El Mal Cine, ¿Existe?

Diego Muratalla Abril

Por: Diego Muratalla – @_muratalla

¡Rápido! Sin ir a Google, ni buscar, ni preguntarle a Siri.
Menciona a 2 personajes de la película Avatar.
¿Lo lograste?

Cuando me lo pidieron a mí, después de varios minutos me acordé del nombre del protagonista, pero no, no lo voy a decir, ese no es el punto.

Avatar salió hace siete años. Dependiendo de tu edad te parecerá mucho o poco tiempo.

Ahora, sin buscar, menciona a 2 personajes de la película Titanic.

Seguro te acordaste mínimo de uno, y de paso no sólo de los personajes, si no también de los actores y chance hasta de la rola, y si de entrada no lo hiciste, ahora ya te acordaste.

Titanic salió hace 18 años (¡18! este año cumple 19), eso sí, objetivamente, es mucho tiempo, y aún recuerdo perfecto la primera vez que la fui a ver.

Avatar es la película que más dinero ha hecho en la historia en la taquilla mundial; con 2,788 millones de dólares cualquiera creería que la película que ostenta este récord habría dejado una huella más grande en la cultura popular, pero no, no es el caso.

Mucho se habló de los avances técnicos que Avatar trajo a la industria cinematográfica y James Cameron es tal vez uno de los hombres más respetados y buscados en Hollywood. Para aquellos que no lo saben, James Cameron es el director de las dos películas antes mencionadas y si tenían curiosidad, Titanic es la segunda película más taquillera en la historia.

El tiempo no ha tratado muy bien a Avatar, y cada vez se relega más su importancia a sólo las novedades técnicas que ahora muchos directores comparten. El mismo tiempo, sin embargo, ha posicionado a Titanic como un nuevo clásico, después de haber pasado una temporada siendo considerada sólo como una película cursi y muy cara.

Todo esto lo menciono porque recientemente se estrenó Batman V Superman, The Dawn of Justice y en su mayoría, la crítica la destrozó, pero nada de eso la detuvo de hacer una gran cantidad de dinero en taquilla y aunque posiblemente no se acerque a Titanic o a Avatar ya es considerada un éxito.

Pero, ¿qué representa un éxito en el cine? ¿Un porcentaje positivo en Rotten Tomatoes, o una gran cantidad de dinero en taquilla?

La respuesta dependerá de a quién le preguntes. Seguro que en Warner Brothers, el estudio encargado de realizar Batman V Superman, se están limpiando las lágrimas por las críticas con billetes verdes.

Está comprobado que en la mayoría de las ocasiones una mala crítica no detiene a la gente de ir a ver una película al cine, pero tampoco una positiva eleva mucho el público de una cinta.

Sólo por comparación, Spotlight, la última película que se llevó el Oscar a mejor cinta, generó poco arriba de los 86 millones en el mundo, y su corrida ya terminó, pero su porcentaje en Rotten Tomatoes es de 96%. Batman V Superman ha generado más de 500 millones en apenas unas 3 semanas y su porcentaje es de 29%.

Tal vez sea momento de explicar qué es Rotten Tomatoes, y es muy simple, es un sitio que se dedica a recopilar las críticas de varios expertos, asignarles un porcentaje y luego hacer un porcentaje de esos porcentajes. Debajo del 60% lo consideran “rotten” los que superan ese número se consideran “fresh” y los que están en el 75% y arriba, son “certified fresh”. Tal vez se puede pensar que esto sería de ayuda al elegir una película ya que muchas veces éstas ya tienen calificación antes de su estreno comercial, por los screenings que hacen justo para los críticos, pero no, tampoco es el caso.

Y no es que haya mucha diferencia entre el espectador normal y el crítico de cine, cuando los críticos van a ver una película, realmente esperan salir contentos por lo que vieron, al igual que yo.

Pero los números no mienten, películas con calificaciones bajísimas han hecho cantidades obscenas de dinero y hasta se han llevado premios y demás reconocimientos. Por supuesto que se tiene que tomar en cuenta la mercadotecnia detrás de monstruosos estrenos como lo es ahora el cine de superhéroes o como en su tiempo lo fue Avatar; pero también funciona a la inversa, existen películas con calificaciones perfectas que casi no hicieron dinero en taquilla.

Ahora, que una película haga millones y millones tampoco significa que sea buena. Como público, somos bastante influenciables, y una buena campaña de mercadotecnia puede hacer maravillas; yo disfruto mucho leyendo sobre cine y sobre lo que mis “bloggers/críticos” favoritos pensaron de tal o cual película, pero a final de cuentas la última decisión es mía y si vi un trailer que me llamó la atención o es de uno de mis directores predilectos, la voy a ver sin importar qué se dijo o si fui el único que la vio. De igual manera hay películas que evito meramente basado en su trama, por lo general no veo dramas médicos ni biopics, aunque se lleven mil premios.

Y entonces, ¿vale la pena calificar una película? mi respuesta sería que no, pero parte de la cultura del cine es la consecuente discusión. Hay películas que marcan, que hacen historia, que forman cultura, y son cultura, y esa parte del cine nunca va a desaparecer, pero tal vez la forma en que se percibe la “crítica especializada” sí, y su importancia sea relegada a lo que verdaderamente es, una opinión más.

