¿Te atreverías a detener el tiempo?

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Por Uriel Gordon

En los años noventa, había una adolescente que podía detener el tiempo, por lo menos en el universo de ficción de la serie de televisión, Fuera de Este Mundo, que se proyectaba en el Canal 5. Cuando Evie Garland, la hija de un extraterrestre, juntaba sus dedos índices, la tierra dejaba de girar, todo se congelaba, solo ella tenía la capacidad de moverse: podía impedir, por ejemplo, que un vaso destinado a chocar con el piso se cayera; tenía el poder para suspenderlo en el aire, sujetarlo y colocarlo en una mesa para evitar que se rompiera; Evie jugaba con la gravedad, alteraba las leyes de la naturaleza a su conveniencia y después, dejaba nuevamente que el tiempo corriera.

Recuerdo que ese programa me llevaba a preguntar qué haríamos si pudiéramos frenar el tiempo. Lo primero que en ese entonces me venía a la mente, era dormir más. Imagina la escena: suena el despertador a las seis de la mañana, abres el ojo y de plano, no te quieres levantar de la cama, entonces, juntas tus dedos índices y las manecillas del reloj se detienen. Mientras tanto, tú sigues durmiendo; dos horas después, te levantas ya más descansado, más fresco y, ahora sí, que vuelva a girar el mundo; ganaste dos horas: tu día pasó de tener 24 a 26 horas; entraste en un desfase que te permitió dormir más.

A simple vista, frenar el tiempo tendría muchas ventajas: evitar accidentes, detener alguna discusión acalorada e incomoda o adquirir mayor conciencia sobre los instantes de felicidad que sintieras en determinado momento; piensa en el ejemplo hipotético que más se ajuste a tu imaginación. Sin embargo, también habría que pensar cuáles serían los efectos secundarios de detener el tiempo, la ola de reacciones en cadena que se desatarían al jugar con las leyes de la naturaleza.

En la película El Efecto Mariposa (2004), el personaje representado por Ashton Kutcher, viajaba en el tiempo con tan solo leer sus viejos diarios. Regresaba al pasado, a un momento en específico y con la conciencia que tenía en el presente, y jugaba a alterar lo que ya había sucedido para cambiar el futuro. En este sentido, una sola acción que modificara el pasado, el aleteo de una mariposa, tenía el poder de desencadenar una tormenta con efectos imprevistos que moldearían una nueva realidad; algunas de las consecuencias que desembocaban en el presente no eran las deseadas y el personaje tenía que volverse a sumergir en el pasado para corregir lo alterado.

Siguiendo la misma línea, hay un capítulo de Los Simpson donde Homero tenía un tostador mágico que lo transportaba a la prehistoria y, cada vez que interactuaba con el pasado, su presente se transformaba. En uno de esos escenarios, Homero regresa al presente y encuentra el antecomedor de su casa expandido y embellecido; su familia viste las ropas más finas, la bebé Maggie usa un chupón que tiene incrustado un diamante; además, se entera que sus cuñadas que aborrece, Paty y Selma, murieron. Todo parece pintar de maravilla para él: siente que se sacó la lotería con la inmersión que hizo en el pasado. No obstante, de pronto, Homero le pide a su esposa Marge que le pase una rosquilla y ella le pregunta sorprendida a qué se refiere con el término “rosquilla”. Cuando Homero se da cuenta de que el pasado le trajo un nuevo mundo sin rosquillas, enloquece, pega un grito al cielo y decide acudir al tostador para alterar su presente, pero lo que no se da cuenta antes de tocar base con el pasado, es que en la ventana se asoma la lluvia y en ese mundo que está a punto de abandonar, llueven rosquillas.

Si tuviéramos los poderes de Evie Garland, ¿te atreverías a detener el tiempo, a explorar los efectos mariposa positivos o negativos que podría generar el freno de las manecillas del reloj?

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EUROVISIÓN: La politización de la música

Algunos años atrás platicaba tranquilamente con unos amigos españoles por Skype cuando de pronto una de ellas comenzó a gritar frenéticamente: “¡Va a ganar la mujer barbuda, por Dios!”

Su reacción fue el detonante para que mis amigos comenzaran a discutir sobre la tan enigmática “mujer barbuda”; y yo… bueno, los veía sin entender de qué estaban hablando. A los pocos minutos uno de ellos me explicó el súbito cambio en nuestra conversación, todo se resumía a una sola palabra: EUROVISIÓN.

