La Vida Te Da Sorpesas

VGO - entrega mayo 2016

Por: Victoria Olaguivel – @VickyGO

“Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar,

con el tumbao’ que tienen los guapos al caminar,

las manos siempre en los bolsillos de su gabán,

pa’ que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal…”

 

Cantante, compositor, músico y actor son tan solo algunos de los roles en los que ha incursionado con éxito el artista panameño Rubén Blades. Su carrera colecciona 14 Premios Grammy, más de 25 producciones discográficas, actuaciones en 35 películas, tres series de televisión y tres nominaciones a los Premios Emmy. Si han visto “Fear The Walking Dead”, la serie de terror estrenada a finales de 2015, seguramente habrán notado a Blades dando vida a Daniel Salazar, inmigrante salvadoreño ejerciendo de barbero. Lo que pocos saben es que desde 1992, el “poeta de la salsa” (como se le conoce comúnmente) también ha incursionado en la política e incluso participado en las elecciones presidenciales de su país, una faceta que con grata sorpresa descubrí cuando el señor Blades participó como invitado especial del Centro de Estudios del Gran Caribe de la Universidad de Columbia.

Durante poco más de dos horas y al son de un perfecto spanglish, Blades compartió anécdotas y aventuras de su larga trayectoria artística, sus inicios en Nueva York, su historia familiar, los retos educacionales que ha sobrellevado durante su vida, su interés por la política y su paso como Administrador General y Ministro de Turismo de la República de Panamá. Cualquiera que posea un conocimiento básico de la salsa, como es el mío, sabe que Rubén Blades es el creativo detrás de hitos como “Pedro Navajas” y “Padre Antonio”. Sin embargo, el sentimiento y el motor para componer las exquisitas letras de cada una de sus piezas parten de un ser humano preocupado por exponer la situación política, económica y social de América Latina a través del lenguaje mas universal: la música. Compartiré un par de tales anécdotas, aquellas que a mi parecer reflejan el lado mas natural del icono latinoamericano de la salsa.

“La vida te da sorpresas,

sorpresas te da la vida, ay Dios,

Pedro Navajas matón de esquina,

quien a hierro mata, a hierro termina…”

Hijo de colombiano y cubana, Blades emigró a territorio estadounidense en 1969 como resultado del golpe militar en Panamá que cerró temporalmente la Universidad donde se encontraba estudiando en la Facultad de Derecho. Dada la situación política en Panamá, e impulsado por su madre y su inclinación por la música, Blades viajó hacia Nueva York para encontrarse con Miguelito Valdés, un viejo conocido de su madre quien lo conectó con la escena musical en la ciudad.

Ya en Nueva York, Blades relata como su sueño era ver tocar en vivo a los artistas de ascendencia puertorriqueña, Cheo Feliciano y Joe Cuba, un sueño que se materializaría una noche en el legendario club Havana San Juan. Como buen fanático, un joven e ingenuo Blades se presentó al lugar a las 8:30 pm, literal a barrer, pero para su sorpresa coincidió con Jimmy Sabater, músico integrante del sexteto de Joe Cuba. Esa noche Feliciano no se presentaría por atender otros compromisos. Aún así, tímido y a la vez aventurado, Blades se acercó a Sabater compartiendo su sueño y sus aspiraciones musicales de algún día colaborar con el sexteto. Lo que Blades nunca imaginó es que cerca de las 4:00 am pisaría el escenario en el último set y cantaría “Guaracha y Bembe” junto a uno de sus máximos ídolos, todo gracias a la intervención y la buena voluntad de Sabater. El resto es historia.

“Una dictadura es una dictadura no importa el lugar. Uno no debe rendir su vida a cambio de ayuda social que debiera venir sin compromiso”. Uno de los momentos clave de la sesión fue cuando Blades comentó cómo ha experimentado fricciones tanto con la izquierda, derecha y demás posturas políticas, pues su posicionamiento frente a las dictaduras que han acontecido en América Latina (y que hoy en día continúan directa o indirectamente) es muy claro. Influenciado por un grupo brasileño (Jongo Trio), Blades describe cómo comenzó a hacer música con contenido social, escribiendo sobre aquellas cosas que nadie quería escribir, dejando claro que no compondría música desde el punto de vista ideológico, sino relatando circunstancias y acontecimientos, sus propias vivencias frente a los movimientos políticos y sociales de la década de los setenta. Fue así como Blades compuso una de sus piezas mas controversiales: “El Padre Antonio y el Monaguillo Andrés”.

