Blade Runner 2049

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Por: Diego Muratalla – @_muratalla

No soy uno de esos que creció adorando Blade Runner (1982), de hecho la vi por primera vez el año pasado (2016), un domingo cualquiera. Después de varios minutos de no saber qué ver, recordé que se había hecho el anuncio de que una secuela estaba en camino; tal vez eso fue lo que al final hizo que terminara viendo la original.

No estaba preparado.

Desde los primeros minutos Blade Runner se separa de los convencionalismos, no solo de su época, sino también de su género: ciencia ficción. Mientras la historia se desenvolvía no podía dejar de pensar en cómo había hecho el director, Ridley Scott, para salirse con la suya y lograr: uno, que un estudio aprobara y financiara este proyecto; dos, adaptar satisfactoriamente uno de los cuentos de Philip K. Dick, una tarea ya en sí misma titánica; tres, que los increíbles compositores de Vangelis la musicalizaran; y cuatro, que Harrison Ford y Sean Young entre otros grandes la protagonizaran. Pero mi mayor sorpresa estaba en lo diferente que se sentía, en el ritmo utilizado, en lo adelantado de su estética, y en lo profundo del dilema filosófico que planteaba: un nuevo moderno Prometeo y una legítima interrogante sobre los límites de la sociedad y el poder de la creación.

Esa apuesta de Ridley Scott no solo funcionó, Blade Runner es hoy un referente en el cine de ciencia ficción y goza de un estatus de culto como pocas películas en el género. Su trascendencia se puede apreciar en muchas otras películas a partir de entonces y hasta inspiró a diseñadores de moda, arquitectos e ilustradores.

Habiendo visto la primera, la idea de una secuela se me antojaba innecesaria y un poco catastrófica, ¿cómo podría dar alguien seguimiento a eso y salir victorioso? La respuesta resultó fácil: Dennis Villeneuve.

Hasta ese momento en mi vida, solo había visto Intriga de la no muy larga filmografía del director y aunque se me había hecho una buena película, le había dado todo el crédito a las poco apreciadas actuaciones de Jake Gyllenhal y Hugh Jackman en ese filme. Después salió Arrival y mi percepción cambió por completo. Dicha cinta nominada al Oscar era la primera obra del director en el género de la ciencia ficción, pero fue suficiente para que le diera toda mi confianza.

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Y así, meses después, Blade Runner 2049 por fin llegó a los cines y una vez más me sentí totalmente agradecido por la existencia de producciones como esta. Algo totalmente refrescante respecto a las películas que actualmente se estrenan.

En esta ocasión el protagónico cae en las muy capaces habilidades histriónicas de Ryan Gosling, quien se acompaña de un muy variado e igualmente talentoso grupo de actores de reparto, y en el regreso de Harrison Ford como el mítico Deckard, el original Blade Runner.

Los mismos elementos que hicieron que me enamorara de la original seguían ahí, pero esta vez en manos de un diferente equipo creativo, que en lugar de engolosinarse con lo creado hace 35 años, decidieron respetarlo y expandirlo, contando una nueva historia y planteando nuevas preguntas sobre la definición de la humanidad y las decisiones que tomamos.

Todo lo anterior cobró nueva vida a través del lente del cinematógrafo Roger Deakins, quien sin temor a exagerar, ha realizado uno de los trabajos más impresionantes en la última década y quién se merece un lugar en el Partenón de los directores de fotografía. Aquel liderado por Emmanuel “el Chivo” Lubezki. Y es que el trabajo de Deakins nos muestra una tierra distópica, hacinada, a la vez solitaria y triste, pero humana y terrenal. Una que conocemos y que amenaza desde un futuro que ya no se antoja tan lejano, en donde fácilmente habitan los miedos y los humanos desconectados de nosotros mismos pero ligados intrínsecamente a la tecnología.

Lo que Dennis Villeneuve y Roger Deakins crearon es una atmósfera, perfecta y sustentable en sí misma donde los avances tecnológicos reflejan lo que realmente somos y si es que existe una capacidad que pueda redimir a la humanidad. Tal como la primera, pero desde un ángulo diferente.

 

La La Land y los Tontos que se Atreven a Soñar

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Por: Diego Muratalla – @_muratalla

Todos hemos experimentado un embotellamiento: una pérdida frustrante de tiempo encerrados en un coche paralizado sobre el asfalto, con olas de coches que parecen infinitas. Lo que no creo que muchos hayan vivido es un número musical en ese mismo trafical, con todo y maromas, coreografías en los toldos de los coches, mujeres en vestidos de vibrantes colores y hombres fuertes capaces de hacer cualquier acrobacia mientras cantan con un insultante optimismo que a pesar de estar atorados en el tráfico, este es sin duda, un día más bajo el sol.

Algo así es el opening scene de La La Land, una película que ha estado rompiendo récords en nominaciones y premios en esta temporada.

El director es una especie de prodigio de 32 años llamado Damien Chazelle, y digo prodigio por que este es apenas su segundo largometraje después de la magnífica e intensa Whiplash.

Desde un inicio, el proyecto tuvo muchísima atención ya que la opera prima de Chazelle había dejado en todos un increíble sabor de boca y sobre todo incógnita por saber qué haría después, así que cuando anunció que su siguiente obra seria un musical protagonizado por Ryan Gosling y Emma Stone las expectativas se fueron por los cielos.

El tiempo pasó y en los últimos meses del 2016, La La Land vio la luz en festivales alrededor del mundo, donde fue recibida con ovaciones y elogios de forma casi unánime. Después llegó la temporada de premios y terminó por asentar lo que por todos lados se rumoraba: La La Land es la mejor película del 2016.

Como pasa con casi todo en estos días, no hay nada que tenga un alto nivel de aprobación sin que a su vez tenga su buena dosis de detractores, que con cada nominación y premio ganado alzan más sus voces diciendo que la multigalardonada obra está sobrevalorada y que no merece sus triunfos.

Pero no voy a utilizar este espacio para tratar de decidir de una vez por todas si La La Land es o no es una buena película (sí lo es).

El filme se encuentra en un plano que no es tan fácil de ubicar cuando hablamos de periodo de tiempo. Hay referencias a Titanic y a The O.C., sin embargo mucho de la ambientación y gran parte del vestuario evocan a décadas que pueden abarcar desde los 50 y 60 con un buen guiño a los 80. Todo eso sirve para no aterrizarla en un contexto de tiempo actual, y elevarla a un plano donde la época no es realmente importante. Su función más bien, es reforzar el mundo de ensueño y lo atemporal de las ambiciones de sus protagonistas y de paso, quitarle lo raro que podría ser que un par de ciudadanos angelinos, bailen, canten, floten y se amen en maneras que sólo se dan en las fantasías.

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Hay más acciones que palabras: montones de emociones dichas con canciones y miradas cargadas de sentimientos que no te dejan otra alternativa más que creer que Ryan Gosling y Emma Stone están profundamente enamorados. Tal vez más de las fantasías prometidas que entre ellos mismos, pero no hay manera alguna de negar que se apoderaron de sus personajes y que la vida de Mia y Sebastian, refleja en muchos sentidos la de unos jóvenes Gosling y Stone que como muchos otros sufrieron y sacrificaron mucho para poder ser los grandes actores que son hoy.

Y es que eso es La La Land, un lugar de fantasía, donde las locuras y los sueños más inalcanzables se pueden hacer realidad, pero siempre con un costo a pagar.

