¿Perdonar sin olvidar?

Memoria

Por: Alex Leurs

« Es posible (…) llegar a una verdad que no sería absoluta, teórica, lógica pero que sería una verdad del espíritu »- Hessel-.

Este ejercicio de imaginación supone que no se busca la verdad de las cosas sino más bien de construir una versión de ella.

Ávido de provocar un espacio de diálogo, he buscado opiniones y observaciones con respecto a las reflexiones que se han transformado en colaboraciones. Mi intención al escribirte a ti lector es que resulte un ejercicio bidireccional. Se trata de un antídoto ante la posibilidad de que este espacio se convierta en un espejo narcisista y no en un espacio dialógico. Los intercambios con respecto a mi colaboración anterior me permitieron llegar más lejos en la reflexión. Hoy quisiera compartirte ese espacio no anticipado para seguir jugando.

¿Vamos? …

Perdonar sin olvidar usaba la imagen de una persona tomando el sol y bebiendo cerveza en el parque del memorial a los Mártires de la Deportación para reflexionar sobre la función del pasado y la memoria. La tendencia de la colaboración llevaba a suponer que esta persona pecaba por omisión histórica al reproducir un patrón social: olvidar. Alguien que quiero mucho me señaló que era difícil perdonar sin olvidar. Es más, rescató el carácter crucial del olvido en el desarrollo no sólo del hombre sino también de la humanidad.

Una vida sin poder olvidar muy probablemente nos atormentaría —véase el episodio de Black Mirror The Entire History of You—. Sin embargo la historia es fuente de mitos que nutren y forman culturas, sociedades e individuos. Ambas afirmaciones refieren a la memoria pero podrían estar distinguiendo diferentes formas de memoria: la individual y la colectiva. Entonces, ¿cómo pensar la historia y al individuo?

Ante este aparente antagonismo podríamos situar al olvido como testigo de un fenómeno socio-histórico en el que la historia es depositada en la cultura. Recordar es una forma de cargar con la historia y ésta, a veces, pesa mucho. Hay cosas que no pueden ser cargadas por una sola persona y otras que algunas personas no quieren (ni quisieran) cargar. Demasiada disonancia cognitiva pone en peligro nuestra -restrictiva-  estabilidad mental. Resulta entonces interesante considerar la relación entre lo que es individual y lo que es colectivo en términos de memorias e historias.

Lo individual y lo colectivo se entienden y estructuran con base en sus diferencias. Dando por hecho que ambos están en constante transformación que resultan de sus interacciones, podemos ver a la cultura como el contexto a partir del cual la identidad se construye por diferenciación de este último. Desde las grandes obras, leyendas y mitos hasta lo no-dicho y no-contando, la cultura se vuelve fuente y recipiente de memoria colectiva. Así, cada individuo representa una versión de lo que carga la cultura a la que se ha expuesto.

Debería ser un ideal operar en la cotidianidad con consciencia de lo que somos, lo que hemos sido, lo que devenimos y por lo tanto del significado —potencial— que pueden cargar nuestras acciones. Por más pequeñas que sean. No obstante, como consecuencia de los intercambios mencionados y explorados, emerge una especificación: la responsabilidad individual se limita a la(s) unidad(es) espacio-tiempo dentro de la que se mueve el individuo mientras que las colectivas se encargan de mantener aquello que contextualiza al espacio y el tiempo.

Entonces antes de preguntar lo que significa perdonar sin olvidar resulta preciso cuestionarse sobre lo que representa el perdón de una colectividad y las formas que éste puede tomar en la singularidad de cada individuo.

¡¿Cómo ves?!

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El veganismo como lujo

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Por: Daniela Dib – @dandiba

Si existe controversia sobre el documental What the Health, aún disponible en Netflix, no se debe a su argumento principal. Según el filme, además de fijarnos bien en lo que contienen los alimentos que consumimos, debemos adoptar una dieta cien por ciento basada en plantas. Sin duda, la comunidad científica internacional coincide sobre lo que implica una dieta sana: fuentes de proteína, grasas buenas, ingredientes naturales, pocas azúcares y harinas refinadas, y sí, muchos vegetales, frutas y tubérculos. El problema de What the Health es que sus creadores argumentan de una manera sumamente manipuladora por qué y cómo debemos volvernos veganos.

En diversos momentos del documental hablan “expertos” que aseguran que beber leche es igual de malo que fumar un cigarro, o que una dieta vegana es la prevención y cura de todo tipo de enfermedades. Como lo hace notar un artículo de Vox, esta información no sólo es exagerada, sino que es irresponsable. Y como mexicanos, al vivir en un país donde más de la mitad de la población padece de problemas de sobrepeso y un buen porcentaje tiene obesidad, tomar la información de este documental al pie de la letra es más perjudicial que benéfico. Porque si bien la obesidad es un problema de salud pública, para quienes vivimos en la burbuja de información vía Netflix es más grave pensar que todo el mundo puede y debe adoptar un estilo de vida tal como lo plantea What the Health.

