Historia de una Violación Olvidada. (I)

La primera parte de lo que parece un escenario bastante común, aunque terrible, en la vida de una mujer joven: una fiesta, demasiado alcohol, un novio que ha esperado demasiado tiempo, y la imposibilidad de pensar con claridad y moverse a voluntad la orillan a una situación fuera de su control, pero el trauma vivido recientemente libera un secreto encerrado en su mente durante años.

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Imagen: Silvia Grav

Por: Ingrid Canul

Hoy perdí a mi novio. Teníamos año y medio juntos y lo perdí hoy, así, como si se hubiera dado la vuelta en una esquina y hubiera desaparecido. Aún no encuentro explicación a sus palabras, aún no estoy segura de lo que pasó hoy, ayer, hace tres días… Escuché sus palabras y sentí las lágrimas corriendo por mis mejillas, entiendo intelectualmente lo que me ha dicho pero no encuentro una explicación.

Yo lo amo y sin embargo, no quise tener sexo con él hasta hace tres días. Estuvimos en casa de Alexa festejando su cuarto de siglo y bebí de más. No es que no me hubiera pasado antes pero en esta ocasión me pasé en serio, apenas recuerdo, sé que me caí un par de veces porque tengo moretones en las rodillas y algunos rasguños en las manos, sé que vomité porque amanecí con el gusto terrible en la boca, sé que tuve sexo con Jimmy porque desperté desnuda en su departamento, porque tenía semen en mi vagina, porque me lo dijo él.

Tengo imágenes en mi cabeza, como grabaciones mal hechas y mal editadas, momentos en los que él está sobre de mí riendo y me toma de las manos, en que me sujeta la cintura y me atrae hacia él, en que me da otra bebida, en que me trepa cargada a su departamento y luego nada. Sólo la luz molesta sobre mi rostro y esta sensación constante de que todo está mal.

Yo sí quería tener sexo, muchas veces tuve que contenerme para evitarlo y estaba muy bebida. ¿Por qué no habría querido? ¿Cómo podría haberlo rechazado si lo amo tanto, si lo deseo tanto? De nuevo estoy llorando, apenas soy consciente de que todavía me encuentro en la universidad y que los demás me miran. Me miro la muñeca y corro la manga del suéter para tapar la marca de los dedos de Jimmyél dijo que me emocioné demasiado con mis uñas y que me sujetó para que no lo lastimara. Es algo que siempre quise hacer pero al esforzarme en recordarlo me asalta únicamente una sensación de desesperanza. Sé que algo está mal pero no me atrevo a decirlo en voz alta.

Quiero comentarlo con alguien pero cuando quiero contárselo a Alexa y a Miriam, mis mejores amigas, se ríen y me felicitan, ya no soy más el bicho raro, “la única virgen de 26 años estudiante de universidad que existe en el mundo” según sus palabras. Su forma superficial de hablar del tema, la manera pueril de sugerir que no pasaba nada con que no lo recordara, que era mejor así porque la primera vez suele ser desastrosa y después de todo “¿Qué tiene de raro o de malo perder la virginidad con tu novio después de más de un año juntos?”, entonces se me quiebra la voz y les suelto que terminó conmigo. Hoy. Hace un par de horas. Hoy, después de ignorarme completamente durante dos días completos, enfrente del equipo de básquetbol donde prácticamente me gritó que era una puta y una mentirosa, que habría aceptado que no fuera virgen pero no que lo hubiera engañado haciéndole pensar que era lo que no soy, que me fuera a la mierda y que no me le volviera a acercar o a llamar. Que no quería saber nada de mí.

Callaron. Eso sí lo toman en serio, ahora empezaron a hablar de él: era obvio, lo único que quería era “desflorarme” para botarme luego, que seguramente tenía a otra, que no valía la pena, que lo olvidara. No me siento cómoda, algo no encaja o, mejor dicho, no encaja nada, aún si así fuera, ¿para qué ridiculizarme de esa forma? De pronto noto un aroma en el ambiente, como a colonia de hombre. No huele mal pero me produce arcadas, desecho todo el desayuno. Después, nada. El olor se ha ido y mis amigas me miran preocupadas, yo no le doy importancia, es demasiado pronto para tener síntomas de embarazo.

Entro a su departamento, me lleva hacia la cama y sin previo aviso está sobre de mí, noto su media sonrisa, veo sus ojos brillantes de triunfo, me abre la blusa sin grandes ceremonias y separa mis piernas con sus rodillas. Yo estoy echada simplemente, medio consciente de que está desnudándome. Se quita la camisa, se acerca a mí y me da un beso en la mejilla y de pronto, ese olor llena la habitación, me quema la nariz, quiero gritar y él me sujeta las manos, quiero empujarlo pero me tumba con su peso, no puedo más ¡necesito ayuda! ¡que alguien me ayude! ¡por favor!