Mucho se ha escrito de los musicales clásicos a los que La La Land rinde tributo, y me preocupaba pensar que, sin tener un profundo conocimiento y aprecio por esas películas, la obra de Chazelle no iba a tener resonancia conmigo, pero el viaje de los personajes, que aunque a primera vista es simple, es uno que todos podemos reconocer, el de la persecución de un sueño por imposible que parezca y las pérdidas que eso puede conllevar.

Gosling y Stone no son los mejores cantantes, ni siquiera son los mejores bailarines, pero no sólo cumplen con lo necesario para que esto no importe, sino que la música de la cual se acompañan tiene también esa cualidad de no pertenecer a un periodo de tiempo en específico (al menos en su conjunto) y hará que La La Land sea apreciada por mucho mucho tiempo.

Escribir estas líneas fue el pretexto perfecto para escuchar los cortos 45 minutos de duración del soundtrack de la película una y otra vez, con su justificada repetición de “Audition” cada vez que le llegaba el turno. Y es que si los dos protagonistas de la película hacen un gran trabajo, es Emma Stone la que sin duda alguna se la lleva, y no porque tenga una voz impresionante, pero sí porque cada palabra esta impregnada con todo el deseo y frustración por el que pasa su personaje y “Audition” es, aparte de la mejor canción de la película, una perfecta muestra de esto.

A final de cuentas, La La Land no es una película que te reconciliará con el mundo, y nunca fue su intención, pero se apodera de tal manera de su romance de ensueño, sus colores vibrantes, sus pintorescos paisajes y sus bailes en las estrellas, que es sin duda un bienvenido descanso de la actualidad y un recuerdo de que hay sueños por los que vale la pena pelear.

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La Cátedra de Orson Welles

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Por: Diego Muratalla – @_muratalla

No hace mucho, una publicación de la BBC sacó una lista de las que, según ellos y varios críticos de cine, eran las mejores 100 películas de lo que va del siglo, llevándose el primer puesto Mullholland Drive del director David Lynch.

No me interesa entrar en el debate sobre si dicha obra es la mejor de los últimos 16 años o no, muchas listas aparecen diciendo que por fin tienen el ranking definitivo de las mejores películas de todos los tiempos y aun así nada impedirá que mi vecina diga que el primer lugar le pertenece a Twilight aunque sea un poco incomprendida.

En muchas listas, Citizen Kane tiene el primer lugar, en otras, el honor recae en The Godfather, para mí, le presea debe de ir para la obra de Orson Welles, osea Citizen Kane.

La película fue estrenada en 1941, co-escrita, producida, dirigida y protagonizada por el mismo Welles. La historia comienza cuando el magnate, Charles Foster Kane, en su lecho de muerte pronuncia una última palabra: “Rosewood”. Al no saber nadie a lo que se refería, un reportero se lanza a la tarea de investigar la vida y legado del difunto millonario, dándonos así una perspectiva reconstruida por la memoria de sus allegados de la vida del icónico personaje.

Orson, con apenas 25 años, había creado una obra maestra que habría de definir el cine de ahí en adelante y aún más fascinante es el hecho de que Citizen Kane fue su opera prima.

No hay manera de que con letras pueda explicar lo que Welles creó hace ya tantos años porque eso es justo lo que él entendió del cine: el poder del lenguaje narrativo utilizando una cámara, o sea, la manera de transmitir emociones y sensaciones utilizando ángulos, movimientos, sets, luces, sombras y silencios. Para Orson, la palabra escrita y después hablada por los actores es sólo uno de los componentes del cine, el guión comprendía entender las emociones que se intentaban hacer llegar a los espectadores y utilizar absolutamente todos los recursos en mano para lograrlo, no sólo pláticas, lágrimas y risas.

Es importante recalcar que después de esa primera aventura de Welles en el cine, nunca volvió a tener el mismo éxito y ninguna de sus otras películas es recordada de la misma manera. Si fuera artista de pop sería caso clásico de “one hit wonder”. (Igual les recomiendo A Touch of Evil que también me parece una genialidad). Y es que cuando empezó con la tarea de crear Kane, él tenía una gran experiencia en teatro y, en la medida de lo posible, trató de tener un acercamiento al cine de la misma manera que lo hacía con los escenarios. Había en Welles una gran ingenuidad que lo llevó a encontrar la genialidad al querer controlar de una manera un tanto sencilla sus encuadres y en la manera de dirigir a sus actores.

Existe una anécdota de los primeros días de grabación cuando, sin saber los procedimientos o las jerarquías que hay en dichos sets, Orson se movía a sus anchas, dirigiendo, cargando, acomodando, prendiendo y apagando, diciéndole a los técnicos qué hacer mientras el director de fotografía, divertido, observaba desde una esquina los enseres del novato director. Para uno de los técnicos toda la situación se le hizo muy rara por lo que se acercó al director de fotografía y le preguntó si no pensaba decirle a Welles que se hiciera a un lado ya que básicamente estaba haciendo el trabajo que le correspondía a dicho cinematógrafo. El director de foto le respondió que no, que le ganaba la curiosidad por ver qué es lo que podría lograr.

Sobra decir que hoy en día, situaciones como la de Orson Welles son de pocas a nulas, que un director llegue a un set sabiendo tan poco como él sabía pero con el poder y el respaldo de un estudio es cómo encontrar un trébol de 28 hojas. Pero ahí estaba Welles, infundido en una confianza pocas veces vista y sabedor de un golpe de suerte como nunca se repetiría en su vida.

Hay muchos directores trabajando actualmente, demasiados tal vez. Muchos que pretenden crear obras para la posteridad, otros que sólo quieren hacer dinero, muchos “director for hire”: entran a los proyectos el primer día de grabación sin haber tocado los guiones o sin haber tenido participación alguna en la elección de los actores, los sets, o el staff. No estoy diciendo que este mal, estoy diciendo que para que una obra sea considerada décadas después como una de las mejores de todos los tiempos hay que salir de lo convencional y hay que cambiar el acercamiento que se tiene a los guiones.

Recientemente dos directores me han hecho maravillarme en la sala de cine de la misma manera que Welles: Alejandro González Iñárritu y Nicolas Winding Refn. De manera muy particular han definido sus roles con resultados espectaculares, creando relaciones con sus cinematógrafos que van más allá de dar órdenes, sino que juntos logran transmitir emociones muy poderosas y reacciones que no comúnmente tienes en las salas de cine. El primero tiene gran aceptación, mientras que el segundo es bastante más controversial. A los dos les recomiendo que les echen un ojo. A Iñárritu con Birdman y Biutiful y al Danés Winding Refn con Drive y la recién estrenada The Neon Demon.

Por el lado de David Lynch, el director de la supuesta mejor película del siglo: “Mullholland Drive”, sólo puedo decir que, en efecto, el señor tiene un acercamiento muy particular, muy propio y que sin duda alguna se sale de convencionalismos, pero tal vez lo hace demasiado y sus proyectos rayan en experimentos que, a mi parecer, no logran encontrar en el medio la manera correcta de hacer llegar sus mensajes. Aunque eso sí, Lynch cuenta con una ferviente base de seguidores que lo defenderán a capa y espada.

Welles no corrió con la misma suerte, desde el estreno de “Citizen Kane”, mucha gente tuvo dudas de lo que Orson había creado y aunque a los críticos les gustó, la película no encontró una audiencia y salió del radar de la gente muy pronto. Evidentemente, con el paso del tiempo la película llegó a su destino y el gran director alcanzó a ver el aprecio que su obra maestra merecía.

