El Milagro de Kafka

El Milagro de Kafka

Por: Mario Campa – @mario_campa/ @latampm

Cada que mi convicción sobre la nobleza del espíritu humano mengua, recurro a un episodio de los últimos meses de la vida de Kafka para alentar mi creencia en la posibilidad de los milagros. Reproduzco íntegramente a continuación un fragmento del libro de The Brooklyn Follies (2006) de Paul Auster (traducción al español de Benito Gómez Ibáñez), donde el autor narra mediante una conversación digresiva entre dos personajes de la novela—Nathan y Tom— un suceso en la vida de Kafka que es como para hincarse y aplaudir:

   –Vale. Cuéntame ya esa historia.

   –De acuerdo. Esa historia. La historia de la muñeca… Estamos en el último año de la vida de Kafka, que se ha enamorado de Dora Diamant, una chica polaca de diecinueve o veinte años de familia hasídica (algo así como judía ortodoxa) que se ha fugado de casa y ahora vive en Berlín. Tiene la mitad de años que él, pero es quien le infunde valor para salir de Praga, algo que Kafka desea hacer desde hace mucho, y se convierte en la primera y única mujer con quien Kafka vivirá jamás. Llega a Berlín en el otoño de 1923 y muere la primavera siguiente, pero esos últimos meses son probablemente los más felices de su vida. A pesar de su deteriorada salud. A pesar de las condiciones sociales de Berlín: escasez de alimentos, disturbios políticos, la peor inflación en la historia de Alemania. Pese a ser plenamente consciente de que tiene los días contados.

   »Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de las veces, Dora lo acompaña. Un día, se encuentran con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta que le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo”. Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?

     »Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve cómo se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.

     »Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.

   »Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. Tres semanas. Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce a otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la muñeca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.

   »Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen esas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.

Ahí termina la digresión sobre Kafka.

¡Al diablo con la ontología! Los milagros poéticos los escribimos aquí, en esta vida bellamente absurda.

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30 Notas al Pie de Página

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Por: Mario Campa – @mario_campa / @latampm

Una querida amiga me escribió hace unos días un correo electrónico para felicitarme por mi cumpleaños 30. Hacía meses que no hablábamos y quiso conocer mis opiniones en temas de interés privado y público. Contesté lo primero inmediatamente, pero decidí guardar lo segundo para otra ocasión. Escribí después 30 notas al pie de página para acompañar al intercambio epistolar original, mismas que ahora doy a conocer:

  1. Todo empieza y termina con Trump. El ánimo nacional en México está crispado y alicaído. Hemos tenido mejores días.
  2. La planta de Ford en Hermosillo iba a producir los vehículos autónomos y eléctricos de la compañía. La inversión se fue a Michigan.
  3. La Alemania de 1933 era uno de los pueblos más alfabetizados del mundo. El fascismo trasciende la racionalidad pura.
  4. Recurro constantemente a los existencialistas neo-nietzscheanos. Sartre y Camus fueron Übermenschs: ganaron Nobeles de Literatura utilizando sus propios conceptos filosóficos (postmodernos) para escribir novelas. Mejor mezcla de lo apolíneo y dionisíaco, imposible.
  5. ¿Qué implicaciones tendría el absurdismo de Camus y el compromiso de Sartre en la teoría del Estado? El paradigma utilitarista del mayor bienestar posible tendría que evolucionar hacia uno de mayor movilidad social.
  6. El nivel de vida del ser humano nunca había sido tan alto como ahora. Pero la desigualdad ubicua parece autoimponer la riqueza como fin. ¿Dónde queda el mundo de posibilidades tras la muerte de Dios? Nos tocó vivir el comienzo de la transición del hombre postmoderno.
  7. Escucho a menudo el podcast The Partially Examined Life, disponible en iTunes. Tres americanos que abandonaron años atrás sus estudios de doctorado (Universidad de Texas) discuten las principales corrientes de pensamiento filosófico y las aterrizan en la cultura pop.
  8. Mi favorita en Game of Thrones es Arya Stark. Una niña que se rebela contra su destino de princesa y abandona sus privilegios es difícil de encontrar en la realidad, tristemente. Lo que viene para ella es perfectamente impredecible.
  9. Hablando de roles de género, llegó a mis oídos una historia de una mujer de campo que calzó zapatos de tacón y puntiagudos por primera vez en una edad ya avanzada. Al no poder con ellos, tomó un hacha y les cercenó la punta. Fue mi bisabuela.
  10. He visto ya La La Land. La trama se subordina in extremis a las actuaciones de Ryan Gosling y Emma Stone (<3). No va a cambiar paradigmas en Hollywood.
  11. Si Jack Kerouac escribió On the Road con música de jazz de fondo fue porque quería un texto con la misma personalidad que aquél: fluido y espontáneo. He intentado escribir con tango –Piazzolla, no Gardel–. El resultado: una prosa excesivamente dramática. (En cada tecla se juega uno la vida.)
  12. La literatura vanguardista parece reflejar el absurdismo de Camus y Beckett ya no en el estilo y en los diálogos, sino en la forma de la novela. Leer a Aira o Auster implica estar expuesto a la incertidumbre total y la reinvención continua de la trama.
  13. La técnica narrativa de Aira se llama fuga hacia adelante. En vez de revisar sus textos, se sale de los embrollos narrativos improvisando con la trama hacia lugares desconocidos.
  14. Un novelista mexicano que me sorprendió gratamente es Juan Pablo Villalobos, Premio Herralde 2016. Lector de Aira, por cierto. Estoy a la espera de que Amazon me envíe su nueva novela: No voy a pedirle a nadie que me crea.
  15. La novela que leo ahora es Ready Player One (2011). Las posibilidades de la realidad virtual me entusiasman. ¿Inventarán pronto Zuckerberg, Musk, Gates y compañía algo similar al OASIS de la novela de Ernest Cline? Spielberg (por supuesto) ya trabaja en la película (2018).
  16. La tecnología no descansa. El Hyperloop de Musk (¿Superman o Lex Luthor?) se empieza a materializar. Los avances son prometedores. Si el fondeo y la regulación fluyen, estaremos viajando en cápsulas a 700 millas por horas en la siguiente década. 
  17. Desconfío de las redes sociales. Compruebo constantemente que la gente (híper) activa en redes crea (o refuerza) sentimientos de autosuficiencia moral y conformismo, sin mencionar el costo de oportunidad inherente—otras actividades productivas, culturales, artísticas y sociales—.
  18. Y sin embargo, las redes sociales llevan a la democracia a nuevas dimensiones. La vanguardia política se llama Podemos (España). Son populistas por antonomasia. Hay que seguirlos.
  19. Y en Francia la esfera política está aún más convulsa. ¿Quién podrá parar a Le Pen? El inesperado y reciente empuje de Hamon confirma el hartazgo global con la desigualdad. Su propuesta de gravar el uso de robots es ridícula.
  20. En México no he encontrado a político alguno que merezca mi pleno respeto. La elección de 2018 pinta para ser el año de López Obrador y de la izquierda mexicana. Aun con las deficiencias de los remedios propuestos, su diagnóstico es acertado: el patetismo de las élites mexicanas no puede seguirse prolongando.
  21. México está hoy muy lejos de producir a un Obama: humilde, carismático, popular, leído, templado, optimista y feminista. Las condiciones sociales simplemente no son propicias.
  22. Corrección política y fútbol ahora van de la mano. Un directivo del Barça fue destituido porque opinó que Messi no sería el jugador que es sin sus compañeros. Joder.
  23. Además de Game of Thrones, la única serie que he visto en los últimos años es Billions. La realidad de los hedge funds es aún más dramática que en la pantalla.  
  24. La moda en los hombres es dejar los tobillos al descubierto. No puedo estar a la moda.
  25. Tampoco la moda musical me seduce. En este ámbito soy purista y no tolero la mezcla impúdica de sonidos electrónicos y géneros. Es perfectamente postmoderno.
  26. ¿Pop mata poesía? Al parecer sí. ¿No pueden llegar a una tregua?
  27. Recuerdo que alguna profesora de economía nos contó que a sus hijos los estimulaba a leer premiándolos económicamente. He ahí un dilema. Es verdad que en cierto sentido se les impone un determinado patrón de vida, pero ¿no les abre también la literatura un mundo de posibilidades? Si soy padre algún día, quizá lo intente.
  28. En Italia intentan innovar dando a los adolescentes un estipendio (500 euros al año) para ser destinado a gasto cultural (p.ej., libros y entradas de teatro). Aun con sus deficiencias, me parece un caso interesante a seguir. Si soy gobernante algún día, quizá lo intente.  
  29. “Muchos años después diría Beckett que hasta las palabras nos abandonan y que con eso queda dicho todo.” Así termina la novela Bartleby y compañía que Enrique Vila-Matas construyó utilizando 86 pies de página para ilustrar diversos motivos que llevan a los escritores a dejar de escribir. Juan Rulfo me pareció el más poético y original: “Porque se me murió el tío Celerino, que era el que me contaba las historias.”
  30. Todo empieza y termina con Trump. El ánimo nacional en México está crispado y alicaído. Tendremos mejores días.

