¿Dónde está la playa en Guadalajara?

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Por: Uriel Gordon – @Urielo_

El termómetro, ahora que escribo este artículo, marca 37° centígrados en Guadalajara. Regreso dos años atrás, al tiempo que me mudé a esta ciudad, y recuerdo los pensamientos que despertaron la primera vez que sentí el calor de la perla tapatía. Me encontraba en la Zona de Chapultepec que por decirlo de cierta manera, es uno de los territorios hípsters de Guadalajara; guardando proporciones, podría ser el equivalente a la Colonia Roma de la Ciudad de México.

Ese día caluroso me bajé del taxi y comencé el recorrido en la Glorieta Niños Héroes; tenía una hora para explorar el lugar, desconocido para mi, antes de la cita a la que debía acudir. Di unos pasos por el camellón arbolado de la Avenida Chapultepec; gozaba el privilegio de tener un poco de sombra, pero eso no impedía sentir el tipo de calor que te seca la garganta: decidí dar vuelta en la Calle Mexicaltzingo para comprar una botella de agua en la Plaza las Ramlas, aquella que tiene un Ihop en la esquina. Después de dar unos sorbos de agua fría, mi cuerpo quedó invadido momentáneamente por una sensación paradisíaca, la gloriosa sensación de tomar una bebida fría en un clima caluroso.

Continué caminando por Mexicaltzingo y me empecé a topar con algunas casas con estilo playero, que tenían la pinta de ser de los años sesenta: espacios llenos de ventanas rodeados de árboles y una que otra palmera. El calor seguía haciendo su efecto, pero esta vez, la brisa también me acompañaba. Automáticamente, con intensidad, me entró una rara sensación que palpitaba con fuerza, que iba más allá del calor: al observar el horizonte, esperaba encontrar el mar. Sabía que eso era imposible, pero algo en mí, me decía que si daba unos pasos más, mis pies comenzarían a sentir la arena y la espuma del mar: llegaría a la playa de Guadalajara.

Entre más me adentraba por las calles, más crecía la ilusión. Empezaba a ver restaurantes, cafés y bares con enormes terrazas. ¿Dónde está la playa? ¿Dónde está la playa?, me preguntaba tontamente. Recordé la ciudad de Tel Aviv por unos instantes, sus casas, su malecón, sus establecimientos comerciales, su gente y su playa; sentía que Guadalajara y Tel Aviv tenían un conexión secreta y el calor y la brisa paulatina que pegaba en mi cuerpo, magnificaban esa percepción. Las calles de la Zona de Chapultepec me decían que el destino que encontraría al final del camino sería la playa. Después de dos años de vivir en Guadalajara, en ocasiones y, más en estos tiempos de calor, todavía me pregunto: ¿Dónde está la playa?

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Dejen dormir a Harrison Ford

Por Jorge Eulalio Hernández

“Tu historia no ha terminado…aún queda una página” dice Ana de Armas al final del nuevo trailer de “Blade Runner 2049”, la secuela de una película de culto protagonizada por Harrison Ford en los tempranos años 80. Ford interpreta a Deckard, el mejor agente policial de una división llamada Blade Runners, quienes se dedican a identificar y exterminar a aquellos humanos artificiales— “replicantes”, como se les llama en la película— que se han rebelado contra el sistema humano, por así decirlo.

La explicación del argumento no es para añadirle volumen a este artículo, sino para denotar algo muy importante y destructivo que está sucediendo con esta y muchas más secuelas, precuelas y demás “cuelas” que toman su lugar en cartelera cada mes. Uno de los temas más controversiales entre los fans de Blade Runner era si el mismo Deckard también era un replicante y no lo sabía. Hay una breve toma en la que la pupila de Harrison Ford tiene un reflejo rojo, una característica básica de los replicantes que parece ser obvia para el público pero no tanto para los personajes dentro de la película. Este momento de duda, que abre la posibilidad de que el héroe no conozca la terrible verdad de su origen—un elemento del drama edípico por excelencia— ha generado debates, libros de filosofía y otros interesantísimos materiales en torno al cine, la bioética y muchas otras materias.

Treinta y cinco años después, un Harrison Ford con arrugas paquidérmicas intercambia diálogos con Ryan Gosling. La gran mayoría de los fans de Blade Runner opinamos que nadie necesitaba la secuela. Estábamos bien con el misterio de aquella original película que nos llenaba de preguntas la cabeza. No importa si la secuela es buena o mala, sino que su existencia echa a perder la pregunta que mantenía viva a la historia original con una devastadora respuesta: Deckard envejeció, entonces no es un androide.

Para mí, aquello que tiene secretos es algo vivo. El lado oscuro de la luna se siente más vivo por su misterio, las profundidades del océano albergan cuanta vida queramos porque la obscuridad es un lienzo para la imaginación. Todos tenemos secretos y, si las historias los tienen, se asemejan a nuestras propias historias.

Pienso en el final de “El Graduado”, uno de los mejores finales en la historia del cine y curiosamente no es un final como tal: el protagonista, triunfante, se sube al camión con la chica y tensas sonrisas se dibujan en sus rostros. Paulatinamente las sonrisas se desvanecen y, como coreografiadas, se transforman en un gesto de incertidumbre. “Y ahora… ¿Qué?” preguntan los ojos de Dustin Hoffman.

Siempre me he preguntado qué fue de ellos dos. Me los imagino eternamente sentados en aquel camión con interior blanco, como una hoja de papel nueva, acompañados de una interminable “The Sound of Silence” de Simon & Garfunkel y siempre en el camino, nunca en el destino.

El ejercicio de preguntarme “¿que habrá sido de ellos?” me recuerda que esos personajes seguirán vivos para siempre, porque tengo muchas preguntas que nunca podrán ser contestadas. Esa es la virtud de la pregunta irresuelta: la permanencia del misterio, que irónicamente mantiene vivo todo aquello que participa en la duda.

