Introduciendo a Leonard Cohen

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Por: Luis Godoy – @luis_godoy88

Escribir sobre música es de lo más etéreo que uno puede hacer. Cuando se toman prestados sonidos y se transforman en letras se corre el altísimo riesgo de no decir nada. En el mejor de los casos, uno se puede aventurar a describir sensaciones complejas: ordenar el placer, y quizás hacerlo deseable para otros.

Leonard Cohen cumplirá en septiembre 82 años, y hay que temerle a su vejez. Por que Cohen, a diferencia de la mayoría de los músicos que envejecen, no se ha retirado. Apenas en 2014 salió su último disco, y hace unas semanas acaba de publicar en The New Yorker un nuevo poema: “Steer your way”, como preludio a un nuevo disco y nuevas canciones. Eso mismo hizo en 2014 publicando “Almost like the blues”, y en 2012 “Going Home”.

Escuché por primera vez a Cohen cuando tenía 21 años (ya muy grande). Me lo presentó un amigo de la universidad que vivía su momento con Cohen. En aquella época me pareció sólo interesante. Lo guardé. No lo sabía, pero Cohen en ese momento no estaba en activo para mí. Tuvieron que pasar tres años para que entendiera la utilidad del canadiense. Y es que Cohen aparece y se le aprovecha en un tiempo preciso: entre la soledad y el desamor. Lo tomé como se toma una pastilla. Surtió su efecto, y me convertí en un aliviado por su música.

Pronto me volví un fiel seguidor de su palabra, literalmente. Su mezcla de voz, articulación y narrativa logra que se atienda a cada palabra que canta. Sucede que había oído miles de canciones sin realmente haberles escuchado, supongo que a varios nos pasa.

mid_leonard¿Escuchamos u oímos las canciones? En Latinoamérica la tradición del trovador nos forma desde muy jóvenes en memorizar las letras de nuestros cantautores. Crecí con el pegamento que causaban Joaquín Sabina, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, y en otros momentos y para otras generaciones Fernando Delgadillo y Alejandro Filio. Letra, punto y coma se declamaban en reuniones o fiestas. Era penoso no saberlas con el detalle y la pasión que les causaba a otros.

Varias veces me sentí huérfano de trovador. Aunque disfrutaba de los cantautores latinoamericanos, solamente los oía, pero no los escuchaba. No describían plenamente los mundos que me hacían sentido; apreciaba su poesía, pero no me funcionaban, sobre todo a la hora del desaliento. Leonard Cohen ocupó ese lugar, en ese género particular entre poesía y música, para quitarme una orfandad que mi idioma desgraciadamente no me había dado.

Atravesar el mundo de Leonard Cohen requiere media vida. Cada quien descubre su propio Cohen: su cuantiosa obra (y vida) da para escoger la trama que se prefiera. El camino es raro, porque lo suyo va desde lo espiritual a lo terrenal, de lo sagrado a lo profano, de lo tangible a lo intangible.

Quizás por eso Cohen sobreviva en pocos. A penas se le escucha en el soundtrack de una película independiente, a propósito de una visita en Montreal, o en una librería de viejo. A pesar de ser uno de los autores más laureados, sigue sin ser el músico popular que todos sus seguidores queremos que sea. A los que somos sus fans continuamente nos preguntan quién es ese viejo cachondo de voz ronca que anda rezando. Por eso, sus seguidores tenemos como misión mínima presentárselo a nuestros amigos, platicarles y darles un poco de nuestro Cohen, para que con alguna suerte también sea su Cohen.

Así, preparé esta breve selección de material en línea: videos, canciones, pequeños fragmentos, entre otras cosas, como una introducción al mundo de Leonard Cohen.

***

Él

young_leonardLeonard lo pudo todo. A los 32 años ya era un reconocido novelista y poeta, poco después ya estaba en amores con Janis Joplin, y al poco tiempo ya era de los sobrevivientes de su época a toneladas de drogas. Ha ganado de todo: Príncipe de Asturias, Álbumes de Oro, y mucho dinero. Pero también perdió todo: lo estafaron, quebró, y casi se le muere un hijo. Por eso, hay que leer la biografía I’m Your Man: The Life of Leonard Cohen de Sylvie Simmons, para entender la evolución y proceso del artista. Pero antes, hay que escucharlo en vivo y ya viejo, cantando desde Londres la canción que lleva el título del libro: “I’m Your Man”:

Religión

Leonard Cohen es sobre todo judío. No es coincidencia que la religión sea uno de los temas recurrentes de su obra. A pesar de su predominancia hebrea, lo espiritual en Cohen es de lo más diverso: desde el budismo hasta el paganismo. Yo he entendido mucho del mundo judío gracias a Cohen, no sólo en clave religiosa, si no también las tradiciones e instituciones que han creado.

“Blues de los Judíos” (“The Jew’s Blues” o “Billy Sunday”) cantada en Dublín en 1979:

Cohen tuvo un breve paso por la Cienciología, y en ese camino escribió una de sus mejores canciones: “Famous Blue Raincoat”, probablemente mi canción favorita. Como muchas canciones de Cohen, perfectas para el cine, esta fue usada en 45m2, una película griega sobre una mujer en medio de la crisis. Esta es una versión finísima del grupo Vassilikos, mucho mejor que el famoso cover de Tori Amos.

Política

Siempre tuve la impresión de que Cohen era un hereje en política, sobre todo después de canciones como “Democracy”, que bien puede ser un himno nihilista:

Pero luego está “Everybody Knows”, “The Partisan” (adaptación de la francesa La Complainte du Partisan), a propósito de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra, y “Story of Isaac”, esta última una narración de la historia bíblica de Abraham e Isaac como una alegoría de la guerra de Vietnam. Quizás es una necedad descifrar el pensamiento político de un artista, sin embargo, con estas canciones uno puede acercarse el contenido político inicial de su obra: contra la hipocresía, lo desigual, y la guerra; y en pro de lo que yo leo como una democracia mística. Decía Cohen en entrevista:

Democracy is the great religion of the West – probably the greatest religion because it affirms other religions; probably the greatest culture because it affirms other cultures. But it’s based on faith, it’s based on appetite for fraternity, it’s based on love, and therefore it shares the characteristics of a religious movement. It’s also like a religion in that it’s never really been tried.

Género

Ni siquiera Leonard Cohen es perfecto. Su folk es estrictamente misógino. Ni modo, hay que asumirlo. Las pienso como las de José Alfredo Jiménez, describían su tiempo. Sordo, no me había dado cuenta, hasta que Juliette me lo hizo saber por este cuento de Lara Vapnyar que toma el título de una canción de Cohen: “Waiting for the Miracle”. Sigo sin saber cómo lidiar con esto, pero encontré esta genial crónica “My Night With Leonard Cohen” de dos feministas que pasaron una noche con Cohen (una de ellas Roz Warren, escritora en el New York Times).

Montreal

Montreal es su patria. Cohen lo ha dicho varias veces, es un hombre de su pueblo, lo mismo le reconoce cualquier québecois. Ahí nació, se formó, y probablemente, ahí morirá.

Aunque la canción nunca menciona la ciudad por su nombre, “Suzanne” es conocida por ser sobre Montreal. La canción representa la relación platónica de Cohen con Suzanne Verdal, una musa de la generación beat que tenía un departamento en Montreal.

Esta es una impecable interpretación en vivo, muy parecida a la grabación del disco. Se ve a un Cohen posiblemente en su mejor época, por ahí de 1972.

Belleza

Cohen es un crítico de lo obvio. En su canción legendaria, “Chelsea Hotel no. 2” (dedicada a Janis Joplin), hay una frase que me retuerce y me parece de lo más verdadero que se haya escrito:

I remember you well in the Chelsea Hotel you were famous, your heart was a legend. You told me again you preferred handsome men but for me you would make an exception. And clenching your fist for the ones like us who are oppressed by the figures of beauty, you fixed yourself, you said, “Well never mind, we are ugly but we have the music.”