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Sorbitos de Nicanor Parra y su Antipoesía

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Por: Mario Campa – @mario_campa / @latampm

“La poesía morirá si no se la ofende, hay que poseerla y humillarla en público. Después se verá lo que se hace.”
Nicanor Parra, Artefactos

Se cuenta que cuando Napoleón conoció al poeta alemán Johann Wolfgang (von) Goethe, el general exclamó: “¡He aquí a un hombre!” Napoleón tenía cierta obsesión con el Julio César de Shakespeare, y sabía que podía echar mano de Goethe para sus delirios de grandeza inmortal. No contaba con que habría cierta antipatía entre ambos.

El hombre de armas y poder suele respetar al de plumas e ideas—al poeta, al novelista—porque sabe del poder de la palabra. Recordemos lo que dijo Mario Vargas Llosa en su célebre discurso de aceptación del Nobel de Literatura (2010): “Quienes dudan de la literatura…pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes.”

Pues bien, quiero hablar de un Hombre—parafraseando al bajito francés—que revolucionó la poesía latinoamericana. (No, no ha muerto aún, pero tiene ya 102 años…aunque él espera vivir 116.) Supe hace algunos años de la existencia de Nicanor Parra por algunas entrevistas hechas a Roberto Bolaño—disponibles gratuita y legalmente en YouTube—, en las que sin rubor alguno, el novelista chileno declaró que Nicanor Parra era su poeta favorito (sic). Hasta que di con los poemas supe por qué.

 

Qué es un antipoeta:
un comerciante en urnas y ataúdes?
un sacerdote que no cree en nada?
un general que duda de sí mismo?
un vagabundo que se ríe de todo

– Test (Parra, 1969)

 

Nicanor Parra se describe a sí mismo como un “antipoeta”. Es un subversivo literario. Los cánones de la poesía no existen en Parra—y su movimiento que inspiró, entre otros, a los infrarrealistas liderados por Mario Santiago y Roberto Bolaño y que sacudieron en su juventud la Ciudad de México manifestándose contra el establishment poético de la época (i.e., Octavio Paz). Los cánones son reconocidos en la tradición poética, pero sólo para ser lacerados y humillados. Incluyendo los cánones líricos.

 

Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
-Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos-
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.

Los poetas bajaron del Olimpo.

                                                                                                                       – Manifiesto (Parra, 1969)

 

Parra se mofa en su Manifiesto, el punto de partida para entender su visión poética, de que él no escribe sonetos a la luna—como Neruda, con quien tuvo una férrea rivalidad intelectual e ideológica a tal punto de que la antipoesía de Parra es vista también como antinerudianismo—. Su poesía busca evocar sentimientos, desafiando la ortodoxia poética y el orden social. Parra continúa la tradición iconoclasta, lúdica y espontánea de Arthur Rimbaud. Parra lleva el juego y la estructura visual del poema a niveles sublimes. La forma de presentar los versos es en sí poesía. Cada punto, cada espacio, cada mayúscula y minúscula… todo es juego y poesía.

Claro que me hubiera encantado
Ver en primera fila
A la Santísima Trinidad de la Chilena Poesía
Madre
                           Hijo
                                                      & Espíritu Santo
A la Mistral
En tenida de monje franciscano
A Neruda
De corbata de rosa y de sombrero alón
A Huidobro
Disfrazado de Cid Campeador
A Magallanes a Pezoa Véliz
Al heroico Domingo Gómez Rojas
1896-1920
Está de centenario
A Enrique Lihn a Eduardo Anguita
Doctores todos x derecho propio
Por + que abro los ojos no los veo

-Un millón de Gracias (Parra, 1997)

 

Parra ha tenido una trayectoria brillante en la lengua castellana, aunque no ha tenido el mismo reconocimiento en otras lenguas. Traducir sus poemas debe representar un reto mayúsculo. Es posible, pero el poema degenera más de lo habitual. Aun así, Parra ganó el Premio Cervantes en 2011 y ha estado nominado al menos 4 veces al Nobel de Literatura—la primera en 1997, a iniciativa de NYU, y la última vez en 2012, a propuesta de Michelle Bachelet—. Es difícil que lo gane ante su avanzada edad. Al respecto, declaró en alguna ocasión: “Tengo más fe en el Kino que en el Nobel.”

