Nadal, eterno Nadal

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Por: Ernesto Gómez – @EGH7

Entre las diversas clases de deportistas existen aquellos que con su talento puro y nato nos deslumbran, los arrogantes que se ganan solamente a su propio público y también aquellos que le ponen una pasión y una garra a su disciplina que conquista a quien los ve, conmovidos por la entrega que demuestran. Pocos ejemplos como Rafael Nadal para esta última categoría, un jugador que emociona en todo momento.

Siguiendo por ya diez años la trayectoria de Nadal, estoy convencido de que no fui el único que estaba eufórico de verlo levantar un título más del US Open —su tercero en Flushing Meadows— y tomar una ventaja sustancial sobre Roger Federer en la carrera por cerrar el año como número uno del mundo. Cuatro años después de que lo hiciera por última vez y luego de que muchos pensaran que estaba acabado.

En su carrera, así como en la pista, Rafael Nadal no ha hecho más que remar, pelear en todo momento y hasta la última bola. Fiel a su estilo, se ha batido como gladiador desde que se probara a los diecisiete años como uno con el llamado de los elegidos. Indiscutiblemente uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, a pesar de que sus lesiones han querido frenarlo. Rodilla, muñeca, codo, espalda, de todo ha vuelto y siempre parece volver con más fuerza, aún si los dos cursos anteriores fueron para el olvido. El 2015 y 2016 nos mostraron a un Nadal taciturno, irregular y desconfiado, nunca encontrando consistencia en su nivel y alejado de los escenarios principales hasta otra lesión que terminó su 2016 antes de tiempo.

El 2017, empezando desde el puesto 9 de la clasificación, ha sido un año de ensueño que comenzó con la final del Australian Open en un duelazo frente al maestro Federer (véase https://inteligenciaindependiente.com/2017/01/30/nadal-y-federer-un-clasico-instantaneo/). Otras dos finales jugó sin suerte (Miami y Acapulco) hasta que llegó a su tierra de dominio y sobre la arcilla se alzó con títulos en Montecarlo, Barcelona y Madrid, coronado con paso arrasador en su amado Roland Garros. Nunca antes había alguien ganado el mismo torneo diez veces y el mallorquín logró este hito en tercia con Montecarlo, Barcelona y París. Recordó a los que olvidaron que la tierra batida tiene un nombre propio y es el suyo y calló a quienes lo pensaron abatido, con un tenis incapaz de ajustarse a su edad y al ritmo de juego actual.

Estando a estas alturas del año, lo único que faltó para hacerlo más especial fue una participación más protagónica de Novak Djokovic, pues las tres rivalidades más repetidas y antológicas del tenis son las que tienen entre Roger, Rafa y Nole. Después de dos años de hegemonía del serbio, ahora a él le tocó el lado amargo de las lesiones y abrió paso para el resurgir de Nadal y Federer, que acapararon los cuatro Grand Slams del año por cuarta ocasión en sus carreras (2006, 2007, 2010, 2017). Ahora, después de siete años —a menos que pase algo extraordinario— también cerrarán el año parados en los dos primeros puestos del ránking por séptima ocasión, ambas hazañas insólitas.

“La heredera es la pasión”, bien lo decía Toni Nadal, tío y entrenador de Rafael, en una de sus columnas de este año para El País. En ella hace referencia a que la nueva generación no ha trascendido porque, además de tener unos titanes en la vieja guardia, no han logrado batirse con la pasión de sus antecesores. Pasión es lo que le sobra a Nadal, lo que derrocha en cada punto que se juega como si estuviera ahí el juego entero y que lo hace el jugador más difícil de vencer en cinco sets. Empezará mal, pero siempre encontrará el camino para volver. Así lo demostró en este US Open, que marcó el decimosexto grande de su carrera (sólo superado por Federer con 19) y que nos ilusiona con que esa cifra sea un “y contando”.

Nueve años después de que Rafa alcanzara el número uno por primera vez, este 2017 también será especial para el ya mencionado Toni Nadal, quien se retirará al final de la temporada como el entrenador más laureado de la historia del tenis y dejará a su sobrino en manos de Carlos Moyá. En otra de sus columnas recordó cuando le contó a su sobrino haber oído decir a algunos tenistas retirados “si hoy volviera a empezar lo intentaría con más ahínco” para aleccionarle sobre el valor de la perseverancia como ingrediente clave. A esto, Nadal le respondió “Toni, no creo que a mí me pase eso. El día que yo me retire de este deporte, lo haré con la tranquilidad de haber hecho todo lo que ha estado al alcance de mi mano”. Sin duda alguna, Rafa, sin duda alguna.

Futbol: lo más importante entre lo menos importante

Futbol para aficionados

Por: Ernesto Gómez  – @EGH7

Existe un debate cuando se habla sobre las conveniencias de apasionarse por las historias de las películas, series y, sobre todo, el futbol o en su defecto cualquier otro deporte. El deporte más popular del mundo despierta sentimientos en sus aficionados de todo tipo, los guiones de los partidos siempre pueden cambiar y, por esto mismo, el futbol es a final de cuentas y como lo dijo Valdano, “lo más importante entre las cosas menos importantes”.

Por lo anterior este deporte genera una pasión que para muchos parecerá desmedida, incomprensible y generadora de un desgaste innecesario. Pues ser un fanático verdadero toma tiempo, a veces quita el sueño y, por la naturaleza del deporte, en incontables ocasiones enfrentará al aficionado con la decepción y el desasosiego. Naturalmente, existirá la otra cara de la moneda, la del éxtasis, la de la incredulidad cuando se ve a un ídolo romper a una defensa y meter el gol del gane; la de la felicidad que en ocasiones se siente inmerecida cuando tu equipo logra lo que parecía imposible. Existe una cierta nobleza en apasionarse por un equipo, pues ser hincha del futbol es un irrenunciable sube y baja de emociones en el que la única constante para los devotos es la camiseta.

Tan sólo de ejemplo está la semana del Barcelona en la que un miércoles quedó eliminado de Champions para el domingo ganar un partido importantísimo contra el Real Madrid en el último minuto con gol de Messi, la mina que sigue dando alegrías a los barcelonistas. Del abismo a la gloria en cuatro días. Hay semanas por las que crees morir en el futbol.

Este bienestar es tal vez comparable con el que sentirán los fanáticos de la lectura o de alguna serie televisiva cuando ven a su personaje favorito triunfar, al igual que la tristeza cuando algún otro pierde la cabeza. Los seguidores asiduos de Game of Thrones comprenderán esta sensación perfectamente.

La pregunta es si no será mejor vivir en el aparador y ser parte del público casual que disfruta del futbol, pero cambia sus alianzas conforme cambian las fortunas de los equipos. Ser de los que gustan de ver un partido sin sufrir por el resultado y sólo alegrarse de la calidad del mismo. Sin las angustias, muchos dirán que esto es incuestionable. A los apasionados se les asemejará a disfrutar un buen vino, más nunca embriagarse, pues nunca sufrir también significa nunca saborear algo enormemente.

