Los días de hoy

La apatía es uno de los síntomas que aparecen mucho antes que la depresión en los adolescentes, el cambio de actitud y la falta de motivación no hacen sino alertar de la presencia de un problema que no podemos o no queremos ver pero, ¿podemos imaginarnos un día en la vida de un adolescente que sufre por algo, pero que no nos dice a la cara lo que sucede?

Por: Ingrid Canul – http://facebook.com/icanulleon

 Los días de hoy.

Comienza el día, la luz se cuela por la ventana instando a levantarse, a iniciar la faena diaria. Hay que desayunar a toda prisa, con la trasnochada frente a la tableta no quedan ganas de hablar con nadie y apenas se puede mantener abiertos los ojos, el sol aún no ha aparecido en lo alto, pero entre el ajetreo de la mañana, la leche con panqués, recoger los útiles y salir a toda prisa con rumbo a la escuela, apenas se puede notar que aún no ha terminado de amanecer.

El sol llena de olas tímidas el cielo, amarillas y naranjas que avanzan lentamente, como todos los días desde hace millones de años y aún desde hace cientos de años cuando el primer hombre se maravilló de su arte en acuarela y veneró el sol que da calor. Pero hay que leer los mensajes enviados en la noche, porque mamá no me permite tener cerca el celular y me prohíbe dejarlo encendido, hay que revisar los “me gusta” y las solicitudes nuevas de amistad, hay que ver el efecto que tuvo esa foto con mis nuevos zapatos carísimos que romperé mañana o pasado mañana. El sol sólo es una luz molesta, que no me permite ver bien la pantalla al mediodía…pero por ahora, sólo aparece rápidamente en el cielo.

Ya es media mañana y el profesor no deja de hablar. En cuanto se da la vuelta, hay que ver los mensajes que llegan de los demás compañeros, se ríen en voz baja haciendo bromas, una mirada airada de esa persona especial. El sol está cada vez más alto y seguramente afuera hace calor, la primavera está llegando y los árboles despiertan de su letargo, hay una ardilla en una rama.

A la hora del descanso, todos juegan a algo o platican con alguien o hacen cualquier otra actividad. Algunos juegos no son del todo seguros, pero los prefectos se hacen de la vista gorda porque les da igual; fingiendo interesarse en algo cuando lo que hay que hacer es dejar que los minutos se sucedan unos a otros hasta la hora de la salida. Regreso al aula y es la misma rutina.

¿Cómo te ha ido en la escuela? Bien. Las mismas preguntas y las mismas respuestas, los profesores hablaron y los oídos simularon haber escuchado algo. Hora del almuerzo, el silencio es siempre habitual al principio, sólo es interrumpido por los tenedores y el habitual “acércame la salsa”; pero poco a poco se dan cuenta de lo incómodo y empiezan a hacer preguntas; ellos fingen interesarse enserio y hay que fingir que se les contesta enserio. Cuando realmente quieres hablar, eres invariablemente ignorado, cuando ellos quieren hablar, desde el fondo del alma surge el yo egoísta que no quiere escuchar, pero la he oído llorar muchas veces a escondidas, sola. Terminar el almuerzo, levantarse, lavar tus platos sucios “voy a mi habitación”.

Echarse en la cama, ver televisión, jugar videojuegos. “Mamá ¿Has visto mis tenis?”, “los puse entre tus cosas”, salir al parque a jugar un rato. Regresar justo a la hora de la cena. “¿Ya hiciste tu tarea?” seguido de un largo sermón acerca de cómo los jóvenes desperdiciamos nuestra vida. Afuera, el sol se ha ocultado de nuevo, desaparecía mientras jugaba la cascarita con los demás, ajenos a nuestras vidas dentro de casa. Sólo hay que asentir y escuchar, la tormenta pasará. “¡Vete a tu cuarto!” ¿Y a dónde más? Si pudiera, ya no estaría aquí.

El sol ha sido reemplazado por la luna, la apatía se ha vuelto rutina, ya casi es hora, ya casi comienza. Esperar en la cama, con la remota ilusión de que hoy podría ser diferente, sabiendo que no lo será y aun así aguardar el día en que ya no tenga que escucharlos. Siempre comienza de la misma forma, murmullos bajos, seguidos de una sola exclamación alta y después comienza la función: gritos, reclamaciones, objetos arrojados. Se esmeran en parecer lo que no son durante el día y aguantan todo el rencor hasta la noche cuando “nadie los oye”, pero olvidan que de su recámara sólo me separa el baño y he escuchado esta melodía todas las noches, durante al menos dos años.

Todo el día se resume a esto, a la noche y los demonios que persiguen y no te dejan dormir con sus alaridos, monstruos todos, ajeno yo. Y no es que no hayan existido risas o ilusiones, porque las hubo, pero superficiales, que apenas llegan a rozarme y me hacen experimentar apenas felicidad. Tengo 15, sé cómo terminará esto y no puedo dejar de pensar que ojalá termine pronto porque es intolerable y los odio y paso el día en ocio total para llegar a la noche y soportar la tensión. Son las 12:30am, ha empezado puntual, es hora de Clash Royale hasta que mis ojos no sean capaces de mantenerse abiertos.

28_ingridcanul

El Futuro “Feliz”

Progreso

Por: Ingrid Abigail Canul

Mi vida está destinada al fracaso. Lo entiendo tan claramente ahora y ni siquiera eso me produce algún tipo de placer o dolor, la certeza se ha fijado en mi mente desde hace meses y no puedo quitármela, es como un cáncer molesto que remite y resurge de nuevo cada vez con más fuerza, una gripe, una maldita enfermedad que tiene que hacerse evidente de alguna forma.

Mi existencia se mece en el viento dejándome llevar, me decepciono continuamente por caer una y otra vez a la presión de lo que debería querer para mí, a lo que los demás dictan, a seguir la misma moda y los mismos patrones de comportamiento, a ser un hipócrita y odiarme cada vez que copio sus movimientos sólo por pertenecer a un lugar.

