La derrota de la democracia

Volunteers empty a ballot box after the conservatives primary runoff at a polling station Sunday, Nov. 27, 2016 in Marseille, southern France. French conservatives voted for their nominee in next year's presidential election, choosing between two former prime ministers with some similar ideas on the economy but divergent views on how to prevent further terror attacks on French soil. (AP Photo/Claude Paris)

Por Ernesto Gómez – @EGH7

La democracia ha existido desde tiempos ancestrales y en la cultura occidental lleva cerca de 300 años siendo el máximo ideal de la libertad para los pueblos. El poder recayendo sobre la gente, permitiendo que las decisiones no sean tomadas por una sola persona. En los años recientes se consideraba que la marca de un país libre era que todas las personas tuvieran voto, siendo las dictaduras el mayor ejemplo de lo contrario.

Pero ahora hemos visto tal vez el fracaso ultimado de la democracia. Con los resultados del Brexit y la elección estadounidense cabe replantearse si esta es en verdad la mejor manera de que se tomen las decisiones. Ahora, no estoy diciendo que la democracia falló por estar en contra de los resultados que se dieron. Lo que impactó en ambas de las elecciones mencionadas fue el ausentismo en los comicios y las decisiones tomadas. El 46% del electorado americano no votó, mientras que en el Reino Unido la mayoría de los ausentes fueron los jóvenes.

La apatía de la juventud, mezclada con los rezagos educativos de la sociedad hacen difícil que la democracia funcione. En Estados Unidos vimos a un hombre que se valió de un discurso demagógico para manipular a sus votantes y ganar la elección. No importó que varias de sus propuestas se contradecían o eran simplemente imposibles. Tocó una fibra sensible en el pueblo americano. Apeló a los resentimientos de la clase obrera que se ha sentido olvidada, a los supremacistas blancos, a todos aquellos que sentían que por ser estadounidenses la vida les tenía una deuda.

En el Reino Unido vimos también un discurso impulsado por el miedo liderando el camino al Brexit. El miedo a los inmigrantes, el miedo al terrorismo, la exaltación del nacionalismo y la incertidumbre económica acabaron sacando al Reino Unido de la Unión Europea. En esta elección sorprendió también la falta de conocimiento que había sobre el asunto. La búsqueda más común en Google el día del referéndum fue “¿Qué es la Unión Europea?” Increíble que se tomara una decisión tan trascendente para el futuro del país sin siquiera saber sus implicaciones. Por este mismo motivo se criticó la determinación de David Cameron de dejar la decisión en el voto popular y no en la Cámara.

La democracia nos ha fallado en muchas ocasiones. En México por años vivimos de una democracia falsa con el PRI y, en el 2012, vimos a este mismo partido volver al poder a base de una fuerte manipulación mediática que se aprovechó de un pueblo, en su mayoría, con una educación mediocre. México no está solo, pues al voltear al sur hemos visto a candidatos populistas haciéndose del poder primero a través de elecciones y después perpetuandose en el mismo. Evo Morales, Nicolás Maduro y Rafael Correa fueron electos por el mismo pueblo que ahora los quiere deponer.

Mientras existan rezagos educativos y desigualdad social como la que hay en tantos países del mundo, la democracia siempre va a dejar la puerta abierta a oportunistas como Trump o a populistas que con prometer “protección” a los pobres logran hacerse del poder y hundir a los países que gobiernan.

Ahora con el alza de la ultraderecha en la política mundial muchos tiemblan. Después de los años que vieron a la izquierda hacer sus más grandes avances en la historia, parece que pronto se darán muchos pasos atrás en varios asuntos. Las anomalías electorales del 2016 pueden ser apenas el inicio y, en México, muchos mirarán con nerviosismo al 2018.

Foto: AP Photo/Claude Paris

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Ante la era de Trump… y en defensa de la globalización

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Sucedió lo imposible, lo impensable, el inmencionable. Donald J. Trump será el próximo Presidente de los Estados Unidos. Muchos de nosotros, que ni nos habíamos permitido imaginar esta eventualidad, hemos tenido que rápidamente digerir este resultado, pasando en unos pocos días por etapas de conmoción, negación, dolor, rabia, reflexión, para llegar finalmente y apresuradamente a un estado de aceptación. Mientras algunos celebran, y otros protestan, no queda de otra mas que especular cuáles serán las consecuencias de tener a Donald como líder del país más poderoso del mundo.

En estos días se ha visto que varias posiciones y promesas de Donald que parecían tan inequívocas y rígidas durante los últimos 18 meses de campaña electoral repentinamente se han vuelto maleables. Ese muro tan bello y gigante que prometía ahora podría ser mas bien una valla. La revocación total y completa del “repudiado” y “desastroso” Obamacare ahora podría incluir la conservación de algunos de sus aspectos más importantes. Las reinterpretaciones, redefiniciones y aclaraciones se extienden a casi la totalidad de su plataforma política.

