Segundo Piso: Vialidad Ineficiente

Segundo Piso

Por: José Luis Aquino – @aquino_33
Imagen: “De Molay” – http://www.panoramio.com/photo/468122

Cuando me despierto tarde para ir a clases me respalda la tranquilidad de poder llegar de manera rápida a la universidad utilizando la Autopista Urbana Sur, conocida popularmente como el segundo piso del periférico. Es necesario mencionar que el tramo de 15 kilómetros que tengo que recorrer tiene un costo de 20 pesos, monto absurdo si tenemos presente que el salario mínimo actual es de aproximadamente 70 pesos por día. O peor aún, si la media de un profesionista en el Distrito Federal es de 366[1] pesos diarios. Quizá el problema radica en que no todos los ciudadanos del área metropolitana son tan afortunados como yo. Me parece extraño poder subir al segundo piso a las siete de la mañana y olvidarme del tráfico que inunda a la Ciudad de México durante esas horas. Sí, por momentos es hermoso sentir el fresco amanecer de la ciudad circulando a 80 km/h escuchando música en mi automóvil particular. Pero después me doy cuenta de que en realidad este México no puede ser tan sencillo, no puedo (el problema es que sí puedo pero no debo) quedar exento de la lentitud, torpeza y caos vial que se vive en la ciudad tan sólo por el hecho de tener más dinero que otros. Aunque el problema vial de México viene desde muy atrás, creo que podemos enfocarnos en entender los problemas actuales y las soluciones tan necesarias que requiere la ciudad. Las estrategias para mejorar la vialidad, el fomento del transporte público, y el aumento del transporte colectivo de autogestión (taxis, combis), han ido de la mano de la corrupción y de un mal desarrollo urbanístico.

La construcción del llamado segundo piso es un buen ejemplo de cómo el desarrollo urbano en México ha sido distorsionado de diferentes maneras. Por un lado, la corrupción ha participado en este proceso de “modernización vial”. De acuerdo a grabaciones difundidas por El Diario[2], altos directivos de OHL (empresa española de construcción) han inflado artificialmente las cifras de circulación en la Autopista Urbana Norte para así poder comenzar la segunda etapa 2016-2018; a la cual se le podría dar inicio al alcanzar un flujo de 55,000 autos al día, lo que nos habla además de la carencia de demanda por las vialidades de cuota. Basta con escuchar estas grabaciones para entender con qué crudeza la búsqueda del beneficio personal a costa del bienestar social afecta nuestro desarrollo no sólo urbano, sino humano. Además, la supuesta solución al ahogo vial es sumamente ineficiente. Expertos en movilidad aseguran que estrategias como la implementación de pasos a desnivel y las vías rápidas de circulación sólo fomentan un mayor uso del automóvil ocasionando nuevamente un exceso de demanda por las vialidades. A este efecto se le conoce como demanda inducida. Algunos países han optado por la creación de vialidades alternas, que le permitan a los usuarios elegir entre diferentes rutas sin obligarlos a tomar el mismo camino para llegar a un destino único.

Por otro lado, también se trata de reducir el uso del automóvil particular, reemplazándolo por medios de transporte colectivo o vehículos no motorizados. El uso excesivo del vehículo motorizado genera una gravísima externalidad negativa como lo es, por ejemplo, el daño al medio ambiente. Actualmente, el 81%[3] de los vehículos para transporte en la Zona Metropolitana del Valle de México son automóviles privados.

De acuerdo a estudios realizados en el Programa Calidad del Aire, los vehículos de esta zona son la principal fuente de contaminación atmosférica. Mientras las últimas encuestas han comprobado que transportar a una persona en un automóvil particular consume 50 veces más espacio que en el transporte público, la ocupación promedio por automóvil es de 1.2 personas. Esto nos habla del alto costo en bienestar social que ocasiona la falta de un sistema de transporte público adecuado. Esta externalidad sólo se puede corregir (volvemos a lo mismo) mediante la desincentivación del uso del automóvil. El Instituto de Políticas para el Transporte y Desarrollo (ITDP) ha insistido en que el fomento de la movilidad no motorizada es una buena opción. Otra posible forma de reducir el uso del automóvil es mediante un impuesto por kilometro recorrido en vías de alto congestionamiento para corregir las externalidades negativas ocasionadas por el uso del automóvil.