Acá una versión en vivo, que tiene un lindo video introductorio del hotel, por supuesto en Nueva York, su segunda ciudad. (A los impacientes, la música empieza hasta el minuto 2:50)

Cine

Lo dije antes, el cine y las canciones de Cohen son un magnífico complemento. Varios cineastas han tomado canciones de Cohen para momentos épicos del cine. En mi pequeño compendio les ofrezco dos.

Take this Waltz es una película que toma como título la canción que Leonard Cohen adapta de Pequeño vals vienés del poeta español Federico García Lorca.

Otra película que toma una canción de Cohen es Natural Born Killers, de Oliver Stone. “The Future” introduce la película como una amenaza reflexiva a los futuros asesinos.

Mención especial a Gael García bailando “Dance me to the end of love” en Rosewater, y a Robin Wright cantando “If It Be Your Will” en The Congress

En Vivo

No conozco seguidor de Cohen que no viva con la obsesión de presenciar un concierto en vivo del viejo. Leonard Cohen nunca ha estado en México: doloroso. Por eso es que desde hace algunos años pertenezco a un pequeño grupo utópico de Facebook llamado “Queremos a Leonard Cohen en México”. No me queda más que hacerle propaganda e invitarlos a que se unan.

Hace como cinco años vi en mi celular, en Youtube, y en un largo trayecto de viaje, el documental de la BBC dirigido por Tony Palmer, Bird on a Wire, como la canción. Confirmó mi alucinación por ver al hombre recitando sus letras.

Este es uno de los extractos que más vale la pena. Cohen llora después de interpretar “So Long Marianne”. La banda duda en seguir el concierto por razones desconocidas. Luego leí este artículo con una posible interpretación que involucra LSD. El documental cierra magistralmente con una interpretación de “Bird on a Wire”.

***

La sabiduría que encuentro en Cohen es por la sensibilidad para entender y contar historias que recorren vidas, que son completas y no terminan. A través de la memoria y la imaginación, Cohen continuamente explora su pasado y la de su cultura para ofrecernos un arte maravilloso, reconciliado con su historia, definitivamente optimista.

Es correcto pensar que Cohen es el portavoz de la melancolía, así inicia a escucharlo la mayoría. Sin embargo, su música atraviesa todas las emociones. Me doy cuenta que su folk también es felicidad y plenitud, cuando dedico “Dance Me to the End of Love”, cuando converso sobre Cohen y Rockdrigo, y cuando lo pienso como preámbulo a Nueva York.

“Music is the emotional life of most people.”

Leonard Cohen

 

Sinceramente,

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Radicalizarse por la Transparencia

Sensorium

Por: Luis Godoy – @luis_godoy88

Probablemente el mayor consenso que ha existido en el inicio del siglo XXI en México es que la corrupción lo jodió, lo jode y —si no pasa nada— lo seguirá jodiendo todo. Es cierto, todo hiede a corrupción. La banqueta malhecha en la que transitas fue financiada mediante un contrato con sobreprecio, el aire sucio que respiras fue provocado por numerosas mordidas de fábricas contaminantes, el ciudadano Presidente que ves a diario en los medios está involucrado en el mayor escándalo de corrupción que recordemos. Repugnante, cochina, asquerosa corrupción.

Y comienza el ciclo.

Mañana que despiertes y leas las noticias, encontrarás otra nota más de corrupción. Ya sea al Secretario de Comunicaciones Ruiz Esparza en el Wall Street Journal, México encabezando otro índice como uno de los países más corruptos, otra historia más de #PanamaPapers, otras más de tu estado, y así, sistemáticamente. Luego, no faltará el desvergonzado que te recordará que la corrupción está instalada con normalidad en sus formas y en sus aspiraciones. Lo escucharás, y no dirás nada. Cotidiana, incesante, testaruda corrupción.

Y seguirá sin pasar nada.

Probarán tu capacidad de indignación, llevarán al límite tu lógica, desesperarás, protestarás en redes sociales, pero inesperadamente te calmarás. Hay algo que te llevará por esos canales institucionales, por ese fino control a tu rebeldía. Estarás tentado por hacer ese otro algo, pero la lucha no será —a tu juicio— de utilidad. Ya más tranquilo te atomizarás, y concluirás que el cambio está en uno mismo.

No pasará nada.

¿Si se ha radicalizado tanto la corrupción, por qué no se ha radicalizado de la misma forma una respuesta? ¿No es obvio la contundencia que deberíamos de tener los que nos decimos anticorrupción? ¿O la comodidad de la corrupción insertada en el privilegio y en nuestro derecho a hacernos ricos nos impide hacer algo?

Catena

El diagnóstico está listo, conocemos los números. Sabemos que la corrupción es grande, grandísima. Ni siquiera hay que recordar los datos para convencernos del lugar que ocupamos a nivel internacional, o de los costos económicos y sociales del fenómeno. La omnipresencia y universalidad de la corrupción en México es apabullante. Es tal su magnitud, que puede sonar equilibrado decir que la legalicen. Que la nación la acepte públicamente como una enfermedad, y ante el reconocimiento colectivo, se pueda por fin curarla. Estamos cerca de normalizar cínicamente la corrupción.

De hecho, está sucediendo. Hay un intento premeditado de varios actores políticos de abrazar a la corrupción, o lo que Castañeda denominó como el Pacto por la Corrupción. Después de que miles de ciudadanos apoyaran la iniciativa 3 de 3, y posterior a que escucháramos miles de pronunciamientos convenientemente a favor, el PRI y el Verde (¿a alguien de verdad le sorprendió?) reaccionaron, y decidieron cambiar su posición alegando protección a sus datos personales. Negaron la declaración patrimonial, clave para la iniciativa y como ha demostrado Guillermo Ávila, fundamental para el combate a la corrupción. Luego, el PAN confuso en su posición, se dijo en contra.

Hay muy poca información de lo que ha sucedido en el último mes sobre el proceso legislativo de la 3 de 3 y las leyes anticorrupción. Periodo oscurísimo. Los que participaron en el proceso, haciendo honor a la iniciativa, deben ofrecer al público los documentos, minutas, argumentos completos… en otras palabras, que transparentaran las negociaciones.

Pero entre toda la convulsión, la 3 de 3 ya está dejando muchas lecciones. La primera, es que la elite protegerá con ímpetu la información que pueda evidenciar una ilícita acumulación patrimonial. La sociedad civil organizada nunca más debe de confiar en los buenos deseos del PRI y el Verde. Se acabó el apapacho con los simuladores de la 3 de 3, que son los mismos de siempre. Los profesionales de la transparencia, que han luchado durante años contra la corrupción, llevaron el tema, crearon la propuesta, juntaron las firmas, se sentaron en las mesas, y ahora su esfuerzo, pende débilmente de lo que suceda en el periodo extraordinario.

La segunda lección es que el antídoto correcto a la corrupción sí es la transparencia. Los reaccionarios a la 3 de 3, el PRI y el Verde, lo comprueban. Sin embargo, no es suficiente. La siguiente lucha pública tiene que ser la transparencia por el gasto público: leyes, instituciones, y herramientas que garanticen el buen funcionamiento del presupuesto.

La tercera lección es que la respuesta ya no puede ser tímida. Los indignados por la corrupción en México tienen que ser los duros de la transparencia. El problema es que la transparencia —como solución— se ha instalado en una cómoda vitrina institucional: se encuentra en los monitores de los expertos, no en la voz activa de la ciudadanía. La transparencia tiene que expandirse de los casos de éxito y las acciones estratégicas, a una escala mucho mayor. Frente a las Casa Blancas, los OHL, los HIGA, la tibieza de la acción por la transparencia tiene que ser inexistente. Por ello, lo que sigue, como reacción natural, es un proceso de radicalización reflexivo por la transparencia.

La situación actual ya ha agotado paciencia y comprensión, no hay que esperar a que salga a la luz el próximo caso de corrupción para volver a indignarnos. Los funcionarios, promotores, activistas y seguidores de la transparencia ya no pueden seguir en los laterales y tienen que adquirir mayor protagonismo, no importa cual sea el desenlace del periodo extraordinario.

