Cuando la leyenda se vuelve mito y retorna en su ciclo infinito.

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Por Paola González

(OJO: ESTE TEXTO CONTIENE SPOILERS DE LA OBRA “FAUSTO” DE GOETHE)

Durante muchos años, una novela exquisita, considerada una de las más grandes obras de la literatura clásica, fue interpretada de distintas maneras; dividió a eruditos y a novatos, causando terribles desencantos. Algunos afirmaban que la obra convertía a quienes la leían en un peligro para sí mismos y para su entorno social. Otros, que lleva una carga psicológica, política y social trascendente que los despistados no lograrían comprender. Otros más, que es una de las obras más bellas y humanas, por su tratamiento de la vida y el alma.

Hablo del Fausto de Johann Wolfgang von Goethe, o sólo Goethe (gø tə). En esta obra, un hombre solitario y desesperado, vende su alma al diablo, consiguiendo así una vida épica, con vastos conocimientos, placeres y longevidad. Mefistófeles, el antagonista, es el ser que Dios había creado como el más bello y poderoso de sus ángeles, y que finalmente fue enviado a las profundidades y al fuego eterno por su desafío; continúa portando los dones que Dios le dio al crearlo, por lo tanto, es capaz de hacer creer a cualquiera que el camino que descubre frente a sus ojos es el que lleva a la plenitud y a la verdad. Fausto no tarda mucho en caer en sus mentiras.

En la primera parte de la tragedia, Fausto clama desesperado en su soledad aquella necesidad de una cercanía espiritual, el poder apreciar la belleza que Dios creó en el universo y sus portentos. Lo que más desea es sentirse admirado apreciado y amado. El conocimiento que tanto ha cultivado durante su vida le parece insuficiente. Sin embargo, el poder de Mefistófeles le engaña y le lleva a vivir una vida como ninguna otra, sí, pero insatisfactoria.

Y muchos dirán ¿pero cómo? Si disfrutó todo, vivió muchos años, bailó con brujas, embaucó hombres poderosos, desafió a las parcas, habló con grandes filósofos, amó a helena. Eso no puede ser insatisfactorio.

Siguiendo a Mefistófeles solo estaba siendo consciente de una parte de sí mismo. Al dejarse llevar por él, en una vorágine muy similar al actuar de muchos más  “no pienses, no creas, disfruta, goza, vive al máximo tu cuerpo”, Fausto, al igual que aquellas personas, se olvida de dos partes de su naturaleza: su mente y su espíritu. Solo uniendo estas tres se vive en plenitud. Mientras más “disfrutaba” Fausto de su vida, —y lo pongo entre comillas porque Mefistófeles siempre arruinaba esa felicidad— más se encadenaba al infierno y el contrato de la venta de su alma se volvía más sólido. Y muchos alegan que el seguir normas que definan la integridad y/o dignidad del ser humano son los actos que llevan a encadenar el cuerpo y el espíritu.  Me pregunto si son conscientes de esas pequeñas punzadas de vacío al terminar el día en una supuesta libertad sin camino alguno. En ocasiones las nomas liberan más que un camino sin restricciones.

Más adelante en la trama ocurre un cambio sustancial en el protagonista. Al igual que todos cuando la vida ha dejado su impronta en el ser humano, comienza a reflexionar sobre el camino que le llevó hasta aquél lugar y situación en la que se encuentra. Fausto reconoce su fallo tras múltiples diálogos aún bajo el influjo de Mefistófeles.  Al dejar pasar su energía en las tres potencias del ser: cuerpo mente y espíritu. Es decir, al envejecer y permitirse un escrutinio filosófico y espiritual,  Fausto llega a la plenitud de su existencia, deja entrar en su ser lo que más anhelaba; el amor lo llena, destruye las cadenas que lo ataban al infierno, destruye el contrato en el que vende su alma, lo encumbra al cielo y al fin último del alma humana.

Pero esperen un poco.  En el libro dice que Dios manda a sus ángeles a que lo suban entre pétalos de rosa. Sí. En el banquete de Platón –maestro de Aristóteles, uno de los filósofos que disertan con fausto en la obra— afirma que solo lo perfecto puede ser divino, pero nada, excepto el amor es perfecto. Ergo, el amor es Dios; y es tan basto que, nosotros, en nuestra infinita pequeñez e imperfección lo confundimos con otras cosas.

