El Problema Somos Nosotros…

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Por: Alessandra Ortiz – @AlessOrtiz3

En días recientes, es común escuchar que el señor, empresario, racista, intransigente y ahora Presidente de la primera potencia mundial, Donald Trump, esté causando inestabilidad económica en nuestro país. ¿Será que Trump tenga tanto poder para llevar a nuestra moneda a alcanzar un máximo histórico de cotización frente al dólar de $22.03? Desmenucemos la situación.

México es un país rico en diversidad cultural y biodiversidad. La variedad de flora y fauna con la que contamos nos coloca entre las cinco primeras naciones con mayor riqueza natural. La variedad gastronómica ha colocado a la cocina mexicana entre las cinco gastronomías más prestigiosas del mundo. Y, acorde con el INEGI, al 2015 se tenía el registro de 68 lenguas indígenas, lo que nos posiciona como uno de los países con mayor diversidad lingüística. Esto sin contar los bailes, las tradiciones, la vestimenta típica y un sinfín de características peculiares y únicas del país. Sin embargo, aún con todos estos elementos positivos, México parece aletargado.

El país ocupa el lugar número 61 de 144 naciones en materia de competitividad, la cual es medida a través de 12 indicadores que evalúan la productividad y prosperidad gestada (WEF, 2015). Al año, generamos en promedio 1,246 patentes, cifra que no representa ni el 30% de las que genera Brasil y ni siquiera el 1% de las que año con año generan EUA, Japón o Corea del Sur (OMPI, 2015). Y no toquemos el tema de corrupción, pues el puntaje del país es de los más altos y se compara con países como Egipto, Indonesia y Filipinas. (Transparencia Internacional, 2015).

Es verdad que la cultura, la promoción para la innovación y los estímulos otorgados por los gobiernos juegan un papel importante, pero no lo son todo. Actualmente existen organizaciones privadas que apoyan y fomentan el emprendedurismo, plataformas que ayudan a recabar fondos para concretar ideas, o seminarios gratuitos para armar un plan de negocio.

¿Qué sucede entonces en México? El país cayó en un letargo y una fase de apatía en la que conformarse con un trabajo estable y un buen ingreso resulta suficiente. La sociedad clama por mayores salarios, pero no está dispuesta a trabajar más o a seguirse preparando. Piden oportunidades y creación de empleos, pero no piensan en crearlos. Exigen un alto a la corrupción gubernamental, pero continúan dándoles “mordidas” a los oficiales de tránsito. La competitividad no tiene que ver con el gobierno, tiene que ver con el esfuerzo diario, con las ambiciones personales, con el no conformismo. Las oportunidades existen y están abiertas para todos, pero no “caen del cielo”, hay que trabajar por ellas.

Los comentarios de Trump han impactado de manera adversa en el tipo de cambio, es verdad, pero ¿será que si el país creara empresas o patentes en las mismas cantidades que Japón, disminuyera los niveles de corrupción y, destinara un mayor gasto en educación, infraestructura y proyectos de inversión, sus comentarios nos estarían afectando en la misma magnitud? ¡Por supuesto que no! Tantas cosas de qué sentirnos orgullosos, tanto por aprovechar y explotar del país como para sentirnos dependientes de manera comercial y emocional de EUA.

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100 Días Después de Trump

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Por: Mauricio Ochoa – @mauri8a

Disclaimer: Nos encontramos un DeLorean con el que intentamos viajar al futuro. Dado que la gasolina está muy cara, nomás nos alcanzó para ir a 100 días después de que Donald Trump asumió la Presidencia, y regresar. Sólo les pudimos traer un periódico (que se imprime en billetes de 100 pesos, porque sale más barato que imprimir en papel bond), y aquí les compartimos algunas de las noticias:

—Donald Trump bloquea la entrada de 74% de exportaciones mexicanas. El Superbowl de 2017 se registra como el de más accidentes por conductores en estado de ebriedad. Se atribuye el alza en los accidentes a que los estadunidenses no pudieron bajarse la peda con guacamole.

—Se prohíbe también la participación de Lady Gaga en el medio tiempo del Superbowl y se sustituye por Kanye West. Hay revueltas homosexuales en San Francisco, Nueva York y Atlanta. El Secretario de Prensa de Estados Unidos atribuye las manifestaciones a un culto religioso cuyo profeta es Freddie Mercury. Encarcelan a Adam Lambert tras ofrecer un concierto ilegal en el Monumento a Jefferson para cantar “Bohemian Rapsody”.

-Se anuncia la salida de Estados Unidos de las Naciones Unidas. Vladimir Putin ofrece Moscú como nueva sede. Marine Le Pen propone París. Miguel Ángel Mancera solicita se le considere como nuevo Secretario General. El Consejo de Seguridad responde con un “AOC”. Voceros de Mancera lo consideran un gran avance.