Esta radicalización lleva a la corrección, no al problema. Radicalizarse por la transparencia es enfocarse en la solución. Es un proceso colectivo, que definirá las posiciones públicas y las formas de interactuar con lo corrupto. Como lo dije antes, tiene que pasar por la masificación de la transparencia como vía, y pasar a la acción social. Los 630 mil son un buen inicio, pero faltan muchos más. A ellos, se les tiene que activar, insistiéndoles que la transparencia es lo que genera una identidad propia contra la corrupción, no la radicalización individual, o lo que viene siendo el cambio está en uno mismo, eso es simplemente anecdótico.

La transparencia también es política y es la respuesta contra uno de los más grandes agravios de nuestros tiempos. Tercera ley de Newton a la corrupción. A toda acción corrupta corresponde una reacción transparente con la misma fuerza. Ser radical hoy contra la corrupción, tristemente, ya no suena tan radical, es casi lo mínimo. ¿O qué piensan debe suceder después del periodo extraordinario? ¿De regreso al ciclo, de vuelta a la oficina, a ver cabalgar triunfante a los corruptos?

Pues no.

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¿Da miedo ser radical? Sin duda. Por eso hice mi propio ejercicio para tratar de moderarme. Recurrí a Byung-Chul Han, el filósofo enemigo de la transparencia. Releía al pensador coreano-alemán, buscando argumentos para sortear mi proceso de radicalización. Para Han la transparencia es indeseable porque, aparte de ser una utopía, elimina confianza, genera uniformidad, e incluso distorsiona la privacidad de la vida. Han es quizás el primer autor que se siente cómodo argumentando contra el consentimiento general por la transparencia, dice frases como: “El big data anuncia el fin de la persona y de la voluntad libre”, o en línea con su crítica al capitalismo, señala: “Exposición es explotación”. Léanlo.

En algunos argumentos, Han parece brillante, sin embargo, termina siendo poco convincente. Y es que la mayor omisión de Han es que no contempla la existencia o posibilidad de una crisis de secretismo, escaldas máximas de corrupción, o un descaro masivo por el ocultismo; es decir, México. Han escribe en el contexto de sociedades homogéneas, y por supuesto, poco corruptas. Por tanto, su recelo por la transparencia no surge como respuesta a la opacidad, si no por el fenómeno de la auto-exhibición. En sociedades como la mexicana, la transparencia es un arma necesaria ante la embestida de un monstruo, no una exigencia postmoderna que acelera los ciclos de información y producción. Nada de nada, corroboré lo ineludible de mi radicalización por la transparencia.

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Arte de Walton Ford. Pintor estadunidense. Sus ilustraciones animalistas en grandes escalas retratan una visión política que él ha definido como salvaje.

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Anatomía de Podemos

Todos Podemos

Por: Luis Godoy – @luis_godoy88

A mediados del 2010 una red de profesores y estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid comenzaba a experimentar con nuevas formas de comunicación política. Imitando los formatos de televisión en actos académicos, la Promotora (nombre de la red) deliberaba en los auditorios universitarios sobre el deterioro del sistema político español. Con la cultura audiovisual como instrumento, y con varios años de experiencia en la investigación social, tenían un propósito inicial claro: intervenir en la batalla discursiva. Así, desde las aulas, se originaba Podemos, la organización política que en pocos meses cambiaría insólitamente la política de España.

Poco después, en noviembre de 2010, surgía La Tuerka, un programa televisivo de tertulia política creado por la misma red de profesores y estudiantes, donde un grupo de 4 o 6 personas confrontaban ideas con un estilo muy distinto a los formatos de opinión de los medios tradicionales. En la Tuerka se hablaba del descontento previo al 15-M, se negaba el consenso liberal, se discutía la crisis en el sistema de partidos, en la economía y en los propios medios de comunicación. Por su éxito, pasaron de una pequeña televisión a una televisión local de Madrid, pero fue el streaming por internet y las redes sociales lo que eventualmente los viralizaría.

A partir de ahí, todo sucedió a una velocidad extrema; de Contrapoder (Asociación estudiantil) a las movilizaciones de Jóvenes sin Futuro; del 15-M, el bendito 15-M, a la Marcha de la Dignidad; del Fort Apache a los grandes programas de tertulia política; de las 50 mil personas como condición para un escaño en el Parlamento Europeo, a los 1.2 millones de votos resultando en cinco eurodiputados; de un Teatro del Barrio abarrotado para presentar Podemos, a la multitudinaria Marcha del Cambio.

La multiplicación de Podemos se entiende, en buena medida, por sus Círculos: asambleas voluntarias sobre las que se articula la organización. Puntos físicos de encuentro, por todo España (y fuera de ella), que funcionan como espacios de confluencia para los simpatizantes con la formación. Representaban la apuesta por la descentralización de la organización y de su proyecto de nación, o mejo dicho, el país de países.

¿Cómo entender esta masa política que se ha conformado tan inexplicablemente? ¿Cómo comprender la velocidad de sus movimientos? ¿Cómo discernir su estructura, forma y nacimiento? ¿A qué recurrir para explicar lo insólito del fenómeno político? La ciencias sociales, como disciplina y método, nos impiden visualizar el detalle y complejidad del organismo político. A Podemos hay que descifrarlo como un cuerpo, hacer un examen de sus partes, es decir sus miembros. Porque Podemos, a diferencia de otras organizaciones políticas despersonalizadas, sigue siendo justamente eso: sus personas.

Abraham Mendieta, miembro del Equipo Estatal de Discurso de Podemos, me platica en su paso por la Ciudad de México, sobre las elecciones en España, los retos de la organización y la vida en Podemos. Le cuento sobre la idea de hacer una narración anatómica de Podemos, creo que le pareció gracioso. De inmediato coincidimos en que lo único que no podría existir en ese cuerpo es el concepto de una cabeza. Sin embargo, en anatomía si no hay cabeza no hay vida. Por eso, la primera aproximación a la anatomía de Podemos es su policefalia. Muchas cabezas en una estrategia, muchos cerebros en un esfuerzo, muchas ilusiones en un propósito.

 

Pablo Iglesias, el rostro.

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Su imagen herética lo inicia todo. La mirada, a veces tímida, pero decidida, es la que se veía chispeante desde las primeras movilizaciones, la que se reproducía por redes sociales, la que lideraba las conferencias, la que se enfrentaba en los programas de la televisión. La mirada de Iglesias daba autoridad a ese rostro común, que también es la coleta, la piocha y la sonrisa defectuosa. Por supuesto, no es un rostro vacío. Contrario a las caras de otras organizaciones políticas, Iglesias es leído y estudiado, lo que le daba una buena ventaja en el lugar que se mostrara.

Abre la boca y sentencia. Su fama se apoyó sobretodo en su voz. A Pablo Iglesias, se le conoce por primera vez hablando. No se le conoce leyéndolo, a pesar de su origen académico. No se le conoce de vista en alguna publicación impresa. No se le conoce porque te lo platicó algún familiar. Se le conoce en YouTube a la 1 de la madrugada, después de dar clic un link que compartió un amigo. Enfrentando a palabras a Ruvalcaba, subiéndose a una silla diciendo “O Captain! My Captain!”, o destrozando en argumentos a Eduardo Inda (director del diario el Mundo). Hay que verlo para comprobarlo. Iglesias es la vanguardia política de lo audiovisual, mucho más para los que somos hispanohablantes, por eso es que su colega Juan Carlos Monedero lo describe como una maquina televisiva.

Pero nada sería de Iglesias sin el discurso político de cambio, de poner frente al status quo. Un discurso que logró unir varias corrientes. El rostro de Iglesias condensa las muchas facetas de la organización: los gramcianos, los sindicalistas, las mareas, las organizaciones estudiantiles, lo popular…. No hay una identidad dominante en el rostro de la organización.