Es absurda la construcción de un segundo piso si lo que buscamos es un desarrollo urbano vial más justo y democrático. Sobre todo si eso fomenta el uso del automóvil particular, que ocupa el 80% de las vialidades y transporta únicamente a un 11% de la población. No nos debemos enfocar solamente en el desarrollo más eficiente que debería tener la capital en cuanto a movilidad, también debemos analizar las nuevas formas en que se consigue un correcto desarrollo urbano. Debemos replantear el modelo vial y el desarrollo estructural de la ciudad. Mientras más tardemos en realizar un cambio profundo, menores serán nuestras posibilidades de convivir en una ciudad que nos implique un alto costo en bienestar.

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[1] http://archivo.eluniversal.com.mx/finanzas-cartera/2014/impreso/cinco-estados-concentran-los-salarios-mas-elevados-107715.html

[2] http://www.eldiario.es/economia/Varias-grabaciones-OHL-Gobierno-Mexico_0_385311613.html

[3] http://www.fimevic.df.gob.mx/problemas/1diagnostico.htm (véase tabla)

[4]http://www.semarnat.gob.mx/archivosanteriores/temas/gestionambiental/calidaddelaire/Documents/Calidad%20del%20aire/Proaires/ProAires_Anteriores/9_ProAire%20ZMVM_2002-2010.pdf

 

Diseñadores en el Gobierno: Una Fuerza de Política Pública

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Por Sofía Bosch – @sboschg

En estas fiestas de fin de año, mi familia y yo hicimos de la Ciudad de México a Manzanillo 9 horas en carretera. En este largo trayecto tuvimos mucho de que hablar. Desde los nuevos discos del año, los libros que se nos antojaba leer, los chismes del trabajo (además de los familiares) y también tuvimos un buen rato para discutir sobre nuestros propósitos de año nuevo, entre los cuales por supuesto estaba la cantidad de veces que iríamos al gimnasio apenas empezara el año.

No quiero caer en clichés o lugares comunes con esto, pero la verdad es que cada año sí me propongo un par de cosas que nunca acabo cumpliendo. Llevo años prometiéndome que finalmente voy a dejar el cigarro y eso nunca pasa, o que me compraré un CD de alemán para aprenderlo en los cientos de horas que paso en el tráfico, y eso tampoco sucede, finalmente el ya mencionado “iré al gimnasio todos los días” y bueno, definitivamente ese nunca lo he cumplido. Pero el 2015 fue diferente.

Al empezar el año pasado, me propuse hacer algo concreto, un proyecto, que involucrara al Laboratorio para la Ciudad y a los diseñadores de las otras dependencias del Gobierno del Distrito Federal. Esta vez el propósito fue como una bocanada de aire fresco. No era algo que sintiera como un peso, o que fuera en contra de mis deseos. Al revés, me apasionaba, era lo que más quería hacer. En ese momento no tenía idea de lo que sería o cómo lo haría pero decidí que mis esfuerzos tenían que ser dirigidos hacia esa meta. Armada con mis teóricos del diseño favoritos: Felix Guattari, Tony Fry, Bruno Latour y Jane Bennett, además de mis fantásticas colegas diseñadoras en el Lab, Ana y Daniela, armamos un programa llamado Diseño para la Ciudad.

El programa engloba una serie de conferencias, talleres y retos, que tienen como objetivo integrar poco a poco conceptos complejos de diseño dentro del gobierno. Estos conceptos (como el human-centered design, el diseño especulativo o el diseño de servicios) proponen nuevas aportaciones por parte del diseñador. Muchas veces estas oportunidades vienen ligadas a una mayor participación en los procesos de creación de algún proyecto o política pública. Alimentan una mayor injerencia por parte de los diseñadores en las metodologías de trabajo, además de un prototipado rápido, el cual permite probar los proyectos en el campo de acción. Este proceso de prueba y error, concede el perfeccionamiento y mejoramiento de los resultados que impactarán la vida diaria de los ciudadanos.

El saque inicial del programa se dio entonces con el Primer Encuentro de Diseñadores de Gobierno que tuvo lugar en agosto del año pasado.

Contactamos a 86 dependencias del Gobierno de la Ciudad, además de a las 16 delegaciones, para que sus diseñadores asistieran al encuentro. En la reunión, se dio una pequeña plática de lo que es el design thinking, término que se acuñó en los años 70 y que se ha popularizado en la última década, y su impacto dentro de estructuras gubernamentales. El design thinking propone un proceso empático, analítico y etnográfico en la búsqueda de soluciones innovadoras a problemas complejos (a lo que en inglés se refieren como wicked problems). Estos problemas se han vuelto tan enredados que una resolución por medio del diseño tradicional no es factible.

