Algunos años atrás platicaba tranquilamente con unos amigos españoles por Skype cuando de pronto una de ellas comenzó a gritar frenéticamente: “¡Va a ganar la mujer barbuda, por Dios!”

Su reacción fue el detonante para que mis amigos comenzaran a discutir sobre la tan enigmática “mujer barbuda”; y yo… bueno, los veía sin entender de qué estaban hablando. A los pocos minutos uno de ellos me explicó el súbito cambio en nuestra conversación, todo se resumía a una sola palabra: EUROVISIÓN.

Es un festival musical con más de sesenta años de tradición en el que los países compiten enviando a un cantante con un tema inédito para tratar de obtener el primer lugar. El país ganador será la sede del festival al año siguiente, generando mayor turismo y derrama económica, por lo que todos quieren ganar.

El concurso es un evento organizado por la UNIÓN EUROPEA DE RADIODIFUSIÓN (UER) y todos los países del continente pueden participar sin importar su afiliación política. De igual forma, cualquier otro país puede tener acceso al programa si alguna de sus televisoras está dispuesta a pagar por los derechos de transmisión. Por lo anterior hemos visto concursar a otras naciones como Israel y Australia ya que transmiten contenidos de la UER en sus propios países.

Si algún país debe dinero a la cadena, este es automáticamente suspendido del festival. Todos los concursantes pasan por unas eliminatorias o semifinales, excepto España, Alemania, Reino Unido, Italia y Francia, mejormente conocidos como los “BIG FIVE”. Ellos son los jueces en las semifinales y pasan automáticamente a la final ya que son los que más aportan a la cadena (UER).

El año en el que mi amiga gritó durante nuestra llamada por Skype (2014) ganó Conchita Wurst, un personaje artístico creado por el cantante austriaco, Thomas Neuwirth, mejor conocido como “la Mujer Barbuda” o “la Reina de Austria” con el tema Rise like a Phoenix. Mi curiosidad se abrió entonces al desarrollo artístico, escénico y musical de uno de los festivales europeos más trascendentales en la historia de los mismos.

En el 2015 me preparé iniciando el año. Quería predecir al ganador estudiando las noticias más importantes de los medios internacionales, las políticas públicas de cada gobierno, la letra de la canción, el desarrollo audiovisual y escénico de cada uno de ellos. Había encontrado la conexión el año anterior con la señorita Conchita y la algarabía popular por una mayor aceptación legal en Europa de los derechos LGBT.

Mi análisis entonces, me llevó a elegir como futura ganadora a Polina Gagaria, la representante rusa del certamen que hablaba de esperanza e inclusión de toda índole en su propuesta. Ese año se habló mucho de los primeros grandes atentados del Estado Islámico; de cómo atraían a jóvenes occidentales con promesas de una vida arrojada y de valor; de la destrucción de ciudades y las matanzas que asemejaban más a un holocausto que a un simple conflicto armado local.

A Million Voices sonaba al aliento dulce que necesitaba el mundo, sin embargo, erré. Heroes del sueco Mäns Zermelow fue la ganadora y creí que todo mi análisis había estado equívocado; se lo achaqué a mi inexperiencia y falta de conocimiento sobre el tema. Sin embargo, al año siguiente otro ruso estaba a punto de llevarse el primer lugar y asegurar la oportunidad de llevar el evento a su nación generando el tan anhelado flujo turístico, y el honor de ser parte de la gloriosa lista de ganadores.

Sergey Lazarev (Rusia) entregó en 2016 en Estocolmo, Suecia, You are the only one con la vitalidad y frescura de las primeras chispas del saberse enamorado. A pesar de que las casas de apuestas y el público en general la posicionaban en primer lugar, fue la ucraniana Jamala con su tema 1944 la ganadora del certamen. Para entonces dejé de interesarme tanto por estudiar el evento y me enfoqué en disfrutar de la música que iba agregando de a poco a mi reproductor. Sin embargo seguía pensando que algo no cuadraba.

Tras finalizar la gala del año 2016 leí en varios portales noticiosos que Rusia alegaba la tan famosa “mano negra” en contra de su representante; es decir, que los jueces del certamen habían sido parciales al darle esa puntuación a la representante ucraniana por una canción que hablaba de cómo soldados del régimen comunista habían masacrado a una comunidad de la península de Crimea.

Las menciones en los medios de comunicación a la canción galardonada ese año reavivaron la rivalidad política entre Ucrania y Rusia, pues en el año 2014 Ucrania declaró a la Unión Europea que Rusia había invadido su territorio y violado su soberanía al anexar la península de Crimea a su territorio. Esto llevó a una completa cobertura mediática que se redujo paulatinamente; el resultado de eurovisión en el 2016 abrió de nuevo esa carpeta que comenzaba a olvidarse.