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Historias de un Edificio: Tenement

Tenement

Por: Angélica Creixell – @angecreixell

La palabra tenement en inglés se traduce vagamente como “vivienda.” No obstante, mencionar esta palabra con cualquier residente de la ciudad de Nueva York genera reacciones. Es una palabra cargada de historia y a su vez, detona la historia particular de cada grupo de inmigrantes que llegó a la Ciudad de Nueva York de 1860 a 1940, aproximadamente. Para efectos prácticos, un tenement es un edificio de departamentos sobrepoblados, en una zona de pobreza dentro de la ciudad con derechos de propiedad escuetos. En este caso, escribo sobre los tenements de la parte sureste de Manhattan, en el famoso barrio de moda, Lower East Side.

Los tenements fueron construidos para la ola de inmigrantes que llegó a la ciudad incluso antes de que existiera Ellis Island. En esas épocas, no había leyes que regularan la distribución dentro de un departamento, las salidas de emergencia, la ventilación requerida, ni el número de pisos permitidos (fue hasta el New York State Tenement House Act de 1901 donde se estipularon las medidas mínimas de una vivienda digna). Los inquilinos vivían en situaciones casi precarias que los forzó a buscar alternativas para crear un hogar. Al no tener lugares de convivencia dentro de sus departamentos, optaban por visitar el bar o taberna local, y pasar las tardes con toda la familia, sin importar la presencia de niños en tales ambientes. De esta manera, creaban vínculos entre vecinos y, a pesar de la mezcla de culturas y religiones que convivían en el tenement, creaban una comunidad alternativa.

El Tenement Museum surge a través de la inquietud de contar las historias de estas comunidades alternativas. Los fundadores del museo compraron el tenement número 97 en la calle de Orchard y por años investigaron la vida de cada uno de los inquilinos. No sólo buscaron información dentro de los contratos de arrendamiento y otros papeles legales, sino que realmente investigaron el día a día de cada familia: rastrearon a descendientes cercanos y platicaron con los vecinos más ancianos de la cuadra. La misión del museo es recuperar la esencia del edificio y tan sólo con recorrer los pasillos, se revive la historia de cada familia que vivió ahí. No es posible visitar el museo sin tour y no creen en las audio guías para involucrar a las visitas con las realidades de cada familia y las interacciones entre ellas. Un ejemplo que resalta, es aquel de una familia china que prendían las velas de sus vecinos judíos durante Sabbat. Y, como esta historia de culturas colapsadas a 30 metros cuadrados, hay miles más.

Visité el museo con compañeros de la maestría, todos interesados en política urbana, casualmente la mayoría latinoamericanos. En la discusión sobre la visita, una compañera destacó un dato que me pareció el más interesante—es un museo sobre las mujeres. Eran ellas las que habitaban el tenement durante el día. Eran ellas las que batallaban con el espacio, con una cocina minúscula y seis niños a quien entretener y alimentar. El museo es indirectamente un reconocimiento a todas ellas que sobrevivieron y contaron una historia más de inmigrantes en Estados Unidos.

Las mujeres y los tenements generan el valor del museo. Una idea que reconstruye historias en las paredes de aquellos departamentos y da vida a un conjunto de edificios. Al final me pregunté, ¿en qué edificio en la Ciudad de México no se antoja hacer algo así? ¿Qué edificio del Centro Histórico no tendrá una historia tan interesante que contar?

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Historias de Ensueño: la Novela Gráfica

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Por: Sofía Bosch – @sboschg

La primera novela gráfica que leí tenía que ver con la Guerra Civil Española. Toda mi vida escuché cautivadoras historias de cómo mi familia salió de España, perseguida por los Franquistas, para llegar a México, el único país que les abrió las puertas y los acogió sin prejuicios. Esas historias me emocionaban y constantemente me preguntaba lo que yo hubiera hecho, o cómo hubiera reaccionado en los zapatos de mi abuela, una niña de 10 años que tuvo que huir de Madrid con su familia y dejar todo atrás. Pero en mi cabeza nunca pude materializarlo, esas historias me conmovían pero no lo podía imaginar claramente. Un día finalmente me senté a leer El Arte de Volar, una colaboración del escritor Antonio Altarrabia y del ilustrador Joaquin Aubert Kim. Su novela gráfica me hizo aterrizar las historias que mi abuela nos contaba y que me impresionaban. Finalmente pude imaginar a los milicianos con sus fusiles, al pueblo dividido cantando canciones republicanas y franquistas, pero sobretodo la desolación de dejarlo todo atrás y sentir que una parte de la vida se perdió por completo.

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Viñeta de El Arte de Volar, Antonio Altarrabia y Joaquin Aubert Kim.

Los libros hacen soñar y permiten darle rienda suelta a la imaginación, pero hay algo irresistible en las novelas gráficas. Increíblemente intensas y poderosas, no únicamente atrapan al lector con una prosa bien pensada y diálogos al punto, pero permiten una inmersión en la historia que con ningún otro medio se puede lograr. Son el punto perfecto entre lo tangible y lo imaginado, lo visual y lo contado.

