Los podcasts que me salvaron de la soledad

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Por: Sofía Bosch – @sboschg 

Nunca había estado realmente sola. La soledad era algo impensable en mi estilo de vida en la Ciudad de México. Siempre estuve acostumbrada a estar rodeada de la perpetua ebullición de la ciudad, las comidas familiares, las salidas con amigos y la vida en pareja. Pero con la oportunidad de estudiar fuera del país, todo eso quedó atrás. De pronto me encontré viviendo en el extranjero completamente sola, con una relación a distancia y sin mi familia. No me puedo quejar del todo, grandes amigos viven en la misma ciudad, pero uno no puede estarse colgando de ellos constantemente.

Lo que nunca había imaginado empezó a ocurrir: días enteros pasaban sin que hablara con alguien. Al principio se me hizo maravilloso. Tenía todo el tiempo del mundo para pensar en problemas complejos relacionadas a mis estudios, para leer todo lo que no había leído en México y para concentrarme al cien por ciento en la maestría. Pero poco a poco esa soledad constructiva empezó a tornarse en una soledad depresiva y ansiosa, en una especie de crisis existencial. Pasé de tener una rutina fija de sueño en México a dormir invariablemente mal y tener noches enteras en vela.

Dormirme a la 1 de la mañana comenzó a convertirse en costumbre, de pronto ya eran las 2, y hubo semanas seguidas en las que las 3 de la mañana fue el horario común para apaciguar el sueño. Esto por supuesto que se vio reflejado en mi humor y desempeño diario.

Al poco sueño se le sumó la angustia y ansiedad. ¿En qué piensa uno a las 2 de la mañana cuando no puede dormir? En mi caso en el sentido de la vida, lo que uno viene a hacer a este mundo, si de verdad se está teniendo un impacto positivo en su entorno, en si eres un peón más del sistema, y demás cosas que lo único que hacían era alimentar mi insomnio. Aquello se estaba convirtiendo en un círculo vicioso.

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Un día una amiga me contó lo mucho que le gustaba escuchar podcasts mientras caminaba a la universidad. Sonaba como una gran forma de despejar la cabeza y empezar nuevas practicas positivas que me salvaran de una depresión inminente. Así que con sus recomendaciones anotadas regresé a mi casa a suscribirme a una larga lista.

Los podcasts me salvaron de mi soledad, me salvaron de mis angustias y ansiedades.

Hicieron que pensara en otras historias que las que estaba configurando en mi cabeza y me motivaron a interesarme en otros temas fuera de mi campo de estudio.

En México siempre me gustó escuchar la radio, ya fuera para música o para las noticias y los programas de opinión. Los podcasts eran todo eso mejorado. De pronto me encontré escuchando sin parar episodios de Modern Love, basados en la columna de mismo nombre publicada en el New York Times, el cual relata historias de amor estremecedoras, complejísimas e inusuales. This American Life me permitió entender más a profundidad los matices políticos y sociales que componen a Estados Unidos, escuchar las historias de los soldados recién llegados de la guerra de Irak y su esfuerzo por “continuar con una vida normal”, así como esperanzarme con la lucha de la periodista Meron Estefanos por tratar de salvar vía telefónica a decenas de secuestrados en el desierto de Sinaí, o entender las causas burdas de los malos manejos de los correos electrónicos de Hillary Clinton.

El podcast 99% Invisible me introdujo a pequeñas historias curiosas que se podrían considerar como relatos de sobremesa, pero en realidad le dan un mayor sentido a un sinfín de momentos históricos. Una de las que más me cautivó fue la presentación de Synco (Cybersyn), un proyecto futurista, especulativo e inspirador desarrollado durante el gobierno de Allende, en Chile en los años 70, que habilitaba una planificación económica nacional en tiempo real. Ese podcast me emocionó tanto que me motivó a leer un libro completo sobre el tema (Cibernetic Revolutionaries de Eden Medina).

Para los amantes de los audiolibros y de las historias cortas, Homecoming es un thriller psicológico experimental de seis episodios, 20 minutos cada uno. Una historia de ficción narrada por Catherine Keener, Oscar Isaac y David Schwimmer. El diseño sonoro es impresionantemente bueno, uno puede sentir y visualizar perfectamente las situaciones en las que los personajes se encuentran.

Ahora, después de leer la última nota de mi colega Mario Campa he empezado a escuchar The Partially Examined Life, el cual me ha dado gratas sorpresas en relación a mi practica en diseño y su impacto político y social.

Esos son sólo algunos de los podcasts que escucho mientras camino por la ciudad, mientras voy en el transporte público, hago ejercicio, o cocino. Para personas, como yo, un poco obsesivas, estas son formas de olvidarnos de la soledad y de los pensamientos angustiosos que en las noches sigilosamente nos acechan. Los podcasts me permitieron llenar mi cabeza de historias, reales y ficticias, que no únicamente me ayudaron de forma personal sino que me han dado un acervo gigantesco de referencias y puntos de investigación para mis proyectos profesionales. Además de inspirarme y referenciarme a grandes iniciativas, autores y lecturas, he podido concentrarme más en mi trabajo escolar y por supuesto retomar una rutina de sueño más estable ya que estoy mucho menos ansiosa.

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Foto: Oxford Dictionaries – Español

UNDERART: oda a un aterrizaje forzoso

 

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Por: Sofía Bosch – @sboschg

En un conjunto de patios interconectados llamado el Hackesche Höfe, situado Mitte, el barrio central de Berlin, se encuentra el teatro de circo y performance experimental Chamäleon. La zona que rodea el conjunto es un área dinámica de la ciudad, con una amplia oferta cultural y artística repleta de restaurantes y tiendas. Esta temporada el Chamäleon presenta la obra interdisciplinaria Underart, una superposición de danza y circo contemporáneo, con performance y música en vivo.

El Chamäleon fue construido en 1906 como un cabaret de variedades y esa es la vibra que trata de mantener hasta hoy por medio de su arquitectura y diseño. El estilo Jugendstil – nombre del estilo equivalente al Art Nouveau de Bélgica y Francia en Alemania y los países nórdicos– de su fachada se nota en los patrones de los azulejos esmaltados, en la escalera de madera vintage por la cual uno sube un par de pisos para llegar a un salón relativamente pequeño compuesto de una serie de mesitas y un gran escenario con telón rojo.

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Es en este contexto que se presenta la obra Underart; Ode to a crash landing (Underart: oda a un aterrizaje forzoso). La llamo obra porque la diversidad de roles de los actores es impresionante. Es un parteaguas del circo contemporáneo, ya que mezcla la danza, la música y la interpretación actoral de forma intrínseca, y además sus interpretes son artistas en toda la extensión de la palabra. Las mismas siete personas generan la música, los actos circenses, bailes y recitales poéticos.

La música fue compuesta por el grupo sueco Riddle and Murmur, y sin ella no se puede concebir el espectáculo. El dúo musical está en escena con los artistas, con los cuales cambian papeles durante el espectáculo traspasando la responsabilidad musical a acróbatas y bailarines por igual.

 

La temática de la representación es compleja y estimulante al mismo tiempo, sensible pero potente. La obra está basada en el accidente que Olle Sandberg, director de Underart, tuvo en 2005. Él, siendo acróbata de profesión, no logró completar en su totalidad un salto triple mortal por lo que cayó de cabeza fracturándose el cuello y quedando, en consecuencia, completamente paralítico del cuello hacia abajo. Aunque con el tiempo pudo recuperar la movilidad, el accidente destruyó su carrera y le denegó el regreso al escenario. Es entonces que 11 años después decidió escribir y dirigir Underart, una obra que trata el tema de la desolación, de sentir que el mundo se viene abajo y luego renacer, aunque sea en un contexto diferente, entendiendo que la vida está compuesta de riesgos constantes que uno tiene que tomar sin pensar mucho en las consecuencias.

