Noguchi en Queens

img_2155

Por: Angélica Creixell – @angecreixell
Fotografías por: Andrés Hernández

Un día a mediados de agosto decidimos conocer una parte nueva de Nueva York. Coincidió con ser el día más caliente del año, estábamos a 38 grados Celsius con una sensación de 42. Al salir a caminar, sentí una ola de calor similar a la que se siente cuando uno abre la puerta del horno. La ciudad parecía un pueblo fantasma en uno de los siete círculos del infierno. Las calles completamente vacías extrañando las hordas de turistas recluidos en cafés y tiendas. Parecía como si el calor fuera una amenaza silenciosa e invisible pero mortal. Aún así, no dejamos que esas temperaturas extraordinarias se interpusieran en nuestro camino. Yo había visitado el museo Noguchi hace seis años. Ese día estaba cerrado el jardín y dado que Noguchi tenía ascendencia japonesa, tenía ganas de ver lo que logró hacer de un terreno medio perdido en Queens.

Nos bajamos en Astoria, un barrio más chaparro, más latino y más sucio que el nuestro. Ese día estaba igual de vacío debido a las temperaturas infernales causadas por el cambio climático. Caminamos 15 minutos para llegar al museo, era imposible emitir sonidos porque toda nuestra energía estaba concentrada en no pensar en el calor. Por fin, llegamos al edificio de ladrillos en forma de triángulo con unas letras blancas: “Noguchi.” Era como ver un oasis en medio del desierto, no sabíamos bien si ya habíamos llegado o era sólo la ilusión de encontrar un lugar con aire acondicionado.

El museo tiene una distribución muy interesante. La recepción no mide más de 10 metros cuadrados y entrando a la izquierda está la entrada al jardín de esculturas. Una característica interesante del museo es que el visitante se topa con las piezas más recientes del artista primero, es decir, una retrospectiva en reversa. El espectador puede ver el crecimiento artístico y cambio de materiales y técnicas hacia atrás. Se crea una perspectiva única. El edificio en sí es una pieza más de la colección, las galerías son espacios de techos altos con luz natural y con toques medio industriales. Me recordó al estudio de Diego y Frida en Altavista en la Ciudad de México. De repente, las esculturas de Noguchi aparecen entre las paredes o en el piso, otras parecen espectadores y se confunden con los visitantes. Cada pieza crea un espacio dentro de la galería y se complementa con la siguiente pieza. Los colores y las formas de las piedras que usa en sus esculturas coinciden con el cuarto en el que se encuentran.

img_2311

El jardín, las bancas, las fuentes y las lámparas además de ser bellas cumplen una función. Noguchi borró la línea delgada entre el diseño y el arte no sólo en objetos, si no también en las esculturas mismas. Usa la composición de la piedra, las formas hechas por la naturaleza y las incorpora en su obra de arte y al espacio que ocupan. En la cafetería del museo, hojeé la biografía del artista. Isamu Noguchi nació en 1904 en Los Ángeles pero vivió hasta los trece años en Japón. Empezó sus estudios de medicina en la Universidad de Columbia pero se desvió a la escultura al tomar clases en el sur más bohemio de la ciudad. Pronto su talento relució y su expresión artística tomó la forma de esculturas, cerámica, lámparas, proyectos públicos y diseño de escenografías. Usó su arte con fines de protesta pública y manifestó su apoyo a Japoneses Americanos después de Pearl Harbor. En 1985 fundó el Museo Noguchi con la idea de fusionar un espacio público con obras de artes [1].

img_2310

Estaba fascinada con la biografía y las creaciones del artista. Al hojear rápido otro libro sobre su vida, saltó una foto de Frida Kahlo. Según una entrevista con la curadora del museo, Noguchi tuvo un amorío con Frida mientras creaba el mural en relieve, History, As seen from Mexico en el Mercado Aberlardo L. Rodríguez en la Ciudad de México [2]. No sé por qué eso me hizo sentir una conexión más hogareña con el museo y con el artista. Esa tarde, Noguchi nos rescató de un día que el resto de los neoyorkinos perdieron al resguardarse del calor, y yo sentí una paz extrañamente mexicana en ese infierno de calor sentada en un jardín con influencias japoneses.

