100 Días Después de Trump

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Por: Mauricio Ochoa – @mauri8a

Disclaimer: Nos encontramos un DeLorean con el que intentamos viajar al futuro. Dado que la gasolina está muy cara, nomás nos alcanzó para ir a 100 días después de que Donald Trump asumió la Presidencia, y regresar. Sólo les pudimos traer un periódico (que se imprime en billetes de 100 pesos, porque sale más barato que imprimir en papel bond), y aquí les compartimos algunas de las noticias:

—Donald Trump bloquea la entrada de 74% de exportaciones mexicanas. El Superbowl de 2017 se registra como el de más accidentes por conductores en estado de ebriedad. Se atribuye el alza en los accidentes a que los estadunidenses no pudieron bajarse la peda con guacamole.

—Se prohíbe también la participación de Lady Gaga en el medio tiempo del Superbowl y se sustituye por Kanye West. Hay revueltas homosexuales en San Francisco, Nueva York y Atlanta. El Secretario de Prensa de Estados Unidos atribuye las manifestaciones a un culto religioso cuyo profeta es Freddie Mercury. Encarcelan a Adam Lambert tras ofrecer un concierto ilegal en el Monumento a Jefferson para cantar “Bohemian Rapsody”.

-Se anuncia la salida de Estados Unidos de las Naciones Unidas. Vladimir Putin ofrece Moscú como nueva sede. Marine Le Pen propone París. Miguel Ángel Mancera solicita se le considere como nuevo Secretario General. El Consejo de Seguridad responde con un “AOC”. Voceros de Mancera lo consideran un gran avance.

-Los mercados financieros mexicanos colapsan ante la incertidumbre macroeconómica. Trump amenaza con impuestos a todos los empresarios con inversiones en México. Sale 80% de las marcas internacionales de alimentos, entre ellas McDonald’s. The Economist anuncia que México no podrá participar en el Índice Big Mac. Banco de México sugiere calcular con la torta de tamal, que ronda los $40 pesos.

—El Gobierno Mexicano informa que está tan cerca de alcanzar un acuerdo comercial con Estados Unidos, como de atrapar a Javier Duarte. La sociedad no sabe qué pensar. La PGR sigue esperando a que Fidel Herrera regrese a ser interrogado. Dijo que sólo iba por cigarros.

—El Secretario Narro se ve obligado a renunciar, tras filtrarse grabación en la que dice “antes lo importante era que teníamos salud. Hoy ya ni eso”.

—La Secretaría de Hacienda y Crédito Público declara que “ahora sí, ya en serio, estamos casi seguros que ya no nos va a afectar el alza del dólar”. Se nombra a Andrea Legarreta como Directora General de Comunicación Social.

—César Camacho se solidariza con la situación financiera de los mexicanos y vende uno de sus relojes. Recibe escupitajos de ciudadanos, una vez que se enteran que vendió el Casio.

—Ana Guevara se tropieza con uno de los baches de la Colonia Cuauhtémoc y solicita encabezar la Comisión de Obras Públicas del Senado.

—NETFLIX decide cambiar el nombre de “Una serie de eventos desafortunados”, dado que los mexicanos lo confunden como un documental del actual sexenio.

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El Lado Positivo

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Por: Ximena Mata – @XimenaMataZ
Imagen: Fernando Pinilla

Todo en esta vida tiene un lado positivo. Hasta la llegada de Donald Trump al poder.

Poco antes de la elección en Estados Unidos, escuché al embajador mexicano en dicho país, Arturo Sarukhán, decir que, si ganaba Hillary Clinton, lo más riesgoso para México habría sido que actuáramos como si fuera business as usual. Él y muchos más nativos de este lado de la frontera, no sólo queríamos que ganara ella, sino también creíamos que sucedería, y por eso comenzábamos a cuestionarnos sobre los posibles escenarios para México. Hoy sabemos que el resultado de la elección fue, entre otras cosas, inusual. Así que el temor del embajador no se materializará porque en México y en el mundo sabemos que esto no es business as usual. Otros temores, mucho peores, han empezado a surgir con la llegada de Trump, pero ahí es donde se encuentra el lado positivo: su llegada nos puso alerta; queremos entender qué pasó y cómo nos afecta, nos cuestionamos cosas que antes preferíamos ignorar; estamos preocupados y, si somos listos, transformaremos esa preocupación en acción.

