Diálogo con un “Brexiter”

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Por: Francisco Vaqueiro – @FJVaqueiro

Hay pocos lugares en el mundo, donde se conjuguen tantas etnias, culturas, religiones y diversidad por metro cuadrado que en Heathrow, aeropuerto internacional de la ciudad de Londres. Retrato justísimo de su ciudad, una olla cosmopolita y global.

El clima es inusualmente londinense, soleado y por arriba de los 20 grados centígrados, se vislumbran pocas nubes o probabilidad de lluvia. Abordo un taxi que habrá de llevarme a mi residencia, el conductor, tipo blanco en sus cuarenta y altos o cincuenta y bajos, amablemente me ayuda con mi equipaje.

Iniciamos el recorrido, no han pasado ni cinco minutos cuando iniciamos una charla que fue, supongo de menor a mayor substancia y que se desarrolló, palabras más palabras menos, así:

Conductor: “Llevamos muchos días con un clima fatal, no tolero el calor”

Yo. – “¿Le parece muy caluroso el día? A mí me parece una temperatura bastante agradable”

Conductor: “Verá, aquí no estamos muy acostumbrados a este tipo de clima. ¿Vienes de un país más caluroso?

Yo. – Absolutamente, vengo de México.

(Pausa)

Conductor: “Es un país lindo, pero he escuchado que están pasando momentos difíciles”

Yo.-  “Sí, es verdad, pero en la prensa muchas veces se exagera” atajo.

Para todos es bien conocido que el fervor patriótico suele exacerbarse cuando se está lejos de casa. Ello, en adición a que era 15 de septiembre, día de la celebración de nuestro ritual nacionalista por excelencia.

Conductor.– “Aquí no sé si exagere o no, tenemos un problema con los musulmanes, a pesar de ser de tercera o cuarta generación, muchos de ellos no pueden tolerar ver a una mujer en minifalda”

Yo.- “Puede ser que algunos no estén acostumbrados ¿pero de verdad cree que es un problema generalizado?”

Conductor.- “Definitivamente sí. Lo peor es que nuestro gobierno regala pasaportes británicos por cualquier cosa, no hace falta tener ningún tipo de filiación, sólo vivir aquí, es desastroso

Yo.- “No quisiera importunarlo, y sé que puede ser una pregunta muy personal, pero ¿usted votó por el Brexit?

Conductor.- “Sí” dice con vehemencia. “¿Ves el espacio que hay en el lugar donde viajas?” una cabina bastante amplia, ciertamente. “Pues la Unión Europea me obliga a tener ese espacio, en caso de que tenga que transportar a alguna persona con discapacidad que utilice silla de ruedas. Eso sólo pasa una o dos veces por año.

Yo.- “Ya veo”

Conductor.- “¿Y qué vas a estudiar aquí?”

Yo.- “Una maestría en Derecho

Conductor: “Muy bien, mi hijo acaba de titularse en Matemáticas, acaba de ser contratado en Lloyd’s.”  Uno de los bancos más grandes de Gran Bretaña y de Europa.

Irónicamente, el sector financiero de Londres ha sido uno de los más afectados por el Brexit.

Yo.- “Excelente, debe ser un padre muy orgulloso

Conductor.- “Lo soy” responde con jactancia

Conductor.- “¿Y cuál es la principal actividad económica que se desarrolla en México? ¿Es la agricultura?

Yo.- “No. Las manufacturas. Especialmente las automotrices. Durante mucho tiempo fue el petróleo, pero ahora con la caída de los precios internacionales estamos teniendo tiempos difíciles

Conductor.- “Ya veo. Aquí el precio de la gasolina ha subido, porque este se cotiza en Dólares americanos y la Libra ha perdido valor últimamente

Conductor.- “¿Y tienen la tecnología para hacer manufacturas automotrices?

Yo.- “Sí, se han instalado muchas empresas extranjeras en México, recientemente.

Conductor.- “¡Alemanes! ¿Verdad?”

Yo.- “Sí, también muchas japonesas.

Conductor. “Aquí la industria manufacturera se acabó hace mucho tiempo, la tecnología nos va a dejar sin trabajo a todos. He leído que pronto tendremos autos que se manejan solos, eso en verdad me preocupa mucho.

Yo.- “Sí yo también he leído sobre ello.”

Conductor.- “Son todas estas empresas Americanas como Uber, Google o Apple, están automatizando nuestras actividades y saben todo sobre nosotros. Desde a donde vamos, como nuestras rutas de conducción ¿quién controla toda esa información?”

Yo.- “Es verdad, parece 1984 de George Orwell. Yo no sé cómo esperan que la gente compre sus productos si no habrá fuentes de trabajo.” Trato de ser empático.

Conductor.- “Eso parece.

Nos vamos acercando a mi residencia, cerca de la zona este de Londres.

Conductor “Estos lugares están muy de moda últimamente, antes estaba llena de fábricas, muchas de ellas se movieron a Polonia y otros países de Europa del Este

Yo.- “¿De verdad?”

Conductor: “Así es, lo mismo pasó con la industria del carbón, no pudieron competir.”

Conductor.- “Yo tengo un departamento no muy lejos, ahora mismo debe valer un buen dinero. Quiero utilizarlo para cuando me retire. Eso, o mudarme a Chipre junto con mi cuñado que vive muy feliz por allá.