Sin embargo, un área en donde la convicción e intransigencia de Donald sigue firme es en su posición con respecto al comercio internacional. Por lo menos en este aspecto, su retórica y postura durante la campaña no fue fanfarroneo. Donald es un proteccionista, y siempre lo ha sido. En los años 80, Donald argumentaba que la gran amenaza económica y comercial para los Estados Unidos era Japón. Según su visión del mundo, las empresas y conglomerados del país del sol naciente estaban superando a las estadounidenses y habría que pararlas. La única manera de salvaguardar la prosperidad del país era a través de una guerra comercial. La respuesta salvadora era la imposición de aranceles, barreras, y trabas. Habría que confrontar al enemigo y derrotarle.

El hecho de que ninguno de los enlaces cataclísmicos que Donald predecía sucedieron, no parece haber cambiado su visión en este respecto. La percepción que Donald tiene de los Estados Unidos y su posición en relación al resto del mundo es la de su visión de empresario. El ve a los demás países como ve a sus rivales en el mundo de los negocios. Si ellos ganan, el pierde y viceversa. Allí está el gran error de los que creen que quien entiende el mundo empresarial, también entiende la política económica. En el mundo de los negocios, hace falta que alguien pierda para que tú puedas ganar. En la economía, los dos pueden ganar.

Fue justamente este mensaje la clave en la victoria electoral de Donald. Su llegada a la presidencia dependió en gran parte del voto de los trabajadores afectados (y tradicionalmente Demócratas) de Pensilvania, Michigan, Ohio y Wisconsin. A muchos de estos votantes, el discurso anti-comercio y anti-globalización les resultó demasiado seductor. Perdonaron todas las demás vulgaridades, ofensas e insultos que había dicho, así como las preocupaciones que ellos mismos tenían sobre su temperamento y aptitud para el puesto más poderoso del mundo. Un dato revelador es que al momento de votar casi el 65% de los votantes creían que Donald no tenía ni el temperamento ni la capacidad para ser Presidente. Esto quiere decir que casi un cuarto de los votantes a favor de Trump dieron su voto a alguien que ellos mismos no creían que fuera apto para la presidencia.

Sin embargo, el mensaje de que miles y miles de empleos podrían volver al país si no fuera por la incompetencia de los políticos estadounidenses –quienes habían negociado y seguían apostando por los acuerdos comerciales– superó a todos los demás factores en su contra y al final resultó ser clave. Sería casi cómica, si no fuera tan trágica, la manera en que Donald enmarcó su argumento: que los dirigentes y negociadores estadounidenses eran unos ineptos en comparación con los iluminados que dirigen la política económica y comercial mexicana. Resulta muy difícil imaginar que uno podría encontrar un solo mexicano que corroboraría el discurso ofrecido por Donald. ¿Dónde están estos políticos y dirigentes mexicanos tan brillantes? Estos genios que han engañado y superado a sus mediocres contrapartes estadounidenses. A algunos votantes que desconocen por completo la realidad política al sur del Rio Grande este argumento les podría parecer plausible. Para los que viven y conviven cada día bajo la realidad de la política mexicana, la aserción llega en la forma de un chiste de muy mal gusto.

Lo que es realmente curioso es la similitud que hay entre el discurso de Donald y el de la izquierda tradicional latinoamericana en cuanto a la política comercial. Los adherentes a esta posición anti-comercio, anti-globalización no se limitan a los Trumpistas. También tiene un ejército de fieles seguidores entre los pensadores “heterodoxos” de la región. Los proponentes de un Estado que impone restricciones y protege vigorosamente a la industria y producción nacional, contra la competencia de la “malvada” producción extranjera, se encontrarían incómodamente de acuerdo con Donald en esta faceta. Los defensores de estas ideas siempre creen que ellos podrán imponer una variedad de restricciones sobre los demás, mientras los demás no impondrán ninguna restricción sobre ellos. Lastimosamente, es una fantasía. Cada acción tiene una reacción, y en este caso la reacción es invariablemente la misma. Al final todos perdemos.

Esto no quiere decir que los que votaron por Donald por estos motivos no tienen problemas y preocupaciones legítimas. Efectivamente, una multitud de fábricas han ido desapareciendo del paisaje industrial estadounidense durante las últimas décadas, y con ello han ido desapareciendo la abundancia de empleos que estos productores ofrecían. Sin embargo, la anomalía no es que estas fábricas se hayan ido del país, la verdadera anomalía es que estuvieron ubicadas allí para empezar. De hecho, el único motivo por el cual estas fábricas se establecieron en los Estados Unidos hace 50 o 60 años era por la situación desesperada en la que se encontraban las economías en desarrollo, como la mexicana, en aquel entonces. En aquel momento tal era el rezago, en términos de industrialización, de las economías todavía ni emergentes que no era factible fabricar de manera eficiente ni siquiera las piezas y productos manufacturados más sencillos.

