El Canto de las Sirenas y los “Likes”

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por Jorge Eulalio Hernández

La mitología nos puede ayudar, como todas las formas de narrativa, a comprender y resolver temas de gran importancia en nuestras vidas. El hombre ha insistido en contar las mismas historias una y otra vez; cambia los nombres, las formas y los contextos, pero no puede escapar figuras arquetípicas que, como si fueran parte de nuestra genética, se manifiestan tarde o temprano.

¿Por qué nos hemos contado, en diferentes regiones del mundo, la historia de un héroe que se sacrifica y así vive para siempre en todos? ¿Qué importancia tiene mantener viva la anagnorisis (lo que ahora llamamos plot-twist) en las historias? ¿Por qué insistimos en transmitir la lección del amor apasionado y ciego que tiene un destino fatal? No hay mucho que pensar: nos contamos historias porque así mantenemos un legado común como especie. Al parecer, no importa cuánto cambie el mundo, quiénes seamos o desde dónde luchemos; las batallas internas, los dragones a vencer y los sacrificios del ego son ineludibles (para el que quiere vivir).

Según la tradición, las sirenas de la Grecia antigua fueron hijas del río Aqueloo y una de las musas (hay diferentes versiones que proponen a Melpómene, Calíope o Terpsícore). Estas criaturas, ahora en su versión más pobre, como en los casos de Ariel y la coqueta de la cola bifurcada de Starbucks, tienen una función específica en la mitología clásica: la de seducir a los viajeros y desviarles de su camino.  “No escuches el canto de las sirenas” es una frase común. Nos pide que, como Ulises, nos amarremos fuerte al mástil de nuestra embarcación para salvarnos del fatal destino que nos espera tras acudir a los encantos de aquella trampa.

Los mitólogos indican que las sirenas fueron cambiando con el tiempo: primero tenían cuerpo de ave, después aparecieron las pisciformes (Borges señala la distinción en inglés entre sirens y mermaids, las sirenas y las sirenas acuáticas respectivamente), pero no cambiaron únicamente en forma sino también en método de atracción. Del canto y la música, acudieron a la carnada visual y por ello es común imaginarlas peinando su largo cabello, sentadas sobre una roca, con rostros perfectos y redondos pechos… y es esta versión la que me hizo reflexionar sobre la vigencia de estas criaturas en nuestra vida diaria.

“Un canto de sirena es sinónimo de una tentación hedonista” dice Carlos García Gual, uno de los más importantes mitólogos de nuestros tiempos, quien no flaquea al advertirnos sobre el destino del que escucha el canto:  “…quien arriba a la isla de las sirenas se queda allí, olvida para siempre el viaje, como atestiguan los huesos y pieles que se pudren entre las flores de la isla”.

Pienso en ‘likes’. Pienso en el número de reproducciones de un video subido a Youtube, en la cantidad de comentarios que se hagan sobre una foto tuya y en las numerosas veces que la publicidad actúa como el canto de una sirena. Tenis para correr más rápido, fragancias que consiguen que Scarlett te espere entre sábanas, push-up bras que te convierten en Adriana Lima… todo sea por complacer mi deseo de sentirme deseado/a.

Acudo al ejemplo de cómo tu perfil de Facebook o Instagram te permite editar tu imagen ante el mundo y, como carnada para el interés de los transeúntes, logras tu momento de atención a través de la imagen de lo que no eres. Mi tesis es que no solamente somos presas del canto sino que, a veces, somos nosotros mismos esos seres que atraen con la mentira y desvían los caminos ajenos. Si lo pensamos bien, es algo profundamente ominoso: sabemos lo que el otro desea y nos transformamos en eso. La pregunta que debemos plantearnos es ¿y para qué desviar al otro? Bueno, la respuesta es aún peor: al parecer, el canto sirénico de nuestros tiempos atrae el hedonismo del otro, pero atraemos a la presa para nutrir nuestro propio hedonismo. Esto último cae dentro de la jurisprudencia del amor y las perversiones. Pero ya habrá otra ocasión para hablar de ello, no nos desviemos de nuestro camino.

Por lo pronto, concluyo en que la copiosa presencia de campañas publicitarias, propaganda política, estrategias de mercado, influencers (lo que sea que eso signifique) en redes sociales y agentes parecidos, emplearán todo aquello que deseas para lucir más atractivos y deseables. No desvíes tu camino y tu concentración por la tentación de lo aparentemente bello y rápidamente obtenible. Si Ulises se hubiera rendido ante las distracciones no habría sido el héroe de una de las historias más extraordinarias que conocemos.

No escuchemos el canto de las sirenas, que saben tomar la forma de lo que uno desea. Sirenas políticas, sirenas familiares, sirenas amigas, sirenas like, sirenas revista…

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¿Te atreverías a detener el tiempo?

