El Imperio Contraataca

New England Patriots' Tom Brady hoists the Vince Lombardi Trophy after the NFL Super Bowl 51 football game against the Atlanta Falcons Sunday, Feb. 5, 2017, in Houston. The New England Patriots won 34-28 in overtime. (AP Photo/Eric Gay)

Por Ernesto Gómez – @EGH7

Los Patriotas de Nueva Inglaterra acaban de lograr la mayor remontada en la historia de los Súper Tazones. Su quinto en diecisiete años y segundo en tres. La más grande dinastía deportiva en Estados Unidos. Todo esto de la mano de las únicas tres constantes en este equipo: Bill Belichik, Tom Brady y el cambio. La gestión del primero con su mente maestra, agregada al brazo ejecutor del segundo, han hecho del éxito una garantía en una liga que labora a favor de la paridad y contra el triunfo prolongado.

El partido fue épico, tal vez la mejor final de la historia. Comenzó con los Patriotas cometiendo todos los errores posibles para perder un partido. La ofensiva no entraba en ritmo y, cuando lo hizo, entregaron el balón dos veces, costándoles en la réplica 14 puntos. El juego terrestre no daba ningún resultado. La defensiva no lograba frenar a Jones, Freeman y Ryan. Al medio tiempo el panorama era negro, 21-3 lideraban los Halcones. Aumentaron su ventaja a 28-3 en el 3er cuarto y ya se sentían campeones. Pero al final del día Atlanta aprendió una dura lección: nunca des por muerto a los Patriotas de Nueva Inglaterra, el equipo mejor preparado de toda la liga.

Todo lo que estuvo fallando empezó a resultar. La ofensiva empezó a encontrar el camino, la defensiva sacó jugadas grandes y los errores y jugadas fortuitas se voltearon a favor de los Pats. El momento cambió cuando la defensiva recuperó un balón suelto de Matt Ryan que resultaría en un touchdown de Tom Brady. La defensiva frenó a los de Atlanta una vez tras otra para darle oportunidad a Brady de hacer lo que hace y así, desafiando a lo posible, los Patriotas empataron con la ayuda de una atrapada increíble de Julian Edelman.

New England Patriots' Julian Edelman, rear right, catches a pass during the second half of the NFL Super Bowl 51 football game against the Atlanta Falcons, Sunday, Feb. 5, 2017, in Houston. (AP Photo/Charlie Riedel)

Habría tiempo extra por primera vez en la historia del gran juego y hasta el volado le dio la suerte a los de Foxborough. De 3-28 a 34-28 se movió el marcador y así empató Nueva Inglaterra a San Francisco y Dallas en títulos (sólo superados por Pittsburgh con seis). Robert Kraft, el dueño del equipo, dijo a la hora de recibir el trofeo Vince Lombardi que este era el más dulce triunfo de su vida.

Fue un enorme viaje hasta aquí para los Patriotas y, sobre todo, para su estrella Tom Brady. Empezó la temporada suspendido los primeros cuatro juegos y volvió para poner la marca del mejor índice histórico de anotaciones contra intercepciones (28-2) y culminó rompiendo el récord de más yardas aéreas en la historia del Súper Tazón, ganando su cuarto reconocimiento como el Jugador Más Valioso de la final (otro récord). Esta es la gran venganza de Brady, el chico que por poco no fue drafteado en el 2000, el que se ha dedicado toda su carrera a callar bocas, que creció admirando a Joe Montana y ahora lo supera como el QB más ganador de todos los tiempos. Michael Bennett –derrotado por Brady hace dos años en esta instancia– lo dijo “Brady ya sólo persigue fantasmas, se persigue a sí mismo.” Ahora más que nunca esto es cierto, pues el número 12 ya no deja lugar a dudas de que es el mejor jugador que ha puesto pie sobre una cancha. Contra todos los pronósticos, siempre con una sed de ganar y con una pasión enorme por el juego, Tom Brady ha escalado su posición a nuevas alturas, dejando en el retrovisor a Montana, Bradshaw y a su contemporáneo Peyton Manning. Esta campaña de campeonato se podría argumentar que fue un poco representativa de lo que ha sido su carrera, siempre remando a contracorriente, perdiendo a Gronkowski en la semana 10 y decidido a levantar el Lombardi frente a Roger Goodell, el hombre que se empeñó en suspenderlo. En el pasado quedaron los fantasmas del Deflategate y de las derrotas contra los Gigantes. Ahora a Brady sólo le queda agrandar su leyenda.

El otro enorme consagrado es Bill Belichick, el primer entrenador en jefe que logra cinco títulos. Ya considerado como uno de los mejores, ahora Belichick deja su testamento como el mejor creador de una cultura ganadora. Convirtió a esta franquicia en el modelo a seguir de la liga, sentando un estándar de éxito con base en el trabajo y la preparación. Inauguró The Patriot Way e instituyó el motto ultimado del trabajo en equipo “Do Your Job”. Con la filosofía de que nadie es irremplazable (más que Tom Brady, por supuesto) y de que, haciendo tus labores para colaborar a la causa, ha logrado empujar siempre a sus jugadores a su techo. Es conocimiento universal en la NFL que, si no das el 110% en Nueva Inglaterra, no durarás mucho tiempo ahí.

