Café Society

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Por: Andrés Hernández – @andreshf5

“El aspecto visual de Café Society y las actuaciones son adorables. Los placeres de esta comedia ligera, escrita y dirigida por Woody Allen, compensan su predictibilidad.”

Rotten Tomatoes

No, no creo que un spoiler alert sea necesario para lo que voy a escribir. Al final se trata de una película de Woody Allen, y cualquiera que haya visto alguna de sus más de 40 películas, sabe que va a encontrar infidelidades, muerte, un componente de suerte y mucho jazz. Café Society no es la excepción.

La última película de Woody Allen se sitúa en los años 30 en la escena cinematográfica de Hollywood. Bobby, el protagonista interpretado por Jesse Eisenberg, se muda de su natal Nueva York a Los Ángeles, buscando probar suerte en la industria del cine. Su contacto es su tío Phil, interpretado por Steve Carell–aunque originalmente este papel estaba pensado para Bruce Willis, Carell se desenvuelve bien aunque con el mismo personaje serio y amargado de siempre, que parece querer distanciarse del icónico Michael Scott (The Office).

Bobby se enamora de Vonnie—Kristen Stewart—, una mujer tímida que se esconde detrás de su belleza simple y desaliñada—aunque, afortunadamente, en este caso Stewart no juega el rol soso que hizo en Twilight, sino más bien se asemeja a las divas que se enamoran del intelectual interpretado por Woody Allen en sus otras películas. Al respecto, en la primera parte de la película, Eisenberg tuvo desplantes iguales a los del mismísimo personaje de Woody Allen. Bobby tiene un encuentro desafortunado con una prostituta que llega tarde a la “cita”. Desconcertado y en forma de monólogo, Bobby asegura que nunca ha encontrado placer en este tipo de transacciones monetarias. Una reflexión ejecutada por Eisenberg al más puro estilo de Allen, con la espalda encorvada, alterado, ansioso, neurótico pero carismático, que mueve las manos y habla rápidamente, usando términos complejos.

No es la primera vez que un actor hace el personaje de Woody Allen, lo hizo también, aunque sin mucho éxito, Will Ferrell en Melinda and Melinda. Por otra parte, existen ejemplos exitosos como Cate Blanchet en Blue Jasmine y a Larry David en Whatever Works. Aunque en el último caso se podría hablar de una combinación de George Costanza (Seinfeld)—que a su vez está basado en el mismo Larry David—y Woody Allen.

En el caso de Café Society, las reflexiones hechas normalmente por Woody Allen son repartidas entre los padres judíos de Bobby, su hermana y su cuñado—el típico escritor de izquierda liberal que cuestiona la existencia—, y por el mismo Woody Allen, en su calidad de narrador. Aunque esto debilita a los personajes, que no se enfrentan a las crisis existenciales que enfrentaron los protagonistas de Matchpoint o Crimes and Misdemeanors, al final parecen cuestionamientos más naturales. Además, el narrador impregna a los personajes con una dosis de complejidad cuando los describe. En este caso se escucha una voz Allen más bien lenta, como si no quisiera que el espectador lo identificara, o como si estuviera simplemente cansado. Finalmente, tiene más de 80 años y, no es por ser alarmista, pero cada película que hace podría ser la última.

Café Society no ofrece una fórmula nueva. Woody Allen tiene muy bien identificadas sus filias y fobias, y éstas siguen plasmadas en su última película: El sinsentido de la vida es lo que la hace tan especial y por eso vale la pena vivirla. Sobre muerte y religión, la segunda se vuelve más y más relevante conforme se acerca la primera. Las religiones que aseguran la vida después de la muerte son especialmente atractivas. No obstante su edad y cercanía inminente con la muerte, sus creencias sobre religión no han cambiado, y considera que la religión no es más que una “fantasía creada para permitir a la gente apaciguar el dolor de la realidad de su existencia”.[1]

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Concuerdo con Rotten Tomatoes, Café Society es una comedia ligera y predecible. Sin embargo, creo que su valor no radica en los personajes o el guión, sino en la forma en que se cuenta la historia. Destacaría la frivolidad ilustrada del ambiente de Hollywood y el enfrentamiento histórico entre las dos metrópolis principales de Estados Unidos: Nueva York y Los Ángeles. Aunque estoy seguro que para Allen Los Ángeles perdió antes de empezar, le hace justicia y, como acostumbra, retrata un ambiente donde uno siempre quiere estar. Quizás es la melancolía o el Jazz impregnados en el ambiente de la película, pero uno sale de ahí confundido, sin saber si quiere comprar un traje beige y vivir en el Hollywood de los 30, donde todo parece desenvolverse en sepia o con tonos bañados en oro. O bien, comprar un frac y vivir el glamour de Manhattan del periodo entre guerras; la época de los clubes y cabarets posteriores a la prohibición, lugares llenos de magia como el Café Society.

No sabemos si tenemos Woody Allen para rato,—Manoel de Oliveira dirigió su última película a los 105 años, eso nos daría al menos 25 películas más si Woody Allen sigue con este ritmo—, pero lo que estoy seguro es que al haber encontrado la forma de conjugar el jazz, el cine, Manhattan, la infidelidad y la suerte, ha encontrado una salida para conseguir la inmortalidad en sus películas.

