El Diseño Como Método Transdisciplinario

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Por: Sofía Bosch – @sboschg

El renombrado diseñador Donald Arthur Norman, o más bien conocido como Don Norman, vino a México invitado por el Departamento de Computación del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). No sólo impartió una conferencia magistral para los alumnos del Instituto sino que además tuvo diferentes contactos con el sector privado así como público. Uno podría pensar que la visita de Norman es una más en una serie de conferencias de excelencia que se dan en este prestigioso Instituto, pero en realidad se puede apreciar como una especulación del futuro del diseño en México. Por primera vez una figura tan importante en el mundo del diseño centrado en el usuario y del diseño de interacciones se presentó en este país. Aunado a esto, es de recalcar que fue invitado por una institución que no detenta una sóla carrera ligada al diseño en su currícula.

¿Por qué es tan significativo que Norman viniera al ITAM? ¿Será que el ITAM comienza a ver el valor de lo transdisciplinario[1], la importancia que tiene el diseño dentro de la formación y aplicación de otras disciplinas?

Norman, además de ser un académico destacado, es profesor emérito en Ciencia Cognitiva por la Universidad de San Diego, en California y ha dado clases en universidades como Harvard, Northwestern, y KAIST, la Universidad de Corea del Sur. Es fellow de IDEO y miembro de la Junta de Consejo del Instituto de Diseño de Chicago ligado al IIT (Instituto de Tecnología de Chicago). Asimismo es director del Design Lab en UC San Diego, fundador de la consultora Nielsen Norman Group, una de las más reconocidas a nivel mundial en temas de diseño de interacción y diseño UX (de usabilidad), y autor de múltiples libros como: Design of Everyday Things, Emotional Design, The Design of Future Things y Living with Complexity. En el ámbito privado ha trabajado para Apple y Hewlett Packard.

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Don Norman tiene una trayectoria larga y admirable, sobretodo porque viniendo de un pasado extremadamente tecnológico, computacional y psicológico ha sido un pionero en la forma de ligar coherentemente y lógicamente estas disciplinas con lo que se está enseñando en las escuelas de diseño. Predica que el diseño del futuro no puede ser únicamente estético, como lo enseñan todavía las licenciaturas de diseño, o únicamente funcional, como lo enseñan en las de ingeniería. El diseño del futuro necesitará de la colaboración con otras disciplinas, el diseño del futuro será una mezcla de diferentes especialidades, se necesitará de gente preparada en varios frentes, flexible y capaz de ser funcional sin dejar de lado la creatividad. En el futuro el diseño servirá para moldear interacciones que podrán tener un impacto político y social, por lo que dejar fuera a politólogos, sociólogos y economistas de la conversación sería un gravísimo error, y viceversa. Este tipo de diseño ya tiene aplicaciones en el presente, aunque en muy pocas universidades se ha visto ya un cambio hacia este tipo de enseñanzas: abiertas y transdisciplinarias.

Por ende, es en las universidades que se tiene que gestar un cambio de paradigma. Es importantísimo que se empuje a politólogos, administradores y economistas a involucrarse en asignaturas que les permitan comprender conceptos básicos de diseño de comportamientos, diseño basado en el usuario, o simplemente de metodologías de diseño donde la empatía es importantísima. De la misma forma no se podría concebir una carrera de diseño sin materias relacionadas a la política, la economía, psicología o sociología.

El diseño ya no es una disciplina simple que se define desde el punto de vista tradicional de la escuela de arte, mas bien se ha vuelto una conversación, un eje transversal entre múltiples disciplinas y por ende un factor importantísimo en la toma de decisiones, ya sea a nivel empresarial o a nivel gubernamental.

El diseño tiene el potencial de moldear el futuro, nuestros más básicos comportamientos y no únicamente a nivel físico pero también a nivel conceptual. Las carreras de diseño que se ofrecen hoy en día en México no están preparadas para estos grandes retos. Los diseñadores no están preparados para ser mediadores dentro de un universo político, tecnológico y de impacto social.

