La crisis existencial de los milenials

Crisis existencial de los milenials

“En medio del camino de la vida me encontré en un oscuro bosque, ya que la vía recta estaba perdida.”

                        -Dante

Desde que nacemos hasta que alcanzamos cierta edad nos encontramos con la fortuna de que siempre hay un camino demarcado que seguir. Vivimos con la comodidad de que, año con año, en la escuela las cosas cambiarán poco o nada, más allá de nuestro crecimiento natural. Nadie nos pregunta qué queremos hacer hasta que cumplimos 18 años o, en su defecto, nos graduamos de la prepa. Aún en la carrera hay el colchón de alrededor de cuatro años sin tener que deliberar. Entonces es cuando se complica la cosa y viene el ¿qué sigue?

Algunos corren con la enorme suerte de saber claramente qué quieren hacer, otros aún más bendecidos cuadran sus ambiciones con las expectativas de sus padres. ¿Y el resto? Al resto nos toca la batalla interna y externa de descubrirnos día con día. Somos la primera generación a la que se les da una verdadera opción a la hora de escoger su futuro. Pero, al mismo tiempo, seguimos en la transición en la que las aspiraciones culturales y familiares pesan sobre nuestros hombros, predisponiéndonos hacia un camino o el otro; más que nada, existen muchas cosas que nos hacen optar por la vía de la estabilidad económica y familiar, dejando atrás las que pueden ser las pasiones auténticas. Diario podemos ver videos y artículos motivacionales que nos empujan a salir de la zona de confort y a arriesgarnos por lo que queremos: a vivir de forma extraordinaria, a viajar, a conocer, al carpe diem. Luego nos topamos con que, para todo esto, se necesita dinero…  que sólo podemos conseguir trabajando. Y se muere la ilusión efímera.

Esto aunado a que, a pesar de todo lo que planeamos, dependemos enormemente de la casualidad. En todo. Se nos puede presentar una oportunidad en un momento que, si la dejamos pasar, no vuelve más. El coincidir toma más y más importancia conforme se analiza en retrospectiva.

Por lo anterior, nos encontramos con que los milenials somos una generación que vive en crisis existencial. La crisis de la mediana edad por la que pasaron y siguen pasando tantos parece haberse recorrido con nosotros. Nuestra juventud parece estar marcada por esta duda de ¿y ahora qué? ¿de verdad quiero esto o aquello?

Esto es resultado de que cada vez hay más opciones a nuestro alcance y de que nuestros padres han sido más permisivos en general. Además de que somos la herencia de las primeras generaciones que se empezaron a divorciar. Así los milenials son más conscientes e introspectivos, se cuestionan más a la hora de decidir sobre la vida laboral y en pareja.

El punto está en no dejar que la vida nos encarrile en el conformismo y en el pasar de los años sin detenernos a ver qué está pasando. Que no nos mate el estigma. No casarse sin amor, por mera costumbre y porque “es lo que sigue”. No siempre tendremos la suerte de estar donde quisiéramos en dado momento, pero también hay que tener la madurez de aceptar ciertas situaciones y analizar si por ahí se puede encontrar eventualmente la felicidad.

La crisis milenial no es mala señal. Todo lo contrario. Es reflejo de una mayor consciencia. Mejor dudar y cuestionarnos mientras estamos a tiempo, y no tenemos vidas dependiendo de nosotros, que cuando ya puede ser demasiado tarde y nuestros mejores años se escaparon como la arena.

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Legalidad y psicología detrás del maltrato a la mujer

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Por: Paola González

Colaboró Cecilia Basulto

“Después de tantos años juntos y de vivir pensando que esto era amor; el esperar en casa día tras día sus insultos y golpes siempre que él quería, se fue convirtiendo en una necesidad. Un día, en un momento de tranquilidad decidí actuar diferente y pedirle que cambiara; que me tratara mejor”.

“Cuando llegó, lo recibí con todo el cariño que le tengo y le pedí que se sentara para hablar. Inmediatamente comenzó a insultarme, había analizado tanto mis palabras que sentí que había desperdiciado mi tiempo al intentar hacer esto; se molestó demasiado.  –Desgraciada, si no te gusta cómo te trato lárgate de aquí, esto es lo que mereces y puedo conseguir a otra cuando quiera.-“

“No puedo dejarlo, lo amo… prefiero sus insultos a separarme de su lado.”

Aún existen muchos casos como este en la actualidad, todas las campañas en contra del abuso y la violencia que reciben las mujeres no han arrojado los resultados que se esperan de ellas, pues es necesario ahondar en el problema más allá de la promoción de videos, carteles o actividades en centros de integración social.

Pareciera que estas campañas son como un eco en un gran barranco; que aunque suene repetidamente, no llena el espacio, impidiendo un tránsito tranquilo y simple por el lugar. Este problema social no se ha combatido de raíz, por lo que los esfuerzos son infructuosos.