Es común que mucha gente no sepa qué hace el director en una película, pero para mí, dicho rol fue definido por Orson Welles hace 75 años y por eso su obra maestra merece estar ahí arriba porque es la primera y la mejor cátedra de cine que se haya dado.

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Las Conversaciones y el Cine

Por: Diego Muratalla  – @_muratalla

En el cine hay poder, y mucho. Por un lado, me refiero al alcance que tienen los filmes conocidos como “blockbusters” que se proyectan en miles de salas alrededor del mundo, y que ganan millones de dólares en taquilla, por otro, me refiero a ese poder que tiene de usar su elemento y esencia para hacer llegar un mensaje, una idea, comunicar, generar una conversación y, tal vez, hacer un cambio.

Claro que no todo el cine usa ese poder de la misma manera. Hay películas que son bastante huecas en mensaje y profundidad y son sólo espectáculo, no del todo malas, pero tampoco muy memorables. Pero también están esas otras películas que tal vez disfrazadas de comedia, drama, fantasía o ciencia ficción tienen como base principal una idea o un tema, que la mayoría de las veces se puede resumir en una palabra: amor, desamor, miedo, maternidad/paternidad, mortalidad, etc. Palabras simples, pero mensajes complejos.

Cuando hablo del poder del cine, inmediatamente me viene a la mente una frase muy famosa en el mundo de los cómics, y que más de una vez se ha utilizado en guiones del séptimo arte: “With great power, comes great responsability”/“Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”. Es una frase sencilla, pero que, por ejemplo en Spiderman, forma al joven Peter Parker en su misión de hacer del mundo un lugar mejor.

Y entonces, ¿si el cine tiene un gran poder, tiene una gran responsabilidad? Varios responderían que sí, y el primero que se me viene a la cabeza es un cineasta llamado Nate Parker.

Nate Parker es un joven estadounidense de tan sólo 36 años, quien a principios de este año se coronó como el gran ganador del festival de Sundance al llevarse el Gran Premio del Jurado y el Premio de la Audiencia, los dos más grandes honores que otorga el festival.

¿La película? “The Birth of a Nation”

El título tal vez ya les dice por donde va la cosa, pero igual quiero mostrarles el póster de la película.

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Honestamente, no recuerdo un póster tan potente como éste. Tan evocador y tan avasallador. Cabe aclarar que no he visto la película. Pocos lo han hecho, ya que su estreno está programado para octubre en Estados Unidos.

Repito, no he visto el filme, pero no necesito verlo para pensar que este hombre es una de las personas más valientes de Hollywood, en lo que concierne a usar su arte para generar conversaciones políticas de trascendencia. Y sí, ese del póster es Nate Parker, ya que además de dirigir la película, la protagoniza y por si fuera poco, también la escribió. Ya nada más para terminar con el buen Parker, recordemos que la película está programada para salir un mes antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, en un año marcado por las múltiples denuncias de ciudadanos afroamericanos en contra de la brutalidad policiaca a manos de elementos caucásicos; siendo éste el principal reclamo sobre racismo en el país vecino.

¡Ah! y como nota final, “The Birth of a Nation” es el título de otra película, pero una muy diferente, estrenada en 1915, muda y que retrata a dos clanes de familias después de la Guerra Civil, con actores blancos pintados de negro en papeles de esclavos y con el Ku Kux Klan representado como una gran fuerza heroica. Muero por ver qué contrastes introduce Parker con su nueva versión.

                                    NATE PARKER = BAD ASS MOTHER FUCKER

Para mí esto es un gran ejemplo de lo que es usar el poder del cine para una causa. No tienes que estar de acuerdo con la de este cineasta, pero está mandando un mensaje, fuerte y claro, listo para todo aquel que quiera escuchar.

Él no es el único, y aunque se podría decir que muchos sólo se suben al tren de las tendencias para acaparar mas atención, no dejan de aportar algo a la conversación y sobre todo, aumentan el número de conversaciones respecto a ciertos temas; por ejemplo, el hecho de que el trailer del reboot de la franquicia The Ghostbusters, con 4 mujeres en los personajes principales, ostente el récord al avance de película con mas dislikes en la historia de Youtube, aún antes de que se estrenara en USA, dice mucho sobre el tipo de conversaciones que se están llevando fuera de las salas respecto del papel de las mujeres en diferentes actividades.

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Y es que sin importar si estas detrás de una ideología o no, no se puede escapar al tema ¡y por una buena razón!  Varios argumentaron que la nueva versión “arruinaría su infancia” y que no deberían meterse con un clásico, pero si esto también les preocupa a ustedes, no se apuren, ya chequé y todas las copias de las películas originales de Los Cazafantasmas, tanto físicas, como digitales siguen intactas, así como mis recuerdos de las mismas.

El cine tiene poder: aun no se descubre cómo puede alterar memorias ni obras realizadas con anterioridad, pero sí puede educar, sembrar ideas y, sobre todo, crear conversaciones.

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Game of Thrones: Los Últimos Targaryen

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Por: Diego Muratalla – @_muratalla
Imágenes: http://awoiaf.westeros.org/index.php/Main_Page

En semanas pasadas, en Inteligencia Independiente nos hemos dado a la tarea de contarles de manera un poco resumida el mundo fantástico, detallado y complejo en el que se desarrolla Game of Thrones, así como la historia y acontecimientos que llevaron a nuestros jugadores hasta el punto donde los conocimos.

El pasado viernes, les contamos como los Targaryen conquistaron Westeros con sus poderosos aliados, los dragones, y de como 153 años después de la conquista, el rey en turno, Aegon Targaryen III, fue el último que logró criar un dragón, que aunque pequeña y débil, pudo dejar 5 huevos, los cuales nunca se lograron incubar. Aegon pasaría la historia como aquel que terminó la larga y prolífica relación de los Targaryen con las poderosas bestias.

Esto tuvo consecuencias graves para la familia, ya que sin los temidos dragones, Westeros se vio sumido en terribles guerras civiles prácticamente por el resto del tiempo en que un descendiente de los Valyrian se sentó en el trono. Muchas veces, estas batallas fueron lideradas por otros Targaryens, que ya habían creado sus propias ramas de la familia, junto con sus seguidores, mezclándose con la gente de Westeros contra otros Targaryen que con base en mucha sangre derramada se aferraron al poder.

Aproximadamente 100 años después de la muerte del último dragón, Jaehaerys Targaryen quien era el rey de Westeros, recibió un profecía de parte de la bruja del bosque, quien era muy respetada por el tino que tenia en sus visiones y profecías. Esta bruja le dijo al rey, que el “Principe prometido” nacería de la unión de sus hijos Aerys y Rhaella. Para este punto en la historia Azor Ahai, ósea, el príncipe prometido, era no más que un personaje de leyenda, pero el supersticioso Jaehaerys no quiso hacer oídos sordos y aventurarse a dejar pasar la oportunidad de traer de vuelta al que sería el héroe que libraría al mundo del frío y la oscuridad; así que obligo a sus hijos Aerys y Rhaella a casarse a muy temprana edad a pesar de que el príncipe y la princesa no estaban de acuerdo en su unión. El incesto en la casa Targaryen era una ley, tenían que preservar su puro linaje, sin embargo el propio Jaehnerys había tenido un matrimonio por amor al igual que sus hermanos y su padre. Sin embargo, el temor a no hacer su parte de la profecía pudo más y se celebro el matrimonio de los hermanos en una ceremonia que no se podía describir de otra manera mas que triste.

