Ola-de-Calor-en-Guadalajara

Por: Uriel Gordon – @Urielo_

El termómetro, ahora que escribo este artículo, marca 37° centígrados en Guadalajara. Regreso dos años atrás, al tiempo que me mudé a esta ciudad, y recuerdo los pensamientos que despertaron la primera vez que sentí el calor de la perla tapatía. Me encontraba en la Zona de Chapultepec que por decirlo de cierta manera, es uno de los territorios hípsters de Guadalajara; guardando proporciones, podría ser el equivalente a la Colonia Roma de la Ciudad de México.

Ese día caluroso me bajé del taxi y comencé el recorrido en la Glorieta Niños Héroes; tenía una hora para explorar el lugar, desconocido para mi, antes de la cita a la que debía acudir. Di unos pasos por el camellón arbolado de la Avenida Chapultepec; gozaba el privilegio de tener un poco de sombra, pero eso no impedía sentir el tipo de calor que te seca la garganta: decidí dar vuelta en la Calle Mexicaltzingo para comprar una botella de agua en la Plaza las Ramlas, aquella que tiene un Ihop en la esquina. Después de dar unos sorbos de agua fría, mi cuerpo quedó invadido momentáneamente por una sensación paradisíaca, la gloriosa sensación de tomar una bebida fría en un clima caluroso.

Continué caminando por Mexicaltzingo y me empecé a topar con algunas casas con estilo playero, que tenían la pinta de ser de los años sesenta: espacios llenos de ventanas rodeados de árboles y una que otra palmera. El calor seguía haciendo su efecto, pero esta vez, la brisa también me acompañaba. Automáticamente, con intensidad, me entró una rara sensación que palpitaba con fuerza, que iba más allá del calor: al observar el horizonte, esperaba encontrar el mar. Sabía que eso era imposible, pero algo en mí, me decía que si daba unos pasos más, mis pies comenzarían a sentir la arena y la espuma del mar: llegaría a la playa de Guadalajara.

Entre más me adentraba por las calles, más crecía la ilusión. Empezaba a ver restaurantes, cafés y bares con enormes terrazas. ¿Dónde está la playa? ¿Dónde está la playa?, me preguntaba tontamente. Recordé la ciudad de Tel Aviv por unos instantes, sus casas, su malecón, sus establecimientos comerciales, su gente y su playa; sentía que Guadalajara y Tel Aviv tenían un conexión secreta y el calor y la brisa paulatina que pegaba en mi cuerpo, magnificaban esa percepción. Las calles de la Zona de Chapultepec me decían que el destino que encontraría al final del camino sería la playa. Después de dos años de vivir en Guadalajara, en ocasiones y, más en estos tiempos de calor, todavía me pregunto: ¿Dónde está la playa?

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Escrito por InteIndep

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