El Personaje Invisible de Star Wars

Rey ii enero

Por: Georgina Vargas – @vargas_vera_g

Recientemente, visité Orlando, Florida y mientras estuve allá surgió una cuestión que llamó mi atención y a la cuál me parece necesario dedicarle unas líneas.

Visité algunos parques de diversiones en Orlando con tres amigas y un amigo. Uno de los parques que visitamos fue Disney’s Hollywood Studios y una de las cosas que más anticipábamos de ese parque eran las atracciones de Star Wars; mismas que, la verdad, cumplieron con nuestras expectativas y nos emocionaron muchísimo. Además de las atracciones, el parque tiene tres tiendas dedicadas a la saga.

Cuando las visité, me encontré con una muy desagradable sorpresa: no había juguetes de Rey. No había. Pregunté a las vendedoras y me dijeron que únicamente tenían lo que estaba en exhibición en la tienda.

Yo había leído algunas semanas atrás quejas en redes sociales por la poca o nula existencia de juguetes de Rey en diferentes tiendas de los Estados Unidos. También había leído notas que decían que los juguetes de Rey se agotaban rápido y que por eso no se encontraban en los estantes de las tiendas. No le di más seguimiento a esta cuestión hasta que lo vi, de manera tan clara, en las tiendas de Disney’s Hollywood Studios.

La cantidad de juguetes y mercancías en las tres tiendas es inmensa, lo cual tiene sentido siendo un parque de Disney que tiene las atracciones de Star Wars y toda un área dedicada a la saga. Encontré libros y piezas de colección y todo tipo de juguetes y ropa. Pero no encontré una sola figura de acción de Rey, ni sola ni el set de figuras que incluyen a Finn, Kylo Ren, Poe, un storm trooper y… un piloto de la Primera Orden.

Rey es el personaje principal de la película. No es la novia, la amiga o la mamá del héroe; ella es LA heroína de la película y yo no pude encontrar una figura o un llavero de ella en tres tiendas especializadas en Star Wars dentro de un parque temático de Star Wars.

Pregunté si es que se habían agotado—recordando lo que había leído en internet, aunque parecía poco probable— y las vendedoras me dijeron que no, que había en existencia todo lo que les llegaba de mercancía. Cuando vieron que yo quería comprar algo de ella me mostraron lo que al parecer era lo único que tenían: una playera con la silueta de Rey que decía “Star Wars” en letras rosas.

Me quedé pensando en esto durante el día y leí algunos artículos sobre la ausencia de los personajes femeninos en la producción de figuras de acción y juguetes. Algunos ejemplos que encontré se referían a Guardianes de la Galaxia y a Los Vengadores y la falta de figuras de acción de Gamora y la Viuda Negra respectivamente.

No cabe duda del avance que representa que una mujer sea protagonista y heroína de una película como Star Wars; sin embargo, es una desilusión que la campaña de mercadeo y la producción de juguetes no hayan acompañado el adelanto que significa contar con un personaje principal como Rey en escena.

Este es un ejemplo de lo que muchas personas pueden considerar “una exageración feminista” y que yo creo que puede catalogarse como micromachismos. Son situaciones o actitudes más sutiles, menos evidentes y más aceptadas que de una manera u otra continúan reproduciendo desigualdades entre los hombres y las mujeres, pero que en un principio parecen normales. El principal peligro de los micromachismos es que suelen pasar desapercibidos.

En casos como éste, creo que un primer paso es darnos cuenta de lo que sucede y, por lo menos, reflexionar y cuestionarnos. Preguntarnos, ¿qué hay detrás de la ausencia de personajes femeninos en las figuras de acción? Identificándolo como un ejemplo de tantas situaciones que de forma más tenue reflejan algún tipo de desigualdad e intentando profundizar en un análisis de las raíces de la misma.

Leer el mundo con perspectiva de género es un ejercicio que cuesta trabajo, pero debe practicarse. Es un muy necesario ejercicio en el que todas las personas debemos dejarnos alcanzar por el entendimiento de que aunque algunas cosas parecen normales e inofensivas, encierran en realidad formas e ideas que siguen retrasando el avance para conseguir igualdad.