La ola de productos orgánicos, superfoods, remedios exóticos de Oriente y terapias milenarias de sanación alimenticia nos invitan a tener un estilo de vida más saludable, menos enfermedades y una mejor relación con la comida. Todo esto está muy bien, pero sermonear sobre los peligros del mercurio y la pesca ilegal a quien saca una lata de atún a la hora del lunch Godín es como escupir en su plato. El atún en lata podrá no ser tan bueno como el filete de atún aleta amarilla, pero sin duda es más barato. Además, comer una lata de atún es mejor que una torta de tamal. Es justo ahí donde radica el problema de los iluminados alimenticios: más que compartir información necesaria, muchos emiten un juicio de valor basado en su propio poder adquisitivo.

“Qué cruel que sigas comiendo animalitos”, “Qué ignorante que no sepas que es el hemp”, “Qué irresponsable que consumas carne”. Estos argumentos caen en la exageración con tal de probar su punto, tal y como ocurre con What the Health. Una cosa es promover el consumo de vegetales y otra es que, para hacerlo, asegures que consumir huevo –uno de los alimentos más baratos, nutritivos y que aparecen en la canasta básica del mexicano promedio– es lo mismo que fumar cinco cigarros diarios. Es triste que pregonar sobre los beneficios de una dieta vegana no siempre se enfoque en comunicar los beneficios de un estilo de vida más sano: con frecuencia, se centra en presumir que “yo soy mejor porque tú todavía compras leche Alpura llena de conservadores mientras yo bebo un brebaje dorado con cúrcuma importada y leche orgánica de almendras”.

Coincido en que llevar una dieta con más frutas, verduras e ingredientes naturales no resulta más caro que alimentarse a base de refrescos y productos llenos de alta fructosa. Apegarse a la dieta tradicional del mexicano, basada en el consumo de maíz, leguminosas, frutas y proteína animal, es una opción accesible y sana incluso dentro de los estándares que recomienda el IMSS. Sin embargo, querer nutrirse a base de súper alimentos, frutas y verduras fuera de temporada o productos y suplementos orgánicos es algo que sí requiere mayor inversión y que no todos los mexicanos pueden o deben hacer.

El Vitamix maravilloso que utiliza todo influencer vegano que se respeta cuesta mínimo $7,500. El kilo de almendras para hacer leche cuesta alrededor de $200 pesos, y el pan sin gluten $99 pesos el paquete. Para los ovovegetarianos, la diferencia entre una docena de huevo orgánico y uno normal es de casi $30 pesos. Marcas a la cabeza de un estilo de vida sano basado en alimentación, como Goop –creada por la actriz Gwyneth Paltrow– y Whole Foods han sido criticadas por vender productos sencillos al triple de su precio por traer alguna falsa leyenda sobre sus propiedades “naturales”.

Desafortunadamente esto ocurre con frecuencia en las empresas que producen, distribuyen o preparan alimentos; para ellas, el veganismo no es un estilo de vida, si no una categoría de marketing. Las leyendas fat-free, cruelty-free, dairy-free, sugar-free y gluten-free no necesariamente significan que un alimento sea sano o que un producto sea ético. Usualmente implican un precio de venta más alto y una percepción en el consumidor de que está haciéndole un favor a su cuerpo y al planeta. Este último punto, según reportes recientes, ni siquiera es cierto. Y gracias a documentales como What the Health y la opinión a veces intolerante de quienes practican el veganismo, lo que incrementa no es la cantidad de personas que dejan de ser obesas, sino el precio de todo lo que incluye la etiqueta de “Vegano”.

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Se fue la “luz”

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Por Uriel Gordon

La vida urbana se distorsiona: las notas musicales que emana el saxofón conectado a un micrófono, que suelen oírse a distancia, alrededor de las 10 de la mañana los domingos, en el restaurante Romerita 28, hoy no se escuchan. Solo suenan puntualmente las campanas de la Iglesia, que no necesitan electricidad para despertarlas; también, se perciben con más afinidad los ruidos que generan los coches, camiones y motocicletas que pasan de manera intermitente por la Avenida Providencia. Por el crujido del motor, uno puede distinguir de qué medio de transporte se trata y jugar a calcular su edad: cuando los sonidos del motor se asimilan a los de una tos de alguien que está escupiendo un pulmón, probablemente el vehículo tiene más de 10 años. Bueno, eso es lo que se antoja imaginar.

En otro plano, en una zona tan arbolada como lo es Providencia, vienen con fuerza los sonidos de la naturaleza; la falta de electricidad en este rincón de la Perla Tapatía quita distracciones y permite adentrarse en los murmullos que genera el choque entre el viento y las hojas de los árboles; los ángulos y la velocidad con la que pega el aire son los encargados de moldear la intensidad y el tono de las voces. El producto final, por lo menos con este clima soleado: sonidos que arrullan.