Desgraciadamente, ningún político estadounidense ha tenido la valentía para decirle al público norteamericano lo que es ya un hecho irrefutable. Esos empleos ya no volverán a los Estados Unidos. Es más, en un mundo mínimamente abierto y sin las marcadas brechas de industrialización que se veían hace 50 años, esos empleos jamás habrían existido en los Estados Unidos. Esa época dorada en que un joven estadounidense sin ninguna formación tenía garantizado un empleo bien pagado, independientemente de sus habilidades y capacidades, se ha ido. La cruda realidad es que este privilegio solo existió en aquel entonces por la extrema falta de oportunidades que sufrían los jóvenes en otras partes del mundo. A pesar del sostenido rezago económico que todavía sufren los países en desarrollo, las brechas entre estos y los países desarrollados se han estrechado lo suficiente para que puedan realizar de manera exitosa la producción de diversas actividades manufactureras.

Es imposible negar que la apertura comercial ha tenido un impacto nocivo sobre algunas industrias y empleos en los Estados Unidos, pero al mismo tiempo es imposible negar que ningún país en el mundo se ha beneficiado tanto de la apertura comercial y de la globalización como lo ha hecho Estados Unidos. Se han creado millones de empleos gracias a las oportunidades generadas por el intercambio transfronterizo. Actualmente, se estima que 6 millones de empleos en Estados Unidos dependen directamente del sector exportador del país, mientras el número de empleos que dependen indirectamente es mucho mayor. Asimismo, es muy fácil olvidarnos que no hace mucho tiempo tener una televisión, una computadora, una lavadora eran lujos reservados unicamente a ciertos hogares privilegiados de la sociedad, eran lujos que se encontraban fuera del alcance de la gran mayoría de la clase media y trabajadora. Hoy en día, los lujos del pasado se han convertido en bienes alcanzables para casi la totalidad de la población estadounidense, y cabe reconocer que la apertura comercial es uno de los principales motivos detrás de este grato cambio.

¿Eso quiere decir que se debe o se pueden ignorar los problemas y preocupaciones de los estadounidenses que han visto sus trabajos irse del país? Claramente no, y la elección de Donald es una importante señal de que un segmento de la ciudadanía estadounidense se ve gravemente perjudicada por las transformaciones desencadenadas por la globalización. El gobierno tiene el rol y la responsabilidad de asegurar que los beneficios de la globalización estén mejor repartidos entre la sociedad, que existan redes, apoyos y capacitación para los que desgraciadamente queden fuera de las oportunidades ofrecidas por un mundo cada vez más integrado y cercano. Sin embargo, la respuesta medieval y retrógrada de cerrarse al mundo y tratar a todos como enemigos irá en detrimento de los estadounidenses como del resto del mundo.

Yo no dudo que Donald hará valer sus promesas de campaña de construir barreras e imponer costos altísimos para los que envían sus bienes y servicios al país. De misma forma, no tengo duda alguna que estas políticas acabarán siendo dañinas no solo para México y los demás países que comercian con la mayor potencia económica del mundo, pero también lo serán para el mismo Estados Unidos –tanto para los productores estadounidenses que dependen de insumos y componentes importados para sus operaciones y producción, como para los consumidores estadounidenses que gozan de productos y servicios de mayor calidad por menor precio gracias a la competencia y apertura del comercio internacional.

Tal como fueron las experiencias de los países de América Latina con estas ideas y políticas en los años setenta y ochenta, los resultados finales serán muy distintos a los deseados. Será un experimento dañino, pero breve, con un modelo y una ideología que ya se ha mostrado sumamente inepta e incapaz de entregar alguna de las ganancias que promete. Tal vez sea optimista, pero los siguientes cuatro años nos permitirán darnos cuenta de una vez por todas que estamos mucho mejor servidos cuando nos vemos el uno al otro, independientemente de nuestra nacionalidad o geografía, como colaboradores dentro de una sana competencia, y no como rivales listos para derrotar o ser derrotados.

**Por motivos profesionales el autor de esta nota ha escogido permanecer anónimo**

Foto: http://uk.businessinsider.com/rethinking-free-trade-environment-2016-12?r=US&IR=T

Perdonar lo Imperdonable

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Por: Victoria Olaguivel – @VickyGO

De acuerdo con el mapa de los conflictos mundiales publicado por el portal del Premio Nobel, se estima que entre 1899 y 2001 – año en que el Premio Nobel de la Paz celebró su centenario – se llevaron acabo más de 200 guerras. Este mapa define como guerra todo conflicto armado con un saldo de al menos 1000 muertes en combate militar y donde al menos una de las partes involucradas sea el gobierno de un estado.