Hay una mala costumbre actual de querer explicar todo: los orígenes, los finales y las historias alternas. La mayoría de las veces, la historia nunca será suficiente porque el público construye nuevas historias donde las historias acaban. Es en estos “huecos” donde habita el interés del público por la narrativa, son estas lagunas donde uno se conecta emocionalmente. Cubrir estos espacios es negar esa conexión emocional.

“Quisiera pensar que huyó, pero lo más probable es que lo hayan pescado”, dice Vince Gilligan, creador de Breaking Bad, sobre Jesse Pinkman. Ni su propio creador sabe qué le pasó. Por ello sus personajes son tan profundos, por ello se mantienen vivos aunque mueran a manos de unos neo-nazis de Nuevo México.

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Historias de terror: The Keepers… y la de Marcial Maciel

Por: Sofía Bosch – @sboschg

Netflix estrenó la semana pasada una nueve mini serie documental de 7 capítulos intitulada The Keepers. En pocas palabras, y para no estropearle la serie a las personas que estén interesadas en verla, es un documental basado en el asesinato de una monja en la ciudad de Baltimore, Estados Unidos. El asesinato de la Hermana Cathy Cesnick en 1969, es solo un eslabón en una serie de acontecimientos y abusos que ocurrían en la institución educativa católica donde enseñaba. Estos acontecimientos salieron a la luz casi 25 años después gracias a las valientes declaraciones de una de las víctimas, la cual desencadenó una serie de testimonios. Más de 50 víctimas declararon los horrores a los cuales eran sometidas.

El documental arroja una luz a uno de los primeros casos, en EE.UU., de denuncia de abuso sexual a menores de edad por parte de miembros del clero. Reitera el modus operandi institucional de la Iglesia Católica para encubrir a los ejecutores de los crímenes. Presenta de primera voz el sufrimiento de las víctimas y el cómo sus vidas se vieron afectadas para siempre por estos acontecimientos. Es una historia descorazonadora.

Al finalizar la serie no pude más que pensar en México. En que nosotros tenemos nuestro propio caso sin resolver, aunque sin serie televisiva. Que Marcial Maciel se haya ido de este mundo impune después de haber causado tanto dolor. Que era el hombre de las dos caras, un verdadero Dr. Jekyll y Mr. Hyde: por un lado un líder moral y religioso, a cargo de la educación de los menores de edad que estudiaban en sus instituciones, por otro un criminal despiadado que aprovechaba esas mismas circunstancias para abusar de ellos. Que las víctimas fueron extremadamente valientes y fuertes al denunciarlo ante el Vaticano, aunque fuera su principal protector. Que la Iglesia Católica mexicana no hizo NADA al respecto, lo encubrió y protegió, al igual que la orden que él mismo fundó: los Legionarios de Cristo. Que Norberto Rivera siempre lo apoyo y consideró un amigo cercano. Por supuesto que toda esa protección del Vaticano la ganó con base en sobornos y “donativos especiales”, Juan Pablo II no sirvió más que de aliado a Maciel.

Además de los abusos sexuales de los cuales fue acusado Maciel, también fue inculpado de fraude y extorsión. Se movía con facilidad gracias a su buen posicionamiento entre las élites políticas y económicas de México.

“A los más ricos de México no los casa ni los bautiza cualquier obispo o cardenal: los casa un Legionario de Cristo” – Pablo Pérez Guardado

En fin, aún con lo antes mencionado en 2015 el papa Francisco perdonó por medio de una indulgencia plenaria a los Legionarios de Cristo. Algunos dicen que fue presionado para hacer esto —es una de las órdenes más poderosas del mundo. El punto es que al otorgarles el indulto, parecería que, por transitividad, perdona a Maciel.

Si lo que busca Netlix es abrirnos los ojos ante historias estremecedoras, historias de terror, impunidad y corrupción, de desesperanza y abuso, que revisen el expediente de Maciel y los Legionarios de Cristo, ahí seguro encontrara MUCHA tela de donde cortar.

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Referencias:

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/10/28/mexico/1446071736_323939.html

http://elpais.com/diario/2006/05/20/sociedad/1148076004_850215.html

http://nymag.com/thecut/2017/05/the-keepers-netflix-documentary-sister-cathy-cesnick.html

http://www.m-x.com.mx/2013-06-09/la-mafia-financiera-de-los-legionarios-de-cristo-int/

El origen de la violencia

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Por: Paola González – @PaolagabbieG

La historia de la humanidad está plagada de conflictos y actos violentos. Constantemente se han hecho investigaciones y discursos acerca de la violencia que ha sido blandida desde la aparición de nuestra especie; incluso algunos se atreven a especular que sin esta situación jamás habríamos desarrollado un pensamiento científico y tecnológico como el que tenemos hoy en día.

¿Qué es lo que la detona?

¿Es una reacción inherente al ser humano?

¿Acaso falta la razón o el respeto en la crianza?

Sí, Freud afirmaba que es un acto instintivo, proveniente de nuestros genes y patrones evolutivos. Sin embargo, la ONU ha respaldado un acuerdo médico afirmando que es un efecto social que detona según el contexto de la persona violenta. Teniendo en cuenta que hay tantos estudios que se suprimen el uno al otro según el enfoque y el campo de estudio que se utilice, hasta el día de hoy los estudiosos no han podido llegar a un acuerdo.

Por otra parte, Tomás Moro (Sir Thomas Moore) en su obra “Utopía” explica que si la sociedad misma le niega las oportunidades de desarrollo adecuadas a su gente y crecen para convertirse en ladrones y asesinos, que queda más que concluir que la misma sociedad castiga a quienes ha dejado desvalidos. Esta obra podría explicar medianamente la razón de la extremada violencia que sufre y ejecuta el ser humano.

