Ante la era de Trump… y en defensa de la globalización

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Sucedió lo imposible, lo impensable, el inmencionable. Donald J. Trump será el próximo Presidente de los Estados Unidos. Muchos de nosotros, que ni nos habíamos permitido imaginar esta eventualidad, hemos tenido que rápidamente digerir este resultado, pasando en unos pocos días por etapas de conmoción, negación, dolor, rabia, reflexión, para llegar finalmente y apresuradamente a un estado de aceptación. Mientras algunos celebran, y otros protestan, no queda de otra mas que especular cuáles serán las consecuencias de tener a Donald como líder del país más poderoso del mundo.

En estos días se ha visto que varias posiciones y promesas de Donald que parecían tan inequívocas y rígidas durante los últimos 18 meses de campaña electoral repentinamente se han vuelto maleables. Ese muro tan bello y gigante que prometía ahora podría ser mas bien una valla. La revocación total y completa del “repudiado” y “desastroso” Obamacare ahora podría incluir la conservación de algunos de sus aspectos más importantes. Las reinterpretaciones, redefiniciones y aclaraciones se extienden a casi la totalidad de su plataforma política.

Sin embargo, un área en donde la convicción e intransigencia de Donald sigue firme es en su posición con respecto al comercio internacional. Por lo menos en este aspecto, su retórica y postura durante la campaña no fue fanfarroneo. Donald es un proteccionista, y siempre lo ha sido. En los años 80, Donald argumentaba que la gran amenaza económica y comercial para los Estados Unidos era Japón. Según su visión del mundo, las empresas y conglomerados del país del sol naciente estaban superando a las estadounidenses y habría que pararlas. La única manera de salvaguardar la prosperidad del país era a través de una guerra comercial. La respuesta salvadora era la imposición de aranceles, barreras, y trabas. Habría que confrontar al enemigo y derrotarle.

El hecho de que ninguno de los enlaces cataclísmicos que Donald predecía sucedieron, no parece haber cambiado su visión en este respecto. La percepción que Donald tiene de los Estados Unidos y su posición en relación al resto del mundo es la de su visión de empresario. El ve a los demás países como ve a sus rivales en el mundo de los negocios. Si ellos ganan, el pierde y viceversa. Allí está el gran error de los que creen que quien entiende el mundo empresarial, también entiende la política económica. En el mundo de los negocios, hace falta que alguien pierda para que tú puedas ganar. En la economía, los dos pueden ganar.

Fue justamente este mensaje la clave en la victoria electoral de Donald. Su llegada a la presidencia dependió en gran parte del voto de los trabajadores afectados (y tradicionalmente Demócratas) de Pensilvania, Michigan, Ohio y Wisconsin. A muchos de estos votantes, el discurso anti-comercio y anti-globalización les resultó demasiado seductor. Perdonaron todas las demás vulgaridades, ofensas e insultos que había dicho, así como las preocupaciones que ellos mismos tenían sobre su temperamento y aptitud para el puesto más poderoso del mundo. Un dato revelador es que al momento de votar casi el 65% de los votantes creían que Donald no tenía ni el temperamento ni la capacidad para ser Presidente. Esto quiere decir que casi un cuarto de los votantes a favor de Trump dieron su voto a alguien que ellos mismos no creían que fuera apto para la presidencia.

Sin embargo, el mensaje de que miles y miles de empleos podrían volver al país si no fuera por la incompetencia de los políticos estadounidenses –quienes habían negociado y seguían apostando por los acuerdos comerciales– superó a todos los demás factores en su contra y al final resultó ser clave. Sería casi cómica, si no fuera tan trágica, la manera en que Donald enmarcó su argumento: que los dirigentes y negociadores estadounidenses eran unos ineptos en comparación con los iluminados que dirigen la política económica y comercial mexicana. Resulta muy difícil imaginar que uno podría encontrar un solo mexicano que corroboraría el discurso ofrecido por Donald. ¿Dónde están estos políticos y dirigentes mexicanos tan brillantes? Estos genios que han engañado y superado a sus mediocres contrapartes estadounidenses. A algunos votantes que desconocen por completo la realidad política al sur del Rio Grande este argumento les podría parecer plausible. Para los que viven y conviven cada día bajo la realidad de la política mexicana, la aserción llega en la forma de un chiste de muy mal gusto.

Lo que es realmente curioso es la similitud que hay entre el discurso de Donald y el de la izquierda tradicional latinoamericana en cuanto a la política comercial. Los adherentes a esta posición anti-comercio, anti-globalización no se limitan a los Trumpistas. También tiene un ejército de fieles seguidores entre los pensadores “heterodoxos” de la región. Los proponentes de un Estado que impone restricciones y protege vigorosamente a la industria y producción nacional, contra la competencia de la “malvada” producción extranjera, se encontrarían incómodamente de acuerdo con Donald en esta faceta. Los defensores de estas ideas siempre creen que ellos podrán imponer una variedad de restricciones sobre los demás, mientras los demás no impondrán ninguna restricción sobre ellos. Lastimosamente, es una fantasía. Cada acción tiene una reacción, y en este caso la reacción es invariablemente la misma. Al final todos perdemos.

Esto no quiere decir que los que votaron por Donald por estos motivos no tienen problemas y preocupaciones legítimas. Efectivamente, una multitud de fábricas han ido desapareciendo del paisaje industrial estadounidense durante las últimas décadas, y con ello han ido desapareciendo la abundancia de empleos que estos productores ofrecían. Sin embargo, la anomalía no es que estas fábricas se hayan ido del país, la verdadera anomalía es que estuvieron ubicadas allí para empezar. De hecho, el único motivo por el cual estas fábricas se establecieron en los Estados Unidos hace 50 o 60 años era por la situación desesperada en la que se encontraban las economías en desarrollo, como la mexicana, en aquel entonces. En aquel momento tal era el rezago, en términos de industrialización, de las economías todavía ni emergentes que no era factible fabricar de manera eficiente ni siquiera las piezas y productos manufacturados más sencillos.