La palabra escrita concede una gran profundidad de expresiones y emociones, pero siempre hay una pizca de incertidumbre que queda en el lector. Algunas expresiones físicas o faciales son culturales, otras son universales, cada quien imagina las reacciones de un personaje de diferente forma. En las novelas gráficas no hay necesidad de una descripción tan precisa, un simple dibujo puede crear ese sentimiento o hacer esa expresión trascender. Eso es lo fascinante de las novelas gráficas: la mitad de la historia -o a veces más- se sobreentiende por medio de la contemplación de magníficas ilustraciones.

La novela gráfica de 2010, Chico y Rita es un perfecto ejemplo. En ella dos jóvenes músicos, en la Habana de los años 40, se enamoran perdidamente. El libro tiene muy pocos diálogos y narración, prácticamente todo se cuenta por medio del dibujo, y no se necesita más. El amor y la pasión que se tienen es palpable en cada una de las páginas. Y es que como el arte, un par de trazos bien hechos pueden transmitir emociones que llevan al espectador hasta las lágrimas.

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Viñetas de Chico y Rita, Javier Mariscal y Fernando Trueba

Algunas novelas gráficas son tan accesibles y sensoriales que se pueden leer en una sentada. Es lo que sucede con las publicaciones de Marjane Satrapi. Persépolis, una autobiografía, cuenta su feliz niñez en Teherán, Irán, hasta el estallido de la Revolución, contrastando luego su adolescencia como exiliada en Austria . A su regreso a Irán, Marjane se encuentra, para su sorpresa, con un país completamente diferente del que lo dejó. Devastado por la Revolución, Irán no es el país moderno y progresista que ella conocía sino una nueva realidad conservadora y opresora. La incomprensión de la situación, aunado a la felicidad e ingenuidad de su niñez, la apatía y enojo de la adolescencia y finalmente la aflicción y depresión de su juventud se manifiestan claramente sin necesidad de explicación narrada.

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Persepolis 2Compilación de viñetas de Persépolis, Marjan Satrapi.

La imagen gráfica se ha utilizado desde tiempos antiguos para describir y contar historias. En Egipto, ésta era la función de los jeroglíficos; en el sur de Estados Unidos así como en muchos otros lugares de Europa el de los petroglifos; en México las estelas grabadas con dioses imponentes cuentan historias completas por medio de interpretaciones pictográficas.

En el siglo XX los comics se popularizaron, convirtiéndose en un gran consumible para la diversión de las masas. En paralelo se desarrollaron las novelas gráficas. Basadas en el mismo principio de narración gráfica, tienen una estructura más extensa y compleja, con una historia que tiene principio, un desenlace y un claro final.

Hoy en día el mercado de este tipo de publicaciones es increíblemente extenso. Existe desde un mercado independiente y de nicho hasta un mercado convencional al que se puede acceder en cualquier librería. Algunos ejemplos son Persépolis de Satrapi, Blankets de Craig Thompson o Maus de Art Spiegelman, así como la colección de Guy Delisle. Son autores reconocidos que han tenido un gran éxito con sus publicaciones.

Guy Delisle en especifico generó un auge, en 2003, de la novela gráfica gracias a su bestseller Pyongyang. Por primera vez se contaba de primera mano la realidad de Corea del Norte por medio de la comedia y la ilustración. A través de sus peripecias Delisle permite al resto del mundo echar un vistazo dentro de la cultura, el día a día y la política del Estado Norcoreano. Francés y animador de profesión, Guy Delisle no sólo ha documentado la realidad de Corea del Norte, también el trabajo explotador de los animadores en Shenzhen, China; las condiciones en las que ha operado Médicos Sin Fronteras en Birmania y en el conflicto entre Israel y Palestina. Sus acercamientos, aunque cómicos, siempre son estudios sociológicos y antropológicos, con matices políticos.

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Viñetas de Crónicas de Jerusalem, Guy Delisle.

La novela gráfica también puede ser seria. Con o sin tintes políticos, se ha convertido en la democratización del arte. No únicamente fusiona dos expresiones creativas como lo son la prosa y la ilustración, es accesible a un público muy amplio. Siendo fanática de las novelas gráficas, los invito a sumergirse en este género que fluctúa entre las artes gráficas y las artes literarias.

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Nietzsche y el Amor al Devenir del Destino

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Por: Mario Campa – @mario_campa /@latampm

“Mi fórmula para expresar la grandeza en el hombre es amor fati [amor al destino]: el no-querer que nada sea distinto ni en el pasado ni en el futuro ni por toda la eternidad. No sólo soportar lo necesario, y aún menos disimularlo ―todo idealismo es mendacidad frente a lo necesario― sino amarlo.”

                                                                                                                                   Friedrich Nietzsche, Ecce homo 

Decidí refugiarme en el desierto un tiempo. No es ninguna parábola bíblica. Regresé a la casa de mis padres en Hermosillo, Sonora, luego de haber vivido fuera desde el año 2006, cuando abandoné el nido familiar para estudiar una carrera universitaria en el otrora Distrito Federal. Ya asentado en Casa y escarbando en la nostalgia, encontré en mi diminuta biblioteca un tesorito añejado para la ocasión: el libro de Ideas III—clase que forma parte del tronco común del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), llamado Estudios Generales—titulado Nietzsche. Y fue así como empezó una tormenta en el desierto… con tintes bíblicos, ahora sí.