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Por Uriel Gordon

En los años noventa, había una adolescente que podía detener el tiempo, por lo menos en el universo de ficción de la serie de televisión, Fuera de Este Mundo, que se proyectaba en el Canal 5. Cuando Evie Garland, la hija de un extraterrestre, juntaba sus dedos índices, la tierra dejaba de girar, todo se congelaba, solo ella tenía la capacidad de moverse: podía impedir, por ejemplo, que un vaso destinado a chocar con el piso se cayera; tenía el poder para suspenderlo en el aire, sujetarlo y colocarlo en una mesa para evitar que se rompiera; Evie jugaba con la gravedad, alteraba las leyes de la naturaleza a su conveniencia y después, dejaba nuevamente que el tiempo corriera.

Recuerdo que ese programa me llevaba a preguntar qué haríamos si pudiéramos frenar el tiempo. Lo primero que en ese entonces me venía a la mente, era dormir más. Imagina la escena: suena el despertador a las seis de la mañana, abres el ojo y de plano, no te quieres levantar de la cama, entonces, juntas tus dedos índices y las manecillas del reloj se detienen. Mientras tanto, tú sigues durmiendo; dos horas después, te levantas ya más descansado, más fresco y, ahora sí, que vuelva a girar el mundo; ganaste dos horas: tu día pasó de tener 24 a 26 horas; entraste en un desfase que te permitió dormir más.

A simple vista, frenar el tiempo tendría muchas ventajas: evitar accidentes, detener alguna discusión acalorada e incomoda o adquirir mayor conciencia sobre los instantes de felicidad que sintieras en determinado momento; piensa en el ejemplo hipotético que más se ajuste a tu imaginación. Sin embargo, también habría que pensar cuáles serían los efectos secundarios de detener el tiempo, la ola de reacciones en cadena que se desatarían al jugar con las leyes de la naturaleza.

En la película El Efecto Mariposa (2004), el personaje representado por Ashton Kutcher, viajaba en el tiempo con tan solo leer sus viejos diarios. Regresaba al pasado, a un momento en específico y con la conciencia que tenía en el presente, y jugaba a alterar lo que ya había sucedido para cambiar el futuro. En este sentido, una sola acción que modificara el pasado, el aleteo de una mariposa, tenía el poder de desencadenar una tormenta con efectos imprevistos que moldearían una nueva realidad; algunas de las consecuencias que desembocaban en el presente no eran las deseadas y el personaje tenía que volverse a sumergir en el pasado para corregir lo alterado.

Siguiendo la misma línea, hay un capítulo de Los Simpson donde Homero tenía un tostador mágico que lo transportaba a la prehistoria y, cada vez que interactuaba con el pasado, su presente se transformaba. En uno de esos escenarios, Homero regresa al presente y encuentra el antecomedor de su casa expandido y embellecido; su familia viste las ropas más finas, la bebé Maggie usa un chupón que tiene incrustado un diamante; además, se entera que sus cuñadas que aborrece, Paty y Selma, murieron. Todo parece pintar de maravilla para él: siente que se sacó la lotería con la inmersión que hizo en el pasado. No obstante, de pronto, Homero le pide a su esposa Marge que le pase una rosquilla y ella le pregunta sorprendida a qué se refiere con el término “rosquilla”. Cuando Homero se da cuenta de que el pasado le trajo un nuevo mundo sin rosquillas, enloquece, pega un grito al cielo y decide acudir al tostador para alterar su presente, pero lo que no se da cuenta antes de tocar base con el pasado, es que en la ventana se asoma la lluvia y en ese mundo que está a punto de abandonar, llueven rosquillas.

Si tuviéramos los poderes de Evie Garland, ¿te atreverías a detener el tiempo, a explorar los efectos mariposa positivos o negativos que podría generar el freno de las manecillas del reloj?

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Perdonar sin olvidar

aPor: Alex Leurs

No me gusta París. Tiene todo lo que no extraño de una ciudad grande; tráfico, ruido, caos, masas de gente en dinámicas deshumanizantes y contaminación, entre otras. No obstante habría que ser muy testarudo para negar su grandeza. Es la ciudad cliché del romanticismo y la belleza. Joya arquitectónica, mina de oro cultural, patrimonio histórico, bastión de los derechos humanos y de la modernidad democrática. París es simbólicamente un testigo de las atrocidades que fundaron nuestro presente sociopolítico. En este sentido, el legado histórico parisino transmite una responsabilidad social de la cual es importante poder apropiarse si pretendemos aprender del pasado para encaminar los presentes por venir.

Recientemente descubrí, en París, el Memorial de los Mártires de la Deportación; se trata de un monumento a los que sufrieron y sobrevivieron los abusos de otros. Un recuerdo del alcance de la maldad pero también de supervivencia, de lazos y resiliencia. Y si bien es un monumento al pasado, también lo es hacia los que vuelven a vivir estas tragedias en la actualidad. O por lo menos, la promesa de que algún día también se hará uno para ellos. Claro, cuando ya sea demasiado tarde. Porque al parecer ese es el momento en el que a la mayoría se le facilita abrir los ojos; cuando es muy tarde para actuar.

Situado a espaldas de Nuestra Señora de París, justo donde la Isla de la Cité termina y el Sena se impone, un parque disimula escaleras que te confrontan, de forma inevitable, con una estructura que evoca la angustia de llegar a un lugar donde no eres (bien) recibido. Luego, una secuencia de salas. Desfilan imágenes, citaciones, videos, mapas, números y estadísticas que no dejan indiferente a nadie. Da la impresión de que sólo un sociópata o un ser que no quiere sentir puede salir intacto de esta visita; confundirlos sería un insulto para el primero.

