Diálogo con un “Brexiter”

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Por: Francisco Vaqueiro – @FJVaqueiro

Hay pocos lugares en el mundo, donde se conjuguen tantas etnias, culturas, religiones y diversidad por metro cuadrado que en Heathrow, aeropuerto internacional de la ciudad de Londres. Retrato justísimo de su ciudad, una olla cosmopolita y global.

El clima es inusualmente londinense, soleado y por arriba de los 20 grados centígrados, se vislumbran pocas nubes o probabilidad de lluvia. Abordo un taxi que habrá de llevarme a mi residencia, el conductor, tipo blanco en sus cuarenta y altos o cincuenta y bajos, amablemente me ayuda con mi equipaje.

Iniciamos el recorrido, no han pasado ni cinco minutos cuando iniciamos una charla que fue, supongo de menor a mayor substancia y que se desarrolló, palabras más palabras menos, así:

Conductor: “Llevamos muchos días con un clima fatal, no tolero el calor”

Yo. – “¿Le parece muy caluroso el día? A mí me parece una temperatura bastante agradable”

Conductor: “Verá, aquí no estamos muy acostumbrados a este tipo de clima. ¿Vienes de un país más caluroso?

Yo. – Absolutamente, vengo de México.

(Pausa)

Conductor: “Es un país lindo, pero he escuchado que están pasando momentos difíciles”

Yo.-  “Sí, es verdad, pero en la prensa muchas veces se exagera” atajo.

Para todos es bien conocido que el fervor patriótico suele exacerbarse cuando se está lejos de casa. Ello, en adición a que era 15 de septiembre, día de la celebración de nuestro ritual nacionalista por excelencia.

Conductor.– “Aquí no sé si exagere o no, tenemos un problema con los musulmanes, a pesar de ser de tercera o cuarta generación, muchos de ellos no pueden tolerar ver a una mujer en minifalda”

Yo.- “Puede ser que algunos no estén acostumbrados ¿pero de verdad cree que es un problema generalizado?”

Conductor.- “Definitivamente sí. Lo peor es que nuestro gobierno regala pasaportes británicos por cualquier cosa, no hace falta tener ningún tipo de filiación, sólo vivir aquí, es desastroso

Yo.- “No quisiera importunarlo, y sé que puede ser una pregunta muy personal, pero ¿usted votó por el Brexit?

Conductor.- “Sí” dice con vehemencia. “¿Ves el espacio que hay en el lugar donde viajas?” una cabina bastante amplia, ciertamente. “Pues la Unión Europea me obliga a tener ese espacio, en caso de que tenga que transportar a alguna persona con discapacidad que utilice silla de ruedas. Eso sólo pasa una o dos veces por año.

Yo.- “Ya veo”

Conductor.- “¿Y qué vas a estudiar aquí?”

Yo.- “Una maestría en Derecho

Conductor: “Muy bien, mi hijo acaba de titularse en Matemáticas, acaba de ser contratado en Lloyd’s.”  Uno de los bancos más grandes de Gran Bretaña y de Europa.

Irónicamente, el sector financiero de Londres ha sido uno de los más afectados por el Brexit.

Yo.- “Excelente, debe ser un padre muy orgulloso

Conductor.- “Lo soy” responde con jactancia

Conductor.- “¿Y cuál es la principal actividad económica que se desarrolla en México? ¿Es la agricultura?

Yo.- “No. Las manufacturas. Especialmente las automotrices. Durante mucho tiempo fue el petróleo, pero ahora con la caída de los precios internacionales estamos teniendo tiempos difíciles

Conductor.- “Ya veo. Aquí el precio de la gasolina ha subido, porque este se cotiza en Dólares americanos y la Libra ha perdido valor últimamente

Conductor.- “¿Y tienen la tecnología para hacer manufacturas automotrices?

Yo.- “Sí, se han instalado muchas empresas extranjeras en México, recientemente.

Conductor.- “¡Alemanes! ¿Verdad?”

Yo.- “Sí, también muchas japonesas.

Conductor. “Aquí la industria manufacturera se acabó hace mucho tiempo, la tecnología nos va a dejar sin trabajo a todos. He leído que pronto tendremos autos que se manejan solos, eso en verdad me preocupa mucho.

Yo.- “Sí yo también he leído sobre ello.”

Conductor.- “Son todas estas empresas Americanas como Uber, Google o Apple, están automatizando nuestras actividades y saben todo sobre nosotros. Desde a donde vamos, como nuestras rutas de conducción ¿quién controla toda esa información?”