Desgraciadamente, ningún político estadounidense ha tenido la valentía para decirle al público norteamericano lo que es ya un hecho irrefutable. Esos empleos ya no volverán a los Estados Unidos. Es más, en un mundo mínimamente abierto y sin las marcadas brechas de industrialización que se veían hace 50 años, esos empleos jamás habrían existido en los Estados Unidos. Esa época dorada en que un joven estadounidense sin ninguna formación tenía garantizado un empleo bien pagado, independientemente de sus habilidades y capacidades, se ha ido. La cruda realidad es que este privilegio solo existió en aquel entonces por la extrema falta de oportunidades que sufrían los jóvenes en otras partes del mundo. A pesar del sostenido rezago económico que todavía sufren los países en desarrollo, las brechas entre estos y los países desarrollados se han estrechado lo suficiente para que puedan realizar de manera exitosa la producción de diversas actividades manufactureras.

Es imposible negar que la apertura comercial ha tenido un impacto nocivo sobre algunas industrias y empleos en los Estados Unidos, pero al mismo tiempo es imposible negar que ningún país en el mundo se ha beneficiado tanto de la apertura comercial y de la globalización como lo ha hecho Estados Unidos. Se han creado millones de empleos gracias a las oportunidades generadas por el intercambio transfronterizo. Actualmente, se estima que 6 millones de empleos en Estados Unidos dependen directamente del sector exportador del país, mientras el número de empleos que dependen indirectamente es mucho mayor. Asimismo, es muy fácil olvidarnos que no hace mucho tiempo tener una televisión, una computadora, una lavadora eran lujos reservados unicamente a ciertos hogares privilegiados de la sociedad, eran lujos que se encontraban fuera del alcance de la gran mayoría de la clase media y trabajadora. Hoy en día, los lujos del pasado se han convertido en bienes alcanzables para casi la totalidad de la población estadounidense, y cabe reconocer que la apertura comercial es uno de los principales motivos detrás de este grato cambio.

¿Eso quiere decir que se debe o se pueden ignorar los problemas y preocupaciones de los estadounidenses que han visto sus trabajos irse del país? Claramente no, y la elección de Donald es una importante señal de que un segmento de la ciudadanía estadounidense se ve gravemente perjudicada por las transformaciones desencadenadas por la globalización. El gobierno tiene el rol y la responsabilidad de asegurar que los beneficios de la globalización estén mejor repartidos entre la sociedad, que existan redes, apoyos y capacitación para los que desgraciadamente queden fuera de las oportunidades ofrecidas por un mundo cada vez más integrado y cercano. Sin embargo, la respuesta medieval y retrógrada de cerrarse al mundo y tratar a todos como enemigos irá en detrimento de los estadounidenses como del resto del mundo.

Yo no dudo que Donald hará valer sus promesas de campaña de construir barreras e imponer costos altísimos para los que envían sus bienes y servicios al país. De misma forma, no tengo duda alguna que estas políticas acabarán siendo dañinas no solo para México y los demás países que comercian con la mayor potencia económica del mundo, pero también lo serán para el mismo Estados Unidos –tanto para los productores estadounidenses que dependen de insumos y componentes importados para sus operaciones y producción, como para los consumidores estadounidenses que gozan de productos y servicios de mayor calidad por menor precio gracias a la competencia y apertura del comercio internacional.

Tal como fueron las experiencias de los países de América Latina con estas ideas y políticas en los años setenta y ochenta, los resultados finales serán muy distintos a los deseados. Será un experimento dañino, pero breve, con un modelo y una ideología que ya se ha mostrado sumamente inepta e incapaz de entregar alguna de las ganancias que promete. Tal vez sea optimista, pero los siguientes cuatro años nos permitirán darnos cuenta de una vez por todas que estamos mucho mejor servidos cuando nos vemos el uno al otro, independientemente de nuestra nacionalidad o geografía, como colaboradores dentro de una sana competencia, y no como rivales listos para derrotar o ser derrotados.

**Por motivos profesionales el autor de esta nota ha escogido permanecer anónimo**

Foto: http://uk.businessinsider.com/rethinking-free-trade-environment-2016-12?r=US&IR=T

Trump y el “desorden global”: ¿una nueva política exterior hacia Medio Oriente?

Donald Trump At Capitol Hill Rally Against Iran Deal - Washingto

Por: Mariana Herrera Salcedo – @marianahss

La campaña electoral del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, se caracterizó por la falta de definición y ambigüedad en muchas de sus propuestas, especialmente en materia de política exterior hacia Medio Oriente.

Durante la campaña, destacaron declaraciones como la que hizo en 2015, en las que afirmó que aniquilaría a ISIS bombardeándolo y destruyendo los pozos de petróleo que el grupo terrorista controla en Iraq y Siria. Asimismo, el candidato prometió en varias ocasiones que pondría fin al acuerdo nuclear con Irán al tratarse de un acuerdo “desastroso” que vulnera los intereses de Estados Unidos y de Israel. Destaca también la propuesta de prohibir el ingreso de los musulmanes a Estados Unidos tras los ataques en San Bernardino, perpetrados por un estadounidense de origen pakistaní.

Si bien existe una diferencia entre las retóricas de la campaña electoral y las políticas que se pondrán en marcha una vez que la nueva administración se encuentre en funciones, preocupa la ausencia de detalles en materia de política exterior hacía una de las regiones más volátiles del planeta. Durante el pronunciamiento de su primer discurso sobre asuntos internacionales el 27 de abril de 2016 en Washington, el magnate repitió en cinco ocasiones que la política internacional de la administración Obama era un ‘completo y total desastre’. Sin bien algunos analistas, como Pablo Pardo, vaticinan que la política exterior de la administración Trump será de corte aislacionista, al ser reticente al comercio exterior y otorgar prioridad a la política interna de su país. Los líderes de Medio Oriente buscan en la nueva administración Trump un renovado liderazgo y enfoque en materia de política exterior que contribuya a la paz y estabilidad de la zona.

Medio Oriente atraviesa por un proceso de cambios geopolíticos de gran envergadura de los que aún no se puede vislumbrar el resultado ni sus consecuencias para la región y el mundo. En el corazón de la región se encuentra el conflicto sirio, ya en su sexto año, que ha causado la crisis humanitaria más importante y compleja de nuestros tiempos. La nueva administración Trump tendrá que lidiar con actores a nivel internacional, regional y local, para encontrar una solución política al conflicto armado. Asimismo, desde el año 2003, Iraq, país invadido y ocupado por EEUU, se encuentra dividido y fragmentado y, de acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, solo en el año 2015 un millón de personas tuvieron que abandonar sus hogares para huir de la violencia. Igual de importantes son los conflictos en Yemen y en Libia, así como la unión de los kurdos y sus anhelos de autodeterminación en Siria, Iraq y Turquía.