“El Padre condena la violencia. Sabe por experiencia que no es 
la solución. Les habla de amor y de justicia, de Dios va la noticia vibrando en su sermón; pero suenan las campanas, un, dos, tres, 
del Padre Antonio y su monaguillo Andrés. Al Padre lo halló la guerra un Domingo de misa, dando la Comunión 
en manga de camisa. En medio de un Padre Nuestro entró el Matador 
y sin confesar su culpa le disparó”. Era 1983, gimnasio Peñarol, Montevideo. Fue este uno de los primeros escenario en los que Blades y su conjunto musical tocaron “Padre Antonio”, una canción que relata la situación política de El Salvador, la dictadura y la persecución religiosa. Una tarde fría no detuvo a tres mil personas de asistir al concierto, aun cuando el toque de queda exigía regresar a casa antes del atardecer. Blades relata una experiencia que nunca había vivido en toda su carrera artística. Tras tocar el último compás de “Padre Antonio”, ni un alma se inmutó, el silencio era absoluto, ni un tímido aplauso perdido entre la multitud resonó. Blades incluso bromea que ni aun en un mal concierto habían enfrentado tal terror como el de ese silencio uruguayo. Como los profesionales que son, el conjunto rápidamente inició la siguiente canción, dejando atrás el incomodo momento.

Blades nunca entendió que pasó sino hasta 15 años después filmando una película en Buenos Aires con Robert Duvall. Ahí mismo se encontraba un grupo de músicos como parte del conjunto de Jaime Ross, un talentoso artista uruguayo. Uno de los integrantes del conjunto comentó a Blades sobre aquel concierto en Peñarol e inmediatamente éste le cuestiono el por qué del silencio tras tocar “Padre Antonio” – ¿Acaso no aplaudieron porque tenían miedo a la dictadura militar y el problema que ello pudo haberles traído? El músico responde con una rotunda negativa – “No aplaudimos por respeto.”

Aquel fue uno de los momentos mas significativos en la carrera de Blades, una lección que jamás olvidaría, un momento en que la música, su música tocaría las fibras mas profundas de cada uno de los tres mil asistentes dado el contexto político del país, de El Salvador y de toda América Latina. Esa fría tarde, el silencio, como queja y respuesta a la dictadura, trascendió con mayor impacto que tres mil aplausos.

“No dejé de ejercer mi carrera en las leyes por la música. No iba a ser un abogado en una dictadura”. A pesar de ir despuntando en su carrera musical, Blades nunca dejó de estudiar ni de estar involucrado en la política panameña, aunque lo llevó a cabo pausadamente, por su propia carrera musical y la situación política de su natal Panamá. Blades es orgullosamente el primer miembro de su familia en graduarse de la preparatoria y de la Universidad, egresando de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá (1974) y de la Universidad de Harvard (1985). Asimismo, en 1992 fundó el partido Papa Egoró, en la República de Panamá y en 1994 se postuló como presidente de la República obteniendo el tercer lugar entre siete candidatos presidenciales.

La música nunca ha sido ajena al acontecer político e histórico de cada país y “el poeta de la salsa” es un claro ejemplo. Dando voz y son a los lamentos y quejidos de un país es un medio que rebasa fronteras y lenguajes, que une pueblos y que trasciende en el tiempo. Ya sea en medio de una dictadura, o en plena transformación digital, siempre tendremos a la música como nuestro alivio y recurso. Las composiciones de Blades son una invitación a reexaminar la historia política de América Latina a través de la salsa, como muchos otros artistas han expuesto por medio de distintos estilos y géneros musicales.

Hacia el final de la sesión, Blades dejó claro que a pesar de retirarse pronto de las giras en formato de música salsa, no abandonará ni sus proyectos musicales ni su trayectoria política, encarando en su propia vida la estrecha relación entre la música y el activismo político.

“La vida te da sorpresas,

sorpresas te da la vida, ay Dios,

ocho millones de historias tiene la ciudad de Nueva York”.

***La sesión con Rubén Blades la pueden disfrutar en el siguiente link de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=qMrSh4ViUxA&feature=youtu.be

19_VictoriaOlaguivel

Referencias:

Fuente imagen: Billboard, foto de Vincent Soyez

Link imagen: http://www.billboard.com/articles/columns/latin-notas/6457846/latin-songwriters-hall-fame-nominees-2015

 

Vendedores y Compradores de Ideas

Vendedores y Compradores de Ideas

Por: Miguel Villareal – @mikeyvillarreal

Hasta hace muy poco en mi cabeza operaba un punto de vista un tanto malinchista y condescendiente con respecto a los latinoamericanos, el cual explicaré en este espacio. Después pasaré a clarificar cómo este punto de vista acaba de cambiar.