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Boda de Aerys y Rhaella Targaryen

Aerys Targaryen era un joven ejemplar, buen guerrero y amante de la música. Desde muy joven estuvo en el frente en diversas batallas libradas en nombre de su casa. Fue en una de estas batallas donde conoció a un joven Tywin Lannister, quien se convertiría en su más leal y cercano amigo. Aerys nombró a Tywin “Mano del Rey” en cuanto fue coronado.

Poco después de dicho evento, la reina Rhaella dio a luz al primer hijo de la pareja, el príncipe Rhaegar Targaryen.

Desde el momento en que nació Rhaegar fue un niño especial, de ojos color índigo y el clásico rubio platinado de la casa Targaryen, Rhaegar heredó muchos de los buenos rasgos de su padre, era amante de la música y el baile y era un príncipe muy cercano a su pueblo. La inhabilidad de su madre de volver a quedar embarazada hizo que Rhaegar creciera como hijo único durante 16 años.

Esto no significa que el rey Aerys no pudiera dejar embarazada a su esposa, pero la reina era incapaz de llevar sus embarazos a término, y los pocos que llegaron dieron como resultado a hijos que nacieron muertos o que murieron poco después. Esta historia se repitió no menos de 8 veces.

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Rey Aerys Targaryen – “The Mad King”

En un principio el rey apoyó a su esposa durante estos tristes episodios, pero conforme se volvieron a repetir, el rey empezó a sospechar de la fidelidad de su esposa, ya que estaba seguro de que los dioses le estaban ayudando a que su esposa no diera a luz a bastardos; esto provoco que el rey fuera desarrollando una paranoia que hacía que mantuviera a su esposa encerrada en todo momento, y sólo la visitaba cuando el consideraba que era oportuno volver a intentar dejarla embarazada. Estas medidas no fueron suficientes, ya que la reina seguía sin poder traer a un nuevo hijo al mundo, por lo que Aerys empezó a obligar a Rhaella a dormir con sus damas de compañía en la misma cama.

El rey poco a poco empezó a perder la esperanza de tener mas hijos y los planes que hacía para su reino eran cada vez mas irreales y fantasiosos, y pasaba demasiado tiempo obsesionado en por qué no podía tener más herederos.

Esto hizo que gran parte de las responsabilidades del reino cayeran sobre la mano del rey, Tywin Lannister, quien era más que apto para la tarea, y el reinado de Aerys empezó a ser uno de los mas productivos, pacíficos y prolíficos que se habían visto.
Sin embargo, el pueblo y la corte sabían muy bien quien era verdaderamente el que estaba detrás del florecer del reino y el rey empezó a escuchar que la mano en verdad estaba llevando a cabo planes que Aerys jamás pudo realizar y que el rey era un poco más que un infértil inútil.

Los rumores hicieron que el rey se alejara del que en otros tiempos fue su mejor amigo, y empezara a mandarlo en misiones sin sentido que lo alejaban de sus tareas y de su amada esposa Joanna Lannister. Por años se dijo que Joanna era la única que podía sacarle una sonrisa al estoico pero capaz Tywin y eran un matrimonio ejemplar, muy por encima que el del rey y la reina.

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Aerys Targaryen y Tywin Lannister

Tywin detestaba estar alejado de su esposa y de sus hijos gemelos Jamie y Cersei, pues Aerys en más de una ocasión hizo saber lo mucho que le gustaba Joanna su esposa. Joanna se embarazó una tercera vez pero sería la última, ya que moriría al dar a luz a su tercer hijo, un enano al que llamarían Tyrion.

Se dice que lo mejor de Tywin se murió junto con Joanna, ya que nunca se le volvió a ver sonreír y su carácter adusto en ocasiones provocó que lo que antes hacía con gran placer perdiera todo sentido para él.

Pongamos pausa un momento para irnos al norte.

Por estas mismas épocas, en la casa Stark, el patriarca Riccard, tenia a 4 tenaces y valerosos hijos, Brandon, Eddard, Lyanna y Benjen.

Todos eran dignos portadores del nombre Stark y sacaron las mejores cualidades de sus padres, Eddard, el segundo hijo, desde muy joven hizo una profunda amistad con Robert Baratheon, heredero de una noble e importante casa, quien de inmediato se enamoro de la joven Lyanna.

Lyanna era poseedora de una gran belleza, pero ese nunca fue el rasgo que describiría su vida, la única mujer Stark, era determinada, tenaz, capaz, de un gran temple y una poderosa determinación pero también de un carácter un tanto explosivo, y una gran jinete.

Lyanna y Eddard, mejor conocido como Ned, aparte de ser hermanos, eran grandes amigos que confiaban ciegamente el uno en el otro.

De regreso en Kings Landing, Rhaella por fin pudo procrear a un descendiente más, el príncipe Viserys, pequeño pero muy saludable. Para entonces, el rey ya había generado una paranoia muy avanzada y temía que su nuevo hijo corriera la misma suerte que sus hermanos muertos, por lo que todos tenían prohibido tocarlo, incluida su esposa como no fuera para alimentarlo y cuando la reina se quedó sin leche, Aerys obligaba a sus guardias a probar la leche directamente de los pechos de las nodrizas para asegurarse de que no estaban envenenados sus pezones.

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Rhaegar Targaryen

A pesar de que Tywin Lannister ya no era el gran amigo y confidente del rey, éste sólo pensaba en lo mejor para su familia, por lo que llegado el momento, le pidió al rey que casara al príncipe Rhaegar con su hija Cersei. Esto era un sueño para la joven Cersei ya que estaba platónicamente enamorada del Príncipe. El rey negó la petición de su otrora amigo y además decidió darle una última estocada a su larga amistad convirtiendo a Jamie Lannister en comandante de la guardia del rey. Esto fue una gran ofensa para Tywin, ya que lo dejaba sin heredero, puesto que la guardia del rey tiene que renunciar a cualquier derecho de herencia para servir el resto de su vida al rey y sobre todo porque significaba que ahora el siguiente en sucesión para heredar la legendaria casa Lannister era su hijo Tyrion, quien siempre fue una piedra en el zapato de su padre y sobre el cuál había negado su paternidad, a pesar de haberle dado su apellido para no ofender la memoria de su amada esposa.

Tywin decidió que esta sería la última ofensa que el rey le haría, por lo que regresó a vivir a la casa de sus ancestros, Casterly Rock, desde donde muy apenas cumplía con sus deberes como mano del rey.

El Rey veía intentos de asesinato por todos lados, por lo que unos años después, no estuvo presente en la boda de su hijo Rhaegar con Elia Martell y tampoco dejó que el pequeño príncipe Viserys fuera. Y cuando Rhaegar y Elia tuvieron a su primera hija, la princesa Rhaenys, el rey no la quiso cargar, y a su segundo nieto Aegon ni lo conoció. Aegon sería el último hijo de Rhaegar y Elia ya que esta no fue capaz de volver a concebir.

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Boda de Rhaegar Targaryen y Elia Martell

Las alianzas estratégicas y políticas de las grandes casas de Westeros hicieron que Robert Baratheon viera casi cumplido su sueño de casarse con Lyanna Stark, ya que los padres de ambos arreglaron que sus hijos se casaran, y digo que casi vio cumplido su sueño por que ese matrimonio nunca se llegó a celebrar.

Estando ya prometidos para casarse, hubo un gran torneo, organizado por la mano del rey. Se celebró en la localidad de Harrenhal, en el cual las casas más importantes del reino estaban presentes, por lo que Ned, Lyanna y sus hermanos se dirigieron hacia ahí en compañía de un orgulloso y feliz Robert.