Yo.- “Es verdad, parece 1984 de George Orwell. Yo no sé cómo esperan que la gente compre sus productos si no habrá fuentes de trabajo.” Trato de ser empático.

Conductor.- “Eso parece.

Nos vamos acercando a mi residencia, cerca de la zona este de Londres.

Conductor “Estos lugares están muy de moda últimamente, antes estaba llena de fábricas, muchas de ellas se movieron a Polonia y otros países de Europa del Este

Yo.- “¿De verdad?”

Conductor: “Así es, lo mismo pasó con la industria del carbón, no pudieron competir.”

Conductor.- “Yo tengo un departamento no muy lejos, ahora mismo debe valer un buen dinero. Quiero utilizarlo para cuando me retire. Eso, o mudarme a Chipre junto con mi cuñado que vive muy feliz por allá.

La zona vibra con gente joven, se aprecian caminando por la calle todas las etnias habidas y por haber. Por fin, llegamos.

Conductor.- “Son 65 Libras” su petición concuerda perfectamente con la cifra del taxímetro.

Bienvenidos al Londres post-Brexit.

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¿CNTEnciado?

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

Entrando en la recta final del sexenio, con un capital político erosionado a límites no vistos en la historia moderna de nuestro país, Enrique Peña Nieto se apuesta lo que resta de su legado político, en la implementación de la reforma educativa que ha encontrado una feroz resistencia por parte de la cúpula magisterial disidente.

El arranque

La primera reforma de calado, aprobada en el marco del “Pacto por México” reunió en sus inicios gran aprobación del “establishment” y de la sociedad civil, es claro que en el discurso no existe tarea más loable que la de impulsar y mejorar la educación pública. El descabezamiento del pernicioso liderazgo sindical magisterial no sólo allanaba el camino para la reforma educativa, enviaba, asimismo, un mensaje de disciplina política para grupos de poder de muy diversa naturaleza, cuyos intereses serían vulnerados. El nuevo pulso reformista, aunado al muy amplio acuerdo de las cúpulas así como optimismo de la prensa internacional sobre la prospectiva política y económica de México, auguraban sin duda un sexenio de altos vuelos; el “Mexican Moment” (epíteto acuñado por la prensa anglosajona, tan adepta a los títulos pegajosos) había llegado. En ese tenor, lo paradójico de la actual tesitura quizá sea que la reforma que en su momento concentró mayor consenso político y social, sea también la que ahora arroja el adversario más serio y formidable en contra del Presidente y de su partido.

¿Descarrilamiento?

No es para nadie un secreto que la capacidad de organización y movilización de los miembros de la CNTE ha sido utilizada en innumerables ocasiones como instrumento de presión política. No abordaré en este espacio si comparto o no sus métodos y demandas (quizá eso sea motivo de otras líneas) pero independientemente de mi postura resulta meridiano que la Coordinadora ha sido capaz de poner en jaque a distintas instancias de gobierno (el caso de Oaxaca en el 2006 resulta emblemático).

La apuesta política del CNTE es por mantener el status quo por medio del uso de sus habituales medios de presión. En ese sentido, las salidas al conflicto resultan poco claras, no serán de ningún modo sencillas y denotan ya un costo político altísimo para la presente administración.

Pensar que el uso legítimo de la fuerza pública es una opción viable para el Estado mexicano es una apuesta arriesgada, los hechos de Tanhuato y de modo más particular los ocurridos en Noxichtlán, develan la incapacidad de los grupos policiacos de atenerse a protocolos aceptables y limitados de manejo de fuerza. El manejo político y de comunicación por parte de la Secretaría de Gobernación ha sido, igualmente, desastroso. La radicalización del movimiento magisterial sumada a la presencia de grupos del narcotráfico y autodefensas en el sureste del país parecen caldo de cultivo para la ignición de un polvorín de dimensiones muy peligrosas para la estabilidad política del país.

Los muy sonados escándalos de corrupción destapados por la prensa y el más reciente caso que involucra el supuesto plagio de sus tesis, han diezmado al extremo la autoridad moral y política de un Presidente al que aún le quedan dos largos años al frente del Ejecutivo Federal.

La desinstrumentalización de la reforma educativa-de facto– o cualquier negociación pactada con la CNTE (por muy disimulada que pretenda ser) mandará un mensaje clarísimo de claudicación hacia otros poderes fácticos y terminará por sepultar un legado político errático de un Presidente, que, como bien dijo el semanario británico The Economist. “no entiende que él no entiende”.