Abro los ojos y TENGO que saltar de la cama. Estoy sudando de la cabeza a los pies, sola en mi habitación, veo las sábanas enredadas en mi cuerpo y no puedo soportarlo, no quiero que nada me roce siquiera, no quiero meterme de nuevo en la cama y cerrar los ojos “ha sido sólo una pesadilla” me repito una y otra vez mientras bajo a la sala común y me hago un ovillo en el sillón, me miro las marcas en mis muñecas, “ha sido sólo una pesadilla”, hasta que por fin, me vuelvo a dormir.

Siento las manos sujetas con firmeza, mientras me susurra palabras tranquilizadoras pero ignora mis lágrimas, quiero empujarlo pero el cuerpo no me responde, siento su embestida pero sin dolor, sin placer, sin ninguna sensación, alcanzo a escucharme decir “no quería que esto fuera así” y él sólo me da un beso en la frente…de pronto su cuerpo cambia, es mayor, su cabello es diferente, su voz en más gruesa, me dice palabras cariñosas y al final “es nuestro secreto”, justo cuando se pone de pie está borroso y me inunda la nariz de nuevo ese maldito olor.

Abro los ojos. Ahora duermo con Miriam pero las pesadillas no se van y ahora con frecuencia terminan de esa forma, cuando Jimmy se convierte en otra persona, alguien que conozco en mi sueño pero no logro reconocer una vez que me despierto, no logro recordar ni lo que me dice. Tengo una sensación terrible en la boca del estómago, cada vez que “sueño” con ese olor me provoca náuseas – digo “sueño” de esta forma porque lo siento ahora en todas partes y en los lugares más inesperados, como si alguien me vigilara de cerca y oliera de esa forma, como si las plantas expulsaran ese aroma. Estoy a punto de quebrarme, soy consciente de eso porque por fin he aceptado la verdad de esa noche: fui violada.

La situación en la universidad lo agrava más, sé que ahora todos hablan de mí: Jimmy se encargó de decirle a todo el mundo que no era virgen como solía decir, que seguramente me habré metido quién sabe con cuántos y creía que iba a poder engañarlo, que soy una prostituta y que mi tarifa con él fue mentirle durante año y medio mientras le hacía sexo oral, pero que seguramente cobro de manera más “efectiva”. Llevo 2 semanas como un zombi en la escuela, apenas despierta, apenas sensible. No hablo acerca de la violación, sé que todos pensarán que trato de vengarme.

¡Lo que daría por dormir bien esta noche! Cinco horas, no pido más. Pero en cuanto cierro los ojos vuelvo a verlo, montado sobre mí, violándome suavemente. Abro los ojos, no recuerdo el sueño pero en esta ocasión también vi a mamá.

Uno de mis profesores me hace una cita con el orientador de la universidad, psicólogo. Cuando llego a su oficina está esperándome, es un hombre de unos 40 años, cuidadoso con su imagen, me sonríe al invitarme a sentar. La charla es acerca de los temas que supuse, me pregunta incluso acerca de la fiesta, es el único momento en que dudo en contestar. Lo miro a los ojos segura de que los míos están llenos de lágrimas y todo mi ser grita “violación” pero mi boca es incapaz de decirlo. “Estuvo bien” es todo cuanto puedo responder, mientras las lágrimas corren por mis mejillas, cada vez más copiosas hasta que termina siendo un sollozo ininterrumpido. El psicólogo se acerca, se para detrás de mí y me pregunta si hay algo de lo que quiera hablar, niego con la cabeza pero sigo llorando, entonces me dice, en tono consolador, que ayudar a los estudiantes es su trabajo y que adoraba su trabajo y pone una mano sobre mi hombro izquierdo, me tenso inmediatamente y la aparto bruscamente con la mano derecha, me pongo de pie de un salto y sin decir palabra salgo de su oficina.

Claramente ese comportamiento le pareció alarmante porque llamó a mis padres. Mi mamá llamó unas horas después al departamento compartido que alquilo, preguntándome si me encuentro bien. Le miento lo más eficazmente que puedo y me comenta que este fin de semana vendrán a visitarme, noticia que al menos me reconforta. Aun así no se los contaré.

“Es nuestro secreto”, mientras mete la mano debajo de mi pijama de girasoles, un peluche cae de la cama rodando, y trato de detenerlo pero me habla con tanto amor que dudo, con la otra me acaricia la cara y el cabello, me da besitos en la nariz, en los ojos y en cada una de las mejillas, pero la otra mano me lastima.

Despierto más inquieta que nunca, no recuerdo lo que soñé pero estuve llorando. Seco mis lágrimas y cuando Miriam me pregunta qué sucede me echo a llorar histérica y desconsolada.