Al igual que Fausto vivimos solo una potencia, algunos tal vez dos, y buscamos entender la tercera, la espiritual, en la manera en que percibimos nuestro intelecto o nuestro cuerpo. Esta obra, más que una oda al ego; busca despertar en el lector el interés por descubrir esa plenitud que somos capaces de obtener, que la dignidad de la vida no encadena y que el amor SIEMPRE vence.

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Vargas Llosa vs el consumo postmoderno de la literatura

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Por: Paola González – @PaolagabbieG

Hace unas semanas el mundo literario se sacudió ante el inesperado veredicto de la Academia Sueca. Bob Dylan obtenía el Premio Nobel de Literatura, arrasando a los escritores y poetas que habían sido nombrados como posibles ganadores. El año pasado también hubo discusiones sobre la decisión de otorgarle a la periodista Bielorrusa Svetlana Alexievich el Nobel por su prosa—según sus detractores, similar a varios autores (leease Joyce Carol Oates, John Banville, Jon Fosse, entre otros)–. ¿Cuál es la mayor diferencia entre estos dos casos?

-Ah, sí, Bob es cantautor-.

Si bien su icónica trayectoria y sus letras son de una belleza excepcional, muchos literatos expresaron su inconformidad al conocer el veredicto y miles de opiniones contra este se sumaron al del veterano Mario Vargas Llosa, quien en algunas ceremonias que ha presidido en estos días, como la presentación en Berlín de su último libro, dijo a la prensa que el Premio Nobel de Literatura debe ser para escritores y no para cantantes, a pesar de que disfruta de la obra del señor Dylan. Comentó también que este galardón no debería abrirse a la poesía cantada, ya que dejaba el paso abierto a que cualquier persona de la farándula aspire a un Nobel dedicado al arte de las Letras.

Si bien pareciera que el señor Vargas Llosa dio estas palabras a la prensa por la emoción negativa que aún mantienen muchos respecto al galardón de las letras, no dista mucho de la realidad que hemos presenciado este mismo año. Durante la Feria del Libro en Bogotá, Colombia, la prensa local se escandalizó al ver que la presentación del libro del youtuber Germán Garmendia, titulado “Chupa el Perro”, atrajo a más personas al recinto, e incluso medios como El Universal afirmaron que el saldo final fue de mayores ventas del joven chileno que del veterano peruano que asistía junto a otros grandes de la literatura latinoamericana a esta Feria del Libro.

Tenemos entonces motivos claros para que el escritor Mario Vargas Llosa se exprese de esa manera ante la prensa, aunque más allá de sus experiencias se encuentran los datos estadísticos en países latinoamericanos. Tan solo en México, Grupo Milenio publicó en el 2013 que había cerca de 100 ferias del libro en el país, y sólo se leían 2.5 libros al año en promedio, aumentando a 5.3 en el 2015, según datos arrojados por el Excelsior y El Universal.

-¿Pero cuales fueron los libros más leídos en el año más leído?-

Excelsior tiene el top 5:

5.- Crepúsculo (sí, aún lo leen)

4.-El Principito

3.-Cien Años de Soledad

2.-Trilogía Cincuenta Sombras de Grey (hasta mis tías lo leyeron)

1.- La Biblia

Aunque sabemos que entre nuestros amigos pasa que dicen haber leído tal o cual libro para sentirse importantes, “únicos y diferentes” (que tire la primer piedra el que no), en un mundo lleno de hipsters o cosas mainstream y es tan usual que se vea ahora un best seller de una socialité, una autobiografía de algún famoso caído a menos buscando la gloria perdida o un compendio de absurdos traducidos a un lenguaje “impropio del vulgo”, que no nos damos cuenta a simple vista de las tendencias del consumo literario hasta que hacemos un análisis más profundo: preguntando por sus hábitos de lectura, sus afinidades y gustos más allá de las páginas.

Esto es lo que critica el señor Vargas Llosa en sus discursos, el poder de la opinión pública de personajes lejanos a la literatura y las tendencias en redes sociales, para guiar al consumo literario impuesto por el pensamiento postmoderno que se rige por las ganancias en ventas y la sentencia—si no leíste a (…) no eres lector –.

