Star Wars para Todos

El Despertar de la Fuerza

Por: Ernesto Gómez – @EGH7

El Despertar de la Fuerza estrenó hace apenas tres semanas y ha causado un furor enorme. Furor que no viene sin razón, pues estamos hablando de una de las películas con más presupuesto en la historia del cine; una megaproducción hecha por los reyes de la industria. Desde que se anunció la adquisición de Lucas Films por parte de Disney y la consiguiente creación de una nueva trilogía ambientada en el universo pensado por George Lucas hace treinta y ocho años, el mundo se puso a la expectativa. La mayoría, incluido un servidor, tenían sus dudas acerca de la calidad de película que llegaría a las pantallas en diciembre. Convencidos de que con el deslindamiento de Lucas del proyecto esta nueva saga sería solamente una mina de oro para Disney y una decepción para los seguidores. La incertidumbre era aún mayor porque Disney fue muy cuidadoso de no filtrar ni un detalle concreto sobre la trama de la película, con cortos que sólo invitaban a la audiencia a adivinar la historia por venir.

La película ha sido totalmente exitosa, entretenimiento puro de principio a fin que ha logrado recibir excelentes críticas, a pesar de que se pronosticaba lo contrario. J.J. Abrams hace un trabajo fantástico tirando del librillo de todo lo que los fans amaban de Star Wars. Entendió que las precuelas no lograron el mismo furor porque perdieron la esencia de lo que hizo míticas a las primeras en el corazón de las audiencias y trae nueva vida a una saga que todos creíamos concluida. La saga anterior no tuvo villanos tan imponentes como Darth Vader ni héroes tan queridos como Han Solo. La audiencia extrañó a Luke y Leia, a Chewbacca e incluso al Imperio. Esta nueva entrega excede a las precuelas porque vuelven los personajes de antaño y, sobre todo, el sentido de urgencia que da la presencia de una gran fuerza en el lado obscuro.

A veces, hay que dar un paso atrás para seguir adelante, pues más de uno sentirá un deja vu al inicio de la película, que recuerda mucho a la que inició todo con Luke Skywalker en Tatooine: tenemos de nuevo un poder malvado con recursos ilimitados, héroes que salen de lugares inesperados y, por supuesto, emociona volver a ver en escena a Leia y Han Solo- Y, para darle un majestuoso toque final, no podía faltar la banda sonora del enorme John Williams.

El Despertar de la Fuerza triunfa porque los nuevos protagonistas hacen un gran trabajo y se complementan muy bien con los de antaño. Los efectos visuales son casi perfectos y la historia, aún si tiene detalles que tal vez no sean del agrado de los seguidores más asiduos, es muy buena y entretenida. Además, Abrams maneja a la perfección el factor nostalgia, dándole una gran entrada a todos y cada uno de los personajes que enamoraron al mundo en 1977. Es casi de apostarse, que la primera aparición de Han Solo hizo llorar a más de uno, cuando lo vemos en compañía de su inseparable Chewbacca abordando de nuevo el Halcón Milenario y diciendo “Chewie, estamos en casa”.

Tal vez para muchos este nuevo episodio no alcanza los niveles dejados por sus míticas antecesoras, pero lo que sí hace El Despertar de la Fuerza es entregar exactamente lo que se espera de una película de Star Wars. Todos los elementos están ahí, Finn, Rey y Poe son muy buenas adiciones al canon de personajes y el villano en turno, Kylo Ren, luce en ocasiones tan aterrador como Darth Vader en El Imperio Contraataca. Los droides también juegan un gran papel: el nuevo BB8 encanta desde el principio, C-3PO permanece como siempre y R2-D2 emociona con su despertar.

Los cines no se han dado abasto con toda la gente que ha estado asistiendo a sus salas. La importancia de estas películas es enorme. Costaría mucho trabajo encontrar a una persona que no sepa quién es Yoda o Darth Vader, forman parte de la cultura popular. Por esto mismo, la primera entrega de esta nueva saga ha probado ser una mina de oro como ninguna en la historia. Recién rompió el récord de alcanzar el billón de dólares en taquilla en menor cantidad de tiempo y tiene altas probabilidades de batir el récord de Avatar como la película más taquillera de todos los tiempos. Además de que con cada película se viene una enorme oleada de juguetes que se venden como pan caliente, generando ingresos aún mayores que los de la taquilla. El mismo George Lucas se reconoce como un fabricante de juguetes antes que un cineasta.