Entender qué pasó y por qué ganó alguien tan poco calificado no sólo es una tarea compleja, sino que también es una pregunta con muchas respuestas. Algunos culparán al sistema electoral de Estados Unidos, en el que no gana quien tenga la mayoría del voto popular, sino quien conquiste la mayoría de votos del Colegio Electoral –si el sufragio fuera directo, Hillary habría ganado por más de dos millones de votos. Otros culparán a las encuestas que nos mintieron una y otra vez, o que simplemente no supieron reflejar la realidad. Otros más culparán a los white americans que votaron en su mayoría por Trump porque prometía devolverles su trabajo y hacer America great again. Otros culparán a los latinos que “se nos voltearon” y votaron por el principal enemigo de los migrantes. Otros más culparán a la clase política y sus abusos, razón por la cual la gente no quiso más de lo mismo y prefirió a un outsider, un populista con soluciones sencillas a problemas complejos.

Lo cierto es que en todo esto hay una enorme lección tanto para políticos como para ciudadanos. Las instituciones tienen que actualizarse para cumplir con las necesidades de la sociedad y, en este sentido, el sistema electoral de Estados Unidos es obsoleto y debe cambiar. Las encuestadoras deben mejorar sus mediciones para asegurarse de reflejar la realidad, y reforzar su compromiso con la gente para ofrecer un pronóstico veraz. Los políticos deben saber escuchar las necesidades de la gente que vota por alguien, no por misógino, racista y poco calificado, sino porque les promete lo que necesitan. Y los ciudadanos debemos informarnos mejor antes de elegir a nuestros gobernantes; es un error grave votar por alguien simplemente porque se ve diferente, dice ser diferente o promete cosas diferentes, generalmente radicales que parecen sencillas. Ya veremos las consecuencias de las promesas de Trump, que poco a poco se están convirtiendo en acciones.

Desgraciadamente, las consecuencias no se quedarán dentro de las fronteras de Estados Unidos. Apenas empieza la administración de Donald Trump y México ya ha sido blanco de diferentes ataques: empresas que retiran sus planes de inversión en México; una orden ejecutiva para comenzar la construcción del muro en la frontera, a costa de los mexicanos; una difícil renegociación del TLCAN, si no es que la disolución del mismo. Y eso es apenas el comienzo. ¿Cuánto nos afectan estas decisiones? Mucho, y no sólo por nuestra ubicación geográfica, sino porque aún somos dependientes económicamente del vecino del norte. Las empresas de la industria automotriz que han amenazado con irse de México, al menos parcialmente, le pegan a la que ha sido una de las industrias más exitosas de nuestro país. El muro fronterizo no sólo reduciría el flujo de personas, creando una mayor división entre familias que se encuentran ya separadas, sino que también pone en riesgo a una de las principales fuentes de ingresos en México: las remesas. Peña Nieto ya ha dicho que los mexicanos no pagaremos por el muro, pero si Trump decide imponer un impuesto a esas remesas, claro que lo terminaremos pagando. Y sobre la renegociación del TLCAN no hay mucho que esperar, especialmente cuando se da en un contexto de desventaja y humillación. Una mala negociación o la disolución del tratado tendría un serio impacto en la economía nacional, toda vez que la gran mayoría de nuestras exportaciones tienen como destino Estados Unidos, y la gran mayoría de nuestras importaciones provienen de ese mismo país.