Naturalmente, siempre tiene que existir un límite a la pasión y no dejar que escale a otros niveles, pues siempre hay cosas más importantes. Pero sobre todo es aún más importante que la indiferencia siempre se mantenga sólo frente a lo baladí y no alcance todos los niveles de la vida. Esto porque la indiferencia se acerca peligrosamente a la inanición espiritual y no hay nada peor que eso. Hoy más que nunca es importantísimo que lo anterior no suceda.

La disputa entre la comodidad de la indiferencia y el vaivén del fanatismo se transmite a todo y siempre parecerá atractivo el camino del desapego que te distancia por siempre de la decepción. Sin objetividad alguna, como apasionado al deporte y a las historias, me decanto siempre por la vida incierta como aficionado con todo lo que conlleva, bueno y malo. Aunque honestamente, también habrá días en los que se querrá ser inmune a la tristeza que causa la derrota y optar por la comodidad del eterno indiferente, pero con la siguiente victoria se olvida este momento de duda y hace que todo valga la pena.

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El Imperio Contraataca

New England Patriots' Tom Brady hoists the Vince Lombardi Trophy after the NFL Super Bowl 51 football game against the Atlanta Falcons Sunday, Feb. 5, 2017, in Houston. The New England Patriots won 34-28 in overtime. (AP Photo/Eric Gay)

Por Ernesto Gómez – @EGH7

Los Patriotas de Nueva Inglaterra acaban de lograr la mayor remontada en la historia de los Súper Tazones. Su quinto en diecisiete años y segundo en tres. La más grande dinastía deportiva en Estados Unidos. Todo esto de la mano de las únicas tres constantes en este equipo: Bill Belichik, Tom Brady y el cambio. La gestión del primero con su mente maestra, agregada al brazo ejecutor del segundo, han hecho del éxito una garantía en una liga que labora a favor de la paridad y contra el triunfo prolongado.

El partido fue épico, tal vez la mejor final de la historia. Comenzó con los Patriotas cometiendo todos los errores posibles para perder un partido. La ofensiva no entraba en ritmo y, cuando lo hizo, entregaron el balón dos veces, costándoles en la réplica 14 puntos. El juego terrestre no daba ningún resultado. La defensiva no lograba frenar a Jones, Freeman y Ryan. Al medio tiempo el panorama era negro, 21-3 lideraban los Halcones. Aumentaron su ventaja a 28-3 en el 3er cuarto y ya se sentían campeones. Pero al final del día Atlanta aprendió una dura lección: nunca des por muerto a los Patriotas de Nueva Inglaterra, el equipo mejor preparado de toda la liga.

Todo lo que estuvo fallando empezó a resultar. La ofensiva empezó a encontrar el camino, la defensiva sacó jugadas grandes y los errores y jugadas fortuitas se voltearon a favor de los Pats. El momento cambió cuando la defensiva recuperó un balón suelto de Matt Ryan que resultaría en un touchdown de Tom Brady. La defensiva frenó a los de Atlanta una vez tras otra para darle oportunidad a Brady de hacer lo que hace y así, desafiando a lo posible, los Patriotas empataron con la ayuda de una atrapada increíble de Julian Edelman.

New England Patriots' Julian Edelman, rear right, catches a pass during the second half of the NFL Super Bowl 51 football game against the Atlanta Falcons, Sunday, Feb. 5, 2017, in Houston. (AP Photo/Charlie Riedel)

Habría tiempo extra por primera vez en la historia del gran juego y hasta el volado le dio la suerte a los de Foxborough. De 3-28 a 34-28 se movió el marcador y así empató Nueva Inglaterra a San Francisco y Dallas en títulos (sólo superados por Pittsburgh con seis). Robert Kraft, el dueño del equipo, dijo a la hora de recibir el trofeo Vince Lombardi que este era el más dulce triunfo de su vida.

Fue un enorme viaje hasta aquí para los Patriotas y, sobre todo, para su estrella Tom Brady. Empezó la temporada suspendido los primeros cuatro juegos y volvió para poner la marca del mejor índice histórico de anotaciones contra intercepciones (28-2) y culminó rompiendo el récord de más yardas aéreas en la historia del Súper Tazón, ganando su cuarto reconocimiento como el Jugador Más Valioso de la final (otro récord). Esta es la gran venganza de Brady, el chico que por poco no fue drafteado en el 2000, el que se ha dedicado toda su carrera a callar bocas, que creció admirando a Joe Montana y ahora lo supera como el QB más ganador de todos los tiempos. Michael Bennett –derrotado por Brady hace dos años en esta instancia– lo dijo “Brady ya sólo persigue fantasmas, se persigue a sí mismo.” Ahora más que nunca esto es cierto, pues el número 12 ya no deja lugar a dudas de que es el mejor jugador que ha puesto pie sobre una cancha. Contra todos los pronósticos, siempre con una sed de ganar y con una pasión enorme por el juego, Tom Brady ha escalado su posición a nuevas alturas, dejando en el retrovisor a Montana, Bradshaw y a su contemporáneo Peyton Manning. Esta campaña de campeonato se podría argumentar que fue un poco representativa de lo que ha sido su carrera, siempre remando a contracorriente, perdiendo a Gronkowski en la semana 10 y decidido a levantar el Lombardi frente a Roger Goodell, el hombre que se empeñó en suspenderlo. En el pasado quedaron los fantasmas del Deflategate y de las derrotas contra los Gigantes. Ahora a Brady sólo le queda agrandar su leyenda.

El otro enorme consagrado es Bill Belichick, el primer entrenador en jefe que logra cinco títulos. Ya considerado como uno de los mejores, ahora Belichick deja su testamento como el mejor creador de una cultura ganadora. Convirtió a esta franquicia en el modelo a seguir de la liga, sentando un estándar de éxito con base en el trabajo y la preparación. Inauguró The Patriot Way e instituyó el motto ultimado del trabajo en equipo “Do Your Job”. Con la filosofía de que nadie es irremplazable (más que Tom Brady, por supuesto) y de que, haciendo tus labores para colaborar a la causa, ha logrado empujar siempre a sus jugadores a su techo. Es conocimiento universal en la NFL que, si no das el 110% en Nueva Inglaterra, no durarás mucho tiempo ahí.

Esa filosofía traslució en la adversidad de hoy. Los Pats nunca bajaron la cabeza y se llevaron al límite de la mano de un Brady inspirado, una defensiva que hizo todas las jugadas correctas e incluso una atrapada de las imposibles que en el pasado le arrebataron la gloria a este equipo. Un partido inolvidable.9_ErnestoGomez

Nadal y Federer, un Clásico Instantáneo

Australian Open Tennis

Por: Ernesto Gómez – @EGH7
Imágenes de AP

Este domingo el mundo del tenis estuvo de fiesta. Rafael Nadal y Roger Federer, los grandes rivales y amigos, se volvieron a enfrentar en una final de Grand Slam. La novena se ha dado entre dos de los mejores tenistas de la historia, que protagonizan una de las más fuertes rivalidades del medio, comparable solamente con la que cada uno tiene con Novak Djokovic, el gigante que ha dominado los últimos años.