Durante el espectáculo los interpretes llevan su cuerpo al límite constantemente pero de manera muy diferente a lo que hacen, por ejemplo, los artistas circenses del Cirque du Soleil. En este caso utilizan materiales del día a día para exponerse a un riesgo palpable. En un momento de la obra uno de los artistas sube a dos planchas de madera imitando un par de sancos. En sí el acto no es algo extraordinario, o jamás antes visto por el espectador, la altura de las planchas no es extremadamente alta. De todas formas, el publico está al borde de su asiento. El hecho de que artista lo haga sin ninguna protección, más que la presencia de sus otros 6 compañeros, como si fuera un chico malo que está jugando exponiéndose a la posibilidad de que algo salga mal pone al espectador en un hilo. Y justamente esa es la lección: las cosas que nos llevan al límite del peligro muchas veces son acciones o hábitos diarios, que consideramos hasta un cierto punto “no peligrosos”.

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En Underart los actos circenses no son nada del otro mundo. Lo que diferencia a Underart de cualquier otro espectáculo es la maleabilidad de los artistas, su cruce entre diversas disciplinas creativas con un toque de peligro cotidiano mezclado con el asombroso ambiente del teatro que lo hacen un espectáculo como ningún otro.

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Fotos: https://chamaeleonberlin.com/en/shows/underart

http://www.berliner-lokalnachrichten.de/kultur/cirkus-cirkoer-underart-ode-to-a-crash-landing-im-chamaeleon/10621/

TOSEPAN: Transformando en Comunidad

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Por: Daniela Romero

Sin duda alguna hay algo que cambió en mí desde que tuve el privilegio de conocer “La Unión de Cooperativas de Tosepan”. Desde entonces, me atrevo a decir que estuve en el centro de la tierra, en el corazón de México, donde el bienestar social brilla entre las comunidades. El uso del respeto y el amor a las raíces hacen un pueblo sano, con todas las herramientas para construir un futuro.

Las comunidades de TOSEPAN están ubicadas en la Sierra Nororiental de Puebla, rodeadas por un espeso y verde bosque. Anteriormente, fue una región explotada por su riqueza en recursos y capital humano, conformada por una población desintegrada, marcada por una desigualdad y pobreza latente.

La cooperativa nació en 1980 bajo la premisa de crear un sistema de bienestar social, económico y ambiental totalmente sostenible, que buscaba darle solución a la carencias de la población y a la búsqueda de unidad como comunidad. Esto se logra apostando por la coexistencia entre el humano y el medio ambiente. Tomando medidas, protegiendo los derechos humanos, agregándole conocimiento, para abastecer sus necesidades con una agricultura responsable, dando como resultado una calidad de vida digna y equilibrada.

El comienzo fue casi fortuito, todo ocurrió cuando los socios fundadores decidieron comprar algo tan básico como el azúcar a un precio de mercado y venderlo entre las comunidades a un precio accesible para el pueblo. Esto desencadenó que Luis Márquez Tirado, fundador y líder, se diera cuenta de la fuerza que tenían como comunidad, de todas las posibilidades que tenían de explotar un comercio justo, bajo programas de trabajo que se adecuen al pueblo y con el objetivo de conservarse como civilización rica en recursos y en identidad cultural. El trabajo de Luis Márquez fue de vital importancia para la formación de la Cooperativa, ya que impulsó la cohesión social en la comunidad y el despertar de muchos comenzó a hacerse presente.

A lo largo de casi 40 años, “La Unión de Cooperativas de Tosepan”, ha estado en continuo desarrollo, formando un conjunto de más de 8 cooperativas regionales y 3 organizaciones civiles, las cuales trabajan en conjunto para lograr lo inimaginable. Se han desarrollado técnicas para una óptima explotación de sus materias primas como son: el café, la miel virgen y la pimienta. También se ha creado una caja de ahorro y crédito para lo habitantes de la región, disminuyendo así su dependencia de recursos financieros externos. Y por último establecieron una distribución más democrática de los bienes y recursos que conforman los territorios entendidos por las cooperativas.

En Tosepan el conocimiento es un regalo y un medio que debe de ser heredado de generación en generación, es por eso que los niños desde muy pequeños tienen la obligación de aprender técnicas de cultivo amigables con la naturaleza, asistir a sus propias escuelas para conocer su identidad cultural y la importancia de preservarla, así como la convicción de vivir en comunidad. La finalidad de esta educación es hacer memoria, usarla al beneficio de todos los corazones que palpitan en la comunidad, contagiar historia y heredar la presencia de todo lo conseguido como unidad.

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Uno de los aprendizajes más significativos que obtuve visitando Tosepan, fue que todos somos comunidad, cada elemento de la naturaleza es imprescindible para un equilibrio perfecto. La búsqueda de ese equilibrio dio como resultado la creación de dos grandes programas: Programa para el Rescate de la Abeja Nativa Mexicana (Scaptotrigona mexican) y el Programa de Reproducción de Plantas Nativas (produciendo 800,000 plantas anuales). Estos programas no solo benefician el medio ambiente de la comunidad, sino que aportan en la construcción de significados entre el vínculo naturaleza-comunidad.

Todo este apoyo y ‘buen uso’ de las tierras hacen que la comunidad no únicamente se mantenga sola, sino que “La Unión de Cooperativas de Tosepan” sea reconocida en el mercado internacional, por su presencia de café orgánico en países como Holanda, Alemania y Japón. Logrando crecer, desde dentro hacia afuera, y de manera horizontal, con y para todos.

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Para que el bienestar ambiental, económico y social avancen, no hay que olvidar el gran trabajo que se realiza en Tosepan. Más de 34,000 familias decidieron abordar y sumarse a la búsqueda de soluciones en temas como la desigualdad, conductas de explotación y en la pérdida de identidad cultural, mediante un sistema de asambleas. Una vez al mes, con razonamiento, diálogo y trabajo logran reducir todas las carencias para transformarlas en potencia.

Tosepan es la suma de distintos pensamientos, percepciones y acciones, que invitan a replantear la forma de vivir en comunidad, la importancia del uso responsable de nuestros recursos y el impacto que puede tener la organización social, para recordarnos que juntos somos potencia.

Nos dimos cuenta que juntos podíamos hacer cosas y que si nos manteníamos unidos, seríamos fuertes” (Luis Márquez Tirado, Socio Fundador).