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Hemos crecido escuchando que somos el pináculo de la evolución, que el hombre es el único en el reino animal capaz de razonar; que en ese razonamiento está el goce de la vida, el amor, el uso de la inteligencia como herramienta y el desarrollo cognitivo superior. Hemos creído que TODAS las personas que sufren en carne propia la violencia retorcida de una voluntad mezquina se vuelven unos mártires benditos de la comunidad.

Creemos que la vida es una constante lucha en la que el más fuerte siempre se impondrá ante el débil; no nos damos cuenta que en ocasiones esa persona que venció fue en una ocasión esa persona que fue rota, retorcida en el dolor y que perdió toda esperanza de redención, de una vida digna, de paz y justicia.

No es la genética la que detona comportamientos crueles, no es nuestro ancestro primitivo el que nos incita a la venganza. No es nuestro instinto animal el que decide y planea toda una masacre. Una vez un anciano con los ojos arrasados en lágrimas le contó a su nieto sentado en su regazo cómo en tiempos de la Revolución Mexicana, él mismo siguió al ejército de Pancho Villa y entró a las ciudades ocupadas precedido por un río interminable de carmesí. Cuerpos colgando de los alféizares, vida hecha lluvia de lágrimas, sudor y sangre.

Si los especialistas juran que estamos en la época más pacifista y consciente de la historia; las millones de voces víctimas del trato inhumano en cualquier sentido gritan diciendo “MENTIRA” “CALUMNIA” “TRAICIÓN”. Desde los asaltos a mano armada, los feminicidios constantes, la represión política, segregación, asesinato por armas químicas, el mundo entero dice BASTA.

Se necesita ser valiente para tenderle la mano a quien ha sido cegado y no puede encontrar la esperanza y la redención. Sé luz, sé un puente sobre aguas turbulentas. Sé un milagro para quienes lo necesiten; no solo un post en redes sociales sobre lo terrible que te sientes viendo cómo la humanidad se destruye a si misma.

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Los días de hoy

La apatía es uno de los síntomas que aparecen mucho antes que la depresión en los adolescentes, el cambio de actitud y la falta de motivación no hacen sino alertar de la presencia de un problema que no podemos o no queremos ver pero, ¿podemos imaginarnos un día en la vida de un adolescente que sufre por algo, pero que no nos dice a la cara lo que sucede?

Por: Ingrid Canul – http://facebook.com/icanulleon

 Los días de hoy.

Comienza el día, la luz se cuela por la ventana instando a levantarse, a iniciar la faena diaria. Hay que desayunar a toda prisa, con la trasnochada frente a la tableta no quedan ganas de hablar con nadie y apenas se puede mantener abiertos los ojos, el sol aún no ha aparecido en lo alto, pero entre el ajetreo de la mañana, la leche con panqués, recoger los útiles y salir a toda prisa con rumbo a la escuela, apenas se puede notar que aún no ha terminado de amanecer.

El sol llena de olas tímidas el cielo, amarillas y naranjas que avanzan lentamente, como todos los días desde hace millones de años y aún desde hace cientos de años cuando el primer hombre se maravilló de su arte en acuarela y veneró el sol que da calor. Pero hay que leer los mensajes enviados en la noche, porque mamá no me permite tener cerca el celular y me prohíbe dejarlo encendido, hay que revisar los “me gusta” y las solicitudes nuevas de amistad, hay que ver el efecto que tuvo esa foto con mis nuevos zapatos carísimos que romperé mañana o pasado mañana. El sol sólo es una luz molesta, que no me permite ver bien la pantalla al mediodía…pero por ahora, sólo aparece rápidamente en el cielo.

Ya es media mañana y el profesor no deja de hablar. En cuanto se da la vuelta, hay que ver los mensajes que llegan de los demás compañeros, se ríen en voz baja haciendo bromas, una mirada airada de esa persona especial. El sol está cada vez más alto y seguramente afuera hace calor, la primavera está llegando y los árboles despiertan de su letargo, hay una ardilla en una rama.

A la hora del descanso, todos juegan a algo o platican con alguien o hacen cualquier otra actividad. Algunos juegos no son del todo seguros, pero los prefectos se hacen de la vista gorda porque les da igual; fingiendo interesarse en algo cuando lo que hay que hacer es dejar que los minutos se sucedan unos a otros hasta la hora de la salida. Regreso al aula y es la misma rutina.

¿Cómo te ha ido en la escuela? Bien. Las mismas preguntas y las mismas respuestas, los profesores hablaron y los oídos simularon haber escuchado algo. Hora del almuerzo, el silencio es siempre habitual al principio, sólo es interrumpido por los tenedores y el habitual “acércame la salsa”; pero poco a poco se dan cuenta de lo incómodo y empiezan a hacer preguntas; ellos fingen interesarse enserio y hay que fingir que se les contesta enserio. Cuando realmente quieres hablar, eres invariablemente ignorado, cuando ellos quieren hablar, desde el fondo del alma surge el yo egoísta que no quiere escuchar, pero la he oído llorar muchas veces a escondidas, sola. Terminar el almuerzo, levantarse, lavar tus platos sucios “voy a mi habitación”.

Echarse en la cama, ver televisión, jugar videojuegos. “Mamá ¿Has visto mis tenis?”, “los puse entre tus cosas”, salir al parque a jugar un rato. Regresar justo a la hora de la cena. “¿Ya hiciste tu tarea?” seguido de un largo sermón acerca de cómo los jóvenes desperdiciamos nuestra vida. Afuera, el sol se ha ocultado de nuevo, desaparecía mientras jugaba la cascarita con los demás, ajenos a nuestras vidas dentro de casa. Sólo hay que asentir y escuchar, la tormenta pasará. “¡Vete a tu cuarto!” ¿Y a dónde más? Si pudiera, ya no estaría aquí.