Pertenecer a alguna parte, cuando sé desde lo más profundo que soy un ser apartado.

¿Cuándo nos convertimos en lo que somos? Leo y leo libros de historia y busco el momento exacto en que las cosas cambiaron, en que se selló mi ruina y la de las personas que son como yo…si es que existen. Veo cómo hace más de doscientos años había manifestaciones una y otra vez, reclamando derechos de igualdad, tolerancia, feminismo y no encuentro cómo es que llegamos a estar en el lado opuesto sin conseguir nunca quedarnos en medio. Estamos tan perdidos como lo estuvimos entonces, pero preferimos ignorar lo que ya sabemos, preferimos pensar y mentirnos diciéndonos que no somos tan incivilizados como ellos, que somos diferentes, más avanzados, más evolucionados…mejores. Pero no lo somos.

Nuestra tecnología pudo haber mejorado nuestra calidad de vida, pero sólo nos ha vuelto más ciegos; nos sentimos más seguros en nuestros autos voladores, en nuestros viajes al espacio, miramos más allá del polvo del big bang sólo para distraer nuestros ojos de ver lo que hemos hecho con nuestro propio mundo, lo que hicimos a nuestros hermanos, lo que le hemos hecho a nuestros niños. Solucionamos el problema de la infertilidad con hombres creados in vitro, prefabricamos niños con las características que deseamos pero en este punto del tiempo ¿qué es lo que somos?

Vivimos una existencia “feliz” donde los trabajos son exactamente lo que queremos, nuestras diversiones son perfectas, nuestras relaciones son superficiales, donde nos burlamos de la monogamia y sentimos asco del embarazo natural, donde pueden evaluar enseguida si no encajas, donde eres tan desechable porque todos tus átomos pueden reutilizarse al antojo de ¿quién? Controlados por nuestros propios impulsos, nuestro deseo de placer es satisfecho instantáneamente y no es posible desear más…pero yo no quiero más, quiero menos, quiero mucho menos…

Quiero formar una familia y enamorarme de una sola persona, quiero no tener sexo con otros hombres y otras mujeres, quiero elegir a qué quiero dedicarme y que mi ropa no sea igual a la de ellos, quiero que haya un poco de caos porque esta perfección es artificial y amañada, es imposible, esto no es lo que soñaron nuestros antepasados, esto no está bien.

Pero dentro de esta perfección tiene que haber una trampa y es que ser diferente es inaceptable, cientos de años atrás la gente exigía sus derechos pero cuando por fin los ganó, no dejó que nadie pensara diferente. Lo anterior era anticuado y malo, tener una sola pareja se convirtió en algo irrisorio. ¿Quién querría vivir bajo las reglas de unas personas mojigatas que no sabían nada? ¿Quiénes querrían trabajar cómodamente en un solo lugar? ¿Quién preferiría no hacer un solo viaje en su vida? ¿Por qué tener sexo sólo con hombres o mujeres si puedes tener ambos? ¿Para qué esforzarse en el amor? Es mucho más sencillo ser libre para siempre…libre para siempre, pero no les permitieron ser libres, los cazaron, los “trataron” y los regresaron a la sociedad completamente reformados, ya sea por coacción, miedo o lo que fuera, pero regresaron y ya nadie los reconocía, no eran ellos mismos.

Mi bisabuelo dejó unos escritos ocultos en un doble fondo de un cajón, los encontré por casualidad, fue él quien escribió lo que había sucedido, escribió que mi bisabuela estaba decididamente en contra, decía que eso no era libertad, que las personas debían ser libres de elegir, porque no se podían olvidar los pasos que se dieron en la historia, él escribió que ella desapareció dos días y nadie lo ayudó a encontrarla, que volvió por sí sola y era otra persona, alguien en quien ya no confiaba, alguien que adoptó la nueva ideología con fe fanática, alguien a quien ya no amaba, alguien que lo entregó. La última línea (“sabía que vendrían, sabía que mis días estaban contados, no me arrepiento de nada excepto de no haber sabido protegerla, ahora es una extraña que los dejará entrar pronto y yo no puedo amar esa persona en la que se ha convertido”), es sólo un pequeño atisbo de lo que sucedió, no puedo saberlo, pero no escribió nada más y la libreta estaba más o menos intacta en aquel cajón.

Nos han vendido la libertad como si se tratase de un objeto que causa placer, no nos damos cuenta de lo poco libres que somos, que nos vigilan a cada paso, que controlan nuestras decisiones y nos hacen creer que fueron nuestras, que estamos tan limitados para decidir que terminamos eligiendo lo que es más fácil, así nos han educado.

Y yo, simplemente me pregunto ¿En qué momento lo permitimos? ¿Desde cuándo ser libre significa dejar de hacer lo que considero correcto? ¿Por qué nos volvimos tan intolerantes que no aceptamos que nuestras diferencias nos enriquecen? Nos dicen que vivimos en un mundo perfecto, pero no veo el verdadero bien que ha causado nuestro tan aclamado progreso y estoy tan terriblemente solo y quiero tan desesperadamente que me acepten, que me reuniré con ellos y fingiré que soy feliz haciendo lo que ellos hacen. Así nos tiene condicionados.

Por eso escribo esta nueva libreta y la guardo en mi propio cajón con doble fondo, inspirado en la obra de mi bisabuelo, porque sé que yo no podré, pero quizás alguien, en otros doscientos años, se dé cuenta de lo mal que vivimos ahora…y quizás comiencen las manifestaciones de nuevo y quizás en esa ocasión aprendamos de nuestros errores, porque los mundos perfectos simplemente no existen.

 

Cuento inspirado en un contexto similar a la sociedad que imaginó Aldous Huxley en “Un mundo feliz”, en la que un miembro de esa sociedad no se siente feliz de cómo son las cosas a pesar de que la misma sociedad le ofrece todo lo que muchos dirían, es todo cuanto puede desear.