La zona vibra con gente joven, se aprecian caminando por la calle todas las etnias habidas y por haber. Por fin, llegamos.

Conductor.- “Son 65 Libras” su petición concuerda perfectamente con la cifra del taxímetro.

Bienvenidos al Londres post-Brexit.

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¿CNTEnciado?

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

Entrando en la recta final del sexenio, con un capital político erosionado a límites no vistos en la historia moderna de nuestro país, Enrique Peña Nieto se apuesta lo que resta de su legado político, en la implementación de la reforma educativa que ha encontrado una feroz resistencia por parte de la cúpula magisterial disidente.

El arranque

La primera reforma de calado, aprobada en el marco del “Pacto por México” reunió en sus inicios gran aprobación del “establishment” y de la sociedad civil, es claro que en el discurso no existe tarea más loable que la de impulsar y mejorar la educación pública. El descabezamiento del pernicioso liderazgo sindical magisterial no sólo allanaba el camino para la reforma educativa, enviaba, asimismo, un mensaje de disciplina política para grupos de poder de muy diversa naturaleza, cuyos intereses serían vulnerados. El nuevo pulso reformista, aunado al muy amplio acuerdo de las cúpulas así como optimismo de la prensa internacional sobre la prospectiva política y económica de México, auguraban sin duda un sexenio de altos vuelos; el “Mexican Moment” (epíteto acuñado por la prensa anglosajona, tan adepta a los títulos pegajosos) había llegado. En ese tenor, lo paradójico de la actual tesitura quizá sea que la reforma que en su momento concentró mayor consenso político y social, sea también la que ahora arroja el adversario más serio y formidable en contra del Presidente y de su partido.

¿Descarrilamiento?

No es para nadie un secreto que la capacidad de organización y movilización de los miembros de la CNTE ha sido utilizada en innumerables ocasiones como instrumento de presión política. No abordaré en este espacio si comparto o no sus métodos y demandas (quizá eso sea motivo de otras líneas) pero independientemente de mi postura resulta meridiano que la Coordinadora ha sido capaz de poner en jaque a distintas instancias de gobierno (el caso de Oaxaca en el 2006 resulta emblemático).

La apuesta política del CNTE es por mantener el status quo por medio del uso de sus habituales medios de presión. En ese sentido, las salidas al conflicto resultan poco claras, no serán de ningún modo sencillas y denotan ya un costo político altísimo para la presente administración.

Pensar que el uso legítimo de la fuerza pública es una opción viable para el Estado mexicano es una apuesta arriesgada, los hechos de Tanhuato y de modo más particular los ocurridos en Noxichtlán, develan la incapacidad de los grupos policiacos de atenerse a protocolos aceptables y limitados de manejo de fuerza. El manejo político y de comunicación por parte de la Secretaría de Gobernación ha sido, igualmente, desastroso. La radicalización del movimiento magisterial sumada a la presencia de grupos del narcotráfico y autodefensas en el sureste del país parecen caldo de cultivo para la ignición de un polvorín de dimensiones muy peligrosas para la estabilidad política del país.

Los muy sonados escándalos de corrupción destapados por la prensa y el más reciente caso que involucra el supuesto plagio de sus tesis, han diezmado al extremo la autoridad moral y política de un Presidente al que aún le quedan dos largos años al frente del Ejecutivo Federal.

La desinstrumentalización de la reforma educativa-de facto– o cualquier negociación pactada con la CNTE (por muy disimulada que pretenda ser) mandará un mensaje clarísimo de claudicación hacia otros poderes fácticos y terminará por sepultar un legado político errático de un Presidente, que, como bien dijo el semanario británico The Economist. “no entiende que él no entiende”.

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El Lobo Solitario

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

Un tipo mentalmente inestable, con largo historial de terapias psicológicas debido a sus desequilibrios emocionales, sentimentalmente abatido por un proceso de divorcio tormentoso, intempestivamente decide intercambiar su vida por la de al menos 84 personas, dejando, además, cerca de 300 heridos, muchos de ellos niños.

Ese es el retrato que los servicios de seguridad franceses han hecho de Mohamed Lahouaiej Bouhlel, terrorista tunecino que embistió con el camión utilizado en su trabajo, a la animosa multitud congregada en el Paseo de los Ingleses celebrando la Toma de la Bastilla, fiesta nacional de Francia, en la zona costera de Niza.

No se le recuerda como un miembro particularmente activo o fanático dentro de su comunidad religiosa, pero eso no impide que se especulen ligas con grupos terroristas, ya sea por instrucción o, peor aún, por inspiración.

Información reciente apunta a un proceso acelerado de radicalización, en donde en cuestión de meses, Lahouaiej Bouhlel habría tenido contactos esporádicos con grupos extremistas, pero sin que ello alertara a las autoridades sobre lo que sucedería el 14 de julio.

El ataque, ferozmente atroz y sangriento, no se caracteriza por ser muy sofisticado: un automóvil de carga pesada, una pequeña pistola y un conductor dispuesto a llegar a las últimas consecuencias. Es la nueva modalidad de terrorismo que se expande como polvorín a lo largo y ancho del mundo occidental, la del “Lobo Solitario”, atrás parecen haber quedado los complejos planes que materializaron los ataques terroristas en Nueva York, Madrid o Londres la década anterior. Según el Índice Global de Terrorismo, el 70% de los ataques terroristas cometidos en Occidente en la última década forman parte de esta categoría [1].