Es grandioso tener nuevamente una saga que esperar y con la cual anticipar hasta el lanzamiento de los cortos. Pues el mundo se había quedado huérfano de una gran serie de películas desde que Harry Potter cerró su ciclo en el 2011, por más que Los Juegos del Hambre y Marvel hayan intentado llenar ese hueco con películas que, aunque son buenas, no han logrado los estándares establecidos por Star Wars. Es maravilloso también que los tiempos en los que han ido saliendo estas películas hacen que todas las generaciones sean partícipes. Desde aquellos que iban como niños a ver la trilogía original en los años 70, los que fueron a ver la trilogía de precuela hace diez años, hasta los que son pequeños hoy en día y que ahora podrán unirse a sus padres y hermanos en su amor por esta historia de hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana.

Hay Star Wars para todos.

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Tarantino y su Sello Teatral: The Hateful Eight

The Hateful 8

Por: Uriel Gordon – @Urielo_

“Supongo que (The Hateful Eight) es Reservoir Dogs, si habría una tormenta gigante de nieve y nadie podría nunca salir del cuarto”.- Stacy Sher, productora de The Hateful Eight en entrevista con The Financial Times.

Comienzo con Reservoir Dogs (1992). Una gran parte del relato sucede en una bodega: ladrones que prácticamente son extraños entre sí, y que tienen seudónimos que hacen referencia a los colores para proteger sus identidades, buscan, ante una situación desastrosa, descubrir un misterio al estilo de las novelas de Agatha Christie. La película, básicamente prescindió de los efectos y escenarios visuales; la historia, los diálogos y las actuaciones se volvieron el motor que nos cautivó como espectadores, que nos mantuvo a la deriva y a la expectativa.

Me voy ahora con Inglourious Basterds (2009). Cómo olvidar la escena, de alrededor de 25 minutos, que sucede en el sótano de una taberna en un pueblo ficticio francés llamado Nadine. El director y guionista, Quentin Tarantino, nos llevó a los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, nos condujo a la Francia ocupada por la Alemania Nazi y nos metió al clima de tensión del mundo del espionaje de esa época. Para contar esta parte de la historia, Tarantino no necesitó de grandes efectos y escenarios; los diálogos y las actuaciones fueron lo suficientemente poderosas; nos llevaron a perder la noción del tiempo, a olvidar que habían transcurrido 25 minutos de la película… En un sótano.

Esta temporada de invierno, Tarantino regresa con su nueva película The Hateful Eight. La historia se sitúa en el estado de Wyoming, en Estados Unidos, algunos años después de la Guerra Civil. Estamos hablando de la época que gira alrededor de 1875, de tiempos con fuertes tensiones raciales; la esclavitud se había abolido tan solo algunos años antes.

En un principio, Tarantino había pensado en la película como una de secuela de Django Unchained (2012), en la que abordó la historia de un esclavo que se convirtió en caza recompensas antes de que estallara la Guerra Civil. Para The Hatefeul Eight, Django sería nuevamente, un personaje central. No obstante, el director decidió cambiar de curso.

“¿Sabes que está mal con esta pieza (The Hateful Eight)? Django; se tiene que ir porque uno no debe tener un centro moral cuando se trata de estos ocho personajes”, dijo Tarantino en entrevista con el crítico de cine David Poland.

La película es un Western que cuenta la historia de 8 extraños, The Hangman, The Prisoner, The Bounty Hunter, The Sheriff, The Mexican, The Little Man, The Cow Puncher y The Confederate que deben buscar refugio en una montaña, ante una tormenta de nieve.