Esa filosofía traslució en la adversidad de hoy. Los Pats nunca bajaron la cabeza y se llevaron al límite de la mano de un Brady inspirado, una defensiva que hizo todas las jugadas correctas e incluso una atrapada de las imposibles que en el pasado le arrebataron la gloria a este equipo. Un partido inolvidable.9_ErnestoGomez

Hecho en China

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Por: Victoria Olaguivel – @VickyGO

En 2013, el Presidente de China Xi Jinping anunció un plan de desarrollo titulado “Un Cinturón, Un Camino.” El plan, que pretende reactivar la Ruta de la Seda – una ruta comercial de aproximadamente seis mil kilómetros y que unía a China con el Mar Mediterráneo – se concibe como una estrategia dual, tanto de política exterior como de desarrollo económico, para promover la cooperación y reactivar la conectividad entre países por tierra y por mar.

“Un Cinturón, Un Camino” se basa entonces en dos ejes: 1) El Cinturón Económico de la Ruta de la Seda, y; 2) La Ruta de la Seda Marítima del Siglo XXI. A través de ambos ejes, el ambicioso proyecto económico abarca más de 60 países en 3 continentes: Asia, Europa y África. Además de promover el comercio y consolidar el desarrollo económico de China, “Un Cinturón, Un Camino” es también una estrategia nacional para impulsar el ya visible liderazgo global de China.

Para financiar el ambicioso proyecto y estimular la cooperación financiera, China creó el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura (AIIB) con un capital inicial de 100 mil millones de dólares. El Banco ha sido catalogado como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional del Oriente. A 376 día de haber iniciado operaciones, el Banco cuenta ya con 57 países miembros y opera nueve proyectos de energía y transporte principalmente.

Pero mas allá de impulsar un crecimiento económico acelerado y revivir la cooperación internacional milenaria, “Un Cinturón, Un Camino” es también una herramienta para trazar un nuevo orden mundial con China a la cabeza. El plan, con metas y procesos perfectamente delimitados, ha logrado la cohesión nacional a un nivel impresionante donde absolutamente todos – ciudadanos, empresarios, servidores públicos, estudiantes, organizaciones, think tanks, etc. – entienden y asumen su rol para hacer de China una, aún, más grande potencia económica.

Los primeros días de enero tuve la oportunidad de visitar China y ser testigo de las operaciones de “Un Cinturón, Un Camino” de viva voz de distintas organizaciones y ministerios públicos, entre ellos el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura, el Ministerio de Comercio y el Ministerio de Relaciones Exteriores. Es por ello que afirmo que absolutamente todos (o casi todos) conocen, entienden y ejercen su rol para impulsar el desarrollo y liderazgo de China en el siglo XXI.

Después de analizar y conversar con distintos miembros de distintas organizaciones, al interior de China “Un Cinturón, Un Camino” ha logrado la cohesión en parte por la cultura milenaria del país, basada en la filosofía de Confucio (disciplina, respeto por los superiores y la conciliación de los deseos personales con las necesidades de la familia y la comunidad), así como en el deseo de revertir el retraso económico en el que se ha sumido el país en los últimos años, para lograr nuevamente un crecimiento de dos dígitos. Es así como el plan ha logrado sumar tanto a nacionales, como ahora países extranjeros para construir conjuntamente un sistema internacional con planes y objetivos concretos.

Como mencioné anteriormente, fueran diversas las instituciones que visite como parte de una delegación de estudiantes de políticas públicas de 13 países distintos. La apretada agenda abarcó cuatro ciudades e incluyó ministerios públicos, el canal central de televisión de China (CCTV), el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura, la Fundación de Bill y Melinda Gates en China, Alibaba y otras organizaciones de capital riesgo que directa o indirectamente participan en los proyectos encabezados por “Un Cinturón, Un Camino.”

Todas estas organizaciones compartieron abiertamente su rol en la transformación de China, apegados o no a una agenda política, para impulsar su país hacia una nueva doctrina de apertura y desarrollo. Como un público curioso, el grupo constantemente preguntaba cual sería el rol de China dada la retórica del nuevo presidente de los Estados Unidos, y aún cuando dejaron en claro que China no pretendía suplantar la posición de la potencia norteamericana, entre líneas pudimos constatar que el gigante asiático esta dispuesto a encabezar el liderazgo mundial en el plano económico y de libre comercio, político, tecnológico e incluso sobre cuestiones de cambio climático, todo esto a través de “Un Cinturón, Un Camino.”

Uno de los proyectos que personalmente encontré mas atractivo fue el de la construcción del Hospital Internacional Jiahui. El hospital, que planea abrir sus puertas a finales de 2017, es el primer hospital privado en el país y esta siendo cuidadosamente diseñado para cambiar el panorama de la medicina, la investigación y la formación profesional en China, apegado a los mas estrictos estándares de calidad y las normas de construcción LEED. El principal inversionista del proyecto, Trustridge Partners – que maneja una cartera aproximada de 5 billones de dólares – explicaba los obstáculos que enfrentó la firma para conseguir los distintos permisos y aprobaciones para instalar el primer hospital privado en China operando con capital nacional y extranjero. Sin embargo, con la primer clínica ya inaugurada el proyecto es ya una realidad y se encuentra exitosamente construyendo las instalaciones del hospital internacional en el Distrito Xuhui de la Ciudad de Shanghai.