Es un festival musical con más de sesenta años de tradición en el que los países compiten enviando a un cantante con un tema inédito para tratar de obtener el primer lugar. El país ganador será la sede del festival al año siguiente, generando mayor turismo y derrama económica, por lo que todos quieren ganar.

El concurso es un evento organizado por la UNIÓN EUROPEA DE RADIODIFUSIÓN (UER) y todos los países del continente pueden participar sin importar su afiliación política. De igual forma, cualquier otro país puede tener acceso al programa si alguna de sus televisoras está dispuesta a pagar por los derechos de transmisión. Por lo anterior hemos visto concursar a otras naciones como Israel y Australia ya que transmiten contenidos de la UER en sus propios países.

Si algún país debe dinero a la cadena, este es automáticamente suspendido del festival. Todos los concursantes pasan por unas eliminatorias o semifinales, excepto España, Alemania, Reino Unido, Italia y Francia, mejormente conocidos como los “BIG FIVE”. Ellos son los jueces en las semifinales y pasan automáticamente a la final ya que son los que más aportan a la cadena (UER).

El año en el que mi amiga gritó durante nuestra llamada por Skype (2014) ganó Conchita Wurst, un personaje artístico creado por el cantante austriaco, Thomas Neuwirth, mejor conocido como “la Mujer Barbuda” o “la Reina de Austria” con el tema Rise like a Phoenix. Mi curiosidad se abrió entonces al desarrollo artístico, escénico y musical de uno de los festivales europeos más trascendentales en la historia de los mismos.

En el 2015 me preparé iniciando el año. Quería predecir al ganador estudiando las noticias más importantes de los medios internacionales, las políticas públicas de cada gobierno, la letra de la canción, el desarrollo audiovisual y escénico de cada uno de ellos. Había encontrado la conexión el año anterior con la señorita Conchita y la algarabía popular por una mayor aceptación legal en Europa de los derechos LGBT.

Mi análisis entonces, me llevó a elegir como futura ganadora a Polina Gagaria, la representante rusa del certamen que hablaba de esperanza e inclusión de toda índole en su propuesta. Ese año se habló mucho de los primeros grandes atentados del Estado Islámico; de cómo atraían a jóvenes occidentales con promesas de una vida arrojada y de valor; de la destrucción de ciudades y las matanzas que asemejaban más a un holocausto que a un simple conflicto armado local.

A Million Voices sonaba al aliento dulce que necesitaba el mundo, sin embargo, erré. Heroes del sueco Mäns Zermelow fue la ganadora y creí que todo mi análisis había estado equívocado; se lo achaqué a mi inexperiencia y falta de conocimiento sobre el tema. Sin embargo, al año siguiente otro ruso estaba a punto de llevarse el primer lugar y asegurar la oportunidad de llevar el evento a su nación generando el tan anhelado flujo turístico, y el honor de ser parte de la gloriosa lista de ganadores.

Sergey Lazarev (Rusia) entregó en 2016 en Estocolmo, Suecia, You are the only one con la vitalidad y frescura de las primeras chispas del saberse enamorado. A pesar de que las casas de apuestas y el público en general la posicionaban en primer lugar, fue la ucraniana Jamala con su tema 1944 la ganadora del certamen. Para entonces dejé de interesarme tanto por estudiar el evento y me enfoqué en disfrutar de la música que iba agregando de a poco a mi reproductor. Sin embargo seguía pensando que algo no cuadraba.

Tras finalizar la gala del año 2016 leí en varios portales noticiosos que Rusia alegaba la tan famosa “mano negra” en contra de su representante; es decir, que los jueces del certamen habían sido parciales al darle esa puntuación a la representante ucraniana por una canción que hablaba de cómo soldados del régimen comunista habían masacrado a una comunidad de la península de Crimea.

Las menciones en los medios de comunicación a la canción galardonada ese año reavivaron la rivalidad política entre Ucrania y Rusia, pues en el año 2014 Ucrania declaró a la Unión Europea que Rusia había invadido su territorio y violado su soberanía al anexar la península de Crimea a su territorio. Esto llevó a una completa cobertura mediática que se redujo paulatinamente; el resultado de eurovisión en el 2016 abrió de nuevo esa carpeta que comenzaba a olvidarse.

Sin embargo, en este conflicto, Ucrania no cuenta con el respaldo de la historia por cercana que esta sea.