Les mando un cordial saludo a todos los que asistieron a la Feria Internacional del Libro 2016 en Guadalajara, Jalisco, estuve paseando por los pasillos llenos de póster promocionales del nuevo libro de Kim Kardashian, mientras buscaba una buena edición de la obra Cyrano de Bergerac.

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Literatura Rumbo al Olvido

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Por: Jorge Solís Cisneros – @JorgeSoleros

“Los buenos escritores tocan la vida a menudo. Los mediocres, la rozan rápidamente. Los malos la violan y la abandonan a las moscas.”
Ray Bradbury, Fahrenheit 451

Indiferencia, menosprecio, olvido. De esta forma se cumple una de las grandes y elegíacas problemáticas que engloban al mundo de las letras: el desinterés hacia el trabajo literario de autores relevantes. ¿En dónde han quedado Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez? Desgraciadamente están siendo exiliados de las bibliotecas personales por pseudoescritores de sagas juveniles.

Actualmente, las nuevas generaciones han ido cultivando una predilección orientada a este tipo de creaciones “literarias”, demeritando así la compleja labor del arte de la pluma. Y es que ahora emergen escritores de la nada, sin preparación, sin un acervo cultural e intelectual vasto para poder darle vida a verdaderas obras. Aquella expresión de que la imprenta ha sido el peor de los males del hombre, puesto que ha ayudado a proliferar textos innecesarios, comienza a tomar sentido (Borges, 2011).

La misión del manufacturero de letras es vivir y morir para ello; crear arte desinteresadamente, sólo por la imperiosa necesidad de plasmar manifestaciones intrínsecas en el papel. La publicación, las regalías y el reconocimiento son propósitos que pasan a segundo plano, infortunadamente es todo lo contrario a lo que acontece hoy día: la literatura ha sido corrompida por la vanidad, por la búsqueda de la retribución monetaria.

Esta parafernalia de dilemas tiene sus orígenes –y su posible solución- en la desidia lectora. Si las personas se adentraran sin temor a leer cada día más, su bagaje se ampliaría descubriendo nuevos y mejores horizontes, rompiendo con las barreras del conformismo literario. Asimismo, habría un rescate de las obras importantes que han sido un parteaguas para la historia del arte. Y es que la literatura es vida y es muerte. Exaltación; sosiego. Alegría absoluta; decadencia constante. Es bondad onírica, es realidad atroz. Enajenamiento; serenidad.

No podemos prescindir del universo de las letras ni de sus máximos representantes que se han valido de méritos para ocupar lugares prestigiosos. Pero la decisión queda a libre albedrío. Cada quién escoge con qué quiere alimentar el alma, si con Pedro Páramo o con Crepúsculo.

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Borges, J. L. (2011). El libro de arena. México: DEBOLSILLO, p. 110.

George R.R. Martin y la cumbre de la literatura fantástica

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Por: Ernesto Gómez – @EGH7

En la actualidad George R.R. Martin es conocido a nivel mundial por ser el autor que escribió las novelas que inspiraron la serie televisiva “Game Of Thrones”, que acaba de romper el récord como el programa más galardonado en la historia de los Emmys, además de ser la producción más cara y con más audiencia de todos los tiempos. Esto no era así antes de que HBO decidiera en el 2010 comenzar a crear esta adaptación que ha probado ser un éxito gigantesco. Si bien, Martin obtuvo cierta atención y renombre previo a la publicación de la serie televisiva, es innegable que su popularidad no tenía comparación con la que ha adquirido en años recientes. El primer libro en la saga de “A Song Of Ice And Fire” recién cumplió su vigésimo aniversario de publicación y, hasta hace poco, era difícil conseguir una copia traducida al español en México.

“Game Of Thrones” ya ha sido objeto de muchísimo análisis y genera tema de conversación en todas partes. Lo que muchos no conocen es la enorme categoría de escritor que es Martin, quien se quejaba de que la ficción fantástica nunca lograba encontrarse con las finanzas. Por esto mismo, Martin creó un universo fantástico, pero impregnado con la realidad que gobernaba los reinos primitivos (y actuales) del hombre: la guerra, los juegos de poder, la política y, por supuesto, el dinero. Parte de lo que ha hecho esta historia tan adictiva y popular es el realismo con el que maneja el hecho de que no hay héroes ni villanos tan claramente definidos como en la ficción tradicional. Aquí todos los personajes son humanos y tienen sus razones de ser y actuar, los héroes se equivocan y a los villanos los mueven muchos más motivos que la maldad pura. Además de que muchos personajes prueban ser mucho más de lo que aparentan a simple vista.

