Reelección Conyugal

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

Quizá en México, como en ningún otro lugar del planeta, la reelección de gobernantes es el último tabú del sistema político. Basta con ver cómo en nuestro país un gran número de documentos oficiales acompañan al calce la frase: Sufragio efectivo. No reelección.

El aforismo, atribuido comúnmente a la revolución maderista, tiene su origen en el Plan de La Noria, acaudillado por el General Porfirio Díaz en contra de Benito Juárez, quien contendió y ganó en 1871, por tercera ocasión, la elección para Presidente de la República.

El levantamiento de Francisco I. Madero en 1910, que a la postre llevaría al final a la dictadura de Díaz sumergiendo al país en la guerra civil más cruenta desde el movimiento de Independencia, dejaría una huella profundísima en el imaginario político mexicano: la reelección es antitética a la representatividad, a la democrática.

El Maximato Callista fue el último intento de ostentar el poder más allá del periodo constitucional conferido, mediante la imposición de títeres a las órdenes del Jefe de la Revolución. Una pantomima digna del Porfiriato, que finalizó con el abrupto destierro de Plutarco Elías Calles a los Estados Unidos.

Es incuestionable que a partir de la presidencia de Lázaro Cárdenas, la rotación de las altas esferas en el poder de manera sexenal, facilitó en buena medida la oxigenación de distintos cuadros políticos que en su momento aspiraron al poder, todo ello, claro, bajo los muy convenientes usos y costumbres políticos impuestos por el partido único de Estado (impunidad, corrupción, clientelismo, etc.)

Uno de los rasgos distintivos que permitió al PRI perpetuar una dictadura de partido en México, fue el respetar irrestrictamente el principio de no reelección consignado en nuestra Constitución: la no reelección es, tal vez, la única disposición constitucional respetada a carta cabal durante la Presidencia Imperial. Ni siquiera presidentes tan poderosos y carismáticos en su tiempo, como Miguel Alemán Valdés o Carlos Salinas de Gortari, fueron capaces de romper con la regla de oro de la sucesión forzosa cuando sondearon la posibilidad de reelegirse.

El debate sobre la conveniencia de la reelección presidencial (con todas las modalidades posibles) parece remoto, ya que aún los más apasionados reformistas reconocen el trasfondo histórico del principio de no reelección, así como el trascendental papel que dicha prohibición ha tenido en las transiciones pacíficas del poder.

Hoy, la esposa de un ex presidente de la República destaca como una seria contendiente a la candidatura presidencial por su partido, me refiero a Margarita Zavala y a Partido Acción Nacional.

Al margen de sus méritos técnicos y/o políticos para ser o no presidente de la República, cuestión propia de toda campaña política y del escrutinio de los votantes, el hecho de que la cónyuge de Felipe Calderón Hinojosa busque la presidencia ameritaría reabrir el debate sobre la reelección presidencial. Me explico:

Aún y cuando el poder ejecutivo reside de manera unipersonal en el Presidente, en los hechos, resulta poco creíble que un cuadro político tan relevante como cualquier ex primer mandatario no juegue un papel de suma importancia política tras bambalinas en las decisiones de su consorte, lo que implicaría, en mayor o menor medida, el ejercer el poder por interpósita persona.

Es candoroso pensar que el ejercicio del poder no conlleva la influencia de terceros tras las sombras, a sabiendas de que un ex Presidente cohabita en Los Pinos bien valdría la pena preguntar:

¿Es posible marginar a un ex Presidente de las decisiones políticas de su pareja? ¿Es eso deseable? ¿Hay o no algo de simulación? ¿Se quebranta o no en esencia el principio de no reelección? ¿Es conveniente en nuestros días la vigencia o no de dicha prohibición?

Creo que es propicio el retomar un debate que ha sido postergado demasiado tiempo.

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2018 y los Cantos de las Sirenas

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Por: Mario Campa – @mario_campa / @latampm
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Hay vida más allá de Donald Trump y Hillary Clinton. Un fantasma recorre México—además de la corrupción, la violencia y la “disipada” contingencia ambiental de la #CDMX. El vaho electoral ya se respira en el ambiente. Otra vez. GEA-ISA (16 de marzo), Mitofsky (10 de marzo), Buen Día Laredo-El Universal (07 de marzo) y El Financiero (29 de febrero) publicaron resultados recientemente. Las casas encuestadoras (medianamente serias) han hablado, y hay consenso: contrario al proceso electoral anterior, no hay un claro favorito para ganar la elección presidencial de 2018. A falta de que BCG Ulises Beltrán-Excelsior y Reforma se pronuncien en las siguientes semanas, ya tenemos un panorama general para empezar a dar rienda suelta a la especulación.

