Vivir de recuerdos

Vivir de recuerdos

Por: Diana Vázquez – @dianavzcs

La energía no puede crearse ni destruirse, sólo se puede transformar. Tengo una teoría de que todo es energía: nosotros, nuestras acciones, nuestros pensamientos. Pienso que todo lo que hacemos de alguna manera no muere, sólo se transforma. Ahí es donde está nuestro impacto. Esa energía, la nuestra y la de los demás, todo se queda en este mundo.

¿Qué pasa con nuestros recuerdos? Ellos son el impacto de otras personas en nuestra vida, es la energía que ellas nos transmiten. Buenos o malos, al acordarnos de ellos, usamos energía al mismo tiempo que nos la da. Nos hace estar en aquel momento por un segundo, nos hace sentir como en el pasado y hace que algo dentro de nosotros se mueva. A veces sólo los guardamos, otras veces salen a la superficie de nuestra mente para activarnos de alguna manera. Por eso los recuerdos son útiles, por algo esa energía se quedó dentro de nosotros: para convertirnos en lo que somos hoy.

A veces pienso en todo lo bueno que ha pasado en mi vida: en esa cena en la terraza con mi familia que me hizo sentir que nada malo podía suceder; en la tristeza que sentí cuando mi hermana se fue un semestre de intercambio pero al mismo tiempo me hizo sentir feliz; la vez que conocí a la que hoy en día es mi mejor amiga; en mi primer beso; en ese momento donde me di cuenta que estoy donde tengo que estar y que no me arrepiento de nada. ¿Qué pasa si eso se borra de mi memoria? ¿Qué pasa con esa energía que era mi motivación día con día? ¿Si se van los recuerdos, se va mi motivación? ¿Acaso nos quitan una parte de nosotros, o sólo dan lugar a algo nuevo?

No creo que los recuerdos se vayan, sólo se transforman. La misma teoría física lo menciona, hay una transformación de energía. Los recuerdos siempre estarán ahí, pero ya no te tomarán tanta energía como antes. Ahora darán paso a cosas nuevas que en este momento son más importantes que el pasado. No es que los recuerdos pierdan importancia, pero tal vez crecemos tanto en nuestra vida que se necesita de más energía, energía diferente que sea nuestra nueva motivación.

Creo que la energía que producíamos en esos recuerdos se transforma en nuevas acciones que, a la vez, hacen que la vida nos dé nuevos recuerdos. Esa energía que nos hacía vivir en un momento, ahora nos hace tan fuertes que nos desprendemos de ella haciendo actos que al mismo tiempo impactan en los demás. Simultáneamente, las demás personas igual impactarán en nosotros, así que será un ciclo. Ese ciclo es el que nos mantiene con vida.

Entonces los recuerdos nunca mueren, no se destruyen y no los creamos. Al transferir esa energía en acciones, indirectamente lo transformamos en nuestro próximo impacto, próxima experiencia y próxima lección. Y, ¿quién sabe?, tal vez alguna vez la misma energía se nos regrese sin que nosotros nos demos cuenta. Esa es la magia de la ciencia, hace que algo evolucione, pero sin perder su origen. Al final de cuentas, toda la energía siempre está rondando, el mundo siempre está girando y todo se queda en él.

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El vaso. ¿Está medio lleno o medio vacío?

Vaso medio lleno o medio vacio

Por: Alex Leurs

En “El potencial social de la comunidad”, mi primera colaboración con Inteligencia Independiente, hice alusión a la película-documental “Demain”. Este proyecto propone una aproximación distinta a las dificultades ecológicas y económicas de nuestra actualidad; en vez de centrarse en problemas y citar tragedias escoge enfocarse en propuestas de solución. Resulta interesante destacar este aspecto ya que las conceptualizaciones teóricas de terapias contemporáneas proponen que todos los días, cada uno de nosotros, tenemos la posibilidad de escoger el tipo de historias que queremos contar.