Sin embargo, en este conflicto, Ucrania no cuenta con el respaldo de la historia por cercana que esta sea.

  • La península de Crimea es un punto clave en el comercio nororiental.
  • A lo largo de la historia ha sido disputada por persas, cimerios, escitas, hunos, turcos, hasta llegar a manos de la autoridad imperial rusa.
  • Por sus cálidas temperaturas, comparadas con el resto del país, era apreciada como área de veraneo para aristócratas. La familia Romanov llegó a pasar algunos veranos en esa región antes de ser masacrados.
  • Durante el periodo comunista la región se vio desolada y diezmada por el control autoritario y déspota del ejército, haciendo que muchos de los nativos huyeran a una joven Ucrania y otros países aledaños.
  • Tras la caída de la Unión Soviética, la pequeña península se declaró a sí misma República Independiente de Crimea. Sin embargo, al ser tan pequeña y tan fácil de dominar pidió auxilio a su vecina más cercana: Ucrania. Generando así un pacto de colaboración y protección.
  • Ucrania no respetó el pacto y trató a la pequeña república como a la sierva del hogar: sin derechos y sin leyes que les permitieran el desarrollo. Se encontraban a merced de un pez más grande.
  • En tres ocasiones, la pequeña República de Crimea pidió diplomáticamente la oportunidad de generar su propia constitución política, algo que Ucrania rechazó tajantemente.
  • Durante el 2014 se organizó el referéndum que llevó a la región a buscar adherirse a la Federación Rusa buscando mejores oportunidades civiles y políticas para sus ciudadanos, estallando así el conflicto.

Todo esto nos lleva a cuestionar si Ucrania actuó cual niño berrinchudo culpando a Rusia de tomar bajo su protección a una zona que despreciaron por décadas. Y ahora, no sólo la Unión Europea, sino el mundo entero ven a los rusos como los “malos” del cuento. Sí, todos sabemos que Putin no es un santo, pero tampoco es el tirano que pretenden reconocer.

Al estudiar inicialmente la política como factor determinante en el festival creía que sería impulsora de la empatía de los asistentes y televidentes y no algo más turbio que eso. Un festival generado para dejar tensiones políticas a un lado después de la Segunda Guerra Mundial está ahora manchado con la política más sucia de la actualidad.

Este año el concurso se llevó a cabo en Kiev (Ucrania) con el lema Celebrate Diversity, el cual fue mancillado al acercarse la fecha de las Semifinales. La cantante rusa, Yulia Samoylova, fue sancionada por el equipo organizador por conocerse que había visitado previamente la República de Crimea —en la actualidad, para los ucranianos esto es un crimen de guerra—por lo que lanzaron un ultimátum a Rusia: “Cambian a su representante o se transmite su actuación vía satélite. Ella no pisará suelo ucraniano.”

Al intentar politizar tan descaradamente el concurso, muchos críticos comenzaron a señalar que esto dañaría la reputación del concurso, dejando de lejos el fin por el que fue creado y por el que se eligió el tema de este año.

Pero la historia no termina ahí. Por primera vez en la historia ganó Portugal, una nación ninguneada por la Unión Europea, con la canción de Salvador Sobral, Amar pelos dois. Esta canción compuesta por su hermana Luisa es una oda al amor puro y no deja insensible a nadie: algunos la odiaron… Muchos más, lloraron al escuchar la bella interpretación del portugués.

Este hombre que nunca se había interesado por los festivales y la algarabía mediática subió al escenario al conocerse el resultado final y dijo a la audiencia: “La música son emociones, sentimientos; no son los fuegos artificiales que se ponen en el escenario”, rematando así su comentada actuación en el festival.

La prensa y otros artistas no tardaron ni lo que Cristo en resucitar de la muerte para atacarlo: “Un rarito ha ganado Eurovisión”, comentan unos por su estética no convencional; “Ha ganado por el teatro que armó con su enfermedad”, comentó un desairado representante rumano. Este venerado festival ahora mancillado por los rencores de los malos perdedores se encuentra en su etapa más hipócrita: declara unión en la diversidad y apuñala a la menor provocación.

A pesar de esto los millones de televidentes y espectadores no dejan de disfrutar el ambiente festivalero y las propuestas musicales que cada año endulzan sus oídos. Esperemos que no los endulcen tanto como para no reaccionar en contra de esta situación que se agrava año con año.

 

 

 

Escrito por InteIndep

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