Pablo Iglesias es el politólogo de izquierdas que escribió del fracaso histórico de la izquierda en el siglo XX. El descendiente de socialistas republicanos que declaró que el éxito de Podemos se debe a que hicieron exactamente lo contrario a lo que un partido de izquierda hubiera hecho. El que se enfrentó a sus símbolos por el triunfo. Con esa faz rebelde, impulsó un movimiento social que, sin duda, ya ha rebasado cualquier expectativa.

Aquí Iglesias hablando de la izquierda.

Íñigo Errejón, las piernas.

Iñigo

Lleva caminando desde hace tiempo, a pesar de lo evidente: su juventud. De Zaragoza a Madrid, de La Paz a Valladolid, el ahora portavoz de Podemos en el Congreso ha marchado con talento y astucia.

Desde que era coordinador de la campaña en las elecciones por el Parlamento Europeo, ya era el que daba el paso adelante. Eso mismo lo llevaría a dirigir el resto de las campañas de Podemos con un particular entusiasmo, pero sobre todo con rigurosidad.

El paso exacto, la preparación previa, las horas de ensayo antes de salir a debatir, el esfuerzo de los equipos de redes sociales, la dedicación al diagnóstico. La seriedad con la que tomaban el asunto político ya ha sido narrado por varios medios y relatado por el mismo equipo de Podemos. Nada era espontáneo. Errejón como responsable de lo electoral, estaba en la avanzada y era el encargado de otorgarle la seguridad y el soporte necesario al resto del equipo. Con él no hay temblor de piernas, como tampoco lo hay cuando interviene en tribuna o en los medios.

Ese ahínco también lo llevaría a ser un precoz y notable investigador académico. De esta forma, Errejón construyó un pensamiento crítico, que le ha permitido teorizar y aportar elementos ideológicos claves a la organización, como el significado de populismo y la construcción de pueblo.

Como las piernas de un cuerpo joven, Errejón se escuda en la energía para dar los saltos necesarios. Pero como las de un maratonista, resiste y corre con inteligencia. Con él, sin duda, se siente que se camina. Este impulso, quizás le ha valido un par de disputas. Pero también por eso, es probable, que en esas piernas se sostenga el futuro del partido.

Juan Carlos Monedero, los ojos. 

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Detrás de esos lentes circulares, encontrarán la visión del mayor de los fundadores de Podemos. Ciertamente, aquellos ojos son los de más experiencia, aunque en realidad en él habite una auténtica alma juvenil, notoria especialmente cuando participa en público.

A sus 53 años, el profesor Monedero es el que quizás vislumbraba más a Podemos como un proyecto académico. El que entendía más esa tensión de ser politólogo y ser político, rasgo que la mayoría compartía. Ese espíritu teórico, se tendría que confrontar contra el pragmatismo de partido, algo que podría explicar la separación de sus cargos en la dirección del mismo en abril del 2015.

Los de Monedero son ojos caídos, no tristes, pero melancólicos. Resulta que ha sido el personaje que siendo el que más ama la política, más ha sufrido la ingratitud de ella. Monedero fue el blanco de múltiples ataques cuando se empezaba a ver el ascenso de Podemos. Se le acusó de no declarar impuestos, de falsificar su currículo, entre otras cosas.

La situación de Monedero retrata el escenario por el que pasó la organización ante los ojos de los medios informativos tradicionales. En particular, El País, periódico clave en la democracia y referente para muchos, ha tenido un juego desafortunado con la organización. Como ejemplo, lo sucedido justo con la falsificación de su CV. En enero de 2015, El País publicó en la portada una nota que llevaba como título: “Monedero falseó la mayor parte de su currículo académico”. La información se basaba en la investigación de dos periodistas y las afirmaciones de un profesor de 75 años diciendo no recordar a Monedero por la universidad, él mismo advertía de su mala memoria. Eran dos supuestas falsificaciones: la estancia como profesor en el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Humboldt de Berlín, y en la Universidad Iberoamericana de Puebla. Poco tiempo después, la Ibero de Puebla difundiría un comunicado en el que aseguraba que Monedero sí trabajo como profesor invitado. El País lamentaría los hechos.

El golpeteo lo puso en una situación donde prefirió ayudar a Podemos desde otro lado. Ahí, desde los laterales, dice que es más útil. Y es posible que así lo sea, puesto que como vista, hay que tener muchas perspectivas. Los ojos se separan un momento para adquirir mayor visión. A la vista hay que descansarla.

Carolina Bescansa, las manos.

Carolina

De algún lado tendrían que salir los datos y la información. La maquinaria de inteligencia de Podemos se explica desde las manos de Bescansa. Como metodóloga, ofreció el diagnóstico preciso que inicialmente moldeó el origen de Podemos. Esas mismas manos, esculpirían las encuestas que brindarían información crucial a la organización.

Se dice que Bescansa fue quien convenció a Iglesias, inmediatamente después de incursionar en la televisión, de dar el paso a la política institucional. Desde los inicios, mostraba sus manualidades de convencimiento y maniobra. Las manos científicas de Bescansa, no están solas, van acompañadas de la capacidad de negociación.

Bescansa es el contraste de la explosividad de otros miembros de Podemos, su serenidad ha sorprendido a varios que pensaban a Podemos como una dinamita. Estos días ha sido criticada por llevar a su bebé al Congreso. Ha respondido con fuerza. Ya sea como gesto simbólico por la reivindicación de todas las mujeres, o como exaltación a la normalidad de una parlamentaria, la mano de Bescansa parece firme.

Al cuerpo de Podemos, le siguen muchos brazos, orejas y dientes: Pablo Echenique, Irene Montero, Luis Alegre, Rita Maestre, Miguel Urbán, Teresa Rodríguez, y un largo etcétera. Son estos y otros miembros, que juntos pasaron de la calle a la política, los que articulan y dan vitalidad a Podemos.

Utilizar el cuerpo como una aproximación a un fenómeno político es un viejo recurso. El mismo Pablo Iglesias dice que la columna vertebral de Podemos es el ejercito democrático de miles de voluntarios que llevan el mensaje del partido. Esa es la mayor distinción frente a otros cuerpos políticos de la vieja guardia, su dependencia en la gente.

Podemos es un cuerpo joven y dinámico, que resultó atractivo para muchos que estaban desilusionados de las viejas figuras y el viejo orden. Como cualquier otro organismo, depende de su energía, que es lo que marca su movimiento. Se mueve con rapidez e inteligencia. Su movimiento crea algunas repulsiones, lo normal. Sin embargo, difícilmente se podría negar sobre lo fascinante de su ascenso, de sus estimulantes nuevas formas de hacer política, y sobretodo el desafío que ha representado para el poder tradicional.

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Amigos del Papa

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Por: Luis Godoy – @luis_godoy88

Habrá que estar listos. El Papa Francisco visitará por primera vez México y se antoja como uno de los eventos de mayor trascendencia del año. Las visitas papales se han convertido en hitos culturales en los países católicos. Así fueron las cinco visitas de Juan Pablo II a México. Difícilmente se olvidan los espejos apuntando al avión papal[1], los especiales de las televisoras, el México siempre fiel, el papamóvil, o las canciones dedicadas al mandatario. Lo rutinario para una nación con 93 millones de católicos—83.9% de la población total, según el Censo 2010 del INEGI.

Pero lo más curioso de la visita del Papa Francisco es que experimentaremos una extraña neutralidad política. Será como una pausa en el campo de batalla de lo público. Y es que si algo ha logrado hacer bien este Papa es amigos: lo mismo conmueve a Evo Morales, que a John Boehner (ex presidente republicano de la Cámara de Representantes en los EEUU). En México, todos refrendarán y presumirán amistad con el primer Papa jesuita. Con pocas probabilidades veremos a críticos del Sumo Pontífice, que no es lo mismo que críticos de la Iglesia. Y esta neutralidad, considero, tiene dos frentes relevantes en el debate público mexicano. Uno positivo, de unidad, que es el mensaje social del Papa alrededor de una agenda contra las desigualdades. Y otro simplemente contradictorio. La visita del Papa servirá para exhibir las incoherencias de algunos de sus amigos, o los que dicen serlo. Su figura ha logrado, y seguirá provocando, que sus compañeros se muestren olvidadizos o confusos de, por ejemplo, sus propios principios. La relación de la religión con lo político despierta un ánimo acrítico de los que alguna vez se dijeron críticos.