En terapia narrativa se parte del principio de que la realidad se construye socialmente. Esto quiere decir que en las interacciones cotidianas, mediante el diálogo, se reproducen y sostienen visiones específicas de la realidad. La realidad social, esa que resulta de los significados que arrojamos al mundo, se crea y mantiene conforme la hablamos y la actuamos. Algunos apelarían en este momento al concepto de cultura para identificar un sistema de significados en el cual estamos inmersos y que determina, en parte, formas de comprender la realidad.

Es decir que la metáfora del vaso medio lleno/vacío no se puede reducir a un sesgo intencional o a una simple cuestión de enfoque. En el tipo de discurso que decidimos implementar existe, implícitamente, una forma de interpretar al mundo. Detrás de la elección lleno/vacío radica un proceso de construcción de realidad —del vaso— ya que en función de la perspectiva que se adopta, diferentes posibilidades se abren —tanto al vaso como a la relación con él—. Como lo discutí en “La locura o la cachetada de guante blanco a la normalidad”, uno de los elementos más analizados en psicología narrativa son las practicas de poder implícitas tanto en los discursos de las instituciones como en los de la cotidianidad. Sin embargo ello no supone que no existan un sin fin de significados tácitos dentro de nuestras cotidianidades. Así, en este caso, me gustaría exponer otra noción implícita: la dicotomización de la realidad.

Retomando la metáfora del vaso —y sometidos a una visión binaria de la realidad—, se nos presentan dos posibilidades: el vaso medio lleno asociado a una visión positiva del mundo o, el vaso medio vacío asociado a una visión pesimista de la realidad. Dicho de otra manera, puedes ver al mundo de forma positiva o pesimista. Es necesario escoger una porque son mutuamente excluyentes: escoges enfocarte en lo positivo o en lo negativo. El mundo, entonces, es bueno o malo. Sin embargo existe una tercera alternativa: aceptar la ambivalencia de los eventos que conforman nuestra cotidianidad, nuestra vida y que permiten crear la realidad social. Esto no es tarea fácil ya que supone romper con una visión dicotómica en la que las cosas no pueden ser dos caras de la misma moneda al mismo tiempo.

Permítanme apelar a otro ejemplo para destacar el impacto del tipo de discursos implementados a escala nacional. Recuerdo que hace algunos años (tal vez 20), al mismo tiempo que los hermanos Brennan explotaban el alarmismo y amarillismo con su noticiero “Duro y Directo”, y que Zabludovsky nos quería hacer ”bobos”, surgía un noticiero cuyo lema era “las buenas noticias también son noticias”. Aquí tenemos nuevamente dos posturas: discursos centrados en problemas y un discurso centrado en soluciones.

En el primer caso la saturación de noticias agravantes reproduce una realidad pesimista, dominaba por la violencia y los abusos generando así una realidad de la cual hay que defenderse. Difundir pánico es crear miedo y crear miedo genera problemas. Que estos problemas existan o no es irrelevante ya que la condición necesaria para que se vuelvan reales es que la gente los interiorice como ciertos. Así funcionan los rumores: los eventos importan poco cuando la genta está convencida. El lobo no tiene que llegar, sólo necesita ser anunciado para que la gente lo empiece a buscar e, inevitablemente, a encontrar.

En el segundo tipo de discurso parecería que tenemos exactamente lo opuesto: un enfoque en eventos cotidianos positivos. No obstante, existe una ligera diferencia que se manifiesta en el uso del adverbio “también”. Este último introduce una visión complementaria que no rechaza la presencia de eventos propios al primer caso. En realidad, lejos de negar la presencia de eventos negativos en la realidad, propone rescatar buenas noticias ya que ellas también forman parte de la realidad.

No se trata de hacer la apología de un noticiero que traía noticias bonitas. Más bien, se trata de subrayar que en su lema, el noticiero (tal vez sin querer), señala que la realidad es ambivalente y que en ella, elementos que asumimos ser mutuamente excluyentes en realidad, cohabitan. A diferencia de los discursos alarmistas que no dejan lugar para aspectos positivos, los discursos centrados en soluciones no se limitan a ignorar lo problemático. Este punto es crucial: un discurso centrado en soluciones presenta rasgos de flexibilidad que hacen espacios para la complementariedad de aspectos de la vida que en nuestros discursos asumimos son incompatibles. Esto es válido para cualquier par de opuestos: guerra/paz, blanco/negro, sucio/limpio, dentro/fuera, etc.