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Lyanna Stark con las “Winter Roses”

Este torneo fue ganado por el príncipe heredero, Rhaegar Targaryen, quien en ese momento ya estaba casado con Elia Martell, sin embargo y como dicta la tradición, el ganador del torneo tiene que entregar una hermosa corona de “blue winter roses” a la que el considera como la reina del amor y la belleza del torneo. Obviamente se esperaba que el príncipe otorgara dicha corona a su esposa y madre de sus hijos, Elia Martel, sin embargo y para sorpresa de todos Rhaegar llevo su caballo hasta donde Lyanna estaba sentada y puso la corona sobre la cabeza de la dama Stark.

Como se podrán imaginar, esto tuvo consecuencia destrozas para todos los involucrados y fue de hecho el evento que provocó la caída de los Targaryen en Westeros, pero esa, esa es otra historia y la tocaremos la próxima semana.

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Game of Thrones: La Fundación de Valyria

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Altar de los Siete Dioses en King’s Landing

Por: Diego Muratalla – @_muratalla
Créditos de Imágenes: http://awoiaf.westeros.org/index.php/Main_Page

Para cuando empezamos a ver Game of Thrones (GoT) o a leer A Song of Ice and Fire, muchas cosas ya habían sucedido en esa tierra fantástica. Nuestros personajes son descendientes de otros personajes y/o familias de gran importancia, y la historia de Westeros es parte vital de los acontecimientos que ahora vemos en la serie.

En la entrega anterior de Inteligencia Independiente GoT describimos los inicios de este mundo.

Pero se los resumo rápido.

Este increíble mundo consta de 4 continentes, pero la historia se desarrolla, hasta ahora, en 2, Westeros y Essos.

Al inicio de los tiempos, Westeros era habitada por “The Children of The Forest”. Cuando “The First Men” vinieron desde Essos a querer conquistar y quitarle las tierras a los niños del bosque, éstos, para defenderse, crearon a los “White Walkers” (en los libros son llamados simplemente “The Others”) y entraron en una guerra que duró muchos años. Al final, se dieron cuenta de que la única manera de tener paz era haciendo una alianza. A la era resultante de la alianza se le llamó “Age of Heores”.

Durante esta era vino “The Long Night”: invierno que duró toda una generación. Esta batalla vio nacer a un gran héroe llamado Azor Ahai, quien, según las leyendas, es el responsable de haber vencido a “los Otros” portando una espada mágica envuelta en llamas. Después de la derrota de las calacas se profetizó que después de muchos años, un largo invierno caería de nuevo sobre la tierra y con él, los “White Walkers” reaparecerían para clamar venganza. Pero, la misma profecía hablaba de un Azor Ahai reencarnado que una vez más libraría al mundo del frío y la oscuridad. Sabiendo esto, Brandon “the Builder” Stark construyó “El Muro” que además de su enormidad posee una magia ancestral proporcionada por The Children, para proteger al mundo de la inminente amenaza. Brandon the Builder es ni más ni menos que el primer Stark del que se tiene referencia y es el fundador de la Casa Stark, eran amos y reyes del norte.

Muy bien, ¿hasta ahí todo claro?

Sigamos.

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El Muro

Una vez creado el muro, se instauró desde luego “The Night’s Watch” quienes serian los encargados de habitar el muro para tener vigilancia permanente sobre los males que acechan mas allá del mismo. La guardia, está conformada sólo por hombres, que dan su vida al servicio del muro y renuncian a cualquier título, a la posibilidad de casarse y tener hijos, y hasta a enamorarse.

Después de algunos años, el treceavo Lord Commander of The Night’s Watch rompió este sagrado vínculo y se enamoró de una mujer. Ésta, no era una mujer cualquiera, era una White Walker, y no conforme con enamorarse, se casó con ella y juntos lideraron a una Night’s Watch que se olvidó de su objetivo y fueron autores de saqueos y demás atrocidades; a este Lord Commander la historia lo castigó olvidando su nombre, pero antes de eso era conocido como “The Night’s King” que, en teoría, no tiene nada que ver con el White Walker de mismo título que conocemos en la serie. No fue hasta que los Stark de Winterfell y el líder de los salvajes más allá del muro se unieron para derrotarlo que este vergonzoso episodio en la historia de The Night’s Watch llegó a su fin.

Ahora, pongamos pausa por un momento a los acontecimientos en Westeros para irnos a Essos.

En Essos habitaban varias civilizaciones, siendo las más conocidas, la Valyrian y la Rhoynar, cada quien tenía su parte de la tierra y vivían en paz. Pero todo cambió cuando los Valyrian, que hasta ese momento eran una nación en su mayoría de pastores de ovejas, descubrieron los 14 fuegos: una cadena de 14 volcanes en donde encontraron dragones.

Los Valyrian a pesar de ser una nación originalmente pacífica, lograron someter y amaestrar a los dragones con ayuda de magia. Los dragones de inmediato los infundieron de un gran poder y una avaricia y sed de conquista que dominó la personalidad de los Valyrian por el resto de su trágica historia.

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Los Valyrian montados en sus dragones

Montados en sus poderosos aliados, se lanzaron a la conquista de las demás naciones de Essos, encontrando pocos obstáculos en su paso. Los Rhoynar, fueron el pueblo que más resistió a estos ataques; los Andals, no tuvieron la misma suerte. Eran un pueblo de cazadores sumamente religiosos, y en lugar de pelear, decidieron dejar Essos para huir de la guerra y la muerte que los Valyrian dejaban a su paso y fue así como llegaron a Westeros.

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Valyria

Los Valyrian se convirtieron en una gran nación, temida y manchada de sangre, pero gloriosa y todopoderosa. Durante su imperio, se vieron riquezas inigualables y su capital, Valyria, fue el centro militar y cultural más importante en su tiempo. La magia floreció y sus ciudades se alzaban sin límites hacia los cielos donde los dragones surcaban imponentes por los edificios sin techos. Grandes esfinges de piedra labrada dirigían su mirada hacia abajo con desgarradores ojos de color granate y los herreros fraguaron legendarias espadas de gran poder y filo.

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Imagen de la guerra de los Andals vs los First Men y los Children of the Forest

La llegada de los Andals a Westeros es muy importante al momento de forjar la historia, ya que desde su arribo, se engancharon en guerras con the First Men y the Children of the Forest, todo en nombre de la fe. Ellos querían imponer su religión “The Faith of the Seven”, en contra de la religión que la mayoría de los primeros hombres profesaban, la cual rendía culto a la naturaleza y veía deidades en todos los aspectos de ésta. Después de cientos de años de guerra, los 6 reinos de los primeros hombres de Westeros cayeron y sólo el norte logró mantener su independencia y su ideología, ya que su posición geográfica fue de gran ayuda a la hora de mantenerse en pie frente al avance de los Andals. Fue también durante esa época que los niños del bosque comenzaron a retirarse de nuevo hacia al norte, más allá del muro, cansados de las guerras de los hombres. Sin los niños del bosque, eventualmente el norte fue el único reino que quedó “intacto” desde los tiempos de los primeros hombres, los Andals se habían apoderado de Westeros y las casas que conocemos ahora empezaron sus propios juegos de poder y política.