Es preciso actuar, y hacerlo ya. México necesita diversificar su economía, especializarse, producir y vender otras cosas; necesita tener nuevos socios comerciales y fortalecer relaciones con otros países. México necesita consumir lo nacional, pero no como revancha ni por patriotismo, sino porque lo nacional sea la mejor opción en precio y calidad. Y para eso, México necesita apoyar a sus propias empresas y hacerlas competitivas a nivel mundial. Que en lo que ya somos buenos, nos convirtamos en los mejores. Por ejemplo, ahora que se van Ford y GM, no tenemos un auto mexicano al cual voltear, siendo que México es líder en la industria automotriz. México necesita plantarse firme frente cualquier gobierno que atente contra su dignidad y su seguridad. México necesita escoger mejor a sus gobernantes, y para eso debe revisar las credenciales, y analizar las propuestas de quienes pretendan asumir el reto de dirigir al país. No podemos caer en el mismo error de nuestros vecinos del norte y elegir a la persona incorrecta sólo porque nos diga lo que queremos escuchar, o porque se vea diferente o porque prometa soluciones fáciles o porque diga que no pertenece a la clase política. México necesita fortalecer sus instituciones, eliminar la impunidad y solo así combatir la corrupción; necesita estar bien dentro de sus fronteras para poder hacer frente a cualquier amenaza que venga de fuera. Darnos cuenta de esto y actuar de una buena vez debe ser el lado positivo de la llegada de Donald Trump al poder.

Por eso digo que todo en esta vida tiene un lado positivo.

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Foto: http://www.nationalmemo.com/wp-content/uploads/2015/07/2015-07-18-donald-trump-ames-iowa-thumbs-up-reuters-640-668×501.jpg

 

¿CNTEnciado?

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

Entrando en la recta final del sexenio, con un capital político erosionado a límites no vistos en la historia moderna de nuestro país, Enrique Peña Nieto se apuesta lo que resta de su legado político, en la implementación de la reforma educativa que ha encontrado una feroz resistencia por parte de la cúpula magisterial disidente.

El arranque

La primera reforma de calado, aprobada en el marco del “Pacto por México” reunió en sus inicios gran aprobación del “establishment” y de la sociedad civil, es claro que en el discurso no existe tarea más loable que la de impulsar y mejorar la educación pública. El descabezamiento del pernicioso liderazgo sindical magisterial no sólo allanaba el camino para la reforma educativa, enviaba, asimismo, un mensaje de disciplina política para grupos de poder de muy diversa naturaleza, cuyos intereses serían vulnerados. El nuevo pulso reformista, aunado al muy amplio acuerdo de las cúpulas así como optimismo de la prensa internacional sobre la prospectiva política y económica de México, auguraban sin duda un sexenio de altos vuelos; el “Mexican Moment” (epíteto acuñado por la prensa anglosajona, tan adepta a los títulos pegajosos) había llegado. En ese tenor, lo paradójico de la actual tesitura quizá sea que la reforma que en su momento concentró mayor consenso político y social, sea también la que ahora arroja el adversario más serio y formidable en contra del Presidente y de su partido.

¿Descarrilamiento?

No es para nadie un secreto que la capacidad de organización y movilización de los miembros de la CNTE ha sido utilizada en innumerables ocasiones como instrumento de presión política. No abordaré en este espacio si comparto o no sus métodos y demandas (quizá eso sea motivo de otras líneas) pero independientemente de mi postura resulta meridiano que la Coordinadora ha sido capaz de poner en jaque a distintas instancias de gobierno (el caso de Oaxaca en el 2006 resulta emblemático).

La apuesta política del CNTE es por mantener el status quo por medio del uso de sus habituales medios de presión. En ese sentido, las salidas al conflicto resultan poco claras, no serán de ningún modo sencillas y denotan ya un costo político altísimo para la presente administración.

Pensar que el uso legítimo de la fuerza pública es una opción viable para el Estado mexicano es una apuesta arriesgada, los hechos de Tanhuato y de modo más particular los ocurridos en Noxichtlán, develan la incapacidad de los grupos policiacos de atenerse a protocolos aceptables y limitados de manejo de fuerza. El manejo político y de comunicación por parte de la Secretaría de Gobernación ha sido, igualmente, desastroso. La radicalización del movimiento magisterial sumada a la presencia de grupos del narcotráfico y autodefensas en el sureste del país parecen caldo de cultivo para la ignición de un polvorín de dimensiones muy peligrosas para la estabilidad política del país.

