El Futuro Incierto de la Economía Global

 

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Por: Ana Cañedo – @ana_canedog

Recuerdo bien cuando se pactó la Unión Europea. Un año después México pasaría a formar parte del NAFTA[1], eliminado así las barreras arancelarias al comercio y facilitando el intercambio de bienes y servicios con Estados Unidos y Canadá. Para finales de los noventa parecía claro que vivíamos en una época marcada por el auge de la liberalización comercial en la que se veía una profunda reorganización geográfica. Se pensaba que las fronteras territoriales dejarían algún día de ser las fronteras económicas, que el mundo dejaría de estar formado por pequeñas naciones soberanas y que, poco a poco, se irían formando grandes bloques comerciales, algunos incluso continentales. Por un tiempo todo apuntaba hacia este nuevo orden mundial. De 1995 al 2010 se constituyeron más de once bloques económicos que agrupaban a diversos países con un mismo fin: obtener beneficios mutuos. Sin embargo, dos décadas más tarde, todo parece apuntar a que esta tendencia internacional se está revirtiendo.

Hace tan sólo unas semanas el Reino Unido se convirtió en el primer país miembro de la Unión Europea en optar por abandonar el bloque económico. Aunque la votación fue reflejo de la frustración de la mayoría de los ciudadanos británicos frente a la inmigración desmesurada, la añoranza de un Reino Unido que ha quedado en el pasado y la globalización económica, dicha decisión inevitablemente tendrá repercusiones severas sobre el comercio europeo y particularmente sobre el Reino Unido, cuyo comercio con la Unión Europea equivale a alrededor del 45% del total de sus exportaciones.

Sin embargo, la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea no es la única señal de una voz proteccionista que se alza en contra de la economía global. Durante la campaña electoral para la presidencia de Estados Unidos también ha hecho eco un discurso aislacionista similar. Tanto Donald Trump, multimillonario populista de derecha, como Bernie Sanders, autoproclamado socialdemócrata, han liderado campañas electorales que se han caracterizado por su contundente oposición a los tratados de libre comercio como el NAFTA y el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), el cual se prevé eliminará más de 18,000 aranceles mediante un extenso tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y otros 11 países del Pacífico.

Por otra parte, datos recientemente publicados por la Organización Mundial del Comercio (OMC) muestran una marcada desaceleración mundial de la actividad comercial. Se estima que por quinto año consecutivo el comercio mundial crecerá a una tasa menor al 3%; gran parte debido a la desaceleración del crecimiento económico de China, pues las implicaciones del desempeño económico y financiero de esta gran potencia comercial sobre la comunidad internacional son enormes. No obstante y según la OMC, dicha desaceleración también estuvo influenciada por la baja en las importaciones de los países desarrollados y la correspondiente atenuación en las exportaciones de las economías en desarrollo.

Aunado a esto, las limitaciones de lo que una vez se pensó era una fórmula clave para el aprovechamiento de los recursos y el funcionamiento eficaz de los mercados, se han vuelto aún más notorias. El defensor de la globalización, autor de La tierra es plana y columnista del New York Times, Thomas L. Friedman, reconoció que el libre comercio con China ha perjudicado a más personas de lo que inicialmente se suponía. Asimismo, Paul Krugman, premio Nobel de Economía por su análisis de la localización de la actividad comercial, alertó sobre el peligro al que conlleva buscar la competitividad a cualquier precio. Incluso, Larry Summers, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos, ha comenzado a inclinarse por un proceso de armonización o de integración económica internacional para reducir las desigualdades mundiales, en lugar de proponer más globalización económica.

Es incuestionable que la expansión del comercio internacional ha permitido sacar de la pobreza a cientos de millones de personas de las economías emergentes de América Latina, África y particularmente Asia. Además, se ha multiplicado la oferta de bienes y servicios, resultando en una disminución de los costos para los consumidores y la creciente competencia global ha ocasionado el surgimiento de empresas nuevas y más eficientes. No obstante, la mayoría de los países abrieron sus fronteras a ojos cerrados, sin tener en cuenta a los perdedores. La liberalización comercial no produjo la desigualdad, pero no cabe duda que la ha profundizado. No podemos negar que la apertura de mercados sin el acompañamiento de políticas de mercado laboral, de ajustes estructurales y de políticas sociales ha ocasionado un desencanto generalizado con la globalización económica. ¿Nos acercamos al final de la liberalización comercial? Difícilmente; sin embargo, preocupa un panorama en el que se comienza a entrever el recrudecimiento del proteccionismo.

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Referencias

http://www.wsj.com/articles/worries-rise-over-global-trade-slump-1442251590

http://washingtonmonthly.com/magazine/junejulyaug-2016/free-trade-is-dead/

[1] Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Un Grito sin Eco: Los Refugiados Rohingya

Oma Salema, 12, holds her undernourished brother Ayub Khan, 1, at a camp for Rohingya in Sittwe, Myanmar.
Oma Salema sostiene a su hermano, Ayub Khan, en un campamento para rohingya en Sittwe, Myanmar, 5 de junio de 2015. (Tomas Munita/The New York Times)

 

 

Por: Ana Cañedo – @ana_canedog

Mirando las 100 mejores fotografías del 2015 – según la revista Time – me encontré con una historia que ha sido poco sonada en los medios y en las redes sociales. Se trata de una de las peores crisis humanitarias de la historia, y probablemente una de las más inadvertidas por Occidente. Durante los últimos tres años, cientos de miles de personas conocidas como los rohingya han huido de Myanmar dando origen a una oleada de inmigrantes en el golfo de Bengala y en el mar de Andamán. Dicha situación se ha visto agravada por el cierre de fronteras marítimas por parte de muchos países vecinos, la pérdida de cientos de vidas en altamar y la creciente trata de personas en la región. Esta historia se asemeja a la crisis de migrantes que actualmente se vive en Siria; sin embargo, el eco que ha tenido en la prensa internacional ha dejado mucho que desear.