Pero ¿qué hace tan difícil para los servicios de inteligencia prevenir y desactivar este tipo de atentados? En primera instancia, los ataques no requieren etapas amplias de planeación o de utensilios sofisticados; son ejecutados con herramientas de uso común como armas blancas, automóviles o artefactos de fabricación casera.

Aunado a lo anterior, en muchos casos no existe coordinación directa entre grupos extremistas y los atacantes; estos actos son inspirados en redes sociales, en blogs, páginas de Internet, o en herramientas de propaganda que hacen un llamado de los fieles a atacar.

La segregación, marginación y falta de inclusión de millones de personas, en una gran parte musulmanes, es caldo de cultivo para la aparición de lobos solitarios, dispuestos, sin el menor empacho, a canjear su vida por la de otros miembros de una sociedad que siente ajena, lejana y que le ha cerrado las puertas.

Lo anterior crea un círculo vicioso del que no se vislumbra un final en el corto o mediano plazo. A mayor alejamiento y “guetización” de las comunidades musulmanas en Occidente, sean estas de primera, segunda o tercera generación, cada vez habrá más y más jóvenes frustrados con su entorno social, dispuestos a intercambiar su vida por un ideal religioso y que les brinda alivio, amparo y sentido de identidad. La reacción de varias sociedades occidentales, por su parte, están lejos de promover un mayor grado de integración. Ahí están los movimientos de extrema derecha encabezados por personajes tan detestables como Trump, Farage, Le Pen y Wildeers que suman a adeptos en sus filas a pasos agigantados.

Desafortunadamente, en un mundo donde el discurso del miedo, la radicalización y la segregación parecen estar prevaleciendo, será cada vez más común ver actos como el de Niza, y quizá, también, movimientos que pugnen por un nuevo orden de fronteras cerradas, desconfianza en el extranjero y en un aumento punitivo de las capacidades del Estado. Bienvenidos a la segunda década del siglo XXI.

[1] http://economicsandpeace.org/wp-content/uploads/2015/11/Global-Terrorism-Index-2015.pdf

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El Caudillo y el Forastero

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

La noticia cayó como un balde de agua fría. Minutos después de una derrota agónica en la final (una más en su carrera defendiendo los colores de su selección) Lionel Messi, la súper estrella del futbol mundial, anunciaba su retiro del fútbol internacional de selecciones: “se terminó para mí la selección; no se me dio, era lo que más quería, pero creo que ya está” dijo a reporteros estupefactos que esperaban ansiosos alguna declaración.

El destino del rosarino y tal vez el juicio definitivo que buena parte del mundo hará de su brillantísima trayectoria deportiva, estará siempre condicionada por el tamiz de la odiosa comparación que se hace siempre con otro genio de la historia del deporte: su connacional Diego Armando Maradona.

Hay, ciertamente, paralelismos que pueden trazarse entre los número 10 más sobresalientes de la historia futbol argentino: bajos de estatura, zurdos, regate y gambeta explosiva. Cada uno en su época, deslumbraron al futbol mundial al punto de que para muchos uno u otro son considerados los mejores en haber jugado el deporte más popular del planeta.

Maradona, fiel a su estilo carismático e irreverente, siempre fue percibido como un cabecilla capaz de amalgamar a un grupo de jugadores a su alrededor y desafiar, siempre desafiar: las reglas, a la FIFA, sus dirigentes, con las piernas o con la boca el caudillo no dejó nunca de retar. La confrontación siempre resultó ser su hábitat natural y ante la misma casi siempre resultó victorioso. Es inevitable no ver esta peculiaridad para entender el grado de idolatría que genera en Argentina.

Messi: discreto, taciturno, cauto y reservado. Se ha limitado a deslumbrar dentro de la cancha, nunca se ha caracterizado por su descaro sin un balón en los pies. Es, por temperamento, imposible para él acaudillar a un grupo de futbolistas como sí lo hizo Maradona.

Pero hay una condición que define—injustamente—su relación con el aficionado de su país. Nacido y desarrollado como talento deportivo en su país, el progreso futbolístico de Diego lo hizo parte del medio futbolístico sudamericano. Por el contrario, Messi llegó como un meteóro caído de Europa, rodeado de elogios en Barcelona, en España y en el mundo.

Los inobjetables logros de Messi a nivel de clubes, hicieron creer que con el tiempo iba a merecer el primer puesto en la historia del fútbol, replicar a pie juntillas los logros de Maradona. A falta de resultados, y del muy particular carisma de Diego, Messi empezó a ser visto con sospecha. Argentino, ciertamente, pero criado y desarrollado del otro lado del charco, presentado como el farsante sucesor de Maradona.

Y tal vez la diferencia más notable entre ambos explique el por qué—injustamente—se infravalore lo que Messi ha significado para el futbol argentino; exigirle de más, atribuirle a él, en solitario, responsabilidades que también han sido de compañeros incapaces de hacer diferencia en momentos cruciales, en tres finales agónicas, (recordemos que todas se fueron al alargue) y en todas se fallaron ocasiones clarísimas de gol.