La idea de escribir alrededor de esta experiencia surgió al instante en el que entré a la primera sala. Sin embargo, la convicción de que era necesario hacerlo llego al final, cuando salí y vi a gente asoleándose, tomando cerveza en el parque del memorial.

En la visita dos citaciones me inspiraron.

“Perdona. No olvides” –Anónimo.

Yo me pregunto lo que significa y lo que representa perdonar a aquellos que cometieron crímenes contra la humanidad. También me pregunto lo que significa no olvidar. Y si me lo pregunto es porque trato de aprehender la dimensión histórica de esos eventos y lo que pueden aportarnos. Sino un memorial no sirve para otra cosa que para calmar nuestra angustia. En ese caso seria pura hipocresía (y si bien no omito la hipótesis, prefiero ser optimista). La memoria no tiene sentido si se usa para atormentar, para designar culpables y recaer en tendencias nacionalistas. La memoria es la base del aprendizaje y es en ese sentido que te pregunto a ti lector, ¿cómo perdonamos algo que no conocimos? ¿Cómo aprendemos de eso?

“Pero el día en que los pueblos entiendan quienes eran ustedes, morderán la tierra de despecho y sus remordimientos los inundarán de lágrimas y les levantarán templos”

– Vercors-

Esta cita fue la que más me conmovió. Me hizo ver que actualmente corremos el riesgo de querer morder la tierra en el futuro. En cualquier otra época ya estaríamos hablando de guerra. Nuestro presente, envuelto en lo virtual, facilita la banalización del sufrimiento de otros. Porque si puedo ver a la gente sufrir desde mi jacuzzi entonces, tal vez, después de todo, no sea tan grave. Si puedo tolerar verlo y saberlo entonces la dimensión dramática se desmorona. Y es que así nos veo. Tomando el sol sobre la memoria de los que han sufrido excesos humanos. Como si eso no pudiese pasarnos. Como si eso ya no pudiese pasar. Sin embargo, no solo esta pasando, sino que nos oponemos a responder de forma humana a una crisis social argumentado política, economía y distancia.

En la Segunda Guerra Mundial habían deportaciones, trincheras, campos de trabajo, campos de exterminio, intolerancia a la diferencia (porque no solo fueron víctimas los judíos sino también los negros, los árabes, los discapacitados y los homosexuales, entre otros), muertes, sangre y periodicazos. Hoy en día tenemos twitter e instagram, videos y fotos, migración forzada, puertas cerradas, miradas volteadas, drones y –aparentemente– algunos campos de trabajo forzado para homosexuales en Ucrania. Que las formas cambien no significa que no estén en juego los mismos valores, las mismas libertades, los mismos miedos, las mismas esperanzas. Y eso, se nos está escapando. Ojo, no hablo de la información sino de su alcance y de su significado.

Entonces, regreso a la primera citación. ¿Qué es perdonar sin olvidar?

El primer esbozo de respuesta que puedo proponer es que en una lógica dialéctica los opuestos permiten avanzar mediante síntesis. Tengo miedo de vivir sin entender lo que está en juego. Sería un insulto a nuestros antepasados que defendieron con sus vidas un ideal. No sé cuál sea ese ideal. Únicamente puedo decir que me parece que hoy en día nuestros ideales se limitan a la imagen y algunos otros indicadores banales y superficiales. Y que esos ideales no se ven trastocados por el sufrimiento humano. Al contrario, se ven reforzados como una pantalla de protección.

Tal vez la mayor lección es que el ser humano se puede deshumanizar, que la maquina que hemos creado tiene en su algoritmo la tendencia a apagarnos mediante la homogeneización de la cultura y de las formas de ser.

Entonces, saliendo del memorial, viendo a la gente sin camisa, bebiendo sobre ese parque, me vino a la mente el movimiento de los Indignados. Porque, ¿cómo no indignarse? La historia permite contextualizar el presente, reflexionarlo para construir el por venir. No hay una buen camino. Pero repetir la historia o tolerar la repetición de errores del pasado, eso si que debería ser indignante.

Retomando la construcción de Mujica; esto no es una apología al intelectualismo, es una apología a lo humano comprometido.

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EUROVISIÓN: La politización de la música

Algunos años atrás platicaba tranquilamente con unos amigos españoles por Skype cuando de pronto una de ellas comenzó a gritar frenéticamente: “¡Va a ganar la mujer barbuda, por Dios!”

Su reacción fue el detonante para que mis amigos comenzaran a discutir sobre la tan enigmática “mujer barbuda”; y yo… bueno, los veía sin entender de qué estaban hablando. A los pocos minutos uno de ellos me explicó el súbito cambio en nuestra conversación, todo se resumía a una sola palabra: EUROVISIÓN.

Es un festival musical con más de sesenta años de tradición en el que los países compiten enviando a un cantante con un tema inédito para tratar de obtener el primer lugar. El país ganador será la sede del festival al año siguiente, generando mayor turismo y derrama económica, por lo que todos quieren ganar.