Los muy sonados escándalos de corrupción destapados por la prensa y el más reciente caso que involucra el supuesto plagio de sus tesis, han diezmado al extremo la autoridad moral y política de un Presidente al que aún le quedan dos largos años al frente del Ejecutivo Federal.

La desinstrumentalización de la reforma educativa-de facto– o cualquier negociación pactada con la CNTE (por muy disimulada que pretenda ser) mandará un mensaje clarísimo de claudicación hacia otros poderes fácticos y terminará por sepultar un legado político errático de un Presidente, que, como bien dijo el semanario británico The Economist. “no entiende que él no entiende”.

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Otra vez, Angélica

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Por: Andrés Gómez L. – @a_gomezl

El día 9 de Agosto, el periódico inglés The Guardian publicó un reportaje[i] en el que, de nuevo, la primera dama Angélica Rivera se ve involucrada en un escándalo inmobiliario.

La historia resumida va así: la esposa del Presidente declaró tener un departamento en Key Biscayne, una de las zonas más exclusivas de Miami, en donde vivió con sus hijas durante un año y que hoy vale alrededor de 3.5 millones de dólares. El departamento lo tiene desde 2005, antes de siquiera estar casada con Peña Nieto. La controversia es porque, en 2009, el empresario Ricardo Pierdant compró un departamento en el mismo complejo. Este segundo departamento es usado libremente por la Gaviota y comparte el número de teléfono con el primero. Además, una empresa propiedad de Pierdant pagó en 2014 los impuestos del departamento a nombre de la primera dama por un poco más de 29 mil dólares. Según el artículo, Pierdant está buscando participar en licitaciones de puertos del Gobierno Federal.

El departamento en Miami viene casi dos años después de la publicación del reportaje “La Casa Blanca de Enrique Peña Nieto”[ii], realizado por Carmen Aristegui y un grupo de periodistas. Para refrescar la memoria, la Casa Blanca es un inmueble valuado en 86 millones de pesos en la que vivieron el Presidente y su familia, registrada a nombre de una subsidiaria de Grupo Higa, una constructora que ganó contratos por mas de 8 mil millones de pesos durante el sexenio de Peña en el Estado de México. La primera dama publicó un video en el que intentaba aclarar, en la actuación menos convincente de su carrera y con un tono de indignación, que había recibido esa casa como contraprestación por sus trabajos con Televisa, que contaba con un financiamiento con la subsidiaria de Grupo Higa y que una vez realizados los pagos, la propiedad sería suya.

El reportaje de Aristegui y su equipo desató indignación a nivel nacional. Manifestaciones públicas, exigencias por parte de la oposición y la sociedad civil, acusaciones de conflictos de interés, etc. ¿qué hizo el Presidente? Solicitó al Secretario de la Función Pública, quien le reportaba directamente, investigar el asunto. Como era de esperarse por cualquiera que haya vivido en este país el suficiente tiempo, la investigación concluyó que bien podríamos canonizar a la pareja presidencial.

Hoy, “la Casa Blanca” es sinónimo de corrupción (y la propiedad fue marcada por un tiempo en Google Maps como “Museo de la Corrupción”). El reportaje es considerado por muchos el mejor trabajo de investigación periodística realizado en el país, y contrario a cualquier indicio de sentido común, sus autores fueron despedidos.

El caso llevó a la sociedad civil al hartazgo y a la popularidad del Presidente a los suelos. Concluyó con la creación del Sistema Nacional Anticorrupción y la ya famosa “ley 3 de 3”. Casi dos años después, el Presidente pidió una disculpa tardía e insuficiente. ¿Tendrá “el departamento rosa” un efecto parecido al que tuvo “la Casa Blanca”, o será sólo una raya más al tigre en el país de la amnesia colectiva?

