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por Jorge Eulalio Hernández

La mitología nos puede ayudar, como todas las formas de narrativa, a comprender y resolver temas de gran importancia en nuestras vidas. El hombre ha insistido en contar las mismas historias una y otra vez; cambia los nombres, las formas y los contextos, pero no puede escapar figuras arquetípicas que, como si fueran parte de nuestra genética, se manifiestan tarde o temprano.

¿Por qué nos hemos contado, en diferentes regiones del mundo, la historia de un héroe que se sacrifica y así vive para siempre en todos? ¿Qué importancia tiene mantener viva la anagnorisis (lo que ahora llamamos plot-twist) en las historias? ¿Por qué insistimos en transmitir la lección del amor apasionado y ciego que tiene un destino fatal? No hay mucho que pensar: nos contamos historias porque así mantenemos un legado común como especie. Al parecer, no importa cuánto cambie el mundo, quiénes seamos o desde dónde luchemos; las batallas internas, los dragones a vencer y los sacrificios del ego son ineludibles (para el que quiere vivir).

Según la tradición, las sirenas de la Grecia antigua fueron hijas del río Aqueloo y una de las musas (hay diferentes versiones que proponen a Melpómene, Calíope o Terpsícore). Estas criaturas, ahora en su versión más pobre, como en los casos de Ariel y la coqueta de la cola bifurcada de Starbucks, tienen una función específica en la mitología clásica: la de seducir a los viajeros y desviarles de su camino.  “No escuches el canto de las sirenas” es una frase común. Nos pide que, como Ulises, nos amarremos fuerte al mástil de nuestra embarcación para salvarnos del fatal destino que nos espera tras acudir a los encantos de aquella trampa.

Los mitólogos indican que las sirenas fueron cambiando con el tiempo: primero tenían cuerpo de ave, después aparecieron las pisciformes (Borges señala la distinción en inglés entre sirens y mermaids, las sirenas y las sirenas acuáticas respectivamente), pero no cambiaron únicamente en forma sino también en método de atracción. Del canto y la música, acudieron a la carnada visual y por ello es común imaginarlas peinando su largo cabello, sentadas sobre una roca, con rostros perfectos y redondos pechos… y es esta versión la que me hizo reflexionar sobre la vigencia de estas criaturas en nuestra vida diaria.

“Un canto de sirena es sinónimo de una tentación hedonista” dice Carlos García Gual, uno de los más importantes mitólogos de nuestros tiempos, quien no flaquea al advertirnos sobre el destino del que escucha el canto:  “…quien arriba a la isla de las sirenas se queda allí, olvida para siempre el viaje, como atestiguan los huesos y pieles que se pudren entre las flores de la isla”.

Pienso en ‘likes’. Pienso en el número de reproducciones de un video subido a Youtube, en la cantidad de comentarios que se hagan sobre una foto tuya y en las numerosas veces que la publicidad actúa como el canto de una sirena. Tenis para correr más rápido, fragancias que consiguen que Scarlett te espere entre sábanas, push-up bras que te convierten en Adriana Lima… todo sea por complacer mi deseo de sentirme deseado/a.

Acudo al ejemplo de cómo tu perfil de Facebook o Instagram te permite editar tu imagen ante el mundo y, como carnada para el interés de los transeúntes, logras tu momento de atención a través de la imagen de lo que no eres. Mi tesis es que no solamente somos presas del canto sino que, a veces, somos nosotros mismos esos seres que atraen con la mentira y desvían los caminos ajenos. Si lo pensamos bien, es algo profundamente ominoso: sabemos lo que el otro desea y nos transformamos en eso. La pregunta que debemos plantearnos es ¿y para qué desviar al otro? Bueno, la respuesta es aún peor: al parecer, el canto sirénico de nuestros tiempos atrae el hedonismo del otro, pero atraemos a la presa para nutrir nuestro propio hedonismo. Esto último cae dentro de la jurisprudencia del amor y las perversiones. Pero ya habrá otra ocasión para hablar de ello, no nos desviemos de nuestro camino.

Por lo pronto, concluyo en que la copiosa presencia de campañas publicitarias, propaganda política, estrategias de mercado, influencers (lo que sea que eso signifique) en redes sociales y agentes parecidos, emplearán todo aquello que deseas para lucir más atractivos y deseables. No desvíes tu camino y tu concentración por la tentación de lo aparentemente bello y rápidamente obtenible. Si Ulises se hubiera rendido ante las distracciones no habría sido el héroe de una de las historias más extraordinarias que conocemos.

No escuchemos el canto de las sirenas, que saben tomar la forma de lo que uno desea. Sirenas políticas, sirenas familiares, sirenas amigas, sirenas like, sirenas revista…

38_JorgeEulalioHernandez

Escrito por InteIndep

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