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[1] Galloway S. (04 de mayo, 2016). The Woody Allen Interview (Which He Won’t Read). The Hollywood Reporter

Fuente de Imagen: Screencrush.com

 

Vivir en Tiempos de Incertidumbre

 

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“May you live in interesting times”

-Maldición china según J. Chamberlain

宁為太平犬,莫做亂离人

[Es mejor ser un perro en tiempos de paz, que un humano en tiempos de caos]

-Expresión china

 

Por: Andrés Hernández – @andreshf5

La primera expresión la escuché en alguna clase mientras estudiaba en la universidad; pareciera como un premio de consolación de los apasionados de la historia ante tiempos de incertidumbre. Sin embargo, la frase es una interpretación del diplomático británico Joseph Chamberlain y su hijo, Sir Austen Chamberlain, sobre una maldición china contra sus enemigos, en donde “tiempos interesantes” es un eufemismo de incertidumbre.

Según The Economist, se espera “alta volatilidad en los mercados financieros, un nuevo Primer Ministro para el Reino Unido y muchos años de incertidumbre muy costosos” como resultado de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, el Brexit.[1] Esto dará pie a que vivamos tiempos interesantes y a que tengamos conversaciones interesantes.

En 2009 viví en Lisboa con un compañero de departamento alemán (llamémoslo Peter). Él estudiaba derecho y era parte del programa de intercambio académico de la Unión Europea (UE), Erasmus. Yo estudiaba economía y estaba de intercambio. Muchas veces cenamos juntos, y platicando intentábamos resolver el mundo. Aunque ahora vivimos en continentes distintos, hemos conservado la amistad y de vez en cuando nos escribimos para seguir discutiendo lo que sucede en el mundo. Como era de esperarse, el Brexit no pasó desapercibido, y la última vez que platiqué con él, tuvimos una de esas conversaciones interesantes que estos tiempos de incertidumbre nos permiten tener. Platicábamos del discurso de Obama en su última visita a Alemania, de hace unos dos meses. Le dije que lo viera y me contestó lo siguiente:

Otro gran discurso de Obama, pero creo que tenemos que encontrar una narrativa nueva para mantener a Europa unida. Creo que tiene razón, hace bien en señalar los puntos del pasado donde Europa ha salido adelante, pero ese mensaje no va a ser suficiente para disuadir a los británicos de abandonar la UE, ni para disuadir al resto de los europeos de votar por propuestas populistas.  

Ahí está el caso del bloqueo de los holandeses hacia el avance del tratado de la UE con Ucrania. La gente sigue culpando a la UE por cualquier cosa, sin que tenga que ver con el régimen actual. Los británicos no van a quedarse en la UE por escuchar el pasado glorioso de Europa; creen que si se separan se van a convertir en Suiza o en Noruega y, por lo tanto, creen que no necesitan de la UE. Prácticamente en todos los países existen partidos en contra de la UE y veo muy complicado cómo revertir esa tendencia. Parece que Obama tampoco ha encontrado cómorevertirla.”

Le respondí y pasaron unos meses, lo felicité por su cumpleaños y le pregunté sobre el Brexit. Aunque me tomé unas libertades al traducirla, su respuesta fue más o menos ésta:

“Muchas gracias por la felicitación! Al menos el Brexit sirve para darle continuidad a la conversación de hace unos meses. No sé qué vaya a pasar, pero estas son las narrativas que he visto en los medios:

 

  • Una nación decidió “tomar control” y volver a ser “independiente”.
  • El Primer Ministro británico, que intentaba silenciar a sus adversarios políticos con una apuesta política muy arriesgada, fracasó en el intento.
  • Los ingleses viejos y pudientes destruyeron el futuro de los jóvenes que votaron por la permanencia.
  • No es el fin de la UE. Es el fin de Gran Bretaña porque Escocia e Irlanda del Norte votarán a favor de su independencia.

Algunas de las narrativas podrán estar equivocadas, pero como habíamos hablado del populismo me gustaría platicar sobre lo que está detrás del Brexit. Como lo veo yo, en Europa, las ideas liberales de integración económica y política, así como de libre mercado, flujo de personas, y derechos humanos internacionales ya no son inspiradoras. Incluso, para algunas minorías, estas ideas podrían llegar a ser amenazantes porque consideran que, en las últimas décadas, el libre mercado y la integración económica se han traducido en la pérdida de sus trabajos y en mayor migración de gente que no quieren tener en sus países.  

Sin embargo, la mayoría de la gente no ha tenido una experiencia realmente negativa con respecto a la UE. A pesar de la crisis de los últimos años, a la mayoría de los británicos, franceses, holandeses y alemanes les está yendo bien. Tienen trabajo y acceso a bienes cada vez más baratos, y salen de vacaciones a Grecia, Italia y España. Les gusta ver Eurovisión y mandar a sus hijos a intercambios académicos con subsidios estatales, como Erasmus. Sin embargo, a pesar de esto, las ideas que mantienen a la integración económica y política de Europa ya no les resultan tan emocionantes como antes. Estas ideas son percibidas como nociones abstractas y vagas.