El concurso es un evento organizado por la UNIÓN EUROPEA DE RADIODIFUSIÓN (UER) y todos los países del continente pueden participar sin importar su afiliación política. De igual forma, cualquier otro país puede tener acceso al programa si alguna de sus televisoras está dispuesta a pagar por los derechos de transmisión. Por lo anterior hemos visto concursar a otras naciones como Israel y Australia ya que transmiten contenidos de la UER en sus propios países.

Si algún país debe dinero a la cadena, este es automáticamente suspendido del festival. Todos los concursantes pasan por unas eliminatorias o semifinales, excepto España, Alemania, Reino Unido, Italia y Francia, mejormente conocidos como los “BIG FIVE”. Ellos son los jueces en las semifinales y pasan automáticamente a la final ya que son los que más aportan a la cadena (UER).

El año en el que mi amiga gritó durante nuestra llamada por Skype (2014) ganó Conchita Wurst, un personaje artístico creado por el cantante austriaco, Thomas Neuwirth, mejor conocido como “la Mujer Barbuda” o “la Reina de Austria” con el tema Rise like a Phoenix. Mi curiosidad se abrió entonces al desarrollo artístico, escénico y musical de uno de los festivales europeos más trascendentales en la historia de los mismos.

En el 2015 me preparé iniciando el año. Quería predecir al ganador estudiando las noticias más importantes de los medios internacionales, las políticas públicas de cada gobierno, la letra de la canción, el desarrollo audiovisual y escénico de cada uno de ellos. Había encontrado la conexión el año anterior con la señorita Conchita y la algarabía popular por una mayor aceptación legal en Europa de los derechos LGBT.

Mi análisis entonces, me llevó a elegir como futura ganadora a Polina Gagaria, la representante rusa del certamen que hablaba de esperanza e inclusión de toda índole en su propuesta. Ese año se habló mucho de los primeros grandes atentados del Estado Islámico; de cómo atraían a jóvenes occidentales con promesas de una vida arrojada y de valor; de la destrucción de ciudades y las matanzas que asemejaban más a un holocausto que a un simple conflicto armado local.

A Million Voices sonaba al aliento dulce que necesitaba el mundo, sin embargo, erré. Heroes del sueco Mäns Zermelow fue la ganadora y creí que todo mi análisis había estado equívocado; se lo achaqué a mi inexperiencia y falta de conocimiento sobre el tema. Sin embargo, al año siguiente otro ruso estaba a punto de llevarse el primer lugar y asegurar la oportunidad de llevar el evento a su nación generando el tan anhelado flujo turístico, y el honor de ser parte de la gloriosa lista de ganadores.

Sergey Lazarev (Rusia) entregó en 2016 en Estocolmo, Suecia, You are the only one con la vitalidad y frescura de las primeras chispas del saberse enamorado. A pesar de que las casas de apuestas y el público en general la posicionaban en primer lugar, fue la ucraniana Jamala con su tema 1944 la ganadora del certamen. Para entonces dejé de interesarme tanto por estudiar el evento y me enfoqué en disfrutar de la música que iba agregando de a poco a mi reproductor. Sin embargo seguía pensando que algo no cuadraba.

Tras finalizar la gala del año 2016 leí en varios portales noticiosos que Rusia alegaba la tan famosa “mano negra” en contra de su representante; es decir, que los jueces del certamen habían sido parciales al darle esa puntuación a la representante ucraniana por una canción que hablaba de cómo soldados del régimen comunista habían masacrado a una comunidad de la península de Crimea.

Las menciones en los medios de comunicación a la canción galardonada ese año reavivaron la rivalidad política entre Ucrania y Rusia, pues en el año 2014 Ucrania declaró a la Unión Europea que Rusia había invadido su territorio y violado su soberanía al anexar la península de Crimea a su territorio. Esto llevó a una completa cobertura mediática que se redujo paulatinamente; el resultado de eurovisión en el 2016 abrió de nuevo esa carpeta que comenzaba a olvidarse.

Sin embargo, en este conflicto, Ucrania no cuenta con el respaldo de la historia por cercana que esta sea.

  • La península de Crimea es un punto clave en el comercio nororiental.
  • A lo largo de la historia ha sido disputada por persas, cimerios, escitas, hunos, turcos, hasta llegar a manos de la autoridad imperial rusa.
  • Por sus cálidas temperaturas, comparadas con el resto del país, era apreciada como área de veraneo para aristócratas. La familia Romanov llegó a pasar algunos veranos en esa región antes de ser masacrados.
  • Durante el periodo comunista la región se vio desolada y diezmada por el control autoritario y déspota del ejército, haciendo que muchos de los nativos huyeran a una joven Ucrania y otros países aledaños.
  • Tras la caída de la Unión Soviética, la pequeña península se declaró a sí misma República Independiente de Crimea. Sin embargo, al ser tan pequeña y tan fácil de dominar pidió auxilio a su vecina más cercana: Ucrania. Generando así un pacto de colaboración y protección.
  • Ucrania no respetó el pacto y trató a la pequeña república como a la sierva del hogar: sin derechos y sin leyes que les permitieran el desarrollo. Se encontraban a merced de un pez más grande.
  • En tres ocasiones, la pequeña República de Crimea pidió diplomáticamente la oportunidad de generar su propia constitución política, algo que Ucrania rechazó tajantemente.
  • Durante el 2014 se organizó el referéndum que llevó a la región a buscar adherirse a la Federación Rusa buscando mejores oportunidades civiles y políticas para sus ciudadanos, estallando así el conflicto.