A su vez, el mapa también registra información estadística sobre la distribución geográfica de los personajes y organizaciones nominados y galardonados al Premio Nobel de la Paz, siendo Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, el último acreedor al prestigioso premio.

El Comité Nobel Noruego decidió otorgar dicho premio al presidente Santos por su lucha en concluir una guerra que ha aquejado al país por más de 50 años, cobrando la vida de al menos 220 mil colombianos y desplazado a casi seis millones de personas. Lamentablemente, el conflicto armado en Colombia figura en el mapa del Premio Nobel como uno de los más prolongados y violentos que jamás se hayan registrado.

El Comité también justifica su decisión haciendo del premio en un tributo a todos los colombianos, que a pesar de soportar grandes dificultades y abusos por mas de cinco décadas, no han perdido la esperanza de la llegada de una paz que sea justa y equitativa.

A escasos días de que el Comité anunciara su decisión, tuve el gusto de conocer a la periodista colombiana Claudia Palacios, quien se encontraba en la ciudad de Nueva York para promocionar su último libro titulado “Perdonar lo Imperdonable.” En el libro, Claudia retrata 126 testimonios de reconciliación y solidaridad, 126 historias que ella cataloga como “crónicas de paz,” logrando recoger relatos tanto de víctimas como de victimarios del conflicto armado a través de toda Colombia.

Claudia abre su libro exponiendo sus conclusiones personales: para hacer la paz no es imprescindible firmar un acuerdo de paz. A la luz del reciente resultado del plebiscito, Claudia explica que “la paz más firme y la menos vulnerable es la que se fundamenta en la convicción personal de que cada individuo en si mismo es un constructor o un destructor de paz.”

Durante su presentación Claudia orgullosamente declara como Colombia no solo es un exportador del café mas exquisito del mundo, sino el mas grande exportador de perdón y reconciliación. Solo a través de aquellas “pacecitas chiquitas,” como ella las define, que se hacen desde la cotidianidad, quienes han sido protagonistas del conflicto armado han logrado transformar la tragedia y renunciar a la venganza.

Claudia deja muy en claro que el libro es una invitación a superar la indiferencia para seguir construyendo la paz, sin embargo no es un llamado a perdonar sumisamente ni apoyar los procesos de paz a favor de una postura en particular. Su exhaustiva investigación, entrevistando a ambos bandos del conflicto, reflejan un entendimiento total de las poderosas razones que llevaron a los victimarios a cometer ciertas acciones, así como del difícil proceso de reconciliación de las victimas que perdieron todo a manos del conflicto. Es justamente a través de recontar “pacecitas chiquitas” que Claudia propone una solución distinta para seguir construyendo la paz a partir de la premisa de que ambas partes tienen razón.

Dentro de las 126 historias incluidas en el libro, una de las mas impactantes es la de Pastora Mira, quien sufrió la muerte de su padre, su primer marido y dos de cinco hijos en el conflicto. A días de enterrar a uno de sus hijos, Pastora encontró en la calle a un joven herido y abandonado y decidió llevarlo a casa para curarlo en la alcoba de su recién fallecido hijo. Cuando el chico despertó preguntó por el joven de la foto perplejo: “¿Uy, que hace este man aquí si lo matamos hace unos días?.” Fue como Pastora se dio cuenta que el chico que recogió era un paramilitar y uno de los asesinos de su hijo. Lejos de buscar la venganza, Pastora le dio ropa limpia, dinero para llegar a un hospital y una bendición, una reacción que encuentro sumamente admirable (y desconcertante, claro) tras el dolor sufrido. Cuando Claudia preguntó por que Pastora había decidido dejar ir al joven, ella relató como hubiera querido que a su hijo le fuera dada una segunda oportunidad. Pastora al poco tiempo creo el Centro de Acercamiento para la Reparación y Reconciliación del municipio de San Carlos, su municipio.

Pocas veces es posible tener tanto detalle sobre la perspectiva las dos, o más, partes involucradas en un conflicto. De los 200 conflictos mapeados por el Premio Nobel difícilmente llegaremos a entender siquiera la mitad en su totalidad. Claudia hace justamente eso. A través de su libro es posible analizar el conflicto de una manera más sencilla, pero sobre todo más humana.

Dicho esto, los invito a leer el libro, para que por su propia cuenta validen el Premio Nobel de la Paz otorgado este año. Pero sobre todo los invito a leerlo para a través de sus paginas rendir tributo a la labor de colombianos, y latinoamericanos, que hacen de la lucha por la paz su vida entera.