-Los mercados financieros mexicanos colapsan ante la incertidumbre macroeconómica. Trump amenaza con impuestos a todos los empresarios con inversiones en México. Sale 80% de las marcas internacionales de alimentos, entre ellas McDonald’s. The Economist anuncia que México no podrá participar en el Índice Big Mac. Banco de México sugiere calcular con la torta de tamal, que ronda los $40 pesos.

—El Gobierno Mexicano informa que está tan cerca de alcanzar un acuerdo comercial con Estados Unidos, como de atrapar a Javier Duarte. La sociedad no sabe qué pensar. La PGR sigue esperando a que Fidel Herrera regrese a ser interrogado. Dijo que sólo iba por cigarros.

—El Secretario Narro se ve obligado a renunciar, tras filtrarse grabación en la que dice “antes lo importante era que teníamos salud. Hoy ya ni eso”.

—La Secretaría de Hacienda y Crédito Público declara que “ahora sí, ya en serio, estamos casi seguros que ya no nos va a afectar el alza del dólar”. Se nombra a Andrea Legarreta como Directora General de Comunicación Social.

—César Camacho se solidariza con la situación financiera de los mexicanos y vende uno de sus relojes. Recibe escupitajos de ciudadanos, una vez que se enteran que vendió el Casio.

—Ana Guevara se tropieza con uno de los baches de la Colonia Cuauhtémoc y solicita encabezar la Comisión de Obras Públicas del Senado.

—NETFLIX decide cambiar el nombre de “Una serie de eventos desafortunados”, dado que los mexicanos lo confunden como un documental del actual sexenio.

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El Lado Positivo

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Por: Ximena Mata – @XimenaMataZ
Imagen: Fernando Pinilla

Todo en esta vida tiene un lado positivo. Hasta la llegada de Donald Trump al poder.

Poco antes de la elección en Estados Unidos, escuché al embajador mexicano en dicho país, Arturo Sarukhán, decir que, si ganaba Hillary Clinton, lo más riesgoso para México habría sido que actuáramos como si fuera business as usual. Él y muchos más nativos de este lado de la frontera, no sólo queríamos que ganara ella, sino también creíamos que sucedería, y por eso comenzábamos a cuestionarnos sobre los posibles escenarios para México. Hoy sabemos que el resultado de la elección fue, entre otras cosas, inusual. Así que el temor del embajador no se materializará porque en México y en el mundo sabemos que esto no es business as usual. Otros temores, mucho peores, han empezado a surgir con la llegada de Trump, pero ahí es donde se encuentra el lado positivo: su llegada nos puso alerta; queremos entender qué pasó y cómo nos afecta, nos cuestionamos cosas que antes preferíamos ignorar; estamos preocupados y, si somos listos, transformaremos esa preocupación en acción.

Entender qué pasó y por qué ganó alguien tan poco calificado no sólo es una tarea compleja, sino que también es una pregunta con muchas respuestas. Algunos culparán al sistema electoral de Estados Unidos, en el que no gana quien tenga la mayoría del voto popular, sino quien conquiste la mayoría de votos del Colegio Electoral –si el sufragio fuera directo, Hillary habría ganado por más de dos millones de votos. Otros culparán a las encuestas que nos mintieron una y otra vez, o que simplemente no supieron reflejar la realidad. Otros más culparán a los white americans que votaron en su mayoría por Trump porque prometía devolverles su trabajo y hacer America great again. Otros culparán a los latinos que “se nos voltearon” y votaron por el principal enemigo de los migrantes. Otros más culparán a la clase política y sus abusos, razón por la cual la gente no quiso más de lo mismo y prefirió a un outsider, un populista con soluciones sencillas a problemas complejos.

Lo cierto es que en todo esto hay una enorme lección tanto para políticos como para ciudadanos. Las instituciones tienen que actualizarse para cumplir con las necesidades de la sociedad y, en este sentido, el sistema electoral de Estados Unidos es obsoleto y debe cambiar. Las encuestadoras deben mejorar sus mediciones para asegurarse de reflejar la realidad, y reforzar su compromiso con la gente para ofrecer un pronóstico veraz. Los políticos deben saber escuchar las necesidades de la gente que vota por alguien, no por misógino, racista y poco calificado, sino porque les promete lo que necesitan. Y los ciudadanos debemos informarnos mejor antes de elegir a nuestros gobernantes; es un error grave votar por alguien simplemente porque se ve diferente, dice ser diferente o promete cosas diferentes, generalmente radicales que parecen sencillas. Ya veremos las consecuencias de las promesas de Trump, que poco a poco se están convirtiendo en acciones.