Considerados por la ONU como la minoría más perseguida en el mundo, los rohingya son un grupo presuntamente étnico musulmán que habita en el estado de Rakhine, en la costa oeste de Myanmar, país mayoritariamente budista. Desde la independencia de Birmania en 1948, ahora conocida como Myanmar, los sucesivos gobiernos se han negado a reconocer a los rohingya como uno de los 135 grupos étnicos del país, refiriéndose a ellos como inmigrantes ilegales bengalíes – a pesar de llevar siglos residiendo en el territorio. Como resultado, la gran mayoría de los miembros de esta minoría no poseen documentación legal y a pesar de contar con tarjetas de residencia, el gobierno ha perpetuado políticas discriminatorias en su contra, incluidas restricciones sobre el matrimonio y la planificación familiar, el empleo, la educación, la libertad de practicar su religión y la libertad de movimiento.

Además de la hostilidad social e institucional que esta minoría padecía, en el 2012 se produjo un estallido de violencia en Rakhine que agravó la situación. Un grupo de hombres rohingya fueron acusados de violar y matar a una mujer budista. En respuesta, grupos de nacionalistas budistas se levantaron en contra de ellos, matando a más de 280 personas. Desde entonces y ante las tensiones entre ambos grupos, la población desplazada de la región se ha visto obligada a ampararse en campamentos de refugiados. Según la  Agencia de Refugiados de la ONU (ACNUR), hace prácticamente un año, alrededor de 32,000 rohingyas registrados vivían en completa miseria dentro de los campamentos administrados por el gobierno y se estima que cerca de 200,000 refugiados no registrados residían cerca de campos no oficiales; sin suficientes alimentos y sin acceso a servicios de salud.

Un año después de la crisis, muchos refugiados siguen en una situación desesperada. Las imágenes desplegadas en este texto relatan por sí mismas la difícil situación por la que atraviesa esta inadvertida minoría. Debido a las condiciones de vida deplorables en los campos, todos los meses miles de refugiados – incluyendo mujeres y niños – arriesgan sus vidas al abordar embarcaciones sobrepobladas para huir del martirio en el que viven. Tristemente, muchos no sobreviven estos viajes, y otros son víctimas de trata de personas o terminan siendo explotados como mano de obra forzada.

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Migrantes rohingya a bordo de un barco que navegaba a la deriva en el mar de Andamán toman los suministros de alimentos que dejó caer un helicóptero del ejército tailandés, 14 de mayo de 2015. AFP PHOTO / Christophe ARCHAMBAULTCHRISTOPHE ARCHAMBAULT/AFP/Getty Images

A todas luces parece urgente y necesario que el gobierno responda a la terrible realidad que viven los migrantes. No obstante, la situación es compleja. Tras más de 50 años de régimen militar, el pasado 1 de abril inició su mandato Htin Kyaw, el primer presidente electo de forma democrática. Como mano derecha de la líder del movimiento democrático y premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, Htin Kyaw, se ha enfocado en llevar a cabo un paquete de reformas socioeconómicas para iniciar un proceso de reconciliación internacional en un momento en que cada vez son mayores las presiones económicas por parte de los socios comerciales de Myanmar para que se reduzcan gradualmente las políticas discriminatorias en contra los rohingyas. A la vez, Htin Kyaw debe ser cuidadoso en conservar el apoyo de la mayoría budista que lo llevó al poder. Aunque de momento no se ha producido ninguna acción contundente, es de esperarse que la creciente presión internacional termine por obligar al nuevo gobierno a abordar las causas fundamentales detrás de la migración irregular.

No cabe duda que, considerando la magnitud de esta crisis humanitaria, los migrantes rohingyas han recibido poca atención en medios y en redes sociales, posiblemente debido a la crisis de migración simultánea que está ocurriendo en Europa. No obstante, las diferencias en la cobertura de los medios de comunicación y presencia en redes sociales entre las dos situaciones de emergencia humanitaria no dejan de sorprenderme, sobre todo teniendo en cuenta sus muchas similitudes, incluyendo las miles de vidas en riesgo, los cientos de ahogados en el mar, la participación de contrabandistas, y el comportamiento ambiguo de los países vecinos con respecto la aceptación de los migrantes; incluso podría afirmarse que la ausencia de un marco formal de asilo regional hace de esta situación una mucho más aguda. En septiembre de 2015, la sobrecogedora fotografía de un niño sin vida en las playas de Turquía fue capaz de arrojar luz sobre la trágica situación de los refugiados sirios, transformar el lenguaje con el que los medios hacían referencia a los migrantes y crear conciencia sobre las políticas que impiden que cientos de refugiados puedan encontrar asilo en Europa. No nos olvidemos del pueblo de rohingya.

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Referencias

http://www.cfr.org/burmamyanmar/rohingya-migrant-crisis/p36651

http://www.mei.edu/content/map/rohingyas-refugee-crisis-regional-and-international-issue

Fuente:  Time Photo

 

 

El Secreto de Bernie: La Narrativa del 1%

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Por: Ana Paula Cañedo – @ana_canedog

Con el comienzo de la primavera y el alza en las temperaturas sentí en carne propia el “feeling the Bern”. Vivo en un pueblo pequeño en el norte de Nueva York llamado Ithaca y todos las mañanas camino a clases. A medida que las elecciones primarias se fueron acercando y los árboles empezaban a florear, de la misma forma brotaban cientos de letreros en los jardines de mis vecinos en apoyo al candidato presidencial Bernie Sanders. El apoyo contundente al aún senador de Vermont por parte de una comunidad de investigadores, profesores y estudiantes universitarios me llevó a reflexionar sobre la popularidad del candidato. Desde luego una campaña progresiva que –entre muchas cosas– propone crear trabajos, proteger al medio ambiente, la expansión de las redes de seguridad social y del sistema educativo superior, y la promoción de una política exterior mesurada, resulta atractiva para el votante liberal. Sin embargo, todo parece indicar que la piedra angular de su campaña y lo que ha logrado capturar al joven electorado norteamericano – muchos simpatizantes del movimiento Occupy Wall Street es su narrativa sobre el 1%.