Rusia, si se anima, será la última llamada para su consagración, dependerá de él, pero sobre todo de aficionados y compañeros, transformar una carga individual, en una responsabilidad colectiva. Ojalá, así sea.

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Ese Maldito Mayo

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

La vida a veces me parece un juego de suma cero.

A todos se nos dice, que nuestra existencia tiene un ciclo ineludible. Aquello que nos hace vivir acorde a los parámetros y estándares impuestos: nacer, crecer, aprender, ir a la escuela, escoger una profesión, salir al mundo laboral, ser autosuficiente, encontrar una pareja, tener hijos, con un poco de suerte conocer a tus nietos, y esperar que ese naufragio inevitable que llamamos “vejez” no sea tan cruel en nuestros últimos días.

Todo ello, claro está, siguiendo conspicuamente los consejos de médicos, revistas, blogs, trainers y quien quiera que le otorguemos autoridad suficiente para recetar lecciones de una vida saludable: hacer ejercicio, comer frutas y verduras, evitar las grasas saturadas, tomar dos litros de agua al día, optar por las terapias alternativas que no “envenenan el cuerpo” como la medicina tradicional.

Navegar religiosamente, todos los días, sin excepción, las redes sociales, compartir piensos, videos chuscos, apodar a tal o cual personaje como gentleman tal o lady tal (según convenga). Ser activista político o ecologista, denunciando todo aquello que no nos parece desde la comodidad de nuestros smartphones.

Descubrir la espiritualidad sin recurrir a la religión, encontrar el balance perfecto, cuerpo y espíritu, creer en el karma, la justicia divina, adherirse fervorosamente al movimiento new age, ser auténticamente millennials.

Y así nos pasan los días, meses y años, aferrados a la rutina, los amigos, la familia, los planes y el trazo de nuestra ruta predeterminada.

De repente y sin esperarlo, brotan sueños, esperanzas, que llegan como de rayo, cambian intempestivamente nuestros guiones preestablecidos. Parecen perdurables, simulan estar cimentados en lo más profundo de nuestras ilusiones. Esa edificación de pensamiento mágico e imaginario, que se vuelve combustible para levantarse y andar, enfrentar los retos del día a día, creyendo que se camina por la senda correcta, que el destino final es compartir y ser feliz.

Estar dispuesto, ciegamente, a renunciar a un plan determinado, al confort de la cotidianidad. Arriesgar lo que se tiene y lo que no, atreverse a librar y expiar fantasmas del pasado que aún deambulan, que dejaron experiencias de todo tipo, algunas placenteras, otras no tanto.

Declinar a tener el control sobre las puertas más profundas del ser, con la más firme convicción de haber encontrado por fin y de una vez por todas, a ese alguien con quien complementarse y convertirse en uno mismo.

Pues de eso se trata ¿no?, dejarse llevar como si estuviéramos flotando sobre el mar pero dando el máximo de sí mismo, no guardarse nada, abrirle más espacio al sentimiento que al pensamiento, con tal de llegar, con tal de encontrar, con tal de creer que el depositario de nuestra vulnerabilidad la procurará ferozmente, sin dejar que nada ni nadie se atreva a transgredirla, haciendo un compromiso inquebrantable de reciprocidad.

Cuando ese mismo cúmulo de pensamientos y sentimientos, que con la misma prontitud con la que llegaron se esfuman y desvanecen, quedarán únicamente recuerdos con los que habrá que lidiar solitariamente, muchas veces en silencio.

Al final habrá que sacudirse el polvo, demoler poco a poco quimeras y espejismos que nunca lograron materializarse. Procurar entender, de una buena vez, que como todo combustible fósil ese fue no renovable y efímero, destinado inexorablemente a agotarse algún día.

Reiniciar ciclos y rutinas, asimilar aprendizajes, revalorar lo que se tiene y siempre se tuvo, volver los pies sobre la tierra, con perspectiva renovada, optando por lo que aún se quiere mantener y aquello que se debe cambiar. Saber que un fantasma más o un fantasma menos, no debe cambiar en esencia anhelos e ilusiones.

Dijo alguna vez Julio Cortázar, que “la esperanza le pertenece a la vida, es la misma vida defendiéndose” tal vez como anticuerpos en nuestras horas más bajas y difíciles, hacen que nos aferremos a la idea de que algo mejor vendrá. Quizá, quizá.

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Quiénes Somos… Y el Copete

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

“¿Quiénes somos? Los retos para la identidad nacional Americana” Who Are We? The Challenges to America’s National Identity (2004) es el título del último libro publicado por Samuel Huntington, quien fue, quizá, el sociólogo contemporáneo más influyente de los Estados Unidos y del mundo occidental.

Huntington, profesor de la universidad de Harvard, ganó amplia notoriedad mundial más allá de círculos académicos con la obra: “El choque de la civilización”. El libro en cita, es una estremecedora admonición de un choque cultural hoy visible en distintas latitudes del planeta.

Con excepcional clarividencia, el otrora académico de Harvard, aseveró que tras el final de la Guerra Fría seguiría otra conflagración global, ya no entre naciones sino entre entidades culturales o civilizaciones; para Huntington el mundo se subdivide en las siguientes culturas: china, japonesa, hindú, islámica, ortodoxa, occidental, latinoamericana y africana. Buena parte de los postulados de Huntington han quedado de manifiesto, por ejemplo: en la escalada de ataques terroristas en occidente desde inicios de este milenio, las intervenciones militares de Irak y Afganistán, el surgimiento de Al Qaeda e ISIS, las tensiones en el Mar del Sur de China, o los conflictos bélico en Georgia y Ucrania, le han concedido, al menos parcialmente, algo de razón al afamado sociólogo.

