¡Educación, Educación, Educación!

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Por: Alessandra Ortiz – @AlessOrtiz3

Cierto día, mientras platicaba con mi abuela, quien por cierto es originaria de San Juan Guelavía, un municipio de Oaxaca en el que se habla zapoteco, me contaba cómo en sus tiempos era común ver a niños de bajos recursos económicos no asistir a la escuela, pues era cosa de gente acaudalada o que vivía en las ciudades. Ella, por infortunio, no tuvo la oportunidad de asistir a un colegio y parece afectarle lo suficiente como para sentirse incompetente y no valerse por sí misma. Pero, intentando encontrar una diferencia entre mi abuela y muchos jóvenes que reciben la educación gratuita, independientemente de la edad y las cicatrices de la vida, no la puedo percibir. Los jóvenes de hoy difícilmente tienen una capacidad de razonamiento, una crítica conceptual, un criterio propio. Saben leer y escribir, pero no saben razonar. Saben cuánto es tres por dos, pero no cómo se obtuvo el resultado.

Esta forma de enseñar viene desde el modelo educativo prusiano en el siglo XVIII, establecido por el rey de Prusia con el objetivo de crear una clase trabajadora dócil, sin capacidad de razonamiento y que fuera educada para seguir órdenes. Andrés Oppenheimer comenta que en esos tiempos, las clases estaban divididas en materias sin tener relación una con la otra y eran separadas en periodos de 50 minutos cada una, así, los alumnos saltaban de materia en materia sin permitirles la capacidad de razonamiento y con esto, evitar el pensamiento crítico (pág 231). De manera muy sutil este sistema continúo siendo implementado y es el que predomina en la mayor parte del mundo. En su momento funcionó para los deseos de los reyes, pero se me hace absurdo que hoy en día se quieran seguir implementando los mismos métodos. En un mundo completamente globalizado en el que las tecnologías han sobrepasado nuestros límites, la metodología no puede seguir siendo la misma.  

En los estados del sur el rezago educativo parece haberse agudizado, y no es sólo cuestión de división de clases sociales, es una cuestión de indiferencia. Si las cosas han funcionado así por años ¿por qué deberían de cambiar ahora? ¿Por qué yo maestro me tendría que esforzar por mejorar mi clase si me ha funcionado mi método de enseñanza? ¿No es acaso una obligación del gobierno? Esta y otras frases es común escucharlas en cada rincón de Oaxaca. Y es que es un círculo vicioso que no cesa, que se repite generación tras generación. ¡Esto tiene que cambiar! Hace falta reorientar los planes educativos, modificar los fines y objetivos, cambiar los métodos y las materias.

Entiendo y me queda claro que la preservación de culturas y lenguas es sumamente importante para el Estado, y esta educación de la que hablo está orientada a la conservación y utilización de las mismas, del reconocimiento que merecen, de la difusión e importancia que se les debe de dar. Una educación enfocada en el pensamiento crítico en la que la gente genere ideas para la mejora de un pueblo, una comunidad, un estado.

Creo fielmente que esto puede llegar a pasar. Hacen falta visionarios que estoy segura existen, pero que desalentados por la falta de oportunidades han decidido abandonar sus estados natales. Basta que dos o tres decidan volver y tengan la certeza y convicción de que esta vez, las cosas pueden ser diferentes.

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Igualdad de Género: Un Proyecto Educativo

 

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Por: Gabriela Gómez – @GabrielaSGH

Yakiri Rubio, víctima de secuestro y violación, denunció y terminó en la cárcel por defenderse de sus agresores; Andrea Noel, humillada sexualmente en la calle a plena luz del día, realizó una denuncia penal y pública, recibió diversas amenazas por redes sociales atentando contra su integridad física; Gabriela Nava, un sujeto grabó bajo su falda en el transporte mientras exhibía su pene, Gabriela grabó su cara y lo denunció penal y públicamente, recibió amenazas por redes sociales y grupos de su universidad defendieron a su agresor.

Estas tres mujeres abanderan la campaña #NoTeCalles, enfocada a alentar a la sociedad a denunciar las agresiones sexuales con miras a su diminución.

Lo sorprendente del testimonio de Yakiri, Andrea y Gabriela no es que exista un tipo capaz de violar y golpear a una mujer, u otro al que le parezca simpático humillar a una joven en la vía pública, ya sea bajándole los calzones o grabando bajo su falda mientras se masturba. Pensar que existen 3 hombres así no es extraño, los hay en todos lados y han de ser perseguidos y sentenciados. Lo verdaderamente alarmante es que existan hombres y en algunos casos incluso mujeres, que sin tener que ver con la situación específica, se sientan ofendidos y recurran a las redes para intimidar y amenazar a las denunciantes. Estos no son 3 hombres, son miles. Miles de personas que creen que deben poner un alto a las denuncias contra el abuso sexual o en su caso, al empoderamiento de las mujeres.