Leí por primera vez a Friedrich Nietzsche (1844-1900) en el otoño del año 2007. Carecía en aquel entonces de todo conocimiento de su existencia. De la mano del Dr. Franz Oberarzbacher en aquella reveladora clase de Ideas III, me fui sumergiendo en aguas filosóficas cada vez más profundas, leyendo densos capítulos de libros torales: El Nacimiento de la Tragedia, Así Habló Zaratustra, Genealogía de la Moral, Más Allá del Bien y del Mal y El Anticristo. Las clases de Estudios Generales me habían dado los fundamentales para leer la crítica de Nietzsche a ciertas corrientes filosóficas. Aun así, adentrarse en los postulados nietzscheanos sin un tutor no es lo óptimo: no sólo se corre el riesgo de errar la lectura ante el elevado número de metáforas y tecnicismos filosóficos, sino que la crítica nietzscheana al cristianismo es (por construcción) sacrílega, por lo cual agradezco haber tenido un mentor con que paliar el bagaje de complejos que un joven criado en un seno católico suele cargar.

Friedrich Nietzsche fue un filósofo alemán nacido en 1844 en Röcken, Alemania. Al igual que sus textos, la biografía de este pensador está llena de polémica. El que haya propuesto matrimonio dos veces (y rechazado en ambas) a la escritora y psicoanalista rusa Lou Andreas-Salomé—la misma que fue analizada por Freud—es mero dato curioso. La crítica sustancial nace a partir de que Nietzsche padeció un fuerte trastorno mental que evolucionó a demencia en los últimos años de su vida. Y por si esto no bastara, su hermana publicó textos apócrifos en tiempos del nacionalsocialismo, lo cual injustamente contribuiría a que Nietzsche fuera asociado post-mortem con el régimen, aun a pesar de haberse opuesto en vida al antisemitismo. Pero son los textos y no la vida personal de Nietzsche los que ameritan una reflexión. Dejaremos el chisme para otra ocasión.

Nietzsche y la tragedia griega

“El griego conoció y sintió los horrores y espantos de la existencia: para poder vivir tuvo que colocar delante de ellos la resplandeciente criatura onírica de los olímpicos.” 

         Friedrich Nietzsche, El Nacimiento de la Tragedia

Hijo de una familia de pastores protestantes, Nietzsche estudió filología clásica y un curso de teología. Se entusiasmó a temprana edad con la filosofía de Schopenhauer y conoció personalmente a su discípulo, Richard Wagner, renombrado compositor quien tendría una fuerte influencia en la exaltación de Nietzsche a la música. Es Schopenhauer, un crítico del idealismo alemán encabezado por Kant y Hegel, quien esculpe la interpretación de Nietzsche de la voluntad y de la filosofía griega, misma que sienta las bases de la cultura occidental.

Nietzsche creía que el arte griego contiene dos elementos básicos: lo dionisíaco (del Dios Dioniso) y lo apolíneo (del Dios Apolo). Estos elementos reflejan dos impulsos naturales y potencias artísticas antitéticas. Lo dionisíaco es la afirmación desenfrenada de la vida, la realidad embriagada que lleva a un sentimiento místico de unidad—el mundo como voluntad, para Schopenhauer. En cambio, lo apolíneo es la expresión del sueño, del diálogo, de la belleza y de la individuación que se contrapone a la voluntad—el mundo como representación, para Schopenhauer. Son dos visiones del arte que nacen de dos instintos humanos opuestos.

Nietzsche argumenta en El Nacimiento de la Tragedia que el instinto apolíneo de los griegos los llevó a inventar los dioses olímpicos—con sus excesos y epopeyas homéricas—para aliviar lo trágico de la existencia humana. Fue una profunda necesidad para poder vivir y justificar la existencia. Nietzsche ilustra este punto citando un pasaje de la leyenda del rey Midas, quien (de acuerdo a la misma) había intentado cazar sin mucho éxito al sabio Sileno. Cuando por fin lo pesca, el rey le pregunta qué es lo mejor para el ser humano. Sileno estalla en risas y le responde a Midas: “Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: no haber nacido, no ser, ser nada; y lo segundo mejor es morir pronto.”

Para Nietzsche, fue el instinto apolíneo de los griegos lo que llevó a la invención de los dioses olímpicos; y al ideal ascético como contrapartida a la vida exuberante de las deidades. A los griegos no les quedó de otra más que soñar y representar la realidad con el nacimiento de la tragedia como expresión artística. Homero era el gran soñador entre los griegos; Sócrates y su racionalismo aniquilaron la tragedia.

Nietzsche y la muerte de Dios

“Quien sabe respirar el aire de mis escritos sabe que es un aire de alturas, un aire fuerte. Es preciso estar hecho para ese aire, de lo contrario se corre el no pequeño peligro de resfriarse en él. El hielo está cerca, la soledad es inmensa.”