Hace unas semanas en un evento sostenido en el Laboratorio para la Ciudad se conversó con representantes de las principales universidades que albergan licenciaturas de diseño: el Centro de Investigación de Diseño Industrial de la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma Metropolitana, CENTRO y la Universidad Iberoamericana, además de representantes de despachos de diseño social. Una de las grandes interrogantes de la conversación fue cómo generar atracción hacia el servicio público por parte de los diseñadores. Si el futuro del diseño implica su mezcla con otras profesiones para un beneficio social, no habrá mejor oportunidad para los diseñadores que trabajar en el Gobierno. Es la única institución que además de ser un cultivador constante de nuevas soluciones innovadoras, tiene la capacidad inmediata de tener un impacto en la sociedad.

Es así que Don Norman enfrente de un auditorio lleno de alumnos que nunca han recibido una formación en diseño menciona: ¿Cómo podemos hacer que los diseñadores estén dispuestos y preparados para colaborar con una serie de diferentes disciplinas y además comprometerse a ser el traductor físico, comunicacional, interactivo, estético de esta gran cooperación?

Creo que hay dos variables importantes para que estas colaboraciones se lleven a cabo y tengan el impacto social que Norman pregona. La primera es definitivamente un cambio radical de los planes de estudios. Los diseñadores tienen que pasar de ser profesionistas híper especializados a “todólogos”. A lo que me refiero con esto es estar lo suficientemente preparados para abordar problemas complejos con resoluciones técnicas de un nivel profesional. Ser capaces de entender el contexto social, político y económico que los rodea. Por ejemplo, un diseñador trabajando dentro de una instancia gubernamental es importante que entienda la estructura y los funcionamientos internos, las especificaciones administrativas y las jerarquías para poder entender su rango de acción. Asimismo es importante que sea una persona a la cual le interese la investigación, la empatía con el usuario y el estudio etnográfico. La segunda se relaciona con la motivación y los modelos a seguir. Hoy por hoy, trabajar en gobierno, con administradores, abogados e ingenieros que no “entienden” los procesos de diseño es poco motivante para las nuevas generaciones de diseñadores. No se ve atractivo alguno en ello. Es por eso que se necesitan profesores preparados, de calidad, que generen emoción e inspiración en su práctica profesional pero además en cuestión de ideales. Se requieren diseñadores fuertes y talentosos que quieran abrir la brecha del diseño dentro de las entidades gubernamentales. Diseñar es un acto político.

La visita de Don Norman al ITAM fue algo simbólico. Plantó la semilla que, esperemos, dé frutos en las generaciones venideras, no únicamente de diseñadores pero también de especialistas, académicos y técnicos. Ojalá estas nuevas generaciones en el ITAM estén dispuestas a co-crear y empaparse de nuevas formas colaborar con profesiones vistas anteriormente como embellecedoras estéticas de nuestra realidad.

[1] Lo transdisciplinario se refiere a disciplinas que tienen objetivos a largo plazo en común, llegan a entenderse por medio del mismo lenguaje y tratan de resolver una misma meta específica. A diferencia de lo interdisciplinario, donde cada persona contribuye con un conocimiento en específico, lo transdisciplinario promueve que las personas sepan lo suficiente de las otras disciplinas con las que colaboran para que todos puedan operar y contribuir en igualdad de condiciones.

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La Historia Única

Chimamanda

Por: Angélica Creixell – @angecreixell
Imagen: Akintunde Akinleye para Vogue

Si no han leído o escuchado una conferencia, incluso un podcast, de Chimamanda N. Adichie, recomiendo que dejen de hacer lo que sea que estén haciendo y lo busquen. No dudo que quedarán sorprendidos o, por lo menos, algo en su interior se moverá por la intriga al leer el primer capítulo de Americanah o escuchar cinco minutos de su teoría sobre la “historia única” o su teoría de por qué todos deberíamos de ser feministas. Tiene una sutileza particular que le permite de hablar de temas controversiales—el racismo en Estados Unidos, la migración global y temas de género—a través de personajes de la cotidianidad; en Americanah, una profesora de una universidad prestigiosa y un inmigrante ilegal africano en Londres; en Medio sol amarillo, la historia de vida de un niño, sirviente de las clases altas nigerianas. Cada personaje aporta una perspectiva distinta a una historia y la percepción del lector sobre los nigerianos cambia entre capítulos. Al final, sin darse cuenta, el lector tiene una historia completa de Nigeria.