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Escudo de la “Faith of the Seven”

Mientras esto sucedía en Westeros, en Essos, Los Rhoynar vieron su fin cuando el príncipe Garyn the Great perdió frente a los dragones con un ejército de más de 250,000 soldados. No conformes con la victoria, los Valyrian destruyeron por completo las ciudades de los Rhoynar para asegurarse de que no volvieran a levantarse. De esa nación que tanto aguantó sobrevivió “Nymeria, La Reina Guerrera” quien guió a los Rhoynar sobrevivientes al otro lado del mar hasta llegar a la nación al sur de Westeros que conocemos como Dorne, ahí se casó con Mors Martell y los Rhoynar vieron sobrevivir a su nación de la mano de una de las casas más importantes de Westeros.

Y sí, Arya nombró así a su direwolf, en honor a la reina guerrera que salvó a los Rhoynar de la extinción.

Sabiendo esto, la frase: “All hail His Grace, Tommen of Houses Baratheon and Lannister, First of His Name, King of the Andals, The Rhoynar and the First Men, Lord of the Seven Kingdoms, and Protector of the Realm.” tiene mucho más sentido y es en su manera un recordatorio de lo que las civilizaciones en Westeros han pasado a través de los siglos.

Poco a poco empezamos a reconocer aspectos de la historia que ya nos son familiares, y aquí viene tal vez uno de los más importantes.

Una de las familias Valyrian más importantes, era la de los Targaryen, quienes tenían a 5 poderosos dragones bajo su poder.

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Lord Aenar Targaryen

En aquel entonces, Lord Aenar Targaryen tenía una hija llamada Daenys quien dijo haber soñado con la inminente destrucción de Valyria, sus profecías se volvieron tan frecuentes y reales para ella, que logró convencer a su padre y a un par de familias más que eran fieles a los Targeryan de dejar Valyria, y se fueron a una isla que formaba parte de los territorios de Westeros, en esa isla, crearon Dragonstone y se ganaron el desdén de el resto de los Valyrios quienes los llamaron cobardes.

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Dragonstone

Sin embargo, el tiempo le daría la razón a Daenys; Valyria y su civilización vieron su fin de la mano de un cataclismo natural de proporciones inauditas, la tierra se abrió, los 14 fuegos hicieron erupción, tormentas de polvo y ceniza cubrieron la superficie y terremotos de gran fuerza agitaron las tierras y los mares. Cuando el polvo se hubo disipado, nada quedaba de Valyria, ni sus potentes fortalezas, ni sus dragones con sus poderosos señores en el lomo. Con su destrucción también se perdió gran parte de la magia y la habilidad para forjar el legendario acero Valyrio. Fue el fin de una gran era.

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Valyria después del cataclismo

Los Targaryen vieron en el horizonte la destrucción de su civilización y sabiéndose los últimos jinetes de dragones, voltearon para posar su mirada sobre Westeros.

Lo voy a dejar aquí esta semana, pero sin duda continuaremos el próximo viernes, mientras tanto, disfrutemos del episodio de este domingo y agradezcamos a George R. R. Martín, por lo detallado y complejo de su universo.

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Game of Thrones… Gracias

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Por: Diego Muratalla – @_muratalla

Por los últimos 6 años, 10 de mis domingos han cambiado drásticamente. Antes, eran de cine o de flojera total – lo de la flojera no ha cambiado mucho- pero desde el 2011, existe un componente diferente, sobre el cual esos domingos giran: Game of Thrones.

Cuando se anunció la producción de la serie yo no sabía nada del mundo creado por George R.R. Martin en la saga literaria A Song of Ice and Fire, cuyo primer libro se publicó hace 20 años. Así que cuando HBO estrenó su adaptación en formato de serie llegué con la mente en blanco – caí redondo y sin resistencia a lo que hoy es mi obsesión favorita.

La serie se convirtió en un gran éxito desde el primer día, y año con año su base de fanáticos crece y crece ya que entre temporadas más y más gente la ve y se vuelve adicta; eso explica por qué con cada estreno los números de audiencia no dejan de aumentar.

Ed Stark Beheaded

La mezcla de fantasía, magia, política, sexo, poder, avaricia y demás pecados capitales han logrado crear un mundo de lo mas complejo y atractivo. Sobre todo, ha hecho una tremenda labor al hacernos caer enamorados de los personajes y sus historias, ya que se mueven en planos morales que los acercan mucho más a las personas reales que a simples héroes y villanos. Por supuesto que todos tenemos a nuestros favoritos y queremos verlos vencer, pero esta no es una pelea del bien contra el mal, ya que para empezar hay muchos mas bandos que solo esos; pero los personajes catalogados como los “malos” presentan aquí intenciones, fundamentos y razones ancladas en algo más que la satisfacción del triunfo del mal. En Game of Thrones se pelea por poder, por sexo, por venganza y sobre todo por supervivencia y realmente te hacen complicado odiar a alguien cuando sabes en dónde están sus razones.

REd Wedding

Realmente nunca sabes cuando podrías estar viendo el último episodio de tu personaje favorito. No sólo el autor de los libros es una perfecta maquina asesina pero los creadores/productores de la serie también han desarrollado un insano gusto en nuestro sufrimiento al masacrar a personajes que han sido queridos por muchos. Y, esa sensación, esa tensión de no saber quién está a salvo y quién no, nos ha acompañado desde aquel fatídico episodio 9 de la primera temporada, donde dejaron más que claro que ésta no es cualquier serie, y el término “protagonista” aquí no aplica de la misma manera. Pero si quedaba todavía por ahí algún ingenuo, nos obsequiaron con la “Red Wedding” que… Bueno la verdad es que no tomé del todo bien ese episodio y aun no me recupero, es la única vez que realmente le he gritado a una pantalla.

Por supuesto que ayuda el hecho de que es la producción mas cara en la historia de la televisión y es que realmente cada capítulo te lleva a varios países con grandes demostraciones de actuación, efectos especiales, locaciones, vestuario y dirección.

Soy un gran fanático de todo lo relacionado con Harry Potter. Menciono esto, no porque exista un punto de comparación entre las obras, las dos son simplemente brillantes, más bien lo digo porque desde que la saga del brujo terminó, tanto en libros como en películas, no había experimentado lo que es ser parte de una base de fans tan grande, entusiasta y dedicada como lo son los seguidores de Game of Thrones, y todo esto ha hecho mucho más disfrutable la experiencia.

Es así como esos 10 domingos, son días especiales, con cierta planeación de dónde toca ver el episodio con otros igual de “clavados” que yo. Es más, esta semana la planeación se llevó a cabo desde el miércoles, ya que hay un evento de cierto deporte a la misma hora que el episodio (que descaro), y fue un tema un tanto delicado que se tuvo que discutir con seriedad a pesar de ciertos vituperios lanzados. Y no sólo eso, cada domingo al acabar un episodio, mi teléfono se agota de batería mientras con amigos y familiares discutimos lo que acaba de pasar y lo que creemos que se avecina. Y es que existen una infinidad de páginas, blogs y canales de Youtube que se dedican a desmenuzar las palabras y escenas de la serie, buscando claves y desarrollando más y más teorías, que obvio, disfruto mucho discutir.

Dany on Fire

El único problema de esta bonita obsesión es su corta duración, cada temporada es de sólo 10 capítulos, y el síndrome de abstinencia durante la espera es bastante duro.

Por lo pronto y hasta el final de la serie y probablemente después, este espacio, aparte de su contenido habitual, albergará teorías, discusiones y demás temas relacionados a la fantástica Game of Thrones.

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El Mal Cine, ¿Existe?