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[i] https://www.theguardian.com/world/2016/aug/09/mexico-first-lady-florida-property-government-contractor-documents-reveal

[ii] http://aristeguinoticias.com/0911/mexico/la-casa-blanca-de-enrique-pena-nieto/

“Hackeando” a México

Confessions of a Political Hacker

Por: Andrés Gómez – @a_gomezl

Andrés Sepúlveda usó una computadora por primera vez a los quince años, en su natal Colombia. Hijo de una secretaria y un activista divorciados, aprendió programación en una escuela tecnológica local. En 2005 acompañó a su hermano mayor a las oficinas de un partido político colombiano, y tras sacar su computadora, logró infiltrarse en la red del estratega del partido y desde ahí, descargar la agenda y próximos discursos del entonces presidente Álvaro Uribe. Sepúlveda fue contratado en el momento.

El estratega era Juan José Rendón, un psicólogo, comunicador y publicista de origen venezolano. Al entrar a su página de internet, Rendón da la impresión de ser alguien que se toma a sí mismo demasiado en serio. Desde sus fotografías posadas con vestimenta completamente negra (incluida una en la que aparece con un uniforme samurái) hasta la biografía (en la que se le describe como “enigmático, sobrio, callado y analítico” y como “el consultor que es mejor pagado, más temido, más atacado, y también el más demandado y el más eficiente”), el sitio da la impresión de ser un altar a su persona. Si no se conoce su esfera de influencia y trayectoria, parece algo totalmente ridículo.

La historia de Sepúlveda y Rendón se vuelve interesante porque, juntos, trabajaron en la manipulación de contiendas electorales a lo largo y ancho de América Latina. Incluida la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en 2012, y campañas presidenciales de Colombia, Honduras, Nicaragua, Venezuela, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Panamá. La estrategia incluía hackear smartphones, clonar páginas web, envío masivo de correos y mensajes de texto, manipulación de redes sociales para crear o enterrar historias, infiltrar bases de donadores e interceptar, atacar, desencriptar y defender información. En palabras de Sepúlveda “mi trabajo era hacer acciones de guerra sucia y operaciones psicológicas, propaganda negra, rumores—el lado oscuro de la política que nadie sabe existe pero todos pueden ver”.

La versión de Sepúlveda fue contada en el reportaje “How to hack an election” para Bloomberg Business[i] y fue publicada en línea el 31 de marzo, mientras que la edición impresa es del día 4 de abril. En ella, relata a los reporteros con lujo de detalle su participación en las elecciones, su forma de trabajo, la construcción de sus equipos, sus pagos, la creación de su propio programa (Social Media Predator, o Depredador de Redes Sociales) para comandar legiones de usuarios inexistentes y cómo, al finalizar los trabajos tenía que destruir toda evidencia: discos duros, teléfonos, servidores, itinerarios, salarios, hojas de cálculo y todo aquello que pudiera vincularlos. El hacker confiesa haber mantenido cierta información con miembros de su equipo u otras personas como un seguro.

El reportaje narra como Sepúlveda se involucró en la campaña de nuestro ahora Presidente. Logró instalar malware: programas que buscan lastimar o deshabilitar equipos de cómputo, en los sistemas del PRD y, así, acceder a los teléfonos y computadoras de cualquier persona que utilizara la red, incluido el entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador. Lo mismo sucedió con la panista Josefina Vázquez Mota. Sepúlveda tenía acceso a los discursos, estrategias y agendas de los opositores del PRI en el momento en el que estos eran ingresados a una computadora.

La reacción a la noticia ha sido la esperada: Los Pinos niega haber contratado tanto a Andrés Sepúlveda como a Juan José Rendón, y niega haber utilizado esas prácticas o cualquiera que infrinja la ley[ii]. Juan José Rendón niega haber contratado a Sepúlveda para un trabajo que no fuera diseñar páginas de internet y alega que los correos presentados por este último son falsos. Presidencia se envuelve en manto de Santidad y Rendón sólo aclara que todo lo que hace es legal, aunque resulte éticamente ambiguo.