Cuando piensan en la UE, ya no se acuerdan que el proyecto de paz vigente no tiene precedentes en Europa. Se olvidan del proyecto de unión política y crecimiento conjunto. Por el contrario, están pensando en la burocracia de la UE. Piensan en los errores de las políticas nacionales –hechas por los políticos nacionales y que no están relacionadas con la UE–, sobre los cuales es culpada la UE.  

Las ideas de libertad que mantienen a la UE son como una canción de los 90 –una canción que se ha escuchado demasiado y que ya no provoca emoción cuando aparece. La gente quiere escuchar algo nuevo, y desafortunadamente eso nuevo es el populismo. Los miedos que los políticos populistas han implantado en el pensar colectivo no tienen nada que ver con la realidad, pero por alguna razón han logrado permear. Existe una sensación generalizada de fracaso, miedo a lo desconocido y ansiedad sobre el futuro en la mayoría de los países. En los últimos meses he llegado a preguntarme si estaré viviendo dentro de una burbuja. Me he preguntado si seré parte de un grupo de personas que han resultado privilegiadas, mientras el resto de la población ha sido golpeada.

Mi conclusión es que el populismo, el nacionalismo y la xenofobia no pueden explicarse por experiencias genuinamente negativas o de fracaso, sino que han sido provocadas por una cultura de miedo que se ha exacerbado por la difusión mediática del populismo.

No encuentro una explicación racional a esta situación. Tal vez sea el ciclo de la historia que marca una nueva época de ansiedad, nacionalismo y aislamiento, que le sigue a una época de liberalismo y optimismo que terminó. Tal vez sea twitter, tal vez sea el aburrimiento. No sé, pero como dije al respecto del discurso de Obama, sacar a relucir los logros del pasado no será suficiente. Poner de nuevo la canción vieja no va a funcionar. Tenemos que hacer que la gente vea su realidad, las maravillas que ofrece este continente, las riquezas y seguridad, la esperanza que aún existe en Europa y, sobre todo, tenemos que poner un alto a esta ola de neo-nacionalismo.”

Vivimos en tiempos de incertidumbre y a veces creo que sería mejor que no fueran tan interesantes. Parece que la maldición china se ha manifestado sobre nosotros ¿Será mejor ser un perro en tiempos de paz, que un humano en tiempos de caos?

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[1] A tragic split. (2016, junio 24). The Economist

Islandia: Un Experimento Exitoso

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Por: Andrés Hernández – @andreshf5

Los micro estados siempre me han fascinado. Son estados con muy poca población (menos de 500,000 habitantes) y/o extensión territorial (menos de 1,000 km cuadrados). Sus dimensiones los hacen ideales para ejecutar experimentos sociales, culturales o de política pública.

En América, Asia, África y Oceanía son normalmente islas. Sin embargo, en Europa son parte continental en su mayoría. Algunos ejemplos son Mónaco, El Vaticano, San Marino y Liechtenstein. La diferencia entre Europa y el resto del mundo es que, en su afán colonizador, siguen teniendo territorios de ultramar, lo que reduce la existencia de islas soberanas. No obstante, existe una isla europea que consiguió su independencia en 1918 y su soberanía en 1944. Localizado al norte del Atlántico, la que fuera alguna vez una colonia de Dinamarca, hoy es uno de los países más desarrollados del mundo: Islandia. Un país con 330,000 habitantes, segundo lugar en distribución de la riqueza y uno de los 20 países con mayor ingreso per cápita e índice de desarrollo humano –los amargados no tardarán en señalar que también tiene un índice alto de suicidios. Pues sí, en un micro estado si se suicidan 10 personas el índice se te fue a los cielos. Además, no ver la luz del día durante la mitad del año, seguro no ayuda.

Algunos países tienen petróleo, otros minerales, otros trabajan con eficiencia diez horas al día, seis días a la semana. Islandia tiene cráteres, lava, desierto y muchos glaciares que hacen su tierra incultivable; además, está montada sobre dos placas tectónicas (la Norteamericana y la Eurasiática) que se separan constantemente y hacen al país susceptible de temblores frecuentes. La tundra, los campos de lava y el lodo que hierve, elegidos por los vikingos para establecerse, están muy lejos de ser el terreno idóneo para desarrollar un país.

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Hverarönd

Estas condiciones podrían haber sido el pretexto perfecto para la falta de desarrollo; sin embargo, han sido incorporadas por los islandeses de manera ejemplar. La orografía, la abundancia de agua, las cascadas y las fuentes naturales de vapor, han permitido abaratar drásticamente la electricidad en Islandia. Esto ha permitido impulsar la producción y exportación de aluminio –un proceso intensivo en electricidad. Además, a partir del uso de la energía geotérmica y plantas hidroeléctricas, Islandia produce el 100% de su electricidad de fuentes renovables. No conforme con ello, y para combatir el frío de un país que comparte aguas con Groenlandia, utilizan el agua de la tierra para mantener las albercas públicas calientes. De hecho, todos los pueblos, sin importar su tamaño, deben tener una alberca pública; “si eres un pueblo islandés y no tienes una alberca pública, mejor no existas”.[1] Un ejemplo de estas albercas es la Laguna Azul –la principal atracción turística de Reikiavik-, que utiliza agua caliente de la planta de energía geotérmica de Svartsengi. A su vez, la planta geotérmica se abastece del agua del subsuelo que es calentada por una corriente de lava.