Desgraciadamente, las consecuencias no se quedarán dentro de las fronteras de Estados Unidos. Apenas empieza la administración de Donald Trump y México ya ha sido blanco de diferentes ataques: empresas que retiran sus planes de inversión en México; una orden ejecutiva para comenzar la construcción del muro en la frontera, a costa de los mexicanos; una difícil renegociación del TLCAN, si no es que la disolución del mismo. Y eso es apenas el comienzo. ¿Cuánto nos afectan estas decisiones? Mucho, y no sólo por nuestra ubicación geográfica, sino porque aún somos dependientes económicamente del vecino del norte. Las empresas de la industria automotriz que han amenazado con irse de México, al menos parcialmente, le pegan a la que ha sido una de las industrias más exitosas de nuestro país. El muro fronterizo no sólo reduciría el flujo de personas, creando una mayor división entre familias que se encuentran ya separadas, sino que también pone en riesgo a una de las principales fuentes de ingresos en México: las remesas. Peña Nieto ya ha dicho que los mexicanos no pagaremos por el muro, pero si Trump decide imponer un impuesto a esas remesas, claro que lo terminaremos pagando. Y sobre la renegociación del TLCAN no hay mucho que esperar, especialmente cuando se da en un contexto de desventaja y humillación. Una mala negociación o la disolución del tratado tendría un serio impacto en la economía nacional, toda vez que la gran mayoría de nuestras exportaciones tienen como destino Estados Unidos, y la gran mayoría de nuestras importaciones provienen de ese mismo país.

Es preciso actuar, y hacerlo ya. México necesita diversificar su economía, especializarse, producir y vender otras cosas; necesita tener nuevos socios comerciales y fortalecer relaciones con otros países. México necesita consumir lo nacional, pero no como revancha ni por patriotismo, sino porque lo nacional sea la mejor opción en precio y calidad. Y para eso, México necesita apoyar a sus propias empresas y hacerlas competitivas a nivel mundial. Que en lo que ya somos buenos, nos convirtamos en los mejores. Por ejemplo, ahora que se van Ford y GM, no tenemos un auto mexicano al cual voltear, siendo que México es líder en la industria automotriz. México necesita plantarse firme frente cualquier gobierno que atente contra su dignidad y su seguridad. México necesita escoger mejor a sus gobernantes, y para eso debe revisar las credenciales, y analizar las propuestas de quienes pretendan asumir el reto de dirigir al país. No podemos caer en el mismo error de nuestros vecinos del norte y elegir a la persona incorrecta sólo porque nos diga lo que queremos escuchar, o porque se vea diferente o porque prometa soluciones fáciles o porque diga que no pertenece a la clase política. México necesita fortalecer sus instituciones, eliminar la impunidad y solo así combatir la corrupción; necesita estar bien dentro de sus fronteras para poder hacer frente a cualquier amenaza que venga de fuera. Darnos cuenta de esto y actuar de una buena vez debe ser el lado positivo de la llegada de Donald Trump al poder.

Por eso digo que todo en esta vida tiene un lado positivo.

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El TLC y la Amenaza de Trump

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Por: Andrés Gómez – @a_gomezl

México fue protagonista involuntario de la elección presidencial en Estados Unidos, tanto por migración como por la relación comercial que tenemos mediante el Tratado de Libre Comercio de América del Norte—TLCAN, o NAFTA por sus siglas en inglés. El ahora Presidente Trump llamó a los mexicanos criminales y violadores cuando anunció su candidatura y prometió “renegociar el TLCAN o retirarse del acuerdo”.

Primero que nada, habría que entender qué es, cómo funciona y qué  efectos ha tenido este tratado. El TLCAN es un acuerdo entre Canadá, Estados Unidos y México que entró en vigor en 1994, y que elimina las tarifas—los montos cobrados a las importaciones—para los bienes y servicios intercambiados entre los tres países. Esto implica que una armadora de coches en México no pagaría extra por importar el motor de EUA y el chasis de Canadá al ensamblar un auto, ni pagaría extra si esos autos se exportaran de México a uno de esos países.

El comercio total entre México y EUA incrementó 543% de 1993 a 2015 (¡543%! ¡Es el equivalente a haber crecido 15% al año, todos los años, por 22 años!) y se han creado cadenas de producción transfronterizas complejas. De acuerdo a un reporte, una autoparte puede cruzar hasta 8 veces alguna de las fronteras antes de estar lista para ser colocada finalmente en un auto. 

El disgusto del electorado estadounidense es que fábricas que solían estar en su país cerraron sus plantas y se vinieron a México. Trump supo apelar a este enojo, y aunque es un problema real, no es la imagen completa: empleos que requieren poca preparación y que se desmantelaron en algún poblado de Michigan pueden haber sido reemplazados por puestos de alta especialización en California. El error ha sido no capacitar a los empleados para labores distintas. Asimismo, la automatización de procesos ha tenido consecuencias en el número de empleados que una planta necesita—incluso un efecto mayor que el de cambiar una planta de un país a otro.