Seguramente, el racismo será un tema que tendrá eco en la película. Al respecto, en entrevista con el periodista Ben Mankiewicz, el cineasta habló sobre el reto que representa ponerse en los zapatos de personajes que defienden el discurso racista: cuando Tarantino observa el producto de su escritura y analiza los argumentos que salen de su mente, para este tipo de casos, hace que a veces, se quiera dar un tiro en la cabeza: en algún punto pueden tener cierta coherencia, se lamenta el guionista, pero plantea que no es su papel juzgar o interferir con la naturaleza de sus personajes.

“No soy yo; soy ellos. Mi artista se abre, estoy conectado y no trato de mover las cosas. Solo estoy abierto a saber quiénes son estas personas. Las cosas que dicen, literalmente, salen de ellos. Esa es parte de la habilidad de un escritor; de cortarse en un grado, para abrirse y convertirse en otras personas”, señala Tarantino.

¿Podrá Tarantino sumergirnos nuevamente en su mundo teatral? ¿Podrá meternos en la piel de sus personajes? Cada quien juzgará, pero podemos asumir que veremos una película con diálogos calculados, actuaciones intensas y, por supuesto, violencia. Que comience la función. Llegó el momento de abrir otra vez el telón.

Ficha técnica

The Hateful Eight (2015)

Dirección y Guión: Quentin Tarantino

Actuaciones principales: Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Bruce Dern, Walton Goggins, Demián Bichir y Tim Roth.

Fecha de estreno tentativa en México: 14 de enero 2016.

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Sigmund Freud: Moisés era Egipcio

Faraón Akenatón

Por: Gabriela Gómez – @GabrielaSGH
Foto: Faraón Akenatón. Instaurador de la religión monoteísta en Egipto

Los orígenes de las grandes religiones monoteístas suelen ser muy oscuros por los pocos datos históricos disponibles. Pertenecen a épocas tan remotas que la mayoría de las personas los ubicamos en un lugar lejano de nuestro pensamiento, en un tiempo, cualquiera que sea éste, anterior al nuestro, dónde aparentemente todo era posible y la línea divisoria entre lo real y lo fantástico aún no se trazaba. Esta lejanía en el tiempo apoya a las tradiciones fundadoras, llenas de historias fantásticas, en el proceso de creencia de sus seguidores.

A pesar de esta oscuridad, a lo largo de la historia, ha habido un pequeño grupo de mentes dotadas de algo extraordinario que genera todo el conocimiento: la curiosidad. Además, estas mentes moran en espíritus valientes que se atreven a cuestionarlo todo, incluso en tiempos prohibidos, donde externar siquiera un atisbo de duda sobre los orígenes y los fines últimos de todo cuanto nos rodea podría llevarlos incluso a la muerte. En especial, cuestionar ese fenómeno al que Freud le atribuye, no sin razón, la fuerza necesaria para subyugar a los individuos y a los pueblos: la religión[1].

Las mentes ilustradas han dedicado incansables horas a estudiar el fenómeno religioso, comprendiendo que esto podría llevarnos a entender una parte esencial de la construcción del ser humano. La tarea sigue vigente. Hasta ahora, nadie ha encontrado el punto medular de la necesidad por la fe.

El Dr. Freud, creador del psicoanálisis y una de las más grandes mentes del siglo XX, tenía sus propios intereses en el estudio de estas manifestaciones y se embarca, en los ensayos compilados en Moisés y la Religión Monoteísta, en una empresa de gran envergadura y genuinamente sorprendente a mis ojos: la de demostrar el origen egipcio de Moisés y de su religión monoteísta. Sorprendente, porque como él mismo dice al iniciar su texto: 

“Privar a un pueblo del hombre que celebra como el más grande de sus hijos no es empresa que se acometerá de buen grado o con ligereza, tanto más cuando uno mismo forma parte de ese pueblo.”[2]

Es fundamental resaltar que estos ensayos fueron escritos y publicados en los últimos años productivos de Freud[3]. El hecho de que haya decidido dedicarle estos últimos esfuerzos creativos nos habla de la enorme y vital importancia que le concedía a la cuestión de Moisés y de lo que él llamaba el “constante compromiso con la verdad”, del cuál, según él, ningún escrúpulo deberá alejarnos jamás.[4] 