Tan sólo en el estado de Jalisco —según datos de la Secretaría de Salud Jalisco—, la violencia en contra de las mujeres registrada en 2017 indica un 78.5% superando el promedio nacional de 65% de incidencia, lo que coloca a Jalisco como uno de los primeros lugares; el 57% de las mujeres de zonas urbanas y el 45% de zonas rurales en el estado sufrieron algún tipo de violencia.

Estas cifras hablan solamente de los casos denunciados que se han registrado, mientras que un gran porcentaje de casos de violencia se ocultan por “lavar los trapos sucios en casa” o restarle importancia; esto deja a la víctima  a merced de una reincidencia o la imposibilidad de superar el trauma ocasionado tras el hecho.

De los casos denunciados, según datos del INEGI en 2015, mil 157 están relacionados con violencia física, dos mil 179 con violencia psicológica, 136 con violencia económica, 408 con violencia sexual y 68 casos fueron de abandono. Los 138 restantes no se encuentran especificados.

Dentro de este tipo de violencia, se encuentra que por cada 10 homicidios de mujeres que ocurren en Jalisco, cinco se registran en Guadalajara, Zapopan y Tlaquepaque. La otra mitad de las muertes ocurre en los 122 municipios restantes de la entidad federativa.

Los datos arrojados muestran que la violencia física es menor a los casos en los que se presentan otros tipos de violencia, y la psicológica, ha demostrado ser la predominante tan solo en el estado.

UNA APOYO LEGAL

Por su parte, el Congreso y el Ejecutivo de la entidad han promovido la “Ley de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia del estado de Jalisco” para prevenir casos de violencia y sancionar eficazmente a quienes con dolo (conscientes o no de que es una violación a los derechos humanos), dañen la integridad de una mujer.

En las disposiciones generales del capítulo uno, el artículo primero versa de la siguiente manera.

“La presente ley es de orden público, interés social y observancia general en el estado de Jalisco, y tiene por objeto sentar las bases del sistema y programa para la atención, prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres, a fin de  garantizar el derecho fundamental de las mujeres a acceder a una vida libre de violencia, conforme a los principios constitucionales de igualdad y no discriminación”.

Además de implementar un programa que respalde los esfuerzos para erradicar la violencia hacia el género femenino, esta ley pretende dirigirse por los principios de respeto, igualdad, libertad y autonomía que merecen las mujeres.

Trata también las distintas modalidades de violencia ya antes mencionadas, incluyendo la violencia laboral, docente e institucional; sin embargo, todas las medidas para prevenir y/o erradicar este problema no llegan a la población en general, ya que su difusión y preparación no llega a todos los sectores y no es recibida en ocasiones por quienes realmente necesitan esta información y apoyo.

LA REALIDAD ES…

¿Realmente funciona esto? ¿La sociedad está dispuesta a tomar estas medidas? ¿Las mujeres estamos programadas para atender al cambio fácil y rápidamente?

Desde finales del siglo pasado, las investigaciones sobre la psicología femenina comenzaron a perfilarse, desde la perspectiva de la mujer misma; lo que hace a un lado los estudios arcaicos hechos por el hombre para dar respuestas al comportamiento femenino para dar cabida a estudios integrales de la mujer, para la mujer.

Tres especialistas del comportamiento femenino, Karen Horney, G. Kelly y B. F. Skinner; describen a la mujer como un ser empático, que necesita de conexiones emocionales para lograr desarrollarse plenamente en sus relaciones, desde la infancia con su madre en primer instancia, hasta la edad adulta con todas las personas con quienes se relacione (pareja, hijos, amigos, compañeros, vecinos etc.).

Estas conexiones se dan a través de la empatía, por ejemplo:

 Andrea llega del cardiólogo y les cuenta a Citlalli y a Blanca que le diagnosticaron una cardiopatía congénita; Citlalli y Blanca se conmocionan, por lo cual cuando la segunda llega a su casa, intenta compartir con su pareja aquello que experimentó tras escuchar la noticia de Andrea.

 El hombre intentará hacer un comentario sobre lo mucho que tendrá que cuidarse de no sufrir un infarto y cambiará inmediatamente de tema  —¿Vamos el domingo con mi madre?—. Blanca sentirá que esa conexión de empatía se rompió y buscará la manera de volver a conectarse emocionalmente con lo que siente; ya sea con el problema de Andrea, con la reacción de su pareja o con ambas.

Al no tener este tipo de conexiones y sentirse incapaces de cambiar esta situación, la mujer hace lo que puede para lograr esta empatía, y en ocasiones, la única manera que encuentra es cambiándose a sí misma para satisfacer las demandas empáticas de los demás y lograr la conexión.

Esto, es en términos generales el inicio psicológico por el cual las mujeres son en mayor número víctimas de violencia. La mujer misma, gracias a su necesidad de conexiones emocionales y la educación social que se da de ser “servicial y atenta”, muchas veces se degrada y llega a ser causante de este problema que aunque se redoblen esfuerzos y campañas no se ha podido solucionar.

“Mientras las mujeres no encuentren la fuerza y el valor que tienen van a seguir siendo víctimas de los demás y de sí mismas” comenta el psicólogo Yaír Hernández; la autoestimación y el buscar desarrollarse plenamente no es una tarea fácil, y muchos se dejan vencer por las presiones sociales.