Todo esto nos lleva a cuestionar si Ucrania actuó cual niño berrinchudo culpando a Rusia de tomar bajo su protección a una zona que despreciaron por décadas. Y ahora, no sólo la Unión Europea, sino el mundo entero ven a los rusos como los “malos” del cuento. Sí, todos sabemos que Putin no es un santo, pero tampoco es el tirano que pretenden reconocer.

Al estudiar inicialmente la política como factor determinante en el festival creía que sería impulsora de la empatía de los asistentes y televidentes y no algo más turbio que eso. Un festival generado para dejar tensiones políticas a un lado después de la Segunda Guerra Mundial está ahora manchado con la política más sucia de la actualidad.

Este año el concurso se llevó a cabo en Kiev (Ucrania) con el lema Celebrate Diversity, el cual fue mancillado al acercarse la fecha de las Semifinales. La cantante rusa, Yulia Samoylova, fue sancionada por el equipo organizador por conocerse que había visitado previamente la República de Crimea —en la actualidad, para los ucranianos esto es un crimen de guerra—por lo que lanzaron un ultimátum a Rusia: “Cambian a su representante o se transmite su actuación vía satélite. Ella no pisará suelo ucraniano.”

Al intentar politizar tan descaradamente el concurso, muchos críticos comenzaron a señalar que esto dañaría la reputación del concurso, dejando de lejos el fin por el que fue creado y por el que se eligió el tema de este año.

Pero la historia no termina ahí. Por primera vez en la historia ganó Portugal, una nación ninguneada por la Unión Europea, con la canción de Salvador Sobral, Amar pelos dois. Esta canción compuesta por su hermana Luisa es una oda al amor puro y no deja insensible a nadie: algunos la odiaron… Muchos más, lloraron al escuchar la bella interpretación del portugués.

Este hombre que nunca se había interesado por los festivales y la algarabía mediática subió al escenario al conocerse el resultado final y dijo a la audiencia: “La música son emociones, sentimientos; no son los fuegos artificiales que se ponen en el escenario”, rematando así su comentada actuación en el festival.

La prensa y otros artistas no tardaron ni lo que Cristo en resucitar de la muerte para atacarlo: “Un rarito ha ganado Eurovisión”, comentan unos por su estética no convencional; “Ha ganado por el teatro que armó con su enfermedad”, comentó un desairado representante rumano. Este venerado festival ahora mancillado por los rencores de los malos perdedores se encuentra en su etapa más hipócrita: declara unión en la diversidad y apuñala a la menor provocación.

A pesar de esto los millones de televidentes y espectadores no dejan de disfrutar el ambiente festivalero y las propuestas musicales que cada año endulzan sus oídos. Esperemos que no los endulcen tanto como para no reaccionar en contra de esta situación que se agrava año con año.

 

 

 

El cine que vamos matando

Por: Daniela Dib – @dandiba

Un solo dato parecería suficiente para mantener con vida la esperanza de que los libros siguen vigentes: en el 2016, el 60% de las películas más taquilleras a nivel mundial fueron adaptaciones de alguna obra literaria. Otra cifra, sin embargo, derrumbaría la fe del literato más entusiasta: las obras literarias responsables de estas ganancias fueron cuatro cómics, un clásico y un libro basado en otro libro.

Película Recaudación total
Capitán América: Civil War $1 153 304 495
Rogue One: Una historia de Star Wars $1 056 052 054
Buscando a Dory $1 028 570 889
Zootopia $1 023 784 195
El libro de la selva $966 550 600
La vida secreta de las mascotas $875 457 937
Batman vs Superman: Dawn of Justice $873 260 194
Animales fantásticos y dónde encontrarlos $814 037 575
Deadpool $783 112 979
Escuadrón Suicida $745 600 054

Fuente: Box Office Mojo

“Capitán América: Civil War”, basado en el cómic Civil War de Mark Millar y Steve McNiven para Marvel; “Batman vs Superman: Dawn of Justice”, inspirado en los personajes de los cómics creados por Bob Kane y Bill Finger (Batman) y Jerry Siegel y Joe Shuster (Superman) para DC Comics; “Deadpool”, basado en el cómic homónimo de Rob Liefield; “Escuadrón Suicida”, inspirado en varios villanos de DC Comics; “El libro de la selva”, adaptada de la novela clásica de Rudyard Kipling; y “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, una secuela del universo de Harry Potter también escrita por J.K. Rowling. El que la adaptación cinematográfica de estas obras haya sido buena o mala no está a discusión. Lo que vale la pena resaltar es que, contrario a lo que ocurría hace unas décadas, los grandes estudios de cine parecen estar enfocados en encontrar una receta para lograr éxitos de taquilla. Al hacerlo, sacrifican la creatividad, las buenas historias y las nuevas ideas. Incluso Martin Scorsese, uno de los cineastas más reconocidos del séptimo arte, declaró recientemente que “El cine ha muerto”. Atribuyó su muerte a la falta de creatividad de la industria, culpando a los “estudios con aversión al riesgo que además están obsesionados con las películas de franquicias.”