Todos los libros están divididos en capítulos que le corresponden a un personaje y su punto de vista sobre lo que está sucediendo a su alrededor. Esto les da una enorme dimensión a todos los personajes en la historia, al brindarles con una complejidad enorme a todos sus protagonistas. Cada uno tiene su forma de ver las cosas y no son juzgados más que por los otros personajes y el lector mismo. La destreza de Martin está en su forma de imprimirle a cada uno su propia personalidad a la hora de dar su parte y, conforme pasan los capítulos, los personajes van cambiando y cuentan las cosas de forma diferente. Algunos maduran y dejan atrás los sueños de la niñez, como es el caso de Sansa Stark, y otros cambian por completo, como lo hace Jaime Lannister. Al leerlos, te metes en la cabeza de los protagonistas y empiezas a entender por qué actúan de cierta manera, te vuelves parte de su conflicto interno, de sus aspiraciones ocultas y de sus intenciones aparentes.

Al leer sus novelas, se comprende de inmediato el gran don del autor para la narrativa al pintar perfectamente los paisajes y situaciones. Esto agregado a que Martin es un estudioso y, aún si en fantasía, nos retrata claramente cómo eran las circunstancias de la guerra en la época del medievo, cómo era afectada la gente poderosa y débil, cómo se vivía a diario con miedo y cómo se peleaban las batallas. Con su visión desmaquillada de la crueldad que puede haber en el hombre y en sus circunstancias, George R.R. Martin ha creado una saga memorable.

Apenas se han publicado cinco de los siete libros que constituirán esta saga, con el sexto libro en camino desde hace cinco años. Martin ha pospuesto la fecha de publicación en varias ocasiones para no arriesgarse a que sea algo por debajo de su estándar, a pesar de que tenía la intención inicial de que la serie no le ganara en la historia a lo que él tuviera publicado. Esta sexta temporada, sus intenciones ya se quedaron sólo en eso, liberando a Martin de las presiones. Si bien, la serie diside en ciertas cosas del material que la inspiró, los creadores de la serie ya conocen el final que tendrán los libros. Así que, tal vez por primera vez en la historia, los que vieron la adaptación le podrán arruinar el final a los lectores.

El mundo queda a la espera de los libros que terminen la saga, así como de las dos temporadas que cierren a la serie. Esto último probablemente con más ansías al ser más los televidentes que los lectores. Más aún cuando estamos hablando de novelas que tienen un promedio de 900 páginas cada uno, sin mencionar los libros adicionales que hablan de las historias de Westeros y Essos, los dos continentes más importantes en el expansivo universo creado por George R.R. Martin. Lo indudable es que para cualquier lector valdrá la pena adentrarse en las que podrán ser consideradas en un futuro como las obras ultimadas de la literatura fantástica.

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Sorbitos de Nicanor Parra y su Antipoesía

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Por: Mario Campa – @mario_campa / @latampm

“La poesía morirá si no se la ofende, hay que poseerla y humillarla en público. Después se verá lo que se hace.”
Nicanor Parra, Artefactos

Se cuenta que cuando Napoleón conoció al poeta alemán Johann Wolfgang (von) Goethe, el general exclamó: “¡He aquí a un hombre!” Napoleón tenía cierta obsesión con el Julio César de Shakespeare, y sabía que podía echar mano de Goethe para sus delirios de grandeza inmortal. No contaba con que habría cierta antipatía entre ambos.

El hombre de armas y poder suele respetar al de plumas e ideas—al poeta, al novelista—porque sabe del poder de la palabra. Recordemos lo que dijo Mario Vargas Llosa en su célebre discurso de aceptación del Nobel de Literatura (2010): “Quienes dudan de la literatura…pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes.”