Estados Unidos es por mucho nuestro principal socio comercial. 81% de lo que exportamos es a ellos, y 47% de lo que importamos viene de ahí. De lo que les exportamos, 40% del contenido viene antes de EUA.  Por eso el temor de políticos y empresarios mexicanos ante la amenaza de una renegociación o cancelación del TLCAN.

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¿Puede cancelar Trump el acuerdo? No está muy claro, pero todo parece indicar que sí. ¿Qué pasaría entonces con el comercio entre México y Estados Unidos? Si se disolviera el TLCAN, las reglas de intercambio entre los dos países estarían definidas por la Organización Mundial del Comercio (OMC) y no por un 35% de tarifa (o la cifra que decida inventar Trump en el momento). Según la OMC, los bienes mexicanos entrando a EUA pagarían en promedio 3.5% y los bienes estadounidenses exportados a México pagarían 7.5%. Es decir, subirían más las exportaciones de EUA a México que las de México a EUA, lo que abriría el déficit comercial que Estados Unidos tiene con nosotros. Ahora, si nuestros vecinos decidieran salir de la OMC podría ser catastrófico, pero no sólo para México sino para todo el mundo, y especialmente para Estados Unidos.

Por ahora, supongamos que Trump busca sólo renegociar el tratado. ¿Qué estrategia puede seguir México? El Presidente Peña Nieto sugirió que la negociación sería integral, lo que indica que todo el contenido del tratado está sobre la mesa para ser discutido. México cuenta con dos armas para negociar, unas por las buenas, otras por las malas:

  • Las “galletitas” o premios: incluir en el tratado un apartado de energía, internet y comercio en línea, protección de patentes, mejores condiciones laborales, combate a la corrupción y mayor protección al medio ambiente (no porque al presidente de EUA le importen las últimas tres, sino porque éstas aumentan los costos de producción en México y lo hacen menos competitivo).
  • Los “palos” o castigos: dejar de apoyar a EUA en la guerra contra las drogas, abandonar la cooperación para detener a migrantes centroamericanos que pasan por nuestro país intentando llegar a EUA, el combate al terrorismo.

Obviamente nuestro país depende mucho más de Estados Unidos que viceversa, pero ambos nos favorecemos de una relación de cooperación. México no debe hacer amenazas que no esté dispuesto a cumplir, y debe buscar renegociar en el menor tiempo posible para crear certidumbre a inversionistas locales y extranjeros. Las negociaciones tenidas para la fallida Alianza Transpacífico (ATP, o TPP por sus siglas en inglés) pueden servir de punto de partida.

La incertidumbre acerca del futuro de la política comercial de México llega en mal momento. El gobierno abandonó su regla de no incrementar la deuda pública en 2009 y ha sido incapaz de reducir el gasto, los homicidios relacionados al crimen organizado están en los mismos niveles que los del fin de sexenio de Calderón, el gasolinazo ha provocado descontento social generalizado, Peña Nieto tiene el nivel de aprobación más bajo desde que se tiene registro, la inflación se ve afectada por el tipo de cambio y por el alza en los precios de los combustibles y el Banco de México ha tenido que subir las tasas de interés en respuesta a esto. La percepción de corrupción y hartazgo social rumbo a las elecciones presidenciales de 2018 apuntan casi con certidumbre a un PRI perdedor, pero quién ganará con las pérdidas del PRI está por verse.

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Ante la era de Trump… y en defensa de la globalización

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Sucedió lo imposible, lo impensable, el inmencionable. Donald J. Trump será el próximo Presidente de los Estados Unidos. Muchos de nosotros, que ni nos habíamos permitido imaginar esta eventualidad, hemos tenido que rápidamente digerir este resultado, pasando en unos pocos días por etapas de conmoción, negación, dolor, rabia, reflexión, para llegar finalmente y apresuradamente a un estado de aceptación. Mientras algunos celebran, y otros protestan, no queda de otra mas que especular cuáles serán las consecuencias de tener a Donald como líder del país más poderoso del mundo.

En estos días se ha visto que varias posiciones y promesas de Donald que parecían tan inequívocas y rígidas durante los últimos 18 meses de campaña electoral repentinamente se han vuelto maleables. Ese muro tan bello y gigante que prometía ahora podría ser mas bien una valla. La revocación total y completa del “repudiado” y “desastroso” Obamacare ahora podría incluir la conservación de algunos de sus aspectos más importantes. Las reinterpretaciones, redefiniciones y aclaraciones se extienden a casi la totalidad de su plataforma política.