La lectura de Moisés y la Religión Monoteísta es un verdadero placer lógico. El Dr. utiliza un método analítico en el que toma cada una de las ideas principales de la tradición de Moisés y las desmenuza hasta dejarlas aisladas de la leyenda conocida. Después, observa su contexto, compara estas ideas con otras leyendas similares e investigaciones de historiadores. Toma las que le parecen interesantes o al menos útiles a su causa. Considera todos los caminos para después crear un juego de posibilidades. Desarrolla una línea argumentativa y la sigue hasta encontrarle la solución deseada o hasta alcanzar un punto muerto donde corta la rama, vuelve sobre sus pasos, y sigue el crecimiento por otro lado. Utiliza un método de preguntas donde pretende adelantar las dudas del lector o simplemente guiarlo por el camino deseado.

Andando por este ameno recorrido, llegamos a comprender la tesis principal de Freud, que se construye más o menos así:
Moisés era egipcio. La leyenda del niño hebreo salvado del Nilo no es más que eso: un cuento inventado posteriormente por los judíos para apoderarse del origen de su libertador. Si Moisés era egipcio, podemos inferir que la religión que le otorgó al pueblo judío liberado sería, seguramente, una religión egipcia: la de Atón (instituida en el siglo XIV a.c. por el faraón Akenatón, la religión duró lo que el faraón en el poder. Al morir éste, el pueblo egipcio destruyó con furia toda referencia a ésta y volvieron a sus prácticas politeístas). La religión de Atón era el único tipo de monoteísmo conocido en su tiempo, con semejanzas importantes con la religión mosaica (de Moisés) y concordante con los tiempos aparentes del libertador. Esta religión y el hombre que se las transmitió, fueron, eventualmente, rechazados por el pueblo liberado y Moisés fue asesinado. Y, es en este acto, donde Freud encuentra la clave de todo el porvenir de la religión judía.

Freud se remite al historiador Eduard Meyer[5] para relatarnos cómo, según sus investigaciones, la religión “judía” fue oficialmente instaurada en Qadesh, ciudad de la tierra de Canaán en el actual Siria, por un sacerdote madianita y cómo la adopción de esta religión sirvió como un pacto para unificar a las tribus judías salidas de Egipto con las que ya habitaban los alrededores de Canaán y así crear el pueblo de Israel (este pacto religioso fue posterior al Éxodo y al asesinato de Moisés, además de tener preceptos distintos a la religión mosaica obtenida anteriormente en el desierto).

El dios adoptado en Qadesh era el dios Jahve, carente de grandeza y universalidad. Los judíos que sobrevivieron al éxodo adoptan a Jahve, pero exigen ciertas concesiones, negándose a dejar atrás enteramente la tradición adquirida por obra de Moisés. Pasan las generaciones y la tradición mosaica sigue vigente en la mente de los profetas ilustrados y, en la necesidad de hacer de Jahve un dios más grande, más admirable y más digno, se le atribuyen las características de universalidad y dedicación a la verdad y la justicia del dios mosaico, además de la hazaña de liberación del pueblo judío. Finalmente, Freud infiere que el remordimiento del pueblo judío por el asesinato de Moisés los lleva a cargar con su memoria y a rehusarse a dejarlo atrás, por lo que, en la leyenda oficial, escrita años después, funden al libertador con el sacerdote madianita de Qadesh y así lo vuelven a la vida.

El psicoanalista llega a una elaborada y bella conclusión sobre las diferentes dualidades que han conformado la historia del pueblo de Israel: dos pueblos, que se funden para formar una nación (el salido de Egipto con el que habitaba los alrededores de Canaán), dos reinos en que se desmembra esta nación posteriormente (reino de Israel y el reino de Judea), dos nombres divinos en las fuentes de la biblia (Jahvé y Elohim). A estas dualidades, agrega las de las dos fundaciones de nuevas religiones (la de Moisés y la de Qadesh) y la de los dos fundadores denominados Moisés (el sacerdote madianita y el egipcio libertador).