  • La península de Crimea es un punto clave en el comercio nororiental.
  • A lo largo de la historia ha sido disputada por persas, cimerios, escitas, hunos, turcos, hasta llegar a manos de la autoridad imperial rusa.
  • Por sus cálidas temperaturas, comparadas con el resto del país, era apreciada como área de veraneo para aristócratas. La familia Romanov llegó a pasar algunos veranos en esa región antes de ser masacrados.
  • Durante el periodo comunista la región se vio desolada y diezmada por el control autoritario y déspota del ejército, haciendo que muchos de los nativos huyeran a una joven Ucrania y otros países aledaños.
  • Tras la caída de la Unión Soviética, la pequeña península se declaró a sí misma República Independiente de Crimea. Sin embargo, al ser tan pequeña y tan fácil de dominar pidió auxilio a su vecina más cercana: Ucrania. Generando así un pacto de colaboración y protección.
  • Ucrania no respetó el pacto y trató a la pequeña república como a la sierva del hogar: sin derechos y sin leyes que les permitieran el desarrollo. Se encontraban a merced de un pez más grande.
  • En tres ocasiones, la pequeña República de Crimea pidió diplomáticamente la oportunidad de generar su propia constitución política, algo que Ucrania rechazó tajantemente.
  • Durante el 2014 se organizó el referéndum que llevó a la región a buscar adherirse a la Federación Rusa buscando mejores oportunidades civiles y políticas para sus ciudadanos, estallando así el conflicto.

Todo esto nos lleva a cuestionar si Ucrania actuó cual niño berrinchudo culpando a Rusia de tomar bajo su protección a una zona que despreciaron por décadas. Y ahora, no sólo la Unión Europea, sino el mundo entero ven a los rusos como los “malos” del cuento. Sí, todos sabemos que Putin no es un santo, pero tampoco es el tirano que pretenden reconocer.

Al estudiar inicialmente la política como factor determinante en el festival creía que sería impulsora de la empatía de los asistentes y televidentes y no algo más turbio que eso. Un festival generado para dejar tensiones políticas a un lado después de la Segunda Guerra Mundial está ahora manchado con la política más sucia de la actualidad.

Este año el concurso se llevó a cabo en Kiev (Ucrania) con el lema Celebrate Diversity, el cual fue mancillado al acercarse la fecha de las Semifinales. La cantante rusa, Yulia Samoylova, fue sancionada por el equipo organizador por conocerse que había visitado previamente la República de Crimea —en la actualidad, para los ucranianos esto es un crimen de guerra—por lo que lanzaron un ultimátum a Rusia: “Cambian a su representante o se transmite su actuación vía satélite. Ella no pisará suelo ucraniano.”

Al intentar politizar tan descaradamente el concurso, muchos críticos comenzaron a señalar que esto dañaría la reputación del concurso, dejando de lejos el fin por el que fue creado y por el que se eligió el tema de este año.

Pero la historia no termina ahí. Por primera vez en la historia ganó Portugal, una nación ninguneada por la Unión Europea, con la canción de Salvador Sobral, Amar pelos dois. Esta canción compuesta por su hermana Luisa es una oda al amor puro y no deja insensible a nadie: algunos la odiaron… Muchos más, lloraron al escuchar la bella interpretación del portugués.

Este hombre que nunca se había interesado por los festivales y la algarabía mediática subió al escenario al conocerse el resultado final y dijo a la audiencia: “La música son emociones, sentimientos; no son los fuegos artificiales que se ponen en el escenario”, rematando así su comentada actuación en el festival.

La prensa y otros artistas no tardaron ni lo que Cristo en resucitar de la muerte para atacarlo: “Un rarito ha ganado Eurovisión”, comentan unos por su estética no convencional; “Ha ganado por el teatro que armó con su enfermedad”, comentó un desairado representante rumano. Este venerado festival ahora mancillado por los rencores de los malos perdedores se encuentra en su etapa más hipócrita: declara unión en la diversidad y apuñala a la menor provocación.

A pesar de esto los millones de televidentes y espectadores no dejan de disfrutar el ambiente festivalero y las propuestas musicales que cada año endulzan sus oídos. Esperemos que no los endulcen tanto como para no reaccionar en contra de esta situación que se agrava año con año.

 

 

 

El cine que vamos matando

Por: Daniela Dib – @dandiba

Un solo dato parecería suficiente para mantener con vida la esperanza de que los libros siguen vigentes: en el 2016, el 60% de las películas más taquilleras a nivel mundial fueron adaptaciones de alguna obra literaria. Otra cifra, sin embargo, derrumbaría la fe del literato más entusiasta: las obras literarias responsables de estas ganancias fueron cuatro cómics, un clásico y un libro basado en otro libro.

