taxista o William Levy desde su Ferrari, qué pedo con la gente insultándola porque “además de todo está bien fea”. Qué pedo con las amenazas de muerte que recibió. Qué pedo que la gente no se puede poner de acuerdo en si les parece o no que denunciara al mono que la acosó.  Qué pedo con los monos diciendo que “ya no se puede cortejar a una mujer”. ¿Neta? ¿cortejarla gritándole guapa desde el coche? Ni la Bestia tuvo tan poquita madre con su VAS A CENAR CONMIGO MIENTRAS MIS CUBIERTOS TE BAILAN QUIERAS Y TE CHINGASTE.

¿Ustedes saben de algo reciente que cuente mucho? Yo ya no quiero contar. Aún creo que si encontrara alguna de esas cosas buenas de las que hablar el Gobierno, creo que ninguna cuenta lo suficiente como para que cuente mucho.

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100 Días Después de Trump

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Por: Mauricio Ochoa – @mauri8a

Disclaimer: Nos encontramos un DeLorean con el que intentamos viajar al futuro. Dado que la gasolina está muy cara, nomás nos alcanzó para ir a 100 días después de que Donald Trump asumió la Presidencia, y regresar. Sólo les pudimos traer un periódico (que se imprime en billetes de 100 pesos, porque sale más barato que imprimir en papel bond), y aquí les compartimos algunas de las noticias:

—Donald Trump bloquea la entrada de 74% de exportaciones mexicanas. El Superbowl de 2017 se registra como el de más accidentes por conductores en estado de ebriedad. Se atribuye el alza en los accidentes a que los estadunidenses no pudieron bajarse la peda con guacamole.

—Se prohíbe también la participación de Lady Gaga en el medio tiempo del Superbowl y se sustituye por Kanye West. Hay revueltas homosexuales en San Francisco, Nueva York y Atlanta. El Secretario de Prensa de Estados Unidos atribuye las manifestaciones a un culto religioso cuyo profeta es Freddie Mercury. Encarcelan a Adam Lambert tras ofrecer un concierto ilegal en el Monumento a Jefferson para cantar “Bohemian Rapsody”.

-Se anuncia la salida de Estados Unidos de las Naciones Unidas. Vladimir Putin ofrece Moscú como nueva sede. Marine Le Pen propone París. Miguel Ángel Mancera solicita se le considere como nuevo Secretario General. El Consejo de Seguridad responde con un “AOC”. Voceros de Mancera lo consideran un gran avance.

-Los mercados financieros mexicanos colapsan ante la incertidumbre macroeconómica. Trump amenaza con impuestos a todos los empresarios con inversiones en México. Sale 80% de las marcas internacionales de alimentos, entre ellas McDonald’s. The Economist anuncia que México no podrá participar en el Índice Big Mac. Banco de México sugiere calcular con la torta de tamal, que ronda los $40 pesos.

—El Gobierno Mexicano informa que está tan cerca de alcanzar un acuerdo comercial con Estados Unidos, como de atrapar a Javier Duarte. La sociedad no sabe qué pensar. La PGR sigue esperando a que Fidel Herrera regrese a ser interrogado. Dijo que sólo iba por cigarros.

—El Secretario Narro se ve obligado a renunciar, tras filtrarse grabación en la que dice “antes lo importante era que teníamos salud. Hoy ya ni eso”.

—La Secretaría de Hacienda y Crédito Público declara que “ahora sí, ya en serio, estamos casi seguros que ya no nos va a afectar el alza del dólar”. Se nombra a Andrea Legarreta como Directora General de Comunicación Social.

—César Camacho se solidariza con la situación financiera de los mexicanos y vende uno de sus relojes. Recibe escupitajos de ciudadanos, una vez que se enteran que vendió el Casio.

—Ana Guevara se tropieza con uno de los baches de la Colonia Cuauhtémoc y solicita encabezar la Comisión de Obras Públicas del Senado.

—NETFLIX decide cambiar el nombre de “Una serie de eventos desafortunados”, dado que los mexicanos lo confunden como un documental del actual sexenio.