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30 Notas al Pie de Página

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Por: Mario Campa – @mario_campa / @latampm

Una querida amiga me escribió hace unos días un correo electrónico para felicitarme por mi cumpleaños 30. Hacía meses que no hablábamos y quiso conocer mis opiniones en temas de interés privado y público. Contesté lo primero inmediatamente, pero decidí guardar lo segundo para otra ocasión. Escribí después 30 notas al pie de página para acompañar al intercambio epistolar original, mismas que ahora doy a conocer:

  1. Todo empieza y termina con Trump. El ánimo nacional en México está crispado y alicaído. Hemos tenido mejores días.
  2. La planta de Ford en Hermosillo iba a producir los vehículos autónomos y eléctricos de la compañía. La inversión se fue a Michigan.
  3. La Alemania de 1933 era uno de los pueblos más alfabetizados del mundo. El fascismo trasciende la racionalidad pura.
  4. Recurro constantemente a los existencialistas neo-nietzscheanos. Sartre y Camus fueron Übermenschs: ganaron Nobeles de Literatura utilizando sus propios conceptos filosóficos (postmodernos) para escribir novelas. Mejor mezcla de lo apolíneo y dionisíaco, imposible.
  5. ¿Qué implicaciones tendría el absurdismo de Camus y el compromiso de Sartre en la teoría del Estado? El paradigma utilitarista del mayor bienestar posible tendría que evolucionar hacia uno de mayor movilidad social.
  6. El nivel de vida del ser humano nunca había sido tan alto como ahora. Pero la desigualdad ubicua parece autoimponer la riqueza como fin. ¿Dónde queda el mundo de posibilidades tras la muerte de Dios? Nos tocó vivir el comienzo de la transición del hombre postmoderno.
  7. Escucho a menudo el podcast The Partially Examined Life, disponible en iTunes. Tres americanos que abandonaron años atrás sus estudios de doctorado (Universidad de Texas) discuten las principales corrientes de pensamiento filosófico y las aterrizan en la cultura pop.
  8. Mi favorita en Game of Thrones es Arya Stark. Una niña que se rebela contra su destino de princesa y abandona sus privilegios es difícil de encontrar en la realidad, tristemente. Lo que viene para ella es perfectamente impredecible.
  9. Hablando de roles de género, llegó a mis oídos una historia de una mujer de campo que calzó zapatos de tacón y puntiagudos por primera vez en una edad ya avanzada. Al no poder con ellos, tomó un hacha y les cercenó la punta. Fue mi bisabuela.
  10. He visto ya La La Land. La trama se subordina in extremis a las actuaciones de Ryan Gosling y Emma Stone (<3). No va a cambiar paradigmas en Hollywood.
  11. Si Jack Kerouac escribió On the Road con música de jazz de fondo fue porque quería un texto con la misma personalidad que aquél: fluido y espontáneo. He intentado escribir con tango –Piazzolla, no Gardel–. El resultado: una prosa excesivamente dramática. (En cada tecla se juega uno la vida.)
  12. La literatura vanguardista parece reflejar el absurdismo de Camus y Beckett ya no en el estilo y en los diálogos, sino en la forma de la novela. Leer a Aira o Auster implica estar expuesto a la incertidumbre total y la reinvención continua de la trama.
  13. La técnica narrativa de Aira se llama fuga hacia adelante. En vez de revisar sus textos, se sale de los embrollos narrativos improvisando con la trama hacia lugares desconocidos.
  14. Un novelista mexicano que me sorprendió gratamente es Juan Pablo Villalobos, Premio Herralde 2016. Lector de Aira, por cierto. Estoy a la espera de que Amazon me envíe su nueva novela: No voy a pedirle a nadie que me crea.
  15. La novela que leo ahora es Ready Player One (2011). Las posibilidades de la realidad virtual me entusiasman. ¿Inventarán pronto Zuckerberg, Musk, Gates y compañía algo similar al OASIS de la novela de Ernest Cline? Spielberg (por supuesto) ya trabaja en la película (2018).
  16. La tecnología no descansa. El Hyperloop de Musk (¿Superman o Lex Luthor?) se empieza a materializar. Los avances son prometedores. Si el fondeo y la regulación fluyen, estaremos viajando en cápsulas a 700 millas por horas en la siguiente década. 
  17. Desconfío de las redes sociales. Compruebo constantemente que la gente (híper) activa en redes crea (o refuerza) sentimientos de autosuficiencia moral y conformismo, sin mencionar el costo de oportunidad inherente—otras actividades productivas, culturales, artísticas y sociales—.
  18. Y sin embargo, las redes sociales llevan a la democracia a nuevas dimensiones. La vanguardia política se llama Podemos (España). Son populistas por antonomasia. Hay que seguirlos.
  19. Y en Francia la esfera política está aún más convulsa. ¿Quién podrá parar a Le Pen? El inesperado y reciente empuje de Hamon confirma el hartazgo global con la desigualdad. Su propuesta de gravar el uso de robots es ridícula.
  20. En México no he encontrado a político alguno que merezca mi pleno respeto. La elección de 2018 pinta para ser el año de López Obrador y de la izquierda mexicana. Aun con las deficiencias de los remedios propuestos, su diagnóstico es acertado: el patetismo de las élites mexicanas no puede seguirse prolongando.
  21. México está hoy muy lejos de producir a un Obama: humilde, carismático, popular, leído, templado, optimista y feminista. Las condiciones sociales simplemente no son propicias.
  22. Corrección política y fútbol ahora van de la mano. Un directivo del Barça fue destituido porque opinó que Messi no sería el jugador que es sin sus compañeros. Joder.
  23. Además de Game of Thrones, la única serie que he visto en los últimos años es Billions. La realidad de los hedge funds es aún más dramática que en la pantalla.  
  24. La moda en los hombres es dejar los tobillos al descubierto. No puedo estar a la moda.
  25. Tampoco la moda musical me seduce. En este ámbito soy purista y no tolero la mezcla impúdica de sonidos electrónicos y géneros. Es perfectamente postmoderno.
  26. ¿Pop mata poesía? Al parecer sí. ¿No pueden llegar a una tregua?
  27. Recuerdo que alguna profesora de economía nos contó que a sus hijos los estimulaba a leer premiándolos económicamente. He ahí un dilema. Es verdad que en cierto sentido se les impone un determinado patrón de vida, pero ¿no les abre también la literatura un mundo de posibilidades? Si soy padre algún día, quizá lo intente.
  28. En Italia intentan innovar dando a los adolescentes un estipendio (500 euros al año) para ser destinado a gasto cultural (p.ej., libros y entradas de teatro). Aun con sus deficiencias, me parece un caso interesante a seguir. Si soy gobernante algún día, quizá lo intente.  
  29. “Muchos años después diría Beckett que hasta las palabras nos abandonan y que con eso queda dicho todo.” Así termina la novela Bartleby y compañía que Enrique Vila-Matas construyó utilizando 86 pies de página para ilustrar diversos motivos que llevan a los escritores a dejar de escribir. Juan Rulfo me pareció el más poético y original: “Porque se me murió el tío Celerino, que era el que me contaba las historias.”
  30. Todo empieza y termina con Trump. El ánimo nacional en México está crispado y alicaído. Tendremos mejores días.

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La Vida en la Guarida

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Por: Uriel Gordon – @Urielo_

Marzo, 2011.- Sábado por la noche. Te encuentras recostado en el sillón verde; delante de ti, aparece la televisión rodeada por un muro de madera lleno de libros. Se asoman autores como Italo Calvino, Amos Oz, Gabriel García Márquez, Franz Kafka, Carlos Fuentes, Paul Auster, Etgar Keret, George Steiner, Octavio Paz, Elie Wiesel, Jorge Volpi, Isaac Bashevis Singer y también, el rastro que dejaron los ladrillos de la Enciclopedia Británica. En medio de ese mar de libros, se asoman fotografías que te recuerdan a tu infancia, retratos que hablan de distintos pedazos de tu vida.

Debajo de la televisión, aparece tu santuario de películas: observas cintas dirigidas por Luchino Visconti, Alfonso Cuarón, Paul Thomas Anderson, François Truffaut, Pedro Almodóvar, Quentin Tarantino, Martin Scorsese, Sofía Coppola, Steve McQueen, Wes Anderson y Stanley Kubrick, entre otros. Hablando de Kubrick, por cierto, la luz del espacio en donde estás, te recuerda la tonalidad única de las madrugadas que aparecen en La Naranja Mecánica: oscuridad iluminada.