Tras su victoria electoral el pasado 9 de noviembre, destaca que Trump se haya enlazado vía telefónica con varios líderes como el Presidente de Egipto, Abdelfatah al Sisi; el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu; el Presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan y el Rey Salman Al Saud de Arabia Saudita.

De acuerdo con Ben Hubbard y Anne Barnard, algunos líderes de Medio Oriente se congratularon de la victoria del magnate. Por ejemplo, el Gobierno de Bashar Al Asad, espera que el nuevo presidente de los Estados Unidos ponga fin al apoyo a los grupos rebeldes en Siria. No obstante, la permanencia del Presidente Sirio en el gobierno tras las atrocidades cometidas durante la guerra, resultan incompatibles con la idea de una paz duradera y reconciliación de un país desgarrado por el conflicto armado

En relación con el Golfo Pérsico, las declaraciones del magnate fueron contradictorias e irritaron a los miembros de la casa real Al Saud. Pese a esto, Arabia Saudita se congratula del énfasis puesto por Donald Trump en poner fin al acuerdo nuclear con Irán, por tratarse de un pacto que reposicionaría a Teherán como potencia regional y que le otorgaría mayores facilidades para apoyar a sus aliados en Iraq, Siria y Yemen. Por otra parte, el general Sisi de Egipto espera una estrecha colaboración con el Gobierno de Trump sin que se le exija a cambio un mayor respeto por los derechos humanos.

El Primer Ministro de Israel, Benhamin Netanyahu, también considera positiva la victoria de Trump tras el desgaste en la relación con Obama y la disminución, respecto a lo previsto por Israel, en el monto del paquete de ayudas otorgado por el Gobierno de Estados Unidos en materia de defensa y seguridad para los próximos diez años.

Respecto al conflicto Palestino-Israelí, y tras varios tropiezos en la campaña electoral, en los que Trump no supo diferenciar entre Hamas y Hezbollah; el presidente electo declaró que trabajará por una paz justa y duradera en la región. Sin embargo, la imprevisibilidad de Donald Trump genera desconfianza dentro de algunos sectores israelís y palestinos, especialmente después de las declaraciones de Jason Greenblatt, miembro del Comité Asesor para Israel de la Campaña de Trump, en las que informó que los asentamientos ilegales de Israel en Palestina no representarían un obstáculo para la paz según Trump.

En cuanto a la política de acogida de refugiados puesta en marcha por la administración Obama, en donde se prevé que Estados Unidos acoja a 85,000 refugiados en 2016 (de los cuales 10,000 son sirios) y a 110,000 refugiados en 2017, todo apunta a que el discurso xenófobo y antinmigrante de Trump será incompatible con estas políticas de acogida y otras vías humanitarias para refugiados, que dependen directamente del poder ejecutivo del Estado.

Si bien queda pendiente conocer quién integrará el equipo de Trump encargado de definir la política exterior de la nueva administración hacia Medio Oriente, resulta importante recordar que el autoritarismo, la marginalización, la exclusión y la falta de empleo siguen siendo uno de los principales problemas de la región, mismos que dieron origen a los levantamientos populares de 2011, durante la denominada Primavera Árabe.
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-Este artículo es personal y no pretende realizar una revisión exhaustiva de la situación en Medio Oriente, sino poner sobre la mesa, a modo de reflexión, los retos que enfrentará la administración Trump en la región, o bien los retos para Medio Oriente después de la victoria de Donald Trump-.

 

Fotografía: http://www.breakingnewsblast.com/2015/10/05/

 

 

 

 

No Porque Funcione Está Bien

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Por: Juan Carlos Bracho

Este próximo 31 de diciembre despediremos un año por demás singular. Un año que, en palabras de mi amigo, Alerick Monter, será enmarcado como “el Pinterest del mismísimo Diablo”. A mí, me resulta más precisa la declaración de Marine le Pen, presidenta del partido de ultraderecha francés Frente Nacional, tras la victoria de Donald Trump: “Lo que pasó esta noche no es el fin del mundo, es el fin de un mundo”.

Tras la elección del magnate estadounidense, comienza una batalla intelectual por determinar el impacto simbólico del hecho. “¿La venganza del hombre blanco?” “¿El fin de la globalización?” y la que me interesa explorar en este espacio (ya que es la interpretación más atinada desde mi perspectiva), “¿El fin de la democracia?”.

Planteada como afirmación esta última pregunta parece más escandalosa que veraz; no obstante, lo es sólo, como lo acabo de plantear, en apariencia.

La democracia es, hasta el momento, la organización social más justa que se conozca, pero fallaríamos terriblemente si descansamos el ejercicio analítico ahí. Si vamos más allá de la apariencia, podemos darnos cuenta que todo sistema es sostenido por una ideología y es en ese plano donde la democracia ha perdido el rumbo.

Después de los plebiscitos en la Gran Bretaña y Colombia y las elecciones en Estados Unidos, la gran perdedora es la democracia no como sistema, si no como ideología. La idea de que la opinión de una o varias personas cuyo contexto es ajeno al tuyo, pueda determinar tu futuro inmediato o a largo plazo, por el único hecho de compartir pasaporte, comienza a verse iluminada por un halo de injusticia. Así lo expresó la juventud de la Gran Bretaña tras el fallo positivo al Brexit. Las protestas que se han visto en algunas ciudades de los Estados Unidos tras las elecciones presidenciales obedecen al mismo planteamiento.

Visto desde el punto de vista estructural (como sistema), lo acontecido en los ejercicios democráticos ya citados no hace más que refrendar la validez del sistema democrático. “Fue algo hermoso(…)[la gente] ha reclamado su independencia”, fueron las palabras de Mr. Trump el día posterior al Brexit. El ahora presidente electo de los EE.UU. declara eso porque su interpretación es estructural (desde el sistema). No obstante, en el plano ideológico, votar a favor de una segregación resulta antidemocrático, ya que corre en sentido opuesto.

Es esta misma perspectiva analítica la que lleva a Álvaro Uribe a proponer un “gran pacto nacional” momentos después de haber votado por el “no” a la paz en Colombia y la que hace lícito que Hillary Clinton no sea la primera mujer presidenta de los EE.UU aún habiendo conseguido más votos que su oponente.