Momento… Falta conjugar con estos sonidos el cantar de las aves. Hay pájaros que hacen pensar en las manecillas del reloj: chiflido por segundo. Hay otros que parecen conectar directamente con la respiración: llevan a imaginar inhalaciones hondas con exhalaciones prolongadas que, inconscientemente, sacan algún tono musical que conduce a pensar en tiempos más primitivos.

Sin ir tan atrás, relativamente, ¿cómo era Providencia hace 200 años?  De entrada, la Independencia de México todavía no se había consumado, pero más allá de eso, ¿la zona era exclusivamente un bosque? ¿Vivía gente aquí? ¿Cómo era la vida cotidiana? ¿Qué tipo de animales… Las hélices del ventilador se mueven de nuevo, el refrigerador ruge otra vez; a lo lejos, las primeras notas del saxofón en Romerita 28 comienzan a sonar. La “luz” ha vuelto.

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La crisis existencial de los milenials

Crisis existencial de los milenials

“En medio del camino de la vida me encontré en un oscuro bosque, ya que la vía recta estaba perdida.”

                        -Dante

Desde que nacemos hasta que alcanzamos cierta edad nos encontramos con la fortuna de que siempre hay un camino demarcado que seguir. Vivimos con la comodidad de que, año con año, en la escuela las cosas cambiarán poco o nada, más allá de nuestro crecimiento natural. Nadie nos pregunta qué queremos hacer hasta que cumplimos 18 años o, en su defecto, nos graduamos de la prepa. Aún en la carrera hay el colchón de alrededor de cuatro años sin tener que deliberar. Entonces es cuando se complica la cosa y viene el ¿qué sigue?

Algunos corren con la enorme suerte de saber claramente qué quieren hacer, otros aún más bendecidos cuadran sus ambiciones con las expectativas de sus padres. ¿Y el resto? Al resto nos toca la batalla interna y externa de descubrirnos día con día. Somos la primera generación a la que se les da una verdadera opción a la hora de escoger su futuro. Pero, al mismo tiempo, seguimos en la transición en la que las aspiraciones culturales y familiares pesan sobre nuestros hombros, predisponiéndonos hacia un camino o el otro; más que nada, existen muchas cosas que nos hacen optar por la vía de la estabilidad económica y familiar, dejando atrás las que pueden ser las pasiones auténticas. Diario podemos ver videos y artículos motivacionales que nos empujan a salir de la zona de confort y a arriesgarnos por lo que queremos: a vivir de forma extraordinaria, a viajar, a conocer, al carpe diem. Luego nos topamos con que, para todo esto, se necesita dinero…  que sólo podemos conseguir trabajando. Y se muere la ilusión efímera.

Esto aunado a que, a pesar de todo lo que planeamos, dependemos enormemente de la casualidad. En todo. Se nos puede presentar una oportunidad en un momento que, si la dejamos pasar, no vuelve más. El coincidir toma más y más importancia conforme se analiza en retrospectiva.

Por lo anterior, nos encontramos con que los milenials somos una generación que vive en crisis existencial. La crisis de la mediana edad por la que pasaron y siguen pasando tantos parece haberse recorrido con nosotros. Nuestra juventud parece estar marcada por esta duda de ¿y ahora qué? ¿de verdad quiero esto o aquello?

Esto es resultado de que cada vez hay más opciones a nuestro alcance y de que nuestros padres han sido más permisivos en general. Además de que somos la herencia de las primeras generaciones que se empezaron a divorciar. Así los milenials son más conscientes e introspectivos, se cuestionan más a la hora de decidir sobre la vida laboral y en pareja.

El punto está en no dejar que la vida nos encarrile en el conformismo y en el pasar de los años sin detenernos a ver qué está pasando. Que no nos mate el estigma. No casarse sin amor, por mera costumbre y porque “es lo que sigue”. No siempre tendremos la suerte de estar donde quisiéramos en dado momento, pero también hay que tener la madurez de aceptar ciertas situaciones y analizar si por ahí se puede encontrar eventualmente la felicidad.

La crisis milenial no es mala señal. Todo lo contrario. Es reflejo de una mayor consciencia. Mejor dudar y cuestionarnos mientras estamos a tiempo, y no tenemos vidas dependiendo de nosotros, que cuando ya puede ser demasiado tarde y nuestros mejores años se escaparon como la arena.

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Bloody Mary. La triste historia de la primera reina de Inglaterra

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Enrique VIII
Rey Enrique VIII de Inglaterra

Por: Gabriela S. Gómez

Hace alrededor de 500 años Enrique VIII era Rey de Inglaterra. La historia de este Rey ha logrado trascender a la cultura popular más por la telenovela que fue su vida (¡tuvo seis esposas!) que por sus estrategias políticas, pero es que, en ese entonces, la telenovela y la vida pública estaban íntimamente entrelazadas, no había decisión personal que no pudiera terminar por afectar a millones de personas. Ahora, ¿qué puede hacer que un rey—que puede tener las amantes que guste— quiera pasar por seis esposas? La obsesión por tener un heredero varón.