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Laguna Azul (Bláa lónið)

A pesar de generar estos avances en materia de energía, Islandia, como todo micro estado, sigue siendo una economía concentrada y muy vulnerable a lo que pasa en el resto del mundo. Para mitigarlo, a partir de la crisis financiera de 2008, el gobierno islandés ha impulsado el turismo como una fuente importante de reservas internacionales. Una vez más, los islandeses han aprovechado los recursos naturales atípicos, en esta ocasión los han convertido en moneda de cambio de atracción turística.

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Reynisfjara

Estoy convencido que Islandia se convertirá en uno de los destinos más visitados en el futuro –ya recibe más de un millón de turistas al año, más de tres veces su población. Existe una carretera que permite darle la vuelta a la isla (creativamente, “carretera número 1”) pasando por un sinnúmero de cascadas, playas de arena negra con formaciones de columnas basálticas, el glaciar fuera de los polos más grande del mundo, los fiordos, géiseres (chorros de agua que salen a presión cada seis minutos por el calor del suelo), cráteres y montañas.

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Jokülsárlón

La magnitud de las atracciones naturales es tan grande, que la exclusión de éstas se antoja imposible sin poner en riesgo su propia existencia. Por lo tanto, han ejecutado un cambio de paradigma, en donde no se cobra una sola corona islandesa por entrar a cualquiera de los parques nacionales. Además, la regulación del turismo no es paternalista. Es decir, no está concebida en el entendimiento del “Big Brother is watching you”; los límites son establecidos por el sentido común –aunque Saramago admitía que era el menos común de los sentidos–, y no por un guardia de colores fosforescentes que te prohíba acercarte a la cascada porque te vas a caer. Los islandeses no tienen la psicosis colectiva de demandas por la falta de cuidado (i.e. duty of care) que se tiene en Estados Unidos, y un letrero con una persona cayéndose de un barranco es toda la seguridad que necesitan.

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Gulfoss

Finalmente, el turista tiene la oportunidad de descubrir Islandia con un alto grado de aventura, sin tener que preocuparse por la pronunciación del volcán Eyjafjallajökull –las cenizas de su explosión inhabilitaron el espacio aéreo europeo por cinco días en 2010–, porque los islandeses, consientes de vivir en un micro estado, han hecho un esfuerzo enorme por hablar inglés.

Un país geológicamente joven, músicos con una presencia internacional creciente (e.g. Bjork, Sigur Ros y Of Monsters and Men), una industria turística pujante, y un gobierno que recientemente tomó posesión –el último Primer Ministro renunció después de protestas por escándalos revelados en los Panama Papers–, serán los elementos del nuevo experimento del micro estado en el norte del Atlántico. Estoy seguro que será exitoso.

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[1] Kois, D. “Iceland’s Water Cure”, The New York Times. (19 de abril 2016).

La “Incompletitud” del Arte

Por: Andrés Hernández – @andreshf5

Alguien dijo que una obra está terminada cuando el artista—unilateralmente—considera que ha cumplido su propósito, expresando una idea o despertando un sentimiento. Por lo tanto, algunas obras que parecieran incompletas, en realidad son obras terminadas, toda vez que el artista ha completado su proceso creativo. Con esto en mente, el MET Breuer—una rama del Metropolitan Museum of Arts que busca mostrar colecciones innovadoras y es albergado en el antiguo edificio del Whitney Museum, diseñado por el arquitecto y modernista Marcel Breuer—abre sus puertas con su exposición “Incompleto: pensamientos visibles” (Unfinished: thoughts left visible). De acuerdo con la curadora de la exposición se busca plasmar la “incompletitud” del arte (“unfinishedness”).

La exhibición es interesante porque muestra dos grupos de obras. El primero incluye piezas efectivamente incompletas, es decir que por alguna razón—guerras, desinterés o falta de tiempo—el artista nunca terminó y nunca exhibió. El segundo grupo es el que para nosotros, simples mortales espectadores no creativos y sin educación formal del arte, parecieran obras incompletas, pero en realidad están terminadas porque el artista considera que el objetivo de su obra se alcanzó y expresa su idea plenamente.

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Portrait of Mariana de Silva y Sarmiento, duquesa de Huéscar (1740-1794). Anton Raphael Mengs – 1775

 

La experiencia del primer grupo de obras es muy rica por la combinación poco común de piezas de taller artístico en un recinto donde normalmente se exhiben obras terminadas. Además del desencaje, la exposición permite identificar la evolución del proceso creativo. La muestra incluye pinturas creadas entre el siglo XVI y principios del siglo XX, y va desde el renacimiento hasta pinturas contemporáneas, al pasar por Tiziano, Klimt, Van Gogh y hasta Warhol. Es común encontrar piezas de estos artistas en los mejores museos del mundo, pero en muy pocos corremos con la suerte de ver testimonios de su proceso creativo.