Ahora lo planteo como pregunta: ¿No les parece absurdo haber perdido una elección siendo quien más votos consiguió en la misma? La respuesta a esto está en la comprensión del sistema electoral estadounidense. Una vez que uno lee sobre la historia del mismo, se dará cuenta que no es la primera vez que esto sucede. Con Hillary Clinton son cinco ya los candidatos que pierden las elecciones habiendo ganado más votos.

En entrevista con la BBC, el politólogo estadounidense de la London School of Economics, Thomas Leeper, declaró: “”Hay quienes creen que el proceso es defectuoso y en parte injusto, y que debería reflejar más la voluntad popular”. Pero… ¿No fue justo “la voluntad popular” lo que se reflejó en la Gran Bretaña y Colombia”? ¿No es ese justo el mal de democracias menos desarrolladas como las latinoamericanas, que “la voluntad popular” está expuesta a la manipulación mediática?

El triunfo del protagonista del póstumo reality showThe Apprentice” simboliza el fin de la democracia porque cierra un ciclo de cuestionamientos sobre su vigencia que empezaron hace mucho y en distintas latitudes. Su mandato nos expondrá de manera tácita que el sistema democrático que nos rige funciona aun cuando va a en sentido contrario de la idea que lo vio nacer.

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Imaginando el Día “T”

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Por: Mario Campa – @mario_campa / @latampm

No pude conciliar el sueño la noche de la elección. Desconozco si fueron las tres tazas de café que bebí copiosamente durante el discurso de derrota de Hillary Clinton. Quizá debí haberlas cambiado por tres shots de tequila, de ésos que alivian(an) penas. Pero opté por el café. ¿Masoquismo? Quizá. A fin de cuentas, ese parecía ser el humor que llevó al elector americano directo al silicio trumpiano.

Escribió Borges que la derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece. Ya entrada la madrugada, compadecí los ojos húmedos de una demacrada Hillary Clinton al discursar 1,372 palabras frente al público incrédulo reunido en el National Building Museum en Washington D.C. Era la segunda vez que Hillary suspendía una campaña presidencial en aquel recinto neo-renacentista. La primera: cuando reconoció la candidatura del futuro presidente Barack Obama. La palabra “corazón” había sido pronunciada cinco veces aquel 7 de junio del 2008. Pero la madrugada del 9 de noviembre no había sido musitada en una sola ocasión.

Los tres puntos porcentuales que los encuestadores habían defendido durante semanas para pronosticar una victoria demócrata nunca aparecieron a lo largo de la jornada electoral. El Cinturón Bíblico fue más bíblico que nunca: todo el Mississippi se tiñó de rojo… republicano. Pero la sorpresa vino en el Medio-Oeste Americano, donde Donald Trump arrasó. Florida fue nuevamente fiel de la balanza. El resultado final, Trump 282-256 Clinton pudo haberse invertido si los 29 votos electorales de Florida hubiesen sido azules.

Trump siguió siendo Trump durante su discurso victorioso. Aquellos que pensaban que moderaría su discurso radical se llevaron una nueva decepción. China, México, Rusia, Medio Oriente… todos negociarían en los términos que los Estados Unidos demandasen. La élite del partido republicano, encabezada por Newt Gingrich, Ted Cruz y Paul Ryan, felicitó efusivamente al presidente y se puso a sus órdenes para comenzar las deportaciones masivas hacia… donde hiciera falta.

La transmisión televisa continuó toda la madrugada. Algunos analistas políticos de CNN atribuyeron el resultado de los comicios a la rebeldía del electorado pro-Sanders—que nunca acabó por apoyar incondicionalmente a Clinton—; otros a la demografía caucásica; unos cuantos a los efectos del comercio internacional; los menos al alto número de votos obtenido por Gary Johnson y Jill Stein; y algún encuestador a las altas tasas de no respuesta, que suelen decantar una elección reñida a favor del candidato anti-sistema.

Los mercados financieros globales abrieron la sesión con pérdidas equiparables a las del día posterior al Brexit. El índice Dow-Jones transó 3.14% debajo del cierre anterior. Paul Krugman publicó en su blog sobre las altas posibilidades de una recesión en los Estados Unidos durante los próximos 4 años. Citó las políticas migratorias, las restricciones comerciales y los conflictos geopolíticos inminentes como justificantes del nerviosismo generalizado. El Presidente Obama intentó calmar a los mercados asegurando que los demócratas le harían frente a Trump desde el Congreso. Tomé más café.

Y mi temor más grande se confirmó: el peso mexicano se depreció 5.41% al comienzo de la sesión. El Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) se desplomó un 4.39% en las primeras horas de la mañana. “¿Exuberancia racional o irracional?”, tuiteó a las 9:56 la cuenta @latampm, recordando a Alan Greenspan. Y tratándose de banqueros centrales, Agustín Carstens confirmó en rueda de prensa a las 10:36 la reactivación de las subastas de divisas, y que las tasas de interés podrían ser ajustadas en la próxima junta del Banco de México. A las 11:21 Peña Nieto felicitó al nuevo presidente de los Estados Unidos. El IPC caía 5.24% cuando el tuit fue publicado en su cuenta.

El Wall Street Journal reveló a las 12:42 que Trump planeaba cobrar una comisión de 5% al envío de remesas como compensación a la construcción del muro, cuyo levantamiento sería oficialmente anunciado en los primeros 100 días del nuevo gobierno republicano. Según el diario, Trump planeaba cancelar del todo el envío de remesas o levantar tarifas de importación a los autos mexicanos en caso de que los bancos o el gobierno mexicano interfiriera con los planes. El IPC cayó. Peña Nieto calló.

A eso de las 14:44, yo ya llevaba cinco tazas de café en el día y veía rojo por todas partes: rojo el mapa electoral de los Estados Unidos, rojos los mercados financieros globales, rojo Bernie Sanders al ser abordado por la prensa deseosa de obtener sus impresiones sobre el resultado electoral. A las 15:20, Christine Lagarde declaró para Bloomberg que el Fondo Monetario Internacional estaría pendiente de la deuda pública en México, que con el 5.62% de depreciación del peso en la jornada se elevaba significativamente de un día para otro. Encomendó al gobierno federal a “apretar las tuercas de la austeridad”. Peña Nieto calló.