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Hospital Internacional Jiahui en construcción.

Aún cuando se coloca como el segundo país mas poderoso del mundo, es cierto que China aun tiene mucho que trabajar en diversos aspectos, no solo en el plano económico, sino en la conservación del ambiente y el cambio climático, así como la cuestión de derechos humanos. Sin embargo, China está dispuesto a afrontar sus grandes retos para lograr una transformación que continúe acelerando su crecimiento económico, con más aliados que se sumen a su renovada doctrina de apertura y desarrollo. Ahora más que nunca seguiremos siendo testigos de lo “Hecho en China.”

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Referencias:

Asian Infrastructure Investment Bank. Quick Facts and Numbers. Annual Meeting 2016. Link: https://www.aiib.org/en/index.html

Instituto de Estrategia Internacional. “Un Cinturón, Un Camino.” Cámara de Exportadores de la República Argentina (Abril 2015): http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:rucmfAW5P2oJ:www.cera.org.ar/new-site/descargarArchivo.php%3Fidioma_code%3Des%26contenido_id%3D3664+&cd=6&hl=en&ct=clnk&gl=us&client=safari

Jiahui International Hospital. Jiahui Health. Link: http://www.jiahui.com/en/aboutus/network/hospital/

Crónica de una Enfermedad Anunciada

 

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Google Images. La obesidad no siempre implica usar tallas grandes, puedes parecer esbelto y tener obesidad severa.

Por: Gabriela S. Gómez – @GabrielaSGH

La salud es como la suerte. Lo deseamos con palabras, para nosotros y para los demás, sin otorgarle mucho significado. Ambas palabras cobran sentido hasta que carecemos de ellas. Piénsalo un poco, si no padeces o has padecido una enfermedad seria, ¿qué deseo pedirías en este momento? Seguro te pasan por la cabeza mil cosas que te gustaría tener o lograr, pero siendo honestos, difícilmente entre tus tres mágicos deseos escogerías salud. El motivo de esto es que la creemos segura, preocuparse por ella es cosa de viejos, de moribundos o de otros.

Por muchos años tuvo dos dimensiones para mí. La primera y con la que me identificaba, era la que incluía únicamente situaciones transitorias y sacrificios mínimos, como una gripa que te estorba y que te curas con un par de Antiflu, una diarrea que cortas con Pepto Bismol o en el peor de los casos una bronquitis que te incapacita un par de días. Nunca pensaba en mi salud o en cuidarme más allá de echarme unos Redoxones cuando empezaba a moquear. Las comidas diarias era únicamente una fuente de placer, y ya cuando sentía que me apretaban los pantalones y se me inflaban los cachetes se convertían en el sacrificio e instrumento para bajar unos kilos, verme bien y quitarme la frustración que sentía cada vez que iba a una tienda de ropa. ¿Qué me puede pasar si me como media pizza o me tomo 6 chelas o unas cuantas Cubas el fin de semana? Qué tanto es tantito… ¡soy joven! ¡Una cruda más! Ya habrá tiempo de ponerme a dieta, de hacer ejercicio, de dejar de fumar.

La segunda dimensión era la que afectaba sólo a los otros, a los que tenían mala suerte: cáncer, diabetes, esclerosis, etc. Esas enfermedades sólo le podían pasar a ellos, no a mí.

Como muchas personas, crecí concibiendo a las enfermedades como un abstracto lejano de mi realidad. Algo que no tenía que detenerme a pensar sino hasta dentro de mucho tiempo. Fiel al sentimiento de invencibilidad que da ser joven le di vuelo a la hilacha por años, llevando mi cuerpo al límite sin ninguna consideración. Teniendo como únicas prioridades el éxito académico y profesional y no menos importante, la diversión: crueles desveladas estudiando o trabajando, comiendo lo primero que se me ponía enfrente, liberando estrés fumada tras fumada y, los fines de semana, borracheras hasta las cuatro de la mañana para después empacarme unos chilaquiles o una pizza al día siguiente, porque, ¿a quién no le da hambre en la cruda?

Me atrevo a afirmar que lo que describo es un estilo de vida que comparten varios mexicanos, jóvenes y no tan jóvenes. Por consiguiente, nunca sentí que yo fuera un caso especial en el uso que le daba a mi cuerpo. Jamás me pasó por la cabeza que yo fuera más abusiva con él que otros, que yo estuviera caminando al precipicio más rápido que los demás.

Los síntomas de que algo andaba mal empezaron un par de años antes del diagnóstico. Dado mi estilo de vida, eran difíciles de reconocer. Tenía un trabajo muy demandante, sobre todo en tiempo. Recuerdo como el primer año y medio que estuve ahí fui feliz. Aprendía mucho y rápido y a pesar de que los proyectos me dejaban exhausta, no necesitaba más de un par de días tranquilos para sentir que ya estaba lista para ser asignada a uno nuevo. Con el paso de los meses empecé a sentir el deterioro, ese par de días se convirtieron primero en una semana, después simplemente no me recuperaba. La frase “estoy cansada” era una constante en mis días. No podía despertarme en las mañanas, y lo que era peor, sentía que la cabeza ya no me funcionaba igual. Ya no aprendía rápido y lo que antes hacía en unas horas, me estaba tomando el doble. Me distraía fácilmente, se me olvidaban las cosas y todo eso me provocaba muchísima ansiedad… Terminé por renunciar, segura de que un cambio de vida me haría sentir mejor.