Hasta el 2011, Nadal y Federer fueron los dos nombres propios del tenis, acaparando casi por completo el deporte y peleando siempre en el número uno y dos del ránking mundial. Djokovic, las lesiones de Nadal, y las bajas de rendimiento de Federer, vendrían a romper su racha ganadora y a alejarlos por momentos de la gran escena. Ambos volverían al número uno del mundo (Federer en el 2012 y Nadal en el 2013), pero no retomarían su rivalidad como en antaño.

Se enfrentaron con mucho y poco que perder al mismo tiempo. Pues estar aquí, cuando nadie lo apostaba, ya era ganancia. Llegaron ranqueados número 9 Nadal y 17 Federer, muy lejos de sus posiciones acostumbradas a la hora de encontrarse. Comprobaron que sus carreras aún tienen que ofrecer y levantaron la mano para competir el resto del año contra la hegemonía de Murray y Djokovic. Por otro lado, ambos podían reafirmar aún más sus legados: Federer conseguiría su 18vo Grand Slam y ampliaría su brecha sobre su perseguidor, el mismo Nadal que estaría ganando su 15vo, rompiendo el empate que tiene con Pete Sampras.

Ya lo anunciaba El País “El tiempo se detiene en Melbourne, donde al tenis le ha dado un ataque de nostalgia y por mirar atrás, hacia el pasado.” Para los que siguieron el deporte blanco durante la década pasada, el partido, tan sólo con el cartel, representó exactamente eso: una vuelta al pasado, a la nostalgia. Pues estos dos titanes del deporte no se veían las caras en un escenario así desde la final de Roland Garros en el 2011 (donde el triunfo fue para el español). Esperamos seis años para volver a ver el gran clásico que comenzó su historia hace más de una década cuando un Federer ya consolidado como el mejor del mundo se vino a topar con un joven Nadal que lo eliminaría del Masters de Miami con tan sólo 17 años de edad. A partir de entonces forjaron una rivalidad con estadísticas impresionantes, siendo este su duelo número 35 y dejando en el pasado partidos inolvidables como la final de Wimbledon del 2008 -considerado el mejor partido de la historia del tenis- que se llevó Nadal en cinco sets.

Australian Open Tennis

El duelo se anticipaba memorable, tal vez el más importante en la carrera de cada uno. Probó ser exactamente eso: un clásico instantáneo, una pelea épica a cinco sets que evocó las de antaño no sólo por el cartel, sino por el juego que se vio en la Arena Rod Laver. El partido arrancó con un Roger concentrado en imponer su estilo, buscando el tiro ganador pronto y evitando el peloteo prolongado que beneficia a Nadal. Rafa, por su lado, hizo esfuerzos impresionantes para responder cada bola y contener el asalto de Federer. Cada quien tiró de lo que sabía, Federer de su clase y su revés y Nadal de su resiliencia y pasión por la épica en los partidos grandes.

En dos ocasiones Nadal remontó estando un set abajo para mandar el partido a un quinto y, en este último, fue a Federer a quien le tocó remar a contracorriente para llevárselo. Arriesgó más y, despejado de sus fantasmas contra Nadal (registro de 12 ganados contra 23 perdidos), se hizo de un Grand Slam más para su registro, rompiendo los pronósticos de la mayoría, que apostaba que ya se había quedado en 17. Más monumental aún, considerando que el suizo tiene 35 años.

Me aventuro a decir que al final del partido Federer no era el único con lágrimas en los ojos. Los dos se felicitaron extensivamente, contentos de haberse encontrado una vez más. “No te vayas Rafa. El tenis te necesita”, le dijo Federer a Nadal cuando recibió el trofeo. El deporte necesita siempre a caballeros y superdotados como estos dos. Independientemente de las inclinaciones personales de cada quien, el domingo, quien ganó más fue el tenis.

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Emociona la vuelta de Rafa y más considerando que el próximo torneo grande es donde forjó su leyenda, Roland Garros. Emociona también que el grande inmediato al de París es Wimbledon, el santuario de Roger. Está por verse hasta donde extienden su legado este par de históricos. De momento, un brindis por Australia que nos llevó al pasado glorioso y un brindis por Roger Federer, campeón del primer gran torneo del año, atemporal maestro del tenis.

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México en Río: ¿estamos fracasando?

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Alexa Moreno. Gimnasia, México.

Por: Ximena Mata – @XimenaMataZ

Concluye la primera semana de competencias en Río 2016 y México todavía no cosecha medallas. Varios de los medallistas en ediciones anteriores se han quedado en el camino –notablemente en clavados, tiro con arco y fútbol- y la crítica de millones de mexicanos se ha dejado venir al grado de insultos y amenazas. Es hora de poner un alto.

Primero, los deportistas que están en Río merecen nuestra admiración y respeto. Ninguno está ahí porque “le regalaron el pase” o “por cubrir una cuota”. Las reglas de participación en cada deporte están definidas por sus federaciones mundiales y, les aseguro, todos los mexicanos que compiten en estos Juegos pasaron por un arduo proceso eliminatorio. Simplemente están entre los mejores del mundo y por eso están ahí.

Segundo, todos los que compiten en los Juegos Olímpicos aspiran a ganar, de eso no hay duda. Pero la carrera por las medallas no empieza el día de su prueba, sino años atrás durante su preparación. Aunque el día de la competencia existan condiciones de igualdad entre los atletas, lo cierto es que durante su preparación no hay tal cosa. Los países con mayores recursos y/o mayor compromiso con el deporte le invierten más y mejor a sus atletas, por lo que llegan con mayores posibilidades de ganar. Pero en países como México, ganar una medalla es más bien un mérito del atleta y de su familia, que una consecuencia de la estrategia nacional del deporte. Por eso es que debemos aplaudir a talentos como Alexa Moreno que han llegado muy lejos en deportes en los que México poco ha figurado.

Tercero, a los que exigen medallas a los atletas mexicanos y juzgan participación sin haber pisado una pista, cancha, tatami, y sin haber sentido la presión de un país bajo sus hombros, los invito a guardar silencio. O bien, los invito a ir por las medallas ustedes mismos. A México le hacen falta más deportistas y menos tuiteros pseudoexpertos en deporte olímpico.

Que no quepa duda: yo también estoy tristísima con los resultados del país y tengo el himno atorado como un nudo en la garganta. Pero en la crítica desinformada no está la solución. Al ver el medallero de México vacío, todos sentimos una profunda tristeza e indignación. Creo que no hay culpables, pero sí un responsable, y se llama Alfredo Castillo.