Sin embargo, un área en donde la convicción e intransigencia de Donald sigue firme es en su posición con respecto al comercio internacional. Por lo menos en este aspecto, su retórica y postura durante la campaña no fue fanfarroneo. Donald es un proteccionista, y siempre lo ha sido. En los años 80, Donald argumentaba que la gran amenaza económica y comercial para los Estados Unidos era Japón. Según su visión del mundo, las empresas y conglomerados del país del sol naciente estaban superando a las estadounidenses y habría que pararlas. La única manera de salvaguardar la prosperidad del país era a través de una guerra comercial. La respuesta salvadora era la imposición de aranceles, barreras, y trabas. Habría que confrontar al enemigo y derrotarle.

El hecho de que ninguno de los enlaces cataclísmicos que Donald predecía sucedieron, no parece haber cambiado su visión en este respecto. La percepción que Donald tiene de los Estados Unidos y su posición en relación al resto del mundo es la de su visión de empresario. El ve a los demás países como ve a sus rivales en el mundo de los negocios. Si ellos ganan, el pierde y viceversa. Allí está el gran error de los que creen que quien entiende el mundo empresarial, también entiende la política económica. En el mundo de los negocios, hace falta que alguien pierda para que tú puedas ganar. En la economía, los dos pueden ganar.

Fue justamente este mensaje la clave en la victoria electoral de Donald. Su llegada a la presidencia dependió en gran parte del voto de los trabajadores afectados (y tradicionalmente Demócratas) de Pensilvania, Michigan, Ohio y Wisconsin. A muchos de estos votantes, el discurso anti-comercio y anti-globalización les resultó demasiado seductor. Perdonaron todas las demás vulgaridades, ofensas e insultos que había dicho, así como las preocupaciones que ellos mismos tenían sobre su temperamento y aptitud para el puesto más poderoso del mundo. Un dato revelador es que al momento de votar casi el 65% de los votantes creían que Donald no tenía ni el temperamento ni la capacidad para ser Presidente. Esto quiere decir que casi un cuarto de los votantes a favor de Trump dieron su voto a alguien que ellos mismos no creían que fuera apto para la presidencia.

Sin embargo, el mensaje de que miles y miles de empleos podrían volver al país si no fuera por la incompetencia de los políticos estadounidenses –quienes habían negociado y seguían apostando por los acuerdos comerciales– superó a todos los demás factores en su contra y al final resultó ser clave. Sería casi cómica, si no fuera tan trágica, la manera en que Donald enmarcó su argumento: que los dirigentes y negociadores estadounidenses eran unos ineptos en comparación con los iluminados que dirigen la política económica y comercial mexicana. Resulta muy difícil imaginar que uno podría encontrar un solo mexicano que corroboraría el discurso ofrecido por Donald. ¿Dónde están estos políticos y dirigentes mexicanos tan brillantes? Estos genios que han engañado y superado a sus mediocres contrapartes estadounidenses. A algunos votantes que desconocen por completo la realidad política al sur del Rio Grande este argumento les podría parecer plausible. Para los que viven y conviven cada día bajo la realidad de la política mexicana, la aserción llega en la forma de un chiste de muy mal gusto.

Lo que es realmente curioso es la similitud que hay entre el discurso de Donald y el de la izquierda tradicional latinoamericana en cuanto a la política comercial. Los adherentes a esta posición anti-comercio, anti-globalización no se limitan a los Trumpistas. También tiene un ejército de fieles seguidores entre los pensadores “heterodoxos” de la región. Los proponentes de un Estado que impone restricciones y protege vigorosamente a la industria y producción nacional, contra la competencia de la “malvada” producción extranjera, se encontrarían incómodamente de acuerdo con Donald en esta faceta. Los defensores de estas ideas siempre creen que ellos podrán imponer una variedad de restricciones sobre los demás, mientras los demás no impondrán ninguna restricción sobre ellos. Lastimosamente, es una fantasía. Cada acción tiene una reacción, y en este caso la reacción es invariablemente la misma. Al final todos perdemos.

Esto no quiere decir que los que votaron por Donald por estos motivos no tienen problemas y preocupaciones legítimas. Efectivamente, una multitud de fábricas han ido desapareciendo del paisaje industrial estadounidense durante las últimas décadas, y con ello han ido desapareciendo la abundancia de empleos que estos productores ofrecían. Sin embargo, la anomalía no es que estas fábricas se hayan ido del país, la verdadera anomalía es que estuvieron ubicadas allí para empezar. De hecho, el único motivo por el cual estas fábricas se establecieron en los Estados Unidos hace 50 o 60 años era por la situación desesperada en la que se encontraban las economías en desarrollo, como la mexicana, en aquel entonces. En aquel momento tal era el rezago, en términos de industrialización, de las economías todavía ni emergentes que no era factible fabricar de manera eficiente ni siquiera las piezas y productos manufacturados más sencillos.