Diego Muratalla Abril

Por: Diego Muratalla – @_muratalla

¡Rápido! Sin ir a Google, ni buscar, ni preguntarle a Siri.
Menciona a 2 personajes de la película Avatar.
¿Lo lograste?

Cuando me lo pidieron a mí, después de varios minutos me acordé del nombre del protagonista, pero no, no lo voy a decir, ese no es el punto.

Avatar salió hace siete años. Dependiendo de tu edad te parecerá mucho o poco tiempo.

Ahora, sin buscar, menciona a 2 personajes de la película Titanic.

Seguro te acordaste mínimo de uno, y de paso no sólo de los personajes, si no también de los actores y chance hasta de la rola, y si de entrada no lo hiciste, ahora ya te acordaste.

Titanic salió hace 18 años (¡18! este año cumple 19), eso sí, objetivamente, es mucho tiempo, y aún recuerdo perfecto la primera vez que la fui a ver.

Avatar es la película que más dinero ha hecho en la historia en la taquilla mundial; con 2,788 millones de dólares cualquiera creería que la película que ostenta este récord habría dejado una huella más grande en la cultura popular, pero no, no es el caso.

Mucho se habló de los avances técnicos que Avatar trajo a la industria cinematográfica y James Cameron es tal vez uno de los hombres más respetados y buscados en Hollywood. Para aquellos que no lo saben, James Cameron es el director de las dos películas antes mencionadas y si tenían curiosidad, Titanic es la segunda película más taquillera en la historia.

El tiempo no ha tratado muy bien a Avatar, y cada vez se relega más su importancia a sólo las novedades técnicas que ahora muchos directores comparten. El mismo tiempo, sin embargo, ha posicionado a Titanic como un nuevo clásico, después de haber pasado una temporada siendo considerada sólo como una película cursi y muy cara.

Todo esto lo menciono porque recientemente se estrenó Batman V Superman, The Dawn of Justice y en su mayoría, la crítica la destrozó, pero nada de eso la detuvo de hacer una gran cantidad de dinero en taquilla y aunque posiblemente no se acerque a Titanic o a Avatar ya es considerada un éxito.

Pero, ¿qué representa un éxito en el cine? ¿Un porcentaje positivo en Rotten Tomatoes, o una gran cantidad de dinero en taquilla?

La respuesta dependerá de a quién le preguntes. Seguro que en Warner Brothers, el estudio encargado de realizar Batman V Superman, se están limpiando las lágrimas por las críticas con billetes verdes.

Está comprobado que en la mayoría de las ocasiones una mala crítica no detiene a la gente de ir a ver una película al cine, pero tampoco una positiva eleva mucho el público de una cinta.

Sólo por comparación, Spotlight, la última película que se llevó el Oscar a mejor cinta, generó poco arriba de los 86 millones en el mundo, y su corrida ya terminó, pero su porcentaje en Rotten Tomatoes es de 96%. Batman V Superman ha generado más de 500 millones en apenas unas 3 semanas y su porcentaje es de 29%.

Tal vez sea momento de explicar qué es Rotten Tomatoes, y es muy simple, es un sitio que se dedica a recopilar las críticas de varios expertos, asignarles un porcentaje y luego hacer un porcentaje de esos porcentajes. Debajo del 60% lo consideran “rotten” los que superan ese número se consideran “fresh” y los que están en el 75% y arriba, son “certified fresh”. Tal vez se puede pensar que esto sería de ayuda al elegir una película ya que muchas veces éstas ya tienen calificación antes de su estreno comercial, por los screenings que hacen justo para los críticos, pero no, tampoco es el caso.

Y no es que haya mucha diferencia entre el espectador normal y el crítico de cine, cuando los críticos van a ver una película, realmente esperan salir contentos por lo que vieron, al igual que yo.

Pero los números no mienten, películas con calificaciones bajísimas han hecho cantidades obscenas de dinero y hasta se han llevado premios y demás reconocimientos. Por supuesto que se tiene que tomar en cuenta la mercadotecnia detrás de monstruosos estrenos como lo es ahora el cine de superhéroes o como en su tiempo lo fue Avatar; pero también funciona a la inversa, existen películas con calificaciones perfectas que casi no hicieron dinero en taquilla.

Ahora, que una película haga millones y millones tampoco significa que sea buena. Como público, somos bastante influenciables, y una buena campaña de mercadotecnia puede hacer maravillas; yo disfruto mucho leyendo sobre cine y sobre lo que mis “bloggers/críticos” favoritos pensaron de tal o cual película, pero a final de cuentas la última decisión es mía y si vi un trailer que me llamó la atención o es de uno de mis directores predilectos, la voy a ver sin importar qué se dijo o si fui el único que la vio. De igual manera hay películas que evito meramente basado en su trama, por lo general no veo dramas médicos ni biopics, aunque se lleven mil premios.

Y entonces, ¿vale la pena calificar una película? mi respuesta sería que no, pero parte de la cultura del cine es la consecuente discusión. Hay películas que marcan, que hacen historia, que forman cultura, y son cultura, y esa parte del cine nunca va a desaparecer, pero tal vez la forma en que se percibe la “crítica especializada” sí, y su importancia sea relegada a lo que verdaderamente es, una opinión más.

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Los Oscares: un premio a lo mejor del cine y un recuerdo de la pobre representación

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Por: Diego Muratalla – @_muratalla

El día de ayer se llevó a cabo la entrega número 88 de los premios Oscar, y otra vez, fue en medio de polémica y hasta un intento de boicot.

Cuando se dieron a conocer los nominados de este año, de inmediato se alzaron voces de inconformidad porque los 20 nominados en las 4 categorías de actuación eran todos caucásicos, y porque, de hecho, es el segundo año consecutivo donde que esto pasa. Varios actores afro-americanos llevaron a las redes sociales su inconformidad, amenazando con no ir a la ceremonia de entrega a manera de boicot e invitaban a sus compañeros actores a hacer lo mismo. Al mismo tiempo, exhortaban a la academia a reconocer sus errores y a hacer del máximo galardón del cine algo mucho más inclusivo.

Por otro lado, había varias personas que decían que simplemente no hubo actuaciones dignas este año por parte de los actores de color, y que por tanto no se les debía nominar “sólo por llenar una cuota”. Sin embargo, los Oscares no son los únicos premios en la industria del cine, y hubo varios otros que no sólo nominaron a actores afro-americanos, sino que terminaron siendo ganadores. Sólo para dar un ejemplo, Idris Elba se llevó el premio a mejor actor de reparto en los SAG Awards (Screen Actors Guild) por su trabajo en Beasts of no Nation. Película que también tuvo su buena dosis de buenas críticas y hubo varios sitios especializados y revistas que la creían digna de una nominación. Sin embargo, su formato y su producción son algo que ha roto esquemas y la Academia aún no sabe cómo lidiar con una película que fue producida por y para Netflix, aunque sí estuvo haciendo rondas en los circuitos de festivales alrededor del mundo. Aun así, la mayoría de los nominados afro-americanos de este año, fueron por trabajos en televisión, ya sea en series, mini series o películas hechas para la pantalla chica. A pesar de esto, las críticas, calificaciones y aceptación del público, indicaban que Creed, tendría nominaciones para su director (Ryan Coogler) y protagonista (Michael B. Jordan), y no sólo para el trabajo de soporte de Sylvester Stallone, quien al final fue el único que logró una nominación. Lo mismo se pensaba de Straight Outta Compton, cuya única nominación es para mejor guión original, el cual fue escrito por cuatro hombres caucásicos.