Película Recaudación total
Capitán América: Civil War $1 153 304 495
Rogue One: Una historia de Star Wars $1 056 052 054
Buscando a Dory $1 028 570 889
Zootopia $1 023 784 195
El libro de la selva $966 550 600
La vida secreta de las mascotas $875 457 937
Batman vs Superman: Dawn of Justice $873 260 194
Animales fantásticos y dónde encontrarlos $814 037 575
Deadpool $783 112 979
Escuadrón Suicida $745 600 054

Fuente: Box Office Mojo

“Capitán América: Civil War”, basado en el cómic Civil War de Mark Millar y Steve McNiven para Marvel; “Batman vs Superman: Dawn of Justice”, inspirado en los personajes de los cómics creados por Bob Kane y Bill Finger (Batman) y Jerry Siegel y Joe Shuster (Superman) para DC Comics; “Deadpool”, basado en el cómic homónimo de Rob Liefield; “Escuadrón Suicida”, inspirado en varios villanos de DC Comics; “El libro de la selva”, adaptada de la novela clásica de Rudyard Kipling; y “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, una secuela del universo de Harry Potter también escrita por J.K. Rowling. El que la adaptación cinematográfica de estas obras haya sido buena o mala no está a discusión. Lo que vale la pena resaltar es que, contrario a lo que ocurría hace unas décadas, los grandes estudios de cine parecen estar enfocados en encontrar una receta para lograr éxitos de taquilla. Al hacerlo, sacrifican la creatividad, las buenas historias y las nuevas ideas. Incluso Martin Scorsese, uno de los cineastas más reconocidos del séptimo arte, declaró recientemente que “El cine ha muerto”. Atribuyó su muerte a la falta de creatividad de la industria, culpando a los “estudios con aversión al riesgo que además están obsesionados con las películas de franquicias.”

Lo que los estudios de cine comprenden bien es que la experiencia del cine no ha muerto, pero está luchando por mantenerse a flote. Netflix, Hulu, Amazon y sus competidores han desarrollado una nueva manera de consumir contenido (on-demand y binging) en dispositivos móviles, así que los estudios ya no pueden darse tanto lujo de experimentar con nuevas historias costosas de producir cuyo éxito no pueden anticipar. Una manera de predecir una película taquillera es observando otro mercado que produce y vende historias: el literario.

No es cosa nueva que los libros sean fuente de inspiración para cineastas. El Padrino, película que muchos expertos califican como la obra maestra del séptimo arte occidental, fue adaptada por Francis Ford Coppola del libro homónimo de Mario Puzo. Stanley Kubrick adaptó varios libros, entre ellos: El Resplandor de Stephen King y Lolita de Vladimir Nabokov. El éxito que la trilogía de El Señor de los Anillos alcanzó en las salas de cine, al igual que la saga de Harry Potter, no pudo haber sido posible sin la imaginación que J.R.R. Tolkien y J.K. Rowling plasmaron en sus extensos tomos. En los más de cien años de historia del cine, cientos de libros buenos y malos han derivado en películas malas y buenas. De hecho, la influencia que la literatura ha tenido en la industria cinematográfica ha sido tal que le ha ganado una categoría especial en los premios Oscar: la de Mejor Guión Adaptado.*

Sin embargo, lo que hoy ocurre es diferente. Estudios de cine como Sony, Universal y Paramount Pictures han creado departamentos de Adaptación Literaria para identificar obras de cualquier tipo de literatura que puedan convertirse en éxitos en taquilla. Y pareciera ser que el principal requisito para adaptar al cine una obra literaria es que el libro haya sido un éxito en ventas. Esto explica filmes extraordinarios como “Figuras Ocultas”, basada en el libro Hidden Figures: The American Dream and the Untold Story of the Black Women Who Helped Win the Space Race de Margot Lee Shetterly  y “La llegada”, adaptada del cuento corto  Story of Your Life de Ted Chiang. Pero también parece ser la razón detrás de todas las secuelas de superhéroes que ya han sido mencionadas, o de filmes como “Cincuenta Sombras de Grey”, basados en la obra homónima de la autora E.L. James. Tanto el filme como la novela fueron destrozadas por la crítica, pero el libro ha vendido más de 130 millones de copias y la película generó más de $85 millones de dólares tan solo en el fin de semana de su estreno.