Además de su naturaleza subversiva y su difícil traducción, quizá el problema principal de Parra para alcanzar los grandes públicos ha sido el carácter sombrío y el humor negro de sus poemas. Parra no escribe de musas ni paisajes celestiales. Parra escribe de tumbas y ataúdes (literarias y reales). Es capaz de reírse de la muerte de un amor no correspondido…

 

Juro que no recuerdo ni su nombre,
mas moriré llamándola María,
no por simple capricho de poeta:
por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
supe de su muerte inmerecida,
nueva que me causó tal desengaño
que derramé una lágrima al oírla. 

Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!,
y eso que soy persona de energía.

Si he de conceder crédito a lo dicho
por la gente que trajo la noticia
debo creer, sin vacilar un punto,
que murió con mi nombre en las pupilas,
hecho que me sorprende, porque nunca
fue para mí otra cosa que una amiga.

 

– Es Olvido (Parra, 1954)

 

…así como de escribirle un poema a Lázaro (el personaje bíblico), invitándolo a no resucitar y a aceptar jubiloso que tiene “toda la muerte por delante”:

 

a qué volver entonces al infierno del Dante
¿para que se repita la comedia?
qué divina comedia ni qué 8/4
voladores de luces – espejismos
cebo para cazar lauchas golosas
ese sí que sería disparate

eres feliz cadáver eres feliz
en tu sepulcro no te falta nada
ríete de los peces de colores

aló – aló me estás escuchando?

– El Anti-Lázaro (Parra, 1985)

 

Mario Campa no es Napoleón (es mucho más alto que él), pero reconoce a un Hombre cuando lo lee. Parra es para Campa un Hombre con una sensibilidad y sentido del humor híper-desarrollados: simbiosis harto fácil de malograr. El mismo Campa buscó hacerlo a finales del año 2016 inspirándose en la pulida técnica de plagio peñanietista y en franco desafío a la tradición poética trumpiana, logrando sin embargo con poco éxito comercial en el intento.

 

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Escribió Milan Kundera en La Fiesta de la Insignificancia (2014) lo siguiente: “En su reflexión sobre lo cómico, Hegel dice que el verdadero humor es impensable sin el infinito buen humor, escúchalo bien, eso es lo que dice literalmente: ‘infinito buen humor’; ‘unendliche Wohlemutheit!’. No la burla, no la sátira, no el sarcasmo. Solo desde lo alto del infinito buen humor puedes observar debajo de ti la eterna estupidez de los hombres, y reírte de ella.” Si quieren leer a un Hombre burlándose del hombre, lean el mejor poema de Nicanor Parra: el soliloquio del individuo. Disponible (gratuita y legalmente) en el portal de la U. de Chile.

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Imaginando el Día “T”

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Por: Mario Campa – @mario_campa / @latampm

No pude conciliar el sueño la noche de la elección. Desconozco si fueron las tres tazas de café que bebí copiosamente durante el discurso de derrota de Hillary Clinton. Quizá debí haberlas cambiado por tres shots de tequila, de ésos que alivian(an) penas. Pero opté por el café. ¿Masoquismo? Quizá. A fin de cuentas, ese parecía ser el humor que llevó al elector americano directo al silicio trumpiano.

Escribió Borges que la derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece. Ya entrada la madrugada, compadecí los ojos húmedos de una demacrada Hillary Clinton al discursar 1,372 palabras frente al público incrédulo reunido en el National Building Museum en Washington D.C. Era la segunda vez que Hillary suspendía una campaña presidencial en aquel recinto neo-renacentista. La primera: cuando reconoció la candidatura del futuro presidente Barack Obama. La palabra “corazón” había sido pronunciada cinco veces aquel 7 de junio del 2008. Pero la madrugada del 9 de noviembre no había sido musitada en una sola ocasión.

Los tres puntos porcentuales que los encuestadores habían defendido durante semanas para pronosticar una victoria demócrata nunca aparecieron a lo largo de la jornada electoral. El Cinturón Bíblico fue más bíblico que nunca: todo el Mississippi se tiñó de rojo… republicano. Pero la sorpresa vino en el Medio-Oeste Americano, donde Donald Trump arrasó. Florida fue nuevamente fiel de la balanza. El resultado final, Trump 282-256 Clinton pudo haberse invertido si los 29 votos electorales de Florida hubiesen sido azules.

Trump siguió siendo Trump durante su discurso victorioso. Aquellos que pensaban que moderaría su discurso radical se llevaron una nueva decepción. China, México, Rusia, Medio Oriente… todos negociarían en los términos que los Estados Unidos demandasen. La élite del partido republicano, encabezada por Newt Gingrich, Ted Cruz y Paul Ryan, felicitó efusivamente al presidente y se puso a sus órdenes para comenzar las deportaciones masivas hacia… donde hiciera falta.

La transmisión televisa continuó toda la madrugada. Algunos analistas políticos de CNN atribuyeron el resultado de los comicios a la rebeldía del electorado pro-Sanders—que nunca acabó por apoyar incondicionalmente a Clinton—; otros a la demografía caucásica; unos cuantos a los efectos del comercio internacional; los menos al alto número de votos obtenido por Gary Johnson y Jill Stein; y algún encuestador a las altas tasas de no respuesta, que suelen decantar una elección reñida a favor del candidato anti-sistema.

Los mercados financieros globales abrieron la sesión con pérdidas equiparables a las del día posterior al Brexit. El índice Dow-Jones transó 3.14% debajo del cierre anterior. Paul Krugman publicó en su blog sobre las altas posibilidades de una recesión en los Estados Unidos durante los próximos 4 años. Citó las políticas migratorias, las restricciones comerciales y los conflictos geopolíticos inminentes como justificantes del nerviosismo generalizado. El Presidente Obama intentó calmar a los mercados asegurando que los demócratas le harían frente a Trump desde el Congreso. Tomé más café.

Y mi temor más grande se confirmó: el peso mexicano se depreció 5.41% al comienzo de la sesión. El Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) se desplomó un 4.39% en las primeras horas de la mañana. “¿Exuberancia racional o irracional?”, tuiteó a las 9:56 la cuenta @latampm, recordando a Alan Greenspan. Y tratándose de banqueros centrales, Agustín Carstens confirmó en rueda de prensa a las 10:36 la reactivación de las subastas de divisas, y que las tasas de interés podrían ser ajustadas en la próxima junta del Banco de México. A las 11:21 Peña Nieto felicitó al nuevo presidente de los Estados Unidos. El IPC caía 5.24% cuando el tuit fue publicado en su cuenta.

El Wall Street Journal reveló a las 12:42 que Trump planeaba cobrar una comisión de 5% al envío de remesas como compensación a la construcción del muro, cuyo levantamiento sería oficialmente anunciado en los primeros 100 días del nuevo gobierno republicano. Según el diario, Trump planeaba cancelar del todo el envío de remesas o levantar tarifas de importación a los autos mexicanos en caso de que los bancos o el gobierno mexicano interfiriera con los planes. El IPC cayó. Peña Nieto calló.