A simple vista, no es difícil aceptar las conclusiones del gran psicoanalista, especialmente porque él mismo reconoce que están basadas en conjeturas y que tienen debilidades. Aún así, me parece que flaquean en ciertos puntos clave; ninguna de las explicaciones de Freud sobre la intención de Moisés “el egipcio” de liberar al pueblo judío me parece convincente. Sí, es cierto que tiene mucho más sentido que haya sido egipcio que hebreo por su historia “juvenil”. Pero pensar que un fervor por una religión, como la de Atón, instaurada con fines meramente políticos, lo llevarían a abandonarlo todo, tomar a un pueblo completamente extraño a él (del que tal vez ni siquiera conocía su lengua) y lanzarse al desierto desconocido, me parece fuera de las atribuciones convencionales de los seres humanos, incluso de los grandes como Moisés.

Cercano a lo que supone Freud, Moisés forzosamente tendría que haber sido un allegado del faraón Akenatón y haber visto su destrucción en la muerte de aquel, motivándolo a abandonar Egipto, en un estilo de huida. Pero nos falta cubrir un trecho entre la huida de un ministro caído en desgracia, a la implementación forzosa y estricta de una nueva religión. Si Moisés estaba motivado por la ambición, erróneo sería decidir aterrorizar a sus nuevos seguidores obligándolos a creer en algo que ya le había atraído su destrucción y exilio anteriormente. La ambición no cubre el acto. Sólo el fanatismo de Moisés por esta doctrina podría explicar su celo en implementarla, sin que esto explique la necesidad de tomar a completos extraños por feligreses cuando en Egipto seguía vigente una escuela llamada la Escuela de On que continuaba educando a nuevas mentes sobre la religión monoteísta en cada generación. Por consiguiente, esta versión de Moisés sigue representando un enigma que, me aventuro a decir, Freud tal vez erró en buscar en él las explicaciones de la herencia hebrea. Tal vez un análisis de las intenciones del pueblo judío hubiera podido arrojar más luz, aunque debo reconocer que en este momento tal tarea se me antoja inalcanzable. Sólo puedo decir que, en el análisis realizado por el Doctor, es interesante la falta de consideración que se le tiene al pueblo judío de la época como elemento activo.

En toda la disertación, Freud asume que eran un grupo sin personalidad, simplemente esperando que les señalaran un camino a seguir. En ningún momento podemos apreciar un examen de sus intenciones para seguir a Moisés. ¿Por qué lo hicieron? ¿Qué esperaban ganar? Lo único que puedo inferir de lo discutido es que los judíos vivían en una situación precaria en Egipto y que al llegar un noble egipcio a prometerles una vida mejor decidieron seguirlo. Nuevamente, nos topamos con el problema de la diferencia entre decidir seguir a un nuevo líder y cambiar completamente de identidad como pueblo, adoptar una nueva religión, nuevas tradiciones, e incluso elementos de orden físico como la circuncisión (supuestamente impuesta por Moisés imitando una tradición egipcia). Además, en ningún momento exploramos la personalidad de los miembros de la tribu que seguramente negociaron con Moisés las condiciones de la liberación. Es imposible pensar que decidieron levantarse y seguirlo así sin más, sobre todo porque Moisés, al ser egipcio, no contaba con la confianza del nuevo pueblo. ¿Dónde están estos hombres? ¿Por qué la historia decidió olvidarlos?

Sólo lo descubierto por el teólogo Sellin[6] en los libros de los profetas tiene sentido respecto a los actos del pueblo judío: el asesinato de Moisés.

Tomamos a un pueblo que vive una situación angustiosa en una tierra extranjera. Que decide cambiar su suerte al seguir al extraño egipcio que decide “liberarlos”. Este egipcio tiene una idea obsesiva sobre la religión que este pueblo debe seguir. Religión que carece de representaciones físicas de dios, que es completamente opuesta a lo que habían observado en el resto de los egipcios, y que no ofrecía más respuestas que la vida bajo la verdad y la justicia. El pueblo ya salió de Egipto, ya no necesita al libertador y el libertador no cesa en su presión obsesiva e iracunda con la nueva fe. Estorba. Lo asesinan.