Pues bien, quiero hablar de un Hombre—parafraseando al bajito francés—que revolucionó la poesía latinoamericana. (No, no ha muerto aún, pero tiene ya 102 años…aunque él espera vivir 116.) Supe hace algunos años de la existencia de Nicanor Parra por algunas entrevistas hechas a Roberto Bolaño—disponibles gratuita y legalmente en YouTube—, en las que sin rubor alguno, el novelista chileno declaró que Nicanor Parra era su poeta favorito (sic). Hasta que di con los poemas supe por qué.

 

Qué es un antipoeta:
un comerciante en urnas y ataúdes?
un sacerdote que no cree en nada?
un general que duda de sí mismo?
un vagabundo que se ríe de todo

– Test (Parra, 1969)

 

Nicanor Parra se describe a sí mismo como un “antipoeta”. Es un subversivo literario. Los cánones de la poesía no existen en Parra—y su movimiento que inspiró, entre otros, a los infrarrealistas liderados por Mario Santiago y Roberto Bolaño y que sacudieron en su juventud la Ciudad de México manifestándose contra el establishment poético de la época (i.e., Octavio Paz). Los cánones son reconocidos en la tradición poética, pero sólo para ser lacerados y humillados. Incluyendo los cánones líricos.

 

Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
-Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos-
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.

Los poetas bajaron del Olimpo.

                                                                                                                       – Manifiesto (Parra, 1969)

 

Parra se mofa en su Manifiesto, el punto de partida para entender su visión poética, de que él no escribe sonetos a la luna—como Neruda, con quien tuvo una férrea rivalidad intelectual e ideológica a tal punto de que la antipoesía de Parra es vista también como antinerudianismo—. Su poesía busca evocar sentimientos, desafiando la ortodoxia poética y el orden social. Parra continúa la tradición iconoclasta, lúdica y espontánea de Arthur Rimbaud. Parra lleva el juego y la estructura visual del poema a niveles sublimes. La forma de presentar los versos es en sí poesía. Cada punto, cada espacio, cada mayúscula y minúscula… todo es juego y poesía.

Claro que me hubiera encantado
Ver en primera fila
A la Santísima Trinidad de la Chilena Poesía
Madre
                           Hijo
                                                      & Espíritu Santo
A la Mistral
En tenida de monje franciscano
A Neruda
De corbata de rosa y de sombrero alón
A Huidobro
Disfrazado de Cid Campeador
A Magallanes a Pezoa Véliz
Al heroico Domingo Gómez Rojas
1896-1920
Está de centenario
A Enrique Lihn a Eduardo Anguita
Doctores todos x derecho propio
Por + que abro los ojos no los veo

-Un millón de Gracias (Parra, 1997)

 

Parra ha tenido una trayectoria brillante en la lengua castellana, aunque no ha tenido el mismo reconocimiento en otras lenguas. Traducir sus poemas debe representar un reto mayúsculo. Es posible, pero el poema degenera más de lo habitual. Aun así, Parra ganó el Premio Cervantes en 2011 y ha estado nominado al menos 4 veces al Nobel de Literatura—la primera en 1997, a iniciativa de NYU, y la última vez en 2012, a propuesta de Michelle Bachelet—. Es difícil que lo gane ante su avanzada edad. Al respecto, declaró en alguna ocasión: “Tengo más fe en el Kino que en el Nobel.”

Además de su naturaleza subversiva y su difícil traducción, quizá el problema principal de Parra para alcanzar los grandes públicos ha sido el carácter sombrío y el humor negro de sus poemas. Parra no escribe de musas ni paisajes celestiales. Parra escribe de tumbas y ataúdes (literarias y reales). Es capaz de reírse de la muerte de un amor no correspondido…

 

Juro que no recuerdo ni su nombre,
mas moriré llamándola María,
no por simple capricho de poeta:
por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
supe de su muerte inmerecida,
nueva que me causó tal desengaño
que derramé una lágrima al oírla. 

Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!,
y eso que soy persona de energía.

Si he de conceder crédito a lo dicho
por la gente que trajo la noticia
debo creer, sin vacilar un punto,
que murió con mi nombre en las pupilas,
hecho que me sorprende, porque nunca
fue para mí otra cosa que una amiga.