Eran las 17:31 cuando el Wall Street Journal publicó en su sitio que Cemex no sería invitada a participar en la construcción del muro siendo una empresa mexicana, a pesar de que sus plantas—situadas en la franja fronteriza—eran las mejor posicionadas para atender la demanda de concreto y cemento para edificar una muralla de 1,000 millas de largo y 12 metros de altura. Según la nota publicada por el diario, una fuente confiable—se especulaba que Donald Trump Jr. filtrase él mismo la noticia—aseguraba que los proveedores de cemento y concreto del muro serían los mismos que el Presidente Electo Trump contrataba para levantar sus Trump Towers. El Deforma confirmó a las 18:27 que Grupo Higa no era uno de ellos.

A las 20:13 me vino la epifanía. Mucha gente me ha preguntado años después si no sería la sobredosis de café (ya iba en mi séptima taza del día). Es altamente probable. Mi estado insomne pudo haber influido también. Lo que sé es que ya me resignaba a 4 años de Trump. La cobertura mediática ahora se centraba en la transición presidencial, en el inicio de las deportaciones masivas y en la construcción del muro. Algunos analistas económicos ya empezaban a pronosticar que la economía mexicana se iría a recesión en un trimestre más. Y mientras intentaba conciliar el sueño luego de una laaarga jornada, fue cuando me vi de pronto en medio del desierto con una lata de grafiti en mano.

Levanté la vista y ahí estaba el dichoso muro. “Grande, gordo y hermoso”, como había prometido Trump. (De hermoso no tenía mucho. El contraste del cemento con la arena nunca me ha gustado.) Pensé en mis dotes artísticas y en lo que podría plasmar en el muro. ¿Quizá un epitafio amoroso? No estaba de ánimos. ¿Quizá un epigrama a Trump? No di con ninguno. ¿Un rifle de asalto disparando flores? Muy poco original. ¿Un Banksy subversivo? Pensé de nuevo en mis dotes artísticas y lo descarté.

En esa disyuntiva estaba cuando supe lo que tenía que hacer. Lo que era mi obligación hacer. Me aproximé al muro con una convicción que jamás había tenido antes. Y ahí, a la sombra del muro, descargue toda la frustración que la victoria de Trump me había producido. Ya no podía más. Siete tazas de café son muchas para la vejiga. Dejé que todo el rencor fluyera libremente sobre el muro. ¿Quién era yo para encadenarlo a mi ser? A lo lejos, escuché las sirenas de la Border Patrol. No vacilé.

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Anatomía del Voto Latino

English-Spanish Signs Front Election Center In Texas
(Photo by John Moore/Getty Images)

Por: Victoria G. Olaguivel – @VickyGO

Nunca antes en la historia electoral de los Estados Unidos fue tan relevante la participación de la comunidad latina. Entre otros factores, la presencia de la población latina en las urnas será significativa para definir al cuadragésimo quinto Presidente, quien habitará la Casa Blanca durante el periodo 2017 – 2021 y posiblemente hasta el 2025, dada la posibilidad de reelección del Presidente, o quizás en esta ocasión Presidenta, en turno.

No es ninguna sorpresa que en las actuales campañas, tanto del Partido Republicano como Demócrata, uno de los ejes centrales en discursos, debates y entrevistas es el tema migratorio. A medida que se acerca la elección presidencial, y aun cuando el posicionamiento y grado de apertura que han transmitido los candidatos ante una reforma migratoria ha variado, es un hecho que quien resulte electo tendrá que abordar con mayor profundidad la condición migratoria de aquellas personas catalogadas bajo un estatus de irregularidad.

Cabe resaltar que desde el 2009 y hasta el 2014, la población “indocumentada” dejó de registrar una tendencia a la alza, manteniéndose en un nivel de aproximadamente 11.1 millones de personas, o 3.5% de la población estadounidense total. De este total, aproximadamente 5.8 millones de mexicanos (52%) habitan el país vecino en situación de irregularidad.[1]

Ahora bien, sabemos que la participación de la comunidad latina en las elecciones presidenciales, a llevarse a cabo el próximo mes de noviembre, es determinante. Sin embargo, no toda la población de origen latino, o que se identifica con ésta categoría, cuenta con acreditación para votar. La composición y ubicación geográfica de este grupo a lo largo y ancho del territorio del Tío Sam es una cuestión que vale la pena analizar a profundidad.

El Centro de Investigaciones Pew (PRC por sus siglas en inglés), think tank apartidista dedicado a analizar las principales tendencias políticas en Estados Unidos, publicó en enero de 2016 un reporte sobre la composición demográfica de los votantes latinos, segregando por estado, edad, sexo y país de origen (entre otros indicadores) aquella población que se perfila como la de mayor peso para posicionar al siguiente President@ de los Estados Unidos. Toda la información reportada por PRC se basa en tabulaciones producidas en 2014 por la Oficina de Censos de los Estados Unidos.[2]

Para el 2014, la Oficina de Censos reportó un total de 224.96 millones de personas acreditadas para votar, es decir, ciudadanos estadounidenses con 18 años de edad o más. Aún cuando en 2014 la población latina alcanzó un nivel aproximado de 55.25 millones de personas en todo el país, solamente 25.4 millones de personas contaron con acreditación para votar (en términos de ciudadanía y edad). Se tiene proyectado que para el 2016, aproximadamente 27.3 millones de personas identificadas como de origen latino podrán votar.

De los 27.3 millones de latinos que podrán ejercer su derecho y obligación al voto en el 2016, cerca del 59% son de origen mexicano, 14% puertorriqueño y 5% cubano. El 22% restante lo conforman personas con origen en otros países de habla hispana.

Por otro lado, de esta misma población, el 44% son catalogados como millennials (personas entre 18 y 35 años de edad), lo que indica que los jóvenes latinos constituirán el principal motor de crecimiento del número de personas hispanas acreditadas para votar en las próximas dos décadas, seguido de aquellas personas que residen legal o ilegalmente en el país y que adquieren posteriormente la ciudadanía, ya sea por naturalización u otra vía.

Quisiera resaltar la composición demográfica de los votantes latinos en los estados de California, Texas y Florida, ya que albergan a la población latina más extensa, pero sobre todo, a la mayor población de votantes acreditados a nivel nacional, justamente en ese orden.

