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Por: Paola González

Colaboró Cecilia Basulto

“Después de tantos años juntos y de vivir pensando que esto era amor; el esperar en casa día tras día sus insultos y golpes siempre que él quería, se fue convirtiendo en una necesidad. Un día, en un momento de tranquilidad decidí actuar diferente y pedirle que cambiara; que me tratara mejor”.

“Cuando llegó, lo recibí con todo el cariño que le tengo y le pedí que se sentara para hablar. Inmediatamente comenzó a insultarme, había analizado tanto mis palabras que sentí que había desperdiciado mi tiempo al intentar hacer esto; se molestó demasiado.  –Desgraciada, si no te gusta cómo te trato lárgate de aquí, esto es lo que mereces y puedo conseguir a otra cuando quiera.-“

“No puedo dejarlo, lo amo… prefiero sus insultos a separarme de su lado.”

Aún existen muchos casos como este en la actualidad, todas las campañas en contra del abuso y la violencia que reciben las mujeres no han arrojado los resultados que se esperan de ellas, pues es necesario ahondar en el problema más allá de la promoción de videos, carteles o actividades en centros de integración social.

Pareciera que estas campañas son como un eco en un gran barranco; que aunque suene repetidamente, no llena el espacio, impidiendo un tránsito tranquilo y simple por el lugar. Este problema social no se ha combatido de raíz, por lo que los esfuerzos son infructuosos.

Tan sólo en el estado de Jalisco —según datos de la Secretaría de Salud Jalisco—, la violencia en contra de las mujeres registrada en 2017 indica un 78.5% superando el promedio nacional de 65% de incidencia, lo que coloca a Jalisco como uno de los primeros lugares; el 57% de las mujeres de zonas urbanas y el 45% de zonas rurales en el estado sufrieron algún tipo de violencia.

Estas cifras hablan solamente de los casos denunciados que se han registrado, mientras que un gran porcentaje de casos de violencia se ocultan por “lavar los trapos sucios en casa” o restarle importancia; esto deja a la víctima  a merced de una reincidencia o la imposibilidad de superar el trauma ocasionado tras el hecho.

De los casos denunciados, según datos del INEGI en 2015, mil 157 están relacionados con violencia física, dos mil 179 con violencia psicológica, 136 con violencia económica, 408 con violencia sexual y 68 casos fueron de abandono. Los 138 restantes no se encuentran especificados.

Dentro de este tipo de violencia, se encuentra que por cada 10 homicidios de mujeres que ocurren en Jalisco, cinco se registran en Guadalajara, Zapopan y Tlaquepaque. La otra mitad de las muertes ocurre en los 122 municipios restantes de la entidad federativa.

Los datos arrojados muestran que la violencia física es menor a los casos en los que se presentan otros tipos de violencia, y la psicológica, ha demostrado ser la predominante tan solo en el estado.

UNA APOYO LEGAL

Por su parte, el Congreso y el Ejecutivo de la entidad han promovido la “Ley de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia del estado de Jalisco” para prevenir casos de violencia y sancionar eficazmente a quienes con dolo (conscientes o no de que es una violación a los derechos humanos), dañen la integridad de una mujer.

En las disposiciones generales del capítulo uno, el artículo primero versa de la siguiente manera.

“La presente ley es de orden público, interés social y observancia general en el estado de Jalisco, y tiene por objeto sentar las bases del sistema y programa para la atención, prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres, a fin de  garantizar el derecho fundamental de las mujeres a acceder a una vida libre de violencia, conforme a los principios constitucionales de igualdad y no discriminación”.

Además de implementar un programa que respalde los esfuerzos para erradicar la violencia hacia el género femenino, esta ley pretende dirigirse por los principios de respeto, igualdad, libertad y autonomía que merecen las mujeres.

Trata también las distintas modalidades de violencia ya antes mencionadas, incluyendo la violencia laboral, docente e institucional; sin embargo, todas las medidas para prevenir y/o erradicar este problema no llegan a la población en general, ya que su difusión y preparación no llega a todos los sectores y no es recibida en ocasiones por quienes realmente necesitan esta información y apoyo.