Mis padres vinieron hoy y fui a buscarlos a la terminal. Hilda, mi sobrina, se está quedando con ellos unos días. En cuanto la veo corre hacia mí y salta a mis brazos “me recuerda mucho a ti” dice papá, me voy caminando con ella, tomadas de la mano y cantando una canción inventada. Llegamos a un parque y ahí nos sentamos los tres mientras vemos a Hilda correr y jugar con toda la energía de una niña de 9 años. Mis padres me interrogan, pero les miento muy bien y parecen tranquilizarse.

Van a quedarse en un hotel por hoy. Los acompaño y me quedo con ellos hasta ya muy tarde, así que decido que es mejor que me quede a dormir, de cualquier forma no había habitaciones dobles y rentaron una triple. Mi madre me arropa amorosamente y yo me siento amada y mimada. Siento que hoy descansaré tranquila, me da un beso de buenas noches y yo me quedo profundamente dormida unos minutos después.

¡No! Ya no quiero, por favor, ya no quiero…

Despierto sobresaltada y suspiro con resignación. Quizás no vuelva a dormir tranquila nunca más. Me quedo recostada con los ojos bien abiertos escuchando el silencio cuando unos segundos después me parece escuchar sollozos. Aguzo el oído, me pongo de pie. Los sollozos provienen de la habitación al otro extremo. Me acerco de puntillas, el corazón me late muy fuerte y siento miedo, me quedo paralizada a medio camino, mis pies no pueden moverse de su sitio, incluso dejo de respirar…madreselva y lavanda, cítrico pero ligeramente dulce… Es ese aroma de nuevo. Abarca la habitación y me perfora el cráneo: es la colonia de papá, los sollozos vienen de la habitación de Hilda y entre los espacios entre un sollozo y el siguiente alcanzo a escuchar “será nuestro secreto”.

Para la segunda parte de esta historia dar click aquí.

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Imagen: http://www.40fakes.com/2016/04/silvia-grav-art/

Lo Extraño

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Por: Gabriela S. Gómez – @GabrielaSGH

Definitivamente lo extraño.

Sabía que lo iba extrañar desde el momento en que pensé en dejarlo. ¿Y cómo no? Si todo en nuestra relación era perfecto, salvo algunas veces, que me hacía sentir mal, aunque siempre fuera por mi culpa; yo abusaba de él.

En cada momento preciado de mi vida estábamos juntos: un buen café, una buena plática, una buen final. No había momento de emoción o histeria que no sintiera que tenía que compartir con él. Nunca me abandonaba. Sólo tenía que caminar unos pasos para encontrarlo, siempre a mi disposición.

Al principio estaba con él sólo unas cuantas veces a la semana, después una vez al día, al final no podía dejarlo. En aquél tiempo todo era fácil, nadie se oponía a nuestra relación. Podíamos estar juntos en todos lados, sin que nadie nos molestara.

Con el tiempo decidieron que no era bueno para mí. Dejaron de permitirme estar con él. Tuve que esconderme. Dejé de salir, si no podía estar con él afuera, me quedaría adentro. Al principio valió la pena el encierro, pero eso no podía durar para siempre. Comencé a salir sin él. Era un martirio, nada tenía sentido si no estaba conmigo. Pensé que me acostumbraría, que podría vivir sin verlo todo el tiempo. Lo intenté, pero lo necesitaba demasiado. Esa relación intermitente que estaba siendo obligada a llevar me estaba amargando.

Pensé en rebelarme, en decirles que no importaba que me hiciera daño, yo lo quería a pesar de eso y más. Nadie me escuchó. Ellos ya lo habían decidido y su palabra era la ley.

Tuve que tomar una decisión: si no podía estar con él todo el tiempo que yo quisiera y en cualquier lugar donde lo quisiera, entonces no iba estar con él en lo absoluto. Sabía que no podría vivir con pequeñas dosis de su compañía, tendría que ser todo o nada. Y, dadas las circunstancias, tuve que decirme por nada.

Es una de las decisiones más difíciles que he tomado en mi vida; precisamente porque implicaba cambiarla radicalmente. Pero ya no podía seguir sufriendo así.

Pensé que sería mejor un intenso sufrimiento seguido de una grata nostalgia, que intervalos de dolor interminables.

Tuve razón, estoy mejor ahora. Los primeros meses era tanto lo que lo extrañaba que el vacío que dejó me llevó a los límites de la ansiedad. No sabía como llenarlo, comía, bebía, hablaba pero nada lograba quitarme su sabor de la boca. Lloraba sin razón y se me iba el aire constantemente. Al parecer mis pulmones no sabían respirar sin él. Después, ellos también se acostumbraron.

Con el tiempo volví a respirar, a salir, a divertirme. Empezaron a existir los momentos en los que, increíblemente, no pensaba en él. Creí que ese día nunca llegaría, pero lo hizo.