 

– Es Olvido (Parra, 1954)

 

…así como de escribirle un poema a Lázaro (el personaje bíblico), invitándolo a no resucitar y a aceptar jubiloso que tiene “toda la muerte por delante”:

 

a qué volver entonces al infierno del Dante
¿para que se repita la comedia?
qué divina comedia ni qué 8/4
voladores de luces – espejismos
cebo para cazar lauchas golosas
ese sí que sería disparate

eres feliz cadáver eres feliz
en tu sepulcro no te falta nada
ríete de los peces de colores

aló – aló me estás escuchando?

– El Anti-Lázaro (Parra, 1985)

 

Mario Campa no es Napoleón (es mucho más alto que él), pero reconoce a un Hombre cuando lo lee. Parra es para Campa un Hombre con una sensibilidad y sentido del humor híper-desarrollados: simbiosis harto fácil de malograr. El mismo Campa buscó hacerlo a finales del año 2016 inspirándose en la pulida técnica de plagio peñanietista y en franco desafío a la tradición poética trumpiana, logrando sin embargo con poco éxito comercial en el intento.

 

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Escribió Milan Kundera en La Fiesta de la Insignificancia (2014) lo siguiente: “En su reflexión sobre lo cómico, Hegel dice que el verdadero humor es impensable sin el infinito buen humor, escúchalo bien, eso es lo que dice literalmente: ‘infinito buen humor’; ‘unendliche Wohlemutheit!’. No la burla, no la sátira, no el sarcasmo. Solo desde lo alto del infinito buen humor puedes observar debajo de ti la eterna estupidez de los hombres, y reírte de ella.” Si quieren leer a un Hombre burlándose del hombre, lean el mejor poema de Nicanor Parra: el soliloquio del individuo. Disponible (gratuita y legalmente) en el portal de la U. de Chile.

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Nada

 

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Por: Ximena Mata – @XimenaMataZ

“Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo.”
Janne Taller

Hace poco, el más chico de mis hermanos me recomendó un libro. Se trataba de una obra filosófica que, me advirtió, tenía una forma extraña, a veces cruel, de exponer su teoría. Me dijo también que el libro había estado algún tiempo prohibido, pero que ahora que no lo está, valía mucho la pena leerlo. Aunque quizás somos los hermanos más grandes quienes deberíamos hacer recomendaciones de este tipo a los hermanos pequeños, acepté el reto y me dispuse a leer. El título de la obra es Nada.

Janne Teller, la autora, creó a Pierre Anthon, un adolescente de 14 años que un día descubrió que la vida no tiene sentido. Ese día decidió abandonar la escuela e instalarse en un ciruelo, desde donde vería la vida pasar. Sus compañeros de clase no entendían la actitud de Pierre Anthon cuando, de camino a la escuela, él les gritaba desde arriba del árbol que “todo empieza sólo para acabar” y que “en el mismo instante en que naces empiezas a morir”. Y que así pasa con todo.

Para los compañeros de clases, y honestamente para mí también, fue difícil debatir esa teoría. Es cierto que todo empieza para acabar y que tarde o temprano todos vamos a morir. Pero a pesar de eso la vida sí importa, y eso es lo que los compañeros se propusieron demostrar, y lo que yo a lo largo de la lectura me propuse entender. Su idea era simple: cada uno aportaría algo que tuviera un significado personal y lo donaría a la causa para demostrarle a Pierre Anthon que la vida sí importa. Donar algo con significado implicaba desprenderse de cosas –materiales o no– que a cada uno le dolería perder. Para ello, alguien más elegiría lo que otro habría de aportar, y conforme desfilaban los objetos, las ideas se volvían más dramáticas. Aquí es donde la creatividad de la autora no tiene límite, y no voy a arruinar la aventura de descubrir lo que al final formó parte de todo ese “montón de significado”.

Una vez que recolectaron todos los “objetos”, la hazaña causó revuelo entre los padres y los profesores de los jóvenes, así como en la prensa nacional e internacional, por la heterogeneidad del “significado”, que iba de lo simple y mundano, hasta lo abstracto y cruel. Junto, todo parecía un montón de basura, pero en realidad se trataba de lo que a cada uno de ellos más le dolió perder. Al único que no lograron impresionar fue a Pierre Anthon. Lograron que bajara del ciruelo, que viera el montón de significado, y que aún así pensara que “si es tan fácil morir es porque la muerte no tiene ningún sentido. Y si la muerte no tiene sentido, es porque la vida tampoco lo tiene”.

