Yoga

Por: Alex Leurs

El Bahavagad-Gita, elemento central del poema Mahabarata, es uno de los textos sagrados más importantes del Hinduismo. Escrito originalmente en sánscrito —la lengua sagrada de los dioses—, se le considera como el texto fundador de la filosofía yóguica. En él, Krisna dialoga con el príncipe Aryuna en la víspera de la batalla de Kurukshetra. Reflexionando sobre el camino espiritual, el príncipe pone en duda su involucramiento en la batalla. Perseguido por una comprensión moralista del mundo considera que emprender la batalla, una acción que traería la muerte de conocidos, es incompatible con una vida que pretende romper el ciclo de las reencarnaciones (Samsara). Sin embargo Krisna señala que la acción es una de las vías principales para romper el Samsara y que la vida le ha dado las herramientas para dirigir la guerra. Es su responsabilidad usar esas herramientas y por lo tanto, en este caso, Aryuna debería no solo emprender en la batalla sino ganarla.

Detrás de las palabras de Krisna se encuentra el corazón de la doctrina yóguica. Sí, el yoga es una filosofía de vida que se centra en la acción y, más específicamente, en el alineamiento de la acción con la intención. De esta manera queda que toda acción se puede realizar de dos formas: siendo —o no— “consciente” de lo que se hace, por qué y cómo se hace. El yoga no puede ser reducido a su versión Occidental consumista: tapetes de colores, licras bonitas, botellitas con agua purificada, la esperanza de un mejor cuerpo, una o dos horas a la semana. El yoga trae la mente a la acción. Puedes hacer yoga mientras lavas los trastes, cantas, haces ejercicio o el amor. Es el matrimonio del cuerpo con la mente en el presente: la intención alineada con la acción. La filosofía yóguica nos ayuda a exponer las condiciones en las cuales la acción es fuente de cambio, de ruptura de patrones en el sentido largo de la palabra.

En el transcurso de su diálogo Krisna invita a Aryuna a considerar un panorama más grande. ¿Cuál es el sentido de su acción? ¿Qué es lo que defiende? ¿A quién protege? ¿De qué? ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene esta batalla a la luz de la historia? ¿De su historia? Pelear por pelear y pelear por defender a tu prójimo no es lo mismo. Podríamos decir que se trata de pelear con el corazón en la mano, con la convicción de que esa pelea tiene un objetivo que merece ser perseguido.

Ahora bien, en este artículo no pretendo reproducir el contenido de un texto sagrado y mucho menos vulgarizarlo. Más bien se trata de un punto de partida para reflexionar sobre las acciones en nuestro presente político, económico y social.

En el presente que nos toca compartir me parece que la palabra (individual, ciudadana y/o colectiva) ocupa un lugar paradójico: si bien parece estar legitimada no parece abrir caminos de alternativas. La palabra está habilitada porque en el inconsciente colectivo occidental la democracia y la libertad destronaron la autoridad tiránica y la represión. Y si bien es verdad que la(s) palabra(s) puede(n) —en algunas circunstancias— llegar a representar una acción, también es verdad que la palabra puede ser usada para eludir la acción. Las plataformas sociales han generado un espacio ilusorio en el cual las opiniones se transforman en enunciados arrojados en un barranco a un vacío que fantaseamos está repleto de gente esperando por nosotros. En esta configuración, dar su opinión parece ser sinónimo de una acción que reivindica una toma de posición. La paradoja radica en que el eco de nuestras intenciones muere en el vacío del barranco al buscar un amplificador de señal que pueda crear de él una acción. Y si hace falta un receptor para cargar la palabra y transformarla en acción es porque nosotros mismos no sabemos cargar con nuestras vociferaciones. Palabras fuertes en bocas débiles. Hoy por hoy hablamos fácilmente de revolución, en el plato, en la calle, en la economía y en la política. Pero, ¿quién entiende realmente el alcance de usar esa palabra? ¿Lo que supone? ¿Lo que incita? ¿Las puertas que abre? ¿Sus repercusiones? ¿Su significado?