Ese sábado, te sientes cómodamente entumido, recluido en tu guarida; disfrutas estar aislado, aunque ya se ha convertido en costumbre; disfrutas, en tu burbuja, los libros y, sobre todo, las películas que te conectan con el exterior. Al momento de escoger tu actividad de la noche, sin duda, privilegias el cine sobre los libros. Sabes que tienes a tu disposición, un catálogo prácticamente infinito de conocimiento escrito que espera pacientemente, a ser explorado, a pesar que tú no tengas la paciencia para aventurarte en él. Esa noche, decides nuevamente ignorarlo: por instinto, te vas por lo inmediato, por proyectar una película que consideras una fuente de sabiduría o simplemente entretenimiento. Se vale,¿no? ¿Por qué no?

Sin embargo, la apatía, como en otras ocasiones, se vuelve apoderar de ti: te dejas enganchar por la realidad virtual. Te quedas observando fijamente la consola de PS3 que aparece ante tus ojos; hay un videojuego que particularmente, te atrapa, te hipnotiza: NBA Live 2010; en la portada aparece el entonces, Centro del Magic de Orlando, Dwight Howard.

Cada vez que abres las puertas del mundo virtual, sientes que vives tu sueño guajiro de ser basquetbolista: te pones el uniforme verde de los Celtics de Boston, mueves las piezas del tablero de ajedrez: controlas a tus delanteros Paul Pierce y Kevin Garnett y a tus guardias Ray Allen y Rajon Rondo a tu antojo. Sientes que eres la mente maestra, que gracias a ti, juegas en las finales de la NBA, que gracias a ti, tu equipo está a un paso de levantar el trofeo Larry O’ Brien.

De pronto, suena tu teléfono; del otro lado de la bocina, escuchas a un amigo que te recuerda que hoy tienes una cena de cumpleaños en un bar en la Colonia Condesa, de la Ciudad de México. Te acuerdas que recibiste la invitación en Facebook hace algunas semanas, pero te da mucha flojera moverte; prefieres dormir despierto. No obstante, se siembra la duda en tu cabeza: cada vez, sientes que te estás dejando llevar por la inercia; cada inmersión en la realidad virtual, te desconecta de ti y de lo que sucede afuera; te convierte en una especie de Zombie. Con pereza, das los primeros pasos: abres la puerta de tu guarida…

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Crónica de una Enfermedad Anunciada

 

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Google Images. La obesidad no siempre implica usar tallas grandes, puedes parecer esbelto y tener obesidad severa.

Por: Gabriela S. Gómez – @GabrielaSGH

La salud es como la suerte. Lo deseamos con palabras, para nosotros y para los demás, sin otorgarle mucho significado. Ambas palabras cobran sentido hasta que carecemos de ellas. Piénsalo un poco, si no padeces o has padecido una enfermedad seria, ¿qué deseo pedirías en este momento? Seguro te pasan por la cabeza mil cosas que te gustaría tener o lograr, pero siendo honestos, difícilmente entre tus tres mágicos deseos escogerías salud. El motivo de esto es que la creemos segura, preocuparse por ella es cosa de viejos, de moribundos o de otros.

Por muchos años tuvo dos dimensiones para mí. La primera y con la que me identificaba, era la que incluía únicamente situaciones transitorias y sacrificios mínimos, como una gripa que te estorba y que te curas con un par de Antiflu, una diarrea que cortas con Pepto Bismol o en el peor de los casos una bronquitis que te incapacita un par de días. Nunca pensaba en mi salud o en cuidarme más allá de echarme unos Redoxones cuando empezaba a moquear. Las comidas diarias era únicamente una fuente de placer, y ya cuando sentía que me apretaban los pantalones y se me inflaban los cachetes se convertían en el sacrificio e instrumento para bajar unos kilos, verme bien y quitarme la frustración que sentía cada vez que iba a una tienda de ropa. ¿Qué me puede pasar si me como media pizza o me tomo 6 chelas o unas cuantas Cubas el fin de semana? Qué tanto es tantito… ¡soy joven! ¡Una cruda más! Ya habrá tiempo de ponerme a dieta, de hacer ejercicio, de dejar de fumar.

La segunda dimensión era la que afectaba sólo a los otros, a los que tenían mala suerte: cáncer, diabetes, esclerosis, etc. Esas enfermedades sólo le podían pasar a ellos, no a mí.

Como muchas personas, crecí concibiendo a las enfermedades como un abstracto lejano de mi realidad. Algo que no tenía que detenerme a pensar sino hasta dentro de mucho tiempo. Fiel al sentimiento de invencibilidad que da ser joven le di vuelo a la hilacha por años, llevando mi cuerpo al límite sin ninguna consideración. Teniendo como únicas prioridades el éxito académico y profesional y no menos importante, la diversión: crueles desveladas estudiando o trabajando, comiendo lo primero que se me ponía enfrente, liberando estrés fumada tras fumada y, los fines de semana, borracheras hasta las cuatro de la mañana para después empacarme unos chilaquiles o una pizza al día siguiente, porque, ¿a quién no le da hambre en la cruda?

Me atrevo a afirmar que lo que describo es un estilo de vida que comparten varios mexicanos, jóvenes y no tan jóvenes. Por consiguiente, nunca sentí que yo fuera un caso especial en el uso que le daba a mi cuerpo. Jamás me pasó por la cabeza que yo fuera más abusiva con él que otros, que yo estuviera caminando al precipicio más rápido que los demás.

Los síntomas de que algo andaba mal empezaron un par de años antes del diagnóstico. Dado mi estilo de vida, eran difíciles de reconocer. Tenía un trabajo muy demandante, sobre todo en tiempo. Recuerdo como el primer año y medio que estuve ahí fui feliz. Aprendía mucho y rápido y a pesar de que los proyectos me dejaban exhausta, no necesitaba más de un par de días tranquilos para sentir que ya estaba lista para ser asignada a uno nuevo. Con el paso de los meses empecé a sentir el deterioro, ese par de días se convirtieron primero en una semana, después simplemente no me recuperaba. La frase “estoy cansada” era una constante en mis días. No podía despertarme en las mañanas, y lo que era peor, sentía que la cabeza ya no me funcionaba igual. Ya no aprendía rápido y lo que antes hacía en unas horas, me estaba tomando el doble. Me distraía fácilmente, se me olvidaban las cosas y todo eso me provocaba muchísima ansiedad… Terminé por renunciar, segura de que un cambio de vida me haría sentir mejor.

Conseguí un trabajo menos estresante y con horario flexible. Empecé a hacer ejercicio y a comer mejor, según yo. Un año después, los síntomas seguían ahí, sólo que al antiguo malestar se había añadido la irritabilidad y arranques compulsivos por comer, especialmente cosas dulces, que si has sido tragón como yo toda tu vida, nunca se te ocurre que tengan una explicación. Y el ejercicio, que supuestamente te da energía, me dejaba mucho más cansada que antes. Me autodiagnostiqué con depresión. Todo encajaba, sólo quería dormir, seguía agotada, no avanzaba en mi trabajo, me sentía triste. Y tenía motivos, toda la ambición que me caracterizaba estaba paralizada dentro de una cabeza que no daba para más.