En su novela, Chimamanda logra borrar los peligros de lo que ella llama una “historia única”,

“The single story creates stereotypes, and the problem with stereotypes is not that they are untrue, but that they are incomplete. They make one story become the only story.”

(“La historia única crea estereotipos y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Hacen de una sóla historia la única historia.”)

La “historia única” no es sólo un punto de vista, es una percepción limitada de un lugar, persona o grupo de personas. En una plática, Chimamanda nos cuenta su experiencia cuando llegó por primera vez a Estados Unidos y comparte cuarto con una americana. Esta roommate estaba muy consternada e intrigada por Chimamanda. ¿De dónde venía? ¿Cómo sabía hablar ingles tan bien? ¿Qué música escuchaba en Nigeria? ¿Qué hacía en los Estados Unidos? Preguntas similares a las que recibí yo (y probablemente la mayoría de mis compatriotas) cuando me mudé a Estados Unidos. Pareciera que mis compañeros tienen una “historia única” de los mexicanos y nos encasillan a todos en estas características. Caen en los estereotipos de una “historia única” y generan barreras, cuando en realidad, somos más parecidos de lo que creen. Chimamanda reconoce cómo se sorprendió de los mexicanos la primera vez que visitó Guadalajara. Al estar expuesta a las noticias sobre México en EUA, cada vez que escuchaba la palabra “migración,” su cabeza inmediatamente creaba una traducción inmediata a “mexicano.” Ella misma fue víctima de una “historia única.”

La autora juega con temas políticos mediante una historia contada en diferentes tiempos y personajes. El lector aprende indirectamente sobre las relaciones interraciales en Estados Unidos y Londres, así como los muros invisibles que existen en Nigeria, definidos por las tribus y no por los poderes colonialistas. Cuestiona los lineamientos de belleza en EUA con las curvas y tonos de piel de sus protagonistas. Nos sumerge en la cotidianidad de visitar un salón de belleza o la extraña relación que se forma entre extraños al esperar el transporte público. Para mí, esto es lo delicioso; leer entre líneas y encontrar las similitudes con mi historia.

Los dejo con una frase—mientras un personaje espera el autobús:

“The man standing closest to her was eating an ice cream cone; she had always found it a little irresponsible, the eating of ice cream cones by grown-up American men, especially the eating of ice cream cones by grown-up American men in public.” 

(“El hombre más cercano a ella comía un cucurucho; eso siempre le había parecido un tanto irresponsable, que un hombre estadunidense adulto comiera cucuruchos, y muy en especial que un hombre estadunidense adulto comiera cucuruchos en público.”)

                                                                          – Americanah, Chimamanda N. Adichie

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Mitocuento: Eva, la Primera Humana

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“La Creación de Adán”, Miguel Ángel Buonarotti (1511). Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano, Roma.

Por: Gabriela Gómez – @GabrielaSGH

En el principio, Dios creó el cielo y la tierra, y los llenó de luz. Creó a los animales del agua y de la tierra y a las flores y a los árboles y a las montañas, y, le dio a cada uno su lugar. La belleza de su creación le sorprendió y se sintió orgulloso.

El Creador, un ser vanidoso, sentía un pequeño vacío, no le bastaba ser el único que pudiera contemplar su gran obra. Entonces, le surgió la idea de crear una nueva especie, a su imagen y semejanza, para que la contemplara junto a él; tomó una pequeña parte de sí y una pequeña parte de tierra y engendró al hombre, lo llamó Adán.

La perfección de este nuevo ser volvió a elevar el orgullo de Dios y quiso que se perpetuara. Pero Dios, ya estaba cansado, así que simplemente tomó del hombre una costilla y así creó a la mujer, la llamó Eva.

Ahora, juntos, ante los ojos de Dios, el hombre y la mujer, podrían disfrutar del paraíso.

Dios pasaba el tiempo observando su creación; Adán, al ser a imagen y semejanza del Señor, pasaba los días en paz y armonía, alabándolo. Eva, paseaba por los jardines, y tomaba turnos para echarse debajo de los árboles del Edén y examinar sus grandes ramas. Dios la observaba, le parecía que siempre estaba buscando algo. Notaba que había algo en su mirada que Él no conocía y que no había visto antes: duda, inquietud.