El estado de California encabeza la lista al concentrar cerca de 15 millones de personas de origen hispano. De este total, aproximadamente la mitad (6.9 millones) cuentan con los requisitos para votar, lo que hace del estado de los osos grizzly la entidad número uno con ciudadanos de origen latino acreditados para participar en las próximas elecciones presidenciales.

De estos 6.9 millones ciudadanos acreditados para votar, el 82% son de origen mexicano (¡si! ¡82%!), mientras que 2% son puertorriqueños y el 16% restante otro origen.

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El estado de Texas ocupa el segundo lugar de votantes hispanos acreditados, con 4.8 millones de personas. Nuevamente, la gran mayoría de los votantes son de origen mexicano (87%), 2% son de origen puertorriqueño y 2% salvadoreño.

tabla-dos

En Florida residen cerca de 2.6 millones de hispanos acreditados para votar, la tercera población mas grande a nivel nacional. En este caso tan solo el 9% son identificados como de origen mexicano, 27% puertorriqueño, 31% cubanos y 32% otros.

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En el estado de Nueva York, entidad que ocupa la posición numero cuatro en proporción de hispano-votantes, con 1.9 millones de personas, los votantes acreditados de origen mexicano constituimos un 7% del total a nivel estatal. El ejercicio electoral del 2016 será la primera vez que esta mexicana-americana participe para definir al siguiente Míster o Madam President.

La información presentada en este artículo sustenta aquello que es más que evidente: para obtener resultados electoral favorables de largo plazo, los partidos políticos tendrán que diseñar y proyectar políticas públicas pensadas exclusivamente para la comunidad latina, así como para otras comunidades que comienzan a adquirir mayor peso, como lo es la asiática. Ahora más que nunca es imposible pensar en un electorado común para el cual se preparen estrategias y discursos genéricos. Los candidatos y sus equipos tendrán que concentrar sus esfuerzos y aventajar a sus oponentes asegurando la confianza de ciudadanos con múltiples orígenes, y como hemos observado de mayoría latina y mexicana (lo sentimos Mr. Trump), con necesidades variables y altamente demandantes.

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Referencias:

Pew Research Center. Hispanic Trends. 2016 State Election Fact Sheets. http://www.pewhispanic.org/fact-sheets/2016-state-election-fact-sheets/

[1] Krogstad, J.M. y Passel, J.S. “5 Facts About Illegal Immigration in the U.S.” Pew Research Center (19 de noviembre de 2015). Fuente: http://www.pewresearch.org/fact-tank/2015/11/19/5-facts-about-illegal-immigration-in-the-u-s/

[2] U.S. Census Bureau’s 2014 American Community Survey.

Acuerdo Transpacífico: ¿El perdedor de 2016?

Acuerdo Transpacífico

Por: Pablo Tortolero – @pablotorto

El Acuerdo Transpacífico, o TPP, es actualmente la negociación comercial plurilateral más ambiciosa que existe, tanto por la cobertura de productos y las disciplinas que incluye, así como por la importancia económica de sus miembros, que juntos engloban cerca del 40% del PIB mundial. A finales del año pasado, los 12 países miembros del tratado acordaron el fin de las negociaciones, que incluyen 30 capítulos y duraron cerca de diez años. Falta todavía que se someta al proceso legislativo para ser aprobado en los países durante los próximos dos años. Por las especificaciones del tratado, depende básicamente de Estados Unidos su eventual entrada en vigor.[i] En vísperas de que la región del Pacífico está destinada a convertirse en el motor de la economía global, se considera que el TPP es la apuesta más importante de la administración de Obama por hacer que Estados Unidos establezca las reglas en materia de acuerdos comerciales para las siguientes décadas y, como lo ha puesto el mismo Presidente, no sea China quien lo haga.[ii]

Desde sus inicios, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo, hubo voces que criticaron duramente al TPP. Uno de los principales problemas fue que en Estados Unidos esas voces no eran fácilmente descartables. Desde Noam Chomsky hasta Paul Krugman y Joseph Stiglitz, pasando por Médicos Sin Fronteras y Larry Summers, entre otros, fueron críticos del tratado, por lo menos en su etapa de gestión.[iii] En este paquete se congregan un ex Secretario del Tesoro de Estados Unidos y Presidente Emérito de Harvard, dos Nobel de Economía y una ONG Nobel de la Paz. A manera general, las quejas más comunes que recibía el tratado iban dirigidas a su proceso de aprobación fast track y el aura de secrecía que rodeó su negociación, su protección a los grandes corporativos, a Wall Street, su sistema de cortes internacionales y de resolución de controversias (el “investor-state dispute settlement” o ISDS), sus efectos sobre la industria farmacéutica, sus capítulos sobre propiedad intelectual, sus efectos contra la libertad de expresión en internet, y la lista continúa.

Una de las críticas más interesantes durante su proceso de gestión provino de Hillary Clinton, la hoy virtual candidata demócrata a la Casa Blanca. Durante una visita a Australia en 2012, lo llamó el “Patrón Oro” (“Gold Standard”) de los acuerdos comerciales. Sin embargo, a medida que se acercaba la temporada electoral, quizá presionada por parte del electorado que posteriormente propulsó la candidatura de Bernie Sanders, cambió su postura hasta afirmar: “basado en lo que sé hasta ahora, no me puedo pronunciar a favor del tratado”.[iv]

2016 ha probado hasta ahora no ser el mejor año para la integración. El proceso electoral de Estados Unidos se volvió rápidamente un eco de malestares sociales que fueron orientados, entre otros, hacia el libre mercado y los tratados comerciales, siguiendo estrategias electorales. En efecto, Donald Trump ha basado uno de sus ejes de campaña en atacar tratados como el TLCAN que, según él, se aprovechan de Estados Unidos y dejan sin empleo a sus trabajadores. Al TPP lo ha equiparado con lo que sería una “violación” para su país, lo cual provocó la reacción inmediata de la U.S. Chamber of Commerce[v] pero no del establishment republicano que ideó hace dos décadas el TLCAN.[vi] Por si fuera poco, el reciente resultado del Brexit complica aún más las cosas, legitimando este sentimiento y dándole la posibilidad de canalizarse por la vía democrática. La campaña de Trump contra Hillary Clinton seguramente tendrá mucho TPP involucrado.