28_ingridcanul

Historia de una Violación Olvidada. (II)

Esta es la segunda parte de la historia. Para la primera parte dar click aquí.

La que parecía ser una estudiante modelo, una novia amorosa, una hija dedicada, se ve obligada a enfrentar sus pensamientos más oscuros mientras trata de lidiar con el recuerdo reprimido de la violación de su padre, la preocupación por su sobrina y el brote psicótico que la orilló a ser internada en una institución mental por tiempo indefinido.

Parte 1 Silvia-Grav-Art4
Imagen: Silvia Grav

Por: Ingrid Canul

Los psiquiatras me han recomendado ampliamente que si escucho alguna voz que no pertenezca a alguien en la misma habitación o cuando esté sola, repita en voz alta lo que escucho. Sé que su intención no es terapéutica, es para que las cámaras lo graben todo y guarden un registro… Todavía me río un poco al recordar cuando me lo dijeron y es que suena a una idiotez que alguien siguiera ese “tratamiento” si lo que quieres es salir de este horrible lugar. Nadie está lo suficientemente loco ni le tiene tanta fe a esta institución para seguir esa instrucción. Me pregunto si notan cuando un paciente finge escuchar voces ¿Qué clase de cosas te dice una voz que se encuentra solamente en tu cabeza? Con todo, me siento muy lúcida, más lúcida que nunca, aterrada y torturada por demonios internos que no sabía que existían, pero mi mente piensa con claridad.

Tengo que admitir que esta no es la primera vez que me han sugerido un psiquiatra, pues tuve problemas de ansiedad y de conducta cuando era niña. De adolescente me mostré abiertamente renuente a escuchar ningún tipo de consejo que viniera de ellos, mis padres, y la preparatoria fue una época en que estuvieron salvándome de líos todo el tiempo. Fui expulsada de la escuela en dos ocasiones y hubiera seguido así de no ser por una conversación que tuve una vez con una prostituta en una de las ocasiones en que pasé la noche presa: “Tienes unos padres a quienes les importas y tiras tu vida por la mierda sólo porque estás incluso más perdida que yo. Eres una muchachita idiota y mediocre que seguirá sin valer la pena si continúa así”. Eso, servicio comunitario, ser obligada a trabajar para devolver a mis padres el dinero de cada fianza pagada y estricto control sobre mi tiempo, terminaron en convertirme en la mujer adulta-joven en la que me transformé.

Pero aún en la universidad tuve demasiados incidentes para ser normal e incluso, he recurrido a pastillas para poder conciliar el sueño y realmente descansar. Un maestro me sugirió acudir con un psicólogo, me decía que sufría de ansiedad tipificada y que podría llegar a ser grave si lo dejaba pasar. He visitado psicólogos durante toda mi vida. Los maestros percibían algo peligroso dentro de mí, como un cáncer, un defecto, algo que me hacía golpear a mis compañeros, ofender a quien se atreviera a contradecirme, jugar siempre sola, apenas mantener una conversación con mis compañeros, que todos me temieran, de tal forma que me enviaban con el psicólogo de la escuela y siempre sugirieron que se me debía mantener en tratamiento.

Pero ningún psicólogo pudo esclarecer lo que sucedía. Las caras eran distintas pero siempre eran las mismas preguntas: “¿Cómo son tus compañeros? ¿Te gusta tu escuela? ¿Algo está molestándote?” Uno o dos prefirieron no dar una opinión concreta, otros dos dijeron que era una niña normal y sana pero con exceso de energía, al menos uno más sugirió usar algún tipo de tratamiento por hipnosis, y sé que al menos otro sugirió que podrían estar abusando de mí. Todos coincidieron en que continuara visitándolos, pero no lo hice, no sé si por mi negación absoluta a cada uno o porque mi madre se negaba a ver que había algo que no estaba bien.

Solamente hubo una persona que hizo la pregunta correcta “¿Alguien te ha tocado sin que estés de acuerdo con eso?” Era mi maestro, pero también era psicólogo. Se fijó en mí, se percató de que algo estaba roto dentro de mí. Hice una rabieta monumental, me llevaron a la dirección, mis padres hicieron todo un escándalo, gritaron y patalearon sin descansar hasta que despidieron al profesor. ¡Qué hipócrita! Desempeñando su papel de “buen padre”, abrazándome como si no supiera lo que sucedía, hablándome con ternura ¡Lo odio! ¡Lo odio! ¡Quiero matarlo de nuevo! ¡Quiero matarlo mil veces, todos los días, de mil maneras diferentes! Una más lenta que la anterior, más sanguinaria, más terrible… Las lágrimas resbalan abundantes, me estoy haciendo verdadero daño con mis uñas ¡Lo odio, lo odio, lo odio! ¡¡¡ME ODIO!!! Víctor, se llamaba el maestro… Todavía quiso hacer algo por mí y me dejó la tarjeta de un psicólogo que conocía. Jamás pisé ese consultorio.

Ahora, acostada, con pies y manos atados a la cama, vestida con una bata delgada, cubierta por una sábana… Todo blanco. No hay puntos de color, ni siquiera manchas en los muros. Blanco todo como si estuviera suspendida en la nada, incluso la luz demasiado potente que no se dignan a apagar siquiera por la noche, para ser vigilada las 24hrs del día, tratada como un reo, como una peste, como una enferma tras haber sido catalogada como “altamente peligrosa”. Pero ahora estoy tranquila y las lágrimas resbalan por mis sienes, mientras algunas imágenes, como fotografías, aparecen en mi mente. Ahora es constante y así son mis días y mis noches, el maldito olor no me abandona, se ha quedado impregnado en mi mente desde esa noche, para torturarme y hacerme recordar los detalles perdidos durante tantos años.