Ambos tipos de noticias reproducen alguna faceta de la realidad cuya complejidad radica en la coexistencia de incompatibilidades conceptuales creadas por sistemas de creencia. La única limitante está en el sistema de creencias que asume incompatibilidades en hechos de la cotidianidad. Entonces, el vaso no está ni medio lleno ni medio vacío. El vaso tiene agua y es, al mismo tiempo, metáfora de pesimismo y positivismo. Está medio lleno y medio vacío al mismo tiempo. Incluso, si integramos la variable de tiempo, podríamos destacar que ambos son momentos de transición de un dinamismo en el que el vaso se vacía y se vuelve a llenar.

Así es el mundo y la realidad. Aceptar esta ambigüedad y deshacer mitos dicotómicos abre las puertas a una relación más amena con el mundo. Justamente uno puede odiar a los que ama y amar a los que odia. Estar triste siendo feliz y ser feliz estando triste. Estar bien consigo mismo no excluye el sentirse triste. No hay emociones buenas o malas simplemente existe un aparato para sentir el mundo y esta se manifiesta con un rango diverso de estados de animo. De la misma manera, ambos tipos de noticieros pueden coexistir. Aunque sería más productivo presentarlos en un mismo programa en vez de entretener la psicosis dicotómica de una faceta (un programa) buena y otra mala.

La vida entendida como movimiento requiere de un dinamismo que, a mi parecer, está garantizado por la ambivalencia tanto de los eventos de la realidad como de las experiencias subjetivas de los individuos. La película-documental “Demain” es un buen ejemplo de cómo podemos incorporar discursos alarmistas con discursos centrados en soluciones: los primeros despiertan la necesidad de los segundos. Si los problemas no se aceptan no hay manera de proponer acciones para resolverlos. Así, un discurso centrado en soluciones no puede ignorar los problemas ya que representan la condición necesaria para que puedan surgir alternativas. Para que el vaso pueda llenarse tiene que vaciarse y viceversa.

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Bjork: la Tejedora

Bjork en el Auditorio Nacional

Por: Mauricio González del Castillo – @magomcgrath

Es la tercera vez que Björk Guðmundsdóttir pisa tierras mexicanas y la primera en la CDMX. A falta de encuentros previos, en esta ocasión decide darnos todo y no dejar nada a la imaginación. Dos conciertos (el primero en el Auditorio Nacional, el segundo en el casi no, que siempre sí Ceremonia 2017) y una exposición de realidad virtual permiten al afortunado peregrino de aquel hajj islandés poder maquinar la traducción del lenguaje oculto de una mujer llena de gracia, siempre marchando al ritmo de su propio tambor. Como calamar gigante en Arrival de Villeneuve, el interpretar björkiano y adentrarse en sus palabras abre otras dimensiones. Ella posee tal radar para componer que puede romantizar a las placas tectónicas así como trazar fielmente la cronología del dolor.

En el concierto del Auditorio no necesita más que del apoyo de cuerdas para formular una receta cándida del proceso de generación, supuración y sanación de una herida. Ante diez mil personas que no sabían muy bien como comportarse al principio, (severa ante la exposición mediática indiscriminada) la gran sacerdotisa de todas las cosas sonoras abre el rito que le hace oda a su más reciente trabajo, Vulnicura, producto del desencanto amoroso con su antigua pareja, Matthew Barney.

Bjork

Se logra el silencio total mediante la procesión de mantras de ruptura. Stonemilker anhela (9 meses antes de darse en la madre), Lionsong siembra la duda (5 meses antes) , The History of Touches desnuda (3 meses antes). Su política estricta de no fotos rinde frutos y la audiencia permite ser llevada de su mano por la corriente del Estigia en Black Lake, el punto más álgido y sombrío de Vulnicura (2 meses después). Family lamenta la muerte de la unión (6 meses después) y Notget es despecho puro (11 meses después). Llega el intermedio y la segunda parte, el cuerpo se suelta poquito, Björk recita viejos y nuevos pasajes de su arquitectura cerebral, realza el espíritu y da por terminada la misa.