 

REFERENCIAS:
Conflict Map, Nobel Prize: https://www.nobelprize.org/educational/peace/conflictmap/index.html
Perdonar lo Imperdonable, Planeta de Libros: http://www.planetadelibros.com.co/perdonar-lo-imperdonable-libro-207020.html

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Albures, refranes y dichos populares

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Por: Diego Fernández – @DFG_Diego


En México no se habla español, se habla mexicano
“…pero si el pensamiento corrompe el lenguaje,
el lenguaje también puede corromper el pensamiento.”
-George Orwell

Hablemos al chile: el lenguaje popular permea hasta el último resquicio de la cultura mexicana, dándole el carácter de sabiduría popular a los refranes y dichos pronunciados por labios cultos e incultos. Los aforismos populares están cargados de conocimientos adquiridos empíricamente y de moralejas que invitan a la reflexión profunda en torno a la vida y a la realidad. Las enseñanzas del refrán se transforman en sabiduría que queda plasmada con tinta indeleble en la memoria colectiva de México por medio de una frase corta y contundente, misma que se repetirá al cansancio para justificar o prevenir un problema.

Según Agustín Basave Fernández del Valle, investigaciones previas a 1989 demostraron que en nuestro país hay más de 10,000 frases populares que alimentan la filosofía del mexicano. El refrán surge en el pueblo, en el campo, en la senectud. Quizá los autores de los dichos más pronunciados fueron ancianos con una perspectiva diferente de la vida gracias a su experiencia, a los sucesos que marcaron su camino. La mayor aportación de estos autores anónimos fue darles aliento a los habitantes de un país donde impera la incertidumbre, el riesgo y el miedo ante la incómoda realidad.

La sencillez de las palabras hace del refrán un conducto lingüístico-filosófico adecuado para el entendimiento de cualquier persona, es decir, sin importar si ésta tiene, tuvo o tendrá la posibilidad acercarse a la “cultura culta” (valga el pleonasmo en su clasificación). El refrán describe un hecho en una sola oración, misma que debe analizarse minuciosamente para destejer el mensaje oculto en la metáfora.

Las palabras novohispanas resaltan en los dichos populares, pero en éstos también están presentes las voces precortesianas. En México no se habla castellano, se habla mexicano. Esto mismo llevó a la Real Academia Española de la Lengua a parir una institución llamada Academia Mexicana de la Lengua. En 1835 se crearía un instituto para la evaluación del idioma mexicano, misma institución que sería ratificada por decreto presidencial en 1854. La Academia Mexicana de la Lengua lucharía por la inclusión de los mexicanismos dentro del Diccionario de la RAE. El lenguaje del mexicano rebasa al castellano. Las variantes de significados pueden generar confusión en el extranjero, mismo que se verá desnudo ante otra categoría del lenguaje popular: el albur.

El albur -como juego de palabras- es valorado por algunos y despreciado por la mayoría. La profundidad del albur hiere susceptibilidades de personas poseedoras de un limpio y recto sentido moral, pero nutre de entretenimiento al vulgar, al dicharachero, al malhablado.

Para algunos sólo alburean el pelado, el naco y el ignorante. Es costumbre de léperos; “batalla de tepiteños”. Lo que ignoran los que toman como certeza la “ignorancia del albureador” es que este último necesita de una pícara capacidad lingüística (con amplio bagaje del léxico popular) y de una agilidad mental única para generar una frase que sirva como estocada direccionada hacia el espíritu del receptor. El albur es una batalla que necesita de dos caballeros armados con las palabras del pueblo y los vocablos cultos como espadas, escudados con la imaginación y portando el doble sentido como coraza para defenderse de la locución del enemigo.

El albur rebasa toda lógica del lenguaje, va más allá de lo concreto, del ente, de la cosa. El “chile” –en México– no sólo es la verdura que en otros países hispanohablantes conocen como “picante”. En el combate del albureador, el significante no coincide con el significado. Se echa a volar la imaginación para darle una connotación sexual al objeto, a la palabra, a la persona.

La inseguridad masculina del albureador lo lleva a enfrentar su propio reflejo para demostrar y defender su virilidad. La fonética también influye en el acto alburero. La palabra puede entenderse de dos o más formas a la hora de ser escuchada. La frase que en su versión escrita tiene un sentido, al oído encuentra otro.

El albur no es insulto, es la invitación a un juego idiomático. Alburear conlleva a escribir versos impúdicos con la boca. Según las indagaciones de Juan Domingo Argüelles, desde tiempos coloniales estaba presente la poesía vulgar, procaz, satírica y burlesca. Los textos poéticos compendiados por Argüelles en Breve antología de poesía mexicana nos llevan a concluir que la diversión versificada y el doble sentido están en nuestra cultura –en nuestra mexicanidad– desde tiempos históricos.

Las frases de los albureadores me recuerdan aquel pleito entre dos poetas del Siglo de Oro Español: Luis de Góngora y Francisco de Quevedo. Pido una disculpa para los intelectuales que se sientan agredidos ante tal comparación, pero la creo necesaria. Los sonetos que estos dos poetas se lanzaban con el desprestigio moral como objetivo único, bien pueden verse actualizados en la batalla del albur. Los dos enfrentamientos tienen en común el arma: la palabra (una escrita, siguiendo lineamientos poéticos; la otra hablada, siguiendo el momento, el instante).