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¿Culturas Distintas Significan Derechos Distintos?

El rostro de la diversidad

Por: Georgina Vargas Vera – @vargas_vera_g

La defensa y promoción de los derechos humanos se ha convertido en un tema central de las agendas de gobiernos y asociaciones de la sociedad civil alrededor del mundo. El respeto a estos derechos ocupa hoy en día un lugar privilegiado en el discurso y análisis de múltiples y diversos sectores de la población en varios países.

Conforme se ha desarrollado el concepto de los derechos humanos se ha avanzado en el contenido de los mismos, así como en las correlativas obligaciones de los Estados para protegerlos y respetarlos. El significado de los derechos humanos ha sido desarrollado, en su mayor parte, por naciones de occidente que han analizado y avanzado la teoría de los derechos fundamentales, derivados de la naturaleza del ser humano. La comprensión de este concepto se ha ido plasmando en doctrina, prácticas, leyes y tratados internacionales que buscan protegerlos.

Con el paso de los años, y tras el esfuerzo de múltiples actores, los instrumentos internacionales de derechos humanos han conseguido aceptación y obligatoriedad. No obstante, desde hace décadas, se ha abierto también una corriente crítica a la teoría de estos derechos. Esta corriente señala que las sociedades occidentales buscan imponer su esquema de valores en sociedades diversas que no comparten la misma visión del mundo, y que por su situación económica y política menos pujante, no han tenido una voz protagónica en la creación de lo que actualmente se acepta como obligaciones de respeto y garantía de los derechos fundamentales.

Varios temas han sido objeto de críticas y quejas acerca de esta “imposición occidental” que se alega representan los derechos humanos. El trato hacia las mujeres y prácticas como la mutilación genital femenina; las formas y costumbres de practicar la religión, como la vestimenta específica de creyentes de alguna de ellas; la organización de las comunidades indígenas o tribales y sus sanciones para las faltas que cometen sus integrantes; o el ejercicio de la libertad de expresión, son algunos ejemplos que han señalado a los instrumentos internacionales de derechos humanos como objetos de colonización occidental, a través de los cuales busca imponerse un sólo esquema de valores.

Este argumento se sustenta en un relativismo en el cual se niega la existencia de una noción universal de derechos humanos. También, defiende varias realidades y escalas de valores en diversos países. De acuerdo con este argumento, prácticas que pueden parecer chocantes, violentas o peligrosas—bajo el análisis del esquema clásico de derechos humanos, no resultarían violatorias de los derechos humanos, pues estarían de acuerdo con los valores culturales de ésta o aquella sociedad.

Es importante reconocer la diversidad de las sociedades en el mundo y los múltiples problemas que el concepto de universalidad de los derechos humanos puede representar. No obstante, es aún más importante reconocer las situaciones en las cuales el relativismo cultural representa una excusa para cometer violaciones a los derechos de las personas.

A pesar del fundamento de las críticas a la “imposición” que representan los derechos humanos, y los argumentos que defienden las diferentes escalas de valores en sociedades diversas, es necesario que la relativización de los valores no trastoque los fundamentos principales de estos derechos.

Al reflexionar si alguna práctica o costumbre es o no compatible con los derechos humanos, es necesario recordar que no es posible relativizar el valor de la dignidad humana como un elemento inherente al individuo. Si bien pueden existir distintas concepciones del ejercicio de algunos derechos en particular, es peligroso que se relativice la existencia de valores que no pueden violentarse, sin que esto conlleve necesariamente una violación a los derechos humanos de las personas.

El respeto a la dignidad debe ser universalmente reconocido. Esto sin caer en el peligro de relativizar el significado de ser persona y los derechos inherentes que se tienen por el sólo hecho de serlo. Y también, sin que la cultura de ningún país pueda usarse como justificación para afectar esa dignidad.