Björk Digital, en el Foto Museo Cuatro Caminos (hasta inicios de mayo) consiste en una serie de instalaciones de realidad virtual que utilizan a Vulnicura como punto de partida narrativo en una experiencia de inmersión. Como si todavía fuera necesario, las canciones cobran vida, los hilos de dolor son tangibles, el pesar de Black Lake se vuelve cueva y Björk te canta al oído. Si su approach con la tecnología y la ciencia se consagra con Biophilia, es con Vulnicura que adquiere su tono más personal y crudo.

Festival Ceremonia

Pero el triángulo casi no se cierra a causa de los infortunios del clima. Ceremonia 2017, movido milagrosamente casi todo (con sus desafortunadas ausencias, Beach House, M.I.A, Vince Staples) al domingo, abre sus puertas tímidamente a todo aquellos que quisieron o pudieron darle una segunda oportunidad. Si en el Auditorio encarna a Norma la druida, es en Ceremonia donde Björk adquiere una de sus más resguardadas facetas: la de la multipremiada entertainer. Quizás los años le han permitido hacer las paces con la fama, a beneficio de todos. El concierto en Ceremonia es una verdadera celebración de su arte pasado y presente, el público grita, la música (literalmente) explota. A suerte de un hada madrina, de una mariliendre mágica que da en el clavo en cada una de sus colaboraciones, como lo hizo a su vez con el dúo Matmos o con Anohni, Björk encuentra una nueva complicidad de las manos de Arca, quien realza cada beat y da hilo a la tejedora para tejer sus entramados a lo largo de 17 canciones, una hora y media.

Ella es la fuente de sangre, la cazadora, la lava. Tal como lo ha dicho, hay tantas cosas que quiere hacer y es tan poco el tiempo. A nosotros nos queda esperar. Hasta pronto, valquiria. Dicen que te quedas un tiempo acá a grabar. No tardes.

Tener y aparentar: hacia una sociedad totalmente palacio

Imagen Febrero

Por: Andrés Gómez Laborín – @agomezlaborin, en colaboración con Gabriela Gómez  –  @gabrielasgh

Cuando salió la idea de este artículo lo primero que nos preocupó fue como abordar la situación manteniendo un respeto absoluto a la gente que tenemos alrededor. Si estamos hablando del tema es sólo porque es un fenómeno con el que vivimos y en el que participamos. Esto nos preocupa. Estamos viviendo en una época en el que lo que consumes define quién eres y la forma se ha vuelto el fondo. Nos gustaría que al leer esta nota, hagas el ejercicio de introspección y reflexión que nosotros hicimos al escribirlo.

El lujo siempre ha existido. La sociedad siempre ha aspirado a acceder a él. ¿Por qué? No podemos mas que hacer suposiciones. Puede ser que busquemos pertenecer a un grupo que sentimos ajeno o incluso superior, y al vestirnos y actuar como sus miembros sintamos que encajamos. Puede ser que queramos proyectar una imagen perfecta de nosotros mismos para que el resto nos perciba así y nos trate como tal. O puede ser que el hacerlo nos abra la oportunidad de hacer negocios, de vender nuestro estilo de vida o de ser popular, porque por muy cliché y tonto que se escuche, ¡a nadie nos gusta que nos hagan el feo!

I want to be rich and I want lots of money
I don’t care about clever I don’t care about funny
I want loads of clothes and fuckloads of diamonds
I heard people die while they are trying to find them

Preparándonos para escribir, acudimos a nuestros amigos y familiares para que nos confirmaran si ellos también sentían que este era un fenómeno que crecía a un ritmo cada vez mayor, y no nomás todos estaban de acuerdo, sino que lo ejemplificaron con anécdotas que hubiéramos pensado eran inconcebibles. Aquí les van algunas joyas:

  • Una personita, llamémosle Anasofi, aceptó jubilosa la propuesta de matrimonio de su galante novio. Pero había un pequeñísimo problema que no tardó en hacer notar su querida madre, quien siendo pilar de su sociedad vio que los ojos de su hija brillaban más que la piedra en el anillo. Anasofi ni siquiera se había dado cuenta, pero al ver las rocas que portaban sus amiguitas y compararla con la suya, decidió recurrir a la habilidad de su experimentada madre, quien ofreció su sabio consejo: vender el anillo y ella, desinteresadamente, le aportaría los recursos para que adquiriera un anillo que reflejara su estatus. El galante novio siguió siendo galante, pero ya no su novio.
  • Luis Armando quería festejar en grande su cumpleaños ¡¿porqué no?! Si al final de cuentas se lo merecía, y que mejor manera de hacerlo que con un homenaje a Project X, una de las películas de fiesta más exhilarantes que hay. Hasta su apellido indicaba su estatus: Reynoso. REY…. noso. Su papá era la honorable cabeza del Ejecutivo del Estado de Aguascalientes. La noche era perfecta y a la fiesta no le faltó nada: malabaristas con fuego, un espectáculo tipo “Stomp”, un automóvil sumergido en la alberca, y ríos de champaña. ¡Ah! También muchos de sus más cercanos cientos de amigos. Aunque su papi acabó en la cárcel, el video en Youtube le durará a Luis Armando para siempre.

Historias hay para tirar al cielo. Desde el empleado de cafetería que trae el smartphone de último momento y que cuesta varios meses de su sueldo, a comprar la camioneta del año en la que queremos que nos vean llegar.

I’ll take my clothes off and it will be shameless
Cause everyone knows that’s how you get famous
I’ll look at the sun and I’ll look in the mirror
I’m on the right track yeah I’m on to a winner

Platicar con una wedding planner se vuelve una fuente de eterna diversión sólo de escuchar las anécdotas de los novios y sus papás que buscan maneras creativas, no de tener la boda de sus sueños, sino de tener una boda más lujosa y memorable que la de sus amigas.

Sin embargo, lo más preocupante son las pequeñas acciones y pensamientos de todos los días que incorporamos a nuestro inconsciente. Pedir con tus amigos la mejor mesa del antro, para ver a todos y que todos te vean. Irte arreglada al salón de belleza, aunque no conozcas a nadie ahí, porque es exclusivo y quieres demostrar que perteneces. Subir a redes sociales fotos de tu desayuno nutritivo, orgánico y presentado como si fuera a salir en la revista Good Housekeeping. Ir a la exposición de Yayoi Kusama o Anish Kapoor exclusivamente a tomarte una foto con la obra de moda. Todos lo hacemos. La aspiración no distingue entre clase social o género.

I don’t know what’s right and what’s real anymore
I don’t know how I’m meant to feel anymore
When do you think it will all become clear
And I’ll be taken over by the fear

Las redes sociales sólo exacerban el fenómeno. Hay una presión para demostrarle a tus seguidores que eres guapo, simpático, interesante, divertido y cool. Perfecto. Y no sólo eso, pues la interacción tiene que ser constante. El ver más likes en la foto que subimos a Instagram nos da un placer que se esfuma casi de inmediato. Necesitamos más.

Ahora, la foto debe de ser del destino vacacional exótico, del platillo en el restaurante mejor calificado, de la decoración perfecta de tu casa. Antes las mujeres no querían usar el mismo vestido en un evento donde se iban a encontrar a la misma gente que estaba la primera vez que lo usaron; ahora, no lo quieren volver a usar ni en otro evento, ¿adivinan porqué? ¡Porque ya subieron una foto con él a Facebook!

Life’s about film stars and less about mothers
It’s all about fast cars and cussing each other
But it doesn’t matter cause I’m packing plastic
And that’s what makes my life so fuckin’ fantastic

Quizá lo más curioso es que cuando hablamos del tema, todos identificamos a tal persona o tal grupo que cae en ese comportamiento, pero nunca nos ponemos el saco. Nunca reconocemos que buscamos esa aprobación. Siempre tenemos una excusa para justificar nuestro comportamiento: “Es que no es por la marca, ¡me encantó la bolsa!”, “No es porque tengan la suela roja, ¡los zapatos están padrísimos!”, “No es por la hebilla de herradura, pero estos cinturones salen buenísimos.”, “¡Es que los BMW son súper seguros y no se devalúan tanto!”.

