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Por Uriel Gordon — @Urielo_

Quita la envoltura de papel vorazmente, de su boca sale saliva y cuando va a comenzar a devorar la hamburguesa, se da cuenta que tiene queso. Sus ojos llenos de furia, no dan crédito a lo que ve:  “Carajo, la pedí explícitamente sin queso”, se dice a sí mismo, mientras se golpea el pecho como un orangután. Avienta la hamburguesa contra el techo y estalla en berrinche: salen lágrimas y de rodillas, mirando al cielo, pega un rugido de rabia: ¡ruaaaaaaaaaaggghhhhhhhh!

Se levanta del piso de madera oscura y con paso apresurado, da vueltas y vueltas por su departamento; levanta y agacha la vista, le pega a las paredes, aprieta la quijada y luego la suelta con fuerza; parece un loco de manicomio. Hace una pausa al encontrarse con una foto de su infancia, donde está disfrazado como Peter Pan, la saca del marco y la oprime al cerrar sus puños, pero se arrepiente y se tranquiliza un poco: la dobla y la pone en uno de los bolsillos de su saco.

Rápidamente, se dirige a su habitación  y se detiene ante el cuadro de Dalí, Muchacha frente a la ventana, donde aparece una mujer contemplando el mar. Entra en trance y queda atrapado dentro del cuadro: se pierde en el color azul del vestido de la mujer, de las cortinas y del océano. Sin embargo, explotan sus emociones y súbitamente, se escapa de los confines del retrato con la respiración totalmente exaltada. Grita otra vez y agita sus brazos como si sostuviera imaginariamente los barrotes de una jaula, pero la paz regresa. Por fin respira con calma: inhala y exhala profundamente.

Pasa por el lavamanos, se echa agua en la cara, se mira al espejo, asiente con la cabeza.

Y, después, de la caja fuerte toma sus dos pasaportes, 400 dólares y 300 euros. Del clóset, agarra su chamarra café estilo aviador, su mochila JanSport de los años noventa y pide un Uber; el destino: el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

El GPS que trae el chófer del Volkswgen Vento con placas “AWY123” marca que llegará  a las cuatro de la mañana. El camino transcurre en silencio absoluto: ni un “buenos días” intercambia. Se baja del auto y se despide del conductor con un “hasta nunca”.

Al llegar a la Terminal 2 se queda observando fijamente el tablero de salidas. Hay cuatro alternativas que le llaman la atención: Medellín, Dublín, Ámsterdam y Nueva York. Decide emprender la odisea en la tierra de James Joyce y compra un boleto sin regreso; la mujer del mostrador le pregunta que si va a documentar equipaje y él responde con una sonrisa: “para este viaje no necesito equipaje”.

El vuelo sale hasta las 8 de la mañana, toma asiento en una de las sillas que hay frente a la sala 56 y cierra los ojos momentáneamente, pero no puede permanecer sentado y por supuesto, tampoco puede dormir. Se dirige al restaurante Alitas que, por fortuna, abrió temprano, y pide unos chilaquiles verdes con chorizo y extra salsa. Los traga de golpe, casi sin masticar; pareciera que acaba de salir de la prisión. En la televisión, observa en vivo, el partido Tottenham vs el Fulham, de la liga de fútbol inglesa. El deporte lo distrae y se relaja; pierde la noción del tiempo y se da cuenta que ya tiene que abordar. Pide la cuenta, se despide de la comida mexicana y regresa corriendo a la sala 56.

Llega rayando y aborda el avión. Deja su mochila en los compartimentos, toma sus audífonos y pone la canción Paranoid Android de Radiohead, en el Spotify de su celular. Observa la ventana, toma del bolsillo de su saco la foto de Peter Pan y le entra una sensación de nervio. Piensa en la hamburguesa con queso que aventó al techo horas atrás y el nervio, se transforma en un ataque de ansiedad; le cuesta trabajo respirar. Pone las manos, en forma de garras, sobre su cinturón de seguridad; mira con ojos de angustia al pasajero que está a su lado. Quiere bajarse del avión, pero sus piernas no le responden; quiere quedarse en el avión, pero siente pánico. Solo sabe que quiere, aunque ya está lleno, una hamburguesa sin queso.

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Escrito por InteIndep

Un comentario

  1. Buena narración. Creo que vivimos en tanto estreses, con un sentimiento
    de enorme impotencia ante lo que pasa,que cualquier detalle insignificante detona el coraje y el actuar son razón.
    Es una historia de lectura ágil que me mantuvo interesada.

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