Esto genera que la víctima no sea consciente del daño que se causa y que le causan al permanecer en ese estado de auto devaluación; sólo cuando la víctima es consciente y tiene la fuerza de carácter y voluntad para buscar ayuda y salir de esa situación es que se puede cambiar realmente y la mujer puede encontrar motivación para autorealizarse y valorarse, comenta el especialista.

Mientras tanto, en una charla con Ana Castellanos*, nos platicaba de lo difícil que fue su última relación y cómo la marcó. “me decía que me veía gorda y que estaba fea; sé que lo estoy, cuando me dicen bonita sé que lo dicen por compromiso porque la verdad… soy fea.

Nosotras somos responsables de esto.

Al no tener cuidado desde la educación de nuestras hijas, al descuidar el desarrollo de su personalidad y el incremento al valor que se tenga a sí misma; estamos fomentando la violencia hacia el género femenino y que probablemente, en el futuro, esa niña se vuelva una víctima de violencia por no saber poner un alto y reconocer su valía ante los demás.

Las campañas sociales que actualmente buscan fomentar el respeto hacia la mujer, no llegan a conseguir su objetivo, pues sólo “tapan” el pozo y el problema sigue ahí, escondido, latente en la comunidad. Sólo enfocándonos en la educación de los niños y las niñas es que se podrá erradicar este problema social, mostrándoles que cada uno tiene su valor y su dignidad como seres humanos y que nada, ni nadie tiene el derecho a humillarlos o maltratarlos.

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Perdonar sin olvidar

aPor: Alex Leurs

No me gusta París. Tiene todo lo que no extraño de una ciudad grande; tráfico, ruido, caos, masas de gente en dinámicas deshumanizantes y contaminación, entre otras. No obstante habría que ser muy testarudo para negar su grandeza. Es la ciudad cliché del romanticismo y la belleza. Joya arquitectónica, mina de oro cultural, patrimonio histórico, bastión de los derechos humanos y de la modernidad democrática. París es simbólicamente un testigo de las atrocidades que fundaron nuestro presente sociopolítico. En este sentido, el legado histórico parisino transmite una responsabilidad social de la cual es importante poder apropiarse si pretendemos aprender del pasado para encaminar los presentes por venir.

Recientemente descubrí, en París, el Memorial de los Mártires de la Deportación; se trata de un monumento a los que sufrieron y sobrevivieron los abusos de otros. Un recuerdo del alcance de la maldad pero también de supervivencia, de lazos y resiliencia. Y si bien es un monumento al pasado, también lo es hacia los que vuelven a vivir estas tragedias en la actualidad. O por lo menos, la promesa de que algún día también se hará uno para ellos. Claro, cuando ya sea demasiado tarde. Porque al parecer ese es el momento en el que a la mayoría se le facilita abrir los ojos; cuando es muy tarde para actuar.

Situado a espaldas de Nuestra Señora de París, justo donde la Isla de la Cité termina y el Sena se impone, un parque disimula escaleras que te confrontan, de forma inevitable, con una estructura que evoca la angustia de llegar a un lugar donde no eres (bien) recibido. Luego, una secuencia de salas. Desfilan imágenes, citaciones, videos, mapas, números y estadísticas que no dejan indiferente a nadie. Da la impresión de que sólo un sociópata o un ser que no quiere sentir puede salir intacto de esta visita; confundirlos sería un insulto para el primero.

La idea de escribir alrededor de esta experiencia surgió al instante en el que entré a la primera sala. Sin embargo, la convicción de que era necesario hacerlo llego al final, cuando salí y vi a gente asoleándose, tomando cerveza en el parque del memorial.

En la visita dos citaciones me inspiraron.

“Perdona. No olvides” –Anónimo.

Yo me pregunto lo que significa y lo que representa perdonar a aquellos que cometieron crímenes contra la humanidad. También me pregunto lo que significa no olvidar. Y si me lo pregunto es porque trato de aprehender la dimensión histórica de esos eventos y lo que pueden aportarnos. Sino un memorial no sirve para otra cosa que para calmar nuestra angustia. En ese caso seria pura hipocresía (y si bien no omito la hipótesis, prefiero ser optimista). La memoria no tiene sentido si se usa para atormentar, para designar culpables y recaer en tendencias nacionalistas. La memoria es la base del aprendizaje y es en ese sentido que te pregunto a ti lector, ¿cómo perdonamos algo que no conocimos? ¿Cómo aprendemos de eso?