¿Qué significa para México el TPP? De entrada, expandir su presencia con la región con la que ha tenido el crecimiento más dinámico en los últimos años, al tener nuevo acceso a seis países.[vii] Sin embargo, lo más interesante es que algunos estudios apuntan que, con el TPP, México será uno de los países que más saldrían beneficiados. En efecto, un estudio de Oxford Economics concluye que México ganaría 1.3% en su PIB a largo plazo.[viii] Otro, publicado por el Wilson Center concluye que el TPP ayudaría a llenar ciertos huecos que dejó el TLCAN, y haría a sus países más atractivos para las inversiones.[ix] Si se confirman estos estudios, y persiste el sentimiento anti-TLC’s en el mundo, aún si la UE hace prueba de una solidez institucional ejemplar como respuesta al Brexit y contiene cualquier otro intento de imitarlo, no sería raro pensar que tarde o temprano un Trump acabe ocupando la Casa Blanca, pase lo que pase en 2017.

Pero no nos adelantemos. ¿Cuál es realmente la problemática fundamental que da pie a todo esto, y razón por la cual tanto Chomsky como Summers criticaron al TPP? Robert Reich, ex Secretario de Trabajo bajo Bill Clinton y ahora partidario de Bernie Sanders, lo pone así: “Aún si los TLC’s han beneficiado a la economía en general, también han agravado la desigualdad empujando hacia abajo los salarios. Los principales beneficiarios han sido los ejecutivos bien educados y los accionistas de las grandes corporaciones y los grandes perdedores han sido los trabajadores sindicalizados y sin títulos universitarios que ya no tienen buenos trabajos”. [x] Según él, los TLC’s han sido menos sobre comercio y más sobre proteger las inversiones globales: los activos y la propiedad intelectual de las empresas con sede en Estados Unidos que invierten en el extranjero, y facilitar el outsourcing de su mano de obra. Del otro lado de la moneda, podemos hacer referencia nuevamente al mismo Obama. Últimamente, Obama ha hecho visitas de Estado a Asia, publicado Op-eds en el Washington Post,[xi] entrevistas en Bloomberg,[xii] etc., en donde respalda de manera sólida al TPP, alabando la subida de estándares que implica para otras naciones y su adopción de los “American values”,[xiii] los beneficios del libre mercado traducidos en aumento a las exportaciones y variedad de productos a precios bajos e incremento en capacidad de inversión en el interior, aparte de su efecto a gran escala de contención sobre China. En cambio, existen procesos imparables a estas alturas que pueden resultar en la pérdida de trabajos para la mayoría, como la mezcla de globalización con automatización, y que depende tanto de los Gobiernos el crear las oportunidades y garantizar la educación necesaria para crecer a la par de ellos, tanto como de los CEO’s de las empresas preocuparse por la salvaguarda y la transición de sus empleados en este sentido.

¿En suma, como impactará 2016 al TPP? Sería dudoso pensar que eventualmente se nulifique, después del enorme esfuerzo de los gobiernos involucrados y por su significancia como contenedor de influencia de China. Esto, asumiendo que gana Hillary Clinton la elección. Bajo este escenario, tampoco sería extraño pensar que el TPP entraría en una fase de revisión. En todo caso, veremos seguramente una intensa pugna entre los partidarios del libre comercio y de los tratados comerciales, y los que no, así como una campaña mediática para divulgar sus bondades al grueso de las poblaciones que hoy nutren la fuerza de los candidatos llamados “populistas” en las economías avanzadas.

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[i] Estados Unidos tiene un “veto“ sobre el TPP. Si todos los países suscritos no lo ratifican, todavía entrarán en vigor después de dos años, siempre y cuando al menos seis de ellos lo hagan y representen al menos el 85% del producto interno bruto combinado de los 12 . Esto significa que: si Estados Unidos no ratifica el acuerdo, no va a seguir adelante y, si lo hace, no tendrá dificultades para encontrar cinco aliados.

http://www.forbes.com/sites/emmawoollacott/2016/02/04/trans-pacific-partnership-signed-now-what-happens/3/#317ca3f04921

[ii] https://www.washingtonpost.com/opinions/president-obama-the-tpp-would-let-america-not-china-lead-the-way-on-global-trade/2016/05/02/680540e4-0fd0-11e6-93ae-50921721165d_story.html

[iii] Noam Chomsky y Joseph Stiglitz:

http://inthesetimes.com/working/entry/17732/joseph_stiglitz_on_the_trans_pacific_partnership_this_is_a_big_deal

https://www.project-syndicate.org/commentary/trans-pacific-partnership-charade-by-joseph-e–stiglitz-and-adam-s–hersh-2015-10?barrier=true#BrJ8hOYeMviv5UOX.99

Paul Krugman:

http://krugman.blogs.nytimes.com/2015/10/06/tpp-take-two/?_r=2

Larry Summers:

https://next.ft.com/content/43920bae-c3f3-11e4-9019-00144feab7de

https://www.washingtonpost.com/opinions/rescuing-the-free-trade-deals/2015/06/14/f10d82c2-1119-11e5-9726-49d6fa26a8c6_story.html?postshare=1501434328016940

Doctores Sin Fronteras:

http://www.doctorswithoutborders.org/news-stories/briefing-document/trading-away-health-trans-pacific-partnership-agreement-tpp

[iv] http://www.wsj.com/articles/hillary-clinton-comes-out-against-trans-pacific-partnership-trade-deal-1444249761

[v] http://www.politico.com/story/2016/06/trump-trade-speech-chamber-of-commerce-reaction-224900

[vi] http://www.bloomberg.com/politics/articles/2016-06-28/trump-channels-brexit-in-anti-trade-speech-at-pennsylvania-factory

http://tinyurl.com/hx98kvu

[vii] Estos países son Australia, Brunei, Malasia, Nueva Zelandia, Singapur y Vietnam y, aún si nuestro comercio con los mismos no es nada abultado, según cifras de Banxico, en términos de porcentaje de crecimiento, el comercio de México con la región de Asia-Pacífico ha sido el que más ha crecido en los últimos cinco años, comparado con el comercio con Latinoamérica, Unión Europea o TLCAN. Seún HSBC y Deloitte, de entrar en vigor, el TPP tendría repercusiones positivas en este sentido sobre el rol de México en las cadenas globales de valor, por ejemplo, en su industria automotriz.

https://globalconnections.hsbc.com/mexico/es/tools-data/trade-forecasts/mx

https://www2.deloitte.com/content/dam/Deloitte/global/Documents/About-Deloitte/gx-gbc-mexico-competitiveness-report-english.pdf