Los amigos progresistas

Con la venida del Papa, no quedará duda de que el pragmatismo conduce a que se olviden los valores republicanos. Como en muchas otras ocasiones, las violaciones al Estado Laico quedarán impunes, nada nuevo. Sin embargo, llama la atención que gobiernos emanados del PRD sean los más entusiastas con el evento. Ya vemos en el DF varios espectaculares con la publicidad del gobierno de Michoacán y la del propio gobierno de la CDMX. Contrasta que el gobierno michoacano gaste 300 millones[2], frente a los 4 millones que se han gastado en Coahuila.[3] Justificarán que es para posicionar a la entidad como destino turístico, qué se puede decir. Deben de ser los mismos argumentos que dio el Ayuntamiento de Morelia cuando decidieron que hubiera ley seca en la ciudad[4].

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Pensarán los nuevos amigos progresistas del Papa que como éste sí les cae bien, pondrán en pausa el Estado Laico. En México parece posible flexibilizar las reglas de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, sin que haya consecuencias. Compañeros progresistas, urge que lean este documento. Ante este desatino, tres preguntas con pocas respuestas.

La primera, ¿por qué se están utilizando recursos públicos para la promoción del viaje de un líder religioso? No es una visita de Estado. Los actos que el Papa celebrará con los gobernantes no serán oficiales, sino pastorales. La reunión con Peña Nieto en Palacio Nacional será una de cortesía. Gastar para la Iglesia católica no es más que la muestra de lo inequitativo que es el trato de varios funcionarios públicos. Es penoso evadir la pluralidad religiosa y olvidar que hay 18 millones de mexicanos no católicos (cifra de 2010, actualmente es muy probable que sea mayor debido a la tasa de decrecimiento de los católicos desde la década de los 50[5]). Calificar como normal el gasto público a la vida católica es simplemente darle privilegios a una hegemonía cultural religiosa. Por ningún lado se puede justificar.

La segunda pregunta es, ¿acaso hay una agenda laica en México? O en otras palabras, ¿a alguien le sigue importando la separación Estado-Iglesia? Hay una sensación de debate viejo, a pesar de las recientes reformas en 2012 al artículo 24 constitucional. Pero en varias democracias europeas es un tema polémico y actual. Hay que leer Sumisión, de Michel Houellebecq, para alarmarse por esto.

Lo cierto es que hay un tenue activismo laico. Laicismo.org cubre ampliamente a las organizaciones laicas en México y el mundo. De hecho, ellos documentan la fundación en 2014 de una organización (aparentemente para-masónica) llamada Laica Internacional México. Lo leído sobre estas organizaciones es, por decir lo menos, interesante. Pero la relevancia de que exista este tipo de activismo rebasa la vigilia a la separación Estado-Iglesia. La agenda laica juega un rol fundamental en proteger los derechos y libertades ganadas. O como lo dice Pedro Salazar, el laicismo combate al dogmatismo y promueve la tolerancia sobre la base de un reconocimiento de la pluralidad que no subraya las pertenencias religiosas, sino que hace abstracción de las mismas.

La tercera pregunta, ¿es suficiente la visión social de la Iglesia—y de sus Papas— para que se nos olvide su otra posición reaccionaria en varios temas de interés público? Es decir, hasta qué punto será tolerable que los movimientos—y personas— liberales y progresistas sigan condescendiendo con un Estado que le prohíbe el voto a las mujeres, por dar un ejemplo. No se puede decir de otra forma: La Iglesia católica sigue siendo una organización que no reconoce la igualdad entre el hombre y la mujer. En las bodas de los amigos hay que taparse los oídos cuando empieza el ritual de las arras. Da la impresión de que la lista de puntos de su proyecto conservador sigue siendo más grande que su proyecto social.

Por ello, no deja de ser curioso que en algunos círculos de izquierda hablen del Papa Francisco como, incluso, una verdadera oportunidad de cambio social. Dejando a un lado que esta visión va claramente en contra del Estado laico, esta idea es un despropósito. Primero, porque como dice Jean Meyer, la Iglesia nunca ha sido capaz (por sí misma) ni de crear ni de revolucionar una estructura socioeconómica. Y segundo, deberían de preguntarse en qué momento comenzaron a ver como democrática a la Iglesia, que por supuesto no lo es.  

En un mundo ideal, los progresistas—y particularmente los partidos de izquierda— le tendrían que decir con toda claridad al Papa Francisco que vivimos en un Estado laico. Donde la agenda contra las desigualdades ya ha sido atendida por ellos y no hace falta la intervención de la Iglesia para aliviar esto. Darle el mensaje de que a pesar de que son momentos críticos, no podría ser un aliado estratégico; sus luchas son paralelas y no deberían juntarse. La Iglesia representa la misma amenaza no-laica hoy como hace 200 años.

Pero el sabor de boca que dejarán los amigos progresistas del Papa es uno de amargura. Dejando a un lado su posible religiosidad, los guadalupanos de izquierda están haciendo mal sus cálculos. Los beneficios serán mínimos, frente a la exhibición que están dando. Es mediocre pensar en el “derrame” económico o en los beneficios turísticos que dejará la visita del Papa; hay pocos argumentos: no es sustentable (no vendrá cada año), el gasto es poco transparente, y asignarle un valor monetario a la visita es, otra vez, perder el sentido de la visita misma.

Tomarse la foto con el Papa y hacer como que no ven el Estado Laico también es un mal cálculo político. Se olvidan de que México cuenta con una añeja y fuerte tradición liberal cuyos promotores han sido los propios creyentes. Como lo documenta Roberto Blancarte en Laicidad en México (2013), 9 de cada 10 mexicanos favorece la existencia del Estado Laico. Comparto la idea de Blancarte de que la sociedad ha entendido bien la separación Estado-Iglesia; como una conquista jurídica que amplía sus propias libertades, incluida la libertad de religión. Esto no lo entienden bien sus gobernantes. Ya verán la ola de manifestaciones (tuits, posicionamientos, apariciones en los medios, etc.) en los próximas días, tanto de legisladores como de líderes de partidos a favor del Papa. Piensan en la histórica visita del Papa. Hay que decirles lo que también es histórico: la República laica.

Los amigos jesuitas

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La posición histórica de la orden de los jesuitas era desafiar el estatus quo del Vaticano. El sentir crítico de los jesuitas fue impulsado, desde sus inicios, por una alta exigencia intelectual y por un acercamiento constante con la modernidad. La disidencia de los de Loyola ocasionó que en 1773 Clemente XIV aboliera la orden, obligándolos al ostracismo en Rusia. A su regreso en 1814, los jesuitas encontraron una Iglesia atascada en el pasado y entregada a la verticalidad del Papa. En adelante, uno de los sellos distintivos de los jesuitas sería la horizontalidad.

En México, es posible que esto se haya acentuado más. Desde inicios del siglo pasado hubo una relación de tensión con el Estado y los poderosos. Lo dice Jean Meyer, mucho antes de la Teología de la Liberación: la disidencia jesuita estaba presente en movimientos que cuestionaban la autoridad. Era el contraste con los altos jerarcas de la Iglesia, de semejanza plenamente priista, lo que distinguía a esos jesuitas inconformes.

Para cualquiera que estudió con jesuitas, o tuvo como amigo a uno, sabe de la regla no escrita que un jesuita no acepta cargos de poder. El origen de tal práctica data de su fundador Ignacio de Loyola, quien decía no ser partidario de que los jesuitas desempeñaran puestos jerárquicos en la Iglesia, ya que entendía que estas ocupaciones les separaba de su misión de atender a los pobres y necesitados. Puedo decir que, por lo menos, esto era algo que se escuchaba cotidianamente en los ambientes estudiantiles jesuitas. Hasta marzo de 2013 la negación, o mejor dicho la prudencia, al poder político—en sus diversas formas; dentro y fuera del Vaticano— fue motivo para que la orden (y adjuntos) se sintieran orgullosos. Con la llegada de Jorge Mario Bergoglio a Roma, ese sentimiento se diluyó. Recuerdo las palabras de un admirado jesuita, diciendo que la misión de su orden era atemporal y no respondía a los tiempos del Vaticano. La lección de horizontalidad de los jesuitas era algo poco visto en las culturas organizacionales latinoamericanas.