“Pero el día en que los pueblos entiendan quienes eran ustedes, morderán la tierra de despecho y sus remordimientos los inundarán de lágrimas y les levantarán templos”

– Vercors-

Esta cita fue la que más me conmovió. Me hizo ver que actualmente corremos el riesgo de querer morder la tierra en el futuro. En cualquier otra época ya estaríamos hablando de guerra. Nuestro presente, envuelto en lo virtual, facilita la banalización del sufrimiento de otros. Porque si puedo ver a la gente sufrir desde mi jacuzzi entonces, tal vez, después de todo, no sea tan grave. Si puedo tolerar verlo y saberlo entonces la dimensión dramática se desmorona. Y es que así nos veo. Tomando el sol sobre la memoria de los que han sufrido excesos humanos. Como si eso no pudiese pasarnos. Como si eso ya no pudiese pasar. Sin embargo, no solo esta pasando, sino que nos oponemos a responder de forma humana a una crisis social argumentado política, economía y distancia.

En la Segunda Guerra Mundial habían deportaciones, trincheras, campos de trabajo, campos de exterminio, intolerancia a la diferencia (porque no solo fueron víctimas los judíos sino también los negros, los árabes, los discapacitados y los homosexuales, entre otros), muertes, sangre y periodicazos. Hoy en día tenemos twitter e instagram, videos y fotos, migración forzada, puertas cerradas, miradas volteadas, drones y –aparentemente– algunos campos de trabajo forzado para homosexuales en Ucrania. Que las formas cambien no significa que no estén en juego los mismos valores, las mismas libertades, los mismos miedos, las mismas esperanzas. Y eso, se nos está escapando. Ojo, no hablo de la información sino de su alcance y de su significado.

Entonces, regreso a la primera citación. ¿Qué es perdonar sin olvidar?

El primer esbozo de respuesta que puedo proponer es que en una lógica dialéctica los opuestos permiten avanzar mediante síntesis. Tengo miedo de vivir sin entender lo que está en juego. Sería un insulto a nuestros antepasados que defendieron con sus vidas un ideal. No sé cuál sea ese ideal. Únicamente puedo decir que me parece que hoy en día nuestros ideales se limitan a la imagen y algunos otros indicadores banales y superficiales. Y que esos ideales no se ven trastocados por el sufrimiento humano. Al contrario, se ven reforzados como una pantalla de protección.

Tal vez la mayor lección es que el ser humano se puede deshumanizar, que la maquina que hemos creado tiene en su algoritmo la tendencia a apagarnos mediante la homogeneización de la cultura y de las formas de ser.

Entonces, saliendo del memorial, viendo a la gente sin camisa, bebiendo sobre ese parque, me vino a la mente el movimiento de los Indignados. Porque, ¿cómo no indignarse? La historia permite contextualizar el presente, reflexionarlo para construir el por venir. No hay una buen camino. Pero repetir la historia o tolerar la repetición de errores del pasado, eso si que debería ser indignante.

Retomando la construcción de Mujica; esto no es una apología al intelectualismo, es una apología a lo humano comprometido.

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Los 9 momentos más indignantes de la guerra contra el narco

Por: Andrés Gómez Laborín – @a_gomezl

Estamos en guerra. Llevamos poco más de diez años en guerra, de eso no debería de haber duda. Pero la hay, o por lo menos actuamos como si no estuviéramos. Los enfrentamientos y los asesinatos han dejado ya las primeras planas de los periódicos y ahora están en las páginas interiores. La violencia ya no es noticia, la administración de Peña Nieto se ha esforzado en sacarla de los encabezados, y ya sea por éxito de su parte o por hartazgo de la nuestra, así fue.

Preferimos pensar en otra cosa porque el tema nos perturba. Nos excusamos con frases como “se están matando entre ellos” o “son estados como Michoacán y Guerrero, aquí está súper tranquilo”, pero en poco más de una década han desaparecido más de 28,000 personas (¡¡!!) y muerto más de 150,000 (¡¡¡¡!!!!). El 2016 fue el año con más homicidios desde 2011 y 2012, cuando la violencia alcanzó su pico. Para poner en perspectiva la magnitud del conflicto, te presentamos los 9 momentos más representativos e indignantes de esta guerra:

1. Los Garza de Allende

En marzo de 2011 Los Zetas desaparecieron a todas las personas de apellido Garza en Allende, Coahuila. José Luis Garza era uno de los operadores del cártel en la región, y después de quedarse con una tajada de las ganancias (sin discutirlo con el cártel, me imagino), el grupo criminal tomó venganza sobre él y toda su familia. Se tiene evidencia de 42 desaparecidos, aunque algunas versiones hablan de más de 300[i]. 26 personas fueron encontradas muertas e incineradas en dos ranchos de la familia Garza, y de los otros 16 no se sabe nada.

2. Los migrantes de San Fernando

En agosto de 2010, viajaban dos camiones con 77 migrantes centro y sudamericanos rumbo a la frontera. A la altura de San Fernando, Tamaulipas, fueron detenidos por un comando de Los Zetas. Fueron llevados a una bodega, donde les ofrecieron trabajar con ellos a cambio de sus vidas; sólo uno aceptó. En la bodega fueron encontrados 72 cuerpos, muertos a balazos. 58 hombres y 14 mujeres fueron asesinados ese día. 5 de los 77 pasajeros sobrevivieron.