Lo sigo recordando, especialmente cuando estoy sola. Lo sigo extrañando, creo que lo extrañaré siempre. Representa un enorme y muy importante capítulo de mi vida que fui obligada a cerrar por no poder ser moderada en mis sentimientos y necesidades.

Hoy considero que dejarlo ha sido uno de mis más grandes logros, aunque eso no evita que cada vez que percibo su olor en la calle lo aspire profundamente recordando aquella relación que irónicamente ha sido la más sana y estable de mi vida.

Al tabaco, 11 de diciembre de 2008. Meses después de la entrada en vigor de la Ley Antitabaco. La autora duró dos años sin fumar. Lamentablemente, a la fecha de publicación de esta “carta”, sigue fumando. A no poder hacerlo en todos lados… También se acostumbró.

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UNDERART: oda a un aterrizaje forzoso

 

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Por: Sofía Bosch – @sboschg

En un conjunto de patios interconectados llamado el Hackesche Höfe, situado Mitte, el barrio central de Berlin, se encuentra el teatro de circo y performance experimental Chamäleon. La zona que rodea el conjunto es un área dinámica de la ciudad, con una amplia oferta cultural y artística repleta de restaurantes y tiendas. Esta temporada el Chamäleon presenta la obra interdisciplinaria Underart, una superposición de danza y circo contemporáneo, con performance y música en vivo.

El Chamäleon fue construido en 1906 como un cabaret de variedades y esa es la vibra que trata de mantener hasta hoy por medio de su arquitectura y diseño. El estilo Jugendstil – nombre del estilo equivalente al Art Nouveau de Bélgica y Francia en Alemania y los países nórdicos– de su fachada se nota en los patrones de los azulejos esmaltados, en la escalera de madera vintage por la cual uno sube un par de pisos para llegar a un salón relativamente pequeño compuesto de una serie de mesitas y un gran escenario con telón rojo.

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Es en este contexto que se presenta la obra Underart; Ode to a crash landing (Underart: oda a un aterrizaje forzoso). La llamo obra porque la diversidad de roles de los actores es impresionante. Es un parteaguas del circo contemporáneo, ya que mezcla la danza, la música y la interpretación actoral de forma intrínseca, y además sus interpretes son artistas en toda la extensión de la palabra. Las mismas siete personas generan la música, los actos circenses, bailes y recitales poéticos.

La música fue compuesta por el grupo sueco Riddle and Murmur, y sin ella no se puede concebir el espectáculo. El dúo musical está en escena con los artistas, con los cuales cambian papeles durante el espectáculo traspasando la responsabilidad musical a acróbatas y bailarines por igual.

 

La temática de la representación es compleja y estimulante al mismo tiempo, sensible pero potente. La obra está basada en el accidente que Olle Sandberg, director de Underart, tuvo en 2005. Él, siendo acróbata de profesión, no logró completar en su totalidad un salto triple mortal por lo que cayó de cabeza fracturándose el cuello y quedando, en consecuencia, completamente paralítico del cuello hacia abajo. Aunque con el tiempo pudo recuperar la movilidad, el accidente destruyó su carrera y le denegó el regreso al escenario. Es entonces que 11 años después decidió escribir y dirigir Underart, una obra que trata el tema de la desolación, de sentir que el mundo se viene abajo y luego renacer, aunque sea en un contexto diferente, entendiendo que la vida está compuesta de riesgos constantes que uno tiene que tomar sin pensar mucho en las consecuencias.

Durante el espectáculo los interpretes llevan su cuerpo al límite constantemente pero de manera muy diferente a lo que hacen, por ejemplo, los artistas circenses del Cirque du Soleil. En este caso utilizan materiales del día a día para exponerse a un riesgo palpable. En un momento de la obra uno de los artistas sube a dos planchas de madera imitando un par de sancos. En sí el acto no es algo extraordinario, o jamás antes visto por el espectador, la altura de las planchas no es extremadamente alta. De todas formas, el publico está al borde de su asiento. El hecho de que artista lo haga sin ninguna protección, más que la presencia de sus otros 6 compañeros, como si fuera un chico malo que está jugando exponiéndose a la posibilidad de que algo salga mal pone al espectador en un hilo. Y justamente esa es la lección: las cosas que nos llevan al límite del peligro muchas veces son acciones o hábitos diarios, que consideramos hasta un cierto punto “no peligrosos”.

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En Underart los actos circenses no son nada del otro mundo. Lo que diferencia a Underart de cualquier otro espectáculo es la maleabilidad de los artistas, su cruce entre diversas disciplinas creativas con un toque de peligro cotidiano mezclado con el asombroso ambiente del teatro que lo hacen un espectáculo como ningún otro.

