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Por: Daniela Dib – @dandiba

Si existe controversia sobre el documental What the Health, aún disponible en Netflix, no se debe a su argumento principal. Según el filme, además de fijarnos bien en lo que contienen los alimentos que consumimos, debemos adoptar una dieta cien por ciento basada en plantas. Sin duda, la comunidad científica internacional coincide sobre lo que implica una dieta sana: fuentes de proteína, grasas buenas, ingredientes naturales, pocas azúcares y harinas refinadas, y sí, muchos vegetales, frutas y tubérculos. El problema de What the Health es que sus creadores argumentan de una manera sumamente manipuladora por qué y cómo debemos volvernos veganos.

En diversos momentos del documental hablan “expertos” que aseguran que beber leche es igual de malo que fumar un cigarro, o que una dieta vegana es la prevención y cura de todo tipo de enfermedades. Como lo hace notar un artículo de Vox, esta información no sólo es exagerada, sino que es irresponsable. Y como mexicanos, al vivir en un país donde más de la mitad de la población padece de problemas de sobrepeso y un buen porcentaje tiene obesidad, tomar la información de este documental al pie de la letra es más perjudicial que benéfico. Porque si bien la obesidad es un problema de salud pública, para quienes vivimos en la burbuja de información vía Netflix es más grave pensar que todo el mundo puede y debe adoptar un estilo de vida tal como lo plantea What the Health.

La ola de productos orgánicos, superfoods, remedios exóticos de Oriente y terapias milenarias de sanación alimenticia nos invitan a tener un estilo de vida más saludable, menos enfermedades y una mejor relación con la comida. Todo esto está muy bien, pero sermonear sobre los peligros del mercurio y la pesca ilegal a quien saca una lata de atún a la hora del lunch Godín es como escupir en su plato. El atún en lata podrá no ser tan bueno como el filete de atún aleta amarilla, pero sin duda es más barato. Además, comer una lata de atún es mejor que una torta de tamal. Es justo ahí donde radica el problema de los iluminados alimenticios: más que compartir información necesaria, muchos emiten un juicio de valor basado en su propio poder adquisitivo.

“Qué cruel que sigas comiendo animalitos”, “Qué ignorante que no sepas que es el hemp”, “Qué irresponsable que consumas carne”. Estos argumentos caen en la exageración con tal de probar su punto, tal y como ocurre con What the Health. Una cosa es promover el consumo de vegetales y otra es que, para hacerlo, asegures que consumir huevo –uno de los alimentos más baratos, nutritivos y que aparecen en la canasta básica del mexicano promedio– es lo mismo que fumar cinco cigarros diarios. Es triste que pregonar sobre los beneficios de una dieta vegana no siempre se enfoque en comunicar los beneficios de un estilo de vida más sano: con frecuencia, se centra en presumir que “yo soy mejor porque tú todavía compras leche Alpura llena de conservadores mientras yo bebo un brebaje dorado con cúrcuma importada y leche orgánica de almendras”.

Coincido en que llevar una dieta con más frutas, verduras e ingredientes naturales no resulta más caro que alimentarse a base de refrescos y productos llenos de alta fructosa. Apegarse a la dieta tradicional del mexicano, basada en el consumo de maíz, leguminosas, frutas y proteína animal, es una opción accesible y sana incluso dentro de los estándares que recomienda el IMSS. Sin embargo, querer nutrirse a base de súper alimentos, frutas y verduras fuera de temporada o productos y suplementos orgánicos es algo que sí requiere mayor inversión y que no todos los mexicanos pueden o deben hacer.

El Vitamix maravilloso que utiliza todo influencer vegano que se respeta cuesta mínimo $7,500. El kilo de almendras para hacer leche cuesta alrededor de $200 pesos, y el pan sin gluten $99 pesos el paquete. Para los ovovegetarianos, la diferencia entre una docena de huevo orgánico y uno normal es de casi $30 pesos. Marcas a la cabeza de un estilo de vida sano basado en alimentación, como Goop –creada por la actriz Gwyneth Paltrow– y Whole Foods han sido criticadas por vender productos sencillos al triple de su precio por traer alguna falsa leyenda sobre sus propiedades “naturales”.

Desafortunadamente esto ocurre con frecuencia en las empresas que producen, distribuyen o preparan alimentos; para ellas, el veganismo no es un estilo de vida, si no una categoría de marketing. Las leyendas fat-free, cruelty-free, dairy-free, sugar-free y gluten-free no necesariamente significan que un alimento sea sano o que un producto sea ético. Usualmente implican un precio de venta más alto y una percepción en el consumidor de que está haciéndole un favor a su cuerpo y al planeta. Este último punto, según reportes recientes, ni siquiera es cierto. Y gracias a documentales como What the Health y la opinión a veces intolerante de quienes practican el veganismo, lo que incrementa no es la cantidad de personas que dejan de ser obesas, sino el precio de todo lo que incluye la etiqueta de “Vegano”.

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Escrito por InteIndep

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