El sol ha sido reemplazado por la luna, la apatía se ha vuelto rutina, ya casi es hora, ya casi comienza. Esperar en la cama, con la remota ilusión de que hoy podría ser diferente, sabiendo que no lo será y aun así aguardar el día en que ya no tenga que escucharlos. Siempre comienza de la misma forma, murmullos bajos, seguidos de una sola exclamación alta y después comienza la función: gritos, reclamaciones, objetos arrojados. Se esmeran en parecer lo que no son durante el día y aguantan todo el rencor hasta la noche cuando “nadie los oye”, pero olvidan que de su recámara sólo me separa el baño y he escuchado esta melodía todas las noches, durante al menos dos años.

Todo el día se resume a esto, a la noche y los demonios que persiguen y no te dejan dormir con sus alaridos, monstruos todos, ajeno yo. Y no es que no hayan existido risas o ilusiones, porque las hubo, pero superficiales, que apenas llegan a rozarme y me hacen experimentar apenas felicidad. Tengo 15, sé cómo terminará esto y no puedo dejar de pensar que ojalá termine pronto porque es intolerable y los odio y paso el día en ocio total para llegar a la noche y soportar la tensión. Son las 12:30am, ha empezado puntual, es hora de Clash Royale hasta que mis ojos no sean capaces de mantenerse abiertos.

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Acción y palabra: ¿hasta la victoria siempre?

Yoga

Por: Alex Leurs

El Bahavagad-Gita, elemento central del poema Mahabarata, es uno de los textos sagrados más importantes del Hinduismo. Escrito originalmente en sánscrito —la lengua sagrada de los dioses—, se le considera como el texto fundador de la filosofía yóguica. En él, Krisna dialoga con el príncipe Aryuna en la víspera de la batalla de Kurukshetra. Reflexionando sobre el camino espiritual, el príncipe pone en duda su involucramiento en la batalla. Perseguido por una comprensión moralista del mundo considera que emprender la batalla, una acción que traería la muerte de conocidos, es incompatible con una vida que pretende romper el ciclo de las reencarnaciones (Samsara). Sin embargo Krisna señala que la acción es una de las vías principales para romper el Samsara y que la vida le ha dado las herramientas para dirigir la guerra. Es su responsabilidad usar esas herramientas y por lo tanto, en este caso, Aryuna debería no solo emprender en la batalla sino ganarla.

Detrás de las palabras de Krisna se encuentra el corazón de la doctrina yóguica. Sí, el yoga es una filosofía de vida que se centra en la acción y, más específicamente, en el alineamiento de la acción con la intención. De esta manera queda que toda acción se puede realizar de dos formas: siendo —o no— “consciente” de lo que se hace, por qué y cómo se hace. El yoga no puede ser reducido a su versión Occidental consumista: tapetes de colores, licras bonitas, botellitas con agua purificada, la esperanza de un mejor cuerpo, una o dos horas a la semana. El yoga trae la mente a la acción. Puedes hacer yoga mientras lavas los trastes, cantas, haces ejercicio o el amor. Es el matrimonio del cuerpo con la mente en el presente: la intención alineada con la acción. La filosofía yóguica nos ayuda a exponer las condiciones en las cuales la acción es fuente de cambio, de ruptura de patrones en el sentido largo de la palabra.

En el transcurso de su diálogo Krisna invita a Aryuna a considerar un panorama más grande. ¿Cuál es el sentido de su acción? ¿Qué es lo que defiende? ¿A quién protege? ¿De qué? ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene esta batalla a la luz de la historia? ¿De su historia? Pelear por pelear y pelear por defender a tu prójimo no es lo mismo. Podríamos decir que se trata de pelear con el corazón en la mano, con la convicción de que esa pelea tiene un objetivo que merece ser perseguido.

Ahora bien, en este artículo no pretendo reproducir el contenido de un texto sagrado y mucho menos vulgarizarlo. Más bien se trata de un punto de partida para reflexionar sobre las acciones en nuestro presente político, económico y social.

En el presente que nos toca compartir me parece que la palabra (individual, ciudadana y/o colectiva) ocupa un lugar paradójico: si bien parece estar legitimada no parece abrir caminos de alternativas. La palabra está habilitada porque en el inconsciente colectivo occidental la democracia y la libertad destronaron la autoridad tiránica y la represión. Y si bien es verdad que la(s) palabra(s) puede(n) —en algunas circunstancias— llegar a representar una acción, también es verdad que la palabra puede ser usada para eludir la acción. Las plataformas sociales han generado un espacio ilusorio en el cual las opiniones se transforman en enunciados arrojados en un barranco a un vacío que fantaseamos está repleto de gente esperando por nosotros. En esta configuración, dar su opinión parece ser sinónimo de una acción que reivindica una toma de posición. La paradoja radica en que el eco de nuestras intenciones muere en el vacío del barranco al buscar un amplificador de señal que pueda crear de él una acción. Y si hace falta un receptor para cargar la palabra y transformarla en acción es porque nosotros mismos no sabemos cargar con nuestras vociferaciones. Palabras fuertes en bocas débiles. Hoy por hoy hablamos fácilmente de revolución, en el plato, en la calle, en la economía y en la política. Pero, ¿quién entiende realmente el alcance de usar esa palabra? ¿Lo que supone? ¿Lo que incita? ¿Las puertas que abre? ¿Sus repercusiones? ¿Su significado?