Aún no puedo recibir visitas libremente, sólo han permitido que me visite mi madre. Fue un desastre, cuando ella preguntó: “¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué le hiciste eso a tu papá?” Fue como una bofetada en la cara, como si me hubiera escupido ¡Ya lo dije! ¡Lo grité a todo el que tuviera oídos para escuchar! Ya no quiero ocultarlo más, ahora que lo recuerdo cada vez que los sedantes aminoran sus efectos, pero no me cree. No me cree y no puedo dejar de pensar en esa niña a la que dejó hecha pedazos por dentro. Si no cree mi historia entonces, o ella no quiso hablar, o no le creen tampoco. Ahora tengo los puños apretados. Ese día quise golpearla, no puedo confiar en que no supiera lo que pasaba, no puedo confiar en ella, ya no más… No sabía cuánta ira puede albergar un alma y ahora que la mía está liberada ya no puedo detenerme. Sé que no me permitirán verla y no quiero hacerlo. Por mí, está bien ser huérfana.

No hay cargos y me han declarado mentalmente inestable. Aparentemente tuve un ataque psicótico y tengo períodos todavía en que podrían, o no, catalogarse de la misma manera, así que no puedo ser procesada ni detenida. Hablan conmigo y me medican para que diga lo que ya dije, pero dudan de todo lo que digo. Dudan de que pude haber retenido durante tanto tiempo los recuerdos, dudan de que mi padre me haya atacado y mi novio, por supuesto, ha negado que yo haya estado semi-inconsciente aquella noche, e incluso dijo que no había sido la primera vez, lo que me pone en entredicho porque el sexo pudo desencadenarlo todo, y él continúa diciendo que yo era una puta. No quiso verme ni hablar conmigo. Nadie en el colegio ha intentado defenderme, todos me han encontrado rara, violenta o agresiva, nadie quiere sentir empatía por la loca internada. Solo Miriam fue lo suficientemente valiente para decir que no eran ciertos los chismes y que no puede creer todo lo que pasó, pero agregó que siempre le parecí rara, por si querían que me visitara.

Me han hecho repetirlo incansablemente. Acerca de mis recuerdos de la infancia creen que miento porque cada vez agrego más detalles. No sabía que la mente funcionara así, como si se le fueran quitando capas y pudieras descubrir cosas nuevas cada vez que quitas una y otra capa… Recuerdo el caballito de madera tallado en la mesita de noche, el peluche de gato que me regalaron una navidad, el color de mis almohadas favoritas, la silletita sobre la que me mecía en “la hora del té”, recuerdo todos los objetos en mi habitación porque me concentraba en su silueta en la oscuridad, esperando a que todo pase. Recuerdo algunas palabras: “se buena, quédate quietecita”, “si lloras ya no te voy a querer”. Pero las palabras son demasiado dolorosas para repetirlas en voz alta y me desvanezco en un sopor intermitente. Así que, cada vez, me regresan a mi habitación sin haber obtenido mucho más. La persona en la que más confiaba en el mundo, traicionada así… No puedo confiar ni en la enfermera más amable, está claro que no cuento con mi madre y no puedo dejar de repetirme: ¿qué será de ella, pequeña y frágil en un mundo que ya la ha roto?

Yo estoy rota. No me siento yo, me parece que hay más personas dentro de mí, algunas me hacen sentir poderosa porque me deshice de él, otras me recuerdan la niña asustada que fui, o la adolescente tratando de expulsar un odio cuyo origen desconocía o yo, quien no tiene idea de nada, que se deja preguntar y medicar y atar como una muñeca. Estoy vacía.

En cuanto a esa noche, es mucho más difícil. Trato de hilar las imágenes que pasan por mi mente pero están desorganizadas en tiempo y secuencia, sé que por un momento sabía lo que hacía: recuerdo haber intentado abrir la puerta cerrada desde dentro, recuerdo golpearla, recuerdo haber salido al pasillo por el hacha de emergencia, recuerdo haber roto la puerta y encontrar a mi padre alarmado, viéndome con cara de no saber lo que sucede y recuerdo ver a mi niña hecha un ovillo en una esquina de la cama…recuerdo ver unas gotas de sangre en su ropa.

Después de eso, lo que recuerdo son detalles inconexos: el peso del hacha en mis manos, la textura de la tela del edredón, luces cruzaban por mis ojos y esa persona ya no era nadie que reconociera. Tengo la sensación de su pelo en mis manos y no se aparta de mi mente la forma en que sus ojos me miraban sorprendidos y aterrados mientras sentía su cráneo vencerse contra la pared, escuchaba los sonidos que emitían su garganta y sólo recuerdo esa sensación de querer despedazarlo y desaparecerlo… Lo vi morir, vi su esencia desprenderse de su cuerpo, pero aún me persigue. Aún no se fue mi violador, vive dentro de mí, está en mi mente, huelo a él, soy yo.

Me detesto.

Me odio por haberlo guardado tanto tiempo; me odio por haberlo asesinado, porque lo convertí en la víctima; me odio por no haberme cerciorado de que ella saliera de la habitación; me odio por no haberla podido proteger; porque enloquecí y no logro que nadie me crea; porque lo veo, lo siento y lo oigo; porque forma parte de mí aunque quiera expulsarlo; porque quiero verlo morir de nuevo para cerciorarme de que no volverá por ella… Porque sé que ahora también vive pesadillas y que formo parte de ellas.

Me golpeó mi mamá con una lámpara para que me detuviera. Se hubiera desparramado todo el contenido de su cabeza si no lo hubiera hecho. No pretendía dejar de golpearlo hasta que ya no quedara nada de él. Suena a una idea muy lúcida, pero en ese momento sólo quería golpearlo hasta que ya no quedara nada de mí misma. Por eso me mantienen amarrada y en observación: tengo tendencias suicidas y homicidas, incluso ahora. Creo que si me hubieran permitido despedazarlo, podría pensar que él no volverá, que se fue de una vez por todas, que es su fantasma lo que me persigue: el monstruo debajo de la cama.