3. El ataque a Morelia

Era la noche del 15 de septiembre de 2008 en la plaza principal de Morelia. Las fiestas por el aniversario de la Independencia de México ya habían empezado y el ambiente era de celebración. De pronto, se detonan dos granadas que acaban con la noche, matando a 7 personas. El ataque no tenía el objetivo de matar a una persona en particular; fue un acto de terrorismo del crimen organizado contra la sociedad. A la fecha no se conoce a los responsables.

4. Bar Heaven

La Ciudad de México había sido relativamente inmune a la violencia en el resto del país, tanto así que el candidato idóneo en las elecciones de 2012 no podría más que ser el Procurador, Miguel Ángel Mancera. Un año después, a finales de mayo de 2013, son “levantados” de un bar en la céntrica Zona Rosa 13 jóvenes que posteriormente fueron encontrados en una fosa junto con algunas armas. Al parecer se trató de un ajuste de cuentas entre dos grupos narcomenudistas locales.

5. La muerte del candidato

Rodolfo Torre Cantú era candidato a la gubernatura de Tamaulipas por el PRI cuando fue asesinado en junio de 2010. Según la investigación, el candidato no quiso cooperar con el Cártel del Golfo y esto lo llevó a su muerte. A la fecha es quizá la figura política de más alto nivel en caer a manos del narcotráfico. La sensación es que nadie está a salvo. Es plata o plomo.

6. La Tuta y el hijo del góber

En 2014 salieron a la luz videos en los que Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, líder de los Caballeros Templarios, y Rodrigo Vallejo, hijo del entonces gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo, tomaban cerveza y discutían temas que tenían que ver con el gobierno de la entidad. Entre problemas de salud y acusaciones de vínculos con el narcotráfico, Vallejo terminó por renunciar a la gubernatura ese mismo año.

7. Tlatlaya

La versión oficial fue que habían muerto 22 criminales en un enfrentamiento con las Fuerzas Armadas en Tlatlaya, Estado de México. Tras una investigación, la Comisión Nacional de Derechos Humanos determinó que por lo menos 15 de los 22 fallecidos habían sido ejecutados, y que la escena había sido alterada para que pareciera que habían muerto en un enfrentamiento. Varios eran michoacanos y habían sido obligados a trabajar para el crimen organizado. Tres eran menores de edad.

8. Los 43 de Ayotzinapa

El caso que más estremeció al país y dinamitó la aprobación de Peña. A finales de septiembre de 2014 un grupo de normalistas que viajaban en varios camiones son interceptados por la policía municipal de Iguala, Guerrero. Los estudiantes arrojaron piedras… Y los policías balazos. Desaparecieron 43 estudiantes. Entre investigaciones enredadas y verdades históricas, el alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y su esposa, María de los Ángeles Pineda, son señalados como responsables, y el entonces jefe de la PGR, Jesús Murillo Karam, anuncia que los estudiantes fueron asesinados e incinerados en un basurero. El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes desmiente la versión oficial, y aunque ciertos restos han sido identificados, aún no sabemos qué pasó con ellos.

9. Otra vez San Fernando

Karen, hija de Miriam Rodríguez, fue secuestrada cuando tenía 14 años en San Fernando, Tamaulipas. Miriam, ante la incompetencia de las autoridades, buscó a su hija y a los criminales que se la llevaron. Karen fue encontrada sin vida en una fosa clandestina, y su madre llevó a cabo una investigación y presentó evidencia suficiente para procesar a 16 narcotraficantes y enviar a 13 de ellos a la cárcel por la desaparición y asesinato de su hija. A partir de entonces, Miriam dedicó su vida a la búsqueda de los desaparecidos por la guerra, recibiendo amenazas constantes por parte de criminales y poca protección por parte del gobierno. El 10 de mayo de 2017, en pleno Día de las Madres, fue asesinada afuera de su casa.

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[i] http://www.animalpolitico.com/2016/10/desaparicion-masiva-en-allende-coahuila-quedo-en-el-olvido-institucional-colmex/

El origen de la violencia

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Por: Paola González – @PaolagabbieG

La historia de la humanidad está plagada de conflictos y actos violentos. Constantemente se han hecho investigaciones y discursos acerca de la violencia que ha sido blandida desde la aparición de nuestra especie; incluso algunos se atreven a especular que sin esta situación jamás habríamos desarrollado un pensamiento científico y tecnológico como el que tenemos hoy en día.

¿Qué es lo que la detona?

¿Es una reacción inherente al ser humano?

¿Acaso falta la razón o el respeto en la crianza?

Sí, Freud afirmaba que es un acto instintivo, proveniente de nuestros genes y patrones evolutivos. Sin embargo, la ONU ha respaldado un acuerdo médico afirmando que es un efecto social que detona según el contexto de la persona violenta. Teniendo en cuenta que hay tantos estudios que se suprimen el uno al otro según el enfoque y el campo de estudio que se utilice, hasta el día de hoy los estudiosos no han podido llegar a un acuerdo.