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El Lobo Solitario

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

Un tipo mentalmente inestable, con largo historial de terapias psicológicas debido a sus desequilibrios emocionales, sentimentalmente abatido por un proceso de divorcio tormentoso, intempestivamente decide intercambiar su vida por la de al menos 84 personas, dejando, además, cerca de 300 heridos, muchos de ellos niños.

Ese es el retrato que los servicios de seguridad franceses han hecho de Mohamed Lahouaiej Bouhlel, terrorista tunecino que embistió con el camión utilizado en su trabajo, a la animosa multitud congregada en el Paseo de los Ingleses celebrando la Toma de la Bastilla, fiesta nacional de Francia, en la zona costera de Niza.

No se le recuerda como un miembro particularmente activo o fanático dentro de su comunidad religiosa, pero eso no impide que se especulen ligas con grupos terroristas, ya sea por instrucción o, peor aún, por inspiración.

Información reciente apunta a un proceso acelerado de radicalización, en donde en cuestión de meses, Lahouaiej Bouhlel habría tenido contactos esporádicos con grupos extremistas, pero sin que ello alertara a las autoridades sobre lo que sucedería el 14 de julio.

El ataque, ferozmente atroz y sangriento, no se caracteriza por ser muy sofisticado: un automóvil de carga pesada, una pequeña pistola y un conductor dispuesto a llegar a las últimas consecuencias. Es la nueva modalidad de terrorismo que se expande como polvorín a lo largo y ancho del mundo occidental, la del “Lobo Solitario”, atrás parecen haber quedado los complejos planes que materializaron los ataques terroristas en Nueva York, Madrid o Londres la década anterior. Según el Índice Global de Terrorismo, el 70% de los ataques terroristas cometidos en Occidente en la última década forman parte de esta categoría [1].

Pero ¿qué hace tan difícil para los servicios de inteligencia prevenir y desactivar este tipo de atentados? En primera instancia, los ataques no requieren etapas amplias de planeación o de utensilios sofisticados; son ejecutados con herramientas de uso común como armas blancas, automóviles o artefactos de fabricación casera.

Aunado a lo anterior, en muchos casos no existe coordinación directa entre grupos extremistas y los atacantes; estos actos son inspirados en redes sociales, en blogs, páginas de Internet, o en herramientas de propaganda que hacen un llamado de los fieles a atacar.

La segregación, marginación y falta de inclusión de millones de personas, en una gran parte musulmanes, es caldo de cultivo para la aparición de lobos solitarios, dispuestos, sin el menor empacho, a canjear su vida por la de otros miembros de una sociedad que siente ajena, lejana y que le ha cerrado las puertas.

Lo anterior crea un círculo vicioso del que no se vislumbra un final en el corto o mediano plazo. A mayor alejamiento y “guetización” de las comunidades musulmanas en Occidente, sean estas de primera, segunda o tercera generación, cada vez habrá más y más jóvenes frustrados con su entorno social, dispuestos a intercambiar su vida por un ideal religioso y que les brinda alivio, amparo y sentido de identidad. La reacción de varias sociedades occidentales, por su parte, están lejos de promover un mayor grado de integración. Ahí están los movimientos de extrema derecha encabezados por personajes tan detestables como Trump, Farage, Le Pen y Wildeers que suman a adeptos en sus filas a pasos agigantados.

Desafortunadamente, en un mundo donde el discurso del miedo, la radicalización y la segregación parecen estar prevaleciendo, será cada vez más común ver actos como el de Niza, y quizá, también, movimientos que pugnen por un nuevo orden de fronteras cerradas, desconfianza en el extranjero y en un aumento punitivo de las capacidades del Estado. Bienvenidos a la segunda década del siglo XXI.

[1] http://economicsandpeace.org/wp-content/uploads/2015/11/Global-Terrorism-Index-2015.pdf

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El Caudillo y el Forastero

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

La noticia cayó como un balde de agua fría. Minutos después de una derrota agónica en la final (una más en su carrera defendiendo los colores de su selección) Lionel Messi, la súper estrella del futbol mundial, anunciaba su retiro del fútbol internacional de selecciones: “se terminó para mí la selección; no se me dio, era lo que más quería, pero creo que ya está” dijo a reporteros estupefactos que esperaban ansiosos alguna declaración.

El destino del rosarino y tal vez el juicio definitivo que buena parte del mundo hará de su brillantísima trayectoria deportiva, estará siempre condicionada por el tamiz de la odiosa comparación que se hace siempre con otro genio de la historia del deporte: su connacional Diego Armando Maradona.