La historia no tiene un final feliz. Pero vale la pena seguir leyendo hasta la última parte de libro, en la que me quedó claro por qué mi hermano me lo recomendó, y por qué ahora yo lo recomiendo. Al final la autora explica la motivación de su relato: todos llevamos un Pierre Anthon dentro, tratando de decirnos que la vida no tiene significado. Y “Pierre Anthon podría tener lógicamente razón si observamos la vida a largo plazo. Pero la cuestión es que no vivimos en el largo plazo, vivimos en el corto, aquí y ahora.” Y aquí y ahora la vida tiene todo el significado, en las experiencias que vivimos, en las personas que amamos y en las lecciones que aprendemos. No hace falta juntar un “montón de significado” para demostrarle a alguien más que la vida importa. Hace falta vivirla intensamente pensando más en hoy y menos en mañana.

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Imagen: casadellibro.com

 

Pequeña Vuelta al Existencialismo Ateo de Sartre

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Por: Mario A. Campa – @mario_campa / @latampm

Recientemente hice escala en el pantanoso mundo del existencialismo, corriente filosófica y literaria que agrupa a una generación de intelectuales que repensaron, en los siglos XIX y XX conceptos como la libertad, la moral, las emociones y el significado de la vida. debido a la heterogeneidad de sus escuelas y principales exponentes, No existe unanimidad sobre quiénes fundaron el movimiento existencialista. Tuvieron vida al menos tres grandes corrientes: el existencialismo cristiano (fielmente encabezado por el danés Søren Kierkegaard), el existencialismo ateo (gallardamente liderado por el francés Jean-Paul Sartre) y el existencialismo agnóstico (tibiamente representado por el alemán Martin Heidegger). La ausencia de consenso taxonómico dio cabida a que otros Notables como Friedrich Nietzsche, Albert Camus y Fiódor Dostoyevsky fueran relacionados—y con razón—al existencialismo.

Sartre (1905-1980) fue quizá el más elocuente promotor del existencialismo genérico. (Como pequeño-gran paréntesis, Sartre era todo un personaje. Entre sus anécdotas destacan tres: (1) haber rechazado un premio Nobel de literatura en 1964; (2) haber sufrido una depresión y alucinaciones por seis meses producto del consumo de mezcalina con el fin de investigar la percepción; y (3) haber sido pareja sentimental de la feminista y existencialista Simone de Beauvoir.) En El Existencialismo en un Humanismo, el filósofo y escritor francés mundaniza algunos de sus conceptos filosóficos para beneficio de una audiencia no sofisticada, dando pauta a que su auto-nombrado existencialismo ateo se emancipara de la burbuja del mundo filosófico abstracto—con los problemas que ello implica y que el mismo Sartre lamenta al final de la conferencia que da origen al libro—; y posibilitando que hoy podamos platicarlo en el mundo terrenal.

Sartre agrupó en su ponencia a los existencialistas del siguiente modo: “Lo que tienen en común es simplemente que consideran que la existencia precede a la esencia, o si se prefiere, que hay que partir de la subjetividad.” Lo anterior marcó una ruptura con la idea de que la esencia precede a la existencia, lo que comúnmente lleva a que se hable de una naturaleza humana (p.ej., “hijos de Dios”), misma que para los existencialistas simplemente no existe al no haber algo que a priori nos defina como especie. Decía Sartre: “El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada… el hombre no es otra cosa que lo que él se hace…. es responsable de lo que es.” Este es el primer principio del existencialismo.

El segundo principio es más angustiante. Al tener la posibilidad de elegirse a sí mismo constantemente, el hombre elige también por todos los hombres, pues al crear al individuo que queremos ser, al mismo tiempo creamos una imagen del hombre como consideramos debe ser. Para el existencialista, el hombre está condenado a ser libre. No hay determinismo ni referencia a una naturaleza humana: “el hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está condenado a cada instante a inventar al hombre… está uno desamparado,” argumentó Sartre. Así pues, elegir ser algo afirma al mismo tiempo el valor de lo elegido. Un ejemplo: si elegimos casarnos y tener hijos, encaminamos a la humanidad entera en la vía de la monogamia. Se desprende como corolario que no elegir es también una elección. Otro ejemplo: si elegimos no votar en una jornada electoral, elegimos que quienes sí lo hicieron decidan al ganador, afirmando ellos así sus propios valores representados por una figura política.