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Fotos: https://chamaeleonberlin.com/en/shows/underart

http://www.berliner-lokalnachrichten.de/kultur/cirkus-cirkoer-underart-ode-to-a-crash-landing-im-chamaeleon/10621/

El Silencio en la San José Insurgentes

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Por: José García Dobarganes – @jooosege

Miró el edificio por fuera. La San José Insurgentes le resultaba demasiado nostálgica, los recuerdos atravesaban las esquinas, las banquetas y las rejas de las casas. No se podía quejar, tenía un techo donde dormir y una mesa donde partir el pan. Pintaría de naranja las paredes de la sala y naranja claro las de la cocina, rojas las de su cuarto y rosadas las del de visitas. Pondría tantos guiños a la casa donde había vivido con su familia como le fuera posible. Aunque ahora habría ruido y farolas, estacionamientos y avenidas, gentes y perros y vagabundos. Los sartenes no serían los mismos, los platos serían de plástico y la mesa no tendría un buen mantel. La televisión no sería tan grande, nadie lavaría las sábanas cada semana ni trapearía los suelos y habría apenas un sillón o dos, como mucho. El cuarto de visitas estaría vacío, siempre esperando a que un día su hijo viniera a visitarlo. Él compraría sábanas, cobijas y algún colchón, aunque fuera inflable, para recibirlo y el cuarto ya no estaría vacío. El baño tendría una lavadora en vez de una tina y pintura verde en vez de azulejos. El espejo sería un cuadrado pequeño y no uno de cuerpo completo. Apenas tendría espacio para su ropa, pero en cuanto pudiera juntar dinero, pondría algo que le sirviera a su esposa para colgar la ropa. Eso, claro, el día que viniera a verlo. Trataría de tener salchichas, las comería con mostaza tal y como se las cocinaba Esperanza a su hijo. Dejaría la televisión prendida para escuchar voces en el departamento y que la soledad no se sintiera tan abrasadora. En el clóset de la entrada tendría escoba y trapeador, esperando a recibir alguna visita y limpiar todo lo que estuviera sucio. Para que no digan que vivía mal. Esperaba, en algún momento poner un cuadro de caballos y pondría cruces para que su esposa sonriera al verlas. No, no era tan malo vivir en la San José Insurgentes. No iba a ser tan terrible el recuerdo en el espejo de la edad y del abandono.

Cuando cerró los ojos para dormir recordó su realidad y la oscuridad le pareció más fría que nunca. Nadie lo visitaría. Su hijo y su esposa nunca vendrían. Su única compañía sería una soledad tan cruda que se mete entre los riñones y el estómago como si fuera aire. Un silencio tan terrible, que él mismo dudaba si seguía vivo. Porque de su vida, no se acordaba ni el polvo.

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La Vida en la Guarida

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Por: Uriel Gordon – @Urielo_

Marzo, 2011.- Sábado por la noche. Te encuentras recostado en el sillón verde; delante de ti, aparece la televisión rodeada por un muro de madera lleno de libros. Se asoman autores como Italo Calvino, Amos Oz, Gabriel García Márquez, Franz Kafka, Carlos Fuentes, Paul Auster, Etgar Keret, George Steiner, Octavio Paz, Elie Wiesel, Jorge Volpi, Isaac Bashevis Singer y también, el rastro que dejaron los ladrillos de la Enciclopedia Británica. En medio de ese mar de libros, se asoman fotografías que te recuerdan a tu infancia, retratos que hablan de distintos pedazos de tu vida.

Debajo de la televisión, aparece tu santuario de películas: observas cintas dirigidas por Luchino Visconti, Alfonso Cuarón, Paul Thomas Anderson, François Truffaut, Pedro Almodóvar, Quentin Tarantino, Martin Scorsese, Sofía Coppola, Steve McQueen, Wes Anderson y Stanley Kubrick, entre otros. Hablando de Kubrick, por cierto, la luz del espacio en donde estás, te recuerda la tonalidad única de las madrugadas que aparecen en La Naranja Mecánica: oscuridad iluminada.

Ese sábado, te sientes cómodamente entumido, recluido en tu guarida; disfrutas estar aislado, aunque ya se ha convertido en costumbre; disfrutas, en tu burbuja, los libros y, sobre todo, las películas que te conectan con el exterior. Al momento de escoger tu actividad de la noche, sin duda, privilegias el cine sobre los libros. Sabes que tienes a tu disposición, un catálogo prácticamente infinito de conocimiento escrito que espera pacientemente, a ser explorado, a pesar que tú no tengas la paciencia para aventurarte en él. Esa noche, decides nuevamente ignorarlo: por instinto, te vas por lo inmediato, por proyectar una película que consideras una fuente de sabiduría o simplemente entretenimiento. Se vale,¿no? ¿Por qué no?