Desgraciadamente, ningún político estadounidense ha tenido la valentía para decirle al público norteamericano lo que es ya un hecho irrefutable. Esos empleos ya no volverán a los Estados Unidos. Es más, en un mundo mínimamente abierto y sin las marcadas brechas de industrialización que se veían hace 50 años, esos empleos jamás habrían existido en los Estados Unidos. Esa época dorada en que un joven estadounidense sin ninguna formación tenía garantizado un empleo bien pagado, independientemente de sus habilidades y capacidades, se ha ido. La cruda realidad es que este privilegio solo existió en aquel entonces por la extrema falta de oportunidades que sufrían los jóvenes en otras partes del mundo. A pesar del sostenido rezago económico que todavía sufren los países en desarrollo, las brechas entre estos y los países desarrollados se han estrechado lo suficiente para que puedan realizar de manera exitosa la producción de diversas actividades manufactureras.

Es imposible negar que la apertura comercial ha tenido un impacto nocivo sobre algunas industrias y empleos en los Estados Unidos, pero al mismo tiempo es imposible negar que ningún país en el mundo se ha beneficiado tanto de la apertura comercial y de la globalización como lo ha hecho Estados Unidos. Se han creado millones de empleos gracias a las oportunidades generadas por el intercambio transfronterizo. Actualmente, se estima que 6 millones de empleos en Estados Unidos dependen directamente del sector exportador del país, mientras el número de empleos que dependen indirectamente es mucho mayor. Asimismo, es muy fácil olvidarnos que no hace mucho tiempo tener una televisión, una computadora, una lavadora eran lujos reservados unicamente a ciertos hogares privilegiados de la sociedad, eran lujos que se encontraban fuera del alcance de la gran mayoría de la clase media y trabajadora. Hoy en día, los lujos del pasado se han convertido en bienes alcanzables para casi la totalidad de la población estadounidense, y cabe reconocer que la apertura comercial es uno de los principales motivos detrás de este grato cambio.

¿Eso quiere decir que se debe o se pueden ignorar los problemas y preocupaciones de los estadounidenses que han visto sus trabajos irse del país? Claramente no, y la elección de Donald es una importante señal de que un segmento de la ciudadanía estadounidense se ve gravemente perjudicada por las transformaciones desencadenadas por la globalización. El gobierno tiene el rol y la responsabilidad de asegurar que los beneficios de la globalización estén mejor repartidos entre la sociedad, que existan redes, apoyos y capacitación para los que desgraciadamente queden fuera de las oportunidades ofrecidas por un mundo cada vez más integrado y cercano. Sin embargo, la respuesta medieval y retrógrada de cerrarse al mundo y tratar a todos como enemigos irá en detrimento de los estadounidenses como del resto del mundo.

Yo no dudo que Donald hará valer sus promesas de campaña de construir barreras e imponer costos altísimos para los que envían sus bienes y servicios al país. De misma forma, no tengo duda alguna que estas políticas acabarán siendo dañinas no solo para México y los demás países que comercian con la mayor potencia económica del mundo, pero también lo serán para el mismo Estados Unidos –tanto para los productores estadounidenses que dependen de insumos y componentes importados para sus operaciones y producción, como para los consumidores estadounidenses que gozan de productos y servicios de mayor calidad por menor precio gracias a la competencia y apertura del comercio internacional.

Tal como fueron las experiencias de los países de América Latina con estas ideas y políticas en los años setenta y ochenta, los resultados finales serán muy distintos a los deseados. Será un experimento dañino, pero breve, con un modelo y una ideología que ya se ha mostrado sumamente inepta e incapaz de entregar alguna de las ganancias que promete. Tal vez sea optimista, pero los siguientes cuatro años nos permitirán darnos cuenta de una vez por todas que estamos mucho mejor servidos cuando nos vemos el uno al otro, independientemente de nuestra nacionalidad o geografía, como colaboradores dentro de una sana competencia, y no como rivales listos para derrotar o ser derrotados.

**Por motivos profesionales el autor de esta nota ha escogido permanecer anónimo**

Foto: http://uk.businessinsider.com/rethinking-free-trade-environment-2016-12?r=US&IR=T

Trump y el “desorden global”: ¿una nueva política exterior hacia Medio Oriente?

Donald Trump At Capitol Hill Rally Against Iran Deal - Washingto

Por: Mariana Herrera Salcedo – @marianahss

La campaña electoral del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, se caracterizó por la falta de definición y ambigüedad en muchas de sus propuestas, especialmente en materia de política exterior hacia Medio Oriente.