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Acoso Callejero: violencia contra las mujeres todos los días

acosocallejero

Por: Georgina Vargas Vera – @vargas_vera_g

El 25 de noviembre se conmemoró el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Esta fecha fue acordada, en un primer momento, en el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe que se celebró en 1981 en Bogotá, Colombia. Años después, en 1999, la Asamblea General de Naciones Unidas resolvió que el 25 de noviembre fuera oficialmente el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Esta fecha conmemora a las hermanas Mirabal, opositoras de la dictadura del General Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana. Como consecuencia de sus actividades en contra del régimen, las hermanas Mirabal fueron perseguidas y encarceladas en distintas ocasiones y dos de ellas fueron torturadas. Finalmente, el 25 de noviembre de 1960 María Teresa, Minerva y Patria Mirabal fueron asesinadas por agentes al servicio del gobierno de Trujillo.

El Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer ofrece cada año una oportunidad para visibilizar de manera especial la situación de violencia que sufrimos las mujeres en el mundo, señalar los avances que se han logrado y los retos que enfrentamos para erradicarla. De acuerdo con ONU Mujeres, en todo el mundo, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por parte de un compañero sentimental. Ya sea en el hogar, en la calle o en los conflictos armados, la violencia contra las mujeres es una pandemia mundial que ocurre en espacios públicos y privados[1].

Dentro de las discusiones acerca de estos temas, suele impactarme la negación de la naturaleza violenta de ciertas conductas o hechos que asumimos como normales. Sin duda ha habido un avance en cuanto a la concientización de la violencia contra las mujeres. Hoy en día es claro que asesinar, golpear o abusar sexualmente, es una forma de violencia que debe ser sancionada. Sin embargo, me llama la atención cómo otras situaciones violentas continúan sin parecérnoslo, y no sólo eso, sino que se perciben como exageraciones sin fundamento.

Una de las formas de violencia que más invisibilizada se ha mantenido, y que ha comenzado a ser denunciada apenas recientemente es el acoso callejero. En los diferentes países que he visitado y en los que he vivido se ha mantenido constante el temor que siento al caminar por la calle o el malestar que me producen los comentarios que llego a escuchar. Curiosamente, también ha sido una constante la descalificación de esta situación como una forma de violencia y su normalización como una situación que es normal, graciosa, inevitable y poco trascendente.

Nadie parece cuestionarse por qué les parece normal que los hombres nos miren, nos toquen, nos silben, nos digan o nos griten cosas en las calles como si tuvieran todo el derecho de hacerlo; es inclusive muy común que se diga a las mujeres que la culpa es nuestra por salir vestidas de forma “provocativa” y ameritar que los hombres nos digan “piropos”. Lo cierto es que no es un problema menor que las mujeres no podamos tener la misma sensación de seguridad en el espacio público que tienen los hombres, por el hecho de que somos mujeres y de las consecuencias que se asumen como inherentes a serlo.

No ser capaces de distinguir entre un acto violento y una situación graciosa ha sido un obstáculo constante en la visibilización de la violencia contra las mujeres. En múltiples ocasiones, las mujeres enfrentamos situaciones de acoso callejero que nos hacen sentir incómodas, inseguras y vulnerables, a mí y a prácticamente todas las mujeres que conozco en algún momento, o en varios, nos ha sucedido un incidente en la calle que nos ha hecho sentir de esta manera y lo hemos asumido como algo desagradable pero inevitable y hasta cierto punto normal. Amigas y amigos me han dicho que es una exageración esperar que los hombres no le digan nada a una mujer guapa en la calle, que es simplemente natural que le digan algo, hay quienes me han dicho que me preocupe cuando no me suceda.

El Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer nos invita a hacer una reflexión más consciente acerca de la violencia que continúa permeando múltiples aspectos de la vida de las mujeres. La concientización es el primer paso para erradicar la violencia contra la mujer, dejar de asumir como normales o graciosas las formas de violencia es la única forma de combatirlas.

El acoso callejero es una forma de violencia contra las mujeres, quizá una de las que permanece más impune e invisible; es momento de tomar acciones para que esto cambie, para que las mujeres no tengamos que ser valientes para salir a la calle, sólo tengamos que ser libres.

[1]           Infografía: Violencia contra las mujeres, ONU Mujeres. Disponible en: http://www.unwomen.org/es/digital-library/multimedia/2015/11/infographic-violence-against-women#sthash.v5UoXRWr.dpuf

 

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