Llevamos décadas viendo caudillos llenos de ira y labia ascender a las altas esferas del poder en una gran cantidad de estados en la región que, para simplificar mi argumentación, llamaremos LATAM. Los Hugos, Evos, Rafaeles, y hasta los Kirschners y Da Silvas, llegaron como torbellinos y se apoderaron del imaginario colectivo de sus poblaciones respectivas. Intercambiaron adjetivos por votos y/o golpes de estado, crearon narrativas tan intensas y reiteradas que se volvieron credos de facto inscritos en el DNA de sus gobernados. El kit, para nada novedoso, del maestro de la demagogia populista—que consiste en esparcir miedo entre la población ante un peligro exagerado, culpar a un enemigo externo de ocasionar este peligro, y erguirse como el único individuo capaz de lidiar con tal horror—fue desempolvado de los armarios que construyeron los derechistas cuando les tocó gobernar, y fue utilizado como píldora mágica para perpetuarse en el poder. Los grados y las metodologías específicas de este abuso variaron por país, pero conceptualmente todos estos casos siguieron la misma línea.

Estas “décadas de decadencia” latinoamericanas nos llevaron a mí, y a muchos en el mundo, a subirnos a un pedestal de cantera forjada al calor de la soberbia, y a concluir que la gran masa latinoamericana de individuos con carencias educativas estaba compuesta por una serie de infra-humanos que no poseían las aptitudes suficientes para ver a través de este tipo de argumentaciones demagógicas; y que básicamente un país pobre se había ganado a pulso contar con gobernantes de este estilo. Veía yo, ligeramente aliviado, que al menos en México no nos habíamos topado con ese trancazo en estos últimos veinte años. Que si bien los presidentes que han desfilado por Los Pinos han tenido serios asegunes, al menos mantenemos alguna semblanza democrática, institucional, y medianamente moderna. Mi conclusión al final era que un país, al pasar de cierto umbral en PIB per cápita, y al contar con índices educativos elementalmente aceptables, estaba vacunado contra la influenza del populismo.

Hoy me como mis palabras, mi actitud y mi soberbia. En el país más rico del mundo, mismo que cuenta con uno de los índices educativos más destacados a nivel internacional, hoy acapara los reflectores y las intenciones de voto un pedazo de humano con peluquín que, al menos en su discurso y en como ha llevado su campaña, parece estar siguiendo al centavo el playbook de los más destacados caudillos del cono sur. Donald Trump pinta a un Estados Unidos en decadencia, culpa a la presencia de latinoamericanos indocumentados en el país de ocasionar estos males, y se erige como el mero mero paladín que llegará para enderezar el barco. Todo esto lo hace mientras una multitud de americanos egresados de la universidad, con coche y casa propia, le aplauden eufóricos, con las pupilas dilatadas.

Mi realización es un tanto deprimente, pues ahora toca extrapolar esta serie de vulnerabilidades que yo asociaba con pobreza y falta de educación, hacia la raza humana entera. Si Trump gana, concluyo que ni el hombre renacentista más virtuoso con siete posgrados se escapa de caer en las garras seductoras de un vendedor nato como el candidato Republicano. Pero a la vez lleno mis pulmones de aliento, pues ese masa de “latinoamericanos ignorantes” parece finalmente estar viendo la luz, con los cambios de régimen que se están viendo y los que—acuérdense de mí—seguirán llegando este 2016.

Son ciclos, pues. Concluyo con asombro que al final no es un tema de PIBs per cápita o de niveles educativos; es más bien un tema de la aparición de un vendedor suficientemente convincente, y de una población ansiosa por cambiar de proveedor.

20_MiguelVillarreal-21

Escándalos de Corrupción en Latinoamérica: Claroscuros

Imagen Corrupcion NYTimes

Por: Mario Campa – @mario_campa / @latampm
Imagen: NYTimes

Arranca 2016 y Latinoamérica enfrenta grandes retos. Uno de ellos, para variar, la corrupción. El año 2015 estuvo repleto de escándalos mediáticos. Cuando no era México, era Brasil; cuando no era Chile, era Brasil (de nuevo). El diario La Nación de Argentina compila en su sugerente sección “Casos de Corrupción” un mosaico de los eventos regionales más sonados: Penta y Caval (Chile), Petrobras-Odebrecht-BTG (Brasil), Petrotiger (Colombia), Bautista (República Dominicana), Casa Blanca y OHL (México), Martinelli (Panamá), La Línea (Guatemala), Fútbol para Todos (Argentina)—éste último ligado al Caso FIFA, que también salpicó a Latinoamérica vía los organismos regionales CONCACAF-CONMEBOL. A tal grado se han vuelto los escándalos mediáticos pan nuestro de cada día, que la noticia es que no haya noticia de nuevos casos. (Dejé dicho a los editores de esta nota que agregaran nuevos elementos a la lista conforme fueran surgiendo.)