No podemos juzgar al pobre de Enrique. Él era apenas el segundo rey de la dinastía Tudor que había fundado su padre después de años de guerras y traiciones. Mantener el trono en la familia era posiblemente el acto más trascendente de todo su reinado. Y, como si fuera víctima de una maldición—lo que de hecho él llegó a creer— su sueño de tener un hijo no se cumplía. Su primera esposa, Catalina de Aragón (hija de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel), en los 16 años que vivieron como pareja tuvo varios embarazos pero sólo uno de sus hijos logró sobrevivir a la infancia, una mujer, la futura María I. No es que Enrique fuera particularmente machista, pero en ese tiempo la idea de que las mujeres eran incapaces para gobernar era de dominio público. Entonces, Enrique creía que si dejaba como heredera a una mujer, los nobles del reino se rebelarían y pondrían a cualquier otro hombre en su lugar, otro hombre que NO sería de su familia.

Catalina de Aragon
Catalina de Aragón

Seguro de que Dios lo estaba castigando por haberse casado con la viuda de su hermano, decidió repudiar a su esposa y casarse con una mujer de la que se había enamorado perdidamente: Ana Bolena. Pero, aunque fuera rey, no podía simplemente decirle a Catalina “ya estuvo, me voy con la otra”, tenía que conseguir una anulación por parte del Papa para poderse casar legalmente con Ana y hacer a los hijos que tuviera con ella legítimos y no bastardos. Esto se le complicaba porque las relaciones de su esposa Catalina, al ser hija de los Reyes Católicos y por lo tanto tía de su heredero, el Emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico y I de España, eran demasiado poderosas: el Emperador no iba permitir que el Papa le diera chance a Enrique de repudiar a su tía y declarar a su prima María ilegítima. Así que la vía legal no le funcionó. Harto de esperar una resolución favorable a su causa, decidió que si él era el Rey por derecho divino, ¿por qué diablos tenía que hacer lo que le dijera el Papa? Y, literalmente, se autodesjuntó de la liga católica y se autonombró Jefe de la Iglesia de Inglaterra, acercándose así a la liga de los protestantes que tan de moda estaba en esos tiempos. Básicamente, hizo un verdadero desmadre para salirse con la suya: cambió la religión oficial de su país; se peleó con media Europa; se vio obligado a matar a muchos de sus más cercanos consejeros, fervientes católicos como Tomás Moro, porque se negaron a renegar del Papa y reconocerlo como cabeza de la Iglesia; entre otros pequeños inconvenientes. (Siempre he creído que la historia no le reconoce a Enrique que no haya tomado el camino fácil, muy utilizado en su tiempo, y le haya puesto un poquito de cianuro en el café a Catalina, y tan tan.)

Ana Bolena
Ana Bolena

Finalmente se casó con su segunda esposa, Ana, que ya estaba embarazada. Meses después de la boda, Ana estaba en labor de parto y Enrique tenía listo el festín y los cañones para anunciar el nacimiento de su tan esperado hijo. Resulta que tuvo un bebé sano y completo, con un pequeño problema… era una niña (¡ja!). No me quiero imaginar su decepción: había transformado por completo su país y su vida por ese bebé y nada. Enrique se serenó y pensó que ya vendrían los hombres. Pero aunque Ana tuvo más embarazos, no se lograron. Enrique, la pobre víctima, se convenció de que Dios lo volvía a castigar, esta vez porque Ana era “una bruja, una mala mujer, y una adúltera”. En esta ocasión no se anduvo con rodeos y mejor la mandó decapitar. Días después se casaba con su tercera esposa, Jane Seymour. Jane se embarazó pronto, y poco tiempo después le dio a Enrique el hijo que tanto había soñado, Edward, para luego morir en labor de parto. (Ya a estas alturas de la historia es cuando empezamos a creernos eso de la maldición que aquejaba el pobre Rey).

Enrique no pudo tener más hijos con las tres esposas que siguieron a Jane. Al morir, dejó en su testamento a Eduardo como principal heredero, y, si él moría sin descendencia, le seguirían su hija María y después Isabel, la hija que tuvo con Ana Bolena.

 

eduardo tudor
Rey Eduardo VI de Inglaterra

 

Aquí viene lo bueno. Eduardo se hizo rey cuando tenía 9 años, cumpliendo el deseo de su padre de dejar un heredero varón, pero… se murió a los 16, sin hijos. Parecía que Inglaterra estaba destinada a ser gobernada por una mujer, sí o sí. La cuestión era, ¿cuál mujer? Eduardo era un convencido protestante y no quería que su católica hermana María llegara al trono y echara para atrás todas las reformas que él había impartido en sus cortos años como rey. A nosotros puede parecernos poco relevante toda esta cuestión religiosa, pero en ese tiempo la religión no sólo era un esquema de fe, era una cuestión de Estado. Ser protestante significaba tener completa independencia del Papa y de Roma; misas en el idioma del pueblo (no en latín como las católicas), eliminar las imágenes de las iglesias, y más importante aún, le permitía al pueblo leer los textos religiosos directamente, cosa a la que los católicos se oponían firmemente, alegando que el pueblo no estaba capacitado para entender la palabra de Dios. Por lo tanto, quiso cargarse a María de la sucesión dejando a su prima, Jane Grey, como heredera. Para no hacerles el cuento largo, la jugada le salió mal: su prima acabó sin cabeza y María como la primera reina mujer reconocida en todo su derecho que había tenido Inglaterra.