Friedrich Nietzsche, Ecce homo 

La crítica nietzscheana a lo griego va más allá del arte. La crítica a lo griego es también una crítica a la herencia filosófica de Aristóteles y Platón. Hablamos nada más y nada menos de los cimientos de la metafísica occidental. Aristóteles y Platón filosofaron sobre la incertidumbre del hombre frente a la naturaleza, justificando conceptos abstractos—la nación, el alma y Dios, entre otros—para darle sentido a la vida del hombre, alejándola del devenir azaroso y el caos.

La metafísica se obsesiona con la trascendencia del hombre: ser naturaleza y un simple engranaje del cosmos no basta para el hombre. La metafísica quita valor a la realidad como devenir azaroso y la sustituye por un mundo ideal, ante una falta de conocimiento. Este mundo ideal da origen a los valores, que no son más que el pensamiento “logificado” que fluctúa de civilización a civilización y de era a era. La metafísica y los valores rechazan las posibilidades de la vida, intentando dar un orden a la existencia y aniquilando en el ínter a la realidad, aquello que Goethe llama un “mar eterno, un tejer cambiante, un vivir ardiente”.

Pero, ¿qué sucede cuando abrimos la posibilidad de que Dios sea un conjunto de valores creado por el hombre, y nada más que eso? Se crea un vacío. ¿Cómo explicamos al hombre desprendido de lo trascendental? De nuevo, un vacío. Ante la disyuntiva de abandonar la razón y adentrarse en el mar de lo desconocido, Kant célebremente optó por lo seguro y defendió a la metafísica y a la universalidad de los valores (Crítica a la Razón Pura). Kant se asomó a un abismo y tembló. Prefirió llenar el vacío. Nietzsche no. Nietzsche optó valientemente por “matar a Dios.”

 

Nietzsche y el Superhombre

“En verdad, los hombres crearon ellos mismos el Bien y el Mal. En verdad, no les cayeron del cielo. Los valores los puso en hombre en las cosas para conservarse: dio un sentido humano a las cosas.”

         Friedrich Nietzsche, Así Habló Zaratustra 

La frase “Dios ha muerto” es usada por Nietzsche en sus libros La Gaya Ciencia y Así Habló Zaratustra. (Aunque ésta también es usada por Hegel y Dostoievski.) Este último libro es la obra maestra de Nietzsche, y es clave para intentar aplicar sus conceptos filosóficos a la vida terrenal—la única que hay. Así Habló Zaratustra es un poema en prosa mediante el cual Nietzsche empaqueta gran parte de su filosofía y la divulga en la forma de aforismos, sentencias y metáforas. Trata de un profeta, Zaratustra, que desciende de la montaña para predicar la superación del hombre. A través del enviado, Nietzsche predica que el hombre no es más que una transición entre el mono y el übermensch—“superhombre” fue el término adoptado por las primeras ediciones al español, aunque “suprahombre” hubiera sido una mejor traducción.

El superhombre es la concepción nietzscheana del individuo de espíritu libre, uno que crea sus propios valores en esta vida terrenal (y sin pensar en trascender) mediante la voluntad de poder; es decir, mediante un nihilismo activo: “yo quiero”. Para lograr llegar a ese punto, que se dice fácil en la teoría pero no lo es en la práctica, Nietzsche habla de las tres transformaciones del espíritu: espíritu-camello, camello-león y león-niño. El camello que marcha al desierto es la primera transformación; es un espíritu poseído de cargas, arrodillado, “sufrido de hambre por amor a la verdad”: un griego estoico. La segunda transformación “se opera en lo más solitario del desierto: el espíritu se convierte en león, que quiere forjarse su libertad y ser amo en su propio desierto.” El león de Nietzsche se enfrenta al dragón llamado “Tú debes” y busca imponer su “Yo quiero”. Las escamas del dragón son una metáfora de los valores milenarios.

El problema del león es que es capaz de crear libertad a partir del rompimiento con los valores milenarios, pero no es capaz de crear nuevos valores. Eso sólo lo puede hacer el espíritu en su tercera transformación. Una vez muerto el dragón, el león se transforma en niño: “El niño es inocencia y olvido, un empezar de nuevo, un juego…una afirmación.” Para Nietzsche, el niño es el espíritu luchando por recuperar el mundo perdido mediante su propia voluntad. El niño es el “superhombre”. Es Sócrates aniquilando la tragedia griega. Es Jesucristo expulsando a los mercaderes del templo. Es aquel hombre capaz de transvalorar todos los valores de una época.

 

Nietzsche y el Amor al Devenir del Destino

“¿Dijisteis «sí» alguna vez a la alegría? ¡Oh amigos míos! ¡Entonces dijisteis «sí» también a todos los dolores! Todas las cosas están encadenadas, trabadas; si quisisteis algún día que una vez fuese dos veces, si dijisteis algún día: «¡Me place, felicidad!», entonces quisisteis que todo volviera. Todo de nuevo, eternamente, todo encadenado, trabajo: así amasteis el mundo; vosotros, los eternos, le amáis eternamente y siempre, y decís también al dolor: «!Pasa, pero vuelve!» ¡PORQUE TODA ALEGRÍA QUIERE ETERNIDAD!”