Decir que vivimos momentos nunca antes vistos sería una ablación total de la historia (típica del egocentrismo humano). Sin embargo, estos parecen ser tiempos cargados de un ambiente que grita: indignación. Cambio. Ahora o nunca. Tal vez sea el peso de la historia que nos recuerda que se repite. Lo que hoy en día vivimos tanto a nivel nacional (corrupción, violencia, inseguridad, incertidumbre, descontento, falta de cohesión social) como a nivel internacional (Trump, Brexit, Le Pen o Mélenchon, Syria, Venezuela, Corea del Norte, Ukrania) parece ser la repetición de un viejo escenario con actores diferentes. Lo que hoy se repite es el ser humano intolerante, desolado y alienado en busca de métodos para defenderse de una amenaza exterior que en realidad es interna y consecuente del miedo a la diferencia. La historia se repite, nos la han cantado desde niños, pero hace falta un poco de perspectiva para darse cuenta de la veracidad de esas palabras. Sentir el peso de la “Crónica de una decadencia anunciada”. La historia se repite y tenemos —a mi parecer— mayor obligación que nuestros antepasados a emprender acciones coherentes con lo que hemos aprendido de lo que ellos han vivido. Deberíamos considerar el peso de la palabra revolución ante la luz de la historia de nuestros antepasados. De alguna manera, todos somos productos de una historia cuyas dimensiones trascienden las de una sola vida.

La pregunta entonces es: ¿qué estamos haciendo? ¿Cómo hemos asumido esa responsabilidad que la historia y nuestro presente de conectividad e información nos arrojan implícitamente? ¿Asumimos esa responsabilidad? O, como Aryuna, ¿intentamos rehuirla? Como él, podríamos enfrentar nuestra comprensión limitada de la historia y los procesos que la escriben para asumir nuestra responsabilidad hacia la vida. Podríamos movernos con el corazón en la mano. En una época en la que viejos fantasmas que creíamos estaban tirados en la lona regresan para acecharnos, nos hemos quedado como venados lampareados.

La magnitud de algunos eventos de nuestro presente es abrumadora y nuestras respuestas parecen ladridos de perro enojado pero con la cola entre las patas. No metemos las manos al fuego por nada y, cuando pretendemos hacer algo, nuestras acciones brillan por tener mecha corta y poca gasolina. Entonces, retomando las enseñanzas de Krisna, ¿qué tipo de acciones estamos llevando cada uno de nosotros para contrarrestar esta ola de violencia e inhumanidad a favor de la economía e interés de algunos cuantos? La historia se repite y aunque pueda parecer cliché, sabemos cómo esta historia puede acabar: en repetición, más de lo mismo. La repetición es una forma de cárcel. La información ya la tenemos. En esta época de redes sociales no saber no es argumento. No querer sí lo es pero es una postura que hay que asumir. Porque se vale ser egoísta pero no se vale ser hipócrita.

Tal vez hoy por hoy únicamente las acciones puedan marcar una diferencia.

Tal vez las acciones que hoy necesitamos van mas allá de mensajes inspiradores como los de Prince EA.

Tal vez la palabra ha llegado a su límite al ser explotada como pantalla para obscurecer la falta de acciones.

Tal vez la palabra sin acción se asemeja a lo que Lacan describió como palabra vacía: fuente de angustia e inmovilidad.

La acción permite la realización de la palabra. En un contexto en el cual la palabra ha sido violada (en todos sus sentidos) solo la acción puede devolverle su estatuto que alguna vez pudo tener. Porque cuando palabra y acción no están acordadas, las fuentes de cambio y transformación permanecen ocultas…

Espero dejarte con preguntas. Estoy convencido de que son mas útiles que las respuestas…

…. Eso sí, el chiste de una pregunta es que sostenga un acción,

“Hasta la victoria siempre”.

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Por qué amo y odio la CDMX

 

Sofía Bosch – @sboschg

La Ciudad de México me encanta, pero muchas otras veces también me horroriza. Tengo sentimientos encontrados. Una relación amor-odio con mi ciudad natal.

No me gusta sentirme insegura caminando por la calle y estar constantemente alerta, me da mucha tristeza subirme a cualquiera de las líneas del metro que no sea la dorada: están sucias y saturadas pero por otra parte el tráfico me vuelve loca. Leo las notas con respecto a robos, homicidios y presencia del crimen organizado en la capital. Empieza la ebullición dentro de mí. Un enojo y repulsión total hacia mi ciudad. Me dan ganas de quedarme a vivir en el extranjero para siempre.

Luego me acuerdo de las caminatas que hacía por el Centro Histórico con mis ex compañeros del trabajo, de lo mucho que me encantan los chicharrones de carrito con Valentina (de la que no pica y con limón), que los domingos de conciertos en la Sala Nezahualcóyotl son increíbles, de los mariscos del Danubio en la calle de Uruguay, de mis recuerdos de infancia andando en bici con mi papá por Ciudad Universitaria y que jamás le digo que no a unos esquites del carrito que se pone en frente de la iglesia en la glorieta de la Guadalupe Inn. Entonces se me llena el corazón. Me emociono. Me dan ganas de regresar a vivir a mi ciudad, a la que siempre ha sido mi casa.

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Hace unos meses que no había venido de visita.

Voy pasando frente al metro Barranca del Muerto dirección sur, volteo y a mi lado derecho hay un nuevo mamotreto. Se llama Portal San Ángel, un nuevo centro comercial que acaba de abrir. Empieza en mi una cocción de enfado hacía la CDMX.

Los logotipos de los comercios anunciados llaman mi atención. Cinépolis: pff, para que nos pasen la misma película malísima de Derbez que también se proyecta en el las otras miles de salas del país. Sam’s Club: no vaya a ser que no tengamos donde comprar paquetes gigantes de Cocas de 2 litros. Starbucks: claro, para echarnos el cafecito pretencioso de 60 pesos después de la comida. Recórcholis: ¿Qué es esto, el 2002?

Y por supuesto la epítome de los centros comerciales mexicanos: un Italiannis.