Por supuesto no tenía la costumbre de hacerme estudios médicos integrales, eso era para los otros, no para mí. Pero harta de sentirme un fracaso, busqué en la falta de vitaminas el motivo de mi baja productividad. Así me hice los primeros análisis en años. Recuerdo pensar, si me sale que no tengo nada, me muero, ¿cómo me voy a explicar entonces que no sirvo para nada? Claro que esperaba que me dijeran: estás baja de hierro, tómate estas vitaminas y listo o tienes depresión, tómate este Prozac y listo. La realidad fue muy diferente, me golpeó con tanta fuerza que no lo pude procesar, de hecho todavía lo pienso y digo ¿neta?. Mi diagnóstico fue diabetes tipo 2 y a menos que sucediera un milagro médico en los próximos años, iba ser mi constante compañera por el resto de mi vida.

¿Pero cómo? Si no estoy obesa. ¿Pero cómo? Si nadie en mi familia es diabético. ¿Pero cómo? Si no soy mayor de 40, apenas tengo 28 años. Tiene que haber un error.

No podía creer que mi cuerpo me hubiera traicionado de esa manera, éramos un equipo. Hacíamos todo juntos, lográbamos nuestras metas, nos divertíamos, cómo era posible que me abandonara así a la mitad del camino. Pero los números no mentían y de pronto no podía ver nada a mi alrededor que no fuera: diabetes, diabetes, diabetes.

Me gustaría aclarar que no escribo este testimonio como alguien que se ha elevado por encima de su situación, lo escribo como una persona que oscila constantemente entre la furia y la resignación y que piensa que tal vez ayudando a otras personas a manejarlo o prevenirlo puede encontrarle un sentido a su propio calvario. Suena dramático, pero que te guste la fiesta y no poder tomar; que te gusten las papas con salsa, la pizza, los chocolates, o cualquier cosa que tenga o se convierta en azúcar (lo cual he descubierto, es casi todo) y no poderlas comer; que cada evento social se convierta en una frustración por los límites que te tienes que poner, es un calvario… hasta que te acostumbras y le aprendes algo.

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Imagen: STEPHENS/CUARTOSCURO.COM. Mujeres en la Ciudad de México

Lo primero que aprendí es que las personas tendemos a relacionar la salud con la muerte y el cuidarse con la vanidad. El “enfermo” es el que puede morir pronto; y el que cuida lo que come, va al gimnasio y no se desvela, es el que quiere verse bien. Vivimos en un país donde el setenta porciento de los adultos son obesos (¡SE-TEN-TA!). Lo que implica que si salimos a la calle y queremos señalar algo usando a una persona como punto de referencia, “al lado del gordito” no te serviría de nada. Esto nos deja, a primera vista, un diagnóstico de país sin vanidad o en otro caso, con un concepto distinto de la misma, donde ser esbelto no entra precisamente en los preceptos. Por sí mismo, esto no es un problema, porque qué bonito es que la gente se acepte como es ¿no? La cuestión es que la cosa no se acaba aquí. Ser obeso no es sólo una cuestión de estética, de hecho, uno puede ser talla 4 y tener obesidad, (como es mi caso, snif, snif). Por ponerlo en palabras simples, la obesidad es una carga adicional al cuerpo, cuya principal implicación es que el pobrecito tiene que realizar sus funciones diarias con un par de costales de más. Esto lo va debilitando, lo deja mareado, confundido. Ya no puede distinguir una cosa de otra, se siente perdido. Se muere de sed. Entonces le damos una Coca-Cola, le gusta, pero no lo hidrata. Pero el pobre ya no distingue. Nuestra cabeza lo sigue arrastrando, despertando cada mañana, pero el ya no quiere, ya no puede más. El agotamiento lo gobierna y acaba por tirar la toalla. La mayoría de las personas reparan en esta situación cuando les cae un diagnóstico desafortunado o pero aún, le dejan la realización del problema a su familia cuando el doctor les dice que el infarto fue fulminante. Suena rudo, pero así es.

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Google Images. Ejemplo de cómo se ve el abdomen de un “Skinny-Fat”.

El asunto aquí, es que aunque no parezca, perdemos más en el camino que en el posible fatídico final. Todos tenemos proyectos, ilusiones y obligaciones. Difícilmente podemos darnos el lujo de dormir todo el día o de simplemente no hacer nada, y me atrevería a decir que casi nadie elegiría esa vida aunque estuviera en sus posibilidades. Aún así somos muchísimos los que estamos perpetuamente cansados, los que dormimos mal, los que terminamos por sentirnos deprimidos porque no logramos nuestras metas o porque no podemos luchar contra la desidia. Nos culpamos, nos hacemos reproches, dormimos todo el fin de semana, nos prometemos que todo va cambiar, que tendremos más disciplina o más fuerza de voluntad. Le echamos la culpa de todo a nuestra cabeza, y de alguna forma, sí la tiene, pero no como creeríamos. La carga extra que le ponemos a nuestro cuerpo simplemente al pedirle que trabaje con la gasolina incorrecta tiene su primera consecuencia en nuestro rendimiento, físico y mental. O sea que podríamos decir que estamos tirando todos nuestros sueños a la basura a cambio de pan y tortillas.

Yo soy una de las personas que tuvo la mala suerte de entender a su cuerpo después de un desafortunado diagnóstico. Las señales siempre estuvieron ahí, pero me fue más cómodo achacárselas al tráfico, a las horas de trabajo, a la edad, o al estrés. Entendí a la mala que no ser saludable no es morirse, sino vivir mal, y que comer bien e ir al gimnasio no es para los guapos, sino para los productivos. Tengo 30 años y ya vivo con diabetes, pero por primera vez en años no me siento cansada, ni distraída, ni triste. Los sacrificios que yo tengo que hacer para sentirme bien son muchísimos, porque llevé mi cuerpo al límite. Pero no tiene porque ser así para todos, si detenemos la carreta antes de que aviente.

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El Potencial Social de la Comunidad

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Por: Alex Leurs

Desde hace algunos meses buscaba un espacio en el cual mis ideas pudiesen inscribirse. Mas allá del boost narcisista que el ser publicado puede provocar, anhelaba un espacio cuyos principios fuesen coherentes con mi postura de vida. Y si bien sintetizarla me parecería atroz, me limitaré—y atreveré—a presentarme como un lobo estepario. Por lo menos ese es el espacio reflexivo a partir del cual espero transmitirles, mensualmente, un pedazo de mi perspectiva. Así, al explorar el portal de Inteligencia Independiente, descubrí un proyecto que pretendía crear—y asumo, también consolidar—una comunidad de escritores y lectores.

Para la hora que vivimos, las preocupaciones sociales, políticas y económicas han inundado al país. Y si bien es cierto que en México la situación es crítica, la realidad es que la inconformidad social es casi global. En los últimos años diversos movimientos sociales han visto la luz, a tal punto que hoy, citar la primavera Árabe es casi un cliché. Sin embargo, a pesar de que se respira un clima de cambio sostenido por la inconformidad social, los instrumentos de cambio permanecen escondidos. Por ello me gustaría proponer una reflexión alrededor de lo comunitario y su potencial como organización social.

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, la comunidad refiere a un grupo de personas que conviven alrededor de un eje rector que puede tomar diversas formas (leyes, moral, creencias, objetivos, etc). Personalmente siempre había asociado la palabra a grupos étnicos hasta que descubrí las comunidades terapéuticas. Mi experiencia (académica y clínica) en Bruselas me permitió descubrir que la creación de comunidades terapéuticas representaba también una forma de organización social que facilita el trabajo médico-psico-social con poblaciones psiquiátricas.