Scorsese parece rendirse ante la falta de creatividad en el mundo del cine, pero no todo es culpa de los estudios. Si el público mundial está dispuesto a pagar por ver la séptima entrega de una franquicia de superhéroes, entonces los estudios seguirán explotándola. Resulta interesante que la temática más recurrente este tipo de películas sea la lucha entre el bien y el mal. Aunque sin duda son conceptos universales que compartimos entre culturas antiguas y  modernas, ¿realmente queremos seguir viendo cada verano la versión reciclada con disfraces de lycra, efectos especiales y superestrellas? ¿Por qué seguimos yendo al cine a consumir historias tan parecidas entre sí?

Las películas que solemos consumir en las salas de cine mexicanas se realizan principalmente en EEUU. Sin embargo, desde nuestra frontera podemos comenzar a exigir mejores historias. Somos, en gran parte, una audiencia global que consume contenido de diferentes geografías. Querer diversidad en el cine no significa más películas de cine de arte o de actores mexicanos hablando inglés. ¡Queremos buenas historias! Si la industria editorial está influenciando las decisiones de grandes estudios de cine, ¿por qué no más cineastas, latinos o no, voltean a ver las grandes historias que encierra la literatura latinoamericana? Y tal vez la pregunta más difícil: ¿por qué nosotros como audiencia seguimos queriendo ver la misma historia cada año?

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El niño que vivió

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Por: Ernesto Gómez – @EGH7

Corría el año de 1990 y Joanne Rowling, en ese entonces una completa desconocida, imaginó por primera vez a Harry Potter durante un viaje en tren. La historia terminó por cobrar vida en los cafés de Edimburgo y, siete años después de ser concebido, Jo Rowling entregó al mundo Harry Potter y la Piedra Filosofal. Así, sin pensarlo, arrancó el fenómeno que marcó a una generación completa.

El mundo era otro. Con decir que Titanic todavía no estrenaba y nadie sabía aún de la relación de Clinton con Lewinsky. Los que crecieron con Harry Potter podrán recordar con nostalgia como se fue agrandando el furor con el que se esperaba la publicación de cada libro y de cada película; como Harry Potter redefinía los alcances de la ficción hasta convertirse en un parque temático. Recordarán que se veían los lanzamientos de los trailers de cada película como si se tratara del capítulo nuevo de una serie televisiva. El fenómeno fue tal que los libros han vendido más de 450 millones de copias a nivel mundial y la marca está valorada hoy en día en más de 15 mil millones de dólares. Harry Potter y las Reliquias de la Muerte marcó el primer libro de su tipo que se dividió en dos partes para su adaptación cinematográfica y así marcó tendencia —véase el ejemplo de Sinsajo, Amanecer y, en un extremo, El Hobbit—. A la fecha, los “potterheads” son de los fanáticos más asiduos y dedicados del mundo. Tan sólo con decir que fue cuestión de horas para que se agotara el primer tiraje de Harry Potter y el Niño Maldito, el guión de la obra de teatro que salió a la venta el año pasado. Nueve años después de que se acabara su historia, la gente sigue hambrienta por más.

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Con Harry Potter el mundo se encontró con un fenómeno de popularidad y ventas que no se conocía desde los tiempos de los Beatles. Prueba de esto es que por primera vez en la historia habrá una película producida exclusivamente por fanáticos de los libros que ahora nos contarán los orígenes de Voldemort y que también están buscando fondos para hacer una película acerca de los fundadores de Hogwarts. Rowling redefinió el “fanfiction” y la historia que nos contó sirvió para fortalecer y hasta formar nuevas amistades con el gusto de hablar y debatir sobre el mago más famoso de la historia.

Harry Potter se ganó un lugar eterno en el corazón de sus fans por diferentes razones. La mayoría están de acuerdo en que encontraron con Harry y sus libros un mundo mágico en el que refugiarse de sus problemas para pensar en los de Ron, Hermione y Harry, una historia con la que pudieran entender lo que es crecer sintiéndose diferente. En sus páginas y sus personajes fueron descubriendo el verdadero valor de un buen maestro, de la amistad, la lealtad, la familia y el amor: la cualidad por la que Harry pudo vencer a Voldemort.

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Lo impactante de la serie es como la autora y los personajes fueron creciendo junto con sus lectores y la enorme profundidad sentimental que se adivina desde el primer libro, especialmente en el pasaje en que Harry encuentra el espejo de Erised y se ve a sí mismo deseando, por encima de todo, la familia que perdió. A pesar de ser libros de fantasía y de lectura fácil, están siempre impregnados de añoranza y de la búsqueda constante de Harry por un sentido de pertenencia. Harry Potter se volvió un titán de su época por la forma en la que metió a los lectores de lleno en su fantástico mundo en el que siempre triunfa la bondad humana y en el que todos los fans fueron encontrándose con personajes inolvidables que los marcaron de una forma u otra.