 

María Tudor
Reina María I de Inglaterra

 

A la Corte no le quedó más que aceptar a una mujer en el trono porque todas las otras posibilidades legítimas, eran mujeres. Ellos pensaban que el problema de la incapacidad de la mujer para gobernar se arreglaría escogiéndole a María un buen esposo. Pero se equivocaron tremendamente al pensar que ella se iba dejar imponer al que ellos quisieran. Para un rey o reina, la cuestión del matrimonio era de suma importancia por dos razones: la primera, es que era una de las más poderosas armas de política internacional, los matrimonios creaban alianzas entre países; la segunda, asegurar la sucesión. María tenía una disyuntiva, fiel a su educación creía que las mujeres debían obediencia a sus esposos, pero ella era una reina, entonces ¿cómo se iba a casar con un inglés, que por obvias razones estaría por debajo de ella, y encima obedecerle? Esa idea simplemente no la convencía.  Sus asesores también creían que las mujeres debían obediencia a sus esposos, entonces ¿cómo iba casarse la Reina de Inglaterra con un extranjero y encima obedecerle? No había salida fácil y la Reina y sus asesores estaban por sacarse los ojos. Pero la cuestión de la boda no podía aplazarse porque María tenía 37 años y una tremenda urgencia por embarazarse. Si no tenía un heredero pronto, al morir, su trono pasaría nuevamente a una protestante, su hermana Isabel.

 

Felipe II
Rey Felipe II de España

 

María terminó por imponer su preferencia y se casó con el futuro rey de España, Felipe II, quien era 10 años menor que ella y mucho más atractivo. Testimonios de la boda dicen que ella parecía su mamá… No creo que el joven y apuesto príncipe haya estado muy contento con su nueva esposa, pero los gustos personales no cabían en ese tipo de decisiones. Este capricho de María terminó costándole muy caro con sus súbditos. No sólo se estaba casando con el rey de otro país, lo que implicaría arrastrar a Inglaterra a guerras y conflictos que no eran suyos (lo que al final sucedió para pérdida de Inglaterra), sino que era un monarca católico, y a la creciente población protestante eso no le gustó. Pero ella estaba firme en su decisión y feliz con su joven esposo con el que se puso manos a la obra para procrear: poco tiempo después de la boda se anunció que estaba embarazada. Empezó a trabajar en los preparativos para recibir al nuevo heredero al trono cuando… soltó un chorro de agua, se desinfló y resultó que nunca estuvo embarazada.

Le costó tiempo volver a embarazarse, porque como decidió casarse con el rey de otro país, éste tenía asuntos que atender en España y se ausentaba por largos periodos de tiempo. Cuando al fin volvió a embarazarse, temerosa de que fuera otro engaño, se esperó hasta el séptimo mes de gestación para anunciarlo y dejarse ver por la corte. Pero como si el destino se ensañara con los Tudor, apenas cumplió los siete meses, anunció su embarazo por todo lo alto para… volver a soltar un chorro de agua. Por supuesto, se volvió loca.

Lo que más le importaba a María de tener un heredero no era precisamente ese sentimiento maternal de procrear, sino la cuestión que tanto había obsesionado a su padre y después a su hermano, la sucesión. María se sentía elegida por Dios para reinstaurar el catolicismo en la cada vez más protestante Inglaterra y si no arrancaba la herejía de raíz temía que la isla estuviera perdida para siempre. Con 42 años, la idea de tener un hijo era cada vez más irrealizable. Así que decidió meterle segunda a su reforma católica, reinstaurando la ley de la herejía.

Seguramente alguna vez han escuchado hablar, o mejor aún, se han tomado, un Bloody Mary. Ese trago con jugo de tomate recibe su nombre de la reina que nos ocupa. En su afán por acabar con el protestantismo, María mandó quemar vivas a más de 300 personas en la hoguera, ganándose el mote de “María la Sanguinaria”. Es curioso pensar que a la única persona que realmente tendría que haber quemado en la hoguera era a su protestante hermana Isabel. De nada le servía ir por la vida quemando gente si cuando ella muriera, la próxima reina no sería católica… Pero en fin, parece que eso no se le ocurrió o simplemente nunca se atrevió.

María I murió sin herederos directos, dejando un país resentido y desangrado por las luchas religiosas, y, de alguna manera, dándole la razón a quienes decían que las mujeres no servían para gobernar. Por suerte para las mujeres, la sustituyó en el trono su hermana Isabel—la hija cuyo nacimiento había sido la decepción más grande para su padre—quien pasó a la historia como uno de los mejores monarcas que ha tenido Inglaterra. Le dio una estabilidad y prosperidad nunca vista al país, pero no un heredero. Isabel quiso evitar los problemas a los que se enfrentó su hermana por la cuestión del matrimonio y decidió, simplemente, no casarse y nombrar como heredero al hijo de su prima, el Rey de Escocia Jacobo I. Para cuando ella murió, el temor más grande su padre se había hecho realidad, la dinastía Tudor, se había acabado.