No sé cómo podré algún día superarlo y salir de nuevo al mundo real. No me siento capaz de caminar por la calle, de tener una casa, un perro, una pareja… morir no es una locura cuando se está tan roto. Es tan preciada la vida para ellos que lo repiten como una grabación y sin embargo, esto no es vida, encerrada dentro de mi mente sin la calidez humana que realmente necesitaría para sanar. Todo aquí es mecánico, no hacen un solo movimiento errado para evitar que los cataloguen como ineficaces y todos los días las mismas preguntas: “¿Cómo estás hoy? ¿Qué desayunaste? ¿Deseas bañarte ahora o más tarde?” Sin preocuparse si contesto o no porque ellos tienen un horario y deben cumplirlo, da lo mismo si me parece o no.

Con frecuencia pregunto por Hilda, invariablemente me contestan que ella está bien y que si me pongo mejor la dejarán que me visite. Aún no sé si lo dicen en serio o no, pero he decidido portarme mejor, porque realmente quiero verla. No quiero recordar esa mirada, esos ojos llenos de terror, la cara petrificada en un grito ahogado, no sé si temía de mí o de lo que acababa de sucederle o de ambas.

Como sea, me porto más dócil ahora, mi psiquiatra me ha cambiado la medicación y al menos puedo pensar con mayor claridad. Ya tienen un diagnóstico: depresión y estrés postraumático, con un solo incidente de brote psicótico. Por fin comienzan a creerme. Mi madre vino de nuevo, la vi a través de un vidrio para evitar que la lastimara y finalmente, por un instante, me miró a los ojos, llenos de lágrimas y supe, científicamente discutible pero así lo sentí, supe que ella sabía algo, supe que sus lágrimas eran por la culpa, vi en sus ojos que reflejaban amor, tristeza y un “lo siento” que cruzaba en su mente. Sólo pude verla, no hubo palabras, no pude decir nada en absoluto ¿Cómo era posible que un “lo siento” pudiera arreglarlo todo? Vi cómo se desgarraba su alma cuando se dio cuenta que jamás la perdonaría.

Sé que mi vida se consumirá aquí. No soy capaz de valerme por mí misma, sé que estoy sola en el mundo y que valgo menos que las sábanas que me cubren. Lo sé. Un demente no entra ni en el conteo oficial de población: es un ser sin esperanzas ni sueños, el vacío de la existencia que sólo es el resultado de no haber muerto físicamente, no según la definición de “muerte”. Vacía, sin embargo, hoy se me hizo un regalo invaluable que cualquiera apreciaría como un llamado a la vida, de una fuente de la que no creí que pudiera recibir algo tan preciado: esperanza.

Mi madre trajo a Hilda y fue tan grande mi alivio de verla bien que no pude articular palabra. Ella tampoco dijo nada, pero estuvo dibujando en un papel mientras observaba su cuerpecito cálido y tranquilo. Mi madre me miraba sollozando y solamente dijo que yo lo tenía que saber, que Hilda estaba siendo tratada. Al final de la visita le pidió al guardia que se me entregara el dibujo y mi querida sobrina me regaló una sonrisa dulce mientras sus labios dibujaban un pequeño “gracias” y veía sus ojos tiernos de alma rota.

Se me entregó el dibujo: era yo como una especie de ángel vengador, sobre el monstruo de debajo de la cama. Era yo ganando sobre el mal para protegerla… Ella estaba ahí convertida en un ratoncito y yo la protegía… Yo era un ángel vengador y a la izquierda, junto a la bolita de líneas que era ella, un “gracias” escrito pulcramente.

“Gracias”… Gracias a ti Hilda. Tú me has rescatado mucho más de lo que crees. Quizá la tierra árida sí pueda volver a reverdecer…

28_ingridcanul

Imagen: http://www.40fakes.com/2016/04/silvia-grav-art/

Historia de una Violación Olvidada. (I)

La primera parte de lo que parece un escenario bastante común, aunque terrible, en la vida de una mujer joven: una fiesta, demasiado alcohol, un novio que ha esperado demasiado tiempo, y la imposibilidad de pensar con claridad y moverse a voluntad la orillan a una situación fuera de su control, pero el trauma vivido recientemente libera un secreto encerrado en su mente durante años.

Parte 2 Silvia-Grav-Art6
Imagen: Silvia Grav

Por: Ingrid Canul

Hoy perdí a mi novio. Teníamos año y medio juntos y lo perdí hoy, así, como si se hubiera dado la vuelta en una esquina y hubiera desaparecido. Aún no encuentro explicación a sus palabras, aún no estoy segura de lo que pasó hoy, ayer, hace tres días… Escuché sus palabras y sentí las lágrimas corriendo por mis mejillas, entiendo intelectualmente lo que me ha dicho pero no encuentro una explicación.

Yo lo amo y sin embargo, no quise tener sexo con él hasta hace tres días. Estuvimos en casa de Alexa festejando su cuarto de siglo y bebí de más. No es que no me hubiera pasado antes pero en esta ocasión me pasé en serio, apenas recuerdo, sé que me caí un par de veces porque tengo moretones en las rodillas y algunos rasguños en las manos, sé que vomité porque amanecí con el gusto terrible en la boca, sé que tuve sexo con Jimmy porque desperté desnuda en su departamento, porque tenía semen en mi vagina, porque me lo dijo él.

Tengo imágenes en mi cabeza, como grabaciones mal hechas y mal editadas, momentos en los que él está sobre de mí riendo y me toma de las manos, en que me sujeta la cintura y me atrae hacia él, en que me da otra bebida, en que me trepa cargada a su departamento y luego nada. Sólo la luz molesta sobre mi rostro y esta sensación constante de que todo está mal.

Yo sí quería tener sexo, muchas veces tuve que contenerme para evitarlo y estaba muy bebida. ¿Por qué no habría querido? ¿Cómo podría haberlo rechazado si lo amo tanto, si lo deseo tanto? De nuevo estoy llorando, apenas soy consciente de que todavía me encuentro en la universidad y que los demás me miran. Me miro la muñeca y corro la manga del suéter para tapar la marca de los dedos de Jimmyél dijo que me emocioné demasiado con mis uñas y que me sujetó para que no lo lastimara. Es algo que siempre quise hacer pero al esforzarme en recordarlo me asalta únicamente una sensación de desesperanza. Sé que algo está mal pero no me atrevo a decirlo en voz alta.