Lo que los estudios de cine comprenden bien es que la experiencia del cine no ha muerto, pero está luchando por mantenerse a flote. Netflix, Hulu, Amazon y sus competidores han desarrollado una nueva manera de consumir contenido (on-demand y binging) en dispositivos móviles, así que los estudios ya no pueden darse tanto lujo de experimentar con nuevas historias costosas de producir cuyo éxito no pueden anticipar. Una manera de predecir una película taquillera es observando otro mercado que produce y vende historias: el literario.

No es cosa nueva que los libros sean fuente de inspiración para cineastas. El Padrino, película que muchos expertos califican como la obra maestra del séptimo arte occidental, fue adaptada por Francis Ford Coppola del libro homónimo de Mario Puzo. Stanley Kubrick adaptó varios libros, entre ellos: El Resplandor de Stephen King y Lolita de Vladimir Nabokov. El éxito que la trilogía de El Señor de los Anillos alcanzó en las salas de cine, al igual que la saga de Harry Potter, no pudo haber sido posible sin la imaginación que J.R.R. Tolkien y J.K. Rowling plasmaron en sus extensos tomos. En los más de cien años de historia del cine, cientos de libros buenos y malos han derivado en películas malas y buenas. De hecho, la influencia que la literatura ha tenido en la industria cinematográfica ha sido tal que le ha ganado una categoría especial en los premios Oscar: la de Mejor Guión Adaptado.*

Sin embargo, lo que hoy ocurre es diferente. Estudios de cine como Sony, Universal y Paramount Pictures han creado departamentos de Adaptación Literaria para identificar obras de cualquier tipo de literatura que puedan convertirse en éxitos en taquilla. Y pareciera ser que el principal requisito para adaptar al cine una obra literaria es que el libro haya sido un éxito en ventas. Esto explica filmes extraordinarios como “Figuras Ocultas”, basada en el libro Hidden Figures: The American Dream and the Untold Story of the Black Women Who Helped Win the Space Race de Margot Lee Shetterly  y “La llegada”, adaptada del cuento corto  Story of Your Life de Ted Chiang. Pero también parece ser la razón detrás de todas las secuelas de superhéroes que ya han sido mencionadas, o de filmes como “Cincuenta Sombras de Grey”, basados en la obra homónima de la autora E.L. James. Tanto el filme como la novela fueron destrozadas por la crítica, pero el libro ha vendido más de 130 millones de copias y la película generó más de $85 millones de dólares tan solo en el fin de semana de su estreno.

Scorsese parece rendirse ante la falta de creatividad en el mundo del cine, pero no todo es culpa de los estudios. Si el público mundial está dispuesto a pagar por ver la séptima entrega de una franquicia de superhéroes, entonces los estudios seguirán explotándola. Resulta interesante que la temática más recurrente este tipo de películas sea la lucha entre el bien y el mal. Aunque sin duda son conceptos universales que compartimos entre culturas antiguas y  modernas, ¿realmente queremos seguir viendo cada verano la versión reciclada con disfraces de lycra, efectos especiales y superestrellas? ¿Por qué seguimos yendo al cine a consumir historias tan parecidas entre sí?

Las películas que solemos consumir en las salas de cine mexicanas se realizan principalmente en EEUU. Sin embargo, desde nuestra frontera podemos comenzar a exigir mejores historias. Somos, en gran parte, una audiencia global que consume contenido de diferentes geografías. Querer diversidad en el cine no significa más películas de cine de arte o de actores mexicanos hablando inglés. ¡Queremos buenas historias! Si la industria editorial está influenciando las decisiones de grandes estudios de cine, ¿por qué no más cineastas, latinos o no, voltean a ver las grandes historias que encierra la literatura latinoamericana? Y tal vez la pregunta más difícil: ¿por qué nosotros como audiencia seguimos queriendo ver la misma historia cada año?

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Miradas externas: ¿qué secretos esconden?

Por: Alex Leurs

¿Alguna vez has tenido esa sensación extraña de que la gente ve en ti cosas que tú mismo puedes no reconocer? ¿Te ha pasado que alguien hable de ti y no puedas reconocerte en sus observaciones ? ¿Qué podemos aprender al confrontarnos con una mirada externa?

Es un fenómeno similar a cuando te escuchas en una grabación y no logras reconocer tu propia voz. Evidentemente sabes que eres tú, algo dentro de ti lo intuye. La dificultad no recae en el reconocimiento de la voz sino en el reconocerse a sí mismo en ella. La voz capturada y reproducida desde un aparato es experimentada como algo externo generando así distancia entre el productor y su producto. La distancia física y simbólica genera extrañeza al confrontar la construcción fantasmática de nosotros mismos a una escucha externa. Es un reflejo subjetivo de nosotros mismos.