Los que me conocen saben que se me pone roja la cara cuando me enojo. Aquí me iba a explotar.

¿Cuándo dejaremos de construir centros comerciales a diestra y siniestra en la ciudad? ¿Cuándo aprenderemos a que vale más apostar por espacios públicos donde la cohesión social no esté sujeta a la capacidad de adquisición de las familias, pero a la convivialidad?

Los vecinos de Pedregal de San Ángel acaban de frenar la construcción del Picacho Lifestyle Center (qué vergüenza de nombre, por fortuna lo cambiaron a ARTZ Pedregal) también conocido como el “Antara del Sur”, el centro comercial a cargo del Grupo Sordo Madaleno desarrollador del visible Antara de Polanco. Reclaman reparen el daño ambiental que ha producido la construcción —la tala de más de mil árboles así como los problemas ocasionados por los derrumbes y desgajes de hace unos meses a metros de la lateral del Periférico. La desarrolladora deberá retribuir a la zona por medio de la planta de árboles, restituir 20 mil metros cuadrados de áreas verdes así como la planeación y construcción de vialidades para evitar el caos que la entrada y salida de autos del centro comercial generará sobre el Periférico. (Como referencia solo hay que ver lo que la plaza Oasis Coyoacán ha producido sobre Miguel Ángel de Quevedo).

Le aplaudo a los vecinos por pedir una rendición de cuentas a nivel logístico y ambiental, pero esto debería de haber sucedido antes de que la construcción comenzara. Nos deberíamos de enfurecer cada vez que se propone la construcción de un nuevo centro comercial en lugar de un espacio público verde. Su impacto no es únicamente a nivel ambiental, está también ligado a cómo nos vemos como sociedad.

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Trato de respirar lento para que se me baje el enojo pero no puedo. Mi aborrecimiento hacía esta ciudad está llegando a un límite. Y por supuesto no puedo respirar bien porque hay contingencia ambiental y el cielo está gris por la contaminación.

Llego a la Plaza del Carmen. Ya no camino, pero voy marchando furibunda.

Se me cruza el chicharronero…

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10 pesos después me estoy zampando un chicharrón grande cortado en tiritas con Valentina de la que no pica y limón. Veo a mi alrededor y la Plaza del Carmen está llena de gente, sentada en las bancas, descansando, caminando, paseando. Volteo al cielo y sus altos árboles y jacarandas me hacen sombra. Doy un buen respiro y vuelvo a amar a mi Ciudad de México.

[Después de mi chicharrón, seguí caminando y dos cuadras adelante casi llegando a Plaza Loreto me encontré con OTRO nuevo centro comercial: Patio Revolución, y seguí y me topé con OTRO (!!): Plaza Vista Pedregal. ¿Qué diría Jane Jacobs de nuestra ciudad?]

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Un viaje por el mundo de Stanley Kubrick

Stanley Kubrick en la Cineteca

Por Uriel Gordon – @Urielo_

Se escucha música de Beethoven como telón de fondo. En frente de ti, aparece un maniquí vestido con pantalón, camisa y tirantes de color blanco; trae puestas unas botas, un sombrero negro y en su mano, sostiene un bastón del mismo color. Lo rodean dos maniquíes de mujeres desnudas que portan pelucas güeras. En las paredes negras, se alcanza a leer, en tipografía psicodélica, palabras como “Moloko plus” y “Moloko vellocet”. Sabes perfectamente dónde estás: en el Bar Korova que abre la película A Clockwork Orange de Stanley Kubrick, que se basa en la novela de Anthony Burgess.

Bar Korova

Te imaginas que a tu lado, se encuentran Alex DeLarge y sus amigos o “droogs”, Georgie, Dim y Pete; escuchas la risa tonta de Dim y miras a los ojos a Alex, que te proyectan de inmediatamente, una malicia sarcástica; sientes miedo: conoces bien a los personajes y sabes de lo que son capaces. Por instinto, quieres escapar, pero te das cuenta que involuntariamente has dejado de ser solo un espectador, que la cinta vive en ti desde hace tiempo. El escenario en el que estás simplemente te recuerda que hay una parte tuya que se encuentra encapsulada en este filme que se estrenó en 1971. Sigues avanzando.

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Miras el suelo y ahora estás caminando sobre un tapete con figuras geométricas naranjas, cafés y rojas. Frente a ti, ves un diminuto suéter de color azul cielo que en medio, trae un cohete espacial: es la ropa del pequeño Danny Torrence. Imaginas al niño recorriendo, en su triciclo, el tenebroso Overlook Hotel cuando de pronto, te topas con una máquina de escribir; te llama la atención, te acercas y observas un papel que refleja todo el trabajo literario que el papá de Danny se ha dedicado a escribir en los últimos meses.

“All work and no play makes Jack a dull boy”

Lees la siguiente frase que se repite a lo largo de la página: “All work and no play makes Jack a dull boy”(“Solo trabajar y no jugar hace de Jack un chico aburrido”). Sabes lo que representan esas palabras y la máquina de escribir; son símbolos del caos y el terror que carga y desata Jack Torrance, en la cinta de The Shining de 1980 que está basada en la novela de Stephen King. Sientes ansiedad, pero continúas adentrándote al mundo de esta película de Kubrick que por primera vez, viste a los 14 años y que desde ahí, te persigue.

Eyes wide shut

La sensación de nerviosismo incrementa: comienzas a escuchar una especie de cantos dignos de un ritual satánico; la música y las voces te hacen saber perfectamente que ha llegado el momento de sumergirte al mundo de la última película de Kubrick, Eyes Wide Shut de 1999. Te invade el suspenso; al entrar a una nueva sala, la luz se vuelve más oscura, la bienvenida te la dan una serie de extrañas máscaras que podrían verse en el Carnaval de Venecia. Sigues caminando y todo lo que ves tiene una estética de sueño: te encuentras en una mansión de Nueva York con gente millonaria muy extraña, que viste túnicas, capas negras y que cubre sus rostros precisamente con el tipo de máscaras que observaste en la entrada. Aunque todos esconden su identidad con el disfraz, conocen perfectamente quién es quién ahí.