Es en este acto, único donde vemos al pueblo judío tomar personalidad en la disertación, donde Freud termina por basar la supervivencia de la doctrina mosaica. El recurso de esta supervivencia es la culpa: asesinaron a quien les acogió bajo su manto y los salvó. El remordimiento lleva a Moisés sobrevivir en el imaginario de los judíos y a sus allegados a trabajar con más fuerza por mantener viva su tradición. Con este argumento, Freud logra llevar la doctrina de Atón varios cientos de años después, hasta su consolidación ideológica posterior en el pueblo judío.

El análisis de la cuestión moisaica no termina aquí. Además de los estudios de Freud, numerosos historiadores han dedicado sus vidas a desentrañar el misterio del héroe, pero sobre todo el misterio de la personalidad del pueblo judío. Ese pueblo que ha sobrevivido a tantos embates de la vida a través de los años y que, inusualmente, siempre resurgen de sus cenizas, más fuertes y más firmes en su fe y su cultura. Freud dedica un último ensayo, la última publicación de su vida, a investigar los orígenes de esta fortaleza, de ese ensayo, platicaremos después.

Finalmente, sólo podemos tener admiración por el gran psicoanalista que decidió tocar un tema tan delicado en un tiempo aún más delicado (inicios de la Segunda Guerra Mundial). Claro, hoy podemos ver que no existen los tiempos no delicados, aunque los problemas cambien de lado y de enfoque. Ojalá las futuras mentes ilustradas logren encontrar en este problema de los orígenes algún pensamiento o alguna idea que logre empatar las posibilidades de los individuos en la tierra de los Profetas.

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[1] Freud, Moisés y la Religión Monoteísta. Alianza Editorial P69

[2] Freud, Moisés y la Religión Monoteísta. Alianza Editorial P11

[3] Escritos entre 1934 y 1938. Freud murió en 1939.

[4] Freud, Moisés y la Religión Monoteísta. Alianza Editorial P 11

[5] Freud, Moisés y la Religión Monoteísta. Alianza Editorial P44

[6] Freud, Moisés y la Religión Monoteísta. Alianza Editorial P61

Bibliografía

Moisés Egipcio. Sigmund Freud, Moisés y la Religión Monoteísta

Si Moisés fuera Egipcio. Sigmund Freud, Moisés y la Religión Monoteísta

http://www.observacionesfilosoficas.net/freudmoisesylareligion.htm

http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-16862008000100043

http://www.psicomundo.com/tiempo/historias/freud.htm

La Primera y la Última: Una vida en tributo a la “Historia sin Fin”

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Por: Diego Muratalla – @_muratalla

Seguramente hubo otras antes, pero el recuerdo de la primera le pertenece a “La Historia sin Fin”; tendría yo 5 o 6 años, y no recuerdo si era nuestra la película o si hice que mis papás la rentaran infinidad de veces. Creo que era nuestra, tengo muy claro el recuerdo de la “regresadora” con forma de coche deportivo rojo, el caso es que la vi una y otra vez, de la forma que sólo los niños pueden no aburrirse de ver lo mismo en repetidas ocasiones.

Hoy sé que fue dirigida en 1984 por Wolfgang Petersen y que es una adaptación del estupendo libro “La Historia Interminable”. Pero en aquel entonces, nada de eso importaba. Lo único que importaba era el destino de una tierra mágica llamada Fantasía y si el valeroso Atreyu sería capaz de encontrar al único niño capaz de salvarlos a todos: Bastian.

En la misma época, pase horas y horas jugando a ser Bastian. En la película era un niño bulleado y un tanto desatendido que encontraba paz y tranquilidad en un libro llamado “La Historia Sin Fin”. Al irse perdiendo en la historia, él se da cuenta de que el libro le habla, que está escrito para él, y que él es el único que puede salvar a los protagonistas del peor de los terrores: “La Nada”.