Hay, ciertamente, paralelismos que pueden trazarse entre los número 10 más sobresalientes de la historia futbol argentino: bajos de estatura, zurdos, regate y gambeta explosiva. Cada uno en su época, deslumbraron al futbol mundial al punto de que para muchos uno u otro son considerados los mejores en haber jugado el deporte más popular del planeta.

Maradona, fiel a su estilo carismático e irreverente, siempre fue percibido como un cabecilla capaz de amalgamar a un grupo de jugadores a su alrededor y desafiar, siempre desafiar: las reglas, a la FIFA, sus dirigentes, con las piernas o con la boca el caudillo no dejó nunca de retar. La confrontación siempre resultó ser su hábitat natural y ante la misma casi siempre resultó victorioso. Es inevitable no ver esta peculiaridad para entender el grado de idolatría que genera en Argentina.

Messi: discreto, taciturno, cauto y reservado. Se ha limitado a deslumbrar dentro de la cancha, nunca se ha caracterizado por su descaro sin un balón en los pies. Es, por temperamento, imposible para él acaudillar a un grupo de futbolistas como sí lo hizo Maradona.

Pero hay una condición que define—injustamente—su relación con el aficionado de su país. Nacido y desarrollado como talento deportivo en su país, el progreso futbolístico de Diego lo hizo parte del medio futbolístico sudamericano. Por el contrario, Messi llegó como un meteóro caído de Europa, rodeado de elogios en Barcelona, en España y en el mundo.

Los inobjetables logros de Messi a nivel de clubes, hicieron creer que con el tiempo iba a merecer el primer puesto en la historia del fútbol, replicar a pie juntillas los logros de Maradona. A falta de resultados, y del muy particular carisma de Diego, Messi empezó a ser visto con sospecha. Argentino, ciertamente, pero criado y desarrollado del otro lado del charco, presentado como el farsante sucesor de Maradona.

Y tal vez la diferencia más notable entre ambos explique el por qué—injustamente—se infravalore lo que Messi ha significado para el futbol argentino; exigirle de más, atribuirle a él, en solitario, responsabilidades que también han sido de compañeros incapaces de hacer diferencia en momentos cruciales, en tres finales agónicas, (recordemos que todas se fueron al alargue) y en todas se fallaron ocasiones clarísimas de gol.

Rusia, si se anima, será la última llamada para su consagración, dependerá de él, pero sobre todo de aficionados y compañeros, transformar una carga individual, en una responsabilidad colectiva. Ojalá, así sea.

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Ese Maldito Mayo

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

La vida a veces me parece un juego de suma cero.

A todos se nos dice, que nuestra existencia tiene un ciclo ineludible. Aquello que nos hace vivir acorde a los parámetros y estándares impuestos: nacer, crecer, aprender, ir a la escuela, escoger una profesión, salir al mundo laboral, ser autosuficiente, encontrar una pareja, tener hijos, con un poco de suerte conocer a tus nietos, y esperar que ese naufragio inevitable que llamamos “vejez” no sea tan cruel en nuestros últimos días.

Todo ello, claro está, siguiendo conspicuamente los consejos de médicos, revistas, blogs, trainers y quien quiera que le otorguemos autoridad suficiente para recetar lecciones de una vida saludable: hacer ejercicio, comer frutas y verduras, evitar las grasas saturadas, tomar dos litros de agua al día, optar por las terapias alternativas que no “envenenan el cuerpo” como la medicina tradicional.

Navegar religiosamente, todos los días, sin excepción, las redes sociales, compartir piensos, videos chuscos, apodar a tal o cual personaje como gentleman tal o lady tal (según convenga). Ser activista político o ecologista, denunciando todo aquello que no nos parece desde la comodidad de nuestros smartphones.

Descubrir la espiritualidad sin recurrir a la religión, encontrar el balance perfecto, cuerpo y espíritu, creer en el karma, la justicia divina, adherirse fervorosamente al movimiento new age, ser auténticamente millennials.

Y así nos pasan los días, meses y años, aferrados a la rutina, los amigos, la familia, los planes y el trazo de nuestra ruta predeterminada.

De repente y sin esperarlo, brotan sueños, esperanzas, que llegan como de rayo, cambian intempestivamente nuestros guiones preestablecidos. Parecen perdurables, simulan estar cimentados en lo más profundo de nuestras ilusiones. Esa edificación de pensamiento mágico e imaginario, que se vuelve combustible para levantarse y andar, enfrentar los retos del día a día, creyendo que se camina por la senda correcta, que el destino final es compartir y ser feliz.