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Hoy, veinte años después de que se publicara Harry Potter y la Piedra Filosofal, podemos garantizar que Rowling nunca imaginó el efecto que tendría su obra sobre el mundo, la forma en la que tendría a sus lectores devorando hoja tras hoja, el enorme gusto con el que leerían cada capítulo y la envidia que le tendrían a quien apenas está hojeando La Piedra Filosofal por primera vez. Joanne Rowling escribió con Harry Potter su propio cuento de hadas que la hizo pasar de ser pobre a ser más rica que la Reina de Inglaterra, inspirando así a cientos de escritores a tratar de abrirse camino en el mundo del arte. Con su obra, Rowling le dio algo especial a cada uno de sus lectores, un pequeño tesoro en cada libro, un patronus que los protege en momentos de tristeza.

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Todos los fans alguna vez supieron que si los pusieran frente al espejo de Erised se hubieran visto con la carta de Hogwarts en mano, admitidos a la mejor escuela de magia en el mundo. Todos desearon alguna vez tener un maestro como Dumbledore, tan lleno de sabiduría y tan dotado de habilidad con las palabras. Harry Potter es así de importante para sus fans verdaderos que le tienen un amor tan eterno como el de Severus por Lily y que cuando les pregunten que si siguen amando los libros de Rowling después de tanto tiempo responderán “por siempre”.

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Jerusalén y la tesis sobre la piedra

Por: Juan Carlos Bracho

Jesús, mirándolo, dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan; tú serás llamado Cefas (que quiere decir: Pedro -PIEDRA-).
Juan 1:42

¿Por qué la piedra?

Jerusalén es una cuidad tan interesante como lo es nuestra curiosidad. Hay algo así como cuatro (quizá hasta más) ciudades dentro una misma. En cada rincón al que uno voltea se encuentra con la Historia y la cuidada arquitectura del lugar (existe una norma que exige que todas las construcciones de Jerusalén deben hacerse con piedra) provoca contemplarla con pasmoso detenimiento; así, estés frente a un templo religioso, una avenida cosmopolita, o una simple callejuela, es difícil no maravillarse con sus piedras. Pronto caes en cuenta que el discurso de Jerusalén es justo eso… un discurso sobre la piedra.

El Muro de los Lamentos, 2017
Muro de los Lamentos. Jerusalén, 2017.

En algún punto de nuestra historia elegimos a la piedra como el mejor medio para relatar nuestro discurso; ese plano donde comunicaríamos aquello que, sentimos, debe ser comunicado. Vertimos en ella significado, haciendo que valga no por lo que es, sino por lo que nosotros vemos en ella y es así como miles (varios miles de años después) vemos a personas lamentarse frente a ella, hincarse y rezarle o hacerla símbolo de dominio sobre el otro.

Entonces… ¿por qué la piedra?

Friedrich Nietzsche parece dar respuesta a esta pregunta en su libro Ecce Homo al explicar su escrito Así Habló Zaratustra: “El hombre es para él (Zaratustra) algo informe, un simple material, una piedra que necesita la acción de un escultor”. Para Nietzsche el ser humano es una piedra que debe ser golpeada para que los trozos que caigan permitan descubrir una imagen, “la imagen de mis imágenes”. Suena bonito, ¿no? Al leer las palabras de Nietzsche resulta inevitable pensar en la frase “Eres un diamante en bruto”, que tan común es en nuestros días.

Puerta de Jaffa
Puerta de Jaffa. Jerusalén, 2017. 

Ese cejudo genio parece descubrir lo que nos sucede con la piedra: nos vemos en ella. Nos gusta pensar que somos tan fuertes y tan poderosos como ella y si dicha idea resulta demasiado áspera o bruta podemos pensar que dentro se encuentra algo bello y hermoso como un diamante, “imagen de su imagen”.