Eva conocía a todas las creaturas del paraíso y le gustaba conversar con ellas, en especial con la serpiente, que era tan inteligente.

En uno de sus paseos, se echó debajo del árbol de la serpiente y sin preámbulo le preguntó—¿Por qué estamos aquí?

La serpiente perdió el equilibrio y cayó del árbol, estupefacta, miró a Eva con ojos intensos y sorprendidos—¡Qué pregunta mujer! Somos las creaturas del señor—. Eva desvió la mirada hacia el cielo, siempre claro, en pensativo silencio. Después de unos minutos, habló.

— Si tomo de ese árbol del huerto, del que sólo Él come, ¿sabré?
— Eva, Él ha prohibido comer de ese árbol
— Tal vez es porque no quiere que nos vayamos
— ¿Irte? ¿A dónde? Ésta es la creación de Dios

Eva no respondió más; la serpiente notó sus ojos se enrojecían. Se preguntó por qué sería eso.

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“Adán y Eva”, Lucas Cranach (1520-1525). Museo Soumaya, México.

Adán nunca había probado cosa igual, era tan delicioso que sentía un hormigueo en su paladar. Eva, lo observaba en silencio, con una mirada pícara que Adán reconoció—Eva, ¿es ésta la fruta del árbol prohibido?—preguntó temeroso. Eva, callaba.

—¿Eva qué has hecho? ¡Él lo prohibió! ¡Nos va echar de aquí!
—Pues nos vamos.
—¿A dónde iremos? ¡¿Eva, es que has perdido la paz?!
—Adán, yo nunca la he tenido.

La voz de Dios se escuchó por todo el Paraíso, furiosa. Demandaba saber quién había osado tomar del árbol prohibido. En realidad, ya lo sabía, pero guardaba una pequeña esperanza de que las cosas fueran diferentes…

Las creaturas del paraíso se escondieron temiendo la furia de Dios. Adán se escondió, temiendo la furia de Dios. Eva vio el miedo en los ojos de Adán y no pudo soportarlo—¡Fui yo!—gritó Eva—la serpiente me engañó para que tomara del fruto y lo compartiera con el hombre—.

Antes de poder decir una palabra, Dios condenó a la serpiente a arrastrase por la tierra y en lugar de una lengua parlante le otorgó una lengua larga y partida por la mitad, para marcarla por su engaño. La serpiente maldijo a Eva y a toda su estirpe y juró perseguirlos hasta el fin de los tiempos para vengarse por su traición.

Adan y Eva rogando perdon
“Adán y Eva expulsados del Paraíso”, Charles-Joseph Natoire (1740). Museo MOMA, Nueva York.

Adán rogó a Dios su perdón, por él y por la mujer, pero Dios, ciego de furia, los expulsó del paraíso y los maldijo con el trabajo y la lucha por sobrevivir.

Cuando el Señor se quedó sólo, con la calma y el silencio del Paraíso, sosegada su furia, lo entendió todo: la mujer no había sido creada a su imagen y semejanza, sólo una costilla del hombre le dio la vida, estaba incompleta. Siempre estaría insatisfecha, ella y sus descendientes, hombres y mujeres. Dios se dio cuenta de su error, Él, todo poderoso, perfección absoluta, se había equivocado en su creación. Sintió una terrible desesperación y quiso esconder su dolor: tomó su manto y lo echó sobre el firmamento, oscureciendo la tierra por primera vez. Y decidió que los días ya no estarían solos, que los acompañaría la noche, para nunca olvidar su error.

Adán y Eva salieron del paraíso, temerosos y se encontraron con que no podían ver más adelante, con que el cielo tronaba, y rayos de fuego salían de él. Sintieron miedo, no conocían la obscuridad. Adán cayó de rodillas, sintiendo el dolor de su amado creador y lloró por Él, y le reiteró su arrepentimiento y juró alabarlo hasta el fin de sus días y juró hablarle a sus hijos de Él, y enseñarles a alabarlo y a apreciar su creación.

Dios escuchó el lamento y las promesas de Adán y se conmovió, y para mostrarles que aún los amaba y que esperaba sus alabanzas, tomó un puñado de polvo blanco del paraíso y lo esparció sobre la noche, dándole brillo.