Por otra parte, Tomás Moro (Sir Thomas Moore) en su obra “Utopía” explica que si la sociedad misma le niega las oportunidades de desarrollo adecuadas a su gente y crecen para convertirse en ladrones y asesinos, que queda más que concluir que la misma sociedad castiga a quienes ha dejado desvalidos. Esta obra podría explicar medianamente la razón de la extremada violencia que sufre y ejecuta el ser humano.

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Hemos crecido escuchando que somos el pináculo de la evolución, que el hombre es el único en el reino animal capaz de razonar; que en ese razonamiento está el goce de la vida, el amor, el uso de la inteligencia como herramienta y el desarrollo cognitivo superior. Hemos creído que TODAS las personas que sufren en carne propia la violencia retorcida de una voluntad mezquina se vuelven unos mártires benditos de la comunidad.

Creemos que la vida es una constante lucha en la que el más fuerte siempre se impondrá ante el débil; no nos damos cuenta que en ocasiones esa persona que venció fue en una ocasión esa persona que fue rota, retorcida en el dolor y que perdió toda esperanza de redención, de una vida digna, de paz y justicia.

No es la genética la que detona comportamientos crueles, no es nuestro ancestro primitivo el que nos incita a la venganza. No es nuestro instinto animal el que decide y planea toda una masacre. Una vez un anciano con los ojos arrasados en lágrimas le contó a su nieto sentado en su regazo cómo en tiempos de la Revolución Mexicana, él mismo siguió al ejército de Pancho Villa y entró a las ciudades ocupadas precedido por un río interminable de carmesí. Cuerpos colgando de los alféizares, vida hecha lluvia de lágrimas, sudor y sangre.

Si los especialistas juran que estamos en la época más pacifista y consciente de la historia; las millones de voces víctimas del trato inhumano en cualquier sentido gritan diciendo “MENTIRA” “CALUMNIA” “TRAICIÓN”. Desde los asaltos a mano armada, los feminicidios constantes, la represión política, segregación, asesinato por armas químicas, el mundo entero dice BASTA.

Se necesita ser valiente para tenderle la mano a quien ha sido cegado y no puede encontrar la esperanza y la redención. Sé luz, sé un puente sobre aguas turbulentas. Sé un milagro para quienes lo necesiten; no solo un post en redes sociales sobre lo terrible que te sientes viendo cómo la humanidad se destruye a si misma.

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Acción y palabra: ¿hasta la victoria siempre?

Yoga

Por: Alex Leurs

El Bahavagad-Gita, elemento central del poema Mahabarata, es uno de los textos sagrados más importantes del Hinduismo. Escrito originalmente en sánscrito —la lengua sagrada de los dioses—, se le considera como el texto fundador de la filosofía yóguica. En él, Krisna dialoga con el príncipe Aryuna en la víspera de la batalla de Kurukshetra. Reflexionando sobre el camino espiritual, el príncipe pone en duda su involucramiento en la batalla. Perseguido por una comprensión moralista del mundo considera que emprender la batalla, una acción que traería la muerte de conocidos, es incompatible con una vida que pretende romper el ciclo de las reencarnaciones (Samsara). Sin embargo Krisna señala que la acción es una de las vías principales para romper el Samsara y que la vida le ha dado las herramientas para dirigir la guerra. Es su responsabilidad usar esas herramientas y por lo tanto, en este caso, Aryuna debería no solo emprender en la batalla sino ganarla.

Detrás de las palabras de Krisna se encuentra el corazón de la doctrina yóguica. Sí, el yoga es una filosofía de vida que se centra en la acción y, más específicamente, en el alineamiento de la acción con la intención. De esta manera queda que toda acción se puede realizar de dos formas: siendo —o no— “consciente” de lo que se hace, por qué y cómo se hace. El yoga no puede ser reducido a su versión Occidental consumista: tapetes de colores, licras bonitas, botellitas con agua purificada, la esperanza de un mejor cuerpo, una o dos horas a la semana. El yoga trae la mente a la acción. Puedes hacer yoga mientras lavas los trastes, cantas, haces ejercicio o el amor. Es el matrimonio del cuerpo con la mente en el presente: la intención alineada con la acción. La filosofía yóguica nos ayuda a exponer las condiciones en las cuales la acción es fuente de cambio, de ruptura de patrones en el sentido largo de la palabra.

En el transcurso de su diálogo Krisna invita a Aryuna a considerar un panorama más grande. ¿Cuál es el sentido de su acción? ¿Qué es lo que defiende? ¿A quién protege? ¿De qué? ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene esta batalla a la luz de la historia? ¿De su historia? Pelear por pelear y pelear por defender a tu prójimo no es lo mismo. Podríamos decir que se trata de pelear con el corazón en la mano, con la convicción de que esa pelea tiene un objetivo que merece ser perseguido.

Ahora bien, en este artículo no pretendo reproducir el contenido de un texto sagrado y mucho menos vulgarizarlo. Más bien se trata de un punto de partida para reflexionar sobre las acciones en nuestro presente político, económico y social.