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Alfredo Castillo. Director de la CONADE

Alfredo Castillo es el director de la CONADE, organismo que se encarga de promover el deporte a nivel nacional. Ante las críticas sobre la actuación de México en Río, Castillo se ha encargado de dar respuestas desafortunadas y culpar a los jueces, a las lesiones, a la edad de los atletas, a un conflicto añejo con la FINA, en lugar de enfrentar el problema de fondo: México no le ha apostado lo suficiente al deporte. Pero qué otra respuesta puede dar quien opina que la CONADE es una agencia de viajes, y quien tiene escasa o nula experiencia en el deporte, pues su trayectoria ha sido en la procuración de justicia, el derecho penal y el combate al narcotráfico.

Los propios atletas se han quejado del trato de Castillo y del desempeño de la CONADE durante este último año. Aida Román, medallista de plata en Tiro con Arco en Londres 2012, asegura que “se le ha tratado como delincuente”; Rodolfo Cazaubón, golfista en Río, se quejó de la falta de apoyo ante el extravío de sus bastones de golf; y el equipo nacional de boxeo tuvo que salir a “botear” para juntar recursos para ir al mundial de la especialidad, luego de que la CONADE le recortara presupuesto a su federación.

No, no hay culpables, pero sí un responsable, porque el titular de la CONADE, sea Alfredo Castillo o quien venga después, tiene que asumir el rol que le toca: promover el deporte nacional, fomentar el semillero de talentos, regular los excesos de las federaciones deportivas nacionales, y facilitar a los atletas de alto rendimiento el camino hacia la gloria olímpica.

México no ha fracasado en Río y todavía es temprano para hacer un balance general. Pero no debemos perder el ánimo y mucho menos atacar a quienes están portando dignamente la camiseta de un país que les ha quedado a deber.

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http://rio2016.com.org.mx/atletas/paginas

http://www.animalpolitico.com/2016/08/las-frases-de-alfredo-castillo-sobre-mexico-sin-medallas-en-rio-2016/

https://inteligenciaindependiente.com/2016/03/11/la-indignacion-de-los-mexicanos-sin-bandera/

http://www.proceso.com.mx/450589/la-conade-una-agencia-viajes-busca-medallas-alfredo-castillo)

http://aristeguinoticias.com/2708/kiosko/explota-aida-roman-contra-alfredo-castillo/

https://www.facebook.com/espnfans.mexico/videos/1119521501439053/?pnref=story

http://www.record.com.mx/mas-deportes-amateur/boxeadores-mexicanos-botean-para-ir-al-mundial

Fotos

http://mexico.as.com/mexico/2016/08/10/masdeporte/1470781436_331061.html

http://conexos.com.mx/alexa-la-gimnasta-mexicana-criticada-por-sus-compatriotas/

 

Juegos Olímpicos “in a Nutshell”

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Por: Ximena Mata – @XimenaMataZ

La fiesta más grande del deporte mundial acaba de comenzar. Cuatro años tienen que pasar para que podamos reír, gritar, festejar, llorar, cantar el himno nacional  viendo a nuestros atletas sudar la camiseta de México. Cuatro años me parecen una eternidad, porque desde que tengo memoria siempre esperé con ansias esas dos semanas de verano en las que todo es deporte en el ambiente. Pero antes de que empiece esta fiesta y todos gritemos “México, México” frente a la pantalla, y pretendamos ser expertos en cada deporte en el que participe nuestro país, esto es lo que hay que saber sobre los Juegos Olímpicos de verano:

Los Juegos Olímpicos (y no Olimpiada, que se refiere al periodo de cuatro años que pasan entre unos Juegos y otros) comenzaron en Atenas en 1896, cuando el francés, Pierre de Coubertin, revivió una antigua tradición griega del siglo VIII a.C. -por cierto, en la ciudad de Nemea aún se celebra cada cuatro años una carrera al viejo estilo en la que participa gente de cualquier edad y de cualquier parte del mundo, con el único requisito de ir descalzos y cubiertos con una túnica blanca-. Los primeros Juegos Olímpicos de la era antigua se celebraron en la ciudad de Olimpia, donde ahora se encuentra la Academia Olímpica Internacional. Hace algunos años tuve la fortuna de representar a México en la Academia, encargada de promover los valores del olimpismo en todo el mundo, y ahí entendí que los Juegos son mucho más que un espectáculo para unos y un sueño para otros; son en realidad una herramienta para el desarrollo de las personas, un instrumento para el respeto y amistad entre los pueblos, y un camino para la tregua y la paz.

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Los Juegos se han realizado desde entonces cada cuatro años, con la excepción de 1916, 1940 y 1944 a causa de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Esta será la segunda vez que se realicen en un país Latinoamericano. La primera vez fue México 68, y ahora será Brasil el encargado de recibir a más de 10 mil atletas de 206 países, que del 5 al 21 de agosto se disputarán la gloria olímpica en 42 modalidades deportivas.

La delegación mexicana estará compuesta por 124 atletas que participarán en 23 deportes diferentes: atletismo, bádminton, boxeo, canotaje, ciclismo, ecuestre, esgrima, futbol, gimnasia, golf, judo, levantamiento de pesas, lucha, natación (aguas abiertas, nado sincronizado, clavados), pentatlón moderno, remo, taekwondo, tenis de mesa, tiro, tiro con arco, triatlón, vela y voleibol (sala y playa). Se recomienda seguir de cerca a los clavados, el tiro con arco y –por supuesto- al taekwondo. Aquí participarán atletas con amplísima experiencia, como es el caso de Paola Espinosa, Aída Román y María Espinosa. Pero lo cierto es que vale la pena dejarse sorprender por el talento mexicano que cada cuatro años nos regala una medalla o una historia inesperada.

¡Qué disfruten los Juegos!

https://www.olympic.org/about-ioc-institution

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El Caudillo y el Forastero

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

La noticia cayó como un balde de agua fría. Minutos después de una derrota agónica en la final (una más en su carrera defendiendo los colores de su selección) Lionel Messi, la súper estrella del futbol mundial, anunciaba su retiro del fútbol internacional de selecciones: “se terminó para mí la selección; no se me dio, era lo que más quería, pero creo que ya está” dijo a reporteros estupefactos que esperaban ansiosos alguna declaración.

El destino del rosarino y tal vez el juicio definitivo que buena parte del mundo hará de su brillantísima trayectoria deportiva, estará siempre condicionada por el tamiz de la odiosa comparación que se hace siempre con otro genio de la historia del deporte: su connacional Diego Armando Maradona.

Hay, ciertamente, paralelismos que pueden trazarse entre los número 10 más sobresalientes de la historia futbol argentino: bajos de estatura, zurdos, regate y gambeta explosiva. Cada uno en su época, deslumbraron al futbol mundial al punto de que para muchos uno u otro son considerados los mejores en haber jugado el deporte más popular del planeta.