La situación se presenta en personas cada vez más jóvenes. Los padres se vuelven cómplices, facilitadores voluntarios o involuntarios, del problema. Los bienintencionados lo harán por darle a sus hijos lo mejor, o porque, tal vez, si su hijo no tiene el nuevo iPhone, o su hija no tiene la bolsa de cierta marca, sus amigos los vean distinto. Los malintencionados tal vez vean a sus hijos como una extensión o reflejo de ellos mismos, entonces, lo que ellos traen puesto y la vida que se puedan dar, es un reflejo de su poder adquisitivo. Otros quizá ni siquiera vean cuál es el problema con ello.

And I am a weapon of massive consumption
And its not my fault it’s how I’m programmed to function
I’ll look at the sun and I’ll look in the mirror
I’m on the right track yeah I’m on to a winner

El aparador de las redes sociales nos muestra sólo lo mejor de las vidas ajenas, y nos lleva a pensar que sus vidas son así siempre, mientras las nuestras no son más que una sucesión de días iguales en la escuela u oficina. Esto nos provoca una insatisfacción natural y constante y aunque es generalizada, o la vives en soledad o eres un acomplejado. La felicidad de Anasofi por comprometerse fue opacada por la presión de vivir en una sociedad que considera que el anillo de compromiso es pequeño. Nos hemos autoimpuesto un conjunto de reglas que se vuelven imposibles de cumplir, pero dejaríamos todo en la cancha tratando de hacerlo.

La necesidad que sentimos como sociedad por demostrar que tenemos todo, o aparentar que lo tenemos, es un círculo vicioso que se amplía cada vez más. Estemos agradecidos de tener lo que tenemos, sin caer en conformismo. Dejemos de sentirnos merecedores de las cosas. Compartamos nuestras alegrías porque queremos compartirlas y no porque nos validan como parte de algo. Dejemos de juzgar al que no cumple con ciertos estándares que se esperarían de él. Busquemos nuestra felicidad en nuestro desarrollo como estudiantes, profesionistas, hijos, hermanos, amigos. Si tus amistades no te permiten ser tú, y te provocan más inseguridades que alegrías o soporte, ¡mándalos a la fregada! Te sorprendería lo que puede mejorar tu vida cuando te rodeas de gente que te aporta.

I don’t know what’s right and what’s real anymore
I don’t know how I’m meant to feel anymore
When do you think it will all become clear
And I’ll be taken over by the fear

*Las estrofas insertadas en el texto corresponden a la canción The Fear, de la artista Lily Allen.

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El Milagro de Kafka

El Milagro de Kafka

Por: Mario Campa – @mario_campa/ @latampm

Cada que mi convicción sobre la nobleza del espíritu humano mengua, recurro a un episodio de los últimos meses de la vida de Kafka para alentar mi creencia en la posibilidad de los milagros. Reproduzco íntegramente a continuación un fragmento del libro de The Brooklyn Follies (2006) de Paul Auster (traducción al español de Benito Gómez Ibáñez), donde el autor narra mediante una conversación digresiva entre dos personajes de la novela—Nathan y Tom— un suceso en la vida de Kafka que es como para hincarse y aplaudir:

   –Vale. Cuéntame ya esa historia.

   –De acuerdo. Esa historia. La historia de la muñeca… Estamos en el último año de la vida de Kafka, que se ha enamorado de Dora Diamant, una chica polaca de diecinueve o veinte años de familia hasídica (algo así como judía ortodoxa) que se ha fugado de casa y ahora vive en Berlín. Tiene la mitad de años que él, pero es quien le infunde valor para salir de Praga, algo que Kafka desea hacer desde hace mucho, y se convierte en la primera y única mujer con quien Kafka vivirá jamás. Llega a Berlín en el otoño de 1923 y muere la primavera siguiente, pero esos últimos meses son probablemente los más felices de su vida. A pesar de su deteriorada salud. A pesar de las condiciones sociales de Berlín: escasez de alimentos, disturbios políticos, la peor inflación en la historia de Alemania. Pese a ser plenamente consciente de que tiene los días contados.