Conseguí un trabajo menos estresante y con horario flexible. Empecé a hacer ejercicio y a comer mejor, según yo. Un año después, los síntomas seguían ahí, sólo que al antiguo malestar se había añadido la irritabilidad y arranques compulsivos por comer, especialmente cosas dulces, que si has sido tragón como yo toda tu vida, nunca se te ocurre que tengan una explicación. Y el ejercicio, que supuestamente te da energía, me dejaba mucho más cansada que antes. Me autodiagnostiqué con depresión. Todo encajaba, sólo quería dormir, seguía agotada, no avanzaba en mi trabajo, me sentía triste. Y tenía motivos, toda la ambición que me caracterizaba estaba paralizada dentro de una cabeza que no daba para más.

Por supuesto no tenía la costumbre de hacerme estudios médicos integrales, eso era para los otros, no para mí. Pero harta de sentirme un fracaso, busqué en la falta de vitaminas el motivo de mi baja productividad. Así me hice los primeros análisis en años. Recuerdo pensar, si me sale que no tengo nada, me muero, ¿cómo me voy a explicar entonces que no sirvo para nada? Claro que esperaba que me dijeran: estás baja de hierro, tómate estas vitaminas y listo o tienes depresión, tómate este Prozac y listo. La realidad fue muy diferente, me golpeó con tanta fuerza que no lo pude procesar, de hecho todavía lo pienso y digo ¿neta?. Mi diagnóstico fue diabetes tipo 2 y a menos que sucediera un milagro médico en los próximos años, iba ser mi constante compañera por el resto de mi vida.

¿Pero cómo? Si no estoy obesa. ¿Pero cómo? Si nadie en mi familia es diabético. ¿Pero cómo? Si no soy mayor de 40, apenas tengo 28 años. Tiene que haber un error.

No podía creer que mi cuerpo me hubiera traicionado de esa manera, éramos un equipo. Hacíamos todo juntos, lográbamos nuestras metas, nos divertíamos, cómo era posible que me abandonara así a la mitad del camino. Pero los números no mentían y de pronto no podía ver nada a mi alrededor que no fuera: diabetes, diabetes, diabetes.

Me gustaría aclarar que no escribo este testimonio como alguien que se ha elevado por encima de su situación, lo escribo como una persona que oscila constantemente entre la furia y la resignación y que piensa que tal vez ayudando a otras personas a manejarlo o prevenirlo puede encontrarle un sentido a su propio calvario. Suena dramático, pero que te guste la fiesta y no poder tomar; que te gusten las papas con salsa, la pizza, los chocolates, o cualquier cosa que tenga o se convierta en azúcar (lo cual he descubierto, es casi todo) y no poderlas comer; que cada evento social se convierta en una frustración por los límites que te tienes que poner, es un calvario… hasta que te acostumbras y le aprendes algo.

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Imagen: STEPHENS/CUARTOSCURO.COM. Mujeres en la Ciudad de México

Lo primero que aprendí es que las personas tendemos a relacionar la salud con la muerte y el cuidarse con la vanidad. El “enfermo” es el que puede morir pronto; y el que cuida lo que come, va al gimnasio y no se desvela, es el que quiere verse bien. Vivimos en un país donde el setenta porciento de los adultos son obesos (¡SE-TEN-TA!). Lo que implica que si salimos a la calle y queremos señalar algo usando a una persona como punto de referencia, “al lado del gordito” no te serviría de nada. Esto nos deja, a primera vista, un diagnóstico de país sin vanidad o en otro caso, con un concepto distinto de la misma, donde ser esbelto no entra precisamente en los preceptos. Por sí mismo, esto no es un problema, porque qué bonito es que la gente se acepte como es ¿no? La cuestión es que la cosa no se acaba aquí. Ser obeso no es sólo una cuestión de estética, de hecho, uno puede ser talla 4 y tener obesidad, (como es mi caso, snif, snif). Por ponerlo en palabras simples, la obesidad es una carga adicional al cuerpo, cuya principal implicación es que el pobrecito tiene que realizar sus funciones diarias con un par de costales de más. Esto lo va debilitando, lo deja mareado, confundido. Ya no puede distinguir una cosa de otra, se siente perdido. Se muere de sed. Entonces le damos una Coca-Cola, le gusta, pero no lo hidrata. Pero el pobre ya no distingue. Nuestra cabeza lo sigue arrastrando, despertando cada mañana, pero el ya no quiere, ya no puede más. El agotamiento lo gobierna y acaba por tirar la toalla. La mayoría de las personas reparan en esta situación cuando les cae un diagnóstico desafortunado o pero aún, le dejan la realización del problema a su familia cuando el doctor les dice que el infarto fue fulminante. Suena rudo, pero así es.

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Google Images. Ejemplo de cómo se ve el abdomen de un “Skinny-Fat”.