Pensemos un segundo en las implicaciones del existencialismo ateo. Por un lado, la responsabilidad de cada hombre es abrumadora, pues el colectivo construye sistemas de valores. Un ejemplo más: Si decidimos mentir en nuestras relaciones sociales, elegimos una humanidad donde la mentira es tolerable: la afirmamos. Corolario: si elegimos no denunciar la mentira, elegimos que ésta se siga perpetuando por generaciones—más palpable en una relación padre-hijo. El precepto aplica para cada micro-decisión cotidiana, tomando fuerza concepto de compromiso social. Una angustia permanente acompaña al hombre consciente, pues sabe que el porvenir está en manos del hombre, y de nadie más. Esta angustia permanente lleva a que los existencialistas sean tachados de sombríos y pesimistas. Se lamentaba Sartre de que “el reproche esencial que se nos hace, como se sabe, es que ponemos el acento en el lado malo de la vida humana.” La realidad es otra. Sabiendo el existencialista del potencial humano de crear nuevos sistemas de valores, denuncia y ataca los actuales buscando que no se normalicen y que los patrones sociales vigentes no se hereden y que otros se afirmen. ¿Cuáles? Los que construimos colectivamente con un compromiso social.

Uno generalmente acude a los existencialistas buscando respuestas. Y lo que uno obtiene son más preguntas y dudas. Y es precisamente lo que busca el existencialismo: desdibujar lo que entendemos por “naturaleza humana” y construir nuevas realidades individuales y colectivas. Hay un pasaje de la conferencia de Sartre que es particularmente cautivador y demuestra las limitantes de la ética y de aquella célebre universalidad que predicó Kant. Cuenta Sartre la anécdota de una estudiante que acudió a su cubículo buscando que lo aconsejara sobre un dilema personal. El padre y la madre del joven se habían peleado y su hermano mayor había muerto en una ofensiva nazi (1940). El estudiante quería vengar la muerte el hermano y tenía la elección de partir a Inglaterra e integrarse a las Fuerzas francesas libres. Pero la madre, afligida por la pelea con el marido y la muerte del hijo mayor, tenía en el hijo menor su único consuelo: vivía sólo para él. El estudiante sabía que cada acto suyo llevado a cabo con respecto a su madre la ayudaba a vivir y que cada acto con respecto a la partida era ambiguo, pues podía servir para nada y ser ésta interrumpida incluso en el camino.

Así pues el estudiante estaba en medio de un dilema de dos morales enfrentadas: una personal y de simpatía y otra más amplia, pero menos confiable. Preguntó entonces Sartre en la conferencia, ¿qué moral puede resolver este dilema? ¿La cristiana y ‘ama a tu prójimo’ y ‘sacrifícate’? (¿Quién es el prójimo, la madre o los soldados?) ¿La utilitaria y ‘elige el mayor de los bienes’? (¿Cómo calcular qué utilidad es mayor, siendo el pago tan ambiguo?) ¿La kantiana y ‘trata a los demás como fines y no medios’? (¿No trataría el estudiante al resto de las tropas como medios si se sacrifica por la madre, y viceversa?) En fin, Sartre concluyó que no hay ninguna moral que pudiera aconsejarle al joven cómo actuar; todo dependía del sujeto y su propia realidad.

¿De qué sirve entonces el existencialismo si no puede guiarnos en cuanto a qué moral o principios deben regir nuestra conducta? Sirve de mucho: nos recuerda que nadie tiene la solvencia moral para imponernos un sistema de creencias o valores y que cada uno elige (activa y pasivamente) cómo definir la propia existencia y, por extensión, la de toda la humanidad—algo que valdría la pena recordar constantemente y no sólo en épocas electorales, como se nos presenta ahora el dilema dialéctico Trump-Clinton. ¿Hacemos lo suficiente para impedir el ascenso de valores antitéticos a los nuestros pensando paralelamente en el porvenir humano? Más preguntas que respuestas.

4_MarioCampa