Ahora, cercana la visita del Papa Francisco, debo decir que se extraña a esos jesuitas críticos. Los amigos del Pontífice, otra vez, parece que relegan sus principios. Pensarán que como este Papa sí es de los suyos, olvidarán por un rato su origen, horizontalidad y visión crítica de las cosas. Y esto lógicamente se expande a sus instituciones, o sus educados—no ordenados—, pero sí herederos de los valores de la Compañía. Me es más común leer o escuchar los jesuitas controlan el vaticano. Imitando a otros, presumen que su Papa es jesuita, y que su Papa está en la plenitud del poder. Vaya congruencia.

La visita del Papa podría ser ese evento que reivindique y reafirme los cuestionamientos históricos que han hecho los ordenados jesuíticos y sus instituciones. La forma más contundente de darle significado a lo que han construido no es presumiendo que su Papa es de ellos, o que su Papa ocupa Roma, sino preguntándose si una posición en la jerarquía eclesiástica es la vía para lograr su misión.

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La lista de los amigos enredados del Papa puede continuar. Ahí tenemos a los amigos frívolos: Angélica Rivera, posando por un lado con su vestido de 10 mil dólares, y dedicándole canciones al que vendrá con la bandera de la humildad. O los amigos liberales, selectivos con el estado religioso que critican. Por supuesto que no veremos un cartón de Paco Calderón denunciado las viejas prácticas del Vaticano, como sí lo vemos con las prácticas del Islam.

Sucede que la religión, en la deliberación pública, impide que muchos nos veamos en el espejo. La pesadez acrítica que carga la Iglesia—en nuestro caso, la católica, y particularmente con esta visita del Papa— es el síntoma de una pasividad monumental por darle congruencia a nuestras ideas. Hace olvidadizos a progresistas, jesuitas, laicos, liberales, feministas, de tanta cosa que el propio Papa estaría desilusionado. No le dejarán otra opción más que deslindarse de tales amistades. Cuando la visión crítica está fulminada, nos acercamos a lo verdaderamente peligroso. Si dejamos de cuestionar, incluso a nosotros mismos, de pronto, aparece el totalitarismo. Y esto involucra, aunque no guste, a la religión.

Así, uno de los retos más importantes en el siglo XXI seguirá siendo la reflexión sobre el rol de lo religioso en lo público. La Iglesia, el Papa y sus amigos dirán lo propio. En mi caso, la visita del Papa reafirma mi creencia de que las manifestaciones de nuestros yo religiosos, que devienen en una práctica espiritual, son los actos más íntimos que se tienen, y eso los hace esencialmente no públicos.

7_LuisGodoy

 

 

 

[1] El Vaticano no posee una flota propia de aviones para los desplazamientos internacionales del Papa (probablemente el mandatario que más viajes internacionales tiene en su agenda). Ellos alquilan naves comerciales a Alitalia (aerolínea italiana), normalmente es un Airbus 330-200.

[2] Nota de El Financiero, 13/01/2016, Para 7 horas de visita del Papa, gobierno de Michoacán gasta 300 mdp , http://bit.ly/1PC6QC0

[3] Nota de El Financiero, 13/01/2016, Para la despedida del Papa en Juárez gastaron 4 millones de pesos, http://bit.ly/1SLdvRd

[4] Nota de El Universal, 25/01/2016, Morelia tendrá ley seca durante visita del Papa, http://eluni.mx/1ZZzJmS

[5]http://www3.inegi.org.mx/sistemas/sisept/default.aspx?t=mrel01&s=est&c=27645

Antropología del Joven Priista

chamarra_rojaPor: Luis Godoy – @luis_godoy88

Era julio de 2007 cuando me invitaron a una tertulia con Salinas de Gortari, nada menos que en su casa en el sur de la Ciudad de México. Eran épocas universitarias y acepté la invitación por curiosidad y casi como infiltrado (la verdad nunca supe por qué me convocaron). La cita era privada y se pedía, cito el correo: “estudiantes de entera confianza; con un sentido crítico sobre el acontecer mexicano y del mundo; con responsabilidad social, y con un compromiso de debate respetuoso.” Los únicos requisitos eran vestimenta formal (traje, naturalmente) y haber leído su último libro: La Década Perdida 1995-2006: Neoliberalismo y Populismo en México. El libro y aquella reunión merecen un texto aparte: los simbolismos, la excentricidad del poder, la propia biblioteca donde nos recibió… Todo alrededor del ex presidente es motivo de páginas de análisis, pero me ocuparé de otra cosa. Aquella vez fue uno de mis primeros acercamientos a la cultura del joven priista. 

Biblioteca Salinas
Imagen: “Biblioteca de Salinas”. Por: Luis Godoy

Todos los conocemos (probablemente eres uno de ellos), pero muchos no los hemos entendido, en parte porque se han esforzado poco por explicarse. Lo cierto es que es más claro cuando un joven se auto determina en los espectros tradicionales de izquierda o derecha. Desde la ciencia política hasta la neurociencia han estudiado la orientación ideológica de los jóvenes—pueden ser los genes o la educación que reciben, pero es relativamente explicable cuando un joven se enfila con ciertas ideas para después militar en un partido. Pero el caso mexicano tiene sus particularidades. En el juego del centrismo político y de la persecución temprana del poder se encuentra la que pienso es una de las mayores incógnitas del sistema político: el joven priista.

¿Cuál es el universo de motivos para sentirse atraídos por el PRI? ¿Es un simple pragmatismo político? ¿Es una remembranza a los viejos símbolos? ¿Es un confuso nacionalismo? ¿Es acaso una sumisión a la herencia ideológica de sus padres y abuelos? ¿O es un auténtico convencimiento a una ideología de partido?

El PRI como partido y como fenómeno de masas ha sido ampliamente estudiado (a pesar de que el PRI del sigo XXI comienza a tener su propia historiografía, que se distingue enormemente a la del PRI del siglo XX). Lo que pocos académicos han estudiado son los motivos de sus militantes juveniles, su reclutamiento—aunque esto ha sido un poco más interesante para algunos académicos; si les interesa, lean a Roderic Ai Camp— y la forma en que aglutinaba y aglutina a sus novatos.

En muchos de estos estudios, la pregunta central es cómo ha logrado el PRI preservar el poder electoral y la representación política que sostiene. Ya hemos escuchado como posible explicación al corporativismo, la estructura territorial, la forma en que gobierna localmente, la compra y venta de votos, etc. Pero poco se ha escuchado del fenómeno de jóvenes que, en su amplio espectro social, deciden volcarse al priismo. Entender el rol histórico que han jugado las juventudes del PRI es una de las claves para entender las relaciones de poder en México.

 

Estudiar al pueblo PRI

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Imagen: “Primera Línea”. Fuente: Proceso

Se empieza por repasar a González Casanova y Cosío Villegas, si se aventura uno a tratar de desmenuzar al PRI. Pero cuando se trata de leer sobre el PRI, prefiero a Zaid y Monsiváis. Por su tono ameno y sarcástico, y porque hasta donde sé fueron los únicos pensadores mexicanos que se atrevieron a escribir estructuradamente sobre la posible inmolación del partido autoritario.