Adán y Eva miraron hacia el cielo y se tomaron de la mano. Eva, por primera vez, sonreía, y en la noche estrellada, se sintió feliz.

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Ruido de Información: Un Vistazo a la Comunicación Corporativa

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Por: Mercedes Recke – @mercedesrecke

Alguna vez te has preguntado: ¿cuántas veces al día checas tu celular? ¿cuántos correos personales o de trabajo te llegan a la semana? ¿cuántas noticias o resúmenes lees en formato digital? ¿cuántas horas pasas frente a una computadora? Si yo respondiera estas preguntas, usaría la palabra “excesiva” para describir la cantidad de tiempo que invierto en revisar los datos y la cantidad de información que recibo a diario. La cantidad excesiva de comunicación crea ruido y es un factor de distorsión en los mensajes que se intentan comunicar, esto ocurre en cualquier circunstancia y la relación de una empresa y sus clientes no es la excepción.

En la actualidad, donde el volumen, la velocidad, y la variedad de información que circula sobrepasan la capacidad de la mente para procesarla, es indispensable para las empresas comunicarse de manera efectiva a través de la creación de lazos fuertes con sus grupos de interés. Una buena comunicación entre la empresa y sus consumidores, o entre ésta y las autoridades que la regulan, permitirá que la brecha entre lo que hace y la forma en la cual la percibe su público se acorte. Como resultado, la empresa obtendrá menos percepciones negativas sin fundamento, a la vez que propiciará un mejor entendimiento con la sociedad que la rodea.

Una buena comunicación con los grupos de interés se dice fácil; sin embargo, los canales de comunicación, así como los grupos interesados se han exponenciado en los últimos años. Para observar el incremento en canales de comunicación sólo basta con pensar en el año de creación de las redes sociales como Facebook (2004), Twitter (2006), WhatsApp (2009), o Instagram (2010) y en la gran transformación de los periódicos más leídos para incursionar en el mundo digital. Herramientas como estas empoderan en mayor medida a la audiencia cuya voz se escucha y se conecta con otros grupos que interactúan en la esfera pública. Por otro lado, el número de grupos de interés también ha crecido. Actualmente se consideran típicamente como dichos grupos a: consumidores, empleados, inversionistas, líderes de opinión, sociedad civil organizada, gobierno, industria, medios de comunicación y la opinión pública. Si bien es cierto que depende de la empresa qué tan importantes son cada uno de estos grupos, queda claro que ya no son únicamente los consumidores el grupo a satisfacer con productos o servicios de buena calidad.

Adicionalmente, aspectos como la responsabilidad social, el trato justo a los trabajadores, la ética de los líderes que la encabezan y su desempeño financiero, repercuten en la manera en la cual una empresa es percibida. Basta con mencionar algunos ejemplos recientes para vislumbrar cómo afecta la percepción de los grupos de interés que se guían por estas dimensiones en la operación diaria de la empresa:

Las ventas de Subway se ven afectadas por el escándalo que involucró a su ex – portavoz, Jared Fogle, quien se declaró culpable de los cargos de pornografía infantil. [1]

Volkswagen sufre pérdidas a partir de que la agencia de regulación ambiental estadounidense anuncia que las emisiones generadas por los vehículos VW son mayores a las reportadas por la marca alemana. [2]

Amazon es ampliamente criticada por el New York Times por las pobres condiciones de trabajo de sus empleados.[3]

El impacto de malas decisiones en los aspectos mencionados es evidente en los números y en la credibilidad de las empresas afectadas. Para solucionar estos incidentes será necesario que la empresa reestablezca la confianza con sus grupos de interés y procure de nuevo una buena relación. El fortalecimiento de dicha confianza se deberá enfocar en primera instancia con los grupos de interés que fueron directamente afectados -como los empleados en el caso de Amazon- y extender las acciones resarcitorias a todos los demás grupos. Recuperarse de eventos críticos como estos dependerá en gran medida de la efectividad en la comunicación corporativa, de manera que logre difundir mensajes claros y concisos sobre las acciones que la empresa realice. Cada caso condiciona las estrategias posibles para revertir el efecto negativo de una crisis. Para lograr ser escuchado entre tantas fuentes de información, la empresa puede alzar la voz y pedir disculpas; puede tomar el micrófono y explicar el plan de acción para enmendar los hechos; puede subir al escenario y contar su lado de la historia.