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El Imperio Gay Contraataca

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Por: Mauricio Ochoa – @mauri8a

Un día, como por quinto semestre de la carrera, llegó uno de mis compañeros de universidad, se armó de valor, y me preguntó con toda la sinceridad del mundo: “oye, Mau, ¿los gays se masturban?”. Honestamente no recuerdo qué respondí (seguro algo así como “préstame tu mano y averiguamos”), pero ha sido de las primeras veces que descubrí que la homosexualidad es un misterio para mucha gente. Incluso para nosotros mismos. Aunque cada vez es “más común” y “más aceptado”, la mayoría de la gente sigue sin tener la menor idea de qué implica ser homosexual. Desde la amiga que un día, con toda naturalidad y consternación, me dijo que “sentía bien feo por los gays porque no pueden tener relaciones viéndose a la cara” (???) hasta las veces que en mi familia han insistido que es una elección. Así, sin más. Que uno despierta un día y, como si fueran enchiladas, decide que le gusta más Liam Hemsworth que Jennifer Lawrence.

Aunque me da gusto que cada vez más gente lo toma con la naturalidad correspondiente, sigo viendo los estragos de la ignorancia en el tema. Como ya todo mundo sabe, a menos que vivan en una cueva y no sigan las noticias/chismes/redessociales/sobremesas familiares, el llamado “Frente Nacional por la Familia” organizó en días pasados distintas marchas en “defensa” de lo que los participantes llamaban “la familia natural”. En resumen, cualquier cosa que no sea mamá+papá+hijitos representa para ellos una amenaza cada vez más peligrosa. El “Imperio Gay” cada vez expande más sus horizontes y estamos listos para convertir a sus hijos a la veneración de Lady Gaga. Si procede la iniciativa del presidente Peña, que básicamente implica hacer explícito lo que ya dijo la Corte: que negar el matrimonio a los gays es inconstitucional (además de ojete), aparentemente eso implicaría la destrucción de las buenas costumbres, de la moral, de la natalidad, del dólar y de todo lo que se les pueda ocurrir. Más allá de las consideraciones de negar acceso a derechos, de tener poca o nula madre, o bien, de simplemente (ahí sí) meterse en la familia ajena, creo que gran parte de los ataques provienen de mero desconocimiento.

Los gays, me parece, seguimos siendo un misterio inconcebible para grandes sectores de la sociedad. Uno aprende a que el puto o maricón en la escuela es al que le gustan las personas del mismo sexo. Y ya. Nada más. Eso aprende uno en casa en las sobremesas familiares cuando tras el segundo whisky sale el tío medianamente ebrio a contar los chistes de maricones. Jijijijojojoj qué chistoso, pero hasta ahí. Nada de educación, nada de información. Uno, como homosexual, crece únicamente escuchando las mentiras, las burlas, las acusaciones, pero nada de datos, nada de evidencia, nada de información verdadera. Desde niño a uno le enseñan que tiene que gustarle alguien del sexo opuesto; que niño es con niña (nada de condón; puro con-doña, como decía mi papá – bienvenidas las enfermedades de transmisión sexual, total). Uno empieza a recibir disparos hormonales en la secundaria, pero, de nuevo, nada de información. Uno escucha a los compañeros hablar de las cada-vez-más-evidentes-chichis de la compañera pero se pregunta por qué nadie habla de las también-cada-vez-más-evidentes-pompas del mejor amigo. Uno no entiende qué carajos está pasando consigo mismo. Uno se ve al espejo todos los días y se pregunta, en la soledad, por qué es así; por qué no es como los demás.

Parte de las consignas del Frente por la Familia es “dejar la educación a cargo de los padres”. Dejar a los niños en la ignorancia. No se vayan a enterar que se puede ser gay. No se vayan a enterar que no es una enfermedad. No vayan a vivir su vida como ellos quieren, y como ellos nacieron. No vayan a vivir su vida, tal cual. Me pregunto, de verdad, qué espera toda la gente que marcha. ¿Seguir en la mentira? ¿Seguir engañándose a si mismos y a los demás? ¿Dejar que sus hijos aprendan la palabra “homosexual”, y su significado, hasta segundo de secundaria, cuando por primera vez aparece en el libro de biología? Podré entender que cada quien crea en lo que se le dé la gana. Infierno, cielo, purgatorio, pecados, lo que sea. Lo que nunca voy a entender es el por qué negar los derechos a las demás personas. Por qué negar el derecho a la información, o el derecho a vivir.