A eso de las 14:44, yo ya llevaba cinco tazas de café en el día y veía rojo por todas partes: rojo el mapa electoral de los Estados Unidos, rojos los mercados financieros globales, rojo Bernie Sanders al ser abordado por la prensa deseosa de obtener sus impresiones sobre el resultado electoral. A las 15:20, Christine Lagarde declaró para Bloomberg que el Fondo Monetario Internacional estaría pendiente de la deuda pública en México, que con el 5.62% de depreciación del peso en la jornada se elevaba significativamente de un día para otro. Encomendó al gobierno federal a “apretar las tuercas de la austeridad”. Peña Nieto calló.

Eran las 17:31 cuando el Wall Street Journal publicó en su sitio que Cemex no sería invitada a participar en la construcción del muro siendo una empresa mexicana, a pesar de que sus plantas—situadas en la franja fronteriza—eran las mejor posicionadas para atender la demanda de concreto y cemento para edificar una muralla de 1,000 millas de largo y 12 metros de altura. Según la nota publicada por el diario, una fuente confiable—se especulaba que Donald Trump Jr. filtrase él mismo la noticia—aseguraba que los proveedores de cemento y concreto del muro serían los mismos que el Presidente Electo Trump contrataba para levantar sus Trump Towers. El Deforma confirmó a las 18:27 que Grupo Higa no era uno de ellos.

A las 20:13 me vino la epifanía. Mucha gente me ha preguntado años después si no sería la sobredosis de café (ya iba en mi séptima taza del día). Es altamente probable. Mi estado insomne pudo haber influido también. Lo que sé es que ya me resignaba a 4 años de Trump. La cobertura mediática ahora se centraba en la transición presidencial, en el inicio de las deportaciones masivas y en la construcción del muro. Algunos analistas económicos ya empezaban a pronosticar que la economía mexicana se iría a recesión en un trimestre más. Y mientras intentaba conciliar el sueño luego de una laaarga jornada, fue cuando me vi de pronto en medio del desierto con una lata de grafiti en mano.

Levanté la vista y ahí estaba el dichoso muro. “Grande, gordo y hermoso”, como había prometido Trump. (De hermoso no tenía mucho. El contraste del cemento con la arena nunca me ha gustado.) Pensé en mis dotes artísticas y en lo que podría plasmar en el muro. ¿Quizá un epitafio amoroso? No estaba de ánimos. ¿Quizá un epigrama a Trump? No di con ninguno. ¿Un rifle de asalto disparando flores? Muy poco original. ¿Un Banksy subversivo? Pensé de nuevo en mis dotes artísticas y lo descarté.

En esa disyuntiva estaba cuando supe lo que tenía que hacer. Lo que era mi obligación hacer. Me aproximé al muro con una convicción que jamás había tenido antes. Y ahí, a la sombra del muro, descargue toda la frustración que la victoria de Trump me había producido. Ya no podía más. Siete tazas de café son muchas para la vejiga. Dejé que todo el rencor fluyera libremente sobre el muro. ¿Quién era yo para encadenarlo a mi ser? A lo lejos, escuché las sirenas de la Border Patrol. No vacilé.

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Pequeña Vuelta al Existencialismo Ateo de Sartre

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Por: Mario A. Campa – @mario_campa / @latampm

Recientemente hice escala en el pantanoso mundo del existencialismo, corriente filosófica y literaria que agrupa a una generación de intelectuales que repensaron, en los siglos XIX y XX conceptos como la libertad, la moral, las emociones y el significado de la vida. debido a la heterogeneidad de sus escuelas y principales exponentes, No existe unanimidad sobre quiénes fundaron el movimiento existencialista. Tuvieron vida al menos tres grandes corrientes: el existencialismo cristiano (fielmente encabezado por el danés Søren Kierkegaard), el existencialismo ateo (gallardamente liderado por el francés Jean-Paul Sartre) y el existencialismo agnóstico (tibiamente representado por el alemán Martin Heidegger). La ausencia de consenso taxonómico dio cabida a que otros Notables como Friedrich Nietzsche, Albert Camus y Fiódor Dostoyevsky fueran relacionados—y con razón—al existencialismo.

Sartre (1905-1980) fue quizá el más elocuente promotor del existencialismo genérico. (Como pequeño-gran paréntesis, Sartre era todo un personaje. Entre sus anécdotas destacan tres: (1) haber rechazado un premio Nobel de literatura en 1964; (2) haber sufrido una depresión y alucinaciones por seis meses producto del consumo de mezcalina con el fin de investigar la percepción; y (3) haber sido pareja sentimental de la feminista y existencialista Simone de Beauvoir.) En El Existencialismo en un Humanismo, el filósofo y escritor francés mundaniza algunos de sus conceptos filosóficos para beneficio de una audiencia no sofisticada, dando pauta a que su auto-nombrado existencialismo ateo se emancipara de la burbuja del mundo filosófico abstracto—con los problemas que ello implica y que el mismo Sartre lamenta al final de la conferencia que da origen al libro—; y posibilitando que hoy podamos platicarlo en el mundo terrenal.

Sartre agrupó en su ponencia a los existencialistas del siguiente modo: “Lo que tienen en común es simplemente que consideran que la existencia precede a la esencia, o si se prefiere, que hay que partir de la subjetividad.” Lo anterior marcó una ruptura con la idea de que la esencia precede a la existencia, lo que comúnmente lleva a que se hable de una naturaleza humana (p.ej., “hijos de Dios”), misma que para los existencialistas simplemente no existe al no haber algo que a priori nos defina como especie. Decía Sartre: “El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada… el hombre no es otra cosa que lo que él se hace…. es responsable de lo que es.” Este es el primer principio del existencialismo.

El segundo principio es más angustiante. Al tener la posibilidad de elegirse a sí mismo constantemente, el hombre elige también por todos los hombres, pues al crear al individuo que queremos ser, al mismo tiempo creamos una imagen del hombre como consideramos debe ser. Para el existencialista, el hombre está condenado a ser libre. No hay determinismo ni referencia a una naturaleza humana: “el hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está condenado a cada instante a inventar al hombre… está uno desamparado,” argumentó Sartre. Así pues, elegir ser algo afirma al mismo tiempo el valor de lo elegido. Un ejemplo: si elegimos casarnos y tener hijos, encaminamos a la humanidad entera en la vía de la monogamia. Se desprende como corolario que no elegir es también una elección. Otro ejemplo: si elegimos no votar en una jornada electoral, elegimos que quienes sí lo hicieron decidan al ganador, afirmando ellos así sus propios valores representados por una figura política.