Por dulce que suene dicha aspiración presenta un error desde su concepción. No. No estamos hechos de piedra. Si se quiere saber de qué está hecho el ser humano, es el lenguaje el que nos da la respuesta:

La verdad de lo que somos se halla en la raíz del término que nos describe. Varios mitos de creación conciben al ser humano como algo moldeado a partir de la tierra, de ahí que el término “humano” provenga del latín humus (tierra), por lo que lo más preciso es pensarnos como hechos de arcilla o lodo. Somos barro, no piedra. Pensarnos como piedra, nos priva, necesariamente, de la cualidad más relevante de la naturaleza (incluida la naturaleza humana); la flexibilidad. La piedra es sólida, pesada, firme, pero jamás será flexible.

Barrio Judío Jerusalen
Barrio Judío. Jerusalén, 2017.

Este mismo error es el que provoca que toda institución eventualmente enfrente su deterioro. Al estar constituidas sobre piedra, las instituciones terminan por encarar el punto en el que su firmeza y su peso no soportan más y se quiebran.

La misma cercanía del cuerpo humano es un peligro para la “sanidad” de la piedra. Nuestra energía, nuestra humedad y nuestra respiración acumuladas al paso de los años terminan por minar la fortaleza de la piedra; entonces por qué razón edificamos nuestras instituciones sobre algo que llegado el día no será capaz de soportarnos.

Es decir, ¿por qué la piedra?

No me queda más que concluir lo obvio…

Tanto nos cuesta afrontar nuestra muerte que recurrimos a la piedra para permanecer (al menos un poco más). Elegimos a la piedra porque es en ella donde plasmamos nuestra ilusión de inmortalidad. Hemos elegido a la piedra porque no hemos terminado de entender nuestra propia naturaleza.

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Dejen dormir a Harrison Ford

Por Jorge Eulalio Hernández

“Tu historia no ha terminado…aún queda una página” dice Ana de Armas al final del nuevo trailer de “Blade Runner 2049”, la secuela de una película de culto protagonizada por Harrison Ford en los tempranos años 80. Ford interpreta a Deckard, el mejor agente policial de una división llamada Blade Runners, quienes se dedican a identificar y exterminar a aquellos humanos artificiales— “replicantes”, como se les llama en la película— que se han rebelado contra el sistema humano, por así decirlo.

La explicación del argumento no es para añadirle volumen a este artículo, sino para denotar algo muy importante y destructivo que está sucediendo con esta y muchas más secuelas, precuelas y demás “cuelas” que toman su lugar en cartelera cada mes. Uno de los temas más controversiales entre los fans de Blade Runner era si el mismo Deckard también era un replicante y no lo sabía. Hay una breve toma en la que la pupila de Harrison Ford tiene un reflejo rojo, una característica básica de los replicantes que parece ser obvia para el público pero no tanto para los personajes dentro de la película. Este momento de duda, que abre la posibilidad de que el héroe no conozca la terrible verdad de su origen—un elemento del drama edípico por excelencia— ha generado debates, libros de filosofía y otros interesantísimos materiales en torno al cine, la bioética y muchas otras materias.

Treinta y cinco años después, un Harrison Ford con arrugas paquidérmicas intercambia diálogos con Ryan Gosling. La gran mayoría de los fans de Blade Runner opinamos que nadie necesitaba la secuela. Estábamos bien con el misterio de aquella original película que nos llenaba de preguntas la cabeza. No importa si la secuela es buena o mala, sino que su existencia echa a perder la pregunta que mantenía viva a la historia original con una devastadora respuesta: Deckard envejeció, entonces no es un androide.

Para mí, aquello que tiene secretos es algo vivo. El lado oscuro de la luna se siente más vivo por su misterio, las profundidades del océano albergan cuanta vida queramos porque la obscuridad es un lienzo para la imaginación. Todos tenemos secretos y, si las historias los tienen, se asemejan a nuestras propias historias.

Pienso en el final de “El Graduado”, uno de los mejores finales en la historia del cine y curiosamente no es un final como tal: el protagonista, triunfante, se sube al camión con la chica y tensas sonrisas se dibujan en sus rostros. Paulatinamente las sonrisas se desvanecen y, como coreografiadas, se transforman en un gesto de incertidumbre. “Y ahora… ¿Qué?” preguntan los ojos de Dustin Hoffman.

Siempre me he preguntado qué fue de ellos dos. Me los imagino eternamente sentados en aquel camión con interior blanco, como una hoja de papel nueva, acompañados de una interminable “The Sound of Silence” de Simon & Garfunkel y siempre en el camino, nunca en el destino.

El ejercicio de preguntarme “¿que habrá sido de ellos?” me recuerda que esos personajes seguirán vivos para siempre, porque tengo muchas preguntas que nunca podrán ser contestadas. Esa es la virtud de la pregunta irresuelta: la permanencia del misterio, que irónicamente mantiene vivo todo aquello que participa en la duda.