Las tácticas que el PRI usó parecen no sorprender a nadie. Todos sospechaban su uso, aunque el protagonismo del hacker vuelve el tema aún más importante. Exhibe las deplorables artimañas usadas en la política y confirma nuestros miedos como ciudadanos: para aquellos en el poder, el fin siempre justifica los medios.

Ciertamente no es el primer caso de espionaje político en el país: conversaciones de Raúl Salinas fueron divulgadas en el 2000, de Josefina Vázquez Mota en 2012, de Claudia Pavlovich en 2015, y por supuesto, la conversación entre Kamel Nacif y Mario Marín “el Gober Precioso” en 2006. Esto no hace el tema menos grave: el autor de una serie de delitos confiesa haber trabajado para la campaña del entonces candidato y ahora Presidente para manipularnos a nosotros, el electorado, para votar por él. Nos recuerda que, si es que se está moviendo a México, es sólo para dejarlo en donde mismo.

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[i] How to Hack an Election. Jordan Robertson, Michael Riley, Andrew Willis. Bloomberg Business.

http://www.bloomberg.com/features/2016-how-to-hack-an-election/

 

[ii] http://www.gob.mx/presidencia/prensa/comunicado-en-relacion-al-articulo-publicado-en-la-revista-bloomberg

La Casa Blanca: Un Escenario Alternativo

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Por: Andrés Hernández – @andreshf5

Una compañera de América del Sur me preguntó por el Presidente de México. Me preguntó qué tan cierto era que Peña Nieto fuera un joven audaz, reformista y con mucho empuje… el Justin Trudeau (primer ministro de Canadá) mexicano. Le expliqué que el Presidente ha logrado una serie de reformas constitucionales que no tenían precedente. Sin embargo, también le expliqué que la violencia persiste y que la credibilidad y aprobación de su administración se ha desplomado como resultado de la desaparición forzosa de 43 estudiantes, así como de escándalos de corrupción que rodearon a su principal colaborador, Luis Videgaray –el Secretario de Hacienda–, y a su esposa, la Primera Dama. Los escándalos de corrupción estaban asociados a bienes inmuebles, adquiridos por los anteriores, cuyo valor hacía inexplicable la fuente de los pagos. El primero tenía que ver con una casa en Malinalco, y el segundo con “La Casa Blanca”. Ambas propiedades estaban presuntamente vinculadas a una retribución por parte de Grupo Higa –un grupo constructor que había obtenido concesiones del gobierno.

Para mitigar el desplome en su popularidad y demostrar que en México todos somos sujetos de la ley, el Presidente nombró a un nuevo titular en la dependencia gubernamental encargada de verificar el desempeño de los funcionarios públicos: Virgilio Andrade, vigente Secretario de Función Pública. En México, a diferencia de otros países, esta posición depende del Poder Ejecutivo. Sin embargo, con el objetivo de limitar el poder presidencial y darle legitimidad al puesto, el Senado debe ratificarlo. A pesar de la existencia de este mecanismo institucional, hubo mucho escepticismo en el nombramiento. En general, la opinión pública lo rechazaba porque tenía poca experiencia en el combate a la corrupción, pero más importante aún, se trataba de un funcionario cercano a Luis Videgaray, uno de los objetos de la investigación. Parecía como si el candidato a Secretario tuviera una encomienda por parte del Presidente. Finalmente, el Senado aprobó el nombramiento, Andrade tomó posesión del cargo y llevó a cabo las investigaciones.

A diferencia de los pronósticos, que permiten anticipar lo que pasará en el futuro, los escenarios buscan contar una historia, sin importar lo inverosímiles que parezcan. Así, a mi parecer, antes de que Andrade comenzara su investigación, existían al menos dos escenarios para él. El primero consistía en que tomara posesión como secretario, pretender hacer una investigación y declarar inocentes a los investigados. Ante la inminente llegada de la cuarta temporada de House of Cards, me he dado a la tarea de crear un segundo escenario más entretenido.