Volviendo al título referido al inicio del artículo, en el mismo, el sociólogo postula que Estados Unidos se caracteriza fundamentalmente de valores nacionales centrales, producto de la cultura anglosajona de los siglos XVII y XVIII: la defensa del individualismo, una fuerte ética de trabajo y formas horizontales y democráticas en la organización, fruto del protestanismo.

Huntington aduce como la principal amenaza para el credo americano y para la subsistencia del “American Way of Life” la vasta influencia de los mexicanos inmigrantes, ya que a su juicio la inmigración latinoamericana en general y mexicana en particular es tan numerosa que la asimilación resultará prácticamente imposible, lo que con el tiempo dará lugar a un país subdividido, en lengua y cultura.

Hoy en día, somos constantemente bombardeados en televisión, radio y redes por los desplantes nativistas, racistas y xenofóbicos de Donald Trump, puntero en la carrera por la nominación del Partido Republicano, una situación indudablemente preocupante para los intereses estratégicos de México y nuestros connacionales al otro lado del río.

Para muchos resulta inexplicable que un mensaje tan tóxico y reaccionario haya calado tan hondo en parte del electorado estadounidense, y que a la vez haya sido capaz de sacar a flote las peores pulsiones supremacistas de la sociedad norteamericana. Lo que no sabíamos, quizá, es que esos sentimientos se han encontrado siempre en estado de latencia, incluso para parte de las élites ilustradas de nuestro vecino del norte, aunque hoy empiecen a resultarnos aterradores por su notoriedad y grado de diseminación.

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Reelección Conyugal

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

Quizá en México, como en ningún otro lugar del planeta, la reelección de gobernantes es el último tabú del sistema político. Basta con ver cómo en nuestro país un gran número de documentos oficiales acompañan al calce la frase: Sufragio efectivo. No reelección.

El aforismo, atribuido comúnmente a la revolución maderista, tiene su origen en el Plan de La Noria, acaudillado por el General Porfirio Díaz en contra de Benito Juárez, quien contendió y ganó en 1871, por tercera ocasión, la elección para Presidente de la República.

El levantamiento de Francisco I. Madero en 1910, que a la postre llevaría al final a la dictadura de Díaz sumergiendo al país en la guerra civil más cruenta desde el movimiento de Independencia, dejaría una huella profundísima en el imaginario político mexicano: la reelección es antitética a la representatividad, a la democrática.

El Maximato Callista fue el último intento de ostentar el poder más allá del periodo constitucional conferido, mediante la imposición de títeres a las órdenes del Jefe de la Revolución. Una pantomima digna del Porfiriato, que finalizó con el abrupto destierro de Plutarco Elías Calles a los Estados Unidos.

Es incuestionable que a partir de la presidencia de Lázaro Cárdenas, la rotación de las altas esferas en el poder de manera sexenal, facilitó en buena medida la oxigenación de distintos cuadros políticos que en su momento aspiraron al poder, todo ello, claro, bajo los muy convenientes usos y costumbres políticos impuestos por el partido único de Estado (impunidad, corrupción, clientelismo, etc.)

Uno de los rasgos distintivos que permitió al PRI perpetuar una dictadura de partido en México, fue el respetar irrestrictamente el principio de no reelección consignado en nuestra Constitución: la no reelección es, tal vez, la única disposición constitucional respetada a carta cabal durante la Presidencia Imperial. Ni siquiera presidentes tan poderosos y carismáticos en su tiempo, como Miguel Alemán Valdés o Carlos Salinas de Gortari, fueron capaces de romper con la regla de oro de la sucesión forzosa cuando sondearon la posibilidad de reelegirse.

El debate sobre la conveniencia de la reelección presidencial (con todas las modalidades posibles) parece remoto, ya que aún los más apasionados reformistas reconocen el trasfondo histórico del principio de no reelección, así como el trascendental papel que dicha prohibición ha tenido en las transiciones pacíficas del poder.

Hoy, la esposa de un ex presidente de la República destaca como una seria contendiente a la candidatura presidencial por su partido, me refiero a Margarita Zavala y a Partido Acción Nacional.

Al margen de sus méritos técnicos y/o políticos para ser o no presidente de la República, cuestión propia de toda campaña política y del escrutinio de los votantes, el hecho de que la cónyuge de Felipe Calderón Hinojosa busque la presidencia ameritaría reabrir el debate sobre la reelección presidencial. Me explico:

Aún y cuando el poder ejecutivo reside de manera unipersonal en el Presidente, en los hechos, resulta poco creíble que un cuadro político tan relevante como cualquier ex primer mandatario no juegue un papel de suma importancia política tras bambalinas en las decisiones de su consorte, lo que implicaría, en mayor o menor medida, el ejercer el poder por interpósita persona.