Maradona, fiel a su estilo carismático e irreverente, siempre fue percibido como un cabecilla capaz de amalgamar a un grupo de jugadores a su alrededor y desafiar, siempre desafiar: las reglas, a la FIFA, sus dirigentes, con las piernas o con la boca el caudillo no dejó nunca de retar. La confrontación siempre resultó ser su hábitat natural y ante la misma casi siempre resultó victorioso. Es inevitable no ver esta peculiaridad para entender el grado de idolatría que genera en Argentina.

Messi: discreto, taciturno, cauto y reservado. Se ha limitado a deslumbrar dentro de la cancha, nunca se ha caracterizado por su descaro sin un balón en los pies. Es, por temperamento, imposible para él acaudillar a un grupo de futbolistas como sí lo hizo Maradona.

Pero hay una condición que define—injustamente—su relación con el aficionado de su país. Nacido y desarrollado como talento deportivo en su país, el progreso futbolístico de Diego lo hizo parte del medio futbolístico sudamericano. Por el contrario, Messi llegó como un meteóro caído de Europa, rodeado de elogios en Barcelona, en España y en el mundo.

Los inobjetables logros de Messi a nivel de clubes, hicieron creer que con el tiempo iba a merecer el primer puesto en la historia del fútbol, replicar a pie juntillas los logros de Maradona. A falta de resultados, y del muy particular carisma de Diego, Messi empezó a ser visto con sospecha. Argentino, ciertamente, pero criado y desarrollado del otro lado del charco, presentado como el farsante sucesor de Maradona.

Y tal vez la diferencia más notable entre ambos explique el por qué—injustamente—se infravalore lo que Messi ha significado para el futbol argentino; exigirle de más, atribuirle a él, en solitario, responsabilidades que también han sido de compañeros incapaces de hacer diferencia en momentos cruciales, en tres finales agónicas, (recordemos que todas se fueron al alargue) y en todas se fallaron ocasiones clarísimas de gol.

Rusia, si se anima, será la última llamada para su consagración, dependerá de él, pero sobre todo de aficionados y compañeros, transformar una carga individual, en una responsabilidad colectiva. Ojalá, así sea.

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Los 20 Mejores Atletas de los Últimos 20 Años

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Por: Ernesto Gómez – @EGH7

Vivimos en una época privilegiada en lo que respecta al deporte. En los últimos años, hemos podido ser testigos de las hazañas deportivas de muchos de los mejores atletas de la historia. La mayoría de ellos, se han convertido en íconos de la cultura popular: figuras de acción, mercancía con sus nombres etc. Son las caras que vemos en los comerciales de todos los días, abanderado una y otra marca, ayudándoles a generar ingresos multimillonarios.

Es difícil ranquear a estos atletas, sobre todo considerando que practican deportes distintos. El criterio que se tomó en cuenta es: qué tan abrumador fue o es el dominio de éstos en su disciplina, la cantidad de títulos o medallas obtenidas y, en su caso, la capacidad de cargar a un equipo sobre su espalda. Naturalmente, los atletas de práctica individual logran establecer más claramente su dominio que los que participan deportes de conjunto. Se intentó ser lo más objetivo posible, considerando que también tengo mis favoritos dentro de la lista. No se incluyeron atletas femeninas, al no conocer lo suficiente del tema. Tampoco se incluyó a ningún deportista que se haya visto seriamente involucrado en polémicas de dopaje ni a deportistas cuyo legado aún está por escribirse (ahem Steph Curry). Por último, cabe mencionar que hay eventos en curso y pendientes que podrían cambiar el orden de esta lista al consagrar aún más a presentes o ausentes.

Cualquier comentario o sugerencia en lo que respecta a los presentes, ausentes y su orden son bienvenidos. Ahora, poniéndolo en las palabras de Elliot Harrison “let the dissension commence”.

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20. Deion Sanders: el único hombre en la historia que ha disputado un Súper Tazón y una Serie Mundial, también el único que anotó un touchdown e hizo un home run la misma semana. Primetime Sanders es probablemente el atleta más completo de esta lista. Uno de los mejores regresadores de patadas que se han visto en la NFL y un jugador como pocos que han pisado una cancha.

New York Yankees v Boston Red Sox

19. Mariano Rivera: el mejor cerrador de la historia del béisbol. Mariano Rivera fue clave para que los Yankees lograran ganar cinco Series Mundiales, además de tener el récord histórico de salvadas (652). No sin motivo Sandman fue el último jugador en usar el número 42 después de que se retirara en toda la MLB en honor a Jackie Robinson. Un jugador inolvidable que cambió el puesto de cerrador para siempre.

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18. Floyd Mayweather Jr.: Money, el boxeador más prolífico de la historia y uno de los más polémicos por su arrogancia y su estilo considerado “aburrido”. Mayweather fue campeón del mundo en cinco categorías distintas y se retiró invicto en el 2015 después de 49 victorias logradas con base en una técnica depurada y movimientos sobre el ring que le permitieron controlar siempre sus peleas.

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17. Zinedine Zidane: autor de uno de los goles más memorables de la Champions y de una de las acciones más polémicas de los Mundiales. El francés era un mago del futbol que hacía jugadas que nos dejaban con la boca abierta. Uno de los inolvidables galácticos del Real Madrid. Su magia llevó a Francia a ganar una Eurocopa, un Mundial e incluso a sus 34 años llevó a los bleus a otra final en Alemania antes de su inolvidable última acción como futbolista. Ahora como entrenador ya llevó al Madrid a ganar la undécima y está por verse qué más podrá lograr.

France Tennis French Open

16. Novak Djokovic: el serbio completa la tríada que se ha adueñado del tenis en la última década. Entre él, Nadal y Federer han acaparado trofeos como no se había visto antes y han protagonizado en sus enfrentamientos directos las rivalidades más encarnizadas del deporte blanco. Nole tiene unos nervios de acero que junto a su talento lo han hecho parecer invencible en muchas ocasiones y, por lo tanto, el gran dominador de los últimos tres años.

Italy Soccer Champions League Final

15. Cristiano Ronaldo: una mezcla de velocidad con pegada, gambeta y juego aéreo extraordinarios, agregados a una ambición y carácter que lo hacen un competidor feroz y una máquina de goles como ninguna que se haya visto. CR7 lleva siendo la portada de todos los diarios deportivos desde que ganara la Champions en el 2008—esto cuando en la portada no está Messi. Ronaldo ha logrado hacerse un lugar en el olimpo del futbol con base en su esfuerzo y talento y será recordado siempre junto a Messi, la otra cabeza de esta generación futbolística duopolizada.