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Retrato póstumo de Ria Munk III. Gustav Klimt (1017-1918)
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Street in Auvers-sur-Oise. Vincent van Gogh – 1890

El segundo grupo de obras es interesante por la historia detrás de cada una. Por ejemplo, cuando surgieron los impresionistas, algunos espectadores pensaban que eran obras incompletas, pero en realidad los autores estaban satisfechos; el objetivo de sus obras se alcanzaba en el momento en que el espectador se alejaba y percibía la figura que el autor quería representar. Otro ejemplo interesante es “James Hunter el Recluta Negro” pintado por Alice Neel. Esta pieza se elaboró en 1965, a mediados de la guerra de Vietnam, cuando Estados Unidos hubo puesto en marcha un proceso que obligaba a los ciudadanos a enlistarse en el ejército y participar en la guerra. Neel conoció a Hunter y le pidió que posara como modelo; sin embargo, ella ignoraba que Hunter habría sido seleccionado para ir a la guerra una semana después. Cuando Neel regresó a buscarlo, se topó con la sorpresa que Hunter había sido reclutado y no pudo “terminar” su obra. No obstante, la autora decidió que su pieza debería exhibirse así. Se podría inferir que el objetivo se había alcanzado y que ahora es una suerte de protesta contra el proceso de reclutamiento.

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James Hunter Black Draftee. Alice Neel – 1965

En el caso de “San Bartolomé”, Rembrandt desdibuja intencionalmente las ropas, y elige pintar sólo una mano del mártir. Con lo primero logra enfatizar la gesticulación del personaje y, con lo otro, hace que el espectador se concentre en el cuchillo utilizado para la tortura; particularmente, para su tortura. La obra gira alrededor de la muerte de San Bartolomé quien fuera desollado vivo con un cuchillo como el que está sosteniendo. Con su técnica, Rembrandt ejemplifica a los artistas que deciden terminar una obra abruptamente.

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Saint Bartholomew. Rembrandt (Rembrandt van Rijn) – 1957

El movimiento de “incompletitud” también se ha manifestado en la escultura. La exhibición incluye dos piezas de la artista contemporánea Janine Antoni. Según Antoni, las obras de arte nunca pueden estar completamente terminadas porque están en un proceso de cambio constante. Cuando alude al cambio constante, Antoni se refiere al deterioro físico de las obras. Ya sea por descuido o por el mero paso del tiempo, las obras se desgastan, y en ese sentido Antoni considera que nunca están terminadas. A raíz de este pensamiento, decidió hacer dos bustos de autorretrato que han cambiado y seguirán cambiando con el tiempo. Uno es hecho de chocolate y el otro de jabón. No conforme con haber escogido materiales que sufren un deterioro constante, la artista decidió lamer el primero y bañarse con el segundo. Antoni instruyó que ambos bustos fueran exhibidos sin ningún tipo de protección, casi a la intemperie.

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Lick and Lather. Janine Antoni (1993 – 1994)

El MET es aclamado por revivir al arte viejo y hacerlo atractivo, pero adolece en ofrecer propuestas contemporáneas. En realidad no culparía al MET, no debe ser cosa fácil combinar a los artistas más reconocidos y consagrados a nivel mundial con propuestas arriesgadas. De cualquier forma, la exhibición de Incompletitud es una muestra de lo que son capaces de hacer. El nuevo recinto me parece ideal para llevar acabo esta tarea, además que la construcción del museo es una joya en sí misma. Finalmente, la dinámica del museo y sus exposiciones temporales lo dotan de una característica de Incompletitud permanente.

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Amanecer en el Mercado de Pescados: Tsukiji.

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Por: Andrés Hernández – @andreshf5

Son las 03:55 de la mañana. Me levanto e inevitablemente calculo que he dormido menos de tres horas. No puedo quejarme, es mi último día en Tokio y por lo tanto mi última oportunidad de ir a Tsukiji, el mercado mayorista de pescado más grande del mundo. Nos subimos al taxi, un compañero japonés le pide al chofer que nos lleve al mercado -los taxis en Japón son unos coches que no se esperaría ver en uno de los países más vanguardistas del mundo, Toyota Crown YS130, un modelo de mediados de los noventa con los espejos laterales montados a la mitad del cofre, un coche fabricado mayoritariamente para el mercado japonés.

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Llegamos y, encandilados por los reflectores de más de 500 watts, entramos al mercado. Es impresionante la actividad que hay a esa hora. Con mucho cuidado tratamos de caminar por las orillas, porque por el centro pasan unas camionetas que no tienen la menor intención de pararse; el respeto que se tiene por el peatón y el orden que se percibe en las calles de Japón no existe en Tsukiji. En el mercado el peatón es el invasor y si no tiene cuidado lo atropellan. Las camionetas de carga en realidad parecen lavadoras con ruedas, dirigidas por un volante gigante, arrastrando una superficie de metal. Supongo que ese tipo de vehículos fue diseñado para atender las necesidades tan específicas del mercado: un comercio anual de 700,000 toneladas de pescados y mariscos que equivalen a poco más de 5,000 millones de dólares.[1]