La gran mayoría de la sociedad mexicana aún preserva estilos de lenguaje y pensamientos conservadores heredados por la Colonia y la implantación de la religión católica. Quizá sea de mojigatos satanizar el “albur”, el “lenguaje popular”. No existe mexicano exento de alburear o de ser albureado o de recurrir a un refrán para explicar alguna verdad del universo. En este país, no es extraño encontrar a gente culta y a los denominados “intelectuales” recurrir a palabras y frases del pópulo que convengan a la ocasión. La riqueza de lenguaje mexicano nos permite acelerar los procesos mentales para resolver conflictos de la vida cotidiana, es decir, nos proporciona “inteligencia”.

La apertura mental trae como consecuencia la aceptación de lo “moralmente indebido” como parte de nuestra vida diaria. La inmundicia y la suciedad desconciertan al mexicano que se vende como “conservador” ante la mirada del otro, pero que ha pecado pensamiento en más de una ocasión. Pero qué podemos hacer, el mexicano enmascara su realidad, su pecado, su error de pensamiento. Sirva el albur como una catarsis moral. Sirva el refrán como una ruptura de la idea de sólo encontrar sabiduría en los libros. El refrán –sabiduría del viejo campesino– y el albur –poesía del ignorante– son elementos de la cultura popular que nos enriquecen como mexicanos. Por lo pronto, yo seguiré convenciendo a mi amiga madrileña de no usar en este país el verbo “coger” como sinónimo de “agarrar”, “levantar”, “asir”, “sujetar” y “tomar”.

Referencias
Argüelles, J.-D. (2015). Breve antología de poesía mexicana. México, DF: OCEANO.

Basave-Fernández-del-Valle, A. (1989). Fundamentos de la mexicanidad. México, DF: Limusa.

Monsiváis, C. (1976). Estética de la naquiza. Siempre!, Suplemento “La cultura en México”.

Paz, O. (2012). El laberinto de la soledad. México, DF: Fondo de Cultura Económica.

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Georgia O’Keeffe: abriendo brecha desde 1916

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Por: Sofía Bosch – @sboschg

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Georgia O’keeffe, 1920 por Alfred Stiglitz

El 30 de octubre finalizó la exposición retrospectiva sobre la gran pintora estadounidense Georgia O’Keeffe en el museo Tate Modern de Londres. En esta galería se exponen no únicamente renombradas obras de arte moderno y contemporáneo pero también exposiciones temporales, siempre curadas de forma excelsa como es el caso específico de la de O’keeffe. Con más de 100 obras recopiladas de entre las mejores colecciones y museos del mundo, el Tate Modern levanta una de las exposiciones más extraordinarias que jamás se haya visto sobre una artista mujer.  

La exposición se curó para conmemorar los 100 años de la primera exhibición individual de O’Keeffe en la galería del que sería su futuro esposo, el fotógrafo Alfred Stiglitz, en la ciudad de Nueva York en 1916.

La exposición fue montada de forma cronológica por lo que el visitante tiene una línea de tiempo muy clara ante sus ojos y el progreso en la estética y temáticas de la artista son fácilmente entendibles. Desde las primeras experimentaciones en carboncillo, donde O’Keeffe se negaba a probar con color hasta perfeccionar su estilo, pasando por sus cuadros con temática neoyorkina, hasta sus famosos cuadros de paisajes y vegetación de Nuevo México, de las flores y huesos de animales que encontraba en el desierto y de pueblos aún habitados por nativos americanos, como Taos entre otros, la exposición está tan bien montada que uno navega por los procesos de la artista sin confusión alguna.

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Oriental Poppies, 1928, Georgia O’Keeffe. Óleo sobre lienzo.

Originaria de Wisconsin, O’Keeffe vivió parte de su juventud en Texas, donde impartió clases de arte en escuelas pública. En 1915, por medio de una amiga en común logró hacerle llegar unos dibujos en carboncillo a Stiglitz el cual exclamó al verlos: “¡finalmente una mujer en papel!” (Finally a women on paper!).  Poco después O’Keeffe se mudó a Nueva York para dedicarse por completo a la pintura, y enamorados, Stiglitz y ella empezaron a vivir juntos.

Algunas de las pinturas más bellas de la exposición son justo de esa época, cuando ella acababa de llegar a la Gran Manzana y él decidió invitarla a la casa de campo de su familia en el Lake George, cerca de las montañas de Adirondack.

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Lake George Barns, 1926, Georgia O’Keeffe. Óleo sobre lienzo.

Esos viajes y paseos por el Lake George le permitieron ahondar en su investigación en la abstracción de la naturaleza que luego se repitió en sus cuadros de acercamientos a flores. Uno de los cuadros más importante de esa serie de flores y figura principal de la exposición es el titulado: Jimson Weed/White Flower nº1.