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Los 10 momentos más impactantes de Game of Thrones

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Game of Thrones lleva varios años siendo el programa más popular de la televisión. El estreno de la séptima temporada fue visto por 10.1 millones de personas sólo en Estados Unidos, y se ha vuelto un tema de conversación tan fácil como el clima o el futbol, por lo que a continuación va una lista con los momentos más importantes de las primeras 6 temporadas, o simplemente los más impactantes:

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1. La decapitación de Ned Stark

Este fue el momento en el que todos los que seguíamos la temporada uno nos dimos cuenta que estábamos frente a algo nunca-antes-visto. Tenemos a Ned Stark, el amo de Winterfell, Guardián del Norte y Mano del Rey, el tipo más honorable en todo el continente ficticio, Mr. Goodie-two-shoes por excelencia: Primero confía en Littlefinger, a pesar de que éste le advirtió que no confiara en él (¡idiota!), quien obviamente lo traiciona; después, intentando salvar a sus hijas, se declara culpable de tratar de quedarse con el trono, acordando que lo dejarán unirse a la Night’s Watch, pero el sádico de Joffrey, recién convertido en Rey, decide que es mejor idea cortarle la cabeza frente a una multitud entre la cual estaban las hijas de Ned: Sansa y Arya. La muerte de Ned hace que declaren a Rob el Rey del Norte con lo que básicamente shit hits the fan. Tal vez no fue el primer “WTF! moment” de la serie—para entonces ya habían aventado a Bran desde una ventana y matado a Viserys con oro derretido— pero aquí vimos que los buenos no siempre ganan. Como bien le dijo Cersei a Ned, cuando juegas el juego de tronos, ganas o mueres.

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2. Jaime se confiesa

En esta escena vemos que Jaime, uno de los hijos de perra más grandes del reino, tiene más profundidad de la que aparenta. Después de que le cortan la mano y pierde su cualidad más grande—ser el mejor guerrero del continente—tiene un momento de sinceridad y le platica a Brienne cómo fue servir bajo Aerys (aka el Rey Loco y papá de Daenerys). Relata cómo presenció el terrible asesinato del hermano y del padre de Ned Stark; cómo él sabía que el Rey había enterrado “wildfire” debajo de la ciudad para hacerla explotar antes que entregarla a Robert Baratheon; y por qué decide matar al Rey justo antes de la toma de King’s Landing. Al final, resulta que Jaime tiene honor.

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3. Theon toma el Norte

Theon Greyjoy se crió con los Stark porque su papá, señor de las Iron Islands, se rebeló contra el Norte. Ned sofocó la rebelión y para asegurarse que no se repitiera se llevó al heredero de las Iron Islands como rehén a Winterfell, donde recibió el mismo entrenamiento que sus hijos. En medio de la Guerra de los Cinco Reyes, Theon traiciona a su familia adoptiva, conquistando el castillo y matando a muchos de sus habitantes, incluidos Bran y Rickon (o por lo menos eso creíamos). Theon es derrotado  y torturado al punto de la locura por el bastardo Ramsay Snow, después Ramsay Bolton, quien después se casa a la mala con Sansa, y después se vuelve sustituto de croquetas. El punto es que a partir de la traición de Theon pasa mucho tiempo para que los Stark puedan recuperar el Norte.

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4. The Red Wedding

La serie esta llena de momentos shockeantes, pero ninguno a la altura de la Red Wedding. Robb Stark rompe su promesa de casarse con una Frey y para tratar de arreglarlo, su tío, Edmure Tully, se casa con una de ellas. En el banquete empieza a sonar “Rains of Castamere”, el son de los peores enemigos del Norte: los Lannister. Apuñalan a una embarazada Queen Talisa, esposa de Robb, múltiples veces en el vientre; disparan con ballestas a Robb y Catelyn; asesinan a los asistentes leales a los Stark: Roose Bolton apuñala a Robb (“the Lannisters send their regards”, ¡maldito!); y Catelyn degolla a Lady Frey para después ser degollada ella. En pocas palabras la escena es un caos en el que muere la rebelión del Norte y las esperanzas de Arya de reencontrarse con su familia en The Twins, entonces ¿por qué no? termina volviéndose una asesina sedienta de venganza. Los Bolton son recompensados por Joffrey nombrándolos guardianes del Norte.