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14. LeBron James: el nombre más famoso del baloncesto desde el retiro de Jordan. James llegó a la NBA con 18 años de edad y una enorme presión mediática sobre sus hombros. Parte del mérito del autodenominado “Rey James” es haber logrado alcanzar las expectativas de quién se esperaba que fuera. Lo que lo hace tan grande es la capacidad de cargarse un equipo al hombro por su sed insaciable de ganar. Recién firmó su pase a una sexta final consecutiva de la NBA con la esperanza de lograr su tercer anillo y reafirmar su ya notable legado.

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13. Michael Schumacher: el expiloto alemán es considerado por muchos como el mejor de la historia de la Fórmula 1. Sus siete títulos (mayor cantidad en la historia) y numerosos récords sin duda le avalan. Schumacher es el tipo de competidor que se volvió la cara de su deporte, la razón por la que la popularidad de la F1 aumentó durante los inicios del siglo.

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12.Kobe Bryant: ganador en cinco ocasiones de las Finales de la NBA y tercero en la lista histórica de anotadores de la liga. Recién se retiró este año anotando 60 puntos en su último partido, ejemplificando en su despedida exactamente quién fue a lo largo de su brillante carrera. Polémico desde sus inicios por su duro carácter, Bryant supo anteponerse a todos sus detractores para demostrar su calidad que lo hizo imprescindible para los Lakers.

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11. Rafael Nadal: sin duda uno de los tenistas más combativos que ha tenido el deporte. Su mando incomparable sobre la arcilla se hace incuestionable cuando se toman en cuenta sus 9 títulos de Roland Garros. Si a esto le agregamos que es uno de los dos tenistas que han logrado el Golden Slam (ganar las Olimpíadas y los cuatro Grand Slams), queda claro que el balear es de los más notables de la historia e incluso se podría argumentar que si hubiera logrado alejar las lesiones de su carrera, sería ya el mejor de todos los tiempos.

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10. Peyton Manning: el recién retirado campeón del Súper Tazón 50 es inolvidable para todos los que hemos visto la NFL en los últimos 15 años. Nadie ha roto los registros de temporada regular como él, siendo el líder histórico en yardas y pases de anotación. Jugador Más Valioso de la liga en 5 ocasiones, el rey de la temporada regular. Enloquecía a las defensas con su legendaria habilidad para cambiar la jugada y ajustar segundos antes de sacar el balón. Creo que su gran rival Tom Brady lo puede decir mejor que yo: “Cambiaste el juego para siempre e hiciste a todos a tu alrededor mejores.”

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9. Jerry Rice: el receptor que encumbró a dos de los mejores quarterbacks de la historia de la NFL. Talentoso por naturaleza y dedicado como pocos en la historia del deporte. Se cuenta que en su juventud trabajaba de albañil y practicaba atrapando ladrillos, diciendo que atrapar balones era como atrapar almohadas. Y si de atleticismo se trata, es posible que sólo un hombre en esta lista lo supere.

Roger Federer

8. Roger Federer: no podría faltar Su Majestad, el ganador de 17 Grand Slams, el mejor de todos los tiempos del deporte blanco. Federer, al igual que Tiger Woods, tiene el récord de semanas consecutivas y en total siendo el número uno del mundo. Un hombre que hace hermoso el tenis, con su juego agresivo y rápido que lo coronó sobre el césped de Wimbledon 7 veces (otro récord) y que lo ha hecho protagonista de dos de las mejores rivalidades que ha visto el tenis.

Tom Brady

7. Tom Brady: la combinación perfecta entre ambición, cabeza y talento. Nadie ama el deporte como el número 12. Thomas Edward Patrick Brady Jr. es el quarterback que quieres en tu equipo si te quedaran dos minutos para remontar un Súper Tazón. Todos los registros de postemporada le pertenecen, un hombre que nació para ganar en el football americano y que lo ha hecho en 4 de los 6 viajes que ha hecho al Súper Tazón. Sobreponiéndose a todos los pronósticos—¡fue de las últimas elecciones en el draft del 2000!—Tom Brady es discutiblemente el mejor jugador de toda la historia de la NFL.

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6. Lionel Messi: el número seis no podía ser otro que el ganador de cinco Balones de Oro. Lionel Messi lleva diez años siendo la cara compartida del futbol, catapultando al Barcelona a ser el equipo más triunfador de la última década, metiendo goles en cantidades que antes se creían imposibles. Messi es el tipo de jugador que nació para ser futbolista, un talento único e irrepetible que trasciende a las estadísticas (y vaya que las suyas son dignas de mencionarse) y que lo sitúa como uno de los mejores de la historia del futbol. En mi opinión, el mejor.

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5. Tiger Woods: el hombre que volvió a popularizar el golf. Hace siete años—antes de todos los escándalos que mancharon su carrera y bajaron su rendimiento para siempre— Tiger estaba en todo: videojuegos, bebidas, comerciales, palos de golf, gorras, etcétera. Su cara vendía tantísimo porque este hombre hacía parecer fácil sus logros. Inolvidable su triunfo en el Masters de 1997 y todos los 13 Majors subsecuentes. Tiger tiene el récord de más semanas seguidas y en total como número uno del mundo, además de haber ganado en 11 ocasiones el premio al Golfista del Año, otro de sus muchos récords. No se confundan por su situación actual, Tiger Woods es una leyenda del deporte.

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4. Wayne Gretzky: el apodo The Great One no viene en balde. Gretzky es el líder histórico de asistencias y anotaciones de la NHL, considerado el mejor de la historia del hockey sobre hielo, deporte que avasalló como un rey por 20 años. El único jugador de la historia en anotar 200 puntos en una sóla temporada—proeza que logró en 4 ocasiones. Posiblemente el jugador más dominante de la historia de los deportes de conjunto. Sus 60 récords vigentes hablan por sí solos.

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3. Usain Bolt: dueño de los récords de tiempo en los 100 metros planos, 200 metros planos y 400 metros planos en carrera de relevos. Cuando no se hablaba de Phelps en el 2008, se hablaba de Bolt y sus logros increíbles. El jamaiquino se ha dedicado a hacernos dudar acerca de lo que es humanamente posible cuando se trata de velocidad, rompiendo sus propios récords de tiempo una vez tras otra. Tan sólo intenten correr 100 m en 9.58 segundos para ver de qué les hablo.

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2. Michael Jordan: considerado el mejor de la historia del baloncesto, un ícono de la cultura popular en los años noventa, ganador de seis títulos de la NBA, en fin, la lista sigue. His Airness fue un triunfador nato que por años convirtió a sus oponentes en posters cuando clavaba el balón por encima de ellos. Su imagen es tan lucrativa que a la fecha la marca Jordan creada por Nike genera millones de dólares al año.

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1. Michael Phelps: en el verano del 2008 era el nombre más hablado en el mundo por sus 8 medallas de oro de 8 posibles en Beijing. Nadie nunca ha dominado un deporte como este hombre la natación. Con un total de 22 medallas acumuladas en tres justas olímpicas, es el atleta olímpico más triunfador de la historia. En enumerar sus récords se me irían muchas líneas, pero vale la pena buscarlo para dimensionar de quién estamos hablando.