Friedrich Nietzsche, Así Habló Zaratustra

El eterno retorno es el concepto más bello de Nietzsche. En cierta forma es una resignación a la fatalidad: no hay vida más allá de la tierra; los acontecimientos (buenos y malos) son cíclicos; el ser humano es híper-vulnerable al azar. (Nietzsche llama a este momento de conciencia la hora del gran menosprecio.) Pero también es un llamado a ejercer la voluntad de crear para atenuar nuestra vulnerabilidad. ¿Qué pasaría si en vez de esperar un milagroso cambio (favorable) en esta vida o “la siguiente”, obrásemos sabiendo que el azar—la causalidad cósmica caprichosa, y nada más— nos llevará a vivir todo de nuevo, una y otra vez? ¿Cambiaríamos nuestra vida por otra que estaríamos dispuestos a vivir cíclicamente, o nos quedaríamos con la actual? Si sabemos que toda circunstancia de vida se repetirá ad infinitum, ¿podemos entonces perder el miedo e intentar ser niños otra vez? Al fin y al cabo no hay mucho que perder.

El eterno retorno no predica el goce a la tragedia. Nietzsche despreciaba a los estoicos. No predica tampoco el nihilismo pasivo, sino activo. El eterno retorno es la embriaguez de realidad dionisíaca anteponiéndose al sueño apolíneo. Es una invitación a aceptar las circunstancias azarosas de la vida. No sólo aceptándolas, sino amándolas, que al fin y al cabo las alegrías se repetirán. Si la voluntad de crear aumenta el horizonte de infinitos retornos, es la razón y el amor a la unidad cósmica lo que nos lleva a decirle a la muerte, con una gran sonrisa: “¿Era esto la vida? Pues por amor a Zaratustra, que se repita.

Así me ha enseñado mi hermano, Luis, a vivir en el desierto. Así, aferrándose amorosamente a la vida, como si no hubiera otra. Por eso estoy aquí.

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El Eco de Umberto

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Por: Ernesto Gómez – @EGH7

Hace poco más de un año que murió en Milán, a los 84 años, uno de los intelectuales más importantes y leídos de nuestros tiempos: Umberto Eco, el erudito que alcanzó al público.

Cuando se quiere describir a este autor y a su obra, muchas palabras vienen a la mente. Esto es porque Umberto Eco fue uno de esos hombres que se especializó en una amplísima gama de temas, y escribió de todo a lo largo de una carrera de más de 50 años. Estaba obsesionado con la cultura y con la historia universal y de la lengua. El italiano nacido en Alessandria fue un hombre enormemente versátil en los temas y géneros que trató.

La mayoría de sus lectores de inmediato pensarán en El Nombre de la Rosa, su primera y más notable novela que ha vendido más de 30 millones de copias en todo el mundo. En este mismo libro, Eco presume de su versatilidad, ya que se pueden suponer tres géneros literarios: novela policíaca, novela histórica y novela filosófica. Después de ésta vino otra de sus obras más conocidas: El Péndulo de Foucault, una historia de ocultismo y conspiración que tiene al lector atrapado de principio a fin. Algunos más pensarán en su notable labor ensayística con Obra Abierta, Apocalípticos e Integrados o Lector in Fabula, entre otros. En lo personal, yo pienso en La Misteriosa Llama de la Reina Loana, una historia acerca de un hombre que, en busca de su pasado, revive la Italia de principios del siglo XX, el fascismo y los cambios sociales que se dieron entonces. Se percibe un toque más personal y evocativo de parte del autor, aún si toda la historia es ficticia.

Unos pocos, muy afortunados, tuvieron el placer de llamarlo profesor. Eco fue maestro en la Universidad de Bologna desde principios de la década de los setenta, y ahí mismo fundó, en el 2001, la Escuela Superior de Estudios Humanísticos. Umberto Eco fue un apasionado por la enseñanza y el aprendizaje, un catedrático de vocación. Esta misma vocación se percibe al leer las apostillas a El Nombre de la Rosa que son básicamente una lección de escritura literaria. Ahí mismo menciona que a él no le gusta ponerles nombre a sus novelas sino hasta el final y que prefiere que los títulos nunca predispongan a sus lectores.

Otra de las caras de Eco es la de padre de la semiótica—ciencia que estudia los diferentes sistemas de signos en la comunicación humana—y por, esto mismo, se entiende de inmediato que estamos hablando de un comunicólogo prodigioso. Creó también, en 1969, la Asociación Internacional de Semiótica, de la cual fue secretario hasta el día de su muerte. Umberto Eco se dedicó a sus múltiples pasiones sin tregua y con gusto. En Italia se le percibía como el sabio, el hombre que entendía todo y no presumía de ello. Se habla de Luigi Pirandello como el gran autor del pueblo y de Umberto Eco como el gran conocedor.

Su última novela, El Número Cero, trata sobre un periódico que busca situarse en las altas esferas de poder a través de chantajes a políticos y a banqueros, y se puede entender como el reflejo de una de sus facetas como luchador contra la corrupción y manipulación mediática. Eco fue un férreo opositor de Berlusconi, viéndolo casi como su antítesis y como un símbolo de todo lo que fallaba en los medios de comunicación modernos. Esto llega al grado de que decidió abandonar la RCS cuando fue comprada por los Berlusconi y entonces fundó su propia editorial, La nave di Teseo. Esta misma editorial será la que publique su obra póstuma y último legado: Pape Satan Aleppe, una compilación de sus columnas semanales para el periódico L’Espresso.