[viii] http://intermodalexpress.com.mx/en/news_3/

[ix] https://www.wilsoncenter.org/sites/default/files/tpp_the_nafta_countries_and_the_integration_of_the_americas.pdf

 

[x] Para esta y otras opiniones de Robert Reich, seguir: https://www.facebook.com/RBReich/?fref=ts

 

[xi] https://www.washingtonpost.com/opinions/president-obama-the-tpp-would-let-america-not-china-lead-the-way-on-global-trade/2016/05/02/680540e4-0fd0-11e6-93ae-50921721165d_story.html

 

[xii] http://www.bloomberg.com/features/2016-obama-anti-business-president/

 

[xiii] https://ustr.gov/tpp/#news

 

Obama el Ninja

Barack-Obama-clicks-a-selfie

Por: Daniela Dib – @dandiba

Tengo una teoría que carece de sustento teórico, está llena de sesgos y navega peligrosamente en las aguas del fanatismo personal, pero que aún así encuentro bastante probable: en dos años Estados Unidos verá el daño que le provocó la presidencia de Barack Obama.

No hablo sobre las implicaciones del Medicare y Medicaid o del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba; ni siquiera del rescate financiero de Merrill Lynch y General Motors o del asesinato de Osama bin Laden. Carezco de los argumentos y análisis a profundidad que me permitan predecir con cierta lógica las consecuencias políticas, sociales y económicas de estas controvertidas acciones ocurridas durante los dos períodos presidenciales de Barack Obama.

El daño al que me refiero se podrá asimilar cuando él ya esté fuera del despacho oval, libre de la presión presidencial, cuando el próximo POTUS se haya enfrentado al escrutinio público y se haya convertido en el rostro de Estados Unidos ante el mundo. Con Hillary o Donald en la Casa Blanca, el país hasta ahora más poderoso del mundo se dará cuenta que Barack Obama fue su primer embajador digital, y que – ahí va el agravio – nunca volverá a tener uno.

Vladimir Putin, Kim Jong-un y, por supuesto, Enrique Peña Nieto, son otros mandatarios con gran presencia en Internet. Sin embargo, su popularidad se nutre de críticas y burlas de lo que dicen, hacen o dejan de hacer. (En Rusia incluso se han vetado los memes que se mofan de Putin; al líder norcoreano aparentemente le gusta observar cosas; está de más mencionar todo lo que se publica a diario sobre Peña Nieto, aunque este meme es épico). Pero en el caso de Obama, el Internet habla de él porque lo ama.

Además de su carisma, el apoyo (y los brazos) de su esposa, Michelle, la estabilidad de sus hijas Malia[1] y Sasha, y hasta la fotogenia de su perro Bo, lo que hace de Obama un presidente tan querido en el mundo digital es que él y su equipo han aprendido muy bien a hablar el idioma de los millennials y navegan con familiaridad las plataformas en donde ellos conversan. A principios de este año, el sitio Engadget nombró a Obama como un social media ninja por sus extraordinarias habilidades de conversación virtual. Claramente, el mérito no es sólo suyo; desde su primera campaña presidencial en 2008, Obama contó con el apoyo de un equipo dedicado por completo a las redes sociales que fue capaz de lograr una presencia tan exitosa a la que muchos le atribuyen el éxito en las elecciones. Tal fue el precedente que marcó su campaña, principalmente a través de Facebook y Twitter, que la estrategia se estudia hoy en cursos de marketing político alrededor del mundo.

A partir de entonces, el equipo del presidente dicta el alto estándar para la incursión de mandatarios en las redes sociales. Primero fueron Twitter, Facebook y YouTube; después Vine y Reddit. Tras la reelección en 2012 – inmortalizada con uno de los tweets más replicados en la historia -, Obama incursionó en Tumblr, comenzó a hacer apariciones especiales con íconos de la cultura pop de su país, y fue uno de los primeros en lanzar un canal presidencial en Snapchat, la plataforma perfecta para ofrecer un detrás de cámaras permanente de las aventuras presidenciales.

Obama entiende perfectamente qué es un GIF, cómo usar un meme, en qué momento aplicar un mic-drop. Sabe qué está de moda entre los millennials y por eso se avienta un freestyle con Lin-Manuel Miranda, enloquece al internet con una probadita del episodio en el que prueba comida callejera en Vietnam con el chef Anthony Bourdain, se rodea de un equipo que silencia a los críticos con una foto y cuatro palabras en un tweet. Coronó su reinado en las redes sociales hace unos meses, cuando fungió como el orador principal del evento más importante para la comunidad de vanguardistas digitales en Estados Unidos: el festival SXSW (South by South West), en el que habló, por supuesto, de cómo el Internet puede servir a la población en distintos ámbitos.

Durante los últimos meses de su mandato, el siempre sonriente Obama se ha relajado un poco más de lo habitual y ha hecho mancuerna con otro consentido del mundo digital: Justin Trudeau, el primer ministro canadiense. Ambos personifican a lo que aspira todo millennial: atractivo, en forma, consciente de los problemas globales, estables pero liberales y, sin más complicaciones, cool. Muy cool. Y la clave es que Obama entiende que las redes sociales no sólo se utilizan en Estados Unidos sino en el resto del mundo, y que si hoy un veinteañero mexicano manda un Snap con emojis y hashtags, otro veinteañero japonés puede verlo y comprender lo que quiere decir. El POTUS le habla a todos ellos.

Volviendo a mi teoría, en dos años los millennials y sus herederos, la generación Z, se habrán cansado de comentar los impasses de Hillary Clinton o de Donald Trump. A estas alturas de la carrera presidencial, los posts más viralizados de Hillary son aquellos en las que deja en evidencia lo que sus críticos llaman “su intento por parecer la abuela que trata de ser cool en redes sociales”; en el caso de Trump, cualquier cosa que diga o haga se vuelve popular por su contenido ridículo y surreal. Cualquiera que quede electo como presidente se convertirá en el nuevo Putin, no en el nuevo Obama, del mundo digital. Y será entonces cuando la ausencia de aquel gran embajador de Internet, el único que puede burlarse de sí mismo con gran éxito, pese sobre un país muy conectado con el mundo y a la vez muy alejado de lo que realmente ocurre en él.

[1] Dato curioso: Kylie Jenner y Malia Obama tienen la misma edad. “Mic drop”.

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