Teniendo un gran formato, la obra absorbe al espectador desde el primer momento que se entra a la sala, cautivándolo por medio de la belleza inmediata, palpable de la flor. Este cuadro es, de hecho, la obra pictórica de una artista femenina que ha llegado a mayor precio en una subasta. La casa Sotheby’s lo subastó en 2014 por $44.4 millones de dólares americanos a Alice Walton, heredera del imperio de Wal-Mart, para el museo Crystal Bridges Museum of American Art en Bentonville, Arkansas.

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Jimson Weed/White Flower nº1, 1932, Georgia O’Keeffe. Óleo sobre lienzo.

A partir de 1929, O’Keeffe comenzó a hacer varias visitas a Nuevo México sobretodo al área de Taos, donde amigos suyos residían. Se enamoró perdidamente de los paisajes, vegetación y naturaleza del lugar. De misma forma, las diferentes capas culturales del lugar le parecían fascinantes: la mezcla y el sincretismo entre la influencia colonial española y la complejidad de las culturas nativas americanas. Es específicamente en 1946, después de la muerte de Stiglitz, hasta 1986 que decide mudarse de tiempo completo a su rancho llamado Ghost Ranch cerca de Abiquiu, Nuevo México.  

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Black Mesa Landscape, New Mexico / Out Back of Marie’s II, 1930, Georgia O’Keeffe. Óleo sobre lienzo.

Además de conocérsele como uno de los exponentes del arte estadounidense moderno, O’Keeffe es singular ya que se expresaba sin prejuicios ni ataduras sociales. Muchos de sus cuadros de flores han sido interpretados como representaciones de órganos sexuales femeninos, lo cual ella nunca aceptó, y no porque estuviera mal visto para la época , sino porque su acercamiento a la naturaleza era transparente, inocente y honesto. Para ella las flores eran esas pequeñas cosas a las cuales nadie ponía atención. Y a menos de que se les observara muy detenidamente, su belleza no podría ser entendida. Detenidamente, con mucha paciencia, pasión y precisión, pintaba sus cuadros. Esto es notable al ver su obra, y fue lo mismo lo cual la colocó como un parteaguas del arte moderno estadounidense y mundial. Sus obras se equiparan a la fama y reputación de muchos hombres artistas, cosa rara en 1916 y hoy en día.

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Grey line with black, blue and yellow, 1923, Georgia O’Keeffe. Óleo sobre lienzo.

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Fotoperiodismo: noticia en imagen

Por: Andrés Gómez – @a_gomezl

La guerra civil en Siria va en su quinto año. En cinco años ha provocado alrededor de 400,000 muertos [1] y millones de desplazados, además de haber creado caldo de cultivo idóneo para la propagación del Estado IslámicoLas historias son muchísimas y datos y cifras no logran reflejar la magnitud de la crisis humanitaria. Ahí en donde los datos duros fallan, el fotoperiodismo entra a recordarnos lo brutal y desgarrador de los conflictos, buscando apelar al lado más humano, a tocar la fibra más sensible y acceder al rincón de empatía que el observador pueda tener.

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Abd Doumany – 2016 Photo Contest | World Press Photo

Cada año, The World Press Photo Foundation busca premiar a lo mejor del fotoperiodismo mundial con el objetivo de inspirar, de comprometer y de educar. Busca hacernos conscientes de realidades ajenas. Fomentar la comprensión. En la Ciudad de México, la exposición de los trabajos ganadores es expuesta en el Museo Franz Mayer, y aunque ésta terminó el 25 de septiembre, la galería puede verse aquí.

Este año, como es de esperarse, los temas dominantes fueron la crisis de refugiados originada por la mayor migración de personas desde la Segunda Guerra Mundial y la guerra en Siria. Imágenes de grupos enteros de personas que han dejado sus casas, familias, trabajos y todo lo que conocen. Sus vidas han dejado de ser vidas, y la esperanza de encontrar algo mejor los lleva a ponerse en peligro cruzando países enteros a pie, o hacinados en barcos cruzando el mar. Todo esto para encontrarse con que Occidente no sabe qué hacer con ellos, y con que hay poca voluntad política entre los líderes para darles una mano. Reto a cualquiera en contra de la entrada de refugiados a su país a ver las fotografías y a leer las historias detrás de ellas, y que después de hacerlo continúe insistiendo en que sus fronteras deben cerrarse.

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Sergey Ponomarev – 2016 Photo Contest | World Press Photo

La exposición aborda muchos más temas: el conflicto en Sudán, el tráfico de marfil en África Central, el movimiento en Estados Unidos Black Lives Matter, el terremoto en Nepal que destruyó gran parte de la región, e incluso temas cotidianos, deportes y naturaleza (dentro de esta categoría se encuentra una impresionante fotografía nocturna del Volcán de Colima, tomada por el mexicano Sergio Tapiro).