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Pese a ser la economía más grande del mundo, la desigualdad de ingresos en los Estados Unidos es sorpresivamente alta. No sólo eso sino que actualmente el país vive niveles de desigualdad nunca antes vistos. Entre 1980 y 2012, la desigualdad en los Estados Unidos (medida por el coeficiente de Gini) se incrementó en casi cinco puntos mientras que los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en promedio, experimentaron un aumento de tan sólo 3 puntos. Las disparidades en los niveles de ingresos se han vuelto tan pronunciadas que los estadounidenses que se sitúan en el 10% superior de la distribución del ingreso, en promedio, poseen casi nueve veces más ingresos que el 90% inferior. Estas diferencias son aún más marcadas para aquellos que se encuentran en el extremo 1%, quienes poseen ingresos 38 veces mayores a los del 90% de la población.

Otro aspecto relevante de la desigualdad de ingresos y de riqueza en Estados Unidos es la paulatina reducción de la clase media americana. Según un estudio del Pew Research Center, por primera vez en más de 40 años, los ciudadanos de clase media ya no constituyen la mayoría de la población. Es decir, se puede observar un ligero fenómeno de polarización en la distribución de los ingresos. Si se comparan cifras actuales con datos de 1971, es posible constatar que el porcentaje de adultos que se encontraban en los niveles más bajos de ingresos aumentó de 16% a 20%. Sin embargo, durante ese mismo periodo, el porcentaje de adultos que se encontraban en los niveles más altos de ingresos prácticamente se duplicó; de 4% en 1971 a 9% en el 2015.

La desigualdad de Estados Unidos también se hace más evidente cuando se comparan los ingresos promedio entre los distintos sectores de la población. Actualmente, los ingresos medios de hogares blancos son 40% mayores al los ingresos promedio de los hogares de la población afroamericana o hispana (US$67 vs US$39.8 y US$40; respectivamente).

Independientemente de la medida de desigualdad que se tome como referencia, es innegable que el crecimiento en la brecha entre los más ricos y el resto de la población en Estados Unidos es alarmante. Esto explica porque Bernie Sanders se ha mantenido como el gran rival de Hillary Clinton. Sin embargo, al observar más de cerca estas cifras, es posible apreciar que el problema de desigualdad que vive Estados Unidos es mucho más complejo que una simple historia del 1% frente al 99% de la población.

La preocupante desigualdad de Estados Unidos ha resucitado el interés por el estudio de la movilidad social americana; ¿cómo es que los individuos se mueven dentro de los niveles de ingreso? La movilidad social hace referencia a qué tanto la situación económica de una persona está determinada por sus condiciones al nacer; es decir, a la igualdad de oportunidades. Según un estudio realizado por economistas de la Universidad de Harvard y la Universidad de Berkeley, a pesar de los enormes aumentos en la desigualdad de ingresos, la movilidad social se ha mantenido prácticamente estática desde 1970. Si bien la movilidad no ha empeorado, las cifras también son poco alentadoras. Los investigadores han encontrado que la movilidad social en los Estados Unidos es relativamente baja en comparación con otras naciones desarrolladas.

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Esto no quiere decir que aquellos que hoy forman parte del 1% se hayan mantenido siempre en el nivel más alto. Mientras que hablar de los más ricos pareciera sugerir que se trata de una población estática, en realidad no es así. Por lo contrario, investigadores de la Universidad de Cornell y la Universidad de Washington, los cuales estudian cómo fluctúan los ingresos durante el ciclo de vida de los individuos, encontraron que el 1% experimenta mayores niveles de movilidad que el resto de la población. Según los resultados del estudio, aproximadamente el 70% de la población estadounidense logra colocarse al menos un año en su vida en el percentil 20 superior de ingresos. Sin embargo, la mayoría de los que logran llegar a los niveles más altos de ingreso lo hacen por un número limitado de años. Sólo el 20.6% experimentará al menos 10 años consecutivos dentro del percentil 20 superior, el 7.8% lo hará en el percentil 10 superior, un 3.7% en el percentil 5 y únicamente el 0.6% conseguirá mantenerse 10 años en el 1er percentil. Es decir, es aún más difícil mantenerse en el 1% que llegar a el. En palabras del economista de Berkeley y colaborador de Thomas Piketty, Emmanuel Saez, “las personas que perciben los ingresos más altos en Estados Unidos ya no son los ricos de antes, sino los trabajadores ricos; empleados muy bien pagados o emprendedores que aún no han logrado construir fortunas comparables con las acumuladas a finales del siglo XIX.”

En resumen, la desigualdad económica en la nación más rica del mundo crece a niveles nunca antes vistos. A su vez, pareciera que ahora el tan añorado American Dream hace honor a su nombre, ya que sólo le pertenece a una ínfima minoría. A pesar de que la movilidad social no ha decaído, es cada vez más difícil llegar a los niveles altos de ingreso. A medida que la brecha entre los ricos y el resto de la población aumenta, las probabilidades de que una persona nazca en los niveles altos de ingreso también se ven reducidas y mayor es el tamaño de los “escalones” que uno deberá subir para llegar a los niveles altos. A esto, habrá que sumarle el hecho de que a menores niveles de ingreso, menor movilidad. Así como la primavera es bienvenida por su espíritu de renovación, habrá que ver si la narrativa del 1% que abandera Sanders también se permea en las elecciones presidenciales para resucitar en la agenda económica de 2017 el combate a la desigualdad.

Por otro lado, ¿son la propuestas políticas de Sanders las más deseables para combatir esta situación? Esa es una discusión que habrá que analizar por separado.

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Sin Recursos, No Hay Movilidad

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Por: Ana Paula Cañedo – @ana_canedog

Dada la situación económica que vive el país, el pasado 17 de febrero la Secretaría de Hacienda y Crédito Público dio a conocer la intención de realizar un recorte presupuestal de 900 millones de pesos del Consejo Nacional para Ciencia y Tecnología (Conacyt), de los cuales 450 millones de pesos corresponden al rubro de becas para la educación superior. Tras ser impugnada esta medida por los integrantes de La Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados, se acordó que el programa de becas para este año se mantendría intacto con el fin de no perjudicar la innovación, el desarrollo científico y tecnológico y la formación de capital humano. Ante dicho acontecimiento, cabe analizar el impacto que tendría una disminución presupuestal de semejante magnitud en el programa de becas Conacyt. Habría que comenzar por responder las siguientes preguntas: ¿quiénes son los beneficiarios del programa? ¿Es necesaria una política para el desarrollo del posgrado en México?