Es candoroso pensar que el ejercicio del poder no conlleva la influencia de terceros tras las sombras, a sabiendas de que un ex Presidente cohabita en Los Pinos bien valdría la pena preguntar:

¿Es posible marginar a un ex Presidente de las decisiones políticas de su pareja? ¿Es eso deseable? ¿Hay o no algo de simulación? ¿Se quebranta o no en esencia el principio de no reelección? ¿Es conveniente en nuestros días la vigencia o no de dicha prohibición?

Creo que es propicio el retomar un debate que ha sido postergado demasiado tiempo.

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¿Por Qué Sí la Ley 3de3?

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Por: Francisco Vaqueiro – @FJVaqueiro

Es consabido que la corrupción—y sus muy perniciosos efectos—, se relacionan íntimamente con la impunidad y el poco o nulo respeto que impone la ley, derivado de su nula o exigua aplicación.

Resulta difícil hacer un rastreo cronológico sobre la génesis de nuestra propensión social a quebrantar las reglas sociales de convivencia. Problema crónico de Hispanoamérica. Algunos estudiosos ubican el origen de la corrupción en los usos y costumbres españolas, trasladados, posteriormente, a sus colonias americanas y a otras latitudes del mundo.

Decía el escritor filipino José Rizal, en su novela “El filibusterismo“, en boca de uno de sus personajes de origen español: “¿Queréis que se abra una carretera en España? No hay más que poner un cartel que se diga: Prohibido el paso. Y por allí justamente transitarán todos hasta hacerse camino“.

En el México independiente, durante la etapa armada de la Revolución sonorense, el poder corruptor del dinero quedaría cínicamente personificado en la célebre frase de Álvaro Obregón: “Nadie resiste un cañonazo de cincuenta mil pesos”.

Posteriormente, cuando la Revolución se institucionalizó como partido único de Estado, el sistema se valió primordialmente de tres instrumentos para preservar el control político del país y mantener a raya, casi siempre con éxito, a la disidencia política: cooptación, corrupción, y en última instancia represión; sobre esta última herramienta, resulta más que reveladora la expresión de Gonzalo N. Santos, cacique histórico de San Luis Potosí: “A mis enemigos los tres ierros: encierro, destierro y entierro”.

En tales condiciones transitamos durante todo el siglo XX, sin desarrollar instituciones encargadas de limitar y castigar, lo que por décadas fue costumbre e instrumento político de control. Ni siquiera la transición democrática —de la que germinaron o surgieron cambios fundamentales en entidades tan respetadas hoy en día como el Banco de México o el Instituto Nacional Electoral—fue capaz de desarrollar el entramado institucional necesario para enfrentar exitosamente un azote histórico que se ha vuelto insostenible.

Recientemente, el proyecto de Ley, genéricamente denominado 3de3, así como la campaña de recolección de firmas para su presentación como iniciativa ciudadana ante el Congreso, ha suscitado gran efervescencia en redes sociales y en algunos medios informativos.

Dicha propuesta de Ley ha sido apoyada por diversas instituciones educativas, así como por destacados miembros de la comunidad intelectual del país, como Juan Pardinas y María Amparo Casar.

Se le ha denominado, mercadotécnicamente, como Ley3de3, apoyado por el posicionamiento que generó la propuesta formulada en el pasado ciclo electoral, conminando a los aspirantes a elección popular a hacer públicos tres documentos: (1) declaración patrimonial; (2) declaración fiscal y (3) declaración de intereses.

A pesar de lo anterior, el proyecto de Ley en cita, va mucho más allá de obligar a todo funcionario a revelar tales declaraciones, condición a todas luces insuficiente para evitar la corrupción en el ejercicio de la función pública.

En esencia, la 3de3, denominada Ley General de Responsabilidades Administrativas, pretende reglamentar distintas disposiciones constitucionales que propiciaron lo que se conoce como “Sistema Nacional Anticorrupción”.

Grosso modo, la iniciativa precisa algunas acciones de corrupción como sancionables y perseguibles: entre ellas el peculado, el tráfico de influencias, el soborno, el abuso de funciones, el enriquecimiento ilícito, la colusión, el uso equívoco de información, la obstrucción de la justicia, el nepotismo y la conspiración para cometer actos de corrupción. De igual forma, fija nuevos y más eficaces procedimientos de investigación sobre casos de corrupción, y asigna la competencia a nuevos entes gubernamentales encargados de las indagatorias, concediéndoles mucho mayor autonomía de la que gozan las instituciones con la misma tarea hoy en día.

En la misma línea, propone un registro de servidores públicos sancionados, para que su inhabilitación sea realmente efectiva en todos los ámbitos de la administración pública federal, estatal y municipal, y en todo el territorio nacional. Destaca, de igual manera, que la Ley hace extensivas las sanciones a los entes privados que pudieran estar inmiscuidos en actos de corrupción, cuestión, en mi opinión, de la mayor importancia.

Aún queda mucho tramo por recorrer, y quedará en la sociedad civil vigilar que la Ley 3de3, que pudiera promulgarse, no sea sólo una pantomima o versión deslactosada, incapaz de hacer frente a la mayor problemática social y política de nuestros días.

De entrada, no queda más que hacerle una invitación para sumarse al proyecto, firmando en http://ley3de3.mx/#firma

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Making a Murderer. Ser juzgado por semejantes en la era de la televisión.