Antes de presentar los resultados de las encuestas, cabe aclarar dos cosas. Primero, existe un consenso con base en las preferencias electorales vigentes de que el careo o escenario más probable en 2018 sería el siguiente: Miguel Ángel Osorio Chong (PRI), Margarita Zavala (PAN), Andrés Manuel López Obrador (Morena), Miguel Ángel Mancera (PRD) y Jaime Rodríguez “El Bronco” (independiente). La probabilidad de que alguno de estos partidos opte por otro candidato o que más de un candidato independiente se postule es alta. Los procesos internos son desgastantes y pequeños cambios en los careos traen fuertes reacomodos en las preferencias.

Segundo, estamos a más de dos años de la elección. Las variables sociales, políticas y económicas que dan sentido a las preferencias cambian. En marzo de 2004, Mitofsky (y el consenso) ponía a Andrés Manuel López Obrador a la cabeza del careo más probable, con 37% de la intención de voto, seguido por Roberto Madrazo (29%) y Santiago Creel (23%). Felipe Calderón apenas figuraba en las preferencias panistas (3%), no digamos nacionales. Y ya conocemos el resto de la historia. En 2010 pasó algo similar—Peña Nieto, 53%; López Obrador, 14%; Creel, 13%—, aunque finalmente el puntero en aquel entonces acabó embistiendo la banda presidencial por un estrecho margen. Con un mundo de camino por delante, no hay que tomarse las encuestas (tan) en serio.

Dicho esto, ¿nos sirve de algo conjeturar y especular? Sí, y mucho. Por un lado, quienes hoy encabezan las encuestas en sus partidos estarán bajo mayor escrutinio público. Parten, además, con ventaja a la hora de formar alianzas y de darse a conocer entre el electorado general. En el caso de los independientes, las encuestas pueden disuadir o convencer a un candidato a postularse. Por otra parte, las propias élites partidistas danzan al ritmo que marcan las encuestas: conforme éstas van cambiando, los engranajes internos se ajustan. Vale pues la pena echarle un ojo a los numeritos para ver adónde vamos.

Preferencias Atomizadas

La Tabla 1 muestra los resultados de las cuatro encuestas nacionales publicadas recientemente. La primera conclusión es que Andrés Manuel López Obrador encabeza las preferencias en dos encuestas; Miguel Ángel Osorio Chong lo hace en una; y Margarita Zavala en otra. Resaltan algunos números grosso modo: (1) ninguno de los candidatos rebasa 24% del total de intención de voto; (2) la diferencia en el promedio de intención de voto entre los tres punteros en el careo más probable vigente es de menos de dos puntos porcentuales; (3) el candidato independiente (Jaime Rodríguez “El Bronco”) supera ampliamente a Miguel Ángel Mancera (teórica candidato por el PRD) en una de las encuestas.

Encuesta de Encuestas rumbo al 2018

Aunque esta tabla ya nos permite ir sacando algunas conclusiones, presenta un panorama incompleto. No sólo porque estamos omitiendo otros careos, sino porque las condiciones de los candidatos varían de partido a partido. Dos variables adicionales (ver Tabla 2) llevan a conclusiones más finas: reconocimiento de nombre y balance de opiniones positivas y negativas.

¿Qué conclusiones finas podemos extraer de la Tabla 1 y Tabla 2? (1) Andrés Manuel López Obrador parte con una ventaja enclenque si tomamos en cuenta que lleva décadas haciendo campaña—lo cual se traduce en un reconocimiento de nombre cercano a 100%—; (2) Miguel Ángel Osorio Chong empieza a consolidarse como el candidato puntero del PRI y su intención de voto es alta considerando las múltiples opciones que tiene el partido—lo cual se traduce en atomización del voto interno—, aunque su balance de opinión no es muy favorable, lo cual incrementa su vulnerabilidad; (3) Margarita Zavala también se consolida como la opción preferida en el PAN sobre Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle, destacando los bajos “negativos” que tiene a la fecha, mismos que pueden ser dañados por un proceso interno reñido; (4) las opiniones negativas de López Obrador y Mancera son las más altas y deben de preocupar a la izquierda, particularmente si ambos candidatos se aferran a contender por la presidencia.

Balance de opinion

Los Independientes

La postulación de candidatos independientes comienza a generar ruido en el proceso electoral rumbo a 2018. El ambiente electoral es propicio: abundan los casos flagrantes de corrupción y abuso político en altos niveles de gobierno; ya son varios años de crecimiento económico anímico—si bien no estamos en recesión, lo cual fortalecería a López Obrador—; una de las novedades de esta elección es que podremos votar por independientes; como hemos visto, hay una ausencia de candidatos punteros.