Pensemos un segundo en las implicaciones del existencialismo ateo. Por un lado, la responsabilidad de cada hombre es abrumadora, pues el colectivo construye sistemas de valores. Un ejemplo más: Si decidimos mentir en nuestras relaciones sociales, elegimos una humanidad donde la mentira es tolerable: la afirmamos. Corolario: si elegimos no denunciar la mentira, elegimos que ésta se siga perpetuando por generaciones—más palpable en una relación padre-hijo. El precepto aplica para cada micro-decisión cotidiana, tomando fuerza concepto de compromiso social. Una angustia permanente acompaña al hombre consciente, pues sabe que el porvenir está en manos del hombre, y de nadie más. Esta angustia permanente lleva a que los existencialistas sean tachados de sombríos y pesimistas. Se lamentaba Sartre de que “el reproche esencial que se nos hace, como se sabe, es que ponemos el acento en el lado malo de la vida humana.” La realidad es otra. Sabiendo el existencialista del potencial humano de crear nuevos sistemas de valores, denuncia y ataca los actuales buscando que no se normalicen y que los patrones sociales vigentes no se hereden y que otros se afirmen. ¿Cuáles? Los que construimos colectivamente con un compromiso social.

Uno generalmente acude a los existencialistas buscando respuestas. Y lo que uno obtiene son más preguntas y dudas. Y es precisamente lo que busca el existencialismo: desdibujar lo que entendemos por “naturaleza humana” y construir nuevas realidades individuales y colectivas. Hay un pasaje de la conferencia de Sartre que es particularmente cautivador y demuestra las limitantes de la ética y de aquella célebre universalidad que predicó Kant. Cuenta Sartre la anécdota de una estudiante que acudió a su cubículo buscando que lo aconsejara sobre un dilema personal. El padre y la madre del joven se habían peleado y su hermano mayor había muerto en una ofensiva nazi (1940). El estudiante quería vengar la muerte el hermano y tenía la elección de partir a Inglaterra e integrarse a las Fuerzas francesas libres. Pero la madre, afligida por la pelea con el marido y la muerte del hijo mayor, tenía en el hijo menor su único consuelo: vivía sólo para él. El estudiante sabía que cada acto suyo llevado a cabo con respecto a su madre la ayudaba a vivir y que cada acto con respecto a la partida era ambiguo, pues podía servir para nada y ser ésta interrumpida incluso en el camino.

Así pues el estudiante estaba en medio de un dilema de dos morales enfrentadas: una personal y de simpatía y otra más amplia, pero menos confiable. Preguntó entonces Sartre en la conferencia, ¿qué moral puede resolver este dilema? ¿La cristiana y ‘ama a tu prójimo’ y ‘sacrifícate’? (¿Quién es el prójimo, la madre o los soldados?) ¿La utilitaria y ‘elige el mayor de los bienes’? (¿Cómo calcular qué utilidad es mayor, siendo el pago tan ambiguo?) ¿La kantiana y ‘trata a los demás como fines y no medios’? (¿No trataría el estudiante al resto de las tropas como medios si se sacrifica por la madre, y viceversa?) En fin, Sartre concluyó que no hay ninguna moral que pudiera aconsejarle al joven cómo actuar; todo dependía del sujeto y su propia realidad.

¿De qué sirve entonces el existencialismo si no puede guiarnos en cuanto a qué moral o principios deben regir nuestra conducta? Sirve de mucho: nos recuerda que nadie tiene la solvencia moral para imponernos un sistema de creencias o valores y que cada uno elige (activa y pasivamente) cómo definir la propia existencia y, por extensión, la de toda la humanidad—algo que valdría la pena recordar constantemente y no sólo en épocas electorales, como se nos presenta ahora el dilema dialéctico Trump-Clinton. ¿Hacemos lo suficiente para impedir el ascenso de valores antitéticos a los nuestros pensando paralelamente en el porvenir humano? Más preguntas que respuestas.

4_MarioCampa

49 y un Unicornio

Por: Mario Campa – @mario_campa / @latampm

49 y un Unicornio

Mi unicornio azul

ayer se me perdió,

pastando lo dejé

y desapareció.

Cualquier información

bien la voy a pagar.

Las flores que dejó

no me han querido hablar.

Silvio Rodríguez, El Unicornio Azul (1982)

El pasado 12 de junio, 49 personas fueron asesinadas en un club nocturno en la ciudad de Orlando, Florida. Al menos tres problemas endémicos de los Estados Unidos y la contemporaneidad propiciaron el crimen: homofobia, fanatismo religioso y uso indiscriminado de armas de fuego. Fue un crimen cometido por un individuo con claros trastornos mentales, pero del cual la política y la sociedad no están exentas de culpa. La pasividad es complicidad.

El 49 se convirtió desde la trágica noche del 12 de junio en un número simbólico para la ciudad de Orlando. Como lo es también, desde hace más de 7 años, para la ciudad de Hermosillo, Sonora. El 5 de junio de 2009, un incendio en la Guardería ABC dejó saldo de 49 menores fallecidos y más de 100 lesionados. Las condiciones del crimen fueron distintas a las de Orlando, pero al menos 3 males endémicos—particularmente crónicos en México—propiciaron y agravaron la tragedia: corrupción, tráfico de influencias e impunidad. A poco más de 7 años del incendio, “todavía seguimos mendigando justicia para nuestros hijos”, dice Patricia Duarte, una de las madres del Movimiento 5 de Junio.

Mi unicornio azul

ayer se me perdió,

no sé si se me fue,

no sé si extravió,

y yo no tengo más

que un unicornio azul.

 

Así como la masacre de Orlando exige reflexiones a nivel individual y colectivo dentro y fuera de los Estados Unidos, la tragedia de la Guardería ABC exige un ejercicio mental activo y constante. El sentimiento de injusticia no ha sido abatido en Hermosillo. La corrupción, el tráfico de influencias y la impunidad son quizá hoy más flagrantes que en aquel entonces. Pero los padres de la Guardería ABC no están solos en su lucha por obtener justicia. Hay personas inconformes que no bajan los brazos, buscan enderezar “pequeñas” desviaciones de lo “normal”, aquéllas que tomamos como herencia de los tiempos que nos tocó vivir; aquéllas que incorporamos naturalmente a la cotidianidad.

Uno de esos inconformes es Silvio Rodríguez, el legendario trovador cubano. (Quizá el más grande. Aunque si le preguntan a él, dirá “Pablo Milanés”. Recientemente lo declaró así en España para Pablo Iglesias y Otra Vuelta de Tuerka). El 20 de marzo de 2014, Silvio Rodríguez ofreció un concierto en Hermosillo, Sonora. La escala formaba parte de la fugaz gira del cantautor cubano por México, que incluyó actuaciones en Puebla, Guadalajara, Tijuana, Monterrey y el Distrito Federal—incluyendo una función en el Zócalo capitalino.