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5. Juicio de Tyrion

Tyrion es acusado de envenenar a Joffrey el día su boda (quien por cierto se merecía algo peor que acabar azul en dos minutos, pero ¡bueno, nos dieron el gusto!) y puesto frente a un juez: su papá, Tywin Lannister. Tyrion pierde la cabeza durante el juicio, en lo que fue una de las grandes actuaciones de Peter Dinklage en ese papel, y le grita a los asistentes que le hubiera gustado que Stannis Baratheon tomara la ciudad y los matara a todos, y que daría su vida por envenenar a cada asistente. Pero niega su culpa (en realidad fueron Littlefinger y Lady Olenna, abuela de la novia, los autores) y exige un juicio por combate. Como Tyrion es un enano y Gregor Clegane es “la Montaña”, combate Oberyn Martell en su lugar y no acaba muy bien. Tyrion se termina escapando, no sin antes matar a su papá mientras descomía, y su nuevo camino lo lleva a ser la Mano de Daenerys. En Dorne quieren venganza por la muerte de Oberyn y las “Sand Snakes” ejecutan un golpe de Estado, matan a Doran Martell y a su hijo Trystane, envenenan a Myrcella Baratheon y se alian con Daenerys tiempo después.

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6. Sansa y Littlefinger en The Eyrie

Littlefinger es uno de los personajes más escurridizos del programa, siempre tramando algo sin revelar sus intenciones. Durante la boda de Joffrey y Margaery organiza el escape de Sansa y se la lleva a The Eyrie con su tía Lysa. Al lado de Littlefinger, Sansa deja de ser la niña tonta y siempre víctima, aprende el arte del engaño, la mentira y la manipulación. En The Eyrie nos enteramos que Littlefinger y Lysa mataron a Jon Arryn —el evento que desató todo el desastre que pasa en la serie. Lysa trata de matar a Sansa, pero Littlefinger la mata a ella antes, convirtiéndose para efectos prácticos en el Señor de The Eyrie. De ahí, Littlefinger lleva a Sansa a Winterfell para que se case con Ramsay Bolton y la pase fatal por un buen rato.

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7. El asesinato de Jon Snow

Todo Westeros es un desastre, pero la amenaza más grande son los “White Walkers”, esos monstruos de hielo que convierten a personas, caballos y gigantes en zombies que sólo buscan matar gente. Jon Snow lo sabe y como Comandante de la Night’s Watch deja pasar a los “wildlings” a través del muro, en parte para salvarlos y en parte para que mínimo no se conviertan también en zombies que lo intenten matar, pero sus hermanos no lo toman muy bien y lo acaban matando. Melisandre lo resucita y el haber muerto le da el tecnicismo que necesita para salirse de las filas de la Night’s Watch. Desde El Muro y al lado de la recién escapada Sansa consigue apoyo para una nueva embestida contra los Bolton en la Batalla de los Bastardos. A momentos de ser una catástrofe para los Stark, Littlefinger y los amos del Vale salvan el día en una de los capítulos más caros en la historia de la televisión. Jon es proclamado Rey del Norte a pesar de ser para todos el hijo bastardo de Ned Stark—en realidad es hijo de Rhaegar Targaryen y la hermana de Ned, Lyanna.

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8. Daenerys quema a los Khals

Nada le parecía salir bien a Daenerys: sus dragones no le hacían mucho caso, una banda de asesinos clandestinos mataba gente por las calles de Meereen y para colmo fue llevada prisionara a Vaes Dothrak para que la enjuiciaran por romper las reglas de los dothraki. Ahí, sin ciudades bajo su mando, sin dragones que la protejan, sin su ejército de Unsullied o de mercenarios, sin Ser Barristan Selmy, sin Jorah Mormont y sin Daario Naharis, Daenerys nos demuestra que es una pistola por mérito propio. Ella es Daenerys “the Unburnt” y quema una cabaña con los khals dentro para demostrarlo, y suma a una legión de dothrakis a su ejército en el proceso.

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9. Hold the Door

Del otro lado del muro, Bran Stark está aprendiendo a desarrollar sus poderes. Por sus descuidos, el Rey de la Noche logra localizarlo y romper la protección de su escondite, por lo que tienen que escapar a toda velocidad. Hodor detiene la puerta tras ellos mientras Meera Reed le grita “Hold the door!” y Bran está en trance viendo una escena de años atrás en Winterfell, en la que aparece un joven Hodor. Sí, la muerte de Hodor fue muy emotiva para muchos pero lo más importante de la escena es que Bran parece ser capaz de alterar el pasado en sus visiones (aquí viene el gran debate de toda obra ciencia ficción acerca del viaje en el tiempo y cómo se alteran las cosas, pero no vamos a entrar en eso). Veremos que logra hacer Bran con sus nuevos poderes

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10. Cersei explota el Septo de Baelor

En un momento muy a la Mad King, Cersei decide deshacerse de parte de sus enemigos de un solo golpe. El High Sparrow y su bola de fanáticos religiosos y todos los Tyrell—menos Lady Olenna—son volados en pedazos dentro del Septo de Baelor. Tommen, que si estaba muy enamorado de Margaery y seguramente muy decepcionado de su mamá, se avienta por la ventana de su torre dándole un nuevo significado a King’s Landing. Obviamente, Olenna Tyrell no está muy contenta y se alía con Dorne y Daenerys en contra de los Lannister. También, a falta de Baratheons o pseudo-Baratheons en la línea de sucesión, Cersei se proclama reina de Westeros. Bitches be crazy!.