El fotoperiodismo nos acerca a lo que sucede en el mundo de una manera que ningún texto o infografía podría hacerlo. Muestra a través de una imagen una realidad distante y ajena y la permite propia. Es extraño, pues a pesar de lo estremecedora que puede ser la imagen, tiene al mismo tiempo una belleza abrumadora. Vivir estas realidades mediante la fotografía puede resultar desgastante a nivel físico y emocional.

“La libertad de información, la libertad de investigación y la libertad de expresión son más importantes que nunca, y el periodismo visual de calidad es esencial para el reporte preciso e independiente que hace esas libertades posibles”[2]
Freedom of information, freedom of inquiry and freedom of speech are more important than ever, and quality visual journalism is essential for the accurate and independent reporting that makes these freedoms possible.

1. http://www.aljazeera.com/news/2016/04/staffan-de-mistura-400000-killed-syria-civil-war-160423055735629.html
2. http://www.worldpressphoto.org/about

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El Lobo Solitario

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Por: Francisco J. Vaqueiro – @FJVaqueiro

Un tipo mentalmente inestable, con largo historial de terapias psicológicas debido a sus desequilibrios emocionales, sentimentalmente abatido por un proceso de divorcio tormentoso, intempestivamente decide intercambiar su vida por la de al menos 84 personas, dejando, además, cerca de 300 heridos, muchos de ellos niños.

Ese es el retrato que los servicios de seguridad franceses han hecho de Mohamed Lahouaiej Bouhlel, terrorista tunecino que embistió con el camión utilizado en su trabajo, a la animosa multitud congregada en el Paseo de los Ingleses celebrando la Toma de la Bastilla, fiesta nacional de Francia, en la zona costera de Niza.

No se le recuerda como un miembro particularmente activo o fanático dentro de su comunidad religiosa, pero eso no impide que se especulen ligas con grupos terroristas, ya sea por instrucción o, peor aún, por inspiración.

Información reciente apunta a un proceso acelerado de radicalización, en donde en cuestión de meses, Lahouaiej Bouhlel habría tenido contactos esporádicos con grupos extremistas, pero sin que ello alertara a las autoridades sobre lo que sucedería el 14 de julio.

El ataque, ferozmente atroz y sangriento, no se caracteriza por ser muy sofisticado: un automóvil de carga pesada, una pequeña pistola y un conductor dispuesto a llegar a las últimas consecuencias. Es la nueva modalidad de terrorismo que se expande como polvorín a lo largo y ancho del mundo occidental, la del “Lobo Solitario”, atrás parecen haber quedado los complejos planes que materializaron los ataques terroristas en Nueva York, Madrid o Londres la década anterior. Según el Índice Global de Terrorismo, el 70% de los ataques terroristas cometidos en Occidente en la última década forman parte de esta categoría [1].

Pero ¿qué hace tan difícil para los servicios de inteligencia prevenir y desactivar este tipo de atentados? En primera instancia, los ataques no requieren etapas amplias de planeación o de utensilios sofisticados; son ejecutados con herramientas de uso común como armas blancas, automóviles o artefactos de fabricación casera.

Aunado a lo anterior, en muchos casos no existe coordinación directa entre grupos extremistas y los atacantes; estos actos son inspirados en redes sociales, en blogs, páginas de Internet, o en herramientas de propaganda que hacen un llamado de los fieles a atacar.

La segregación, marginación y falta de inclusión de millones de personas, en una gran parte musulmanes, es caldo de cultivo para la aparición de lobos solitarios, dispuestos, sin el menor empacho, a canjear su vida por la de otros miembros de una sociedad que siente ajena, lejana y que le ha cerrado las puertas.

Lo anterior crea un círculo vicioso del que no se vislumbra un final en el corto o mediano plazo. A mayor alejamiento y “guetización” de las comunidades musulmanas en Occidente, sean estas de primera, segunda o tercera generación, cada vez habrá más y más jóvenes frustrados con su entorno social, dispuestos a intercambiar su vida por un ideal religioso y que les brinda alivio, amparo y sentido de identidad. La reacción de varias sociedades occidentales, por su parte, están lejos de promover un mayor grado de integración. Ahí están los movimientos de extrema derecha encabezados por personajes tan detestables como Trump, Farage, Le Pen y Wildeers que suman a adeptos en sus filas a pasos agigantados.

Desafortunadamente, en un mundo donde el discurso del miedo, la radicalización y la segregación parecen estar prevaleciendo, será cada vez más común ver actos como el de Niza, y quizá, también, movimientos que pugnen por un nuevo orden de fronteras cerradas, desconfianza en el extranjero y en un aumento punitivo de las capacidades del Estado. Bienvenidos a la segunda década del siglo XXI.

[1] http://economicsandpeace.org/wp-content/uploads/2015/11/Global-Terrorism-Index-2015.pdf

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