Tomar distancia con respecto a nosotros mismos no es tarea fácil. Si bien existen algunas técnicas que lo facilitan (por ejemplo, la meditación), la retroalimentación por parte de terceros que aportan “miradas externas” es la fuente más importante para tomar distancia con respecto a uno mismo. Ahora bien, estas miradas —por sus estatutos de “externo”— son susceptibles de abrir caminos/posibilidades no imaginados previamente por la persona en cuestión. Esto es a lo que nos referimos cuando apelamos a una persona fuera de un contexto específico para aportar “una mirada fresca”. Todo sistema/individuo se representa a sí mismo de una forma que supone omitir otro sinfín de posibilidades y una mirada externa puede abrir nuevas perspectivas.

Mientras todavía vivía en México tuve la oportunidad de vivir una experiencia de este estilo. Recién egresado de la carrera de psicología me confronté con la necesidad de ser creativo y pro-activo para encontrar fuentes de ingreso. Así, empecé a ofrecer clases particulares para estudiantes con dificultades académicas. En casas como en cafés me desplazaba por la ciudad para dar clases. En una ocasión, sentado en El Globo de avenida Universidad, frente al Liceo de Coyoacán, tuve la oportunidad de experimentar una mirada externa sobre mí mismo. Mientras mi estudiante se empeñaba en lograr un ejercicio de álgebra mi mirada divagaba en el mar de automóviles. De repente una chica de unos 16 años entró acompañada de un hombre mayor al café. El vestía un pantalón de vestir, una camisa y una corbata. Ella había optado por algo menos común, un vestido medieval.

El binomio particular se instaló detrás de nosotros y se puso a trabajar. No sé si era su vestido particular, le sensación de ser observado o simplemente intuición de lo que sucedería después pero estaba completamente absorto por esa mesa. Me preguntaba qué podría hacer una chica con un vestido así en un día tan acalorado. Por un lado pensaba que estaba loca y por el otro lado la consideraba muy valiente. Algo en la forma en la que portaba su vestido me hacia pensar que solía hacerlo frecuentemente. No era un disfraz sino su forma de vestir, su sentido de la moda, su forma de ser. Intrigado, buscaba todos los pretextos posibles para voltearme y observarlos trabajar. La dinámica entre ellos me hizo rápidamente pensar que ella estaba tomando una clase: ella estaba sobre una hoja de papel, escribía, borraba y lo compartía con su acompañante quién parecía hacer comentarios sobre su trabajo.

Mi estudiante mató mis fantasmas preguntándome cómo despejar un cuadrado en su ecuación. Regresé a la realidad y seguimos trabajando.

Pocos momentos después escuché movimiento en la mesa de atrás y al voltearme vi a la chica caminar hacia mí. La mirada fija en el piso extendió su mano y me tendió una hoja de papel. Mi egocentrismo imaginó que me estaba dando su numero de teléfono. Mi ego creció, sonreí y antes de poder decir gracias ella se había esfumado. La vi pasar por la calle, voltear a verme y acelerar el paso. Nunca mas volví a verla.

Hipnotizado por algo que no puedo describir mi mirada estaba perdida nuevamente en el tráfico. El alumno cerró su cuaderno “listo, ¡ya terminé!” y salió corriendo al ver la camioneta de su mamá llegar. Yo seguía en trance. No tenia demasiado sentido. Seguía procesando algo que no entendía. Con cierta prisa abrí la hoja de papel y descubrí una mirada externa de mí. No había número de teléfono. No había nombre. En esa hoja de papel había un poema. Una historia de nosotros, de nuestro encuentro.

No es posible quererte así
De una manera sin nombre
Y que no pueda dormirme
Porque tu recuerdo siempre esta aquí.

Sigo sin saber, quién eres,
Tu recuerdo se esfuma de mi mente,
Un recuerdo por siempre presente.
Pero no, no eres uno mas de mis placeres.

Creo recordarte, aunque a veces
La memoria me traiciona
Y ciertos detalles se evaporan
He olvidado el color de tus ojos.

Te esfumas entre la gente,
Tu ropa se confunde entre marabuntas.
Sin embargo hoy de noche regresas entre todos,
Y una vez más nos encontramos.

Caminamos entre sonámbulos,
Y aun rodeados por una multitud
Estamos absolutamente solos.

Esta vez sí, resuena por mi cabeza,
Sueño con que esta vez sí nos presentamos,
Entre el bullicio, escucho un nombre.

Los autos seguían desfilando. Levanté la mirada para buscarla. Estaba intrigado. Ella me había visto, leído e interpretado. Su visión, fijada en esa secuencia poética me arrojaba algo de mí que no había reconocido. ¿Cómo puedes haber imaginado eso sin conocerme? ¿Qué transmití sin darme cuenta? No nos conocíamos. No importa, sus palabras me marcaron y me abrieron caminos de reflexión sobre mí. Una mirada externa introdujo distancia con la cual pude considerarme a través de otros ojos. Por un momento fui aventurero, amante de una desconocida y viajero de sueños.

En sus palabras me descubrí nuevamente.