El asunto aquí, es que aunque no parezca, perdemos más en el camino que en el posible fatídico final. Todos tenemos proyectos, ilusiones y obligaciones. Difícilmente podemos darnos el lujo de dormir todo el día o de simplemente no hacer nada, y me atrevería a decir que casi nadie elegiría esa vida aunque estuviera en sus posibilidades. Aún así somos muchísimos los que estamos perpetuamente cansados, los que dormimos mal, los que terminamos por sentirnos deprimidos porque no logramos nuestras metas o porque no podemos luchar contra la desidia. Nos culpamos, nos hacemos reproches, dormimos todo el fin de semana, nos prometemos que todo va cambiar, que tendremos más disciplina o más fuerza de voluntad. Le echamos la culpa de todo a nuestra cabeza, y de alguna forma, sí la tiene, pero no como creeríamos. La carga extra que le ponemos a nuestro cuerpo simplemente al pedirle que trabaje con la gasolina incorrecta tiene su primera consecuencia en nuestro rendimiento, físico y mental. O sea que podríamos decir que estamos tirando todos nuestros sueños a la basura a cambio de pan y tortillas.

Yo soy una de las personas que tuvo la mala suerte de entender a su cuerpo después de un desafortunado diagnóstico. Las señales siempre estuvieron ahí, pero me fue más cómodo achacárselas al tráfico, a las horas de trabajo, a la edad, o al estrés. Entendí a la mala que no ser saludable no es morirse, sino vivir mal, y que comer bien e ir al gimnasio no es para los guapos, sino para los productivos. Tengo 30 años y ya vivo con diabetes, pero por primera vez en años no me siento cansada, ni distraída, ni triste. Los sacrificios que yo tengo que hacer para sentirme bien son muchísimos, porque llevé mi cuerpo al límite. Pero no tiene porque ser así para todos, si detenemos la carreta antes de que aviente.

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El Potencial Social de la Comunidad

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Por: Alex Leurs

Desde hace algunos meses buscaba un espacio en el cual mis ideas pudiesen inscribirse. Mas allá del boost narcisista que el ser publicado puede provocar, anhelaba un espacio cuyos principios fuesen coherentes con mi postura de vida. Y si bien sintetizarla me parecería atroz, me limitaré—y atreveré—a presentarme como un lobo estepario. Por lo menos ese es el espacio reflexivo a partir del cual espero transmitirles, mensualmente, un pedazo de mi perspectiva. Así, al explorar el portal de Inteligencia Independiente, descubrí un proyecto que pretendía crear—y asumo, también consolidar—una comunidad de escritores y lectores.

Para la hora que vivimos, las preocupaciones sociales, políticas y económicas han inundado al país. Y si bien es cierto que en México la situación es crítica, la realidad es que la inconformidad social es casi global. En los últimos años diversos movimientos sociales han visto la luz, a tal punto que hoy, citar la primavera Árabe es casi un cliché. Sin embargo, a pesar de que se respira un clima de cambio sostenido por la inconformidad social, los instrumentos de cambio permanecen escondidos. Por ello me gustaría proponer una reflexión alrededor de lo comunitario y su potencial como organización social.

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, la comunidad refiere a un grupo de personas que conviven alrededor de un eje rector que puede tomar diversas formas (leyes, moral, creencias, objetivos, etc). Personalmente siempre había asociado la palabra a grupos étnicos hasta que descubrí las comunidades terapéuticas. Mi experiencia (académica y clínica) en Bruselas me permitió descubrir que la creación de comunidades terapéuticas representaba también una forma de organización social que facilita el trabajo médico-psico-social con poblaciones psiquiátricas.

La revolución social de Mayo del 68 en Francia creó una brecha en el conocimiento de la época generando oportunidades para alternativas terapéuticas. En una época en que la locura era considerada como una enfermedad y perteneciente a la campo médico, la Psicoterapia Institucional (PI) derrumbó muchos mitos de la locura y por lo tanto, inevitablemente, de la naturaleza humana.

Fundada en Monte Albán (España) por Tosquelles y reproducida en La Borde (Francia) por Guatarri, Oury y Schotte, la PI fusiona reflexión psicoanalítica con un análisis de la condición social humana. La idea era simple, compleja y genial: crear una comunidad y ocuparse de ella para el beneficio de sus miembros. Esta comunidad tomaría la forma que sus miembros le darían (explícita o implícitamente) de tal manera que en su dinámica cotidiana, elementos importantes de las problemáticas de los pacientes se manifestarían en las interacciones con los trabajadores. Se trata de una modalidad de trabajo que hace hincapié en el análisis de las dinámicas de grupo y de las relaciones entre pacientes y trabajadores. De esta manera se crea una comunidad psiquiátrica en donde pacientes y trabajadores son miembros activos de un sistema que intenta constantemente tratarse (¡no curar!) a sí mismo.

Es menester entender que cuando el ser humano se encuentra en armonía con su contexto, el sentimiento de pertenencia florece. La creación de una comunidad supone generar un espacio flexible en el que se pueden trabajar los fenómenos interpersonales cotidianos. Permítanme ilustrar con un ejemplo extremo relacionado con el trabajo clínico en psiquiatría.