Estar dispuesto, ciegamente, a renunciar a un plan determinado, al confort de la cotidianidad. Arriesgar lo que se tiene y lo que no, atreverse a librar y expiar fantasmas del pasado que aún deambulan, que dejaron experiencias de todo tipo, algunas placenteras, otras no tanto.

Declinar a tener el control sobre las puertas más profundas del ser, con la más firme convicción de haber encontrado por fin y de una vez por todas, a ese alguien con quien complementarse y convertirse en uno mismo.

Pues de eso se trata ¿no?, dejarse llevar como si estuviéramos flotando sobre el mar pero dando el máximo de sí mismo, no guardarse nada, abrirle más espacio al sentimiento que al pensamiento, con tal de llegar, con tal de encontrar, con tal de creer que el depositario de nuestra vulnerabilidad la procurará ferozmente, sin dejar que nada ni nadie se atreva a transgredirla, haciendo un compromiso inquebrantable de reciprocidad.

Cuando ese mismo cúmulo de pensamientos y sentimientos, que con la misma prontitud con la que llegaron se esfuman y desvanecen, quedarán únicamente recuerdos con los que habrá que lidiar solitariamente, muchas veces en silencio.

Al final habrá que sacudirse el polvo, demoler poco a poco quimeras y espejismos que nunca lograron materializarse. Procurar entender, de una buena vez, que como todo combustible fósil ese fue no renovable y efímero, destinado inexorablemente a agotarse algún día.

Reiniciar ciclos y rutinas, asimilar aprendizajes, revalorar lo que se tiene y siempre se tuvo, volver los pies sobre la tierra, con perspectiva renovada, optando por lo que aún se quiere mantener y aquello que se debe cambiar. Saber que un fantasma más o un fantasma menos, no debe cambiar en esencia anhelos e ilusiones.

Dijo alguna vez Julio Cortázar, que “la esperanza le pertenece a la vida, es la misma vida defendiéndose” tal vez como anticuerpos en nuestras horas más bajas y difíciles, hacen que nos aferremos a la idea de que algo mejor vendrá. Quizá, quizá.

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Quiénes Somos… Y el Copete

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

“¿Quiénes somos? Los retos para la identidad nacional Americana” Who Are We? The Challenges to America’s National Identity (2004) es el título del último libro publicado por Samuel Huntington, quien fue, quizá, el sociólogo contemporáneo más influyente de los Estados Unidos y del mundo occidental.

Huntington, profesor de la universidad de Harvard, ganó amplia notoriedad mundial más allá de círculos académicos con la obra: “El choque de la civilización”. El libro en cita, es una estremecedora admonición de un choque cultural hoy visible en distintas latitudes del planeta.

Con excepcional clarividencia, el otrora académico de Harvard, aseveró que tras el final de la Guerra Fría seguiría otra conflagración global, ya no entre naciones sino entre entidades culturales o civilizaciones; para Huntington el mundo se subdivide en las siguientes culturas: china, japonesa, hindú, islámica, ortodoxa, occidental, latinoamericana y africana. Buena parte de los postulados de Huntington han quedado de manifiesto, por ejemplo: en la escalada de ataques terroristas en occidente desde inicios de este milenio, las intervenciones militares de Irak y Afganistán, el surgimiento de Al Qaeda e ISIS, las tensiones en el Mar del Sur de China, o los conflictos bélico en Georgia y Ucrania, le han concedido, al menos parcialmente, algo de razón al afamado sociólogo.

Volviendo al título referido al inicio del artículo, en el mismo, el sociólogo postula que Estados Unidos se caracteriza fundamentalmente de valores nacionales centrales, producto de la cultura anglosajona de los siglos XVII y XVIII: la defensa del individualismo, una fuerte ética de trabajo y formas horizontales y democráticas en la organización, fruto del protestanismo.

Huntington aduce como la principal amenaza para el credo americano y para la subsistencia del “American Way of Life” la vasta influencia de los mexicanos inmigrantes, ya que a su juicio la inmigración latinoamericana en general y mexicana en particular es tan numerosa que la asimilación resultará prácticamente imposible, lo que con el tiempo dará lugar a un país subdividido, en lengua y cultura.