Sin embargo, la apatía, como en otras ocasiones, se vuelve apoderar de ti: te dejas enganchar por la realidad virtual. Te quedas observando fijamente la consola de PS3 que aparece ante tus ojos; hay un videojuego que particularmente, te atrapa, te hipnotiza: NBA Live 2010; en la portada aparece el entonces, Centro del Magic de Orlando, Dwight Howard.

Cada vez que abres las puertas del mundo virtual, sientes que vives tu sueño guajiro de ser basquetbolista: te pones el uniforme verde de los Celtics de Boston, mueves las piezas del tablero de ajedrez: controlas a tus delanteros Paul Pierce y Kevin Garnett y a tus guardias Ray Allen y Rajon Rondo a tu antojo. Sientes que eres la mente maestra, que gracias a ti, juegas en las finales de la NBA, que gracias a ti, tu equipo está a un paso de levantar el trofeo Larry O’ Brien.

De pronto, suena tu teléfono; del otro lado de la bocina, escuchas a un amigo que te recuerda que hoy tienes una cena de cumpleaños en un bar en la Colonia Condesa, de la Ciudad de México. Te acuerdas que recibiste la invitación en Facebook hace algunas semanas, pero te da mucha flojera moverte; prefieres dormir despierto. No obstante, se siembra la duda en tu cabeza: cada vez, sientes que te estás dejando llevar por la inercia; cada inmersión en la realidad virtual, te desconecta de ti y de lo que sucede afuera; te convierte en una especie de Zombie. Con pereza, das los primeros pasos: abres la puerta de tu guarida…

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Carta a una amiga

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Por: Ingrid Canul

Carta de un hombre que, casado con una mujer que desprecia, confiesa su obsesión por la novia de su mejor amigo, su deseo loco y la decisión que ha tomado de marcharse.

Lucía:

Se te hará extraño que te escriba esta carta, lo es. Perdóname, eres la única persona a la que puedo contactar, no tengo valor para escribirle a Santiago y tampoco sé qué podría decirle, no tengo suficiente cinismo para escribirle a Roxana y contárselo todo, prefiero que siga teniéndote como su amiga y que ustedes continúen siendo parte de su familia. Yo ya no puedo más.

Hace meses que estoy como loco, después de recuperarme de la recaída con mi diabetes, me di cuenta de lo patética que es mi vida, metido en un matrimonio en el que sólo importan las apariencias porque hace mucho tiempo me di cuenta que ella no es como yo pensaba y ella se dio cuenta de que no la amaba realmente. Estoy seguro de que se dio cuenta antes que yo, porque de pronto se volvió feroz y manipuladora y aunque es cierto que amaba más lo que yo quería que fuera que a ella misma, nunca desprecié tanto a alguien como a ella cuando se mostró como realmente era.

Ahora mismo estoy sentado en el porche que ella remodeló a su entero gusto y con mi dinero, no con el suyo. Entro a cada espacio en esta casa y no hay nada para mí, no hay nada mío, me siento como si estuviera compartiendo un lugar alquilado con una completa desconocida…yo que siempre soñé con tener un hogar feliz, con dos o tres niños correteando por ahí y ahora veo todos mis sueños muertos, guardados en una caja, ocultos en algún rincón de esta casa, que hace unos años representaba todo lo que anhelaba. Está lloviendo.

Las gotas caen y me salpican los pies. Veo desde aquí el letrero de la calle, todos duermen y yo no puedo dejar de pensar en ti. Tengo que decírtelo, quiero que lo sepas cuando me vaya, siempre has sido una gran amiga y por eso es que quiero que sepas todos los motivos por los que he tomado esta decisión. Y es que estás en mi mente casi todo el tiempo, te sueño cada noche y aún durante el día, miro la forma de tu silueta en la lluvia que cae, en las flores del parque, en la luz del sol. Cada vez con más frecuencia pienso que estoy enamorado de ti.

No imagino lo que piensas ahora y si te lo dijera a la cara ¿Cómo reaccionarías? ¿Qué tendrías para decirme? ¿Saldrías huyendo como lo has hecho hasta ahora? Entiendo que sea una situación difícil, muchas veces creo que unicamente estoy confundido por todas las cosas poco felices por las que estoy pasando. Me siento desanimado y solo, y de pronto llegas tú. Siempre con una sonrisa, dispuesta a hablar de todo y hacerme reír. No sé si sabes cuando es que más falta me haces, pero apareces y me robas cuando menos una sonrisa y me siento completamente agradecido por eso…hay tan pocas cosas por las que puedo sentirme agradecido.