Decir que vivimos momentos nunca antes vistos sería una ablación total de la historia (típica del egocentrismo humano). Sin embargo, estos parecen ser tiempos cargados de un ambiente que grita: indignación. Cambio. Ahora o nunca. Tal vez sea el peso de la historia que nos recuerda que se repite. Lo que hoy en día vivimos tanto a nivel nacional (corrupción, violencia, inseguridad, incertidumbre, descontento, falta de cohesión social) como a nivel internacional (Trump, Brexit, Le Pen o Mélenchon, Syria, Venezuela, Corea del Norte, Ukrania) parece ser la repetición de un viejo escenario con actores diferentes. Lo que hoy se repite es el ser humano intolerante, desolado y alienado en busca de métodos para defenderse de una amenaza exterior que en realidad es interna y consecuente del miedo a la diferencia. La historia se repite, nos la han cantado desde niños, pero hace falta un poco de perspectiva para darse cuenta de la veracidad de esas palabras. Sentir el peso de la “Crónica de una decadencia anunciada”. La historia se repite y tenemos —a mi parecer— mayor obligación que nuestros antepasados a emprender acciones coherentes con lo que hemos aprendido de lo que ellos han vivido. Deberíamos considerar el peso de la palabra revolución ante la luz de la historia de nuestros antepasados. De alguna manera, todos somos productos de una historia cuyas dimensiones trascienden las de una sola vida.

La pregunta entonces es: ¿qué estamos haciendo? ¿Cómo hemos asumido esa responsabilidad que la historia y nuestro presente de conectividad e información nos arrojan implícitamente? ¿Asumimos esa responsabilidad? O, como Aryuna, ¿intentamos rehuirla? Como él, podríamos enfrentar nuestra comprensión limitada de la historia y los procesos que la escriben para asumir nuestra responsabilidad hacia la vida. Podríamos movernos con el corazón en la mano. En una época en la que viejos fantasmas que creíamos estaban tirados en la lona regresan para acecharnos, nos hemos quedado como venados lampareados.

La magnitud de algunos eventos de nuestro presente es abrumadora y nuestras respuestas parecen ladridos de perro enojado pero con la cola entre las patas. No metemos las manos al fuego por nada y, cuando pretendemos hacer algo, nuestras acciones brillan por tener mecha corta y poca gasolina. Entonces, retomando las enseñanzas de Krisna, ¿qué tipo de acciones estamos llevando cada uno de nosotros para contrarrestar esta ola de violencia e inhumanidad a favor de la economía e interés de algunos cuantos? La historia se repite y aunque pueda parecer cliché, sabemos cómo esta historia puede acabar: en repetición, más de lo mismo. La repetición es una forma de cárcel. La información ya la tenemos. En esta época de redes sociales no saber no es argumento. No querer sí lo es pero es una postura que hay que asumir. Porque se vale ser egoísta pero no se vale ser hipócrita.

Tal vez hoy por hoy únicamente las acciones puedan marcar una diferencia.

Tal vez las acciones que hoy necesitamos van mas allá de mensajes inspiradores como los de Prince EA.

Tal vez la palabra ha llegado a su límite al ser explotada como pantalla para obscurecer la falta de acciones.

Tal vez la palabra sin acción se asemeja a lo que Lacan describió como palabra vacía: fuente de angustia e inmovilidad.

La acción permite la realización de la palabra. En un contexto en el cual la palabra ha sido violada (en todos sus sentidos) solo la acción puede devolverle su estatuto que alguna vez pudo tener. Porque cuando palabra y acción no están acordadas, las fuentes de cambio y transformación permanecen ocultas…

Espero dejarte con preguntas. Estoy convencido de que son mas útiles que las respuestas…

…. Eso sí, el chiste de una pregunta es que sostenga un acción,

“Hasta la victoria siempre”.

35_alexleurs

Escrito por InteIndep

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s