Quiero comentarlo con alguien pero cuando quiero contárselo a Alexa y a Miriam, mis mejores amigas, se ríen y me felicitan, ya no soy más el bicho raro, “la única virgen de 26 años estudiante de universidad que existe en el mundo” según sus palabras. Su forma superficial de hablar del tema, la manera pueril de sugerir que no pasaba nada con que no lo recordara, que era mejor así porque la primera vez suele ser desastrosa y después de todo “¿Qué tiene de raro o de malo perder la virginidad con tu novio después de más de un año juntos?”, entonces se me quiebra la voz y les suelto que terminó conmigo. Hoy. Hace un par de horas. Hoy, después de ignorarme completamente durante dos días completos, enfrente del equipo de básquetbol donde prácticamente me gritó que era una puta y una mentirosa, que habría aceptado que no fuera virgen pero no que lo hubiera engañado haciéndole pensar que era lo que no soy, que me fuera a la mierda y que no me le volviera a acercar o a llamar. Que no quería saber nada de mí.

Callaron. Eso sí lo toman en serio, ahora empezaron a hablar de él: era obvio, lo único que quería era “desflorarme” para botarme luego, que seguramente tenía a otra, que no valía la pena, que lo olvidara. No me siento cómoda, algo no encaja o, mejor dicho, no encaja nada, aún si así fuera, ¿para qué ridiculizarme de esa forma? De pronto noto un aroma en el ambiente, como a colonia de hombre. No huele mal pero me produce arcadas, desecho todo el desayuno. Después, nada. El olor se ha ido y mis amigas me miran preocupadas, yo no le doy importancia, es demasiado pronto para tener síntomas de embarazo.

Entro a su departamento, me lleva hacia la cama y sin previo aviso está sobre de mí, noto su media sonrisa, veo sus ojos brillantes de triunfo, me abre la blusa sin grandes ceremonias y separa mis piernas con sus rodillas. Yo estoy echada simplemente, medio consciente de que está desnudándome. Se quita la camisa, se acerca a mí y me da un beso en la mejilla y de pronto, ese olor llena la habitación, me quema la nariz, quiero gritar y él me sujeta las manos, quiero empujarlo pero me tumba con su peso, no puedo más ¡necesito ayuda! ¡que alguien me ayude! ¡por favor!

Abro los ojos y TENGO que saltar de la cama. Estoy sudando de la cabeza a los pies, sola en mi habitación, veo las sábanas enredadas en mi cuerpo y no puedo soportarlo, no quiero que nada me roce siquiera, no quiero meterme de nuevo en la cama y cerrar los ojos “ha sido sólo una pesadilla” me repito una y otra vez mientras bajo a la sala común y me hago un ovillo en el sillón, me miro las marcas en mis muñecas, “ha sido sólo una pesadilla”, hasta que por fin, me vuelvo a dormir.

Siento las manos sujetas con firmeza, mientras me susurra palabras tranquilizadoras pero ignora mis lágrimas, quiero empujarlo pero el cuerpo no me responde, siento su embestida pero sin dolor, sin placer, sin ninguna sensación, alcanzo a escucharme decir “no quería que esto fuera así” y él sólo me da un beso en la frente…de pronto su cuerpo cambia, es mayor, su cabello es diferente, su voz en más gruesa, me dice palabras cariñosas y al final “es nuestro secreto”, justo cuando se pone de pie está borroso y me inunda la nariz de nuevo ese maldito olor.

Abro los ojos. Ahora duermo con Miriam pero las pesadillas no se van y ahora con frecuencia terminan de esa forma, cuando Jimmy se convierte en otra persona, alguien que conozco en mi sueño pero no logro reconocer una vez que me despierto, no logro recordar ni lo que me dice. Tengo una sensación terrible en la boca del estómago, cada vez que “sueño” con ese olor me provoca náuseas – digo “sueño” de esta forma porque lo siento ahora en todas partes y en los lugares más inesperados, como si alguien me vigilara de cerca y oliera de esa forma, como si las plantas expulsaran ese aroma. Estoy a punto de quebrarme, soy consciente de eso porque por fin he aceptado la verdad de esa noche: fui violada.

La situación en la universidad lo agrava más, sé que ahora todos hablan de mí: Jimmy se encargó de decirle a todo el mundo que no era virgen como solía decir, que seguramente me habré metido quién sabe con cuántos y creía que iba a poder engañarlo, que soy una prostituta y que mi tarifa con él fue mentirle durante año y medio mientras le hacía sexo oral, pero que seguramente cobro de manera más “efectiva”. Llevo 2 semanas como un zombi en la escuela, apenas despierta, apenas sensible. No hablo acerca de la violación, sé que todos pensarán que trato de vengarme.

¡Lo que daría por dormir bien esta noche! Cinco horas, no pido más. Pero en cuanto cierro los ojos vuelvo a verlo, montado sobre mí, violándome suavemente. Abro los ojos, no recuerdo el sueño pero en esta ocasión también vi a mamá.

Uno de mis profesores me hace una cita con el orientador de la universidad, psicólogo. Cuando llego a su oficina está esperándome, es un hombre de unos 40 años, cuidadoso con su imagen, me sonríe al invitarme a sentar. La charla es acerca de los temas que supuse, me pregunta incluso acerca de la fiesta, es el único momento en que dudo en contestar. Lo miro a los ojos segura de que los míos están llenos de lágrimas y todo mi ser grita “violación” pero mi boca es incapaz de decirlo. “Estuvo bien” es todo cuanto puedo responder, mientras las lágrimas corren por mis mejillas, cada vez más copiosas hasta que termina siendo un sollozo ininterrumpido. El psicólogo se acerca, se para detrás de mí y me pregunta si hay algo de lo que quiera hablar, niego con la cabeza pero sigo llorando, entonces me dice, en tono consolador, que ayudar a los estudiantes es su trabajo y que adoraba su trabajo y pone una mano sobre mi hombro izquierdo, me tenso inmediatamente y la aparto bruscamente con la mano derecha, me pongo de pie de un salto y sin decir palabra salgo de su oficina.