Tenemos un problema como sociedad cuando únicamente condenamos los malos comportamientos de algunos grupos. Lo primero es siempre la censura y la descalificación, el contraataque. Me permito decir que esto es un error. Por supuesto debe haber una sanción, pero también y más importante aún, debe ir acompañada de un proceso de entendimiento. En este caso particular, antes de responder ataque con ataque y terminar la discusión simplemente calificando a los intimidadores como machos, violadores, etc. cabe hacerse una pregunta relevante: ¿por qué? ¿Qué pasa por la mente de estas personas cuando ven a una mujer alzar la voz? ¿Cuál es el miedo? ¿Por qué se sienten amenazadas? Sólo una verdadera comprensión de los motivos que llevan a las personas a actuar de cierta forma nos daría una oportunidad real de resolverlo y prevenir estos actos en el futuro.

Desde el inicio de la lucha feminista ha existido resistencia por parte de ambos géneros. En mi parecer, esto obedece al miedo tradicional de la sociedad a los cambios. La incertidumbre de sus roles en el nuevo orden crea miedo y por lo tanto rechazo. Como en todos los movimientos, han existido líderes feministas que abanderan el corazón de la lucha definida como libertad de elección, oportunidades y derechos iguales a los de los hombres y otras líderes de corte un poco más radical que abogan por la “emancipación de la mujer” (concepto que por lo general resulta confuso). Cualquiera que sea la intención de una u otra, a lo largo de los años el mensaje feminista se ha deformado y la mayor parte de la población no lo entiende correctamente. Existen quienes creen que es un movimiento para poner a las mujeres por “encima” de los hombres, o que ser feminista involucra forzosamente salir a la calle, manifestarse, rebelión a los cánones establecidos: cánones de belleza (no depilarse, no usar sostén), de rol en el hogar (salir forzosamente a trabajar), etc. Por ende, la mujer que decide vivir de su belleza, quedarse en su casa, cuidar de sus hijos, o realizar trabajo doméstico no es feminista. Falso.

La parte más importante del movimiento feminista, en cuanto atañe a las mujeres, es defender el derecho de cada una de ellas a ser cualquier cosa que decidan. Ya sea mujer de negocios, presidente, modelo, actriz, ama de casa, e incluso prostituta. Mientras cualquiera de estas opciones sea exclusivamente SU decisión. El feminismo también pelea por este derecho para los hombres.

Hace algunos años un amigo me dijo que las mujeres y los hombres nunca iban a ser iguales. En el momento no lo entendí y me enfurecí muchísimo. Ahora lo veo. Por supuesto que los hombres y las mujeres nunca van a ser iguales, de la misma forma que los hombres son diferentes entre ellos y las mujeres entre ellas. Todos somos y queremos cosas diferentes. El feminismo debe ser esa lucha porque se respeten nuestras diferencias como individuos, no como miembros de un género en específico y al ser respetadas cada uno de nosotros podamos triunfar en la esfera de nuestra elección. Esa es la batalla.

Un Proyecto Educativo

Obedeciendo a lo anterior me gustaría mencionar que las mujeres no tenemos la potestad de “permitirle” a los hombres sumarse a esta lucha, ni a la feminista en general ni a la enfocada en contra de la violencia de género en particular. Ojo, es su derecho. El combate por el respeto a las decisiones de los individuos de nuestra sociedad, que incluye, llevar faldas cortas, salir de noche, no ser un macho, ser abiertamente homosexual, etc. es problema de todos.

Tenemos un largo camino que recorrer en pos de este objetivo. En los últimos años, el gobierno ha recurrido a soluciones simplonas y corto placistas como los vagones rosas en el metro para resguardar a las mujeres del abuso sexual mientras se trasladan por la ciudad. El mensaje de estas políticas es: los hombres son unas bestias salvajes que no se pueden controlar y las mujeres unas pobres víctimas que hay que cuidar. No somos ni lo uno ni lo otro. Entonces qué sigue, ¿las mujeres que son abusadas en el metro por no ir en un vagón rosa llevan la culpa? ¿De la misma manera que las que salen de noche y usan minifalda provocan su abuso sexual? No deben existir espacios únicos de género. La segregación fomenta la diferencia, la alienación. Este tipo de acciones no representan una solución.

El problema de violencia de género y machismo tiene unas largas y extendidas raíces en nuestra cultura. Por supuesto que leyes para atacarlo son básicas y necesarias, pero definitivamente no son suficientes. Necesitamos entender el problema, el significado del cambio del orden social para los miembros de la comunidad, y el por qué de su resistencia, para así poder crear un proyecto educativo integral. Un proyecto que involucre a miembros de todas las disciplinas, psicólogos, pedagogos, sociólogos, antropólogos, economistas, etc. para concentrarnos en formar a los ciudadanos del futuro en una nueva forma de ver la vida. El poder de la educación es incalculable y sólo a través de este esfuerzo podremos esperar resultados tangibles y mejores condiciones de vida para la sociedad.

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