En el presente que nos toca compartir me parece que la palabra (individual, ciudadana y/o colectiva) ocupa un lugar paradójico: si bien parece estar legitimada no parece abrir caminos de alternativas. La palabra está habilitada porque en el inconsciente colectivo occidental la democracia y la libertad destronaron la autoridad tiránica y la represión. Y si bien es verdad que la(s) palabra(s) puede(n) —en algunas circunstancias— llegar a representar una acción, también es verdad que la palabra puede ser usada para eludir la acción. Las plataformas sociales han generado un espacio ilusorio en el cual las opiniones se transforman en enunciados arrojados en un barranco a un vacío que fantaseamos está repleto de gente esperando por nosotros. En esta configuración, dar su opinión parece ser sinónimo de una acción que reivindica una toma de posición. La paradoja radica en que el eco de nuestras intenciones muere en el vacío del barranco al buscar un amplificador de señal que pueda crear de él una acción. Y si hace falta un receptor para cargar la palabra y transformarla en acción es porque nosotros mismos no sabemos cargar con nuestras vociferaciones. Palabras fuertes en bocas débiles. Hoy por hoy hablamos fácilmente de revolución, en el plato, en la calle, en la economía y en la política. Pero, ¿quién entiende realmente el alcance de usar esa palabra? ¿Lo que supone? ¿Lo que incita? ¿Las puertas que abre? ¿Sus repercusiones? ¿Su significado?

Decir que vivimos momentos nunca antes vistos sería una ablación total de la historia (típica del egocentrismo humano). Sin embargo, estos parecen ser tiempos cargados de un ambiente que grita: indignación. Cambio. Ahora o nunca. Tal vez sea el peso de la historia que nos recuerda que se repite. Lo que hoy en día vivimos tanto a nivel nacional (corrupción, violencia, inseguridad, incertidumbre, descontento, falta de cohesión social) como a nivel internacional (Trump, Brexit, Le Pen o Mélenchon, Syria, Venezuela, Corea del Norte, Ukrania) parece ser la repetición de un viejo escenario con actores diferentes. Lo que hoy se repite es el ser humano intolerante, desolado y alienado en busca de métodos para defenderse de una amenaza exterior que en realidad es interna y consecuente del miedo a la diferencia. La historia se repite, nos la han cantado desde niños, pero hace falta un poco de perspectiva para darse cuenta de la veracidad de esas palabras. Sentir el peso de la “Crónica de una decadencia anunciada”. La historia se repite y tenemos —a mi parecer— mayor obligación que nuestros antepasados a emprender acciones coherentes con lo que hemos aprendido de lo que ellos han vivido. Deberíamos considerar el peso de la palabra revolución ante la luz de la historia de nuestros antepasados. De alguna manera, todos somos productos de una historia cuyas dimensiones trascienden las de una sola vida.

La pregunta entonces es: ¿qué estamos haciendo? ¿Cómo hemos asumido esa responsabilidad que la historia y nuestro presente de conectividad e información nos arrojan implícitamente? ¿Asumimos esa responsabilidad? O, como Aryuna, ¿intentamos rehuirla? Como él, podríamos enfrentar nuestra comprensión limitada de la historia y los procesos que la escriben para asumir nuestra responsabilidad hacia la vida. Podríamos movernos con el corazón en la mano. En una época en la que viejos fantasmas que creíamos estaban tirados en la lona regresan para acecharnos, nos hemos quedado como venados lampareados.

La magnitud de algunos eventos de nuestro presente es abrumadora y nuestras respuestas parecen ladridos de perro enojado pero con la cola entre las patas. No metemos las manos al fuego por nada y, cuando pretendemos hacer algo, nuestras acciones brillan por tener mecha corta y poca gasolina. Entonces, retomando las enseñanzas de Krisna, ¿qué tipo de acciones estamos llevando cada uno de nosotros para contrarrestar esta ola de violencia e inhumanidad a favor de la economía e interés de algunos cuantos? La historia se repite y aunque pueda parecer cliché, sabemos cómo esta historia puede acabar: en repetición, más de lo mismo. La repetición es una forma de cárcel. La información ya la tenemos. En esta época de redes sociales no saber no es argumento. No querer sí lo es pero es una postura que hay que asumir. Porque se vale ser egoísta pero no se vale ser hipócrita.

Tal vez hoy por hoy únicamente las acciones puedan marcar una diferencia.

Tal vez las acciones que hoy necesitamos van mas allá de mensajes inspiradores como los de Prince EA.

Tal vez la palabra ha llegado a su límite al ser explotada como pantalla para obscurecer la falta de acciones.

Tal vez la palabra sin acción se asemeja a lo que Lacan describió como palabra vacía: fuente de angustia e inmovilidad.

La acción permite la realización de la palabra. En un contexto en el cual la palabra ha sido violada (en todos sus sentidos) solo la acción puede devolverle su estatuto que alguna vez pudo tener. Porque cuando palabra y acción no están acordadas, las fuentes de cambio y transformación permanecen ocultas…

Espero dejarte con preguntas. Estoy convencido de que son mas útiles que las respuestas…

…. Eso sí, el chiste de una pregunta es que sostenga un acción,

“Hasta la victoria siempre”.