Lograr transmitir un mensaje claro y que, a pesar del volumen, la velocidad y la variedad de información disponible, sea recibido sin distorsiones por el grupo de interés al que va dirigido, es una tarea diaria de comunicación corporativa que requiere estrategia, creatividad, y sobretodo apertura para escuchar y entender al receptor. La buena comunicación que logre establecer y restablecer lazos, así como canales de comunicación sólidos con sus grupos de interés, tendrá la ventaja de lograr sobresalir entre inmensurables volúmenes de información tanto en tiempos de crisis como en tiempos de expansión.

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Diseñadores en el Gobierno: Una Fuerza de Política Pública

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Por Sofía Bosch – @sboschg

En estas fiestas de fin de año, mi familia y yo hicimos de la Ciudad de México a Manzanillo 9 horas en carretera. En este largo trayecto tuvimos mucho de que hablar. Desde los nuevos discos del año, los libros que se nos antojaba leer, los chismes del trabajo (además de los familiares) y también tuvimos un buen rato para discutir sobre nuestros propósitos de año nuevo, entre los cuales por supuesto estaba la cantidad de veces que iríamos al gimnasio apenas empezara el año.

No quiero caer en clichés o lugares comunes con esto, pero la verdad es que cada año sí me propongo un par de cosas que nunca acabo cumpliendo. Llevo años prometiéndome que finalmente voy a dejar el cigarro y eso nunca pasa, o que me compraré un CD de alemán para aprenderlo en los cientos de horas que paso en el tráfico, y eso tampoco sucede, finalmente el ya mencionado “iré al gimnasio todos los días” y bueno, definitivamente ese nunca lo he cumplido. Pero el 2015 fue diferente.

Al empezar el año pasado, me propuse hacer algo concreto, un proyecto, que involucrara al Laboratorio para la Ciudad y a los diseñadores de las otras dependencias del Gobierno del Distrito Federal. Esta vez el propósito fue como una bocanada de aire fresco. No era algo que sintiera como un peso, o que fuera en contra de mis deseos. Al revés, me apasionaba, era lo que más quería hacer. En ese momento no tenía idea de lo que sería o cómo lo haría pero decidí que mis esfuerzos tenían que ser dirigidos hacia esa meta. Armada con mis teóricos del diseño favoritos: Felix Guattari, Tony Fry, Bruno Latour y Jane Bennett, además de mis fantásticas colegas diseñadoras en el Lab, Ana y Daniela, armamos un programa llamado Diseño para la Ciudad.

El programa engloba una serie de conferencias, talleres y retos, que tienen como objetivo integrar poco a poco conceptos complejos de diseño dentro del gobierno. Estos conceptos (como el human-centered design, el diseño especulativo o el diseño de servicios) proponen nuevas aportaciones por parte del diseñador. Muchas veces estas oportunidades vienen ligadas a una mayor participación en los procesos de creación de algún proyecto o política pública. Alimentan una mayor injerencia por parte de los diseñadores en las metodologías de trabajo, además de un prototipado rápido, el cual permite probar los proyectos en el campo de acción. Este proceso de prueba y error, concede el perfeccionamiento y mejoramiento de los resultados que impactarán la vida diaria de los ciudadanos.

El saque inicial del programa se dio entonces con el Primer Encuentro de Diseñadores de Gobierno que tuvo lugar en agosto del año pasado.

Contactamos a 86 dependencias del Gobierno de la Ciudad, además de a las 16 delegaciones, para que sus diseñadores asistieran al encuentro. En la reunión, se dio una pequeña plática de lo que es el design thinking, término que se acuñó en los años 70 y que se ha popularizado en la última década, y su impacto dentro de estructuras gubernamentales. El design thinking propone un proceso empático, analítico y etnográfico en la búsqueda de soluciones innovadoras a problemas complejos (a lo que en inglés se refieren como wicked problems). Estos problemas se han vuelto tan enredados que una resolución por medio del diseño tradicional no es factible.