En Monte Albán, el psiquiatra Cyrulnyk había observado que un grupo de personas con un diagnostico de esquizofrenia no respondían al dispositivo institucional. Esto quiere decir que seguían siendo prisioneros de síntomas sin que estos se pudiesen inscribir en la lógica cotidiana. Desesperado, propuso llevarlos de viaje: un paseo en bote durante 7 días. Evidentemente lo tacharon de demente. Relata que durante el viaje algunos de estos pacientes lograron inscribirse en la dinámica del viaje es decir, a la dinámica de la vida en un barco. Incluso anuncia haber escuchado hablar a un señor que llevaba casi media década sin hablar. La idea detrás de este episodio es que cuando un ser humano se encuentra en un contexto que le hace sentido, en el que se puede construir un lugar que tiene alguna influencia en lo que pasa a su alrededor, entonces el ser humano empieza a pertenecer. Y cuando el ser humano considera pertenecer, entonces, se empodera. Se apropia del espacio, de los eventos y se transforma en una parte activa de un sistema que cura, se cura y se actualiza en coherencia con sus miembros.

Mi punto es que la construcción de comunidades puede representar un medio de protesta y de cambio coherente con nuestra época. Así, podríamos tener—y creo que deberíamos promover—, una diversidad creciente de comunidades de forma que representen fielmente la complejidad y diversidad social.

Cuando el modelo social falla la insatisfacción crea el espacio para nuevas organizaciones sociales. ¿Y cómo no ver que el modelo social falló? La sobrepoblación ha saturado nuestras estructura sociales y el desarrollo tecnológico sacrificó la diversidad y la diferencia por la normalización. El ser humano hoy es un sujeto expuesto a vacío existencial que resulta de venerar más a los reflejos (las imágenes) que a las personas. Llegamos incluso al punto en el que las redes sociales empiezan a dictar normas comunitarias de pertenencia basadas en estereotipos de belleza y éxito cavando la ilusión de conectividad y pertenencia.

La comunidad como organización social supone una alternativa en la que se preserva la especificidad de cada individuo ofreciendo la posibilidad de construirse un lugar desde el cual puede (inter)actuar y sentirse miembro activo. Cuando pertenecemos a algo nos preocupa, y cuando nos preocupamos, actuamos. Sin embargo, las proporciones del mundo de hoy han eliminado ese sentimiento de pertenencia. El mundo y los gobiernos de hoy alienan (aíslan) a los individuos haciéndolos seguidores y no miembros. La imitación reemplaza la acción y en ese movimiento se pierde toda la espontaneidad necesaria para que las sociedades avancen. Nos repetimos unos a otros.

Entonces, la PI nos recuerda que diferentes formas de organización social pueden promover diferentes relaciones con el contexto. En un momento en donde la insatisfacción sube y los instrumentos faltan, pensar en la manera en la que nos inscribimos a nuestra sociedad es crucial. La organización comunitaria supone una forma de organización en la que las interacciones fortalecen el sentimiento de pertenencia. Es evidente que la inscripción a una comunidad puede estar determinada—en parte—por los deseos de cada individuo. Esto no tiene relevancia. Lo esencial es la idea de pertenecer a comunidades que motiven la participación social. Se trata de recuperar lo que la organización social de hoy en día, caracterizada por las masas y la globalización, nos ha quitado: el sentimiento de pertenencia y, por lo tanto, la posibilidad de actuar (por no decir la obligación). Porque de una forma u otra forma, la solución la vamos a tener que encontrar y sostener juntos.

La película-documental “Demain” de Mélanie Laurent y Cyril Dion nos hace descubrir un conjunto de iniciativas comunitarias que resultaron de la toma de conciencias ante el cambio climático. A diferencia de discursos alarmistas que se enfocan en los problemas, en este caso se enfocan en la soluciones. Es urgente empezar mas seguido en las soluciones que en los problemas. Personalmente, la película me parece poner en evidencia el potencial detrás de la organización comunitaria. No quiero revelar detalles porque realmente vale la pena (https://www.demain-lefilm.com/le-film). Simplemente diré que de alguna manera pone en evidencia que hoy, la revolución no será ni armada ni televisada. Será silenciosa, humilde, lenta (como la selección natural), local, basada en la acción, la participación y la cooperación a diferentes escalas.

Entonces, si estas leyendo esto, permíteme saludarte, porque por un momento, mientras leías estas líneas fuimos compañeros de guerra, hermanos revolucionarios, simplemente porque pertenecimos a ese proyecto que quiere crear una comunidad.

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Nadal y Federer, un Clásico Instantáneo

Australian Open Tennis

Por: Ernesto Gómez – @EGH7
Imágenes de AP

Este domingo el mundo del tenis estuvo de fiesta. Rafael Nadal y Roger Federer, los grandes rivales y amigos, se volvieron a enfrentar en una final de Grand Slam. La novena se ha dado entre dos de los mejores tenistas de la historia, que protagonizan una de las más fuertes rivalidades del medio, comparable solamente con la que cada uno tiene con Novak Djokovic, el gigante que ha dominado los últimos años.