[1] http://www.noguchi.org/noguchi/biography

[2] Wendolyn Lozano Tova. “Isamu Noguchi: On Becoming an Artist.” Literal. April 24, 2012. http://literalmagazine.com/isamu-noguchi-on-becoming-an-artist/

6_AngelicaCreixell

El futuro del Euro

A damaged one Euro coin being held in a vise is pictured in this photo illustration taken in Warsaw September 11, 2012. REUTERS/Kacper Pempel

Por Andrés Gómez – @a_gomezl

A partir del referéndum que se llevó a cabo en junio y mediante el cual los británicos decidieron salir de la Unión Europea, existe una gran incertidumbre acerca del futuro del Euro.

Antes de poder entender la controversia alrededor del tema, es necesario entender la diferencia entre Europa, la Unión Europea y la Eurozona.

  • Europa es, como siempre ha sido, un continente con una extensión territorial fija y bien definida.
  • La Unión Europea es una asociación económica y política que incluye, entre otras cosas, un mercado único, en el cual pueden transitar e intercambiar libremente personas, mercancías, servicios, y capitales entre los países miembros. Es decir, una persona nacida en Eslovenia puede trabajar en Francia, y un bien producido en Chipre puede ser vendido en Escocia sin mayores trabas. Al día de hoy, y mientras el Reino Unido no salga oficialmente de ella, la Unión Europea está formada por 28 países, que mantienen gobiernos autónomos.
  • La Eurozona (o Unión Económica y Monetaria) es un subgrupo de los países que conforman la Unión Europea que, además de participar en el mercado único, tienen una sola moneda: el Euro.
    19 de los 28 países miembros de la Unión Europea son parte también de la Eurozona.

Más allá de estas diferencias, es conveniente recordar que los gobiernos nacionales tienen 3 maneras principales de influir en la economía: la política fiscal, cómo se gastan los recursos del gobierno y de dónde se obtienen esos recursos; la política monetaria, el manejo de las tasas de interés y tipos de cambio para intentar controlar la inflación y/o estimular la economía; y la política industrial, el diseño de incentivos para propiciar la expansión de ciertos sectores. Aparte de estos tres, existe un sinnúmero de factores que pueden afectar el desempeño económico (el estado de derecho, la desigualdad, política educativa, etc.), que no son menos importantes, pero sus efectos son más graduales.

Ya que los países miembros de la Eurozona comparten una sola moneda (o sea, una misma política monetaria), si uno de ellos se enfrenta a una desaceleración no puede devaluar su moneda para hacerle frente (al devaluar su moneda, el país en cuestión hace que sea más barato para los extranjeros comprar sus productos, y más caro para sus habitantes comprar productos del exterior, viéndose incentivados a comprar productos locales).

Los problemas de la Eurozona se volvieron más evidentes a partir de la crisis financiera global de 2008 y la crisis europea de 2011, en la que países como Grecia, España, Portugal, Irlanda e Italia se vieron profundamente afectados. Mientras que el desempleo en Alemania (el país más próspero del grupo) se encuentra en 4.2%, España tiene una tasa de 19.9% y Grecia de 23.3% [i], y la diferencia es aún mayor si se considera sólo a la población joven. Ahora consideremos que Grecia cedió el control de una de las tres herramientas más eficientes que tiene para hacer frente a esta situación a un ente regional, y que este ente tiene que adoptar la misma política monetaria para 19 países con distintos entornos regulatorios, políticos y demográficos.

Recientemente, Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía y ex–economista en jefe del Banco Mundial, publicó el libro The Euro: How the common currency threatens the future of Europe o El Euro: cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa [ii]. En él narra algunas de las complicaciones mencionadas, argumentando que el error del Euro es de origen, pues la disparidad entre los países que lo utilizan lo vuelven insostenible en el largo plazo si las autoridades europeas no logran ponerse de acuerdo en mejorar las distorsiones. Entre las medidas que propone para asegurar la viabilidad de la moneda se encuentran la emisión de deuda conjunta, el respaldo de depósitos bancarios entre los países de la zona y la creación de un fondo de desempleo regional y no nacional. Todas estas medidas están orientadas a que los países compartan no sólo los beneficios, sino los riesgos, volviéndose así una verdadera unión.