Aunado a esto, lo que se buscó fue la creación de una comunidad de diseño dentro del gobierno más concreta. Muchas veces, diseñadores trabajando en una misma dependencia no se conocen ni comparten sus preocupaciones e intereses. Queríamos que este encuentro se convirtiera en un lugar para ello. No sólo nos impresionó la asistencia de los diseñadores (acudieron más de 120), además, nos motivaron sus ganas de trabajar para crear una mejor ciudad.

Muchas de sus preocupaciones estaban ligadas a las herramientas de trabajo. En cantidades se acercaban a pedir que se hicieran más tipos de eventos como éste, que se fomentaran los talleres y diplomados, ya que a muchos les encantaría seguir aprendiendo nuevas ramas del diseño a través de su trabajo. Muchos de ellos mencionaban los años que llevaban trabajando para el gobierno, y cómo no lo cambiarían por nada, ya que sabían que era un servicio esencial para la ciudadanía. Muchos otros, jóvenes, se veían motivados, contrariamente a lo que uno pensaría (muchas veces los diseñadores tienen que lidiar con equipos de trabajo que no entienden sus metodologías y que no les proveen de las herramientas tecnológicas necesarias y suficientes –computadoras y software decente).

Fue un increíble convivio en donde diseñadores de las secretarías más grandes de la ciudad como la Secretaría de Salud, la Secretaría de Movilidad, la Secretaría de Medio Ambiente y de Jefatura de Gobierno acudieron. También se presentaron de dependencias en donde uno no imaginaría que un diseñador está presente de tiempo completo como la Suprema Corte de Justicia, la Policía Bancaria Industrial, la Agencia de Protección Sanitaria, el Instituto de Vivienda y la Caja de Previsión de la Policía Auxiliar.

Además del éxito que fue (es la primera vez en la Ciudad de México que hay un encuentro de este tipo para diseñadores de gobierno), también tuvo sus bemoles. Ha sido difícil convocarlos de nuevo. Pensamos que una plataforma digital donde pudieran verter sus reflexiones así como mantenerse en contacto sería una buena idea, por lo cuál creamos el sitio web de Diseño para la Ciudad . En esta plataforma teníamos ideado un espacio tipo foro que fuera la continuación del encuentro. La idea era que pudieran escribir sus preocupaciones y hasta recibir apoyo o consejos de otros diseñadores por ese medio. Pero resultó que no. Honestamente (uno tiene que aprender de sus errores) es que no fue nada popular y un foro digital no llamó la atención.

Y es así que regreso a mis propósitos del 2016.

Este 2016 me propongo generar un nuevo interés por parte de los diseñadores, de verdad empezar a crear esa comunidad que Daniela, Ana y yo ansiamos tanto dentro del gobierno. Esa comunidad que haga un contrapeso a las malas decisiones de gobernanza y que genere un nuevo empujón de innovación y creatividad dentro del Gobierno de la Ciudad de México. Esa comunidad a la cual le interese ir más allá de diseñar posters y andenes de metro rosas, que quiera ver cambios tangibles en su ciudad. Me propongo generar una visibilidad del impacto que tiene un diseñador en las decisiones que se toman dentro de gobierno. Y esta vez, prometo que haré absolutamente todo por cumplir. En un año veré qué tal me fue.

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Un Nuevo Tipo de Diseño para México: Crítico y Social

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Por: Sofía Bosch – @sboschg

En México, la concepción del diseño y del diseñador sigue siendo la desarrollada en los años 50. Durante esta década, se generó una transición hacia un diseño publicitario y comercial, completamente volcado hacia un consumismo voraz. El diseño a principios de siglo –como un fin decorativo y artesanal– era reservado para las clases altas, para los estratos sociales que podían darse el lujo de pagar por tapices, grabados y mobiliario fino. Después de la Segunda Guerra Mundial un cambio radical en el mundo del diseño se dio, no únicamente se había dominado la producción en masa con nuevos materiales (nuevos polímeros y plásticos fáciles de manejar), pero la profesión del diseñador tomó poco a poco un rol efímero y banal en la toma de decisiones de los productos y artefactos que se generaban.