La revolución social de Mayo del 68 en Francia creó una brecha en el conocimiento de la época generando oportunidades para alternativas terapéuticas. En una época en que la locura era considerada como una enfermedad y perteneciente a la campo médico, la Psicoterapia Institucional (PI) derrumbó muchos mitos de la locura y por lo tanto, inevitablemente, de la naturaleza humana.

Fundada en Monte Albán (España) por Tosquelles y reproducida en La Borde (Francia) por Guatarri, Oury y Schotte, la PI fusiona reflexión psicoanalítica con un análisis de la condición social humana. La idea era simple, compleja y genial: crear una comunidad y ocuparse de ella para el beneficio de sus miembros. Esta comunidad tomaría la forma que sus miembros le darían (explícita o implícitamente) de tal manera que en su dinámica cotidiana, elementos importantes de las problemáticas de los pacientes se manifestarían en las interacciones con los trabajadores. Se trata de una modalidad de trabajo que hace hincapié en el análisis de las dinámicas de grupo y de las relaciones entre pacientes y trabajadores. De esta manera se crea una comunidad psiquiátrica en donde pacientes y trabajadores son miembros activos de un sistema que intenta constantemente tratarse (¡no curar!) a sí mismo.

Es menester entender que cuando el ser humano se encuentra en armonía con su contexto, el sentimiento de pertenencia florece. La creación de una comunidad supone generar un espacio flexible en el que se pueden trabajar los fenómenos interpersonales cotidianos. Permítanme ilustrar con un ejemplo extremo relacionado con el trabajo clínico en psiquiatría.

En Monte Albán, el psiquiatra Cyrulnyk había observado que un grupo de personas con un diagnostico de esquizofrenia no respondían al dispositivo institucional. Esto quiere decir que seguían siendo prisioneros de síntomas sin que estos se pudiesen inscribir en la lógica cotidiana. Desesperado, propuso llevarlos de viaje: un paseo en bote durante 7 días. Evidentemente lo tacharon de demente. Relata que durante el viaje algunos de estos pacientes lograron inscribirse en la dinámica del viaje es decir, a la dinámica de la vida en un barco. Incluso anuncia haber escuchado hablar a un señor que llevaba casi media década sin hablar. La idea detrás de este episodio es que cuando un ser humano se encuentra en un contexto que le hace sentido, en el que se puede construir un lugar que tiene alguna influencia en lo que pasa a su alrededor, entonces el ser humano empieza a pertenecer. Y cuando el ser humano considera pertenecer, entonces, se empodera. Se apropia del espacio, de los eventos y se transforma en una parte activa de un sistema que cura, se cura y se actualiza en coherencia con sus miembros.

Mi punto es que la construcción de comunidades puede representar un medio de protesta y de cambio coherente con nuestra época. Así, podríamos tener—y creo que deberíamos promover—, una diversidad creciente de comunidades de forma que representen fielmente la complejidad y diversidad social.

Cuando el modelo social falla la insatisfacción crea el espacio para nuevas organizaciones sociales. ¿Y cómo no ver que el modelo social falló? La sobrepoblación ha saturado nuestras estructura sociales y el desarrollo tecnológico sacrificó la diversidad y la diferencia por la normalización. El ser humano hoy es un sujeto expuesto a vacío existencial que resulta de venerar más a los reflejos (las imágenes) que a las personas. Llegamos incluso al punto en el que las redes sociales empiezan a dictar normas comunitarias de pertenencia basadas en estereotipos de belleza y éxito cavando la ilusión de conectividad y pertenencia.

La comunidad como organización social supone una alternativa en la que se preserva la especificidad de cada individuo ofreciendo la posibilidad de construirse un lugar desde el cual puede (inter)actuar y sentirse miembro activo. Cuando pertenecemos a algo nos preocupa, y cuando nos preocupamos, actuamos. Sin embargo, las proporciones del mundo de hoy han eliminado ese sentimiento de pertenencia. El mundo y los gobiernos de hoy alienan (aíslan) a los individuos haciéndolos seguidores y no miembros. La imitación reemplaza la acción y en ese movimiento se pierde toda la espontaneidad necesaria para que las sociedades avancen. Nos repetimos unos a otros.

Entonces, la PI nos recuerda que diferentes formas de organización social pueden promover diferentes relaciones con el contexto. En un momento en donde la insatisfacción sube y los instrumentos faltan, pensar en la manera en la que nos inscribimos a nuestra sociedad es crucial. La organización comunitaria supone una forma de organización en la que las interacciones fortalecen el sentimiento de pertenencia. Es evidente que la inscripción a una comunidad puede estar determinada—en parte—por los deseos de cada individuo. Esto no tiene relevancia. Lo esencial es la idea de pertenecer a comunidades que motiven la participación social. Se trata de recuperar lo que la organización social de hoy en día, caracterizada por las masas y la globalización, nos ha quitado: el sentimiento de pertenencia y, por lo tanto, la posibilidad de actuar (por no decir la obligación). Porque de una forma u otra forma, la solución la vamos a tener que encontrar y sostener juntos.

La película-documental “Demain” de Mélanie Laurent y Cyril Dion nos hace descubrir un conjunto de iniciativas comunitarias que resultaron de la toma de conciencias ante el cambio climático. A diferencia de discursos alarmistas que se enfocan en los problemas, en este caso se enfocan en la soluciones. Es urgente empezar mas seguido en las soluciones que en los problemas. Personalmente, la película me parece poner en evidencia el potencial detrás de la organización comunitaria. No quiero revelar detalles porque realmente vale la pena (https://www.demain-lefilm.com/le-film). Simplemente diré que de alguna manera pone en evidencia que hoy, la revolución no será ni armada ni televisada. Será silenciosa, humilde, lenta (como la selección natural), local, basada en la acción, la participación y la cooperación a diferentes escalas.

Entonces, si estas leyendo esto, permíteme saludarte, porque por un momento, mientras leías estas líneas fuimos compañeros de guerra, hermanos revolucionarios, simplemente porque pertenecimos a ese proyecto que quiere crear una comunidad.

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Nadal y Federer, un Clásico Instantáneo

Australian Open Tennis

Por: Ernesto Gómez – @EGH7
Imágenes de AP

Este domingo el mundo del tenis estuvo de fiesta. Rafael Nadal y Roger Federer, los grandes rivales y amigos, se volvieron a enfrentar en una final de Grand Slam. La novena se ha dado entre dos de los mejores tenistas de la historia, que protagonizan una de las más fuertes rivalidades del medio, comparable solamente con la que cada uno tiene con Novak Djokovic, el gigante que ha dominado los últimos años.

Hasta el 2011, Nadal y Federer fueron los dos nombres propios del tenis, acaparando casi por completo el deporte y peleando siempre en el número uno y dos del ránking mundial. Djokovic, las lesiones de Nadal, y las bajas de rendimiento de Federer, vendrían a romper su racha ganadora y a alejarlos por momentos de la gran escena. Ambos volverían al número uno del mundo (Federer en el 2012 y Nadal en el 2013), pero no retomarían su rivalidad como en antaño.

Se enfrentaron con mucho y poco que perder al mismo tiempo. Pues estar aquí, cuando nadie lo apostaba, ya era ganancia. Llegaron ranqueados número 9 Nadal y 17 Federer, muy lejos de sus posiciones acostumbradas a la hora de encontrarse. Comprobaron que sus carreras aún tienen que ofrecer y levantaron la mano para competir el resto del año contra la hegemonía de Murray y Djokovic. Por otro lado, ambos podían reafirmar aún más sus legados: Federer conseguiría su 18vo Grand Slam y ampliaría su brecha sobre su perseguidor, el mismo Nadal que estaría ganando su 15vo, rompiendo el empate que tiene con Pete Sampras.