En el segundo escenario, Andrade llevó esta investigación hasta las últimas consecuencias. Decidió investigar al Secretario de Hacienda y a la Primera Dama. En el caso de la investigación a la Primera Dama, descubrió que ella había fungido como prestanombres del Presidente, por consiguiente, lo incluyó en su investigación. Las pesquisas arrojaron evidencia suficiente para inculpar tanto al Secretario de Hacienda, como a la Primera Dama y al Presidente. Apegado a su deber de fortalecer el Estado de Derecho y demostrar que hasta el Presidente está sujeto a la ley, encontró una manera de garantizar que ésta se cumpliera; para ello, tuvo que pactar con los otros dos partidos. La reunión que sostuvo con los líderes de oposición tuvo como objetivo, en primer lugar, garantizar su protección contra posibles represalias (e.g., destitución, escándalos, chivos expiatorios). En segundo lugar, tuvo que buscar apoyo para comenzar un proceso jurídico que obligara al presidente a renunciar. Algo parecido a un desafuero.

En otros países, escándalos como éste han hecho que presidentes enfrenten un juicio político o una moción de censura (i.e., impeachment). Así fue el caso del Watergate y la renuncia posterior de Richard Nixon en los Estados Unidos (1974). También han existido casos en América Latina, como el de Fernando Collor de Mello en Brasil (1992), quien después de ser acusado de tráfico de influencias por su propio hermano, enfrentó a una Comisión organizada por las Cámaras de Diputados y Senadores. Posteriormente, un grupo de ciudadanos solicitó que éste fuera cesado de sus funciones. Después de un proceso que requería de mayorías calificadas en las Cámaras, el presidente brasileño fue efectivamente destituido. En su lucha contra la corrupción, Brasil ha continuado con su tradición de poner contra las cuerdas a todo a aquél que intente quebrantar al Estado, incluyendo al Presidente.

Sin embargo, enjuiciar al Presidente de México no es fácil –incluso, es casi imposible. El artículo 108 de la Constitución señala que el Presidente sólo puede ser juzgado por “traición a la patria” o por “delitos graves”. En ese sentido, no hay un precedente claro para considerar a un delito como “grave” cuando fue cometido por el Presidente de la República. Sería encomienda del Congreso definirlo y posteriormente correspondería a la Suprema Corte de Justicia de la Nación evaluarlo.

Así, además de intentar la jugada política más arriesgada de su vida y traicionar a quien le dio el puesto, en el segundo escenario Andrade pactó con la oposición y corrió con suerte, ya que el Poder Judicial apoyó y dio continuidad a este proyecto.

Además de cumplir con la ley, las decisiones de Andrade impactaron al país para siempre. No menos importante, el recién nombrado Secretario –que logró la renuncia del Presidente– se posicionó mediáticamente como ningún otro funcionario público, como una referencia internacional anti-corrupción que ha traicionado los intereses más grandes de la clase política. Esto lo ha posicionado como un posible candidato presidencial; más aún, lo convirtió en el personaje ideal para consolidar la candidatura independiente tan aclamada por los intelectuales mexicanos.

La realidad se parece más al primer escenario. El segundo no fue posible porque las reglas del juego en México no prevén juzgar a un Presidente o, peor aún, porque parece que han sido creadas para garantizar su impunidad. Finalmente, lo que pasó es que Virgilio Andrade consideró que el segundo escenario era una locura, y no supo ver una clara y enorme oportunidad para consolidar su carrera. Decidió no aprovechar la ocasión de pasar a la historia como el transformador del México moderno. Prefirió conservar su lealtad al Presidente; salvar al Secretario de Hacienda y conservar el status quo; hacer como si no hubiera pasado nada; y, como diría Murillo Karam, declarar como “verdad histórica” la inexistencia de actos de corrupción. Hoy, tanto el Secretario de Hacienda como el Presidente siguen en sus cargos. Sabemos que todos los mexicanos somos iguales ante la ley. Sólo que unos son menos iguales que otros.

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