Desde su fundación, hace 45 años, el Conacyt es el organismo encargado de elaborar las políticas para el desarrollo de la ciencia y tecnología en México. Asimismo, es responsable de la formación de capital humano mediante la entrega de becas, posibilitando a los jóvenes mexicanos estudiar la licenciatura o el posgrado[1] tanto en México como en el extranjero. El Programa de becas del Conacyt es de suma importancia, pues representa alrededor de dos tercios de las becas otorgadas en México para la formación de posgrado y abarca el mayor volumen de recursos que se destinan a ese rubro; alrededor de la mitad del total del presupuesto ejercido por el organismo.

A lo largo de más de cuatro décadas, el Conacyt ha otorgado cerca de 328,176 becas, de las cuales 268,112 han sido nacionales y 60,064 para estudios en el extranjero. Según datos del Conacyt, durante el 2015 más de 58,000 estudiantes contaron con una beca del organismo publico; el 60% de las becas se concedieron para hacer estudios de maestría, el 20% para doctorado, sólo el 1% para postdoctorado y el 19% restante para otros estudios (especialidades o formación técnica). Aunque pudiera parecer una cifra elevada, el organismo sólo brinda becas a menos del 20% de la población que se encuentra en la educación superior, aproximadamente la cantidad de personas que se requerirían para llenar el Estadio Olímpico Universitario.

A pesar de que el Conacyt le ha facilitado enormemente a los jóvenes mexicanos acceder al posgrado, no cabe duda de que México necesita más graduados de maestría y doctorado. Las tasas de ingreso a la educación superior en México son más bajas que en el promedio de los países miembros de la OCDE, en especial en la maestría y el doctorado. De acuerdo con el Panorama de la Educación 2015 de la OCDE para México, se estima que por cada 100 jóvenes que ingresan a la educación primaria, únicamente 38 logran acceder a la educación terciaria. Si bien la cifra de personas con estudios de licenciatura es ya muy baja (21%), se espera que sólo 4 de estos jóvenes mexicanos obtendrán un título de maestría a lo largo de sus vidas y que menos de 1 se titulará de un programa de doctorado.

Porcentaje que hacen posgrados

En comparación, cerca del 67% de los jóvenes en los países miembro de la OCDE están matriculados en la educación terciaria, el 22% concluyen sus estudios de maestría y cerca del 2% cuenta con estudios de doctorado. A pesar de que el porcentaje de mexicanos de 25 a 34 años con educación terciaria aumentó 8 puntos porcentuales entre 2000 y 2014, de 17% a 25%, esta cifra resulta poco ventajosa si se compara con el promedio de los países de la OCDE, en los cuales la matricula en educación en este nivel aumentó en 15 puntos porcentuales de 26% a 41%.

 Pocos los mexicanos que estudian un posgrado

¿Quiénes son los becarios del Conacyt y a qué se dedican?

Los mexicanos que logran estudiar un posgrado son pocos y en su mayoría muy privilegiados, puesto que han logrado acceder a la educación superior. Las cifras del Conacyt muestran que la gran mayoría de los becarios han sido originarios de la ciudad de México y aproximadamente el 95% residen en zonas urbanas. En lo concerniente a la distribución por sexo, destaca la participación femenina; el 51% son mujeres y el 49% son hombres.

Mexicanos que estudian un posgrado

Una proporción muy considerable de las becas (74%) se destina para estudios dentro del país y el resto para el extranjero. Una de cada dos becas otorgadas para estudiar fuera de México es a Estados Unidos. A pesar de que sólo el 26% de las becas son para el extranjero, la ampliación de convenios en el extranjero por parte del Conacyt ha dado lugar a una mayor movilidad académica de los estudiantes. El fomento a la movilidad estudiantil es un elemento clave para la mejora de la formación profesional y la estructuración de redes de intercambio de conocimientos que promuevan el desarrollo económico y social de nuestro país.

Becarios de Conacyt

La gran mayoría de los becarios del Conacyt provienen de unas cuantas instituciones de educación superior particulares. De acuerdo con la Encuesta nacional de movilidad estudiantil internacional de México , menos del 10% de los 17,689 jóvenes mexicanos que estudiaban en el extranjero durante el 2013 provenían de universidades públicas, como técnicas, estatales, politécnicas y tecnológicas. La distribución de los perfiles socioeconómicos de los becarios alude a la desigualdad de oportunidades tan latente en nuestro país.

 Instiuciones de origen de posgrados

Por otra parte, independientemente del la polémica “fuga de cerebros”, los mexicanos con posgrado son de gran importancia para la investigación, la productividad económica y los avances científicos de nuestro país. Las tasas de ocupación de los becarios al concluir sus estudios son altas; más de la mitad (56%) de ellos son empleados en el sector público, el 36% en el sector privado y el restante tienen negocios propios. La mayoría de los que laboran en el sector público se dedican a la academia (34%). De hecho, el 93% de los profesores de Cátedras Conacyt fueron becarios del organismo. Por su parte, un porcentaje importante de aquellos empleados en el sector privado (47%) son directores o gerentes de empresas, mientras que el resto son profesionistas. El programa de becas para posgrado también ha contribuido a aminorar la baja oferta de capital humano en México en áreas tan importantes para la innovación como lo son las científicas y tecnológicas. Tan sólo en 2015, el 83% de los solicitantes aprobados para ingreso al Sistema Nacional de Investigadores fueron becarios del Conacyt.

¿Es necesario un programa de becas para el posgrado?

Si bien es cierto que el programa de becas del Conacyt beneficia a un porcentaje muy pequeño de la población, también es cierto que México mantiene grandes asimetrías con respecto a la mayoría de los países miembro de la OCDE en las tasas de cobertura de la educación superior. Además, el programa de formación de recursos humanos de posgrado es un instrumento indirecto que termina por beneficiar a México en su totalidad al contribuir a la innovación, al avance científico y al aumento de la productividad económica del país a través de una mayor calidad docente en nuestras instituciones de educación superior (IES) y del ingreso de jóvenes altamente preparados en el mercado laboral.