Según Umberto Eco, el hombre que lee llega a los 70 habiendo vivido 5000 años. Es un pensamiento consolador que este ilustre italiano nos ha dejado en sus páginas llenas de conocimiento una vida casi infinita.

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Los Oscares: un premio a lo mejor del cine y un recuerdo de la pobre representación

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Por: Diego Muratalla – @_muratalla

El día de ayer se llevó a cabo la entrega número 88 de los premios Oscar, y otra vez, fue en medio de polémica y hasta un intento de boicot.

Cuando se dieron a conocer los nominados de este año, de inmediato se alzaron voces de inconformidad porque los 20 nominados en las 4 categorías de actuación eran todos caucásicos, y porque, de hecho, es el segundo año consecutivo donde que esto pasa. Varios actores afro-americanos llevaron a las redes sociales su inconformidad, amenazando con no ir a la ceremonia de entrega a manera de boicot e invitaban a sus compañeros actores a hacer lo mismo. Al mismo tiempo, exhortaban a la academia a reconocer sus errores y a hacer del máximo galardón del cine algo mucho más inclusivo.

Por otro lado, había varias personas que decían que simplemente no hubo actuaciones dignas este año por parte de los actores de color, y que por tanto no se les debía nominar “sólo por llenar una cuota”. Sin embargo, los Oscares no son los únicos premios en la industria del cine, y hubo varios otros que no sólo nominaron a actores afro-americanos, sino que terminaron siendo ganadores. Sólo para dar un ejemplo, Idris Elba se llevó el premio a mejor actor de reparto en los SAG Awards (Screen Actors Guild) por su trabajo en Beasts of no Nation. Película que también tuvo su buena dosis de buenas críticas y hubo varios sitios especializados y revistas que la creían digna de una nominación. Sin embargo, su formato y su producción son algo que ha roto esquemas y la Academia aún no sabe cómo lidiar con una película que fue producida por y para Netflix, aunque sí estuvo haciendo rondas en los circuitos de festivales alrededor del mundo. Aun así, la mayoría de los nominados afro-americanos de este año, fueron por trabajos en televisión, ya sea en series, mini series o películas hechas para la pantalla chica. A pesar de esto, las críticas, calificaciones y aceptación del público, indicaban que Creed, tendría nominaciones para su director (Ryan Coogler) y protagonista (Michael B. Jordan), y no sólo para el trabajo de soporte de Sylvester Stallone, quien al final fue el único que logró una nominación. Lo mismo se pensaba de Straight Outta Compton, cuya única nominación es para mejor guión original, el cual fue escrito por cuatro hombres caucásicos.

Pero, ¿quiénes son los encargados de decidir las nominaciones y los ganadores? La Academia existe desde 1927 y fue creada para ayudar a promover la industria cinematográfica de los Estados Unidos. En 1929 hicieron por primera vez la entrega de los premios Oscar a lo mejor de dicha industria. En su inicio contaba con tan sólo 37 miembros y aunque hoy en día la lista completa de sus integrantes se mantiene en secreto, The L.A. Times publicó un reportaje donde menciona que actualmente tiene 5,765 miembros, de los cuales, y para sorpresa de nadie, el 94% son caucásicos y 77% son hombres. Esto está lejos de representar la sociedad actual estadounidense, pero sí se acerca a los niveles de representación que hay en el cine hoy en día. Ahí el problema.

El cine es un arte, eso está claro, pero también es una industria y un negocio que genera miles de millones de dólares anuales alrededor del mundo. Por lo que las cabezas de los estudios, quienes se dedican a decidir qué películas se hacen y a asignarles un presupuesto, no creen que sea necesario cambiar la fórmula, además de que piensan que al público no le interesa ver a un protagonista que no sea un hombre blanco.

Pero el problema de racismo en la industria del cine está lejos de ser el único, el sexo femenino también está pobremente representado y la mayoría de los papeles femeninos que existen son los arquetipos de mujer a los que ya nos tienen acostumbrados; la novia, la damisela en peligro, la prostituta, la mamá etc.

Sin embargo, en los últimos años, ha habido cierto aumento en los filmes con mujeres protagonistas. El mejor ejemplo es Rey, de Star Wars, The Force Awakens. Una película que hasta el momento lleva recaudados 2,200 millones de dólares, lo cual la convierte en una de las más taquilleras de toda la historia. Y, Rey, no es novia de nadie, ni está en necesidad de ser rescatada de las manos de nadie, al contrario, lleva en sus hombros el peso de la renovada saga galáctica y lo hace de una manera asombrosa.

Pero tal vez uno de los más despreciables actos que Hollywood lleva a cabo es el del blanqueamiento de personajes de otras razas, algo por demás innecesario aparte de incomprensible. En la última y muy desafortunada versión de Peter Pan, el personaje de Tiger Lily, una joven indígena, es interpretada por la muy blanca Rooney Mara; en el fallido reboot de The Lone Ranger, Tonto, el acompañante del llanero solitario debería ser un indio comanche y sin embargo fue Johnny Depp el encargado de darle vida; en Exodus de Ridley Scott, los personajes bíblicos Moisés y Ramsés son Christian Bale y Joel Edgerton, osea, un británico y un australiano con nada de egipcio o hebreo o árabe en su ascendencia. La lista sigue y es larga, pero nos queda por consuelo que al menos las cintas aquí mencionadas fueron rotundos fracasos y blancos de severas criticas por sus poco atinadas elecciones de talento.

