Steve Jobs

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Por: Diego Muratalla – @_muratalla

Al aceptar colaborar con Inteligencia Independiente, le dediqué tiempo a pensar qué es lo que haría con mi espacio. Casi de inmediato rechacé la idea de hacer reviews de películas. Después… pasó el tiempo, y vi Steve Jobs.

Cuando se anunció en 2013 la producción de esta película, ya existía aquel otro intento llamado Jobs, protagonizado por Ashton Kutcher y dirigida por no sé quién. Esa versión nunca me llamó la atención. Pero al escuchar que Danny Boyle iba a dirigir una película basada en la única biografía autorizada del fundador de Apple y que utilizaría un guión adaptado por Aaron Sorkin, desde ese momento ya fue, para mí, superior a la otra biopic del señor Jobs, así, sin haber filmado una sola escena aún.

Danny Boyle, para los que no lo conocen, es el genio detrás de películas como Trainspotting, 28 Days Later, Sunshine, Slumdog Millionaire, y 127 Hours, entre otras. Si repasamos los títulos mencionados, podremos ver la gran variedad de géneros que este hombre ha dirigido y de los cuales ha salido exitoso. Pues ahora este señor puede agregar el género biopic a esa lista y decir que también es un experto en él.

Ok, tal vez yo sea muy fan de Boyle y no pueda ser imparcial, pero es que además existe otro gran componente en esta fórmula que me permitió hacer esa aseveración hace dos años: Aaron Sorkin. Este señor es el guionista de la que para mí fue la mejor película del 2010: The Social Network.

The Social Network, más allá de tratarse de un joven Mark Zuckerberg y sus aventuras para crear Facebook, es una película con uno de los guiones más ágiles y emocionantes que, a mi parecer, se han hecho en los últimos años.

Con este conjunto de talentos mi expectativa estaba por los cielos y, cuando creí que no podía estar más emocionado por la producción, me entero de que el encargado de protagonizarla sería nada más y nada menos que Michael Fassbender (Shame, MacBeth) y que estaría acompañado por Kate Winslet (Titanic, The Reader).

Star Wars: The Force Awakens y Steve Jobs eran el par de películas que más esperaba este año y estoy feliz de decir que las dos han superado mis expectativas y que ahora se colocan entre mis favoritas.

Aquí no voy a hablar de si el filme es un retrato fiel del que fue Jobs, o de la certeza de sus acciones, discusiones y decisiones. Los fans de Apple tal vez se podrán molestar por la luz arrojada sobre sus nada sutiles problemas y sus cuestionables métodos. Tampoco esta en entredicho la calidad de los productos de la marca, o de si su éxito fue merecido o no.

Lo que Boyle, Sorkin y compañía se dedicaron a hacer, fue una impresionante obra maestra de dirección, diálogo y actuación; colgados del nombre Steve Jobs. Que si vale la pena contar su historia, es algo que dejo a su consideración, yo sólo estoy agradecido de que este señor haya sido lo suficientemente exitoso para que estos genios coincidieran para trabajar juntos.

Lo que me fascinó de esta película, es que yo les podría contar, de manera muy detallada, de qué trata, podría transcribir los diálogos, contarles las escenas y sus situaciones y estaría muy lejos de transmitir lo que la película logra; una agilidad y un ritmo que muy pocas veces se ha visto en pantalla con una historia de este género. Y es que la manera en que estos increíbles actores entregan sus diálogos y rebotan entre sí, crea una química sin igual y un entendimiento que va más allá de la historia para adentrarse en sus personajes y sus relaciones.

La historia está dividida en 3 actos, cada uno con un inicio, desarrollo y final y toman lugar en los minutos antes de las ya famosas keynotes de Apple. Cada uno es un duelo de titanes entre la feroz personalidad de Jobs y los que fueron sus colaboradores en aquellos tiempos, o sea que es una historia contada en los backstages de auditorios, así, sin más. Pero la muy ágil dirección de Boyle y los diálogos de Sorkin en voces de esos actores, te hacen sentir emocionado, interesado y sinceramente atrapado.

Rompí mi decisión de no escribir reviews de películas en este espacio, porque Steve Jobs es una película que merece ser vista, porque representa el poder del cine más allá de lo que es un espectáculo visual y comercial, haciendo uso de un lenguaje que sólo el cine puede lograr, al combinar magistralmente guión, actuación y dirección.

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La Primera y la Última: Una vida en tributo a la “Historia sin Fin”

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Por: Diego Muratalla – @_muratalla

Seguramente hubo otras antes, pero el recuerdo de la primera le pertenece a “La Historia sin Fin”; tendría yo 5 o 6 años, y no recuerdo si era nuestra la película o si hice que mis papás la rentaran infinidad de veces. Creo que era nuestra, tengo muy claro el recuerdo de la “regresadora” con forma de coche deportivo rojo, el caso es que la vi una y otra vez, de la forma que sólo los niños pueden no aburrirse de ver lo mismo en repetidas ocasiones.