¿Hay motivos para preocuparnos? Por supuesto. En medio de un escenario global de bajo crecimiento, los escándalos de corrupción deterioran las condiciones económicas al generar incertidumbre y aversión al riesgo, frenando la inversión—un “lujo” que países en recesión (e.g., Brasil) no pueden darse. En el largo plazo, generan problemas de gobernabilidad, deslegitimación institucional y desigualdad económica. La moral y el civismo del ciudadano promedio quedan alicaídos cuando hay impunidad flagrante. Quizá en esto último pensaba Mario Vargas Llosa cuando declaró ante la prensa que “la corrupción es la mayor amenaza a la democracia en América Latina” (Diario La Nación, 05 de octubre de 2015).

Pero también hay motivos de esperanza. En primera instancia, ya vemos reacción política en algunos países: la caída del presidente de Guatemala, Otto Díaz, y el juicio político a Dilma Rousseff, en Brasil, se deben más al destape de corruptelas que al bache económico—aunque claro, el umbral de tolerancia del votante con las cúpulas de poder se deteriora cuando la economía anda mal, como lo anda ahora. El caso brasileño es particularmente clave para la región, pues los arrestos de políticos y empresarios corruptos mandan un mensaje claro al resto de las economías regionales: los “intocables” no lo son tanto cuando hay voluntad política y solidez institucional para combatirlos.

Además de las repercusiones políticas, los mercados de capitales han penalizado fuertemente los escándalos ligados a empresas listadas en bolsa. OHL México fue castigada en la Bolsa Mexicana de Valores un 20% en los 10 días posteriores a los escándalos de corrupción en licitaciones públicas (ver Gráfica 1). BTG Pactual cayó un 52% en la bolsa brasileña en los 10 días que siguieron al arresto de André Esteves, director y fundador del banco. Que las empresas hayan sido penalizadas refleja que los participantes del mercado anticipan menores ingresos futuros y/o multas a raíz de los escándalos. ¿Ustedes otorgarían concesiones a OHL sabiendo que cobra un sobreprecio valiéndose de toda clase de mañas? (a menos que reciban pagos de OHL, la respuesta es “no”, pues el costo de la obra se eleva).

Caída en la bolsa de OHL y BTG Pactual

Si bien las reacciones ante un escándalo de corrupción causan volatilidad e incertidumbre en el corto plazo, el peor escenario es la impunidad, pues (1) la continuación de malas prácticas distorsionan el sistema de precios de la economía, desincentivando la productividad y el espíritu innovador, causando además inflación y despilfarro de recursos públicos; y (2) su impunidad refleja languidez institucional y vulnerabilidad del Estado de Derecho. Si la impunidad es combatida y el mensaje es contundente, en el largo plazo los costos de jugar chueco se elevan. La economía se beneficiaría entonces de políticos y empresarios más concentrados en crear mejor política pública y mejores productos y servicios, que en beneficiarse a costa del ciudadano promedio.

¿Qué pueden hacer las múltiples partes del engranaje social para ayudar a que los casos de corrupción flagrante sean penalizados? Un primer paso es que la sociedad civil presione para que los organismos descentralizados sirvan de contrapeso a los abusos de poder. Su labor investigativa se puede blindar garantizando la autonomía jurídica y presupuestal. Asimismo, los medios de comunicación son cruciales para que otros casos salgan a la luz. Los mercados de capitales no pueden penalizar a las empresas corruptas si no hay información contundente que respalde las decisiones de inversión. Hay que tener en cuenta que aquellos casos donde las empresas no cotizan públicamente o que involucran a servidores públicos requieren de una intervención más oportuna de las contralorías y fiscalías. Una vez destapados los escándalos, el consumidor también puede castigar a las empresas corruptas evitando la compra de bienes y servicios ligados a éstas. Este punto incumbe también a los gobiernos (locales y federales), que deben severamente penalizar a aquellos contratistas con historiales turbios.

Todo impulso anti-corrupción queda incompleto si el poder judicial y la voluntad política se convierten “desde arriba” en obstáculos en el combate a la corrupción y no en complemento a los esfuerzos ciudadanos “desde abajo”. La conversión de la corrupción a la categoría de fenómeno socialmente inaceptable nos compete a todos, aunque en el corto plazo los costos sean altos. Que las cloacas se destapen de vez en cuando causa malestar, sí. Latinoamérica lo vivió en 2015. Pero ya abiertas las cloacas, el peor escenario social es no cerrarlas. Caso contrario, la inmundicia se propaga por las calles. Y terminamos todos por acostumbrarnos a ella. He ahí el gran reto regional para este 2016: seguir avanzando en el combate a la corrupción. Cueste lo que cueste, caiga quien caiga.

¿Qué tal durmió Guillermo Padrés?

4_MarioCampa