Pero, ¿quiénes son los encargados de decidir las nominaciones y los ganadores? La Academia existe desde 1927 y fue creada para ayudar a promover la industria cinematográfica de los Estados Unidos. En 1929 hicieron por primera vez la entrega de los premios Oscar a lo mejor de dicha industria. En su inicio contaba con tan sólo 37 miembros y aunque hoy en día la lista completa de sus integrantes se mantiene en secreto, The L.A. Times publicó un reportaje donde menciona que actualmente tiene 5,765 miembros, de los cuales, y para sorpresa de nadie, el 94% son caucásicos y 77% son hombres. Esto está lejos de representar la sociedad actual estadounidense, pero sí se acerca a los niveles de representación que hay en el cine hoy en día. Ahí el problema.

El cine es un arte, eso está claro, pero también es una industria y un negocio que genera miles de millones de dólares anuales alrededor del mundo. Por lo que las cabezas de los estudios, quienes se dedican a decidir qué películas se hacen y a asignarles un presupuesto, no creen que sea necesario cambiar la fórmula, además de que piensan que al público no le interesa ver a un protagonista que no sea un hombre blanco.

Pero el problema de racismo en la industria del cine está lejos de ser el único, el sexo femenino también está pobremente representado y la mayoría de los papeles femeninos que existen son los arquetipos de mujer a los que ya nos tienen acostumbrados; la novia, la damisela en peligro, la prostituta, la mamá etc.

Sin embargo, en los últimos años, ha habido cierto aumento en los filmes con mujeres protagonistas. El mejor ejemplo es Rey, de Star Wars, The Force Awakens. Una película que hasta el momento lleva recaudados 2,200 millones de dólares, lo cual la convierte en una de las más taquilleras de toda la historia. Y, Rey, no es novia de nadie, ni está en necesidad de ser rescatada de las manos de nadie, al contrario, lleva en sus hombros el peso de la renovada saga galáctica y lo hace de una manera asombrosa.

Pero tal vez uno de los más despreciables actos que Hollywood lleva a cabo es el del blanqueamiento de personajes de otras razas, algo por demás innecesario aparte de incomprensible. En la última y muy desafortunada versión de Peter Pan, el personaje de Tiger Lily, una joven indígena, es interpretada por la muy blanca Rooney Mara; en el fallido reboot de The Lone Ranger, Tonto, el acompañante del llanero solitario debería ser un indio comanche y sin embargo fue Johnny Depp el encargado de darle vida; en Exodus de Ridley Scott, los personajes bíblicos Moisés y Ramsés son Christian Bale y Joel Edgerton, osea, un británico y un australiano con nada de egipcio o hebreo o árabe en su ascendencia. La lista sigue y es larga, pero nos queda por consuelo que al menos las cintas aquí mencionadas fueron rotundos fracasos y blancos de severas criticas por sus poco atinadas elecciones de talento.

De algo podemos estar seguros, el resultado en taquilla habla por sí mismo. A la gente sí le interesa ver a una mujer protagonizando una película, lo mismo con actores afroamericanos, o de cualquier otra raza, mientras sea una historia bien escrita, bien dirigida y bien actuada. Nos volcaremos a las salas, como lo hemos venido haciendo por años y años y sólo podemos esperar que los valientes con dinero nos den más representación en esas magníficas historias.

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Hayao Miyazaki y Su Mundo Fantástico

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Por: Diego Muratalla – @_muratalla

Recuerdo perfectamente estar viendo la entrega de los premios Oscar en el 2003 y sorprenderme de que la salvajemente popular Ice Age no fuera la ganadora del premio a Mejor Película Animada. En su lugar, la japonesa Spirited Away (El Viaje de Chihiro en español) se llevaría el galardón. En aquel momento hice una nota mental de la película y eso fue todo.

Varios meses después, un primo me llamaría para decirme que la película japonesa que se había llevado el Oscar estaba en el cine, que fuéramos a verla. Desde luego acepté y hasta hoy estoy muy agradecido por esa invitación, ya que aunque seguramente hubiera terminado viendo la película un tiempo después en formato casero, verla ese día en la pantalla grande fue el comienzo de mi fascinación con el Studio Ghibli.

Ese día, sentados en el cine, comentamos que éramos los únicos en la sala y que la gente no le daba oportunidades a cintas que no fueran ampliamente publicitadas, sobre todo si no eran gringas. Nada de eso importó. En cuanto la película empezó, me gustó. No había nada que no fuera de mi agrado y conforme la historia se desarrollaba, yo caía sin resistencia en sus paisajes y su armonía.

Y es que para mí, esa es la mejor palabra para describir el trabajo del director y fundador de Ghibli, Hayao Miyazaki. Este hombre ya era toda una leyenda en Japón para cuando sus películas empezaron a llegar a nuestro continente; sus obras con Ghibli empezaron desde 1985 y habían sido de lo más fructuosas y admiradas en su país de origen.

Pero de vuelta a la armonía; no existe una película que haya escrito o dirigido Miyazaki que no me haga sentir una sumersión completa, ya que tiene un don para crear pequeños universos donde todo tiene sentido y relación entre sí; todo pertenece y aporta. Con ritmos diferentes a sus contrapartes animadas en otros países, Miyazaki hace uso de los silencios y de la música para ayudarnos a entender no sólo a sus personajes, sino a los lugares que los rodean, ya que en todas sus cintas los entornos juegan papeles igual de importantes que los protagonistas de las historias. Y cómo no hacerlo, si se siente el profundo respeto que Miyazaki tiene por la naturaleza en cada una de sus obras.

Así pues, al terminar aquella aventura con Chihiro en el cine, me prometí buscar todo sobre este director y su estudio. En aquel momento mis búsquedas resultaron infructuosas. Un par de años después, me encontré en una tienda otra de sus cintas, Princess Mononoke, recordé Spirited Away y lo mucho que me había gustado. Dudé un poco en comprar la película, ya que era de importación y su valor rondaba los $600 pesos. A un costado y mucho más barata estaba la que ya conocía, Spirited Away. Decidí comprar la segunda. Ese día en la noche la volví a ver. No es que hubiera olvidado lo mucho que me había gustado. Pero volverla a ver significó ese pequeño recordatorio de su grandeza, y me sentí como aquella primera vez que la vi: impresionado. Entonces, al día siguiente hice el enorme desembolso de 600 pesos y sin alguna duda compré Princess Mononoke. Puedo decir que fueron los $600 mejor gastados en una película.

Un par de años después, empezaron a llegar sus películas a precios más razonables y hasta en colecciones; aunque aun me faltan un par, las tengo casi todas y son parte de mis más preciadas pertenencias, junto con un pequeño Totoro de peluche traído desde Japón por una prima y su familia cuando visitaron el parque/museo Ghibli.

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Totoro, para los que no saben, es el protagonista de una de las más tiernas películas del estudio y también su imagen y mascota.

Al hablar de las películas de Miyazaki tengo que mencionar a su colaborador más importante aparte de Totoro, Joe Hisaishi.

Este compositor es sin duda responsable en gran parte por mi amor al estudio. No puedo concebir una dupla entre dos artistas del cine más perfecta que la de Hayao Miyazaki y Joe Hisaishi, pero no creo encontrar las palabras idóneas para describirlo, así que lo único que me queda por hacer es recomendarles efusivamente que vean las cintas de este gran director y después chequen el concierto de Joe Hisaishi en honor a los 25 años del estudio.

Por aquí los estaré esperando para recibir sus agradecimientos.

Imagen: Totoro

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