Ya lo anunciaba El País “El tiempo se detiene en Melbourne, donde al tenis le ha dado un ataque de nostalgia y por mirar atrás, hacia el pasado.” Para los que siguieron el deporte blanco durante la década pasada, el partido, tan sólo con el cartel, representó exactamente eso: una vuelta al pasado, a la nostalgia. Pues estos dos titanes del deporte no se veían las caras en un escenario así desde la final de Roland Garros en el 2011 (donde el triunfo fue para el español). Esperamos seis años para volver a ver el gran clásico que comenzó su historia hace más de una década cuando un Federer ya consolidado como el mejor del mundo se vino a topar con un joven Nadal que lo eliminaría del Masters de Miami con tan sólo 17 años de edad. A partir de entonces forjaron una rivalidad con estadísticas impresionantes, siendo este su duelo número 35 y dejando en el pasado partidos inolvidables como la final de Wimbledon del 2008 -considerado el mejor partido de la historia del tenis- que se llevó Nadal en cinco sets.

Australian Open Tennis

El duelo se anticipaba memorable, tal vez el más importante en la carrera de cada uno. Probó ser exactamente eso: un clásico instantáneo, una pelea épica a cinco sets que evocó las de antaño no sólo por el cartel, sino por el juego que se vio en la Arena Rod Laver. El partido arrancó con un Roger concentrado en imponer su estilo, buscando el tiro ganador pronto y evitando el peloteo prolongado que beneficia a Nadal. Rafa, por su lado, hizo esfuerzos impresionantes para responder cada bola y contener el asalto de Federer. Cada quien tiró de lo que sabía, Federer de su clase y su revés y Nadal de su resiliencia y pasión por la épica en los partidos grandes.

En dos ocasiones Nadal remontó estando un set abajo para mandar el partido a un quinto y, en este último, fue a Federer a quien le tocó remar a contracorriente para llevárselo. Arriesgó más y, despejado de sus fantasmas contra Nadal (registro de 12 ganados contra 23 perdidos), se hizo de un Grand Slam más para su registro, rompiendo los pronósticos de la mayoría, que apostaba que ya se había quedado en 17. Más monumental aún, considerando que el suizo tiene 35 años.

Me aventuro a decir que al final del partido Federer no era el único con lágrimas en los ojos. Los dos se felicitaron extensivamente, contentos de haberse encontrado una vez más. “No te vayas Rafa. El tenis te necesita”, le dijo Federer a Nadal cuando recibió el trofeo. El deporte necesita siempre a caballeros y superdotados como estos dos. Independientemente de las inclinaciones personales de cada quien, el domingo, quien ganó más fue el tenis.

Australian Open Tennis

Emociona la vuelta de Rafa y más considerando que el próximo torneo grande es donde forjó su leyenda, Roland Garros. Emociona también que el grande inmediato al de París es Wimbledon, el santuario de Roger. Está por verse hasta donde extienden su legado este par de históricos. De momento, un brindis por Australia que nos llevó al pasado glorioso y un brindis por Roger Federer, campeón del primer gran torneo del año, atemporal maestro del tenis.

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No en nombre de nuestro Dios

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Por: Gina Jiménez

Fui católica durante casi toda mi vida, pero católica en serio. No parte del 80% del país que se hace llamar católico y solo se para en misa cuando es Navidad. No digo esto con afán de juzgar, es una diferenciación meramente descriptiva que vale la pena hacer. Yo era una católica de “a de veras”, de las que van a misa cada semana, de las que buscan un templo cercano cuando llegan a un país extranjero, aún si sus papás no estarán alrededor para presionar. Católica de las que se alegran en Navidad, no nada más por los regalos o la familia, sino porque era el cumpleaños de Jesús. Católica de las que hacen ejercicios espirituales, es decir, de las que se encierran en un retiro de silencio por ocho días para leer pasajes de la Biblia intentando sentir “dolor de corazón” por el judío de sandalias que, hace mucho, disque murió por nosotros.

Afortunadamente, yo también era una católica privilegiada. Privilegiada porque tuve la suerte de estudiar en una de las escuelas más fresas de mi natal Puebla. Una escuela que, por supuesto, era católica, pero antes era Jesuita. Entonces, mi suerte no sólo fue la de alguien que pudo ir a una preparatoria con instalaciones presentables, sino la de una adolescente que pudo sentarse en un salón de clases en el que los profesores preguntaban (durante clase de religión y sin el menor ápice de vergüenza) ¿De verdad crees en Dios? ¿Te has preguntado por qué?

En el Sistema de Colegios Jesuitas se estudia religión, pero se cuestiona y se pregunta por la experiencia personal, misteriosa y profunda de Dios que cada uno ha tenido. En el Sistema de Colegios Jesuitas se lee la Biblia, pero (al menos en mi escuela) se discute sobre sus implicaciones para la vida pública, para la desigualdad y el dolor del mundo en el que vivimos. En el Sistema de Colegios Jesuitas se estudia Cristología, pero se habla del Jesús Histórico, del que no era blanco ni barbón y vino a irrumpir un orden social profundamente injusto.

La educación religiosa a la que tuve acceso durante doce años surtió efecto y cultivó en mí una honesta, profunda y personal devoción a “Dios” (whatever that means) que no necesariamente estaba acompañada por una devoción a la Iglesia católica. No sé muy bien como entendía a Dios en ese entonces, pero estoy segura que algo tenía que ver con el amor, la esperanza y la justicia, y con entender esos valores como sagrados y grandes, mucho más grandes y trascendentes, que mi existencia o la existencia de cualquiera que conociera. Mi devoción a Dios no era meramente a él, estaba acompañada con una entrega y compromiso a la construcción de “su reino”. Porque, ¿cómo se podía “seguir a Jesús” (cuando eso significa Jesuita) sin comprometerse con la construcción de un mundo incluyente amoroso y justo? En ese tiempo, mi cita bíblica favorita (y sí, tenía una cita bíblica favorita) decía: “No he venido a traer paz al mundo sino espada”. Porque para mí ser católica era irrumpir, disentir y alzar la voz por los excluidos, ¿y quiénes eran los excluidos sino las prostitutas y los leprosos?

El catolicismo revolucionario en el que creía me impulsó entonces a hacer un año de voluntariado en la Casa del Migrante de Saltillo. Una experiencia que ha sido, por mucho, la más significativa de mi existencia. Durante ese año tuve la suerte de conocer a madres que trabajan día y noche con jóvenes con VIH, muchos de ellos homosexuales. De conducir con un obispo que oficia misa con la bandera gay en el altar y de ser acompañada por un padre que pregunta a migrantes violadas si quieren ir al DF a abortar cuando se embarazan.

Durante ese año viví en un universo paralelo, donde la gente no sabe cuándo es su cumpleaños (porque nunca importó), donde los niños de quince años han matado ya a un par de personas y las madres buscan sin descanso a sus hijos migrantes que no han visto en décadas. En medio de tanto dolor lo que más cala es la desesperanza. Por un lado, el trabajo se siente arduo e inútil y, por otro, si usted cree que los migrantes son (exclusivamente) personas dulces, agradecidas y amorosas es porque nunca ha trabajado con ellos. Entonces los voluntarios, las madres y los padres trabajan eternamente para darle de comer a quiénes nunca dejaran de pasar, pero tampoco comenzaran a agradecer. Cuando regresé de Saltillo me alejé, casi inconscientemente de cualquier tema relacionado con la migración y el activismo, pero unos cuatro años después un estudiante argentino de doctorado me pidió platicar al respecto. Nos vimos en un café y platicamos amenamente de lo que había sido mi voluntariado y de la gente que había entrevistado. En algún punto de la plática preguntó:

–¿Por qué nunca volviste?