LA REALIDAD ES…

¿Realmente funciona esto? ¿La sociedad está dispuesta a tomar estas medidas? ¿Las mujeres estamos programadas para atender al cambio fácil y rápidamente?

Desde finales del siglo pasado, las investigaciones sobre la psicología femenina comenzaron a perfilarse, desde la perspectiva de la mujer misma; lo que hace a un lado los estudios arcaicos hechos por el hombre para dar respuestas al comportamiento femenino para dar cabida a estudios integrales de la mujer, para la mujer.

Tres especialistas del comportamiento femenino, Karen Horney, G. Kelly y B. F. Skinner; describen a la mujer como un ser empático, que necesita de conexiones emocionales para lograr desarrollarse plenamente en sus relaciones, desde la infancia con su madre en primer instancia, hasta la edad adulta con todas las personas con quienes se relacione (pareja, hijos, amigos, compañeros, vecinos etc.).

Estas conexiones se dan a través de la empatía, por ejemplo:

 Andrea llega del cardiólogo y les cuenta a Citlalli y a Blanca que le diagnosticaron una cardiopatía congénita; Citlalli y Blanca se conmocionan, por lo cual cuando la segunda llega a su casa, intenta compartir con su pareja aquello que experimentó tras escuchar la noticia de Andrea.

 El hombre intentará hacer un comentario sobre lo mucho que tendrá que cuidarse de no sufrir un infarto y cambiará inmediatamente de tema  —¿Vamos el domingo con mi madre?—. Blanca sentirá que esa conexión de empatía se rompió y buscará la manera de volver a conectarse emocionalmente con lo que siente; ya sea con el problema de Andrea, con la reacción de su pareja o con ambas.

Al no tener este tipo de conexiones y sentirse incapaces de cambiar esta situación, la mujer hace lo que puede para lograr esta empatía, y en ocasiones, la única manera que encuentra es cambiándose a sí misma para satisfacer las demandas empáticas de los demás y lograr la conexión.

Esto, es en términos generales el inicio psicológico por el cual las mujeres son en mayor número víctimas de violencia. La mujer misma, gracias a su necesidad de conexiones emocionales y la educación social que se da de ser “servicial y atenta”, muchas veces se degrada y llega a ser causante de este problema que aunque se redoblen esfuerzos y campañas no se ha podido solucionar.

“Mientras las mujeres no encuentren la fuerza y el valor que tienen van a seguir siendo víctimas de los demás y de sí mismas” comenta el psicólogo Yaír Hernández; la autoestimación y el buscar desarrollarse plenamente no es una tarea fácil, y muchos se dejan vencer por las presiones sociales.

Esto genera que la víctima no sea consciente del daño que se causa y que le causan al permanecer en ese estado de auto devaluación; sólo cuando la víctima es consciente y tiene la fuerza de carácter y voluntad para buscar ayuda y salir de esa situación es que se puede cambiar realmente y la mujer puede encontrar motivación para autorealizarse y valorarse, comenta el especialista.

Mientras tanto, en una charla con Ana Castellanos*, nos platicaba de lo difícil que fue su última relación y cómo la marcó. “me decía que me veía gorda y que estaba fea; sé que lo estoy, cuando me dicen bonita sé que lo dicen por compromiso porque la verdad… soy fea.

Nosotras somos responsables de esto.

Al no tener cuidado desde la educación de nuestras hijas, al descuidar el desarrollo de su personalidad y el incremento al valor que se tenga a sí misma; estamos fomentando la violencia hacia el género femenino y que probablemente, en el futuro, esa niña se vuelva una víctima de violencia por no saber poner un alto y reconocer su valía ante los demás.

Las campañas sociales que actualmente buscan fomentar el respeto hacia la mujer, no llegan a conseguir su objetivo, pues sólo “tapan” el pozo y el problema sigue ahí, escondido, latente en la comunidad. Sólo enfocándonos en la educación de los niños y las niñas es que se podrá erradicar este problema social, mostrándoles que cada uno tiene su valor y su dignidad como seres humanos y que nada, ni nadie tiene el derecho a humillarlos o maltratarlos.

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Escrito por InteIndep

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