El clima político en Europa es frágil, y las decisiones que se tienen que tomar para la supervivencia del Euro pueden resultar poco populares. El Brexit, el posible referéndum en Italia (que podría conllevar a un cambio de Primer Ministro), la inestabilidad del gobierno español, la crisis migratoria y las próximas elecciones en Francia, Alemania y Holanda no hacen mas que empañar el entorno. Stiglitz dice preferir un “divorcio amistoso” antes que continuar con la estructura actual, pero preferiría ver una solución que permita un futuro en el que el Euro exista.

[i] http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/File:Unemployment_rates,_seasonally_adjusted,_June_2016.png

[ii] http://www.economist.com/news/books-and-arts/21705304-course-fail

https://www.theguardian.com/books/2016/aug/22/the-euro-and-its-threat-to-the-future-of-europe-joseph-stiglitz-review

http://uk.businessinsider.com/joseph-stiglitz-on-italy-collapse-and-the-end-of-the-euro-2016-8

8_AndresGomez

El Muerto

cementerio

Por: Ernesto Gómez – @EGH7

Para cuando terminó su tercera taza de café ya se sentía listo. A Eladio le esperaba una noche larga. La primera de muchas en su nuevo empleo velando el cementerio del pueblo donde estaban enterrados todos sus ancestros y los de sus vecinos que, en la mayoría de los casos, eran los mismos. El pueblo era tan chico que la mayoría estaban emparentados por un lado u otro.

Eladio no sentía ningún placer por comenzar a trabajar y menos de noche en la soledad del cementerio. No sentía miedo alguno, pues él siempre creyó que lo muerto así se quedaba y no había mucho más que verle. Pasar las noches sin sueño era lo que le molestaba, pero su madre le dijo que ya era hora de que comenzara a trabajar y, con la muerte de José el viejo velador, esta era la única oportunidad que tenía a la mano.

Salió con paso rápido pues, a pesar de no querer el trabajo, no quería llegar tarde en su primer día ni quedarle mal a su primo Leobardo, quien se encargaba de enterrar a los muertos cuando los había y recomendó a Eladio para la vacante. Tenía que atravesar todo el pueblo para llegar al cementerio, pero eso no era gran problema. Sojón era uno de esos pueblos chicos en medio de México que parecían olvidados por el tiempo y la gente. Aquí la vida transcurría lenta y sin prisas, pues no había porque apurarse y lo más eventual que pasaba en la vida de sus pobladores era la muerte, propia y ajena. La muerte de José era de lo único que se hablaba ahora y se hablaría de ello por un rato, antes de volver a hablar del clima y la siembra.

Encontró el cementerio vacío excepto por Agapito Apolinar, el encargado de los espacios comunes del pueblo. Agapito lo recibió con una sonrisa y le explicó brevemente sus simples labores: turnos de 7 de la noche a 7 de la mañana todos los días, excepto en festividades. Su labor era evitar que los de Mezquil, el pueblo vecino, robaran algo de las tumbas.

-Son una bola de maricas- le dijo Agapito- con verlo a uste’ alcanza pa’ que se vayan, Eladio. Nomás no me vaya a faltar sin avisar que, con lo chico que está Sojón, me voy a enterar, muchacho.

Eladio asintió y, sin decir más, Don Agapito lo dejó solo con sus pensamientos y los muertos. Caminó hasta donde se encontraba la pequeña cabina de vigilancia pensando como con este horario, no era ninguna sorpresa que José hubiera muerto sin esposa ni hijos. No acabaré así yo se prometió. Pasó junto a donde habían enterrado a José ese mismo día. La tierra todavía estaba fresca y la lápida de piedra ya estaba lista con el nombre y las fechas de nacimiento y muerte, además de la campana con su hilo. En Sojón a todos se les enterraba con una campana atada al pulgar derecho por medio de un hilo. Esto era para evitar que a alguien se le enterrara vivo por error y la hicieran sonar en caso de encontrarse en esa horrible situación. Hasta ahora sólo el viento había hecho sonar las campanas, pero la fobia seguía latente.