Hasta el 2011, Nadal y Federer fueron los dos nombres propios del tenis, acaparando casi por completo el deporte y peleando siempre en el número uno y dos del ránking mundial. Djokovic, las lesiones de Nadal, y las bajas de rendimiento de Federer, vendrían a romper su racha ganadora y a alejarlos por momentos de la gran escena. Ambos volverían al número uno del mundo (Federer en el 2012 y Nadal en el 2013), pero no retomarían su rivalidad como en antaño.

Se enfrentaron con mucho y poco que perder al mismo tiempo. Pues estar aquí, cuando nadie lo apostaba, ya era ganancia. Llegaron ranqueados número 9 Nadal y 17 Federer, muy lejos de sus posiciones acostumbradas a la hora de encontrarse. Comprobaron que sus carreras aún tienen que ofrecer y levantaron la mano para competir el resto del año contra la hegemonía de Murray y Djokovic. Por otro lado, ambos podían reafirmar aún más sus legados: Federer conseguiría su 18vo Grand Slam y ampliaría su brecha sobre su perseguidor, el mismo Nadal que estaría ganando su 15vo, rompiendo el empate que tiene con Pete Sampras.

Ya lo anunciaba El País “El tiempo se detiene en Melbourne, donde al tenis le ha dado un ataque de nostalgia y por mirar atrás, hacia el pasado.” Para los que siguieron el deporte blanco durante la década pasada, el partido, tan sólo con el cartel, representó exactamente eso: una vuelta al pasado, a la nostalgia. Pues estos dos titanes del deporte no se veían las caras en un escenario así desde la final de Roland Garros en el 2011 (donde el triunfo fue para el español). Esperamos seis años para volver a ver el gran clásico que comenzó su historia hace más de una década cuando un Federer ya consolidado como el mejor del mundo se vino a topar con un joven Nadal que lo eliminaría del Masters de Miami con tan sólo 17 años de edad. A partir de entonces forjaron una rivalidad con estadísticas impresionantes, siendo este su duelo número 35 y dejando en el pasado partidos inolvidables como la final de Wimbledon del 2008 -considerado el mejor partido de la historia del tenis- que se llevó Nadal en cinco sets.

Australian Open Tennis

El duelo se anticipaba memorable, tal vez el más importante en la carrera de cada uno. Probó ser exactamente eso: un clásico instantáneo, una pelea épica a cinco sets que evocó las de antaño no sólo por el cartel, sino por el juego que se vio en la Arena Rod Laver. El partido arrancó con un Roger concentrado en imponer su estilo, buscando el tiro ganador pronto y evitando el peloteo prolongado que beneficia a Nadal. Rafa, por su lado, hizo esfuerzos impresionantes para responder cada bola y contener el asalto de Federer. Cada quien tiró de lo que sabía, Federer de su clase y su revés y Nadal de su resiliencia y pasión por la épica en los partidos grandes.

En dos ocasiones Nadal remontó estando un set abajo para mandar el partido a un quinto y, en este último, fue a Federer a quien le tocó remar a contracorriente para llevárselo. Arriesgó más y, despejado de sus fantasmas contra Nadal (registro de 12 ganados contra 23 perdidos), se hizo de un Grand Slam más para su registro, rompiendo los pronósticos de la mayoría, que apostaba que ya se había quedado en 17. Más monumental aún, considerando que el suizo tiene 35 años.

Me aventuro a decir que al final del partido Federer no era el único con lágrimas en los ojos. Los dos se felicitaron extensivamente, contentos de haberse encontrado una vez más. “No te vayas Rafa. El tenis te necesita”, le dijo Federer a Nadal cuando recibió el trofeo. El deporte necesita siempre a caballeros y superdotados como estos dos. Independientemente de las inclinaciones personales de cada quien, el domingo, quien ganó más fue el tenis.

Australian Open Tennis

Emociona la vuelta de Rafa y más considerando que el próximo torneo grande es donde forjó su leyenda, Roland Garros. Emociona también que el grande inmediato al de París es Wimbledon, el santuario de Roger. Está por verse hasta donde extienden su legado este par de históricos. De momento, un brindis por Australia que nos llevó al pasado glorioso y un brindis por Roger Federer, campeón del primer gran torneo del año, atemporal maestro del tenis.

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La esperanza de una vida después de la muerte

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Por: Paola González – @PaolagabbieG

¿Qué harías si te dieran la oportunidad de seguir viviendo dentro de cien, o tal vez quinientos años? Suena interesante ¿no crees?, pero una de las condiciones es que estés médica y legalmente MUERTO en el siglo veintiuno, además que pagues entre 38 mil y 200 mil dólares. Costo que para muchos es un lujo imposible.

Hay varios institutos alrededor del mundo que ofrecen esta posibilidad de “revivir” en un futuro, aunque por el momento no saben todavía cómo revitalizar a sus “pacientes”. Lo único que ofrecen es la esperanza que a ojos de la comunidad científica internacional es algo descabellado e irreal.

Si bien, hay laboratorios en los que se activamente se busca esta innovación medicinal que permitiría reanimar a cuerpos sin vida, pareciera que institutos como Alcor, Cryogenics, entre otros; intentan reescribir la historia del Hombre Prometeo (el monstruo de Frankenstein), o hacer realidad lo que vemos en historias de ciencia ficción, como la de Han Solo: prisionero en un bloque frío que lo mantiene vivo –y con signos estables.