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Por qué amo y odio la CDMX

 

Sofía Bosch – @sboschg

La Ciudad de México me encanta, pero muchas otras veces también me horroriza. Tengo sentimientos encontrados. Una relación amor-odio con mi ciudad natal.

No me gusta sentirme insegura caminando por la calle y estar constantemente alerta, me da mucha tristeza subirme a cualquiera de las líneas del metro que no sea la dorada: están sucias y saturadas pero por otra parte el tráfico me vuelve loca. Leo las notas con respecto a robos, homicidios y presencia del crimen organizado en la capital. Empieza la ebullición dentro de mí. Un enojo y repulsión total hacia mi ciudad. Me dan ganas de quedarme a vivir en el extranjero para siempre.

Luego me acuerdo de las caminatas que hacía por el Centro Histórico con mis ex compañeros del trabajo, de lo mucho que me encantan los chicharrones de carrito con Valentina (de la que no pica y con limón), que los domingos de conciertos en la Sala Nezahualcóyotl son increíbles, de los mariscos del Danubio en la calle de Uruguay, de mis recuerdos de infancia andando en bici con mi papá por Ciudad Universitaria y que jamás le digo que no a unos esquites del carrito que se pone en frente de la iglesia en la glorieta de la Guadalupe Inn. Entonces se me llena el corazón. Me emociono. Me dan ganas de regresar a vivir a mi ciudad, a la que siempre ha sido mi casa.

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Hace unos meses que no había venido de visita.

Voy pasando frente al metro Barranca del Muerto dirección sur, volteo y a mi lado derecho hay un nuevo mamotreto. Se llama Portal San Ángel, un nuevo centro comercial que acaba de abrir. Empieza en mi una cocción de enfado hacía la CDMX.

Los logotipos de los comercios anunciados llaman mi atención. Cinépolis: pff, para que nos pasen la misma película malísima de Derbez que también se proyecta en el las otras miles de salas del país. Sam’s Club: no vaya a ser que no tengamos donde comprar paquetes gigantes de Cocas de 2 litros. Starbucks: claro, para echarnos el cafecito pretencioso de 60 pesos después de la comida. Recórcholis: ¿Qué es esto, el 2002?

Y por supuesto la epítome de los centros comerciales mexicanos: un Italiannis.

Los que me conocen saben que se me pone roja la cara cuando me enojo. Aquí me iba a explotar.

¿Cuándo dejaremos de construir centros comerciales a diestra y siniestra en la ciudad? ¿Cuándo aprenderemos a que vale más apostar por espacios públicos donde la cohesión social no esté sujeta a la capacidad de adquisición de las familias, pero a la convivialidad?

Los vecinos de Pedregal de San Ángel acaban de frenar la construcción del Picacho Lifestyle Center (qué vergüenza de nombre, por fortuna lo cambiaron a ARTZ Pedregal) también conocido como el “Antara del Sur”, el centro comercial a cargo del Grupo Sordo Madaleno desarrollador del visible Antara de Polanco. Reclaman reparen el daño ambiental que ha producido la construcción —la tala de más de mil árboles así como los problemas ocasionados por los derrumbes y desgajes de hace unos meses a metros de la lateral del Periférico. La desarrolladora deberá retribuir a la zona por medio de la planta de árboles, restituir 20 mil metros cuadrados de áreas verdes así como la planeación y construcción de vialidades para evitar el caos que la entrada y salida de autos del centro comercial generará sobre el Periférico. (Como referencia solo hay que ver lo que la plaza Oasis Coyoacán ha producido sobre Miguel Ángel de Quevedo).

Le aplaudo a los vecinos por pedir una rendición de cuentas a nivel logístico y ambiental, pero esto debería de haber sucedido antes de que la construcción comenzara. Nos deberíamos de enfurecer cada vez que se propone la construcción de un nuevo centro comercial en lugar de un espacio público verde. Su impacto no es únicamente a nivel ambiental, está también ligado a cómo nos vemos como sociedad.

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Trato de respirar lento para que se me baje el enojo pero no puedo. Mi aborrecimiento hacía esta ciudad está llegando a un límite. Y por supuesto no puedo respirar bien porque hay contingencia ambiental y el cielo está gris por la contaminación.

Llego a la Plaza del Carmen. Ya no camino, pero voy marchando furibunda.

Se me cruza el chicharronero…

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10 pesos después me estoy zampando un chicharrón grande cortado en tiritas con Valentina de la que no pica y limón. Veo a mi alrededor y la Plaza del Carmen está llena de gente, sentada en las bancas, descansando, caminando, paseando. Volteo al cielo y sus altos árboles y jacarandas me hacen sombra. Doy un buen respiro y vuelvo a amar a mi Ciudad de México.

[Después de mi chicharrón, seguí caminando y dos cuadras adelante casi llegando a Plaza Loreto me encontré con OTRO nuevo centro comercial: Patio Revolución, y seguí y me topé con OTRO (!!): Plaza Vista Pedregal. ¿Qué diría Jane Jacobs de nuestra ciudad?]

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