Tal vez, como seres humanos, estamos confinados a un eterno proceso de descubrimiento con los cuales actualizarnos constantemente. Así, entonces, el ser humano más que ser, deviene constantemente a través de una síntesis de miradas externas.

“Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros” – J.P. Sartre-.

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El niño que vivió

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Por: Ernesto Gómez – @EGH7

Corría el año de 1990 y Joanne Rowling, en ese entonces una completa desconocida, imaginó por primera vez a Harry Potter durante un viaje en tren. La historia terminó por cobrar vida en los cafés de Edimburgo y, siete años después de ser concebido, Jo Rowling entregó al mundo Harry Potter y la Piedra Filosofal. Así, sin pensarlo, arrancó el fenómeno que marcó a una generación completa.

El mundo era otro. Con decir que Titanic todavía no estrenaba y nadie sabía aún de la relación de Clinton con Lewinsky. Los que crecieron con Harry Potter podrán recordar con nostalgia como se fue agrandando el furor con el que se esperaba la publicación de cada libro y de cada película; como Harry Potter redefinía los alcances de la ficción hasta convertirse en un parque temático. Recordarán que se veían los lanzamientos de los trailers de cada película como si se tratara del capítulo nuevo de una serie televisiva. El fenómeno fue tal que los libros han vendido más de 450 millones de copias a nivel mundial y la marca está valorada hoy en día en más de 15 mil millones de dólares. Harry Potter y las Reliquias de la Muerte marcó el primer libro de su tipo que se dividió en dos partes para su adaptación cinematográfica y así marcó tendencia —véase el ejemplo de Sinsajo, Amanecer y, en un extremo, El Hobbit—. A la fecha, los “potterheads” son de los fanáticos más asiduos y dedicados del mundo. Tan sólo con decir que fue cuestión de horas para que se agotara el primer tiraje de Harry Potter y el Niño Maldito, el guión de la obra de teatro que salió a la venta el año pasado. Nueve años después de que se acabara su historia, la gente sigue hambrienta por más.

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Con Harry Potter el mundo se encontró con un fenómeno de popularidad y ventas que no se conocía desde los tiempos de los Beatles. Prueba de esto es que por primera vez en la historia habrá una película producida exclusivamente por fanáticos de los libros que ahora nos contarán los orígenes de Voldemort y que también están buscando fondos para hacer una película acerca de los fundadores de Hogwarts. Rowling redefinió el “fanfiction” y la historia que nos contó sirvió para fortalecer y hasta formar nuevas amistades con el gusto de hablar y debatir sobre el mago más famoso de la historia.

Harry Potter se ganó un lugar eterno en el corazón de sus fans por diferentes razones. La mayoría están de acuerdo en que encontraron con Harry y sus libros un mundo mágico en el que refugiarse de sus problemas para pensar en los de Ron, Hermione y Harry, una historia con la que pudieran entender lo que es crecer sintiéndose diferente. En sus páginas y sus personajes fueron descubriendo el verdadero valor de un buen maestro, de la amistad, la lealtad, la familia y el amor: la cualidad por la que Harry pudo vencer a Voldemort.

Espejo de Oesed

Lo impactante de la serie es como la autora y los personajes fueron creciendo junto con sus lectores y la enorme profundidad sentimental que se adivina desde el primer libro, especialmente en el pasaje en que Harry encuentra el espejo de Erised y se ve a sí mismo deseando, por encima de todo, la familia que perdió. A pesar de ser libros de fantasía y de lectura fácil, están siempre impregnados de añoranza y de la búsqueda constante de Harry por un sentido de pertenencia. Harry Potter se volvió un titán de su época por la forma en la que metió a los lectores de lleno en su fantástico mundo en el que siempre triunfa la bondad humana y en el que todos los fans fueron encontrándose con personajes inolvidables que los marcaron de una forma u otra.

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Hoy, veinte años después de que se publicara Harry Potter y la Piedra Filosofal, podemos garantizar que Rowling nunca imaginó el efecto que tendría su obra sobre el mundo, la forma en la que tendría a sus lectores devorando hoja tras hoja, el enorme gusto con el que leerían cada capítulo y la envidia que le tendrían a quien apenas está hojeando La Piedra Filosofal por primera vez. Joanne Rowling escribió con Harry Potter su propio cuento de hadas que la hizo pasar de ser pobre a ser más rica que la Reina de Inglaterra, inspirando así a cientos de escritores a tratar de abrirse camino en el mundo del arte. Con su obra, Rowling le dio algo especial a cada uno de sus lectores, un pequeño tesoro en cada libro, un patronus que los protege en momentos de tristeza.

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Todos los fans alguna vez supieron que si los pusieran frente al espejo de Erised se hubieran visto con la carta de Hogwarts en mano, admitidos a la mejor escuela de magia en el mundo. Todos desearon alguna vez tener un maestro como Dumbledore, tan lleno de sabiduría y tan dotado de habilidad con las palabras. Harry Potter es así de importante para sus fans verdaderos que le tienen un amor tan eterno como el de Severus por Lily y que cuando les pregunten que si siguen amando los libros de Rowling después de tanto tiempo responderán “por siempre”.

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