Sé que es una declaración chocante, pero tengo que sacarlo para ponerle fin, jamás traicionaría así a mi amigo y sé cuánto lo amas, he visto cómo son cuando están juntos, cómo se miran, cómo se hablan, cómo se tocan: son simplemente perfectos. Mi deseo no es entrometerme, pero necesito decírtelo y así quizás me des mucho espacio para dejar de pensar en ti y dejar de soñar contigo, para que me saludes como si no te importara, para que dejes de preguntarme cómo estoy, para que dejes de aparecer tan hermosa como eres, de mover tu cuerpo a mi alrededor, de atormentarme con tu cuidado ¿Pero qué digo? Eso ya no será necesario.

No quiero que te sientas mal por mí, quiero aclararte que soy una persona bastante madura y estoy consciente que este mi amor es de lo más egoísta, un escudo para no ver cómo se cae mi vida en pedazos, prefiero verte a ti que vives tu vida con toda la energía que yo quisiera para mí. Estoy consciente que no eres como te imagino, que eres un producto de mi imaginación, que sólo eres un espejismo, que te he convertido en el ídolo intocable, en la mujer perfecta y por eso es que aún a pesar de que él no existiera entre los dos y tu cuerpo me incite a acariciarte, sé que nunca habrá nada entre nosotros.

Pero te tengo metida entre ceja y ceja y de ahí no puedo sacarte, y cuando él viene y me dice lo feliz que es y a veces hasta lo que hacen juntos, te imagino tendida ahí para mí y muero de ganas de tener tu cuerpo y sentir tu fuego abrazándome entero, aunque mi consciencia me grita que no debería desearte así, siento que cualquier día podría sucumbir a este deseo. No sé cómo dejé que esta obsesión se apoderara de mí, me impide ser yo mismo, me he convertido en un monstruo y tú, eres la diosa que lo inspira. Lo peor es que sé que no te soy del todo indiferente, sé que a veces piensas en mí, sé que me deseas.

Recuerdo esa única ocasión en que me diste esperanza, fue tan sutil y tan fugaz pero tan revelador como inesperado, nunca unos ojos fueron tan expresivos, nunca un rostro manifestó tanta seguridad en sus sentimientos, nunca me sentí tan emocionado y tan perdido al mismo tiempo; vi en tu mirada un atisbo del demonio que eres, una pequeña señal de tu interés y de tu pasión, solo para que te cerraras inmediatamente y te alejaras, para que me miraras con una dureza difícil de ignorar y me hicieras huir de ahí rápidamente.

Sé que fue real porque inmediatamente marcaste tu espacio y no te acercaste por mucho tiempo pero a veces pienso que lo soñé, porque por mucho que intente captar de nuevo esa mirada, jamás volví a verla. Aunque la busqué una y otra vez durante unas cuantas semanas y aunque en los 15 años de tu hermanita incluso bailamos juntos, aunque te miraba a pesar de que mi esposa estuviera ahí mismo. Enloquecí.

Y sigo enloquecido ahora. Soy como un mendigo que busca un lugar, un espacio y un momento para estar tranquilo, quiero aclarar mis ideas y de nuevo apareces tú, de nuevo esa mirada y la siento tan cercana que es como si hubiera sucedido ayer y luego vuelvo a preguntarme si alguna vez sucedió o si realmente significó algo, es como tener la mente llena de humo.

Sé que soy despreciable. Sé que es difícil leer esto y que después puedas siquiera mirarme, pero en tanto que vivo con una mujer que es apenas la sombra de lo que creí que era, que es apática y estúpida, sé que he dejado de amarla por completo, no por ti, tú sólo eres algo incidental, una distracción para no escuchar mi corazón romperse y mi voluntad resquebrajarse y mientras sueño contigo entre mis sábanas, casi me parece que mi mundo no se viene abajo, que no la escucho gritando y quejándose, que no me duele hacerla llorar porque se da cuenta que ya no me importa, que todos los planes que hice se van a la mierda igual que tú y que todos, pero sobre todo yo.

Si pudieras ¿Me acompañarías? Me largo de aquí porque no quiero hacer más idioteces, esta carta ha sido bastante, tengo que irme o terminaré insultándola o peor, terminaré insinuándote que tengas una aventura conmigo, porque yo sé y tú debes saberlo que es todo lo que quiero, así que me iré a buscarla en otro sitio porque en este ya no hay espacio para mí. Soy un loco ciego y cínico que te ama con locura, te idolatro como a una figura de cera…así de perdido estoy…espero que puedas perdonarme y que nunca le cuentes de esto. Cuando regrese, espero haber encontrado un poco del calor que necesito, porque siento que estoy quedándome frío por dentro, nunca volveré a manchar tu recuerdo con revolcones vulgares y si ella quiere, si puede mirarme y encontrar algo que amar, si puedo encontrar en ella algo que me inspire amor, si me acepta de nuevo, entonces regresaré con ella. Eso…o quizás no regrese jamás.