Aunado a esto, lo que se buscó fue la creación de una comunidad de diseño dentro del gobierno más concreta. Muchas veces, diseñadores trabajando en una misma dependencia no se conocen ni comparten sus preocupaciones e intereses. Queríamos que este encuentro se convirtiera en un lugar para ello. No sólo nos impresionó la asistencia de los diseñadores (acudieron más de 120), además, nos motivaron sus ganas de trabajar para crear una mejor ciudad.

Muchas de sus preocupaciones estaban ligadas a las herramientas de trabajo. En cantidades se acercaban a pedir que se hicieran más tipos de eventos como éste, que se fomentaran los talleres y diplomados, ya que a muchos les encantaría seguir aprendiendo nuevas ramas del diseño a través de su trabajo. Muchos de ellos mencionaban los años que llevaban trabajando para el gobierno, y cómo no lo cambiarían por nada, ya que sabían que era un servicio esencial para la ciudadanía. Muchos otros, jóvenes, se veían motivados, contrariamente a lo que uno pensaría (muchas veces los diseñadores tienen que lidiar con equipos de trabajo que no entienden sus metodologías y que no les proveen de las herramientas tecnológicas necesarias y suficientes –computadoras y software decente).

Fue un increíble convivio en donde diseñadores de las secretarías más grandes de la ciudad como la Secretaría de Salud, la Secretaría de Movilidad, la Secretaría de Medio Ambiente y de Jefatura de Gobierno acudieron. También se presentaron de dependencias en donde uno no imaginaría que un diseñador está presente de tiempo completo como la Suprema Corte de Justicia, la Policía Bancaria Industrial, la Agencia de Protección Sanitaria, el Instituto de Vivienda y la Caja de Previsión de la Policía Auxiliar.

Además del éxito que fue (es la primera vez en la Ciudad de México que hay un encuentro de este tipo para diseñadores de gobierno), también tuvo sus bemoles. Ha sido difícil convocarlos de nuevo. Pensamos que una plataforma digital donde pudieran verter sus reflexiones así como mantenerse en contacto sería una buena idea, por lo cuál creamos el sitio web de Diseño para la Ciudad . En esta plataforma teníamos ideado un espacio tipo foro que fuera la continuación del encuentro. La idea era que pudieran escribir sus preocupaciones y hasta recibir apoyo o consejos de otros diseñadores por ese medio. Pero resultó que no. Honestamente (uno tiene que aprender de sus errores) es que no fue nada popular y un foro digital no llamó la atención.

Y es así que regreso a mis propósitos del 2016.

Este 2016 me propongo generar un nuevo interés por parte de los diseñadores, de verdad empezar a crear esa comunidad que Daniela, Ana y yo ansiamos tanto dentro del gobierno. Esa comunidad que haga un contrapeso a las malas decisiones de gobernanza y que genere un nuevo empujón de innovación y creatividad dentro del Gobierno de la Ciudad de México. Esa comunidad a la cual le interese ir más allá de diseñar posters y andenes de metro rosas, que quiera ver cambios tangibles en su ciudad. Me propongo generar una visibilidad del impacto que tiene un diseñador en las decisiones que se toman dentro de gobierno. Y esta vez, prometo que haré absolutamente todo por cumplir. En un año veré qué tal me fue.

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Un Nuevo Tipo de Diseño para México: Crítico y Social

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Por: Sofía Bosch – @sboschg

En México, la concepción del diseño y del diseñador sigue siendo la desarrollada en los años 50. Durante esta década, se generó una transición hacia un diseño publicitario y comercial, completamente volcado hacia un consumismo voraz. El diseño a principios de siglo –como un fin decorativo y artesanal– era reservado para las clases altas, para los estratos sociales que podían darse el lujo de pagar por tapices, grabados y mobiliario fino. Después de la Segunda Guerra Mundial un cambio radical en el mundo del diseño se dio, no únicamente se había dominado la producción en masa con nuevos materiales (nuevos polímeros y plásticos fáciles de manejar), pero la profesión del diseñador tomó poco a poco un rol efímero y banal en la toma de decisiones de los productos y artefactos que se generaban.