   »Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de las veces, Dora lo acompaña. Un día, se encuentran con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta que le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo”. Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?

     »Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve cómo se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.

     »Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.

   »Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. Tres semanas. Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce a otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la muñeca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.

   »Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen esas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.

Ahí termina la digresión sobre Kafka.

¡Al diablo con la ontología! Los milagros poéticos los escribimos aquí, en esta vida bellamente absurda.

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¿Seremos la última generación?

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Por: Diana Vázquez  – @dianavzcs

Con esta pregunta no me refiero a que si ya no habrá más bebés en camino, sino que si seremos la última generación que habrá visto el mar limpio, aire puro, los glaciares, especies preciosas de animales, la tranquilidad de los bosques, etc. Puede que nuestros hijos o nietos logren aún ver estas bellezas pero es muy probable que nada más lo hagan por medio de fotografías y documentales. Estamos perdiendo lo único que tenemos, desperdiciando y dañando el único planeta en el que podemos vivir (hasta ahora). Pero, ¿qué está pasando?

El medio ambiente se ha visto afectado desde hace muchos años por factores como la deforestación, la contaminación de mares y la quema de combustibles. Todos han dejado su huella y han puesto en peligro las especies que viven en diferentes ecosistemas, pero el que ha causado más daño y el que es de mayor preocupación hoy en día son las emisiones de CO2. El punto más crítico de dichas emisiones fue en los años 50, cuando empezaron a crecer a un paso mucho más rápido que los años anteriores. Sesenta años más tarde, en la actualidad, la cifra de emisiones ha crecido aproximadamente un 900% a nivel global, y continúa.

Oso polar con desnutricion

Estos gases de dióxido de carbono han causado lo que tanto escuchamos hoy en día: el calentamiento global. Al llegar estos a la capa de ozono, esa que nos protege de los rayos del sol reflejándolos hacia el exterior, la debilitan y hacen que se rompa cada vez más. Al ocurrir esto, nosotros nos quedamos desprotegidos de los rayos y del calor tan potente. Este calor hace que se derritan los glaciares, por consecuente el nivel del mar sube, ciudades se inundan, las selvas se secan, los desiertos se vuelven aún más áridos, olas de calor matan especies, etcétera etcétera. En resumen, nos afecta a todos.

En fin, es muy probable que toda esta explicación ya la sepan muchos de memoria. Lo que creo que no saben algunos es el impacto que tiene hoy en día y que será mucho mayor en unos años. Por esta ignorancia es por lo cual muchos aún no toman consciencia ni acción (o al menos eso me gustaría creer). Puede que algunos no hagan algo al respecto porque lo ven muy lejano, porque ayer, hoy y mañana no les pasó algo que los conmoviera tanto como para tomar acción. Pues están en lo incorrecto. Esta situación nos afecta a todos día a día, algunos días de manera más notoria o extrema, pero siempre está presente y creciendo.

Algunas de las consecuencias que ha tenido el calentamiento global desde que inició el siglo son:

  1.  Temperaturas realmente superiores a los récords
  2.  Sequías extensas
  3. Incendios forestales de 2006: 100,000 incendios y 10 millones de acres quemados
  4. 10% más lluvias y más intensas, por consecuente huracanes y tormentas desastrosas. En el 2005 hubieron 15 huracanes, entre ellos Katrina.
  5. Olas de calor más intensas, por consecuente miles de humanos y animales muriendo. En el 2003 en Europa aproximadamente 35,000 personas murieron, en África todavía más. Hace pocos días en Australia murieron miles de murciélagos haciéndolos caer en peligro de extinción.
  6. Enfermedades ocasionadas por plagas de insectos: malaria
  7. En 2007 el nivel de glaciares disminuyó casi medio millón de millas cuadradas
  8. El mar ha aumentado casi 8 pulgadas
  9. Casi 30% de todas la especies de plantas y animales correrán riesgo de extinción en unos años
  10. 97% de los arrecifes pueden desaparecer
  11. 40% de los glaciares ha desaparecido en los últimos 50 años. Es increíble pensar que en la misma cantidad de años puede que ya no existan los polos.