Si alguien sabe de él,

le ruego información,

cien mil o un millón

yo pagaré.

Mi unicornio azul

se me ha perdido ayer,

se fue.

La Universidad de Sonora ya había fracasado 4 veces en traer a Silvio Rodríguez a Hermosillo. Los rumores nunca se habían confirmado. Hasta que los boletos finalmente fueron puestos a la venta. Para los fanáticos de “Silvio”—Luis Eduardo Aute reconoce que es uno de los pocos artistas en el mundo para quienes el primer nombre basta—, el suceso marcaba un hito cultural para una ciudad de la que Silvio ya había oído hablar anteriormente pero esperaba que lo recibiera tímidamente. “Hoy vamos a concertar en Hermosillo, ciudad de fuego,” escribió el cubano en su blog Segunda Cita al tocar la ciudad sonorense. ¿Se refería al calor? No lo sabemos.

Lo que sí sabemos, también gracias al blog, es que Silvio, regular lector de La Jornada, estaba al tanto de la tragedia acontecida en la Guardería ABC. Silvio es ante todo un ser humano sensible, genuinamente conmovido por sucesos como los de Orlando o Hermosillo. Una de las personas en pedir palabras de aliento en aquel entonces (2009) fue Pablo Taddei, a quien Rodríguez escribió de vuelta (algo poco frecuente): “Una tragedia muy grande. Mi unicornio azul con ustedes.” Dos años después, Silvio volvió a dar la misma muestra de apoyo a la Marcha Por la Paz en México (2011). ¿Por qué relacionar México y al unicornio con tanta frecuencia?

Mi unicornio y yo

hicimos amistad,

un poco con amor,

un poco con verdad.

Con su cuerno de añil

pescaba una canción,

saberla compartir

era su vocación. 

unicornio azul

Silvio estima a México por al menos dos razones. La primera es la relación histórica de México y Cuba, que tiene su clímax en el asalto al Cuartel Moncada y el exilio de Fidel Castro en México. La segunda, un tanto más personal, la conocemos por la canción De la ausencia y de ti, donde Silvio, melancólico incorregible, narra un amor fugaz y febril que tuvo con Velia Ramírez, una mexicana que fue a La Habana en 1969 a un congreso de historia. En aquel tiempo ya había pasado por ahí Hemingway y pedido su mojito en la Bodeguita y su daiquiri en El Floridita, pero La Habana igual enamoraba. Y Silvio cayó por una mexicana que eventualmente partió de vuelta a México, dejándole un vacío enorme a sus escasos 23 años. Afortunadamente, la historia tuvo un (relativamente) lindo desenlace: “Se la hice en 1969. Ahora está casada con un hombre encantador, se llama Víctor y es trompetista. Cuando voy a México, los tres nos juntamos y comemos,” dijo Silvio en alguna entrevista. Peor es nada.

La historia de la canción El Unicornio Azul es más universal. Silvio lo narra en Que Levante la Mano la Guitarra (1983): “Para mí lo más interesante que tiene esta canción no es qué es para mí el unicornio azul, sino haberme podido dar cuenta de que para cada uno significa una cosa diferente. Eso es extraordinario… Después de que me preguntan y que yo doy mi respuesta, yo también hago mi pregunta, ‘y bueno, ¿para ti qué cosa es la canción?’, y cada gente me dice una cosa diferente, pero todas son cosas que tienen que ver. Yo creo que es la posibilidad de que la gente sueñe, de que la gente ame. Y de pronto, se pierde un sueño. No quiere decir que para siempre. Pero que la gente sueña.”

 

Mi unicornio azul

ayer se me perdió,

y puede parecer

acaso una obsesión,

pero no tengo más

que un unicornio azul

y aunque tuviera dos

yo sólo quiero aquél.

 

Tan universal es el sentimiento de sueños perdidos que podríamos fantasear sobre si Velia Ramírez es el unicornio azul que Silvio perdió un día en La Habana. Pero no, en realidad tiene que ver su amigo Roque Dalton y uno de sus hijos guerrilleros, quien en alguna ocasión vio trotar a un caballito azul con un cuerno. Silvio aclaró en una entrevista que el unicornio no es más que la inspiración perdida. Y conociendo esta versión Alejandro Cabral y Pablo Taddei, fueron a buscar a Silvio Rodríguez con el afán de que en el concierto hiciera alguna mención de la Guardería ABC. Ellos fueron dos de varias personas que colaboraron en redactar una carta hecha con fragmentos de las canciones de Silvio Rodríguez, misma que esperaban pudiera leer uno de los padres del Movimiento 5 de junio durante el concierto.

Una y otra vez fracasaron el día previo al concierto en su intento con encontrarse con Silvio Rodríguez a las afueras del hotel en el que se hospedaba. El cubano es conocido por su hermetismo y falta de entusiasmo en cuanto a fanáticos se refiere. Sin embargo, el día del concierto la suerte cambió. Durante las pruebas de sonido, a eso e las 11:00 de la mañana tiempo local, Abraham Fraijo, padre de una de las niñas que fallecieron en el incendio de la Guardería ABC, finalmente pudo entregar la carta a uno de los guardias que resguardaban el escenario; y ya de vuelta al hotel, hablar personalmente con Silvio Rodríguez, quien accedió gustoso y fundiéndose en un abrazo con Abraham Fraijo a ser su cómplice durante el concierto.

 

Cualquier información

la pagaré.

Mi unicornio azul

se me ha perdido ayer,

se fue.

 

Al respecto, escribió Abraham Fraijo en redes sociales: “Pude conversar con él [Silvio Rodríguez] por algunos minutos. Unas horas antes del concierto, tuve la suerte de acercarme a él y comentarle sobre el caso de la Guardería ABC, donde mi Catarina había perdido la vida junto a 48 pequeños más. Me sorprendió darme cuenta de lo bien informado y documentado que estaba de la situación, le llevaba una carta que unos minutos antes había sido redactada con partes de canciones de él mismo. Le dio una ojeada, en eso le comenté que la idea es que diera lectura a esa carta en vivo, ya que algunos funcionarios incluso dueños de la guardería estarían en el público. Me abrazó y dice ‘Yo no voy a leer esa carta, mejor, te invito a que tú seas quien la leas y les digas lo que tienes que decir, lo que sientes’.”

Así pues lo acordado. La primera mitad del concierto de 2:30 de duración transcurrió sin sobresaltos. Silvio aprovecha la gira para mezclar instrumentos, ritmos y nuevas canciones. Y así, durante la pausa del intermedio, las luces se apagaron. Los músicos que acompañaban a Silvio en el escenario se van y todo queda en penumbras durante unos minutos, hasta que finalmente regresa Silvio y avisa en tono solemne: “Tengo un amigo que les va a decir algo.” 