Al mismo tiempo, la necesidad de una fuente de financiamiento pública para la educación terciaria es clara. De acuerdo con cifras del Conacyt, en México 1,423 IES ofertan aproximadamente 8,522 programas de posgrado, de las cuales 1,134 son instituciones particulares (63%). Es decir, incluso si se desea cursar el posgrado dentro del país, resultaría altamente costoso. Por su parte, se estima que únicamente el 2% de los jóvenes mexicanos que cursan un posgrado en el extranjero reciben financiamiento por parte de la institución receptora. En cambio, el 76% utilizaron financiamiento propio mientras que sólo el 14% solicitó financiamiento público.

Comparado con los países miembros de la OCDE y los países asociados, el porcentaje del gasto público en educación terciaria actualmente destinado a becas es muy bajo, al igual que aquel destinado a la inversión para el desarrollo de la investigación científica y tecnológica. Éste último está por debajo de las metas internacionales (los países desarrollados dedican entre el 1.5% y el 3.8% de su PIB a este rubro). En 2014, México destinó el 0.54% del PIB a la inversión nacional en investigación científica y desarrollo experimental. Según recomendaciones internacionales, este valor debe ascender por lo menos al 1% del PIB.

Porcentaje de...

¿Por qué estudiar un posgrado?

No cabe duda que invertir en la formación de capital humano altamente especializado contribuye significativamente al desarrollo de un país mediante el impulso de la tecnología, las ciencias y el aumento de la productividad de la economía, volviéndola más competitiva; pero, ¿por qué un joven debería de invertir tiempo y recursos propios en cursar un posgrado? La respuesta es sencilla. En México, a mayor nivel educativo mayores son las probabilidades de obtener un empleo (OCDE 2015). Además, está comprobado que en el mercado laboral, los ingresos relativos aumentan con el nivel educativo, y esto sucede en México aún más que en la mayoría de los países miembros de la OCDE. Es decir, estudiar un posgrado aumenta significativamente las oportunidades de movilidad laboral. En promedio, un adulto con título universitario gana más del doble que un adulto cuyo nivel educativo más alto es la educación media superior (OCDE 2015). Contar con una especialización, una maestría o un doctorado genera, en promedio, un 69% más de ingreso que solamente un título de licenciatura.

Aumento de Salario con Posgrado

Además del aumento en los ingresos relativos, la movilidad académica estudiantil ayuda a los jóvenes mexicanos a obtener mayores oportunidades de empleo en un mercado laboral cada día más globalizado. Aun si los estudiantes permanecen en el extranjero después de concluir sus estudios, favorecen lazos sociales y comerciales entre México y el país en el que se encuentran, los cuales contribuyen al desarrollo económico.

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Referencias

ANUIES (2014), PATLANI: Encuesta Nacional de Movilidad Estudiantil Internacional de México 2011-2012. Disponible en: http://obiret-iesalc.udg.mx/sites/default/files/adjuntos/encuesta_nacional_patlani_2011-2012_movilidad_estudiantil_internacional_en_mexico.pdf

OCDE (2015), México Panorama de la Educación 2015: Indicadores de la OCDE. Disponible en: https://www.oecd.org/mexico/Education-at-a-glance-2015-Mexico-in-Spanish.pdf

 

 

[1] Por estudios de posgrado se debe entender todos aquellos estudios posteriores al ciclo de estudios de licenciatura o de estudios profesionales.

 

Los Sistemas de Información Geográficos: una pieza clave en el combate a la pobreza

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Por: Ana Paula Cañedo – @ana_canedog

Durante los siguientes 15 años la comunidad internacional tiene en su agenda un ambicioso objetivo: erradicar la pobreza extrema[1]. Según los Objetivos de Desarrollo Sostenible avalados por las Naciones Unidas, a partir de este año, los gobiernos de los países integrantes están comprometidos a trabajar en un esfuerzo coordinado para ayudar a millones de familias a salir de su condición de precariedad. Dejando a un lado la cantidad de recursos económicos que serán necesarios para lograr este tan históricamente anhelado objetivo, hay un problema clave que impide el combate eficaz de la pobreza: la ausencia de datos de calidad. Según análisis estadísticos, se estima que alrededor de 350 millones de personas en todo el mundo no están siendo contabilizadas por los censos. Es decir, tomando en consideración este error de estimación, se cree que podría haber hasta un 25% más de personas en el mundo que viven con menos de $1.25 dólares al día (Carr-Hill, 2013).

Esta problemática es más aguda para los países en desarrollo, donde las encuestas son menos frecuentes y las estimaciones suelen basarse en una serie de supuestos. Por ejemplo, en África subsahariana, entre 2006 y 2013, sólo 28 de 49 países presentaron datos de encuestas a nivel hogar (Carr-Hill, 2013). En la mayoría de los países en desarrollo, los gobiernos desconocen en qué condiciones viven ciertos sectores de su población. Esto es particularmente cierto para los sectores más pobres y marginados –las encuestas hogar suelen omitir a las personas sin hogar o aquellas que habitan en zonas remotas y en barrios marginados o peligrosos–en los que habrá que enfocarse si se quieren alcanzar las metas establecidas en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Para llenar estos vacíos y complementar la información existente resulta forzoso acudir a fuentes alternativas de acceso a datos. Es ahí dónde los Sistemas de Información Geográficos (SIG) podrían desempeñar un papel clave. Los SIG o GIS–por su acrónimo inglés–son una combinación de hardware, software y datos geográficos que tienen como fin capturar, evaluar y desplegar información geográficamente referenciada. Es decir, los SIG funcionan como una base de datos que se encuentra asociada por un identificador común a los objetos gráficos de un mapa digital, de tal manera que señalando un objeto se pueden conocer sus atributos. Es así como gran parte de la información digital que está siendo creada todos los días—a partir de imágenes satelitales, nuestros teléfonos celulares, las encuestas de gobierno, las transacciones por internet y los sensores digitales en objetos, por nombrar a algunos—se puede ligar a zonas geográficas específicas, dando lugar a una herramienta poderosa de análisis que permite la visualización espacial de estos datos.