Ideas como la obsolescencia planeada surgieron en el vocabulario de diseñadores industriales (el cual significa diseñar algún artefacto con una vida de uso corta para que el consumidor se vea obligado a reemplazarlo y comprar uno nuevo). Diseñadores gráficos empezaron a dedicarse al diseño de cartel y de empaque para productos de la vida cotidiana. Diseñadores textiles redujeron la calidad de su producto para que encajara con nuevo estilo de vida “rápido” y a corto plazo de la sociedad de consumo.

En los años 60 y 70, en contrapeso a este nuevo rumbo del diseño, se dieron a conocer las primeras publicaciones y manifiestos reclamando un diseño que velara por el bien social y ecológico. Les preocupaba que la profesión se convirtiera únicamente en el combustible de un consumismo rampante. Las angustias se centraban sobretodo en las posibles consecuencias políticas, sociales y ambientales que esto podría tener. Es la primera vez que se habló de un diseño sustentable así como de un diseño crítico y social. Manifiestos como el First things First fueron publicados y abriendo el espectro de lo que se esperaba de los diseñadores, les otorgó una nueva voz.

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Estos nuevos rumbos fueron un parte aguas, permitiendo que en las últimas décadas se gestaran nuevas corrientes de diseño. Desde el design thinking de IDEO hasta el diseño especulativo de Fiona Raby y Anthony Dunne, el diseño ya no se ve ni se considera como un proceso de embellecimiento al final de la creación de algún objeto, artefacto o servicio. Justamente, el rol del diseño ha dado un giro de 360 grados. Lo que hoy se busca es un diseño holístico, que más allá de un resultado estéticamente atractivo, tenga todo un proceso de investigación y entendimiento de las necesidades del usuario. Por medio de este proceso, arraigado en la etnografía y nuevas metodologías creativas, el diseñador puede llegar a resultados mucho más precisos dadas las necesidades sociales. Por supuesto, el diseñador no puede hacerlo sólo, por lo que trabajar en equipos transdisciplinarios es imperativo para tener buenos resultados en este nuevo giro en la profesión.

Gracias a estas nuevas visiones es que el diseño tiene un gran potencial de insertarse en el gobierno. Es en el proceso de creación de políticas públicas que el diseño puede aportar una visión, además de nuevas metodologías de trabajo, que permita resultados innovadores y un alejamiento de lo común. Ese común que en el pasado no ha funcionado (por ejemplo, en temas de movilidad, los segundos pisos para automóviles).

En el gobierno el diseñador puede no únicamente trabajar en equipos de diversas profesiones y antecedentes, puede también traer a la discusión nuevas formas de resolver problemas complejos. El diseño por definición trata de resolver las necesidades del usuario y muchas veces las decisiones tomadas dentro del gobierno hacen de todo menos concentrarse en el ciudadano. Un ejemplo de este tipo de inserciones es el Behavioural Insights Team, en Reino Unido. Un equipo de diseñadores, sociólogos, antropólogos y psicólogos, que se dedican a mejorar los servicios públicos por medio de análisis e investigación centrada en la experiencia del usuario, el núcleo de la investigación del diseño.

En México hay un gran potencial para este tipo de investigación. Es imperativo que los diseñadores se integren en los procesos de creación y de toma de decisiones dentro de las diferentes dependencias de gobierno para tener mejores resultados a nivel calle. El primer paso para que esto suceda tendrá que verse en las aulas universitarias. Sin una educación de calidad en temas de diseño social, no se puede pensar en una colaboración de calidad con el gobierno. Se necesita elevar el nivel de preparación en las universidades. No existe una sola licenciatura o maestría en el país que taclee este tipo de temáticas y prepare a los diseñadores del futuro.

En el Laboratorio para la Ciudad existe un programa llamado Diseño para la Ciudad que intenta, por medio de pequeñas intervenciones con diseñadores de gobierno como de sociedad civil, afrontar estas nuevas problemáticas. Hay que reflexionar sobre lo que se le está ofreciendo como diseñadores al país y su futuro.

¿Qué puede aportar el diseñador a las decisiones públicas? ¿Cómo se puede motivar a una nueva generación de diseñadores a que se dediquen al diseño de mejores servicios y de mejores bienes públicos? ¿Cómo se hace del gobierno un lugar atractivo para el desarrollo creativo?

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Imágenes

Crédito foto de la Ciudad de México:
Google Earth (2015). maps.google.com.mx

First Things First Manifesto