Hoy en día, somos constantemente bombardeados en televisión, radio y redes por los desplantes nativistas, racistas y xenofóbicos de Donald Trump, puntero en la carrera por la nominación del Partido Republicano, una situación indudablemente preocupante para los intereses estratégicos de México y nuestros connacionales al otro lado del río.

Para muchos resulta inexplicable que un mensaje tan tóxico y reaccionario haya calado tan hondo en parte del electorado estadounidense, y que a la vez haya sido capaz de sacar a flote las peores pulsiones supremacistas de la sociedad norteamericana. Lo que no sabíamos, quizá, es que esos sentimientos se han encontrado siempre en estado de latencia, incluso para parte de las élites ilustradas de nuestro vecino del norte, aunque hoy empiecen a resultarnos aterradores por su notoriedad y grado de diseminación.

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Reelección Conyugal

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

Quizá en México, como en ningún otro lugar del planeta, la reelección de gobernantes es el último tabú del sistema político. Basta con ver cómo en nuestro país un gran número de documentos oficiales acompañan al calce la frase: Sufragio efectivo. No reelección.

El aforismo, atribuido comúnmente a la revolución maderista, tiene su origen en el Plan de La Noria, acaudillado por el General Porfirio Díaz en contra de Benito Juárez, quien contendió y ganó en 1871, por tercera ocasión, la elección para Presidente de la República.

El levantamiento de Francisco I. Madero en 1910, que a la postre llevaría al final a la dictadura de Díaz sumergiendo al país en la guerra civil más cruenta desde el movimiento de Independencia, dejaría una huella profundísima en el imaginario político mexicano: la reelección es antitética a la representatividad, a la democrática.

El Maximato Callista fue el último intento de ostentar el poder más allá del periodo constitucional conferido, mediante la imposición de títeres a las órdenes del Jefe de la Revolución. Una pantomima digna del Porfiriato, que finalizó con el abrupto destierro de Plutarco Elías Calles a los Estados Unidos.

Es incuestionable que a partir de la presidencia de Lázaro Cárdenas, la rotación de las altas esferas en el poder de manera sexenal, facilitó en buena medida la oxigenación de distintos cuadros políticos que en su momento aspiraron al poder, todo ello, claro, bajo los muy convenientes usos y costumbres políticos impuestos por el partido único de Estado (impunidad, corrupción, clientelismo, etc.)

Uno de los rasgos distintivos que permitió al PRI perpetuar una dictadura de partido en México, fue el respetar irrestrictamente el principio de no reelección consignado en nuestra Constitución: la no reelección es, tal vez, la única disposición constitucional respetada a carta cabal durante la Presidencia Imperial. Ni siquiera presidentes tan poderosos y carismáticos en su tiempo, como Miguel Alemán Valdés o Carlos Salinas de Gortari, fueron capaces de romper con la regla de oro de la sucesión forzosa cuando sondearon la posibilidad de reelegirse.

El debate sobre la conveniencia de la reelección presidencial (con todas las modalidades posibles) parece remoto, ya que aún los más apasionados reformistas reconocen el trasfondo histórico del principio de no reelección, así como el trascendental papel que dicha prohibición ha tenido en las transiciones pacíficas del poder.

Hoy, la esposa de un ex presidente de la República destaca como una seria contendiente a la candidatura presidencial por su partido, me refiero a Margarita Zavala y a Partido Acción Nacional.

Al margen de sus méritos técnicos y/o políticos para ser o no presidente de la República, cuestión propia de toda campaña política y del escrutinio de los votantes, el hecho de que la cónyuge de Felipe Calderón Hinojosa busque la presidencia ameritaría reabrir el debate sobre la reelección presidencial. Me explico:

Aún y cuando el poder ejecutivo reside de manera unipersonal en el Presidente, en los hechos, resulta poco creíble que un cuadro político tan relevante como cualquier ex primer mandatario no juegue un papel de suma importancia política tras bambalinas en las decisiones de su consorte, lo que implicaría, en mayor o menor medida, el ejercer el poder por interpósita persona.

Es candoroso pensar que el ejercicio del poder no conlleva la influencia de terceros tras las sombras, a sabiendas de que un ex Presidente cohabita en Los Pinos bien valdría la pena preguntar:

¿Es posible marginar a un ex Presidente de las decisiones políticas de su pareja? ¿Es eso deseable? ¿Hay o no algo de simulación? ¿Se quebranta o no en esencia el principio de no reelección? ¿Es conveniente en nuestros días la vigencia o no de dicha prohibición?

Creo que es propicio el retomar un debate que ha sido postergado demasiado tiempo.

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