Claramente ese comportamiento le pareció alarmante porque llamó a mis padres. Mi mamá llamó unas horas después al departamento compartido que alquilo, preguntándome si me encuentro bien. Le miento lo más eficazmente que puedo y me comenta que este fin de semana vendrán a visitarme, noticia que al menos me reconforta. Aun así no se los contaré.

“Es nuestro secreto”, mientras mete la mano debajo de mi pijama de girasoles, un peluche cae de la cama rodando, y trato de detenerlo pero me habla con tanto amor que dudo, con la otra me acaricia la cara y el cabello, me da besitos en la nariz, en los ojos y en cada una de las mejillas, pero la otra mano me lastima.

Despierto más inquieta que nunca, no recuerdo lo que soñé pero estuve llorando. Seco mis lágrimas y cuando Miriam me pregunta qué sucede me echo a llorar histérica y desconsolada.

Mis padres vinieron hoy y fui a buscarlos a la terminal. Hilda, mi sobrina, se está quedando con ellos unos días. En cuanto la veo corre hacia mí y salta a mis brazos “me recuerda mucho a ti” dice papá, me voy caminando con ella, tomadas de la mano y cantando una canción inventada. Llegamos a un parque y ahí nos sentamos los tres mientras vemos a Hilda correr y jugar con toda la energía de una niña de 9 años. Mis padres me interrogan, pero les miento muy bien y parecen tranquilizarse.

Van a quedarse en un hotel por hoy. Los acompaño y me quedo con ellos hasta ya muy tarde, así que decido que es mejor que me quede a dormir, de cualquier forma no había habitaciones dobles y rentaron una triple. Mi madre me arropa amorosamente y yo me siento amada y mimada. Siento que hoy descansaré tranquila, me da un beso de buenas noches y yo me quedo profundamente dormida unos minutos después.

¡No! Ya no quiero, por favor, ya no quiero…

Despierto sobresaltada y suspiro con resignación. Quizás no vuelva a dormir tranquila nunca más. Me quedo recostada con los ojos bien abiertos escuchando el silencio cuando unos segundos después me parece escuchar sollozos. Aguzo el oído, me pongo de pie. Los sollozos provienen de la habitación al otro extremo. Me acerco de puntillas, el corazón me late muy fuerte y siento miedo, me quedo paralizada a medio camino, mis pies no pueden moverse de su sitio, incluso dejo de respirar…madreselva y lavanda, cítrico pero ligeramente dulce… Es ese aroma de nuevo. Abarca la habitación y me perfora el cráneo: es la colonia de papá, los sollozos vienen de la habitación de Hilda y entre los espacios entre un sollozo y el siguiente alcanzo a escuchar “será nuestro secreto”.

Para la segunda parte de esta historia dar click aquí.

28_ingridcanul

Imagen: http://www.40fakes.com/2016/04/silvia-grav-art/

Carta a una amiga

carta-a-una-amiga

Por: Ingrid Canul

Carta de un hombre que, casado con una mujer que desprecia, confiesa su obsesión por la novia de su mejor amigo, su deseo loco y la decisión que ha tomado de marcharse.

Lucía:

Se te hará extraño que te escriba esta carta, lo es. Perdóname, eres la única persona a la que puedo contactar, no tengo valor para escribirle a Santiago y tampoco sé qué podría decirle, no tengo suficiente cinismo para escribirle a Roxana y contárselo todo, prefiero que siga teniéndote como su amiga y que ustedes continúen siendo parte de su familia. Yo ya no puedo más.

Hace meses que estoy como loco, después de recuperarme de la recaída con mi diabetes, me di cuenta de lo patética que es mi vida, metido en un matrimonio en el que sólo importan las apariencias porque hace mucho tiempo me di cuenta que ella no es como yo pensaba y ella se dio cuenta de que no la amaba realmente. Estoy seguro de que se dio cuenta antes que yo, porque de pronto se volvió feroz y manipuladora y aunque es cierto que amaba más lo que yo quería que fuera que a ella misma, nunca desprecié tanto a alguien como a ella cuando se mostró como realmente era.

Ahora mismo estoy sentado en el porche que ella remodeló a su entero gusto y con mi dinero, no con el suyo. Entro a cada espacio en esta casa y no hay nada para mí, no hay nada mío, me siento como si estuviera compartiendo un lugar alquilado con una completa desconocida…yo que siempre soñé con tener un hogar feliz, con dos o tres niños correteando por ahí y ahora veo todos mis sueños muertos, guardados en una caja, ocultos en algún rincón de esta casa, que hace unos años representaba todo lo que anhelaba. Está lloviendo.

Las gotas caen y me salpican los pies. Veo desde aquí el letrero de la calle, todos duermen y yo no puedo dejar de pensar en ti. Tengo que decírtelo, quiero que lo sepas cuando me vaya, siempre has sido una gran amiga y por eso es que quiero que sepas todos los motivos por los que he tomado esta decisión. Y es que estás en mi mente casi todo el tiempo, te sueño cada noche y aún durante el día, miro la forma de tu silueta en la lluvia que cae, en las flores del parque, en la luz del sol. Cada vez con más frecuencia pienso que estoy enamorado de ti.

No imagino lo que piensas ahora y si te lo dijera a la cara ¿Cómo reaccionarías? ¿Qué tendrías para decirme? ¿Saldrías huyendo como lo has hecho hasta ahora? Entiendo que sea una situación difícil, muchas veces creo que unicamente estoy confundido por todas las cosas poco felices por las que estoy pasando. Me siento desanimado y solo, y de pronto llegas tú. Siempre con una sonrisa, dispuesta a hablar de todo y hacerme reír. No sé si sabes cuando es que más falta me haces, pero apareces y me robas cuando menos una sonrisa y me siento completamente agradecido por eso…hay tan pocas cosas por las que puedo sentirme agradecido.