Hay una mala costumbre actual de querer explicar todo: los orígenes, los finales y las historias alternas. La mayoría de las veces, la historia nunca será suficiente porque el público construye nuevas historias donde las historias acaban. Es en estos “huecos” donde habita el interés del público por la narrativa, son estas lagunas donde uno se conecta emocionalmente. Cubrir estos espacios es negar esa conexión emocional.

“Quisiera pensar que huyó, pero lo más probable es que lo hayan pescado”, dice Vince Gilligan, creador de Breaking Bad, sobre Jesse Pinkman. Ni su propio creador sabe qué le pasó. Por ello sus personajes son tan profundos, por ello se mantienen vivos aunque mueran a manos de unos neo-nazis de Nuevo México.

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Historias de terror: The Keepers… y la de Marcial Maciel

Por: Sofía Bosch – @sboschg

Netflix estrenó la semana pasada una nueve mini serie documental de 7 capítulos intitulada The Keepers. En pocas palabras, y para no estropearle la serie a las personas que estén interesadas en verla, es un documental basado en el asesinato de una monja en la ciudad de Baltimore, Estados Unidos. El asesinato de la Hermana Cathy Cesnick en 1969, es solo un eslabón en una serie de acontecimientos y abusos que ocurrían en la institución educativa católica donde enseñaba. Estos acontecimientos salieron a la luz casi 25 años después gracias a las valientes declaraciones de una de las víctimas, la cual desencadenó una serie de testimonios. Más de 50 víctimas declararon los horrores a los cuales eran sometidas.

El documental arroja una luz a uno de los primeros casos, en EE.UU., de denuncia de abuso sexual a menores de edad por parte de miembros del clero. Reitera el modus operandi institucional de la Iglesia Católica para encubrir a los ejecutores de los crímenes. Presenta de primera voz el sufrimiento de las víctimas y el cómo sus vidas se vieron afectadas para siempre por estos acontecimientos. Es una historia descorazonadora.

Al finalizar la serie no pude más que pensar en México. En que nosotros tenemos nuestro propio caso sin resolver, aunque sin serie televisiva. Que Marcial Maciel se haya ido de este mundo impune después de haber causado tanto dolor. Que era el hombre de las dos caras, un verdadero Dr. Jekyll y Mr. Hyde: por un lado un líder moral y religioso, a cargo de la educación de los menores de edad que estudiaban en sus instituciones, por otro un criminal despiadado que aprovechaba esas mismas circunstancias para abusar de ellos. Que las víctimas fueron extremadamente valientes y fuertes al denunciarlo ante el Vaticano, aunque fuera su principal protector. Que la Iglesia Católica mexicana no hizo NADA al respecto, lo encubrió y protegió, al igual que la orden que él mismo fundó: los Legionarios de Cristo. Que Norberto Rivera siempre lo apoyo y consideró un amigo cercano. Por supuesto que toda esa protección del Vaticano la ganó con base en sobornos y “donativos especiales”, Juan Pablo II no sirvió más que de aliado a Maciel.

Además de los abusos sexuales de los cuales fue acusado Maciel, también fue inculpado de fraude y extorsión. Se movía con facilidad gracias a su buen posicionamiento entre las élites políticas y económicas de México.

“A los más ricos de México no los casa ni los bautiza cualquier obispo o cardenal: los casa un Legionario de Cristo” – Pablo Pérez Guardado

En fin, aún con lo antes mencionado en 2015 el papa Francisco perdonó por medio de una indulgencia plenaria a los Legionarios de Cristo. Algunos dicen que fue presionado para hacer esto —es una de las órdenes más poderosas del mundo. El punto es que al otorgarles el indulto, parecería que, por transitividad, perdona a Maciel.

Si lo que busca Netlix es abrirnos los ojos ante historias estremecedoras, historias de terror, impunidad y corrupción, de desesperanza y abuso, que revisen el expediente de Maciel y los Legionarios de Cristo, ahí seguro encontrara MUCHA tela de donde cortar.

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Referencias:

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/10/28/mexico/1446071736_323939.html

http://elpais.com/diario/2006/05/20/sociedad/1148076004_850215.html

http://nymag.com/thecut/2017/05/the-keepers-netflix-documentary-sister-cathy-cesnick.html

http://www.m-x.com.mx/2013-06-09/la-mafia-financiera-de-los-legionarios-de-cristo-int/