Carta de Alejandro Fraijo (20 de marzo de 2014):

Hoy, desde hace más de 4 años y medio, viene a mí la damisela soledad. El 5 de junio de 2009 nos arrancaron 49 sonrisas, entre ellas la de mi Catarina, y me llevaron a pensar que no hay nada aquí, sólo unos días que se aprestan a pasar.

Cuando quiero hablar de eso siempre me pregunto, ¿qué tipo de adjetivos se deben usar para hacer la canción de este pueblo al que le arrancan la niñez; ¿qué fronteras debo respetar? Porque sí me propongo fundar un partido de sueños y talleres donde reparar alas de colibríes, pero recuerdo que les debo una canción a quienes querían ser canción, a quienes me dejaron con un son desangrado el corazón. Este imperio asesino de niños me ha podrido el cariño. Pero no me mataron las locuras, locuras para la esperanza pero también del dolor, locuras que nacieron cuando hacia el porvenir partieron sombras y siguen partiendo cada vez más oscuras.

Hoy, más que nunca necesito un reparador de sueños que me permita dejar de soñar con serpientes y decir: “venga la esperanza, venga de 49, venga de 2000.” Entonces, al final de este viaje, por quienes merecen amor, ya no me preguntaré, ¿qué se puede hacer con el amor? Ya no querré estar lejos de la casa y el árbol y secaré un llanto y ellos y ellas serán de ahora y para siempre los muertos de mi felicidad.

Al final del viaje estaremos tú y yo otra vez intactos, porque somos los que podemos sonreír en medio de la muerte en plena luz.

 

¡Justicia ABC!

¡Justicia ABC!

¡Justicia ABC!

Y así, al resonar estas palabras en los oídos de y la memoria de miles de personas que se dieron cita en el Parque La Sauceda—en especial en aquellos de los funcionarios públicos que acapararon las primeras filas (“VIP”) a cambio de facilidades para la organización del evento—, ¿qué canción creen que tocó Silvio Rodríguez inmediatamente después de haber finalizado Abraham Fraijo de recitar la carta que los inconformes de Alejandro Cabral y Pablo Taddei ayudaron a escribir con ayuda de su gran afición hacia Silvio y su solidaridad para con los sueños perdidos? Adivinaron.

https://www.youtube.com/watch?v=oyDebnrExpQ

4_MarioCampa

 

Las Vendas de Mi Hermano

Las vendas de mi hermano

Pienso en el poderoso Alcides,

llamado también Hércules.

Era muy fuerte. Aún en la cuna

aplastó a dos serpientes, una

por una. Y, adolescente,

mató a un león, gallardamente.

Cubierto con su piel, peregrino

audaz, fue por el mundo.

Alcides, Mario Vargas Llosa

Por: Mario Campa – @mario_campa / @latampm

Papá estaciona el auto en la misma callecita desolada de siempre, no vaya a ser que le den otro cristalazo, hijo. La entrada principal del hospital está a dos cuadras. El sol de las 12:28 baña mi palidez resplandeciente y una comezón me invade. Me quejo. Me hace falta ir a la playa, papá, te hace falta podar el césped, hijo, ja, ja, papá. Caminamos. A la mitad del trayecto, los tres vagabundos que habitan una diminuta cueva de medidores eléctricos en el cruce de las calles Limón y Naranjo nos abordan. Buenas tardes, doc. Que si no tiene una venda que le sobre doc, vea qué fea traigo la herida, doc. Bueno, les dice papá y nos seguimos de frente. Él nos espera.

Pasamos la parada de los autobuses esquivando los exhaustos rostros de los enfermeros del turno matutino y enfilamos hacia la entrada del hospital. No me despego de papá ni un segundo, soy su sombra. Recién pisamos el zaguán, comienza el desfile de caras conocidas. Buenas tardes Doctor Blanco, hola Doctora Rosa. Seguimos andando en ese mar de cuerpos en permanente movimiento. Sorteamos a niños que corren a buscar las manos de sus padres. No les gustan los hospitales. Por fin conquistamos el estrecho pasillito que conecta los consultorios médicos con el puesto de vigilancia. Qué tal Doctor Rubio, cómo está Doctora Castaño. En medio de ese mercado de saludos y sonrisas, de conversaciones de pasillo, no aflojamos el paso. Pienso: Birdman y el plano secuencia del Chivo Lubezki, pero uno real, papá.

Los guardias nos hacen una pequeña venia, adelante doctor, y seguimos rumbo a las escaleras. Subimos al segundo nivel: el de quirófanos y estancias prolongadas. Pasando el elevador y a un costado del puesto de enfermeros, ahí está su cuartito: el 101. Entramos y ahí está mamá. Como todos los días, pacientemente se encarga mantener limpias las escaras que ni los doctores pueden sanar. Ya son tres meses desde que internaron a mi hermano y el paso de las noches es notorio en los rostros de mis padres. Llevan 94 días durmiendo a ratos, mamá, tres meses durmiendo en una colchoneta, al vaivén del ir y venir de los enfermeros y doctores, papá. Pienso: 94 días sin despegar la vista del monitor de signos vitales.

Volteo a la camita y ahí está él. Peinadito, como siempre, mamá. Con la misma bata azul, electrodos, brazaletes, sensores y cables cubriéndole el pecho, papá. Reviso sus signos vitales de reojo: presión arterial…120/60…ritmo cardíaco…55…oxigenación…99%. Repaso las bombas electrónicas dispuestas en las esquinas de la cama ortopédica: 5 miligramos de fentanyl…2 miligramos de norepinefrina…18 miligramos de propofol, el anestésico que mató a Michael Jackson, hijo. No hay aire en las bombas, funcionan. Si no, se detiene el flujo de medicamento y hay que avisar a las enfermeras, hijo. La comida de las 12:45 está por llegar. Me inclino sobre la cama y acerco mi mejilla a sus labios. Espero unos segundos. No pasa nada. Dame un besito. No abre los ojos, no hay besito hoy. Pienso: Ya son 94 días, 94 días en esta cama de hospital, conectado al ventilador.

El cuartito 101 es pequeñito. Un bañito, dos sillitas, las máquinas. Una estampa de Jesucristo en la pared. Las enfermeras van y vienen, van y vienen. Una inyección…una pastilla…aire en las bombas. Entran y salen, entran y salen. Hola, guapo. No me vas a dar un besito hoy, guapo. No has abierto los ojos hoy, guapo. Los medicamentos buscan mantenerlo sedado, que no regrese ese maldito temblor involuntario en las manos, los brazos, los hombros, las piernas y hasta la cabeza. Más fuertes que el Parkinson, hijo. Veo las vendas que atan sus muñecas a los barandales de la camita ortopédica. Pienso: para que no se lastime cuando despierte.