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El mercado está compuesto por diferentes niveles, con varios espacios, para distintos propósitos, al final es un edificio que alberga a más de 65,000 empleados. El primer lugar que visitamos, con las lavadoras con ruedas, es el área de descarga, posteriormente entramos a unas oficinas donde se lleva el registro –a pesar de haber un letrero que explícitamente prohíbe fumar, había al menos una docena de japoneses fumando, todos hombres. En realidad, en Japón no se puede fumar en la calle, a menos que esté explícitamente permitido. Después de las oficinas visitamos algunas bodegas donde tienen pescados y marisco vivos, un lugar lleno de gente, frescura, agua corriendo y botas de plástico. La variedad es fascinante. El mercado maneja más de 400 tipos de pescados y mariscos.[2]

Finalmente llegamos a la atracción principal, la subasta de pescados. Aunque en el mercado se subastan diferentes tipos de pescados, el más emblemático es el atún rojo. Precisamente esa fue la subasta que pudimos ver. Tuvimos suerte porque sólo pueden entrar 60 espectadores por día. Pasamos unos treinta minutos en esa bodega. Los primeros quince a veinte minutos los pasamos viendo cómo los compradores evalúan el atún. Si se va a pagar más de $5,000 dólares por un pescado, más vale saber qué se está comprando. De hecho, en la primera subasta del año –la más importante y concurrida de todas–, un atún puede llegar a costar más de $40,000 dólares. Probablemente un precio inflado por la demanda y el prestigio de haber comprado El Primer Atún del Año. En fin, comenzó la subasta con el vendedor tocando la campana, luego sube al banquillo y empieza a gritar. Como en cualquier subasta las ofertas surgen y el que haga la mejor es el ganador. Hay que estar ahí para vivir la emoción de no entender absolutamente nada pero creer saber qué es lo que está pasando, involucrarse y hasta tener un candidato favorito. Es como la primera vez que se va al hipódromo.

A forma de premio por la perseverancia y la paciencia de los occidentales, por no entender nada y recibir empujones, nos llevaron a ver todo el espectáculo desde la azotea. Sin duda vale la pena. Ahí es cuando pienso que los japoneses tienen otra forma de ver la vida. El fenómeno de la isla se hace presente. Japón está hecho para japoneses, así como los Toyota Crown, las lavadoras con ruedas, el doble entendimiento de los espacios públicos con respecto al tabaco, la preferencia por el peatón, el cuidado y descuidado del ambiente. Su entendimiento de las normas y de la realidad sigue un paradigma muy distinto al que tenemos en Occidente, e incluso al que tienen en otras partes de Asia. A pesar de que Tsukiji es un oasis de caos dentro en un país en donde todo funciona a la perfección, es distinto al caos de Mongkok en Hong Kong. En Tsukiji, se ejemplifica el valor de lo tradicional. No es la falta de recursos lo que les impide transformarlo, sino su certidumbre de que esto funciona y no es necesario cambiarlo. Más importante aún, es eficiente según sus cánones de eficiencia. Alguna vez me dijeron que “japonés come japonés”; hice lo propio y empecé mi día comiendo sushi a las siete de la mañana.

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[1] McCurry, Justin (5 December 2008). “Tokyo catch: Fish market bars tourists”. The Guardian.

[2] Heller, Peter (2006) “The Whale Warriors: Whaling in the Antarctic Seas” National Geographic Adventure

Una Historia de Dólares y Petróleo

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Por: Andrés Hernández – @andreshf5

El tipo de cambio es el valor de una divisa en términos de otra. Pesos por dólares, dólares por euros. Algo muy simple que permite a dos agentes intercambiar bienes y servicios entre dos países con divisas distintas. Sin embargo, estas transacciones tienen un impacto considerable en el bienestar de todas las personas, de todos los países, incluso aquellas que no están involucradas en la transacción.

Existen muchos factores que determinan el valor del dólar: tasas de interés dentro y fuera de México; expansión o contracción monetaria; actividad económica; movimiento de los mercados financieros; precios de las materias primas y muchos más. Es difícil saber o cuantificar con precisión el impacto de cada uno de estos factores, por eso prefiero contar una historia que intente explicar el comportamiento de los precios. Una historia sobre lo que ya pasó y no sobre lo que va a pasar.

La historia del precio del petróleo como principal factor explicativo del dólar comienza en junio de 2014, cuando la mezcla Brent costaba $116.2 dólares por barril—en el mundo existen diferentes tipos de petróleo con base en su nivel de densidad (grados API) y contenido de azufre, los cuales impactan su facilidad de extracción y refinación; sin embargo existen referencias internacionales para poder compararlos, la más usada es el Brent (cerca de dos terceras partes del mercado lo utilizan como referencia)—; a partir de ese momento, el precio del petróleo empezó a caer. En enero de 2015 llegó a $48 dólares por barril y un año después cruzó la barrera de los $30 dólares.[1]

El origen de la caída del precio del petróleo es la innovación tecnológica en la extracción petrolera no convencional. Es decir, a partir de extraer petróleo a través de la perforación horizontal—en vez de vertical—y de la fracturación hidráulica (i.e. “fracking”), en Estados Unidos creció dramáticamente la producción petrolera al pasar de 5 a 9 millones de barriles diarios entre 2008 y marzo de 2016.[2] Lo anterior, redujo dramáticamente la demanda americana de petróleo en el mercado internacional. El costo de extracción por barril es más caro en este tipo de yacimientos que el costo en yacimientos de extracción convencional; con esto en mente, los países miembros de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) han incrementado su producción para disminuir el precio, al grado que los productores de petróleo no convencional sean incapaces de participar en el mercado. Un cártel a fin de cuentas.