También dignos de mención son los siguientes atletas: Xavi Hernández, Andrés Iniesta, y Ronaldo Nazário (fútbol); Pete Sampras y Andre Agassi (tennis); Shaquille O’Neal, Tim Duncan y Allen Iverson (basquetbol); David Ortiz, Derek Jeter y Ken Griffey Jr. (beisbol); Valentino Rossi (Moto GP); Sébastien Loeb (rally); Rob Gronkowski, JJ Watt, y Ed Reed (futbol americano).

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Foto Creds:

  1. Phelps xjarj.net
  2. Jordan Taringa.net
  3. Bolt ap
  4. Gretsky gettyimages
  5. Tiger greatest sporting moments
  6. Messi ap
  7. Tom Brady ap
  8. Federer ap
  9. Jerry Rice interceptado.com
  10. Manning stampedeblue.com
  11. Nadal ap
  12. Kobe ap
  13. Schumacher agencias
  14. LeBron James ap
  15. Cristiano Ronaldo ap
  16. Djokovic ap
  17. Zinedine Zidane fifa.com
  18. Mayweather USA Today
  19. Mariano Rivera Gettyimages
  20. Deion Sanders Gettyimages

Stephen Curry: el nuevo Rey de la NBA

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Por: Uriel Gordon – @Urielo_
Imagen: Time

“A muchos de nuestros héroes deportivos nos los venden con base en sus niveles de habilidades súper humanas. Pero muy de vez en cuando, nos toca experimentar a uno que combina estos dotes superiores físicos con humildad y gracia”.– Misty Copeland, Primera bailarina principal afroamericana del American Ballet, sobre Stephen Curry en la revista Time.

Oakland California, Diciembre 2011. Me encuentro con mi papá en la Oracle Arena, la casa de los Warriors del Golden State. El equipo al que se enfrentan son los Knicks de Nueva York; el partido no promete mucho: ninguno de los dos equipos está en su mejor momento. Sin embargo, me emociona que veré jugar a la súper estrella de los Knicks, Carmelo Anthony y, aunque no dimensiono, también me llama la atención que observaré a Stephen Curry, la joven promesa de los Warriors. Al momento del calentamiento, nos percatamos que Curry viste traje negro y una camisa blanca: no va a jugar; está lastimado.

Una vez que arranca el partido, mi atención se enfoca principalmente en Carmelo Anthony, pero es de notar la labor que realiza Curry desde la banca: apoya a sus compañeros, aunque él no está comandando a su equipo en la cancha; se levanta de su asiento para aplaudirles, a pesar de que presenta una lesión en el pie; se comporta como un profesional. Me hace pensar a la clase de jugador que me estoy perdiendo de ver en la duela.

Tan sólo cuatro años después, Curry se convierte en el Jugador Más Valioso de la NBA, rompe el record de triples en una temporada y lleva a su equipo al campeonato. En 2016, vuelve a ser nombrado como el Jugador Más Valioso, conduce a su equipo a romper el record de juegos más ganados en una temporada con 73. Es un espectáculo observarlo, ver lo escurridizo que es, admirar su juego creativo, su capacidad para anticipar los movimientos del contrincante, asombrarse ante su capacidad para recibir pases y disparar inmediatamente con precisión, a una larga distancia. De acuerdo con la revista Life & Style, tarda 0.3 segundos en lanzar el balón; Curry valora el tiempo como muy pocos, el poder que tienen los instantes.

“Un segundo es el momento más valioso de una noche. Puede tener guardada para ti la oportunidad que siempre esperaste”, dijo en entrevista con la revista.

Steph sin duda nació con talento e inteligencia. No obstante, es alguien que no da por hecho las cosas, que trabaja y se esfuerza para ser mejor cada día. Parte de su entrenamiento, según constata el portal Business Insider, radica en pararse frente a una pared llena de luces que simula los movimientos que se dan en la cancha.

“Las luces hacen mímica de lo que sucede en la cancha. Si hay un defensor en frente de mi, tengo que saber dónde se encuentra y también estar listo para iniciar cualquier movimiento que realizaré”, dijo Curry.

Así es como el basquetbolista busca mejorar su técnica para conducir el balón: entrena, estudia el juego; no lo subestima. En el momento que se está escribiendo este artículo el equipo de Curry se encuentra en la semifinal del campeonato de la NBA. ¿Podrá llevar a su equipo al segundo título consecutivo? Es algo que veremos pronto, pero independientemente de eso, se disfruta ver a un jugador que ha desafiado al deporte, que ha impuesto un estilo, en palabras de Misty Copeland, con “humildad y gracia”, un estilo que seguirá dando de que hablar.

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Juegos Mentales

Final US 94

Por: Uriel Gordon  – @Urielo_
Imagen: http://www.bbc.com/sport/football/26931123

“Antes de que me fuera a las finales, mi maestro budista espiritual me dijo que enfrentaría muchos problemas y quF´e todo, se decidiría en el último minuto. En ese momento, no me di cuenta que su predicción sería muy precisa”.

Roberto Baggio en su autobiografía Una Porta Nel Cielo-

Pasadena California, 17 de julio de 1994.- Las banderas ondean; los gritos, aplausos y suspiros dictan la tónica del ambiente. Llegó la hora de la verdad, el momento para definir al campeón del mundo: Brasil e Italia se juegan el todo por el todo en la tanda de penales. El torneo, de pronto, se reduce a un instante; tras el gol de Dunga, la Verde Amarela se coloca 3-2 arriba en el marcador; Italia está en desventaja; otro tiro fallido y el viaje habrá terminado. No obstante, si hay alguien que puede mantener con vida a la Squadra Azzurra es el delantero Roberto Baggio, la estrella de la selección italiana, el ganador del Balón de Oro de 1993. Había hecho una gran papel en el Mundial; todo indica que está destinado a ponerse la camiseta de héroe para salvar a su equipo y hacerlo respirar.

Es un momento complicado; la multitud en el Estadio Rose Bowl está vuelta loca; los ruidos son ensordecedores; la presión está sobre Baggio. ¿Qué pensamientos estarán pasando por su cabeza? Con decisión y nerviosismo, agarra la pelota y la coloca en el manchón penal; toma vuelo y se prepara para ejecutar. El mundo lo observa; es la primera final en la historia de las Copas Mundiales que se decide en penales. Baggio entra a otra dimensión del tiempo; los instantes que vivirá lo marcarán para siempre. Se encuentra en el limbo del futbol: sabe que si mete el gol, su equipo tendrá chance de seguir volando; si falla, el sueño se romperá: todo se irá por la borda y la realidad se convertirá en su peor pesadilla.