Los experimentos en los que criogenizaron y volvieron a la vida animales fueron anfibios o gusanos, que comparándolos con los mamíferos, tienen la capacidad de regenerarse después de pasar por un largo proceso a temperaturas muy bajas. ¿Es entonces una esperanza vana para burlar a la muerte? ¿Acaso existen motivos para creer que podrá funcionar?

Ninguna de estas dos preguntas tiene una respuesta clara, y tanto detractores como fieles seguidores de esta rama científica poco explorada continúan buscando hechos tangibles. Sorprendentemente, esta práctica tiene ya más de 300 cuerpos en espera de un avance milagroso que les devuelva a la vida.

Y aunque el proceso aún tiene sus defectos y no es posible mantener completamente a salvo a todas las células, puesto que con el frío constante llegan a cristalizarse y dañarse, estos institutos y los grupos que les defienden creen fielmente que la ciencia podrá rescatar algún día estas células también dañadas por el nitrógeno. Mientras tanto, miles de personas se preparan para una preservación un tanto faraónica (puesto que lleva un proceso similar a la momificación) y poder aspirar a una vida después del mañana.

Pero…

¿Recordarán quienes fueron en el pasado?

¿Serán una persona nueva en un cuerpo viejo?

¿Qué mundo les espera más adelante?

Vivir después de haber muerto por medio de procesos científicos poco desarrollados es un riesgo que muchos están dispuestos a tomar, aún a pesar de las muchas preguntas sin respuesta y tal vez caminos sin retorno.

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La derrota de la democracia

Volunteers empty a ballot box after the conservatives primary runoff at a polling station Sunday, Nov. 27, 2016 in Marseille, southern France. French conservatives voted for their nominee in next year's presidential election, choosing between two former prime ministers with some similar ideas on the economy but divergent views on how to prevent further terror attacks on French soil. (AP Photo/Claude Paris)

Por Ernesto Gómez – @EGH7

La democracia ha existido desde tiempos ancestrales y en la cultura occidental lleva cerca de 300 años siendo el máximo ideal de la libertad para los pueblos. El poder recayendo sobre la gente, permitiendo que las decisiones no sean tomadas por una sola persona. En los años recientes se consideraba que la marca de un país libre era que todas las personas tuvieran voto, siendo las dictaduras el mayor ejemplo de lo contrario.

Pero ahora hemos visto tal vez el fracaso ultimado de la democracia. Con los resultados del Brexit y la elección estadounidense cabe replantearse si esta es en verdad la mejor manera de que se tomen las decisiones. Ahora, no estoy diciendo que la democracia falló por estar en contra de los resultados que se dieron. Lo que impactó en ambas de las elecciones mencionadas fue el ausentismo en los comicios y las decisiones tomadas. El 46% del electorado americano no votó, mientras que en el Reino Unido la mayoría de los ausentes fueron los jóvenes.

La apatía de la juventud, mezclada con los rezagos educativos de la sociedad hacen difícil que la democracia funcione. En Estados Unidos vimos a un hombre que se valió de un discurso demagógico para manipular a sus votantes y ganar la elección. No importó que varias de sus propuestas se contradecían o eran simplemente imposibles. Tocó una fibra sensible en el pueblo americano. Apeló a los resentimientos de la clase obrera que se ha sentido olvidada, a los supremacistas blancos, a todos aquellos que sentían que por ser estadounidenses la vida les tenía una deuda.

En el Reino Unido vimos también un discurso impulsado por el miedo liderando el camino al Brexit. El miedo a los inmigrantes, el miedo al terrorismo, la exaltación del nacionalismo y la incertidumbre económica acabaron sacando al Reino Unido de la Unión Europea. En esta elección sorprendió también la falta de conocimiento que había sobre el asunto. La búsqueda más común en Google el día del referéndum fue “¿Qué es la Unión Europea?” Increíble que se tomara una decisión tan trascendente para el futuro del país sin siquiera saber sus implicaciones. Por este mismo motivo se criticó la determinación de David Cameron de dejar la decisión en el voto popular y no en la Cámara.

La democracia nos ha fallado en muchas ocasiones. En México por años vivimos de una democracia falsa con el PRI y, en el 2012, vimos a este mismo partido volver al poder a base de una fuerte manipulación mediática que se aprovechó de un pueblo, en su mayoría, con una educación mediocre. México no está solo, pues al voltear al sur hemos visto a candidatos populistas haciéndose del poder primero a través de elecciones y después perpetuandose en el mismo. Evo Morales, Nicolás Maduro y Rafael Correa fueron electos por el mismo pueblo que ahora los quiere deponer.

Mientras existan rezagos educativos y desigualdad social como la que hay en tantos países del mundo, la democracia siempre va a dejar la puerta abierta a oportunistas como Trump o a populistas que con prometer “protección” a los pobres logran hacerse del poder y hundir a los países que gobiernan.

Ahora con el alza de la ultraderecha en la política mundial muchos tiemblan. Después de los años que vieron a la izquierda hacer sus más grandes avances en la historia, parece que pronto se darán muchos pasos atrás en varios asuntos. Las anomalías electorales del 2016 pueden ser apenas el inicio y, en México, muchos mirarán con nerviosismo al 2018.

Foto: AP Photo/Claude Paris

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