Te agradezco todo lo que has hecho por mí, amiga mía, no ha sido culpa tuya, todo se ha gestado dentro de mí mismo, descubriendo formas que podía ser y no sabía, no puedo despedirme de nadie porque mi alma ya no lo soportaría. Lo que más me duele dejar es a ustedes dos, pero los guardaré como el recuerdo más preciado, mi tesoro incalculable, mi eje central.

Cuando era niño soñaba que el agua de lluvia se llevaba mis tristezas y lavaba las faltas de mi alma, así que me iré ahora que todavía está lloviendo. Adiós Lucía. Te amo, no es un amor perfecto, es muy cínico y algo retorcido pero te amo, de la manera más sincera y de la manera más atenta, te amo. Cuídate y cuídalo a él por mí.

Fernando.

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Vargas Llosa vs el consumo postmoderno de la literatura

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Por: Paola González – @PaolagabbieG

Hace unas semanas el mundo literario se sacudió ante el inesperado veredicto de la Academia Sueca. Bob Dylan obtenía el Premio Nobel de Literatura, arrasando a los escritores y poetas que habían sido nombrados como posibles ganadores. El año pasado también hubo discusiones sobre la decisión de otorgarle a la periodista Bielorrusa Svetlana Alexievich el Nobel por su prosa—según sus detractores, similar a varios autores (leease Joyce Carol Oates, John Banville, Jon Fosse, entre otros)–. ¿Cuál es la mayor diferencia entre estos dos casos?

-Ah, sí, Bob es cantautor-.

Si bien su icónica trayectoria y sus letras son de una belleza excepcional, muchos literatos expresaron su inconformidad al conocer el veredicto y miles de opiniones contra este se sumaron al del veterano Mario Vargas Llosa, quien en algunas ceremonias que ha presidido en estos días, como la presentación en Berlín de su último libro, dijo a la prensa que el Premio Nobel de Literatura debe ser para escritores y no para cantantes, a pesar de que disfruta de la obra del señor Dylan. Comentó también que este galardón no debería abrirse a la poesía cantada, ya que dejaba el paso abierto a que cualquier persona de la farándula aspire a un Nobel dedicado al arte de las Letras.

Si bien pareciera que el señor Vargas Llosa dio estas palabras a la prensa por la emoción negativa que aún mantienen muchos respecto al galardón de las letras, no dista mucho de la realidad que hemos presenciado este mismo año. Durante la Feria del Libro en Bogotá, Colombia, la prensa local se escandalizó al ver que la presentación del libro del youtuber Germán Garmendia, titulado “Chupa el Perro”, atrajo a más personas al recinto, e incluso medios como El Universal afirmaron que el saldo final fue de mayores ventas del joven chileno que del veterano peruano que asistía junto a otros grandes de la literatura latinoamericana a esta Feria del Libro.

Tenemos entonces motivos claros para que el escritor Mario Vargas Llosa se exprese de esa manera ante la prensa, aunque más allá de sus experiencias se encuentran los datos estadísticos en países latinoamericanos. Tan solo en México, Grupo Milenio publicó en el 2013 que había cerca de 100 ferias del libro en el país, y sólo se leían 2.5 libros al año en promedio, aumentando a 5.3 en el 2015, según datos arrojados por el Excelsior y El Universal.

-¿Pero cuales fueron los libros más leídos en el año más leído?-

Excelsior tiene el top 5:

5.- Crepúsculo (sí, aún lo leen)

4.-El Principito

3.-Cien Años de Soledad

2.-Trilogía Cincuenta Sombras de Grey (hasta mis tías lo leyeron)

1.- La Biblia

Aunque sabemos que entre nuestros amigos pasa que dicen haber leído tal o cual libro para sentirse importantes, “únicos y diferentes” (que tire la primer piedra el que no), en un mundo lleno de hipsters o cosas mainstream y es tan usual que se vea ahora un best seller de una socialité, una autobiografía de algún famoso caído a menos buscando la gloria perdida o un compendio de absurdos traducidos a un lenguaje “impropio del vulgo”, que no nos damos cuenta a simple vista de las tendencias del consumo literario hasta que hacemos un análisis más profundo: preguntando por sus hábitos de lectura, sus afinidades y gustos más allá de las páginas.

Esto es lo que critica el señor Vargas Llosa en sus discursos, el poder de la opinión pública de personajes lejanos a la literatura y las tendencias en redes sociales, para guiar al consumo literario impuesto por el pensamiento postmoderno que se rige por las ganancias en ventas y la sentencia—si no leíste a (…) no eres lector –.

Les mando un cordial saludo a todos los que asistieron a la Feria Internacional del Libro 2016 en Guadalajara, Jalisco, estuve paseando por los pasillos llenos de póster promocionales del nuevo libro de Kim Kardashian, mientras buscaba una buena edición de la obra Cyrano de Bergerac.

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