De algo podemos estar seguros, el resultado en taquilla habla por sí mismo. A la gente sí le interesa ver a una mujer protagonizando una película, lo mismo con actores afroamericanos, o de cualquier otra raza, mientras sea una historia bien escrita, bien dirigida y bien actuada. Nos volcaremos a las salas, como lo hemos venido haciendo por años y años y sólo podemos esperar que los valientes con dinero nos den más representación en esas magníficas historias.

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Arte Nerd

Foto Arte Nerd

Por: Angélica Creixell – @angecreixell

Cuando escribo sobre arte me considero un ser humano promedio. Puedo distinguir entre arte estéticamente atractivo—aquellas obras que no puedo dejar de ver y me transportan a otra dimensión—con el otro tipo de obras de arte que no entiendo o, a veces, no quiero entender. Este último sentimiento se apodera comúnmente de mí cuando me aventuro con el arte contemporáneo (entendido como el arte actual, reciente, y en la mayoría de los casos, el artista aún vive). Un amigo insiste en que el arte contemporáneo sólo es bello si sabemos que lo es, o si el artista tiene una cartera gigante y puede hacer instalaciones espectaculares que impactan al alma más por majestuosas que por bellas. Antes no estaba segura de si concordaba con este punto vista, no obstante mi visita reciente al Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) en la Ciudad de México me hizo reflexionar sobre este punto y me presentó a la alternativa perfecta para mi, el arte nerd[1].

Rafael Lozano-Hemmer toma posesión de tres salas del MUAC con su exposición Pseudomatismos. Camino a la exposición, acepté que mi conocimiento sobre el artista no era profundo, su nombre me sonaba por una obra que expuso en Nueva York en 2008, El Parque de Corazonadas, en la cual de alguna manera incorporaba el ritmo cardiaco del espectador a la obra de arte. No sabía más. El nombre de la exposición en sí sobresale, invita al espectador a mínimo googlear la definición. El pseudomatismo, según el artista, a diferencia de un autómata, es una acción casi-voluntaria. Para mí, al experimentar cada instalación, entendí el significado de la palabra y sentí esa provocación involuntaria de las piezas.

Mi presencia alteraba o completaba las obras de arte. La relación se vuelve casi filosófica ya que la instalación, el arte en las piezas, sólo existe si el espectador está presente. Incluso el aire que uno respira dentro de la sala impulsa la primera exhibición, Respiración Circular Viciosa . A mí me gustó pensar que una vez que salía de la sala, el arte en sí desaparecía. Esa relación íntima que creé con cada pieza fue únicamente mía y nadie más experimentó exactamente lo que yo experimenté. Justo ese punto, esa experiencia, es la belleza del algoritmo, que casualmente resulta ser la base fundamental para cada instalación de la exposición.

Cada sala y cada transición entre salas despierta un sentido diferente. Sin esperalo, el espectador se enfrenta a una pantalla cuadriculada, con un ser humano dormido en cada cuadrado, y al pasar enfrente de cada uno, los humanos en la pantalla se despiertan, observan al espectador mientras el espectador los observa. Cuando el espectador continúa su visita, todos los humanos que se despertaron a verlo, vuelven a caer en un sueño profundo. Casi al final de la exposición hay un cuarto oscuro, lo único que lo alumbra son focos color cobre suspendidos en el techo brillando a ritmos diferentes. El espectador entra a la sala porque escucha un palpitar a lo lejos y las pupilas se dejan seducir por las luces. En una esquina del cuarto, hay dos manijas, no hay cordones para prohibir el acercamiento, y tampoco hay un letrero llamativo con instrucciones. Nerviosa, con un sentimiento de estar haciendo algo prohibido por tocar la obra de arte, sostuve las manijas y, en quince segundos, los focos comenzaron a prender y apagar, sosteniendo un ritmo constante, conocido, humano – mi ritmo cardiaco.

Salí de la exposición transformada.

Quisiera compartir mi experiencia en cada una de las instalaciones, transpórtalos a mi realidad esa mañana, qué parte de mi cuerpo se activó, qué sentido se dejó ir, pero también quiero generar un mínimo nivel de inquietud en el lector y convencerlo de visitar la exposición. Compartir las piezas que lo provocaron más y aceptar esa complicidad adquirida. Hacer una visita para dejar salir al pequeño nerd que todos tenemos dentro y se deje seducir por los algoritmos.

*La exposición estará expuesta hasta el 17 de abril de 2016.

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[1] Término acuñado por el artista en el artículo “Respiración y latidos convertidos en piezas de arte, en la obra de Rafael Lozano-Hemmer.” Más información: http://www.arteycultura.com.mx/respiracion-y-latidos-convertidos-en-piezas-de-arte-en-la-obra-de-rafael-lozano-hemmer/