Estas herramientas son de particular relevancia para los planificadores y profesionales en el campo del desarrollo económico. La principal limitante para los programas de asistencia social es identificar con precisión cuántas personas viven en pobreza y cuáles son sus principales necesidades, ya que la información que se puede extraer de los típicos indicadores agregados de pobreza no es suficiente. Por ejemplo, los indicadores agregados a nivel nacional como el rezago educativo suelen dar la impresión de que las condiciones dentro de un país son uniformes o se rigen mediante subdivisiones políticas (por ejemplo, estados y municipios). Sin embargo, en casi todos los países del mundo, este no es el caso. Por lo contrario, se puede esperar una variación geográfica significativa en las tasas de incidencia de la pobreza dentro de un mismo territorio, ya sea a causa de la dotación de recursos naturales o debido al acceso a servicios de educación, salud o vivienda.

Lo realmente asombroso de los SIG es que por medio de este instrumento los investigadores pueden construir indicadores geográficamente desagregados que proporcionan información precisa sobre la distribución espacial de la desigualdad y la pobreza. Es decir, las medidas de bienestar se pueden vincular con la información geográfica que se posee sobre el espacio, con el fin de capturar otros aspectos sobre la desigualdad que no son fáciles de medir por medio de un censo o una encuesta, permitiendo integrar una amplia variedad de datos. Por ejemplo, se pueden llevar a cabo comparativos entre el grado de escolaridad—medida registrada por medio de encuestas— con el número total de escuelas en la región y la distancia a la que estas están situadas, evaluando así la relación entre ambas variables.

Asimismo, ciertos datos como lo son las rutas de acceso a una comunidad se pueden sobreponer sobre otros (por ejemplo, el Índice de Desarrollo Humano a nivel municipal). Creando una pantalla visual que genera nuevos datos en el que cada punto tiene los atributos de los dos conjuntos de datos originales. Tales conjuntos de datos comúnmente se denominan “mapas de pobreza”, ya que permiten la visualización de la incidencia y magnitud de la pobreza a través del espacio. Estos mapas son de particular relevancia para la medición multidimensional de la pobreza puesto que permiten observar directamente el grado de carencia en ciertas dimensiones como lo son la calidad y los espacios en la vivienda (Akinyemi, 2008). Otra ventaja del uso de los SIG tiene que ver con los bajos costos administrativos empleados en el método de focalización geográfica. Es decir, a diferencia del levantamiento de encuestas, los indicadores geográficamente referenciados tiende a ser menos costosos puesto que no involucran la capacitación de personal, gastos administrativos ni viáticos.

En el campo del desarrollo internacional, los SIG ya se están empezando a utilizar para justificar y planificar una variedad de políticas públicas enfocadas en generar un mayor impacto económico y social. Por ejemplo, en Sudáfrica, el Consejo de Investigación de Ciencias Humanas (HSRC) hizo uso de los SIG para mapear la población con VIH y la disponibilidad de los servicios de salud en la región de Kwazulu, con el fin de mejorar la gestión y la provisión de servicios médicos para las comunidades de la región. En Liberia, dicha tecnología se utilizó con el fin de identificar las zonas rurales que carecían de agua potable después de la guerra civil. Por su parte, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) ha hecho uso de los SIG con el fin de localizar a los pequeños productores rurales del Níger, apoyarlos mediante el monitoreo de las condiciones climáticas y la distribución de fertilizantes y pesticidas, y así trabajar para garantizar la seguridad alimentaria en la región del Sahara.

Si bien es cierto que el acceso a datos de mejor calidad por sí solo no va a cambiar las condiciones de vida de las personas que se encuentran en situación de pobreza extrema, este tipo de instrumentos de medición podrían tener un impacto significativo en la focalización de los programas de asistencia social y en la planificación de políticas públicas. Además, el ahorro en los recursos de medición podría destinarse directamente a apoyar a las personas en esta situación. De lograrse una mayor integración de datos a través del uso de nuevas herramientas habremos dado un gran paso hacia un mundo libre de pobreza extrema.

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[1] De acuerdo con el Banco Mundial, la pobreza extrema –también denominada como pobreza absoluta– es el porcentaje de personas que viven con un ingreso por persona inferior a $1.25 dólares PPP al día.

Referencias

Akinyemi, F. O. “In support of the millennium development goals: GIS use for poverty reduction tasks.” (2008),https://www.researchgate.net/publication/253115593_IN_SUPPORT_OF_THE_MILLENNIUM_DEVELOPMENT_GOALS_GIS_USE_FOR_POVERTY_REDUCTION_TASKS

Carr-Hill, R. Missing Millions and Measuring Development Progress, World Development (2013), http://dx.doi.org/10.1016/j.worlddev.2012.12.017

Stuart, E., Samman E., Avis W., and Berliner T. The Data Revolution: Finding the Missing Millions. London: ODI http://www.odi.org/sites/odi.org.uk/files/odi-assets/publications-opinion-files/9604.pdf

 

Repensando el Debate Sobre el Uso de Transgénicos

Alimentos Transgénicos

Por: Ana Paula Cañedo – @ana_canedog
Imagen:  Africanmillennial

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de viajar a Kenia con la Universidad de Cornell como parte de un proyecto estudiantil que busca apoyar a pequeñas empresas del sector agropecuario, cuyo fin es aumentar el acceso que tienen los campesinos a la biotecnología y así incrementar sus rendimientos agrícolas para poner fin a la inseguridad alimentaria que actualmente atraviesa el país. Si bien el acceso a semillas híbridas[1] y agroquímicos ha logrado mejorar las economías de los campesinos y ha ayudado a remediar la escasez de alimentos, el uso de tecnología transgénica –la cuál podría ser de mayor transcendencia– aún está siendo restringida por el gobierno keniano. Viviendo de primera mano la situación de urgencia que viven estas poblaciones, decidí adentrarme en el tan agitado debate sobre los alimentos transgénicos. ¿Qué son los cultivos transgénicos? ¿Cuáles son las consecuencias de su uso y por qué es que su adopción ha causado tanta polémica? Y finalmente, ¿es correcto mantenernos al margen del debate sobre el uso de alimentos transgénicos?