Este miedo venía desde los tiempos de Trinidad Nieves, el único hombre rico que había vivido en Sojón. Trinidad llegó a Sojón un día por accidente, un hombre de 55 años que perdió su camino y quedó fascinado con el lugar. A las dos semanas volvería con sus hijos y su dinero para construirse una casa en la cual pasar el resto de su vida. La llegada de este hombre cambió al pueblo, pues dio empleo a muchos en la construcción y cuidado de sus tierras, además de que siempre fue un hombre festivo que hacía grandes convivios en su casa. Incluso se consideró renombrar al pueblo en su honor. Un día al señor Nieves se le encontró tirado a un lado de su cama y sus hijos, prontos a querer recibir la herencia e irse de Sojón, lo declararon muerto sin confirmar el hecho. Ya se hacían los preparativos para su funeral y la gente ya le lloraba con tristeza cuando de pronto recobró conciencia Trinidad y quedó traumado con el miedo de haber despertado bajo tierra. Del señor Nieves ya sólo quedaba su tumba y su casa abandonada desde el día en que sí murió.

Una vez estando cómodamente en la cabina (o lo más cómodo posible dadas las circunstancias), se dispuso Eladio a leer una revista que le había prestado su mamá. En Sojón sólo se podían adquirir materiales impresos una vez al mes en la tienda de Apolinar, por lo que esta revista le tenía que durar buen rato para no aburrirse. El entretenimiento de la revista probó ser efímero y pronto se encontró Eladio viendo a la pared. No fue un infarto, sino aburrimiento lo que acabó matando a José pensó Eladio.

La noche cayó acompañada de una luna llena que mantenía el cementerio suficientemente iluminado para poderlo recorrer sin necesidad de una vela. No se oía un solo ruido más que el de la respiración de Eladio. Ni siquiera el viento había querido acompañarlo en esta noche calurosa. Todos en el pueblo dormían. Todos menos Eladio, que estaba empezando a enervarse por no escuchar ni un grillo. De pronto el silencio se rompió. Una campana se oía en la distancia y el viento no soplaba. Eladio pensó que estaba alucinando y que su mente le engañaba. El sonido de la campana se volvió más intenso y desesperado. Tin tin tin tin tin resonaba en la noche el llamado enloquecido.

Eladio se apresuró, siguiendo sus oídos hasta toparse con la tierra fresca de la tumba de José. Maldijo a Apolinar por no haberle dejado una pala y, poniéndose de rodillas, empezó a cavar con sus manos tan rápido como podía. Presionado porque la campana había dejado de sonar. Aterrado de ver el cadáver de José, ahora muerto de verdad porque él no lo pudo desenterrar a tiempo. Cuando se sintió arañar la madera del sarcófago se exaltó. Abrió la caja, apenas pudiendo ver entre la obscuridad y el sudor que entraba a sus ojos.

Al abrirla Eladio casi se desmaya. Estaba vacía y Eladio, de pronto tieso del miedo, se quedó unos instantes tratando de reponerse del sobresalto e intentando comprender qué sucedía. El silencio se volvió a romper, pero esta vez no fue una campanada, sino un alarido terrible y desesperado. El muerto voy a ser yo del susto se dijo Eladio. Corrió a la cabina para tomar el machete que le dejó Don Apolinar y tener algo con que protegerse. Aunque dudaba que un machete lo ayudaría contra un espíritu.

Se quedó petrificado, esperando. El cementerio se quedó una vez más en silencio excepto por el sonido de unos pasos que se aproximaban cada vez más. Eladio salió corriendo, decidido a no volver nunca y sin voltear atrás, presionado porque los pasos se habían acelerado y le perseguían. Eladio no vio la piedra con la cual tropezó y le hizo caer de bruces justo afuera del cementerio. Se resignó entonces a lo que le fuera a suceder, volteó hacia arriba y su terror se convirtió en ira en un instante.

-¿Ya se meó o qué primo? – le preguntó entre risas Leobardo- Y yo que quería que no se aburriera en su primera noche.

– ¡Váyase al carajo, Leobardo!

– No es mi culpa que no se haya fijado que a José lo enterraban hasta mañana, primo. Yo sólo aproveché para hacerle un chascarrillo.

 

9_ErnestoGomez