Polos derretidos

Si hay algunos que sepan las consecuencias y aún así no hagan algo para detenerlo, entonces son personas muy egoístas, indiferentes e inconscientes. Sé que se escucha por todos lados el calentamiento global, tanto que ya hasta vemos normal que una nueva especie de animal o planta se encuentre en peligro de extinción, pero debemos hacer algo para contrarrestarlo. En estos momentos de incertidumbre y crisis, donde ni siquiera el presidente de Estados Unidos cree de verdad en este problema ambiental, debemos unirnos todos para lograr un cambio, evitar más desastres como los ya pasados, disfrutar un día a día y dejarle un mejor planeta a nuestros hijos.

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El Espejismo del Paraíso

mazuntetrip

Por: Uriel Gordon – @Urielo_

Han pasado varios años, pero la escena permanece en mi mente. Ese día soleado lo pasamos en la playa de Mazunte en Oaxaca, en una playa en la que el mar, la arena, las palmeras y las rocas daban un sentido de aislamiento, una sensación de pertenencia a un lugar prohibido. Aunque no estábamos solos y había gente que nos rodeaba, que salía y se metía al mar, que jugaba en la arena, que comía mariscos y tomaba cerveza a nuestro lado, sentía que habíamos encontrado un espacio escondido.

La tarde caía y decidimos recorrer la playa. De pronto, en medio de esa caminata, empezamos a escuchar tambores. Seguimos los ruidos, venían de una especie de casa del árbol que se encontraba en frente del mar. Entramos y nos dijeron que estábamos en un hostal. Comenzamos a subir las escaleras; efectivamente, la madera oscura, la estructura vertical del lugar y la decoración me hacían sentir como si estuviera adentro de un árbol. Al llegar al área del bar, nos topamos con una escena paradisíaca: gente joven de distintas partes del mundo, metidas en el ritual del baile y los tambores; gente con rastas en el pelo, hippies, por decirlo de alguna forma, que habían adoptado el hostal como su hogar. La mayoría trabajaba ahí a cambio de tener un techo y comida. Vivían en la casa del árbol, vivían enfrente del mar de Mazunte, vivían el paraíso. Así celebraban.

Me tomé una cerveza y en ese instante, me sentía como en la película The Beach (2000), en una historia donde, en su parte romántica, los extraños se encuentran y se vuelven una familia que comparte al paraíso en una playa en Tailandia. Esa casa del árbol de Mazunte representaba algo similar; llevaba como 40 minutos ahí y de ninguna manera, quería abandonar el lugar.

Me imaginaba trabajando en el hostal, con una barba larga y la piel tostada; me imaginaba pasando mis tardes con gente nueva, danzando al son del tambor, amaneciendo y anocheciendo en la playa: me imaginaba una vida simple, sin celulares, una vida que no dependiera de la tecnología, que dependiera únicamente de la naturaleza, del contacto humano directo que se transformará en aventuras diarias. Me terminé la cerveza y salí de la fantasía. Era momento de irnos; dejaba el paraíso atrás.

Ya de regreso en casa, en la realidad, no pude olvidar el lugar y, finalmente, di con él en internet. Vi las fotos y lo que más me emocionó es que en verano había posibilidad de trabajar ahí; me regresó con fuerza, la fantasía de vivirlo. Me imaginaba viviendo el verano en Mazunte, me imaginaba el comienzo de una nueva vida, me imaginaba abrazando el pedazo de paraíso que había encontrado, pero también, me imaginaba que me perdería de mi mismo, que perdería mi esencia: me imaginaba que no volvería de ahí, que me quedaría atrapado en el espejismo del paraíso. Había una trampa ahí, la trampa del aislamiento y de creer que detrás de esa fachada, se habrían acabado los conflictos de la condición de humana.

11_UrielGordon