Ideas como la obsolescencia planeada surgieron en el vocabulario de diseñadores industriales (el cual significa diseñar algún artefacto con una vida de uso corta para que el consumidor se vea obligado a reemplazarlo y comprar uno nuevo). Diseñadores gráficos empezaron a dedicarse al diseño de cartel y de empaque para productos de la vida cotidiana. Diseñadores textiles redujeron la calidad de su producto para que encajara con nuevo estilo de vida “rápido” y a corto plazo de la sociedad de consumo.

En los años 60 y 70, en contrapeso a este nuevo rumbo del diseño, se dieron a conocer las primeras publicaciones y manifiestos reclamando un diseño que velara por el bien social y ecológico. Les preocupaba que la profesión se convirtiera únicamente en el combustible de un consumismo rampante. Las angustias se centraban sobretodo en las posibles consecuencias políticas, sociales y ambientales que esto podría tener. Es la primera vez que se habló de un diseño sustentable así como de un diseño crítico y social. Manifiestos como el First things First fueron publicados y abriendo el espectro de lo que se esperaba de los diseñadores, les otorgó una nueva voz.

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Estos nuevos rumbos fueron un parte aguas, permitiendo que en las últimas décadas se gestaran nuevas corrientes de diseño. Desde el design thinking de IDEO hasta el diseño especulativo de Fiona Raby y Anthony Dunne, el diseño ya no se ve ni se considera como un proceso de embellecimiento al final de la creación de algún objeto, artefacto o servicio. Justamente, el rol del diseño ha dado un giro de 360 grados. Lo que hoy se busca es un diseño holístico, que más allá de un resultado estéticamente atractivo, tenga todo un proceso de investigación y entendimiento de las necesidades del usuario. Por medio de este proceso, arraigado en la etnografía y nuevas metodologías creativas, el diseñador puede llegar a resultados mucho más precisos dadas las necesidades sociales. Por supuesto, el diseñador no puede hacerlo sólo, por lo que trabajar en equipos transdisciplinarios es imperativo para tener buenos resultados en este nuevo giro en la profesión.

Gracias a estas nuevas visiones es que el diseño tiene un gran potencial de insertarse en el gobierno. Es en el proceso de creación de políticas públicas que el diseño puede aportar una visión, además de nuevas metodologías de trabajo, que permita resultados innovadores y un alejamiento de lo común. Ese común que en el pasado no ha funcionado (por ejemplo, en temas de movilidad, los segundos pisos para automóviles).

En el gobierno el diseñador puede no únicamente trabajar en equipos de diversas profesiones y antecedentes, puede también traer a la discusión nuevas formas de resolver problemas complejos. El diseño por definición trata de resolver las necesidades del usuario y muchas veces las decisiones tomadas dentro del gobierno hacen de todo menos concentrarse en el ciudadano. Un ejemplo de este tipo de inserciones es el Behavioural Insights Team, en Reino Unido. Un equipo de diseñadores, sociólogos, antropólogos y psicólogos, que se dedican a mejorar los servicios públicos por medio de análisis e investigación centrada en la experiencia del usuario, el núcleo de la investigación del diseño.

En México hay un gran potencial para este tipo de investigación. Es imperativo que los diseñadores se integren en los procesos de creación y de toma de decisiones dentro de las diferentes dependencias de gobierno para tener mejores resultados a nivel calle. El primer paso para que esto suceda tendrá que verse en las aulas universitarias. Sin una educación de calidad en temas de diseño social, no se puede pensar en una colaboración de calidad con el gobierno. Se necesita elevar el nivel de preparación en las universidades. No existe una sola licenciatura o maestría en el país que taclee este tipo de temáticas y prepare a los diseñadores del futuro.

En el Laboratorio para la Ciudad existe un programa llamado Diseño para la Ciudad que intenta, por medio de pequeñas intervenciones con diseñadores de gobierno como de sociedad civil, afrontar estas nuevas problemáticas. Hay que reflexionar sobre lo que se le está ofreciendo como diseñadores al país y su futuro.

¿Qué puede aportar el diseñador a las decisiones públicas? ¿Cómo se puede motivar a una nueva generación de diseñadores a que se dediquen al diseño de mejores servicios y de mejores bienes públicos? ¿Cómo se hace del gobierno un lugar atractivo para el desarrollo creativo?

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Imágenes

Crédito foto de la Ciudad de México:
Google Earth (2015). maps.google.com.mx

First Things First Manifesto