En Escenarios sobre el Fin del PRI (1985), Zaid explica 4 posibilidades sobre el futuro del Revolucionario Institucional, según él conocidos pero inverosímiles e ilusorios: Uno. La originalidad del sistema mexicano permitirá que el PRI dure eternamente. Mejor ni pensarlo. Dos. Habrá un golpe de estado. Improbable, pero si sucede ellos mismos lo darían, es posible que ni puedan. Tres. Habrá otra revolución. Jamás. La revolución está en movimiento, como México ahora, revolución no crea revolución. Cuatro. Surgirá un ayatola contra la corrupción. Como lo leen. Eso escribió Zaid en 1985, imaginando ese último escenario como irreal. Es serio, incluso cita y da crédito a Ayala Anguiano que lo escribió en 1982 en su libro Cómo podría perder el PRI (si alguien lo tiene por ahí, préstelo). No quieren leer lo que dice después, por qué pensaba que era imposible y cómo sería si surgiera un poder que “limpiara” desde arriba.

Entre la profecía y el análisis Zaid escribe: “Resulta extraño que se haya escrito una Antropología de Hollywood, pero no una Antropología del PRI”. Es cierto, el PRI es un pueblo, o acaso deberíamos de entenderlo como una etnia. Como sea, hay que tomarle la palabra a Zaid y usar todas las herramientas científicas para abordarlo integralmente. Su propia antropología es necesaria, pero diría que antes, o de pasada, necesitamos una antropología de eso otro que son sus mozos.

Me explico. No es lo mismo entender la chispa inicial de los cerebros moldeables de jóvenes, que las carreras profesionales de viejos animales políticos. Quizá hasta sea más sencillo explicar la población total del PRI, vía sus primerizos, que por las características y motivos políticos de personas tan complejas, como Roberto Madrazo, Humberto Roque Villanueva o Beatriz Paredes.

Sin embargo, escribo decepcionado, tengo la impresión que dejó de estar de moda entre los estudiosos de lo político (otra tribu que merece su antropología) escribir sobre el PRI. Me imagino que eso se debe a que dejó de ser trendy el estudio de la filosofía de lo mexicano, o la psicología del mexicano. Ni liberales, ni marxistas voltean a ver al despintado pueblo PRI que nos dio país, y nos sigue dando patria después de la transición (¿qué es eso?).

Peor aún, resulta que a pocos les ha interesado el fenómeno masivo de jóvenes que en plena democracia deciden usar su ficha de movilidad social llamada PRI. ¿Verdad que no es tan fácil y unívoco? Por eso debería de haber libros, compilaciones, papers, seminarios e incluso una clase en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de nuestro otro pueblo, UNAM, que se llamara: Construcción histórica, procesos y formación de las juventudes priistas.

La ideología extraviada

Fabricio Vanden BroeckImagen: Figura de Fabricio Vanden Broeck. Fuente: Fabricio Vanden Broeck, Letras Libres.

Durante esa mañana de julio del 2007 presencié y vi en activo al mayor y seguramente único intelectual del pueblo PRI de estos días. Si piensan que ya pasó mucho tiempo, lean o vean a Salinas hablando recientemente en el Mexico Summit de la revista The Economist (6 de noviembre, del 2015). No ha cambiado en nada. Sus argumentos y lo que transmite es lo mismo desde que implementaba lo que según algunos era el liberalismo social. Pero ni lo social, ni lo liberal son los estandartes del intelectual priista. El valor que se porta con maestría es la ambigüedad.

El cantinfleo es priista. Es algo de origen, y en efecto es cultural. Pero en el cantinfleo político no se muestra a un barrendero en la Santa María la Rivera vestido trapos. No, se muestra a un Doctor en un impecable traje Hugo Boss saliendo de su oficina de Insurgentes Norte en un Mercedes Benz, seguro en su cantinfleo, con un par de frases circulares dependiendo del ciclo económico del momento. Rodeos al final. Escúchenlo ustedes mismos.

No siempre fue así. El PRI del siglo XX tuvo pensadores que no fueron ambiguos, Reyes Heroles no lo era. Pero que alguien me avise si en la actualidad hay otro intelectual auténticamente priista. Si prefieren, no les llamaré intelectuales (ya suena muy feo eso), pero estamos de acuerdo en que se requieren personas que se hayan dedicado a reflexionar lo público para que luego se pueda instrumentar algún tipo de proyecto. ¿O acaso se hace política pública en la espontaneidad?

La ambigüedad se combina con otro valor muy importante para el priismo: la improvisación. El centro político lo permite. En el pueblo PRI algunos piensan que el centro priista existe, aunque en otros lados no los ven así, e incluso la mayoría de ellos no se comprenden de esa forma. En una encuesta de Reforma en el 2007, se preguntó: En su opinión, ¿el PRI debería ser una opción política de…? De la población en general el 49% lo ubicó como centro-derecha, el 25% como centro-izquierda, el 8% en ninguna de las dos, y el 18% respondió que no sabía. Entre los priistas respondieron que el 68% lo consideraba de centro-derecha, el 9% de centro-izquierda, el 5% dijo que ninguno de los dos, y el 18% que no sabía. De entrada, parecería claro: las poblaciones juveniles del PRI se sienten identificados por pensamientos que rondan en el espacio político de la derecha. La realidad es que no es así. Una breve inspección a sus organizaciones juveniles y sus documentos nos dicen lo contrario y dan la primera pista: en el pueblo PRI hay muchos pueblos. 

El PRI tiene en sus filas no una, sino varias formaciones juveniles de muchas ideologías. Esta fragmentación es una de las explicaciones del tamaño del fenómeno. De la Red de Juventud Popular de la CNOP hasta la moderna Red de Jóvenes por México, pasando por la Juventud Territorial, hay harto número de organizaciones con documentos propios que usan palabras que si se juntan son discordantes. Cuando se repiten lugares comunes y palabras sin base, se improvisa.

Son tantas que se siente complicado que su presidente, Beltrones, conozca a todas. Si los que miden y se interesan por el tercer sector en México (el mundo de las organizaciones de la sociedad civil) tomaran en cuenta estos organismos, tendríamos niveles de participación cívica similares a los de Estados Unidos. Capital social hay, nadie lo podría negar. Y aquí podría venir otra de las explicaciones de su impacto: la capacidad para lograr comunidad.

En esta diversidad se comprende la ambigüedad y poca uniformidad en el pensamiento de un joven priista. Pero no malinterpreten, con esto deberían de sentirse orgullosos. En el pueblo PRI sus jóvenes no están centralizados, olvídense de la falsedad de la unión y el consenso, su naturaleza y éxito en gran medida es por que han comprendido bien su federalización.

Sin embargo, entre su variedad se va fácilmente de lo enriquecedor a lo patético. Sus modos y concesiones a varios pecados, lastiman su creación de comunidad y definen a la especie de joven que motiva este texto.

La Política de las Formas

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Imagen: Peñia. Fuente: Fragmento de fotografía de Proceso

¿Qué sería de los jóvenes priistas sin sus formas? La fachada es importantísima y tiene todo que ver con el poder. En la persecución a él, observamos su oratoria, vocabulario, pose, alabanzas, incluso su humor, por supuesto machista (habrá sus excepciones). El culto al poder define la estética del pueblo PRI, y esta estética moldea el fondo de sus jóvenes.

Creo que esto es lo que menos comprendo. Cuando se convierten en políticos pequeños, adolescentes llegando a tremendas negociaciones, niños formalísimos logrando acuerdos. Lo más raro es que esta actitud es aceptada por sus viejos. No les ponen un alto. Pero se entiende esta personalidad gusta; y no sólo eso, también premia.

La fascinación superficial por el poder los acerca peligrosamente a la política del estatus. En la juventud del PRI, se aprueban los elitismos. Sus desigualdades internas son notorias—quién podría negar el influyentismo y el amiguismo. Ante la mínima provocación, se cede con el privilegio y se calla.

He aquí otra característica fundamental del joven priista: el silencio hacia fuera y hacia dentro. Su estética reduce la autocrítica. ¿Cuántas renuncias han visto? ¿Cuántos jóvenes indignados al interior han levantado la voz ante un malhecho? ¿Cuántos les han respondido a sus viejos? Pocos. Los que les aplauden le podrían llamar disciplina, pero bueno, reconozcámoslo: callan muy bien. Como dijo Elenita: Fuerte es el silencio. Para corroborar esto lean el número de Nexos de diciembre del 2015, donde se publican una serie de ensayos sobre el silencio de los Pinos.