Durante la campaña, destacaron declaraciones como la que hizo en 2015, en las que afirmó que aniquilaría a ISIS bombardeándolo y destruyendo los pozos de petróleo que el grupo terrorista controla en Iraq y Siria. Asimismo, el candidato prometió en varias ocasiones que pondría fin al acuerdo nuclear con Irán al tratarse de un acuerdo “desastroso” que vulnera los intereses de Estados Unidos y de Israel. Destaca también la propuesta de prohibir el ingreso de los musulmanes a Estados Unidos tras los ataques en San Bernardino, perpetrados por un estadounidense de origen pakistaní.

Si bien existe una diferencia entre las retóricas de la campaña electoral y las políticas que se pondrán en marcha una vez que la nueva administración se encuentre en funciones, preocupa la ausencia de detalles en materia de política exterior hacía una de las regiones más volátiles del planeta. Durante el pronunciamiento de su primer discurso sobre asuntos internacionales el 27 de abril de 2016 en Washington, el magnate repitió en cinco ocasiones que la política internacional de la administración Obama era un ‘completo y total desastre’. Sin bien algunos analistas, como Pablo Pardo, vaticinan que la política exterior de la administración Trump será de corte aislacionista, al ser reticente al comercio exterior y otorgar prioridad a la política interna de su país. Los líderes de Medio Oriente buscan en la nueva administración Trump un renovado liderazgo y enfoque en materia de política exterior que contribuya a la paz y estabilidad de la zona.

Medio Oriente atraviesa por un proceso de cambios geopolíticos de gran envergadura de los que aún no se puede vislumbrar el resultado ni sus consecuencias para la región y el mundo. En el corazón de la región se encuentra el conflicto sirio, ya en su sexto año, que ha causado la crisis humanitaria más importante y compleja de nuestros tiempos. La nueva administración Trump tendrá que lidiar con actores a nivel internacional, regional y local, para encontrar una solución política al conflicto armado. Asimismo, desde el año 2003, Iraq, país invadido y ocupado por EEUU, se encuentra dividido y fragmentado y, de acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, solo en el año 2015 un millón de personas tuvieron que abandonar sus hogares para huir de la violencia. Igual de importantes son los conflictos en Yemen y en Libia, así como la unión de los kurdos y sus anhelos de autodeterminación en Siria, Iraq y Turquía.

Tras su victoria electoral el pasado 9 de noviembre, destaca que Trump se haya enlazado vía telefónica con varios líderes como el Presidente de Egipto, Abdelfatah al Sisi; el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu; el Presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan y el Rey Salman Al Saud de Arabia Saudita.

De acuerdo con Ben Hubbard y Anne Barnard, algunos líderes de Medio Oriente se congratularon de la victoria del magnate. Por ejemplo, el Gobierno de Bashar Al Asad, espera que el nuevo presidente de los Estados Unidos ponga fin al apoyo a los grupos rebeldes en Siria. No obstante, la permanencia del Presidente Sirio en el gobierno tras las atrocidades cometidas durante la guerra, resultan incompatibles con la idea de una paz duradera y reconciliación de un país desgarrado por el conflicto armado

En relación con el Golfo Pérsico, las declaraciones del magnate fueron contradictorias e irritaron a los miembros de la casa real Al Saud. Pese a esto, Arabia Saudita se congratula del énfasis puesto por Donald Trump en poner fin al acuerdo nuclear con Irán, por tratarse de un pacto que reposicionaría a Teherán como potencia regional y que le otorgaría mayores facilidades para apoyar a sus aliados en Iraq, Siria y Yemen. Por otra parte, el general Sisi de Egipto espera una estrecha colaboración con el Gobierno de Trump sin que se le exija a cambio un mayor respeto por los derechos humanos.

El Primer Ministro de Israel, Benhamin Netanyahu, también considera positiva la victoria de Trump tras el desgaste en la relación con Obama y la disminución, respecto a lo previsto por Israel, en el monto del paquete de ayudas otorgado por el Gobierno de Estados Unidos en materia de defensa y seguridad para los próximos diez años.

Respecto al conflicto Palestino-Israelí, y tras varios tropiezos en la campaña electoral, en los que Trump no supo diferenciar entre Hamas y Hezbollah; el presidente electo declaró que trabajará por una paz justa y duradera en la región. Sin embargo, la imprevisibilidad de Donald Trump genera desconfianza dentro de algunos sectores israelís y palestinos, especialmente después de las declaraciones de Jason Greenblatt, miembro del Comité Asesor para Israel de la Campaña de Trump, en las que informó que los asentamientos ilegales de Israel en Palestina no representarían un obstáculo para la paz según Trump.

En cuanto a la política de acogida de refugiados puesta en marcha por la administración Obama, en donde se prevé que Estados Unidos acoja a 85,000 refugiados en 2016 (de los cuales 10,000 son sirios) y a 110,000 refugiados en 2017, todo apunta a que el discurso xenófobo y antinmigrante de Trump será incompatible con estas políticas de acogida y otras vías humanitarias para refugiados, que dependen directamente del poder ejecutivo del Estado.