–Pues empecé a estudiar y eso quedó de lado

–No, pero ¿por qué nunca volviste a hacer nada relacionado con migración? Tengo un par de semanas entrevistando voluntarios y los hay de dos tipos; los que después de su voluntariado siguen trabajando con migrantes todos los días y los que se alejan por completo de cualquier cosa parecida. ¿Por qué?

Me quedé mirándolo por un par de segundos, sorprendida por lo mucho que me conmovió esa pregunta.

– Es que es muy cansado- casi exhalé.

– Me imagino -dijo él- mira, te voy a decir una cosa: yo detesto a la Iglesia católica. De verdad. Soy extremadamente crítico de la Institución, creo que es peligrosa, creo que es hipócrita y creo que es dañina. Aún así, me sorprende que todo el trabajo que se hace en México en favor de los migrantes lo hace la Iglesia Católica y me cuesta trabajo entender por qué. Yo vi cómo vivían los migrantes en África para llegar a Europa y es lo peor que he visto en mi vida. Podré detestar a la Iglesia, pero me queda claro que el trabajo que hacen en México no tiene nombre. No puedo más que quitarme el sombrero. No quiero ni siquiera imaginar cómo estaría la migración en México si no fuera por ellos.

– ¿Sabes cuál es mi impresión? De pronto, creo que el trabajo con migrantes es tan duro que es necesario creer en Dios.

Un par de años antes me había encontrado con esta cita, traducida del alemán, de Johann Gottlieb Fichte. Fichte dice esto cuando habla sobre la utilidad de la religión y cuando la leí no pude evitar pensar que describía, sin querer, la labor de los albergues para migrantes:

“Donde a simple vista se advierte con claridad la imposibilidad de mejorar la época y a pesar de ello se sigue trabajando incansablemente por mejorarla; donde se soporta con paciencia el sudor de la siembra sin perspectiva alguna de cosecha; donde se hace el bien a los desagradecidos y se colma de apoyo y bienes a aquellos que maldicen, con la certeza de que seguirán maldiciendo; donde, a pesar de cientos de fracasos, se persiste en la fe y el amor: allí no es la simple ética la que impulsa – pues ésta pretende un objetivo – sino que es la religión, la entrega a una ley superior y desconocida, el enmudecimiento libre ante Dios, el amor íntimo a su vida nacida en nosotros, la cual debe ser salvada, simplemente por sí misma, allí donde el ojo humano no ve otra cosa que salvar”

En días del Frente Nacional por la familia, me pregunto todos los días cómo el mismo Dios que inspira a los activistas católicos a dar su vida por los desahuciados, inspira a otros a iniciar campañas de odio y discriminación en su nombre. Es terriblemente injusto desvirtuar a todos los católicos de México en nombre de Norberto Rivera porque en este país hay gente que en nombre de un Dios hace más por el prójimo en una semana de lo que casi todo México hará en toda su vida. El Dios que predica amor, paz y justicia no puede ser el mismo consternado por con quién nos acostamos.

Señores, altos clérigos de la iglesia católica mexicana: hagan marchas, promulguen prohibiciones, limiten a las personas, pero, por favor, no lo hagan en nombre de nuestro Dios. Porque, claramente, no puede ser el mismo.

Foto: http://catolicoygay.blogspot.mx/2010/08/obispo-mexicano-que-colabora-con-gays.html

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De Chevening para el Mundo

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Por: Sofía Bosch – @sboschg

El sábado 22 de octubre, 1900 becarios Chevening se reunieron en las inmediaciones del centro de exposiciones ExCel al Este de Londres, Reino Unido. Al llegar al lugar se sentía la emoción en el ambiente. Grandes carteles con el logo de la institución y un autobús de dos pisos vintage, emblemático de la capital, daban la bienvenida al lugar.

Desde el momento en el que uno abordaba el DLR (tren ligero que conecta el centro de Londres con el este de la ciudad), uno podía distinguir a los Cheveners en los vagones. Jóvenes bien peinados, los hombres de saco y las mujeres elegantes, pero también muchos portando los trajes nacionales de su país, resaltaban entre los usuarios.

De los mil novecientos becarios seleccionados como parte de la generación 2016-2017, hubo presencia de 140 países. A México lo representaron 82 becarios, siendo el segundo país después de China, y seguido de la India, con más presencia.

La beca otorgada desde 1983 por la Secretaría de Relaciones Exteriores y del Commonwealth (Foreign and Commonwealth Office) y que retoma su nombre de la Chevening House, mansión a las afueras de Kent que funge como residencia del Secretario de Relaciones Exteriores, opera en 160 países. La beca tiene como meta apoyar a líderes emergentes de países en vías de desarrollo. El apoyo va encausado a cursar una maestría de un año en cualquier universidad del Reino Unido, con la condicionante de que los becarios regresen a sus países de origen por un mínimo de dos años. Con la beca como plataforma, el entendido es que los becarios aplicaran lo aprendido a su contexto nacional.

Las becas Chevening no se pueden describir de otra forma mas que de primera categoría. No sólo cubren absolutamente todos los gastos imaginables, dando tranquilidad al becario y permitiéndole concentrarse al 100% en cursar la maestría de la mejor manera, pero posibilita el acceso a una red de becarios y ex becarios única, llena de talento y diversa. Asimismo, es la única beca a nivel mundial que cubre la colegiatura completa, muchas veces con el apoyo y mancuerna de las universidades o aliados del sector privado, la manutención del becario, sus gastos de avión y visado para llegar al Reino Unido, así como pequeños estipendios extra con el entendimiento de que la llegada y luego salida de un nuevo país pueden producir gastos extra de instalación y mudanza.

El evento de integración llevado a cabo en Londres, y por ende la beca, fue precisamente emocionante por la diversidad cultural y, al mismo tiempo, empatía y entendimiento que se genera entre becarios con realidades extremadamente diferentes. Muchas de las preocupaciones que se expresaron se ven reflejadas en muchas de las realidades locales, por lo que apoyar a jóvenes con preocupaciones locales pero con la capacidad de una comprensión internacional, es vital. Por otro lado, muchos becarios vienen de contextos muy duros, por lo cual el mérito de obtener la beca y luchar por estar en el Reino Unido con la posibilidad de estudiar una maestría es infinito.

La voluntad y disposición de los participantes por hacer cambios fundamentales y de raíz en sus países era palpable, cada uno con antecedentes sobrecogedores y ambiciones claras. La pasión, así como la esperanza, se hizo notar.

Apostar por la formación de líderes en temas de sustentabilidad, gobernanza, corrupción, energía, o derechos humanos, pero también cultura e industrias creativas, es primordial para México y los otros 139 países que participaron este año. Chevening definitivamente será un parte aguas en la carrera de muchos de estos jóvenes líderes.

Que no se deje pasar la convocatoria 2017-2018 de las becas. Aliento fervientemente a los jóvenes mexicanos a participar. Plataformas como las becas Chevening se tienen que aprovechar para despegar y promover cambios positivos en el rumbo del país.

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