Comúnmente, los transgénicos u organismos genéticamente modificados (GM) –GMOs por sus siglas en inglés– son organismos cuyo ADN ha sido alterado de forma artificial y deliberada, con el fin de conferirle una o más características específicas que los hacen comportarse de manera diferente a organismos de su misma familia, género o especie. Es así como hoy en día, ciertas plantas o granos son capaces de resistir virus y bacterias, tolerar plaguicidas o soportar mejor el frío, el calor y la sequía, e incluso lograr crecer en suelos poco aptos para el cultivo. Si bien los cultivos transgénicos están siendo desarrollados y adoptados a gran velocidad por la mayoría de los países en el mundo, el debate acerca de sus potenciales beneficios y riesgos ha despertado una polémica global.

En 1992, durante la Cumbre de Río en Brasil, se planteó por primera vez la necesidad de crear un marco regulatorio para preservar la biodiversidad del planeta, dando origen al debate sobre el uso de cultivos transgénicos. Más de dos décadas después, el debate aún continúa y pareciera estar más ferviente que nunca. La polarización de las posturas acerca del empleo de cultivos GM se ha ido acentuando con el paso de los años. Actualmente, mientras que Estados Unidos, Brasil y Argentina concentran cerca del 77% de la producción de alimentos transgénicos, la mayoría de los países europeos y africanos los rechazan contundentemente. La dicotomía entorno al debate de los cultivos GM es tan aguda que puede percibirse incluso dentro de una misma institución. Es el caso de la Universidad de Cornell, la cual el año pasado declaró una división interna entre la facultad de la Escuela de Agricultura y Ciencias de la Vida de acuerdo con sus posturas frente al uso de la tecnología transgénica.

La razón principal por la que los opositores se resisten al uso de transgénicos es por que consideran que la introducción de cultivos transgénicos en un ecosistema es una decisión irreversible, cuyos resultados a largo plazo son hasta cierto punto desconocidos. Bajo este argumento, se prevé que los genes modificados pueden escapar de una cosecha hacia cultivos vecinos o plantas silvestres modificando así los organismos que son producidos de forma natural, resultando en una pérdida irreparable de biodiversidad. Otro motivo que arguyen sus detractores es que son pocas las empresas privadas encargadas de producir tecnología transgénica –Monsanto, Pioneer, Novartis1, DuPont y Syngenta– y que éstas, con el objetivo de promover sus propios intereses, han patentado las semillas transgénicas, convirtiendo en un delito la redistribución de la semilla y forzando a los agricultores de bajos recursos a pagar las regalías con cada temporada de siembra.

Por el contrario, los defensores del uso y consumo de alimentos transgénicos afirman que la modificación genética permite que los campesinos de bajos recursos puedan producir más alimentos que no poseen riesgos para la salud a un menor costo, sin la necesidad de utilizar extensiones más grandes de tierra o emplear más recursos naturales y monetarios ya que al ser más resistentes, requieren de una menor aplicación de productos químicos, como fertilizantes. Se argumenta también que, al día de hoy, la evidencia científica acerca de las posibles consecuencias negativas del uso de transgénicos sobre la salud se mantienen en su cancha. La Unión Europea ha invertido más de 300 millones de euros en la investigación sobre la bioseguridad de los transgénicos y en su reciente informe –basado en más de 130 proyectos de investigación, durante un período de más de 25 años y con cerca de 500 grupos independientes– concluye que el consumo de productos que contienen ingredientes derivados de cultivos transgénicos no es más riesgoso que el consumo de cultivos convencionales. Paralelamente, la Organización Mundial de la Salud, la Asociación Médica Americana, la Academia Nacional de Ciencias, la Real Sociedad Británica y cada otra organización respetada que ha examinado la evidencia ha llegado a esta misma conclusión.

Más allá del debate, lo cierto es que las corrientes de oposición han causado un miedo infundido al consumo de alimentos transgénicos. En mi caso, debo confesar que a pesar de no ser una experta en el tema, yo solía revisar los empaques en el supermercado, optando por aquellos alimentos que poseen el sello de productos no derivados de cultivos transgénicos. Sin embargo, hoy en día considero que es pertinente preguntarse si es posible concebir ciertas circunstancias que justifiquen el uso de transgénicos no patentados para resolver los grandes retos agrícolas que se avecinan.

Actualmente, más de un millón de kenianos padecen hambre debido a la prolongación de las sequías en la región noreste y esta tendencia probablemente se agrave conforme se continúen modificando los patrones de lluvia, consecuencia del cambio climático. La agricultura en Kenia es uno de los sectores más importantes dentro de su economía; aporta cerca del 30% del Producto Interno Bruto (PIB), emplea al 75% de la población y es el principal medio de subsistencia para el 80% de las familias. Sin embargo, Kenia no es ninguna excepción. La Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) calcula que en África subsahariana, para alimentar a los más de 239 millones de personas (30% de la población) que actualmente están crónicamente desnutridos, así como para hacer frente al aumento de la población que se proyecta alcance los mil millones dentro de los próximos 4 años, la producción de alimentos debe por lo menos duplicarse, sin el uso adicional de recursos naturales.

Independientemente de la postura que cada quien decida tomar, lo indiscutible es que existe la necesidad inminente de reevaluar nuestra comprensión de la seguridad alimentaria y abrir paso a políticas públicas que tengan la capacidad de solventar estas crisis en el corto plazo. No debemos olvidar que más allá del consumo personal, este tipo de decisiones tendrán repercusiones sobre la nutrición de miles de niños; los medios de subsistencia de familias enteras; la economía agropecuaria de un país; la seguridad alimentaria de un continente; y la sostenibilidad a largo plazo de la productividad agrícola.

[1] Las semillas híbridas, a diferencia de los transgénicos, son el resultado del cruce de dos plantas de distinta especie pero no han sido manipuladas genéticamente. Dicho proceso incluso se puede dar de forma espontánea en la naturaleza.

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Paradojas del Sistema Democrático de la India

Sistema Democrático de la India

Por: Ana Paula Cañedo – @a_canedog
Imagen: Ana Cañedo

Con 1,267 millones de habitantes, de los cuales 834 millones pueden votar, la India es la democracia más grande del mundo. Desde 1951, la constitución de la India adoptó el sufragio universal mediante un sistema de gobierno parlamentario bicameral. Sin embargo, a pesar de mantener el libre escrutinio por más de medio siglo, cerca de la cuarta parte de la población aún vive con menos de un dólar al día. Más del ochenta por ciento de las personas que viven en estas condiciones pertenecen a grupos socialmente marginados a causa del sistema de castas; la desigualdad de la riqueza en la India es una de las más elevadas del mundo. ¿Cómo y por qué persisten semejantes desigualdades en una democracia en la que supuestamente los votantes pueden crear presiones para avanzar sus intereses?