Repentinamente, aparece un intruso que no fue invitado a la fiesta: es el maniquí del Dr. Bill Harford, cubierto con una máscara blanca que trae una especie de antifaz dorado, que se extiende desde la frente hasta las mejillas. Para su mala fortuna, descubren que no pertenece ahí. Sientes angustia: sabes que en los siguientes minutos le darán una lección que no esperaba; sabes que la película que busca adaptar al cine la novela Relato soñado de Arthur Schnitzler, tiene la capacidad de convertir las fantasías del Dr. Harford en su peor pesadilla.

Terminas el recorrido de “Stanley Kubrick, la exposición”, en La Galería de la Cineteca Nacional de México, y sientes primero alivio y luego la emoción de haber tenido la oportunidad de observar en vivo, más de 900 piezas que envuelven a la obra de este cineasta. Piensas en los objetos icónicos, en las películas con las que creciste, en cómo sus historias e imágenes permanecen en tu memoria y te acompañan, en como es que el cine es un vehículo para compartir sueños, emociones, anhelos y pesadillas.

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5 personajes que cambiaron la historia y seguro no conocías

 

5 Personajes de la HistoriaPor: Gabriela S. Gómez – @GabrielaSGH

De Einstein, Aristóteles, Da Vinci, Julio César, Hitler, y un larguísimo etcétera hemos leído y escuchado mucho. Si no hubieran nacido, tal vez el mundo no sería como lo conocemos hoy. Personajes que con su paso por la tierra lo han transformado todo hay miles; unos más decisivos e impactantes han logrado trascender a la cultura popular con más fuerza. Pero existen otros muchos que con sus acciones generaron un efecto mariposa igual de determinante. Aquí les presentamos una cortísima lista con sólo cinco de ellos, pero igual de importantes:

Akenaton

1. Faraón Akenatón. (aprox. 1372 – 1336 A.C.)

Hace miles de años—literalmente, por ahí del 1300 A.C.—en Egipto sucedió algo que le dio una tremenda sacudida a toda su población: el nuevo faraón, Akenatón, decidió cambiar la religión oficial del imperio. Del culto politeísta de los dioses Ra, Horus, Osiris y un largo etc. decretó que, de ese momento en adelante, en Egipto sólo se podría adorar a un solo dios, Atón. Imagínense el trauma de la gente que tenía más de mil años adorando a los mismos dioses y de pronto les dicen, “esos son falsos, el verdadero es este, el único, no discutas”. Por supuesto generó revueltas y al final acabaron asesinando al pobre faraón. Pero eso no es lo importante. El culto a Atón como deidad única es el primer registro que se tiene en la historia de la creencia en que existe un solo dios. Y más interesante aún, los historiadores ubican la existencia de Moisés, el libertador del pueblo judío, justo en ese tiempo (!!!). Algunos incluso llegan a asegurar que la religión de Atón fue la chispa que alumbró la religión judía, de la que finalmente se derivan el cristianismo e incluso el islam.

Pablo de Tarso

2. Pablo de Tarso, o mejor dicho, San Pablo. (aprox. 5 – 67 D.C.)

No cabe duda que el nacimiento de Jesucristo cambió la historia. Pero, ¿qué hubiera ocurrido si nadie nos hubiera contado de él? Tal vez su presencia en la tierra hubiera pasado desapercibida, porque ni él, ni sus inmediatos seguidores escribieron una sola palabra. La difusión de su doctrina empezó de boca en boca y los primeros “cristianos” eran considerados solo como una secta dentro del judaísmo. No fue hasta que un judío llamado Pablo de Tarso (aprox. 5- 67 D.C.)—que al principio de su vida adulta le daba por perseguir y encarcelar cristianos—se convirtió en seguidor de Jesús, que el cristianismo empezó a tomar forma como religión independiente. Pablo fue de los primeros en poner en papel los mensajes de Cristo. Además, su incansable acción misionera fuera de la zona de Jerusalén se considera la clave de la expansión de la religión cristiana en el Imperio Romano (y ya todos sabemos cómo acabó eso).

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3. Rodrigo Borgia – Papa Alejandro VI (1431 – 1503)

La historia de este personaje es fascinante y hasta puede causar un poco de morbo. Sobre él y su familia se han escrito mil cosas (seguramente la mayoría mentiras o exageraciones, nunca lo sabremos) que han despertado la imaginación hasta de productores de películas porno. Pero a pesar de lo jugoso que suena todo ello no es lo que lo coloca en esta lista. Cuando Cristóbal Colón descubrió América para los españoles, el mundo entero se paró de pelos y todos querían una parte del pastel. Los más poderosos contendientes eran España y Portugal y nomás no lograban ponerse de acuerdo sobre quién se quedaba con qué. Entonces, como era costumbre en la época, acudieron al papa en turno para que resolviera la disputa. Rodrigo Borgia, o mejor conocido como Alejandro VI, lideró las negociaciones y trazó una línea (posteriormente llamada Línea Alejandrina) a 100 leguas de la isla de Cabo Verde, África. Los portugueses se quedaban con lo que estuviera antes de esa línea, los españoles con lo que quedara más allá de ella. Seguramente, cuando los portugueses vieron TODO lo que había después de la línea, (prácticamente todo el continente americano ex-Brasil) les dio el telele. Pero ya era demasiado tarde. Esta línea determinó el futuro de millones de personas que hoy habitamos este lado del mundo, y es, entre otras cosas, el motivo por el cual unos nacemos para hablar español y otros portugués.