Si bien queda pendiente conocer quién integrará el equipo de Trump encargado de definir la política exterior de la nueva administración hacia Medio Oriente, resulta importante recordar que el autoritarismo, la marginalización, la exclusión y la falta de empleo siguen siendo uno de los principales problemas de la región, mismos que dieron origen a los levantamientos populares de 2011, durante la denominada Primavera Árabe.
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-Este artículo es personal y no pretende realizar una revisión exhaustiva de la situación en Medio Oriente, sino poner sobre la mesa, a modo de reflexión, los retos que enfrentará la administración Trump en la región, o bien los retos para Medio Oriente después de la victoria de Donald Trump-.

 

Fotografía: http://www.breakingnewsblast.com/2015/10/05/

 

 

 

 

No Porque Funcione Está Bien

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Por: Juan Carlos Bracho

Este próximo 31 de diciembre despediremos un año por demás singular. Un año que, en palabras de mi amigo, Alerick Monter, será enmarcado como “el Pinterest del mismísimo Diablo”. A mí, me resulta más precisa la declaración de Marine le Pen, presidenta del partido de ultraderecha francés Frente Nacional, tras la victoria de Donald Trump: “Lo que pasó esta noche no es el fin del mundo, es el fin de un mundo”.

Tras la elección del magnate estadounidense, comienza una batalla intelectual por determinar el impacto simbólico del hecho. “¿La venganza del hombre blanco?” “¿El fin de la globalización?” y la que me interesa explorar en este espacio (ya que es la interpretación más atinada desde mi perspectiva), “¿El fin de la democracia?”.

Planteada como afirmación esta última pregunta parece más escandalosa que veraz; no obstante, lo es sólo, como lo acabo de plantear, en apariencia.

La democracia es, hasta el momento, la organización social más justa que se conozca, pero fallaríamos terriblemente si descansamos el ejercicio analítico ahí. Si vamos más allá de la apariencia, podemos darnos cuenta que todo sistema es sostenido por una ideología y es en ese plano donde la democracia ha perdido el rumbo.

Después de los plebiscitos en la Gran Bretaña y Colombia y las elecciones en Estados Unidos, la gran perdedora es la democracia no como sistema, si no como ideología. La idea de que la opinión de una o varias personas cuyo contexto es ajeno al tuyo, pueda determinar tu futuro inmediato o a largo plazo, por el único hecho de compartir pasaporte, comienza a verse iluminada por un halo de injusticia. Así lo expresó la juventud de la Gran Bretaña tras el fallo positivo al Brexit. Las protestas que se han visto en algunas ciudades de los Estados Unidos tras las elecciones presidenciales obedecen al mismo planteamiento.

Visto desde el punto de vista estructural (como sistema), lo acontecido en los ejercicios democráticos ya citados no hace más que refrendar la validez del sistema democrático. “Fue algo hermoso(…)[la gente] ha reclamado su independencia”, fueron las palabras de Mr. Trump el día posterior al Brexit. El ahora presidente electo de los EE.UU. declara eso porque su interpretación es estructural (desde el sistema). No obstante, en el plano ideológico, votar a favor de una segregación resulta antidemocrático, ya que corre en sentido opuesto.

Es esta misma perspectiva analítica la que lleva a Álvaro Uribe a proponer un “gran pacto nacional” momentos después de haber votado por el “no” a la paz en Colombia y la que hace lícito que Hillary Clinton no sea la primera mujer presidenta de los EE.UU aún habiendo conseguido más votos que su oponente.

Ahora lo planteo como pregunta: ¿No les parece absurdo haber perdido una elección siendo quien más votos consiguió en la misma? La respuesta a esto está en la comprensión del sistema electoral estadounidense. Una vez que uno lee sobre la historia del mismo, se dará cuenta que no es la primera vez que esto sucede. Con Hillary Clinton son cinco ya los candidatos que pierden las elecciones habiendo ganado más votos.

En entrevista con la BBC, el politólogo estadounidense de la London School of Economics, Thomas Leeper, declaró: “”Hay quienes creen que el proceso es defectuoso y en parte injusto, y que debería reflejar más la voluntad popular”. Pero… ¿No fue justo “la voluntad popular” lo que se reflejó en la Gran Bretaña y Colombia”? ¿No es ese justo el mal de democracias menos desarrolladas como las latinoamericanas, que “la voluntad popular” está expuesta a la manipulación mediática?

El triunfo del protagonista del póstumo reality showThe Apprentice” simboliza el fin de la democracia porque cierra un ciclo de cuestionamientos sobre su vigencia que empezaron hace mucho y en distintas latitudes. Su mandato nos expondrá de manera tácita que el sistema democrático que nos rige funciona aun cuando va a en sentido contrario de la idea que lo vio nacer.

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