Bastian leía incrédulo lo que pasaba, no creyendo que en realidad el libro y sus personajes estaban pidiéndole ayuda. Ahí estaba Atreyu, con su fiel caballo blanco Artax, la Emperatriz Infantil, los gigantes de piedra y Falkor, el dragón de la suerte. Sin embargo, yo sólo quería ser Bastian, él vivía en mi mundo y fue el elegido para salvarlos a todos y finalmente conocer Fantasía. De hecho, Bastian sólo llega a Fantasía hacia el final de la película y la escena dura unos cuantos minutos, pero con eso bastó para que Bastian fuera mi favorito.

En aquel entonces, Bastian era el único “elegido” del que yo tenía conocimiento, no era un recurso utilizado hasta casi el hartazgo como lo es ahora. Su personaje ocupó por muchos años mi imaginación y alimentó la esperanza de que mundos fantásticos existían y era posible llegar a ellos.

Hubo un par de secuelas a esa primera película y aunque recuerdo haberlas visto, no recuerdo las películas en sí, sólo tengo claro que el actor que interpretaba a Bastian ya no era el mismo y en mi cabeza ese no era Bastian, así que las eliminé de mi memoria.

Varios años después, por fin leí el libro de Michael Ende, ¨La Historia Interminable” y definitivamente no ayudó a mi obsesión. La primera película contaba sólo la primera mitad del libro, la otra mitad, cuenta las aventuras de Bastian en Fantasía y su intento por restablecer lo que “La Nada” había destruido. Lo que más me atrajo fue que lo único que Bastian necesitaba, era usar su imaginación para crear cosas en este nuevo mundo del cual él era emperador.

Muchos han ido y venido, pero ningún villano me ha aterrado como lo ha hecho “La Nada”: un gran vacío, una oscuridad total, un pozo sin fondo, el olvido. Pero Bastian venció a “La Nada”, sólo con su sed de lectura y con su poderosa imaginación ¿Cómo iba yo a permitir entonces lo mismo? Por supuesto que tenía que leer cuanto me fuera posible, tenía que rescatar del posible olvido a una cantidad infinita de personajes maravillosos. Es una tarea que hasta la fecha me tomo muy en serio.

Es así que “La Historia sin Fin” es culpable en gran parte de quién soy hoy, ya que no sólo pobló mi imaginación por muchos años, si no que en mis intentos de emular a Bastian, comencé a leer cuanto libro se me ponía enfrente. Es obvio que a los cinco, seis años, esos libros, eran cuentos e historietas, pero ese niño nunca dejó del todo mi cabeza y al ir creciendo sólo tuve palabras de agradecimiento para él, ya que su historia la he vivido cientos de veces, porque encontré y habité miles de mundos, algunos mágicos, otros tétricos, muchos otros tristes, pero siempre he pensado en la lectura y en el cine como ese túnel a vidas alternas, a esa Fantasía.

Hace algunos años regresé a ella, la busqué en Internet y la vi. Pensé que se veía muy diferente a como la recordaba, mi memoria le dio un matiz mas bien blanco y luminoso y el filme en realidad no es para nada así. Temía mucho llegar a la parte en el pantano cuando Atreyu va a visitar a la vetusta Morla, era una parte que siempre me hacía llorar cuando era niño y, fiel a esa vieja costumbre, me hizo derramar un par de lagrimas, aunque confieso que esta vez también fue un poco por nostalgia. Con el paso del tiempo, esa última visita también se ha desvanecido como las secuelas, pero la memoria de lo que fue en mi infancia sigue igual de vivo, lleno de luz.

“La Historia sin Fin”, es una historia de gente que lee, que imagina, que da vida y que vive a través de ese gran poder que no considera como tal, el poder de transportarse y de ser y no ser en otras historias.

Como dije, a “La Historia sin Fin”, le siguieron muchas otras, incontables otras, muchísimas se han vuelto parte de mi memoria permanente así como parte de la cultura y ahora son cultura en sí mismas. En Inteligencia Independiente y con mucho entusiasmo, trataré de recrear mi fascinación por muchas de estas películas; su impacto, sus tendencias, lo malo, lo bueno, su pasado, su presente y su futuro.

Pero eso sí, “La Historia sin Fin” es y siempre será la primera y la última película para mí.

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