Mientras caía el precio del petróleo, el dólar se apreciaba frente al peso, pasando de $13.5 en noviembre de 2014 a más de $19.0 a principios de febrero de 2016, justo antes que el Banco de México anunciara su alza en las tasas de interés de referencia.[3]

Pareciera que existe una relación inversa entre el precio del dólar y el precio del petróleo (i.e. baja el precio del petróleo mientras sube el tipo de cambio). En realidad el vínculo se da a través del comercio internacional. Los países tienen perfiles de comercio muy diversos, hay algunos que se concentran en exportar servicios, otros que exportan bienes manufacturados y otros materias primas (e.g. petróleo, minerales). En el caso de México, aunque se trata del noveno mayor productor de petróleo en el mundo,[4] éste sólo representa el 10% del total de sus exportaciones.[5]

El común denominador en el comercio internacional, es que la mayor parte se hace utilizando dólares (excluyendo el comercio intrarregional en Europa), sin importar que Estados Unidos no sea el país de origen o destino. Además, a partir de los acuerdos de la OPEP de 1973, todo el petróleo—equivalente a 18% del comercio de mercancías—se vende exclusivamente en dólares.[6] Lo anterior se traduce en la necesidad de que exista un mercado internacional de dólares al que los importadores tengan acceso.

Los países que tienen un portafolio de exportación concentrado principalmente en petróleo son los más afectados por la caída de su precio. No sólo por el efecto inicial de menores ingresos vía las ventas petroleras, sino a través de la depreciación de su moneda. Aunque la caída en el precio del petróleo incrementa su demanda, el apetito por petróleo tiene un límite. Esto hace que aunque vendan más barriles de petróleo, al estar el precio tan disminuido, el ingreso total es menor. La caída en el valor de las ventas petroleras disminuye la cantidad de dólares en el mercado, los dólares se vuelven menos accesibles para los importadores por lo que su precio se incrementa.

Tanto el mercado de dólares como el del petróleo son internacionales, por lo tanto incluso los países que no exportan petróleo tienen acceso a menos dólares por los que tienen que pagar más en su moneda local. Ahora bien, aunque el origen del contexto internacional de depreciación de las divisas frente al dólar lo causa—de forma agregada—la baja en el precio del petróleo, no podemos afirmar que a mayor dependencia de petróleo en las exportaciones mayor es la depreciación. Por ejemplo, aunque Noruega es el país con mayor producción petrolera en Europa, y que éstas le representan más del 40% de sus exportaciones,[7] su divisa (i.e. corona noruega) ha tenido una depreciación similar a la del peso.[8]

Será difícil pronosticar el tipo de cambio, o incluso el precio del petróleo. Sin embargo, será interesante ver cómo reacciona el tipo de cambio al aumento de oferta petrolera a raíz de la incorporación de Irán (octavo mayor productor de petróleo) al mercado—toda vez que Occidente le ha retirado las sanciones asociadas a su programa nuclear. Asimismo, la OPEP ha llegado a un acuerdo para no incrementar el nivel de producción petrolero más allá del registrado en enero de 2016. Hacer un pronóstico es muy aventurado, pero seguro valdrá la pena contar una historia al respecto.

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[1] Bloomberg

[2] U.S. Energy Information Administration

[3] Banco de México

[4] CNN Money

[5] Atlas of Economic Complexity

[6] World Trade Organization

[7] U.S. Energy Information Administration

[8] Oanda

La Casa Blanca: Un Escenario Alternativo

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Por: Andrés Hernández – @andreshf5

Una compañera de América del Sur me preguntó por el Presidente de México. Me preguntó qué tan cierto era que Peña Nieto fuera un joven audaz, reformista y con mucho empuje… el Justin Trudeau (primer ministro de Canadá) mexicano. Le expliqué que el Presidente ha logrado una serie de reformas constitucionales que no tenían precedente. Sin embargo, también le expliqué que la violencia persiste y que la credibilidad y aprobación de su administración se ha desplomado como resultado de la desaparición forzosa de 43 estudiantes, así como de escándalos de corrupción que rodearon a su principal colaborador, Luis Videgaray –el Secretario de Hacienda–, y a su esposa, la Primera Dama. Los escándalos de corrupción estaban asociados a bienes inmuebles, adquiridos por los anteriores, cuyo valor hacía inexplicable la fuente de los pagos. El primero tenía que ver con una casa en Malinalco, y el segundo con “La Casa Blanca”. Ambas propiedades estaban presuntamente vinculadas a una retribución por parte de Grupo Higa –un grupo constructor que había obtenido concesiones del gobierno.