Montserrat, Orlando y las Pequeñas Cosas

Mauricio Ochoa
Por: Mauricio Ochoa – @mauri8a
En uno de los pocos heart to heart que he tenido con mi mamá en los que me pregunta cosas “de homosexuales” que normalmente me quiere preguntar, pero no se atreve, y en los que yo le cuento cosas con afán de que se dé cuenta que, sí, sí es normal, me acuerdo que le conté de mis miedos preparatorianos para salir del clóset.
La dependencia económica de los papás, los nulos ahorros; sentirse aislado e incomprendido, son sólo unas de las muchas cosas que normalmente incrementan el pánico que cualquier joven homosexual tiene antes de hablar con sus papás acerca de su orientación.
En fin, en ese heart to heart, le conté a mi mamá de Montserrat. Esa amiga que un día me dio un abrazo enorme, fuerte e interminable, y me dijo que no me preocupara. Que si todo salía mal, que ella ya había hablado con sus papás y ellos habían accedido a recibirme en su casa el tiempo que fuera necesario. Que ellos lo sabían; que ellos me apoyaban; que ella, la primera persona que me preguntó directamente si era homosexual, estaba conmigo.
Muchos años pasaron. Montserrat y yo nos distanciamos. Nos veíamos cada vez menos. Pasamos de salir varias veces al mes, a reunirnos una vez cada seis meses para contarnos todo lo que había sucedido en el último semestre, a enviarnos un mensaje esporádico, a confirmar en nuestras respectivos eventos en Facebook y nunca ir. Nos distanciamos pero ese abrazo y esa calidez y soporte que me dio hace más de diez años son cosas que nunca se me van a olvidar.
Después de la matanza de 49 jóvenes en Orlando, la peor en la historia de Estados Unidos, he leído muchas opiniones, casi todas críticas duras (y muy justas) a la homofobia recurrente. Al día a día que vive la comunidad homosexual y que no sólo debería reconocerse tras una tragedia. La vulnerabilidad está vigente y, a pesar de los grandes pasos que se han dado en materia de derechos, aún nos enfrentamos a cuestionamientos por parte de sectores específicos de la sociedad que pretenden tolerar, pero jamás incluir; jamás considerar como parte de la sociedad. 
Leí muchas cosas de odio, de frustración, de hartazgo, pero muy pocas de empatía; de entendimiento. Leí también a Eugenia Vela hablando de su hermana, del miedo que tenía de las amenazas que ha recibido; de la frustración que sentía por que aún existimos “nosotros” y “ellos” (i.e. los bugas y los gays). Hasta leer su texto entendí algo importante con relación a todo lo que sucede; todo lo que vivimos día con día. Gran parte de las muestras de solidaridad, de afecto, de compañerismo que leí en las redes sociales, fue de personas heterosexuales. Sí, leí críticas de personas homosexuales; compartí sus quejas y las sentí como mías, pero la solidaridad de “ellos” fue lo que me recordó el momento de hace tantos años en que me sentí apoyado por alguien más.
Quería escribir esto para ustedes, los bugas, los que se preocupan por nosotros. Los que nos apoyan día con día, porque así tiene que ser. Desde la amiga que escribe que los derechos humanos no están restringidos a opinión pública o consulta, hasta la jefa que te pregunta si ya pensaste bien el color que usarán tus damas cuando te cases. Desde la tía y prima que, tras leer el texto de Eugenia, enviaron por mensaje un “Estoy contigo”. Desde el compañero de la Universidad que te saluda y te pregunta por “tu güey” y te dice que “te ves bien contento, cabrón”, hasta el mejor amigo heterosexual que da like a todas las fotos en que sales con tu novio y comenta con un corazoncito. El amigo argentino que se despidió de ti hace mucho y te dijo que le habías hecho entender y querer a los trolos como tú, o el heterosexual que come contigo a la hora de la comida y se ríe incrédulamente cuando descubre que te lo puedes alburear peor que él a ti.
A todos ustedes que luchan con nosotros, que no cuestionan que merecemos los mismos derechos que los demás. A todos ustedes que nos han hecho parte de su vida y que nos llenan el corazón y la esperanza que muchos se empeñan por romper. A todos ustedes, gracias.
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