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Por: Francisco Vaqueiro – @FJVaqueiro

La escalofriante escena parece extraída de una película de terror. El hallazgo de fragmentos óseos calcinados de una joven fotógrafa reportada como desaparecida, apenas cinco días atrás, dentro de un deshuesadero de autos, apunta la mira hacia un muy probable responsable: Steven Avery, el dueño del deshuesadero.

Avery acaba de ser absuelto de otra condena—aquella por delitos sexuales—que lo recluyó injustamente en prisión durante cerca de 17 años. Recientemente, ha recurrido a la justicia pidiendo una compensación económica por la negligencia policiaca que lo llevó tras las rejas.

El asesinato, ocurrido en el pequeño condado de Manitowoc, Wisconsin, Estados Unidos, llama de inmediato la atención de los medios de comunicación locales, estatales y nacionales. Éstos, se vuelcan sobre el caso desatando una feroz campaña de odio en contra de Avery. La cobertura de la historia termina por despertar la ira de los pobladores de la localidad, quienes, con toda razón, claman justicia contra el autor de tan cruenta barbarie.

El polémico documental Making a Murderer, serie original de Netflix, relata la historia del juicio en el cual Stephen Avery es condenado a cadena perpetua por el asesinato de la fotógrafa Teresa Hallback tras ser oído y vencido en un juicio y ser encontrado culpable por un jurado integrado por sus semejantes. Tal y como lo garantiza la Constitución de aquel país.

Del documental, destaca particularmente el formidable trabajo de los abogados de Avery: Dean Strang y Jerry Buting; quienes, según se aprecia en el material videográfico, fueron capaces de desvirtuar la teoría de la verdad histórica propuesta por el fiscal Ken Kratz, además de exhibir flagrantemente la torpeza y arbitrariedad con la que se condujo la policía durante la investigación del homicidio.

Subrayaría primordialmente tres cuestiones muy reveladoras que arrojan dudas sobre la culpabilidad del imputado: (i) En el auto de la víctima se encontró sangre de Avery, pero no de la víctima (Teresa Hallback). Además, se revela que los tubos de ensayo con las muestras de sangre que se utilizaron—obtenidas durante la investigación por la que fue inculpado por violación anteriormente y que estaban bajo resguardo policiaco—fueron alteradas; (ii) las contradicciones encontradas en las declaraciones de los agentes de policía involucrados en la investigación del homicidio (iii) que nunca fue encontrado rastro alguno de ADN de Hallback en los lugares donde supuestamente se asestó el homicidio.

Después de observar ésto, será claro que, para el televidente quedará, al menos, la sensación de duda sobre la responsabilidad de Avery en el crimen.

Ahora bien, volviendo al derecho de ser juzgado por tus pares, cabe puntualizar que la institución del jurado, se presume, proviene de usos y costumbres originados en Escandinavia durante la Edad Media. Mismos que fueron llevados a Gran Bretaña por vikingos y normandos y de ahí trasladado, siglos después, a los Estados Unidos de América.

La idea, originalmente concebida, puede considerarse garantista y justa, ¿quién podría estar más calificado para atribuir responsabilidad criminal a un inculpado, que sus propios semejantes? Al final, dicha responsabilidad quedaría en manos de ciudadanos comunes capaces de apreciar hechos, sin la contaminación de argucias, o el consabidamente críptico argot jurídico utilizado por abogados y jueces.

Imaginemos la época histórica en el génesis de la institución del jurado: todo ciudadano tiene derecho a ser escuchado en un juicio, en donde sus pares determinarán si existe o no responsabilidad por un crimen del o los imputados. Así pues, no será un emisario del gobernante, quien pudiera ser arbitrario, sino que la institución del jurado dará el poder al ciudadano para atribuir culpabilidad más allá de la duda razonable. Cabe destacar, que según la ley, cualquier duda sobre el involucramiento en los hechos, debe siempre favorecer al inculpado en el veredicto, lo que es conocido como el principio in dubio pro reo.

Sobra decir que en aquella época no existían medios de comunicación masiva, por lo que cualesquier miembro del jurado entraría, en la mayoría de los casos, sin siquiera conocer la narrativa de los hechos, misma que sería expuesta dentro del propio juicio por las partes. Es decir el Estado y el inculpado. No habría, entonces, ideas preestablecidas sobre su culpabilidad o inocencia.

Volvamos al presente. Hoy en día, los medios de comunicación en muchos casos motivados por el amarillismo y el morbo, harán juicios sumarios, atribuirán (o al menos sugerirán implícitamente) responsabilidades, imponiendo una narrativa inquisitorial y dramática, conforme a su propio giro, motivados, claro está, por el rating. Por lo tanto, es poco creíble que en casos que suscitan tanto interés del público, el jurado llegue a la sala del juicio sin una idea preconcebida de la situación.

Making a Murderer exhibe claramente el deplorable manejo de los medios masivos de comunicación en el homicidio y el escarnio mediático sufrido por Avery—cuestión que puede darse, en cualquier latitud del mundo. El controvertido caso de Florance Cassez, con todos sus asegunes, atropellos y simulaciones resulta ilustrativo en ese sentido

De igual forma, el documental muestra que la totalidad del jurado estaba enterado de la situación, justamente por el bombardeo noticioso del juicio que habría de llevarse a cabo. A pesar de las pruebas de imparcialidad practicadas a los integrantes de un jurado, me resulta difícil creer que no exista una idea preconcebida y que la misma es difícilmente modificable durante el desarrollo del juicio. Así pues, resulta difícil sostener en la praxis la presunción de inocencia como derecho humano, garantizado igualmente por la Constitución de los Estados Unidos.