Conforme desarrollo mi entender del joven priista, me convenzo de que el emblema histórico del priismo juvenil es Peña Nieto. No importa cuántas canas tenga, reproduce fielmente la cultura de los jóvenes de las chamarras rojas. Su ambigüedad, improvisación, mutismo y la forma en que abraza la superficialidad lo convierten en el perfecto ejemplo de las juventudes del PRI.

Este texto es apenas una provocación para de verdad tener una antropología de estas poblaciones. Hay que decir que exceden al PRI. Esta cultura juvenil se ha expandido en otras organizaciones políticas. Sin embargo, es al interior de este partido donde sostengo que se han convertido en un místico motor que hace funcionar al sistema. Estoy convencido que cuando deduzcamos la identidad de los jóvenes priistas en congruencia con sus acciones y formas, entenderemos al mismo tiempo lo más profundo de la política mexicana.

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Acompañar al Feminismo

Protagonistas

Por: Luis Godoy – @luis_godoy88
Imagen: Juliette Rault

El jueves pasado algunos celebraron el Día Internacional del Hombre. Me enteré de la prolongada “celebración” hasta el domingo cuando caminaba por el sur de la Ciudad de México y me encontré con un stand en el que se leía un cartel que decía: “Día Internacional del Hombre. Prueba del antígeno prostático gratis”. A pesar de la poca seriedad del sitio estuve tentado a unirme a la conmemoración, sin embargo una nutrida fila me lo impidió.

Curioso, busqué sobre el Día del Hombre y me encontré con algunos comentarios en redes sociales y un buen número de notas periodísticas, destaca esta de El Universal. Conociendo el rigor de los medios en México, acudí a la fuente (UNESCO). Confirmando mis sospechas, me di cuenta que tal celebración no la reconoce ningún organismo internacional, de hecho el 19 de Noviembre se conmemora el Día Mundial del Retrete, irónico.

Fuera de la buena práctica sanitaria, la trivialización del género que viví el domingo se sumó a varias discusiones y lecturas sobre una pregunta que me inquieta: ¿cuál debe de ser el rol y actitud del hombre frente a la igualdad de género? Respuesta casi obvia, por lo que la pregunta se vuelve más particular: ¿hasta qué punto un hombre puede considerarse feminista?

Mi batalla con el tema se remonta varios años atrás, pero recientemente ha fluido bastante material que ha provocado numerosas discusiones. Por ejemplo, en este artículo Kate Iselin cuenta por qué ya no sale con hombres que se presentan como feministas (en sociedades donde ser feministas se esta convirtiendo en algo mainstream). Dice que el feminismo la ha empoderado lo suficiente para decirle “no más” a los miembros masculinos del movimiento. En la misma línea, quizás más radical, pueden leer esta opinión sobre la incompatibilidad de ser hombres y feministas.

Contrario a las posiciones anteriores, Guillermo de León publicó en Horizontal un texto donde se pregunta si es necesario que el hombre feminista renuncie a los privilegios que le otorga su situación de género. Para él decidir ser feminista es una postura política por lo cual no es contradictorio el nombrarse de esa forma.

La cúspide de mi momento feminista sucedió hace un par de semanas cuando circuló por todos lados la entrevista de Emma Watson a Malala. Vi a varios compartir el mensaje donde Malala le dice a Watson que por ella se hizo feminista. Antes ya había visto a Watson promover el #HeforShe, que es una campaña de solidaridad para involucrar a hombres y niños en el tema de equidad de género. En conversaciones y en propias reflexiones, me sentí presionado por ubicarme ideológicamente en algún lugar de ese espectro.

Mi revuelta interna por una “definición” responde a dos miedos o circunstancias. Primero, que mi sensibilización por la política se inició con asuntos de género. El haber sido criado casi exclusivamente por 3 mujeres de mucha fortaleza me puso en situaciones donde presencie, desde niño, innumerables anécdotas de discriminación a las mujeres.

Cuando tenía alrededor de 10 años un compañero de la escuela me preguntó si mi mamá era la secretaria de un despacho del amigo de sus padres. Mi madre, junto con otro abogado, cofundó en los ochenta un despacho en el bajío guanajuatense: en papel y en los hechos eran exactamente iguales, yo lo sabía, pero por alguna razón el otro niño no. No podía entender el trato desigual y la subestimación que estaba haciendo hacía mi madre. Recuerdo perfectamente el sentimiento de enojo y frustración que me produjo. Me vuelvo a acordar y corroboro que ésta, junto con muchas anécdotas del estilo, fue mi iniciación a las injusticias, lo que eventualmente sería motivo para tener una conciencia política.

Por ello, desde hace tiempo siento la legitimidad para defender la causa de la igualdad de género. Sin embargo, acá viene el otro miedo o circunstancia que se enfrenta amistosamente con la anterior. He convivido con diversas mujeres feministas, algunas verdaderas militantes, que me han dado mensajes muy claros. Con ellas entendí que los hombres no tenemos idea de lo que significa ser discriminados, por supuesto no sabemos qué es la violencia de género y estamos muy atrasados en percibir situaciones que preservan el patriarcado. Comprendí los logros del movimiento feminista, supe que es el movimiento social que más ha ampliado los derechos políticos y sociales en la época moderna. Fui consciente de todo ello y decidí que por una cuestión de respeto -al movimiento y a ellas- el autonombrarme feminista sería irresponsable.

Pero también entendí que me podía seguir entusiasmando por los asuntos feministas. El que haya tenido conciencia política a través del género y el convivir con mujeres comprometidas con el feminismo me obligaba a reducir lo discursivo y a aumentar la acción. Los que estamos preocupados por la igualdad de género en lo último que nos deberíamos de preocupar es por autonombrarnos de una u otra forma. Que esto no significa “despolitizarse”, al contrario, es asumir responsabilidades muy concretas, aceptando por un lado nuestros privilegios y por el otro las faltas que seguimos cometiendo, por ejemplo, en el lenguaje.

El problema es que son muy pocos los hombres que se interesan auténticamente por la igualdad de género. Con excepción de mis amigos de Democracia Deliberada, donde continuamente nos preguntamos cómo aumentar la presencia de mujeres en el grupo; tengo muy pocos amigos, familiares y conocidos que reconocen que las jerarquías de género lo gobiernan todo.

Por ello la acción política más importante de los hombres que acompañamos y acompañaremos al feminismo es comunicar a los otros hombres. Hacerles saber que tendremos que dejar espacios a las mujeres, en la política y en la empresa tendremos que renunciar a algunos privilegios y habremos que cambiar todo lo que se asemeje a la superioridad masculina.

A los que ya están politizados habrá que decirles que probablemente el único cambio social relevante que podremos ver en vida es la igualdad de género. Difícilmente veremos en nuestros tiempos la erradicación de la pobreza, la reivindicación total de minorías, o una reducción relevante en la desigualdad en el ingreso. Pero sí creo que presenciaremos una fuerte disminución en la brecha de género y un cambio cultural relevante hacia esa igualdad. Es algo inminente que por supuesto se puede acelerar, el feminismo no necesita a ningún hombre en sus filas para lograr resultados, pero quizás sí para apresurarlos.

En la reciente visita de Juan Carlos Monedero a México dijo algo que me emocionó. Ya lo habíamos escuchado decir que el socialismo del siglo XXI es feminista o no es. Pero acá en México dijo algo más concreto, que después de las elecciones generales en España, Podemos (partido político) se tiene que reinventar para tener una dirigencia donde todas sean mujeres. No hay duda que en el centro de la reinversión del poder y de las nuevas formas de entender la democracia está la igualdad de género.

Para resolver la angustia que me produjo el Día del Hombre, decidí que debía dejar a un lado la polémica del hombre feminista y empezar por activarme como acompañante del feminismo. Participo, me solidarizo, lo apoyo y lo asumo como una de mis batallas, pero no me bautizo. Soy un radical desde este lado y acepto mi condición de hombre, por eso seré lo que Sancho Panza a su Quijote, un fiel acompañante.

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