Para mitigar el desplome en su popularidad y demostrar que en México todos somos sujetos de la ley, el Presidente nombró a un nuevo titular en la dependencia gubernamental encargada de verificar el desempeño de los funcionarios públicos: Virgilio Andrade, vigente Secretario de Función Pública. En México, a diferencia de otros países, esta posición depende del Poder Ejecutivo. Sin embargo, con el objetivo de limitar el poder presidencial y darle legitimidad al puesto, el Senado debe ratificarlo. A pesar de la existencia de este mecanismo institucional, hubo mucho escepticismo en el nombramiento. En general, la opinión pública lo rechazaba porque tenía poca experiencia en el combate a la corrupción, pero más importante aún, se trataba de un funcionario cercano a Luis Videgaray, uno de los objetos de la investigación. Parecía como si el candidato a Secretario tuviera una encomienda por parte del Presidente. Finalmente, el Senado aprobó el nombramiento, Andrade tomó posesión del cargo y llevó a cabo las investigaciones.

A diferencia de los pronósticos, que permiten anticipar lo que pasará en el futuro, los escenarios buscan contar una historia, sin importar lo inverosímiles que parezcan. Así, a mi parecer, antes de que Andrade comenzara su investigación, existían al menos dos escenarios para él. El primero consistía en que tomara posesión como secretario, pretender hacer una investigación y declarar inocentes a los investigados. Ante la inminente llegada de la cuarta temporada de House of Cards, me he dado a la tarea de crear un segundo escenario más entretenido.

En el segundo escenario, Andrade llevó esta investigación hasta las últimas consecuencias. Decidió investigar al Secretario de Hacienda y a la Primera Dama. En el caso de la investigación a la Primera Dama, descubrió que ella había fungido como prestanombres del Presidente, por consiguiente, lo incluyó en su investigación. Las pesquisas arrojaron evidencia suficiente para inculpar tanto al Secretario de Hacienda, como a la Primera Dama y al Presidente. Apegado a su deber de fortalecer el Estado de Derecho y demostrar que hasta el Presidente está sujeto a la ley, encontró una manera de garantizar que ésta se cumpliera; para ello, tuvo que pactar con los otros dos partidos. La reunión que sostuvo con los líderes de oposición tuvo como objetivo, en primer lugar, garantizar su protección contra posibles represalias (e.g., destitución, escándalos, chivos expiatorios). En segundo lugar, tuvo que buscar apoyo para comenzar un proceso jurídico que obligara al presidente a renunciar. Algo parecido a un desafuero.

En otros países, escándalos como éste han hecho que presidentes enfrenten un juicio político o una moción de censura (i.e., impeachment). Así fue el caso del Watergate y la renuncia posterior de Richard Nixon en los Estados Unidos (1974). También han existido casos en América Latina, como el de Fernando Collor de Mello en Brasil (1992), quien después de ser acusado de tráfico de influencias por su propio hermano, enfrentó a una Comisión organizada por las Cámaras de Diputados y Senadores. Posteriormente, un grupo de ciudadanos solicitó que éste fuera cesado de sus funciones. Después de un proceso que requería de mayorías calificadas en las Cámaras, el presidente brasileño fue efectivamente destituido. En su lucha contra la corrupción, Brasil ha continuado con su tradición de poner contra las cuerdas a todo a aquél que intente quebrantar al Estado, incluyendo al Presidente.

Sin embargo, enjuiciar al Presidente de México no es fácil –incluso, es casi imposible. El artículo 108 de la Constitución señala que el Presidente sólo puede ser juzgado por “traición a la patria” o por “delitos graves”. En ese sentido, no hay un precedente claro para considerar a un delito como “grave” cuando fue cometido por el Presidente de la República. Sería encomienda del Congreso definirlo y posteriormente correspondería a la Suprema Corte de Justicia de la Nación evaluarlo.

Así, además de intentar la jugada política más arriesgada de su vida y traicionar a quien le dio el puesto, en el segundo escenario Andrade pactó con la oposición y corrió con suerte, ya que el Poder Judicial apoyó y dio continuidad a este proyecto.

Además de cumplir con la ley, las decisiones de Andrade impactaron al país para siempre. No menos importante, el recién nombrado Secretario –que logró la renuncia del Presidente– se posicionó mediáticamente como ningún otro funcionario público, como una referencia internacional anti-corrupción que ha traicionado los intereses más grandes de la clase política. Esto lo ha posicionado como un posible candidato presidencial; más aún, lo convirtió en el personaje ideal para consolidar la candidatura independiente tan aclamada por los intelectuales mexicanos.

La realidad se parece más al primer escenario. El segundo no fue posible porque las reglas del juego en México no prevén juzgar a un Presidente o, peor aún, porque parece que han sido creadas para garantizar su impunidad. Finalmente, lo que pasó es que Virgilio Andrade consideró que el segundo escenario era una locura, y no supo ver una clara y enorme oportunidad para consolidar su carrera. Decidió no aprovechar la ocasión de pasar a la historia como el transformador del México moderno. Prefirió conservar su lealtad al Presidente; salvar al Secretario de Hacienda y conservar el status quo; hacer como si no hubiera pasado nada; y, como diría Murillo Karam, declarar como “verdad histórica” la inexistencia de actos de corrupción. Hoy, tanto el Secretario de Hacienda como el Presidente siguen en sus cargos. Sabemos que todos los mexicanos somos iguales ante la ley. Sólo que unos son menos iguales que otros.

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