El efecto de la democracia sobre la distribución del ingreso ha sido estudiada exhaustivamente por la economía política. Son abundantes los ensayos que señalan que la democracia afecta positivamente la distribución del ingreso; más aún, varios estudiosos argumentan que la transición a la democracia es más probable en las sociedades cuya distribución del ingreso es más igualitaria y que las democracias con altos niveles de desigualdad son menos propensas a consolidarse (Acemoglu y Robinson, 2006 & Houle, 2010). La explicación detrás es la siguiente: al promover una distribución más equitativa del poder político, la democracia da lugar a los partidos políticos, los cuales representan grupos de interés y entre ellos, a las clases socioeconómicas más desfavorecidas, motivando la implementación de políticas públicas redistributivas. Después de todo, la democracia implica compromisos con la igualdad, como la igualdad de derechos de voto, la igualdad de oportunidades para participar en la discusión, así como la igualdad de capacidad para atender sus preocupaciones a través del voto, como lo es una mayor oportunidad económica.

Si bien la democracia jugó un papel central en la promoción del pluralismo y la inclusión en el período anterior a las reformas de liberalización económica que tuvieron lugar en la década de 1990, esto no se tradujo en beneficios materiales para la gran mayoría de la población. Por lo contrario, en la actualidad esta problemática se ha vuelto más desalentadora; a pesar de que el parlamento de la India se reúne regularmente y debate abiertamente, ha fallado como cuerpo legislativo en muchos otros aspectos; las políticas públicas de la última década han beneficiado principalmente a las élites y a la clase media, creando una distribución sesgada de los activos, incluyendo la tierra, el capital y el acceso a la educación, así como el empeoramiento de la distribución del ingreso.

Las estructuras sociales reconocen que todas las sociedades son heterogéneas y estratificadas; sin embargo, algunas lo son mucho más que otras y la India es un claro ejemplo de ello. Estas diferencias sociales se reflejan en el funcionamiento actual de la democracia. La estratificación social y la discriminación –basada en castas, tribus, o género– limitan en gran medida hasta qué punto los individuos y ciertos grupos son capaces de promover sus intereses, lo cual determina, a su vez, si las oportunidades económicas están disponibles para las élites o para la población en su totalidad.

Por lo tanto, se puede argumentar que la práctica democrática en la India constituye meramente un mecanismo de movilización popular (Drèze & Sen, 2002). Las políticas de identidad –con base en líneas de casta y minorías musulmanas­– se sitúan en el centro del escenario político. Como resultado de ello, las políticas públicas que son de gran importancia para la economía convencional (mayores inversiones en educación y en salud) son de menor importancia para los políticos, que prefieren la previsibilidad y el control sobre su universo político. Fue así como a partir de 1990, se creó el supuestamente democratizador sistema de reservas de castas en la India (Drèze & Sen, 2002).

Las reservas o cuotas de casta son las herramientas más populares de redistribución en la India. Por ejemplo, el sector público cuenta con un porcentaje elevado de reservas para algunos grupos o castas históricamente desfavorecidos, ya que las personas en estos grupos difícilmente podrían acceder a esos puestos de trabajo debido a que la inmensa mayoría desertan sus estudios antes de concluir la educación primaria. Actualmente, se reservan el veintisiete por ciento de los puestos de la función pública a las castas desfavorecidas u OBC, el diecisiete por ciento a los intocables (SC o dalits) y siete por ciento a las tribus aborígenes (ST o adivasis).

Si bien fue gracias a las reservas de casta que los puestos administrativos se abrieron progresivamente a los sectores de la población que estaban excluidos, este tipo de políticas son prácticamente simbólicas, puesto que son más fáciles de implementar; resulta más complejo procurar mejoras en la prestación de servicios sociales como la educación básica y la salud que la extensión de estas oportunidades de empleo para unos cuantos. La promesa de ampliación de privilegios en la India, a través del sistema de reservas como instrumento de movilidad social, ha sido decisivo para mantener el apoyo al régimen democrático, pero poco ha hecho por mejorar la distribución del ingreso. Por lo tanto, las cuotas o reservas en la India a menudo se convirtieron en un sustituto de la acción pública eficaz contra la pobreza, el analfabetismo y los encumbrados niveles de desigualdad en el ingreso.

La notable rigidez de las métricas de desigualdad de ingresos durante las últimas décadas sugiere una especie de imposibilidad de cambio y de progreso a través de las políticas públicas actuales. Si bien el sistema político de la India ha demostrado que posee los atributos de la democracia  –elecciones libres, estabilidad del régimen, multipartidismo y alternancia– estos resultados democráticos en el terreno político enmascaran una sociedad que sigue siendo desigual y jerarquizada, a pesar del alto crecimiento económico.

El elevado crecimiento económico que mantiene la India probablemente traiga consigo una derrama positiva sobre la situación de la pobreza y los niveles de desigualdad; sin embargo, el efecto que éste tendrá seguirá siendo limitado si no es acompañado de un cambio sustancial en los patrones políticos, como un mayor énfasis en las políticas redistributivas. Actualmente, la población está exigiendo cada vez más un gobierno confiable que sea capaz de rendir cuentas. Inclusive, debido a la lucha por un desarrollo más incluyente que se está produciendo en los distintos niveles del cuerpo político, presiones de reforma socioeconómicas, y ​​la presión sobre los recursos fiscales; el Estado ha comenzado a virar hacia un mayor uso de las políticas redistributivas. Habrá que esperar a ver.

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Referencias

Acemoglu, D. & Robinson, J. A.. Economic Origins of Dictatorship and Democracy. Cambridge University Press, 2006.

Drèze, Jean & Sen, Amartya. “Democratic Practice and Social Inequality in India”. The Journal of Asian and African Studies, vol. 37, (abril de 2002): 6-37.

Houle, Christian. “Inequality and Democracy: Why inequality harms Consolidation but Does Not Affect Democratization. World Politics, vol. 61, núm. 4 (octubre de 2009): 589-622.