Sé que es una declaración chocante, pero tengo que sacarlo para ponerle fin, jamás traicionaría así a mi amigo y sé cuánto lo amas, he visto cómo son cuando están juntos, cómo se miran, cómo se hablan, cómo se tocan: son simplemente perfectos. Mi deseo no es entrometerme, pero necesito decírtelo y así quizás me des mucho espacio para dejar de pensar en ti y dejar de soñar contigo, para que me saludes como si no te importara, para que dejes de preguntarme cómo estoy, para que dejes de aparecer tan hermosa como eres, de mover tu cuerpo a mi alrededor, de atormentarme con tu cuidado ¿Pero qué digo? Eso ya no será necesario.

No quiero que te sientas mal por mí, quiero aclararte que soy una persona bastante madura y estoy consciente que este mi amor es de lo más egoísta, un escudo para no ver cómo se cae mi vida en pedazos, prefiero verte a ti que vives tu vida con toda la energía que yo quisiera para mí. Estoy consciente que no eres como te imagino, que eres un producto de mi imaginación, que sólo eres un espejismo, que te he convertido en el ídolo intocable, en la mujer perfecta y por eso es que aún a pesar de que él no existiera entre los dos y tu cuerpo me incite a acariciarte, sé que nunca habrá nada entre nosotros.

Pero te tengo metida entre ceja y ceja y de ahí no puedo sacarte, y cuando él viene y me dice lo feliz que es y a veces hasta lo que hacen juntos, te imagino tendida ahí para mí y muero de ganas de tener tu cuerpo y sentir tu fuego abrazándome entero, aunque mi consciencia me grita que no debería desearte así, siento que cualquier día podría sucumbir a este deseo. No sé cómo dejé que esta obsesión se apoderara de mí, me impide ser yo mismo, me he convertido en un monstruo y tú, eres la diosa que lo inspira. Lo peor es que sé que no te soy del todo indiferente, sé que a veces piensas en mí, sé que me deseas.

Recuerdo esa única ocasión en que me diste esperanza, fue tan sutil y tan fugaz pero tan revelador como inesperado, nunca unos ojos fueron tan expresivos, nunca un rostro manifestó tanta seguridad en sus sentimientos, nunca me sentí tan emocionado y tan perdido al mismo tiempo; vi en tu mirada un atisbo del demonio que eres, una pequeña señal de tu interés y de tu pasión, solo para que te cerraras inmediatamente y te alejaras, para que me miraras con una dureza difícil de ignorar y me hicieras huir de ahí rápidamente.

Sé que fue real porque inmediatamente marcaste tu espacio y no te acercaste por mucho tiempo pero a veces pienso que lo soñé, porque por mucho que intente captar de nuevo esa mirada, jamás volví a verla. Aunque la busqué una y otra vez durante unas cuantas semanas y aunque en los 15 años de tu hermanita incluso bailamos juntos, aunque te miraba a pesar de que mi esposa estuviera ahí mismo. Enloquecí.

Y sigo enloquecido ahora. Soy como un mendigo que busca un lugar, un espacio y un momento para estar tranquilo, quiero aclarar mis ideas y de nuevo apareces tú, de nuevo esa mirada y la siento tan cercana que es como si hubiera sucedido ayer y luego vuelvo a preguntarme si alguna vez sucedió o si realmente significó algo, es como tener la mente llena de humo.

Sé que soy despreciable. Sé que es difícil leer esto y que después puedas siquiera mirarme, pero en tanto que vivo con una mujer que es apenas la sombra de lo que creí que era, que es apática y estúpida, sé que he dejado de amarla por completo, no por ti, tú sólo eres algo incidental, una distracción para no escuchar mi corazón romperse y mi voluntad resquebrajarse y mientras sueño contigo entre mis sábanas, casi me parece que mi mundo no se viene abajo, que no la escucho gritando y quejándose, que no me duele hacerla llorar porque se da cuenta que ya no me importa, que todos los planes que hice se van a la mierda igual que tú y que todos, pero sobre todo yo.

Si pudieras ¿Me acompañarías? Me largo de aquí porque no quiero hacer más idioteces, esta carta ha sido bastante, tengo que irme o terminaré insultándola o peor, terminaré insinuándote que tengas una aventura conmigo, porque yo sé y tú debes saberlo que es todo lo que quiero, así que me iré a buscarla en otro sitio porque en este ya no hay espacio para mí. Soy un loco ciego y cínico que te ama con locura, te idolatro como a una figura de cera…así de perdido estoy…espero que puedas perdonarme y que nunca le cuentes de esto. Cuando regrese, espero haber encontrado un poco del calor que necesito, porque siento que estoy quedándome frío por dentro, nunca volveré a manchar tu recuerdo con revolcones vulgares y si ella quiere, si puede mirarme y encontrar algo que amar, si puedo encontrar en ella algo que me inspire amor, si me acepta de nuevo, entonces regresaré con ella. Eso…o quizás no regrese jamás.

Te agradezco todo lo que has hecho por mí, amiga mía, no ha sido culpa tuya, todo se ha gestado dentro de mí mismo, descubriendo formas que podía ser y no sabía, no puedo despedirme de nadie porque mi alma ya no lo soportaría. Lo que más me duele dejar es a ustedes dos, pero los guardaré como el recuerdo más preciado, mi tesoro incalculable, mi eje central.

Cuando era niño soñaba que el agua de lluvia se llevaba mis tristezas y lavaba las faltas de mi alma, así que me iré ahora que todavía está lloviendo. Adiós Lucía. Te amo, no es un amor perfecto, es muy cínico y algo retorcido pero te amo, de la manera más sincera y de la manera más atenta, te amo. Cuídate y cuídalo a él por mí.

Fernando.

28_ingridcanul