Confieso que al terminar de ver Making a Murderer, independientemente de las peculiaridades del caso, me pareció que la idea de ser juzgado por tus pares hoy en día, resulta injusto para el acusado, ya que la presunción de inocencia, puede quedar inevitablemente trastocada por lo que vemos, o no vemos, en una pantalla de televisión o en un set de noticias.

Por lo dicho, ha llegado la hora de preguntarse si la institución del jurado, originalmente concebida de manera adecuada, resulta propicia para la impartición de justicia en nuestros días.

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Desiguales en Democracia… Algunas Preguntas

Desigualdades en Democracia

Por: Francisco Vaqueiro – @FJVaqueiro
Imagen: http://sprinterlife.com/2011/10/occupy-peru-sprinter-life-protests-in-chicama.html

En medio de mis vacaciones de fin de año, temporada en las que usualmente oriento mis hábitos de lectura a cuestiones distintas a las de mi profesión, me encontré en Gandhi con un libro titulado “La economía no da la felicidad, pero ayuda a conseguirla”.

Se trata de un compilado de estudios teóricos sobre economía, pensado primordialmente para aquellos que no somos economistas y para quienes carecemos de fundamentos académicos para su pleno entendimiento; economía —for dummies —le podrían llamar algunos. El ensayista es el español José Carlos Diez.

Dentro del texto que cito, el autor repasa brevemente las tesis de El Capital en el Siglo XXI escrito por el francés Thomas Piketty. En su libro, Diez concuerda con Piketty, señalando que la parte más relevante de dicho estudio ha sido que el francés puso en el centro del debate el tema de la desigualdad económica.

En resumidas cuentas, Piketty afirma que el capitalismo tiende a producir una creciente desigualdad entre los que tienen mucho (el 1% más rico) y los que no tienen tanto (el 99% restante), directriz que, a juicio del economista, se ha acentuado en el mundo desde los años ochenta hasta hoy. De igual forma, entre otras cosas, el francés puntualiza que la disparidad en el ingreso es nociva para la democracia y propone medidas correctivas para evitar la acumulación excesiva de riqueza.

El Capital en el Siglo XXI, ha suscitado un feroz debate entre economistas que han divido opiniones sobre si los razonamientos de Piketty son correctos o no. Las críticas que algunos estudiosos de la materia han hecho, parecen de chile, mole y pozole. Hay quienes por ejemplo, afirman que el francés no toma en cuenta el desarrollo tecnológico, o el contexto de la economía global, hasta aquellos que sostienen que no existe tal disparidad en el ingreso en el mundo, y que la misma sólo se limita a ciertos países (ie. Estados Unidos, Canadá e Inglaterra).

Estas líneas no pretenden defender o criticar a Piketty, ya que en primer lugar no soy economista y muchos de sus postulados escapan a mi comprensión (estoy cierto que muchos compañeros de estas páginas, economistas de profesión, podrían hacer un mejor trabajo que quien esto escribe). De igual manera, tampoco intentaré propiciar un debate sobre si la acumulación exorbitante de riqueza es ética o no, cuestión que, de igual manera, ameritaría otro debate con diversas aristas.

No obstante, a mi entender, existe una deliberación sobre la desigualdad económica, pendiente e impostergable.

Dicho lo anterior, mi intención es llevar a la reflexión exclusivamente una de las tesis de Piketty: ¿es la desigualdad económica y la acumulación de riqueza de un pequeño porcentaje de la población, nociva o no para la democracia moderna? Le pido nuevamente al lector que deje a un lado la metodología utilizada por el francés, si las medidas correctivas que propone son viables o no, o la perspectiva moral sobre si el enriquecimiento desproporcional es legítimo o no.

Hoy es notable el desencanto con la democracia en distintas latitudes del mundo, que ha llevado al surgimiento de líderes demagogos de derecha y de izquierda (eg. Donald Trump en EUA, Le Pen en Francia, o Podemos en España) que proponen solucionar los problemas sociales de un plumazo con propuestas que van desde el promover el escarnio de diversos chivos expiatorios como obra y causa de todos los males, o el sugerir políticas poco creíbles para enderezar el rumbo.

En resumidas cuentas, hay una percepción general de desilusión aparejada de una notable falta de sensatez de los diversos movimientos políticos emergentes.

¿De dónde nace el descontento? ¿Qué hace que un tipo como Trump tenga el arrastre político que su discurso genera o que cada vez un mayor número de franceses se adhieran al Frente Nacional? Cuando uno lee las páginas de cualquier periódico, parece haber consenso entre el mundo académico sobre la inverosimilitud de sus propuestas demagógicas. ¿Entonces?

¿Es el caldo de cultivo de tales circunstancias políticas el sentimiento generalizado de injusticia que percibe el votante común? ¿A dónde puede llevar la gestación, dentro de la propia democracia, de movimientos antisistema? ¿Es la desigualdad económica su causa o consecuencia? Ahí, justamente es a donde debe dirigirse, en mi opinión, el debate concebido por Piketty.

Tú, lector ¿qué opinas?

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