Emmeline Pankhurst

4. La Sufragista Emmeline Pankhurst (1858 – 1928)

Nada más natural para las personas del siglo XXI en Occidente que el que las mujeres puedan votar. Obvio, ¿no? Somos ciudadanos igual que los demás, pagamos impuestos, trabajamos, educamos a futuros votantes, etc. Pero esto no siempre ha sido así. A principios del siglo pasado, en la mayoría de los países, las mujeres no tenían este derecho; de hecho casi ninguno. A medida que han pasado los años hemos ido ganando más, pero ninguno más fundamental que el voto. Gracias a él, los políticos nos toman en cuenta al desarrollar sus propuestas de gobierno. Sin el voto, las mujeres serían invisibles. Aunque desde finales del siglo XIX algunos tipos de mujeres (de la clase alta o con propiedades) podían votar en países como Nueva Zelanda y Finlandia, no fue hasta que se le dio el voto a las mujeres del Reino Unido (1918) que la fiebre sufragista se expandió por todo el mundo occidental. Emmeline Pankhurst fue la líder del movimiento sufragista de Inglaterra. Fue capaz de todo para conseguir su objetivo, desde manifestaciones pacíficas hasta incendios de comercios y establecimientos públicos.

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5. El Espía Atómico Klaus Fuchs (1911 – 1988)

El miedo a la guerra atómica es algo que gobierna las decisiones de política internacional desde que Estados Unidos decidió tirar las primeras bombas en Hiroshima y Nagasaki en 1945. Hoy en día, el nivel de poder o seguridad militar de cualquier país se mide en si tiene o no tiene armas nucleares. Incluso podríamos decir que si no hubo una guerra abierta entre Rusia y Estados Unidos el siglo pasado fue precisamente por el miedo de ambos a ser completamente destruidos por estas armas. Ahora, ¿cómo fue que se coló la fórmula maldita de un país a otro? Por los llamados espías atómicos. Fueron muchos, pero uno de los más importantes fue el físico alemán Klaus Fuchs. Formó parte del Manhattan Project y desde el principio estuvo pasando información a la Unión Soviética sobre los avances de la investigación. Seguramente el mundo no sería el mismo si sólo un país tuviera acceso a esta tecnología. Si fuera mejor o peor, nunca lo sabremos.

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Futbol: lo más importante entre lo menos importante

Futbol para aficionados

Por: Ernesto Gómez  – @EGH7

Existe un debate cuando se habla sobre las conveniencias de apasionarse por las historias de las películas, series y, sobre todo, el futbol o en su defecto cualquier otro deporte. El deporte más popular del mundo despierta sentimientos en sus aficionados de todo tipo, los guiones de los partidos siempre pueden cambiar y, por esto mismo, el futbol es a final de cuentas y como lo dijo Valdano, “lo más importante entre las cosas menos importantes”.

Por lo anterior este deporte genera una pasión que para muchos parecerá desmedida, incomprensible y generadora de un desgaste innecesario. Pues ser un fanático verdadero toma tiempo, a veces quita el sueño y, por la naturaleza del deporte, en incontables ocasiones enfrentará al aficionado con la decepción y el desasosiego. Naturalmente, existirá la otra cara de la moneda, la del éxtasis, la de la incredulidad cuando se ve a un ídolo romper a una defensa y meter el gol del gane; la de la felicidad que en ocasiones se siente inmerecida cuando tu equipo logra lo que parecía imposible. Existe una cierta nobleza en apasionarse por un equipo, pues ser hincha del futbol es un irrenunciable sube y baja de emociones en el que la única constante para los devotos es la camiseta.

Tan sólo de ejemplo está la semana del Barcelona en la que un miércoles quedó eliminado de Champions para el domingo ganar un partido importantísimo contra el Real Madrid en el último minuto con gol de Messi, la mina que sigue dando alegrías a los barcelonistas. Del abismo a la gloria en cuatro días. Hay semanas por las que crees morir en el futbol.

Este bienestar es tal vez comparable con el que sentirán los fanáticos de la lectura o de alguna serie televisiva cuando ven a su personaje favorito triunfar, al igual que la tristeza cuando algún otro pierde la cabeza. Los seguidores asiduos de Game of Thrones comprenderán esta sensación perfectamente.

La pregunta es si no será mejor vivir en el aparador y ser parte del público casual que disfruta del futbol, pero cambia sus alianzas conforme cambian las fortunas de los equipos. Ser de los que gustan de ver un partido sin sufrir por el resultado y sólo alegrarse de la calidad del mismo. Sin las angustias, muchos dirán que esto es incuestionable. A los apasionados se les asemejará a disfrutar un buen vino, más nunca embriagarse, pues nunca sufrir también significa nunca saborear algo enormemente.

Naturalmente, siempre tiene que existir un límite a la pasión y no dejar que escale a otros niveles, pues siempre hay cosas más importantes. Pero sobre todo es aún más importante que la indiferencia siempre se mantenga sólo frente a lo baladí y no alcance todos los niveles de la vida. Esto porque la indiferencia se acerca peligrosamente a la inanición espiritual y no hay nada peor que eso. Hoy más que nunca es importantísimo que lo anterior no suceda.

La disputa entre la comodidad de la indiferencia y el vaivén del fanatismo se transmite a todo y siempre parecerá atractivo el camino del desapego que te distancia por siempre de la decepción. Sin objetividad alguna, como apasionado al deporte y a las historias, me decanto siempre por la vida incierta como aficionado con todo lo que conlleva, bueno y malo. Aunque honestamente, también habrá días en los que se querrá ser inmune a la tristeza que causa la derrota y optar por la comodidad del eterno indiferente, pero con la siguiente victoria se olvida este momento de duda y hace que todo valga la pena.

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