Hoy sé que fue dirigida en 1984 por Wolfgang Petersen y que es una adaptación del estupendo libro “La Historia Interminable”. Pero en aquel entonces, nada de eso importaba. Lo único que importaba era el destino de una tierra mágica llamada Fantasía y si el valeroso Atreyu sería capaz de encontrar al único niño capaz de salvarlos a todos: Bastian.

En la misma época, pase horas y horas jugando a ser Bastian. En la película era un niño bulleado y un tanto desatendido que encontraba paz y tranquilidad en un libro llamado “La Historia Sin Fin”. Al irse perdiendo en la historia, él se da cuenta de que el libro le habla, que está escrito para él, y que él es el único que puede salvar a los protagonistas del peor de los terrores: “La Nada”.

Bastian leía incrédulo lo que pasaba, no creyendo que en realidad el libro y sus personajes estaban pidiéndole ayuda. Ahí estaba Atreyu, con su fiel caballo blanco Artax, la Emperatriz Infantil, los gigantes de piedra y Falkor, el dragón de la suerte. Sin embargo, yo sólo quería ser Bastian, él vivía en mi mundo y fue el elegido para salvarlos a todos y finalmente conocer Fantasía. De hecho, Bastian sólo llega a Fantasía hacia el final de la película y la escena dura unos cuantos minutos, pero con eso bastó para que Bastian fuera mi favorito.

En aquel entonces, Bastian era el único “elegido” del que yo tenía conocimiento, no era un recurso utilizado hasta casi el hartazgo como lo es ahora. Su personaje ocupó por muchos años mi imaginación y alimentó la esperanza de que mundos fantásticos existían y era posible llegar a ellos.

Hubo un par de secuelas a esa primera película y aunque recuerdo haberlas visto, no recuerdo las películas en sí, sólo tengo claro que el actor que interpretaba a Bastian ya no era el mismo y en mi cabeza ese no era Bastian, así que las eliminé de mi memoria.

Varios años después, por fin leí el libro de Michael Ende, ¨La Historia Interminable” y definitivamente no ayudó a mi obsesión. La primera película contaba sólo la primera mitad del libro, la otra mitad, cuenta las aventuras de Bastian en Fantasía y su intento por restablecer lo que “La Nada” había destruido. Lo que más me atrajo fue que lo único que Bastian necesitaba, era usar su imaginación para crear cosas en este nuevo mundo del cual él era emperador.

Muchos han ido y venido, pero ningún villano me ha aterrado como lo ha hecho “La Nada”: un gran vacío, una oscuridad total, un pozo sin fondo, el olvido. Pero Bastian venció a “La Nada”, sólo con su sed de lectura y con su poderosa imaginación ¿Cómo iba yo a permitir entonces lo mismo? Por supuesto que tenía que leer cuanto me fuera posible, tenía que rescatar del posible olvido a una cantidad infinita de personajes maravillosos. Es una tarea que hasta la fecha me tomo muy en serio.

Es así que “La Historia sin Fin” es culpable en gran parte de quién soy hoy, ya que no sólo pobló mi imaginación por muchos años, si no que en mis intentos de emular a Bastian, comencé a leer cuanto libro se me ponía enfrente. Es obvio que a los cinco, seis años, esos libros, eran cuentos e historietas, pero ese niño nunca dejó del todo mi cabeza y al ir creciendo sólo tuve palabras de agradecimiento para él, ya que su historia la he vivido cientos de veces, porque encontré y habité miles de mundos, algunos mágicos, otros tétricos, muchos otros tristes, pero siempre he pensado en la lectura y en el cine como ese túnel a vidas alternas, a esa Fantasía.

Hace algunos años regresé a ella, la busqué en Internet y la vi. Pensé que se veía muy diferente a como la recordaba, mi memoria le dio un matiz mas bien blanco y luminoso y el filme en realidad no es para nada así. Temía mucho llegar a la parte en el pantano cuando Atreyu va a visitar a la vetusta Morla, era una parte que siempre me hacía llorar cuando era niño y, fiel a esa vieja costumbre, me hizo derramar un par de lagrimas, aunque confieso que esta vez también fue un poco por nostalgia. Con el paso del tiempo, esa última visita también se ha desvanecido como las secuelas, pero la memoria de lo que fue en mi infancia sigue igual de vivo, lleno de luz.

“La Historia sin Fin”, es una historia de gente que lee, que imagina, que da vida y que vive a través de ese gran poder que no considera como tal, el poder de transportarse y de ser y no ser en otras historias.

Como dije, a “La Historia sin Fin”, le siguieron muchas otras, incontables otras, muchísimas se han vuelto parte de mi memoria permanente así como parte de la cultura y ahora son cultura en sí mismas. En Inteligencia Independiente y con mucho entusiasmo, trataré de recrear mi fascinación por muchas de estas películas; su impacto, sus tendencias, lo malo, lo bueno, su pasado, su presente y su futuro.

Pero eso sí, “La Historia sin Fin” es y siempre será la primera y la última película para mí.

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