Ya ha pasado más de un año desde aquella tomografía cerebral. Ya más de un año hace de que, de un mes para otro, el daño neurológico se manifestó y empezó crecer. Las funciones corporales fueron cayendo, día a día, semana a semana: manejar el auto… asistir a clases en la universidad… mensajear a sus amigos en el celular… jugar dominó conmigo por las tardes… ir al baño… caminar… comer por la boca…saborear un helado sin deglutir… fijar la vista… abrir los ojos a placer… dormir serenamente. Más de un año sin que los doctores tengan certeza del diagnóstico y del tratamiento, sólo del desenlace. Pienso: y tú, consciente de todo.

Tiempo de celular: Discuten la legalización de la marihuana en México. Será presentada al Senado la Iniciativa de Reforma a la Ley General de Salud y al Código Penal Federal en la que se debate legalizar la marihuana para usos medicinales y terapéuticos. El presidente propuso ante la ONU que el tema sea abordado desde una perspectiva de derechos humanos, prevención y salud pública. Los medios citan frecuentemente el caso de Grace, una pequeña originaria del norte del país que sufre severos ataques epilépticos. La familia agotó todos los recursos médicos posibles, papá, vieron en un medicamento derivado de la Cannabis Sativa una posibilidad de tratamiento, mamá. Los padres lograron conseguir que un juez permitiera la importación del medicamento. Y otros padres se han ido sumando en las últimas semanas. Pero aún faltan muchas familias, papá. Muchas en la clandestinidad, mamá. Que lo hacen sin ningún remordimiento. Que entienden la diferencia entre lo ético y lo legal. Pienso: y que lo volveríamos a hacer porque hemos intentado todo.

A un costado de la camita, hay un mueble lleno con medicamentos, instrumentos y materiales de curación. Veo a papá acercarse discretamente a él. Abre un cajón. Toma tres vendas sin decir nada. Sonrío. Serán para los vagabundos, mamá. Me tumbo contra la pared a leer la novelita de la semana: Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa. Leo mientras él duerme. A ratos, cuando las enfermeras no me distraen, papá. Reviso sus signos vitales de reojo: presión arterial…130/70…ritmo cardíaco…53…oxigenación…98%. Me pregunto cómo serían los hospitales en el Perú de los años 50. Me pregunto cómo serían las últimas horas del papá de Zavalita, el protagonista. Pienso: adaptaré esa técnica narrativa a mi primer cuentecito, Varguitas.

Llega la comida de las 12:45 en dos vasitos desechables. Lo de siempre: licuado de pollo con vegetales. Preparamos la sonda gastrostomía. Alimentación con jeringa. Ni la dieta hipercalórica impide que esté en los huesos. Los movimientos perennes devoran lentamente su tejido lumbar. Las heridas avanzan y le sedación busca contener el dolor. A veces, mientras lo alimentamos, una lagrimita rueda por su mejilla. La secamos apresuradamente. Encogemos los hombros. Él nunca confiesa malestar. No hoy, no hace un año, no hace 13 que le diagnosticaron una extraña enfermedad autoinmune de pronóstico reservado. Aunque el dolor físico de las heridas ocasionadas por pérdida de tejido sea insoportable. Aunque el dolor de vernos angustiados sea aún mayor. Pienso: te donaríamos hasta el alma, si pudiéramos.

Tiempo de celular: las elecciones en los Estados Unidos siguen su curso. Donald Trump será el candidato republicano, mamá. No sé si ganará la general, papá. El último debate demócrata de las primarias fue ayer. Bernie Sanders y Hillary Clinton debatieron acaloradamente sobre la cobertura universal de salud. Ella fue lúcida y elegante, cuidó las formas. Lo de siempre. Él fue subversivo, soñador y arriesgado. Lo de siempre. En medio debate, el moderador sembró una trampa en un intento por atizar la discusión: ¿Vale la pena pelear por la cobertura universal de salud, aquel con el que soñó Roosevelt, aunque los republicanos se opongan? Hillary fue contundente, hay que ser realistas, no es posible en este ambiente político, papá. Sanders soñó como Roosevelt, hay millones que aún no pueden costear hospitales privados, no podemos dejar a nadie atrás, mamá. Levanto la vista del celular y veo a mi hermano en la camita. Ya son 94 días, 94 días sin habla y sin respiración autónoma. Roosevelt y la pregunta del moderador. Pienso: cómo chingados no.

Reviso sus signos vitales de reojo: presión arterial…143/77…ritmo cardíaco…47…oxigenación…99%. El monitor alerta que el pulso ha bajado de 50. Se despertará en cualquier momento y le pondremos música: José José, Los Beatles o Los Apson, sus favoritos. Qué romántico eres, guapo, le dirán las enfermeras mientras le aspiran las flemas y nosotros bajaremos las miradas al ver sangre en los tubos succionadores. Él cantará. No habrá sonido, el ventilador inhibirá el habla, pero él moverá los labios de cualquier forma. Let It Be… Let It Be. Después las enfermeras se irán y le contaremos chistes. Aprobará o desaprobará nuestro terrible sentido del humor parpadeando o moviendo los labios ligeramente, papá. Le diré que la reciente transfusión de mis plaquetas lo hará más enojón, ja, ja, mamá. Le diremos que lo amamos y él fruncirá las cejas en protesta. Nos reñirá con muecas. Sí, ya sabemos que tú nos amas más, le diremos. Pensaré: nunca te gustará perder.

Reviso sus signos vitales de reojo: presión arterial…145/79…ritmo cardíaco…43…oxigenación…98%. Pienso en papá y en sus viajes juntos al Distrito Federal en busca de segundas opiniones. Pienso en mi otro hermano, también médico, que llegará en cualquier momento. Pienso en mamá y en las miles de oraciones de los últimos 13 años. Pienso en el Jesucristo pegado a la pared. Pienso en el Jesucristo humano, aquel que lloró cuando le informaron de la muerte de Lázaro. Pienso en Lázaro. Pienso en las vendas que lo cubrían. Pienso en Roosevelt y en Sanders, en los hospitales privados y en su acceso privilegiado. Pienso en los 94 días que lleva mi hermano en terapia intensiva. Pienso en el día 95 y en los que vendrán después. Pienso: qué hubiéramos hecho sin los hospitales públicos y sin seguridad social, mamá. Pienso: ya nos hubieran embargado la casa los privados, papá. Pienso: qué harán los miserables del cruce de las calles Limón y Naranjo, mamá. Pienso: curarse con vendas, papá. Pienso: llévame a donde tú vayas. Pienso: prometo dejarte ganar en el dominó.

A la memoria de Luis Fernando Campa Molina (1993-2016), mi héroe de mil batallas.

4_MarioCampa