Suena el silbatazo del árbitro y el número 10 del equipo italiano, comienza a trotar hacia el balón; para el espectador los pasos se ven acelerados; él, tal vez, los percibe como una eternidad. Está a punto de hacer contacto con la pelota y vemos que el portero de Brasil, Claudio Taffarel, instintivamente, se vence hacia el lado izquierdo, buscando adivinar la trayectoria. La pelota sale disparada con fuerza, pero vuela; sobrepasa la altura del travesaño y va dirigida hacia la tribuna. Brasil es campeón del mundo; el estadio se vuelve una samba; los jugadores brasileiros celebran. Baggio agacha la cabeza: Italia pierde la final del Mundial Estados Unidos 1994.

Cuando un partido se define en penales, se dice que es un volado. En cualquier momento, la presión y la suerte pueden inclinarse para cualquier lado de la balanza. En Estados Unidos 94, vimos que el péndulo de la presión jugó a favor de Brasil; vimos a uno de los mejores jugadores del mundo literalmente, volar un penal en el momento más definitorio de su carrera. ¿Qué sucedió?

Cuando llegué al manchón penal, me sentía bastante lúcido; lo más que uno puede estar en ese tipo de situación. Sabía que Taffarel siempre se aventaba, así que decidí tirar hacia el centro, arriba de la media altura para que no pudiera detener el balón con sus pies. Fue un decisión inteligente (…) Desafortunadamente, y no sé cómo, la pelota se elevó tres metros y voló sobre el travesaño (…) Fallé en ese momento; punto. Me ha afectado por años. Es el peor momento de mi carrera; todavía sueño con eso. Si pudiera borrar un momento de mi carrera, ese sería”, recordó Baggio en su autobiografía.

No se trata de juzgar a Baggio, a un jugador de entonces 27 años que no pudo soportar la presión. Los dioses del futbol no existen: el deporte lo juegan finalmente humanos que están llenos de emociones; en cualquier momento, la confianza se puede transformar en miedo; los aciertos y los errores forman parte de nuestra naturaleza. Por supuesto, se dieron muchos factores que detonaron el error de Baggio, pero podemos asumir que internamente la mente le jugó chueco: perdió concentración y voló el balón.

Ante este tipo de situaciones, el escritor del portal Slate, Stefan Fatsis, quien también es autor del libro A Few Seconds of Panic: A Sportswriter Plays in the NFL planteó, en entrevista con businessindiser.com, que el truco para vencer el pánico es encontrar una manera de aislar nuestra mente y de enfocarnos en la tarea que debemos realizar.

“Hablas con psicólogos del deporte y ellos te dicen que todos los grandes atletas hacen esto: tienen un lugar a donde se van y se enfocan; tienen una frase que repiten constantemente para hallar un camino para bloquear la presión y enfocarse en la tarea que han hecho millones de veces antes”, dice Fatsis.

Suena fácil escapar de la presión pero, sin duda, bloquearla es una tarea complicada; a todos nos puede traicionar la mente en los momentos definitorios, que son los que, a veces, definen la gloria o la derrota en los capítulos de nuestras vidas. Hoy recordamos a Roberto Baggio como uno de los grandes del futbol, pero también lo recordamos injustamente, como el jugador que llevó a Italia a la derrota, cuando el futbol claramente es un deporte que se gana o se pierde en equipo.

Los hechos deben ser juzgados en su respectiva proporción y otra vez, “errar” es humano. Si nos llega a suceder una situación similar a la de Baggio, ojalá aprendamos de ella y actuemos con madurez, sin perder la cabeza. Este tipo de madurez es la que se esperaba que mostrara el Jugador Más Valioso de la NFL al perder el Super Bowl 50, Cam Newton. Sin embargo, la frustración se apoderó de él. Esto fue lo que sucedió:

Faltan 4:16 minutos para que acabe el partido. Carolina pierde por seis puntos. Sin duda, no ha sido un juego fácil. El quarterback de las Panteras de Carolina, Cam Newton, ha sido golpeado constantemente; tuvo una temporada de ensueño, pero la defensiva de los Broncos de Denver lo ha opacado y no ha podido demostrar por qué le otorgaron el premio al Jugador Más Valioso de la liga. No obstante, todavía hay tiempo y Carolina está a un touchdown; el equipo se encuentra en la yarda 23 de su campo; es tercera oportunidad y nueve yardas por avanzar. Cam saca el balón; es jugada de pase; Newton está a punto de lanzarlo, pero llega el defensivo Von Miller, el verdugo que lo ha perseguido toda la noche; le arranca la pelota; es balón suelto. Denver lo recupera y se pone en posición de anotar; touchdown: los Broncos ahora se colocan 14 puntos arriba. Prácticamente ya no hay tiempo; Cam lo sabe. Desde la banca, mira con ojos de impotencia lo que sucede. Momentos después, lo vemos haciendo berrinche y dando de pataletas en el pasto. Carolina pierde el partido.

Llega la conferencia de prensa y Cam enfrenta a los medios. Con arrogancia y frustración, les dice que su equipo volverá al Super Bowl. Las preguntas siguen y él trae la cabeza agachada; mira poco a los reporteros, trae una mirada pérdida: uno de los hombres más carismáticos de la NFL está totalmente apagado. Viene otra pregunta; no aguanta, suspira, se levanta y abandona la conferencia de prensa. La prensa se queda incrédula.

Al respecto, Deion Sanders, comentarista de NFL Network y miembro del Salón de la Fama, criticó de forma atinada, la actitud infantil de Cam: la gravedad de no saber lidiar con el fracaso.

“Tú (Cam) eres la cara de nuestra marca en este momento. No puedes hacer esto (…) Entiendo las emociones que se desatan al perder, pero no puedes hacer esto. Un (Peyton) Manning, un (Tom) Brady… todos estos hombres, que son el prototipo de un mariscal de campo en nuestro juego, nunca van hacer esto (…) Te abres para que te critiquen más”, dijo Sanders al respecto.

Aunque no es nuestro papel juzgar a Cam y ponerlo en el banco de los acusados, hay que tener siempre en mente que nuestra actitud ante la derrota, también dice mucho: perdió la cabeza, fue presa del juego mental del fracaso y en ese momento, no supo salir con la dignidad que se esperaba de alguien de la talla de él, del Jugador Más Valioso de la Liga.

Ante las experiencias de Baggio y Cam, nos queda recordar que podemos ganar nuestros propios juegos mentales: superar el fracaso con madurez, vencer el pánico cuando nuestra mente y cuerpo se conectan plenamente, en paz y con sintonía, en el momento que nos toca vivir. No nos dejemos convertir en presas de esos juegos mentales que transforman los momentos clave en pesadillas que nos cazan y nos persiguen en nuestros sueños. Por supuesto, no es una tarea fácil. Ojalá Cam haya sacado una lección de vida sobre su derrota; ojalá Baggio con su madurez y perspectiva duerma hoy, después de más de veinte años, más tranquilo.

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