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El Canto de las Sirenas y los “Likes”

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por Jorge Eulalio Hernández

La mitología nos puede ayudar, como todas las formas de narrativa, a comprender y resolver temas de gran importancia en nuestras vidas. El hombre ha insistido en contar las mismas historias una y otra vez; cambia los nombres, las formas y los contextos, pero no puede escapar figuras arquetípicas que, como si fueran parte de nuestra genética, se manifiestan tarde o temprano.

¿Por qué nos hemos contado, en diferentes regiones del mundo, la historia de un héroe que se sacrifica y así vive para siempre en todos? ¿Qué importancia tiene mantener viva la anagnorisis (lo que ahora llamamos plot-twist) en las historias? ¿Por qué insistimos en transmitir la lección del amor apasionado y ciego que tiene un destino fatal? No hay mucho que pensar: nos contamos historias porque así mantenemos un legado común como especie. Al parecer, no importa cuánto cambie el mundo, quiénes seamos o desde dónde luchemos; las batallas internas, los dragones a vencer y los sacrificios del ego son ineludibles (para el que quiere vivir).

Según la tradición, las sirenas de la Grecia antigua fueron hijas del río Aqueloo y una de las musas (hay diferentes versiones que proponen a Melpómene, Calíope o Terpsícore). Estas criaturas, ahora en su versión más pobre, como en los casos de Ariel y la coqueta de la cola bifurcada de Starbucks, tienen una función específica en la mitología clásica: la de seducir a los viajeros y desviarles de su camino.  “No escuches el canto de las sirenas” es una frase común. Nos pide que, como Ulises, nos amarremos fuerte al mástil de nuestra embarcación para salvarnos del fatal destino que nos espera tras acudir a los encantos de aquella trampa.

Los mitólogos indican que las sirenas fueron cambiando con el tiempo: primero tenían cuerpo de ave, después aparecieron las pisciformes (Borges señala la distinción en inglés entre sirens y mermaids, las sirenas y las sirenas acuáticas respectivamente), pero no cambiaron únicamente en forma sino también en método de atracción. Del canto y la música, acudieron a la carnada visual y por ello es común imaginarlas peinando su largo cabello, sentadas sobre una roca, con rostros perfectos y redondos pechos… y es esta versión la que me hizo reflexionar sobre la vigencia de estas criaturas en nuestra vida diaria.

“Un canto de sirena es sinónimo de una tentación hedonista” dice Carlos García Gual, uno de los más importantes mitólogos de nuestros tiempos, quien no flaquea al advertirnos sobre el destino del que escucha el canto:  “…quien arriba a la isla de las sirenas se queda allí, olvida para siempre el viaje, como atestiguan los huesos y pieles que se pudren entre las flores de la isla”.

Pienso en ‘likes’. Pienso en el número de reproducciones de un video subido a Youtube, en la cantidad de comentarios que se hagan sobre una foto tuya y en las numerosas veces que la publicidad actúa como el canto de una sirena. Tenis para correr más rápido, fragancias que consiguen que Scarlett te espere entre sábanas, push-up bras que te convierten en Adriana Lima… todo sea por complacer mi deseo de sentirme deseado/a.

Acudo al ejemplo de cómo tu perfil de Facebook o Instagram te permite editar tu imagen ante el mundo y, como carnada para el interés de los transeúntes, logras tu momento de atención a través de la imagen de lo que no eres. Mi tesis es que no solamente somos presas del canto sino que, a veces, somos nosotros mismos esos seres que atraen con la mentira y desvían los caminos ajenos. Si lo pensamos bien, es algo profundamente ominoso: sabemos lo que el otro desea y nos transformamos en eso. La pregunta que debemos plantearnos es ¿y para qué desviar al otro? Bueno, la respuesta es aún peor: al parecer, el canto sirénico de nuestros tiempos atrae el hedonismo del otro, pero atraemos a la presa para nutrir nuestro propio hedonismo. Esto último cae dentro de la jurisprudencia del amor y las perversiones. Pero ya habrá otra ocasión para hablar de ello, no nos desviemos de nuestro camino.

Por lo pronto, concluyo en que la copiosa presencia de campañas publicitarias, propaganda política, estrategias de mercado, influencers (lo que sea que eso signifique) en redes sociales y agentes parecidos, emplearán todo aquello que deseas para lucir más atractivos y deseables. No desvíes tu camino y tu concentración por la tentación de lo aparentemente bello y rápidamente obtenible. Si Ulises se hubiera rendido ante las distracciones no habría sido el héroe de una de las historias más extraordinarias que conocemos.

No escuchemos el canto de las sirenas, que saben tomar la forma de lo que uno desea. Sirenas políticas, sirenas familiares, sirenas amigas, sirenas like, sirenas revista…

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