Sin embargo, varias razones sugieren que el fenómeno está sobredimensionado y que será sumamente complicado ver a un candidato acercándose al triunfo—a menos que Margarita Zavala rompa con el PAN, lo cual se antoja a suicidio partidista: (1) como bien escribe Jorge Zepeda Patterson, “Algunos de los llamados candidatos independientes…inspiran la misma confianza que un evangelizador con pulsera de diamantes”, refiriéndose a que no parecen representar auténticos intereses ciudadanos; (2) la ausencia de segunda vuelta y el previsible alto número de candidatos aumenta la fuerza electoral del partido gobernante; (3) la agenda de López Obrador se empalmaría con la de los independientes significativamente, y un desplome del tabasqueño parece lejano.

Según Alejandro Moreno (El Financiero), existe un 36% de ciudadanos dispuestos a votar por un “independiente”. Sin embargo, ante la pregunta “De los siguientes, ¿quién le parece más atractivo como candidato independiente a la Presidencia de la República?”, las respuestas más altas las obtienen ¡Zavala (28%) y Mancera (20%)! Las otras encuestas ponen a Pedro Ferriz de Con y a Juán Ramón de la Fuente bastante rezagados frente a Jaime Rodríguez “El Bronco”. Los niveles de reconocimiento y balances de opinión de la Tabla 2 sugieren que la caballada de independientes no anda flaca, sino anémica.

El precedente más cercano de un candidato independiente teniendo verdadera oportunidad de ganar una elección presidencial en Latinoamérica es Marco Enríquez-Ominami (Chile), quien en 2009 logró un 20% del voto en la elección presidencial, quedando por detrás de Sebastián Piñera (44%) y Eduardo Frei (30%), quienes se fueron a segunda vuelta. En aquella elección, las redes sociales jugaron un papel clave para el ascenso del candidato independiente. Si bien las posibilidades de que un independiente triunfe en 2018 son bajísimas, una candidatura seria puede inyectarle vitalidad al lánguido sistema democrático mexicano. Los candidatos independientes tienen varios incentivos para postularse: restar votos a otro candidato partidista o independiente, poner temas en la agenda (del país o de otro candidato), posicionarse ante el electorado rumbo a 2024… o las ventas de un libro.

Lo cierto es que hay un común denominador en este proceso electoral: las disputas internas por las candidaturas sacarán chispas. En el seno del PRI, el santiago de Peña fue clarito: “Quien se mueve, sale en la foto.” Y se van a mover pronto. El PAN pende de un hilo llamado Margarita Zavala. A su vez afecta a los independientes y a su deseada unificación. Y la izquierda difícilmente aspirará al triunfo si Mancera toma fuerza: ¿Aceptará ser candidato del PRD u optará por la vía independiente? Esta historia suena familiar. Cuando Andrés Manuel López Obrador obtuvo la candidatura presidencial por el PRD para competir por la presidencia en 2012 declaró en aquel entonces que “Marcelo [Ebrard] no se dejó cautivar por el canto de las sirenas”, ante rumores de que su rival desconocería los resultados del proceso interno. Hoy las sirenas vuelven a cantar (cantan con más ganas y en varios frentes). ¿Se atarán los candidatos a un mástil?

Pies de página:

(Al mencionar a Moreno)

Conflicto de interés No. 1: El autor cursó Opinión Pública (ITAM) con Alejandro Moreno. Fue una de las mejores clases de su vida. De Moreno, Leo Zuckermann escribió que es “uno de los encuestadores más serios y de mayor reputación del país.” En 2012 (con el diario Reforma, en aquel entonces) fue el primero en publicar una ventaja para Peña Nieto de un solo dígito (¡4 puntos!). En aquel entonces, más de un oligarca tembló ante semejante “sorpresa”: la Bolsa Mexicana de Valores cayó un acumulado de 2.3% en los dos días posteriores a su publicación.

(Al mencionar “…o las ventas de un libro”)

Conflicto de interés No. 2: El autor cursó The Left in Latin America (Columbia University) con Jorge Castañeda. Optó por dar de baja la materia en medio de la segunda sesión. Denisse Dresser escribió en una columna titulada No Sólo Así que “la capacidad de convocatoria de Castañeda y su camarilla ya expiró” y que quien sea candidato independiente en 2018 debe ser verdaderamente independiente e irreverente; debe inspirar confianza; conectar con los jóvenes… nada que suene a Jorge Castañeda, para acabar pronto.

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