Dos símbolos de creatividad, autenticidad y belleza

adams

Por Uriel Gordon – @Urielo_

El dibujo del juguete de Homero Adams

Principios de los años noventa, Ciudad de México. La silueta que se dibuja corresponde a la “figura de acción” o al juguete de Homero Adams que, por cierto, no se parece mucho físicamente al personaje que protagoniza Raúl Julia en The Adams Family (1991); más bien, el patriarca de la familia Adams, que aparece plasmado en el papel con lápiz y crayones, está inspirado, por lo menos visualmente, en la serie animada de 1992 que cuenta las historias de esta familia excéntrica.

Tratando de hacer una fiel copia del cartón, desde el lápiz de un niño de entre seis y siete años, Homero porta un traje rayado con botones cruzados, color rosa mexicano, una camisa amarilla y una corbata verde. Tiene una cara redonda, un bigote que personifica el estereotipo de algún chef italiano, y bolsas en los ojos que lo hacen ver como si estuviera cansado, pero la ironía que refleja en los gestos faciales, es la que hace que el juguete de la caricatura se convierta en el objeto ideal del retrato.

La sonrisa dice más que mil palabras y conociendo el contexto del personaje, refleja a Homero como alguien que sí tiene un gusto por lo mórbido, por lo que está descompuesto pero, ante todo, es alguien noble: trata a la gente que lo rodea con respeto, es justo, por decirlo de cierta forma, y profesa un amor por su familia inigualable. Parte de ahí la fascinación por pintar inconscientemente a un símbolo del humor negro que nos lleva a tolerar la creativa locura que no busca dañar al otro, que nos lleva a mirar y abrazar por una ventana las diferencias que nos hacen únicos y que nos ponen en contacto con la belleza de la autenticidad.

Tim Burton

Disfrazando a monstruos

 2008, Nueva York.- En el Museo de Arte Moderno se muestra una exhibición del cineasta Tim Burton. Aparecen bocetos de sus personajes, vestuarios, cortos animados y, lo que más llama la atención, retratos en pintura que dejan que nos asomemos a la locura del artista. Particularmente, hay un par que llaman la atención: si la memoria no traiciona, vemos en un cuadro, a dos o más personas que al parecer, se encuentran cenando; la vestimenta es típica y las caras no reflejan nada fuera de lo ordinario. Los vemos recargados sobre la mesa; no observamos lo que se esconde…

Al voltear al otro cuadro, nos damos cuenta que no son humanos: son monstruos que están jugando debajo de la mesa a disfrazarse de humanos, engendros que traen puesto en sus cabezas, sombreros grandes que personifican el torso y la cara de distintos seres humanos. Es fascinante la historia que se cuenta entre líneas: monstruos que se divierten disfrazándose de humanos. ¿Qué no es al revés? ¿Quiénes son los monstruos, ellos o nosotros? ¿Será una forma de decir que los verdaderos seres fantásticos o temibles somos nosotros? ¿Será que la creativa locura que tenemos nos pone en contacto con auténticos bellos monstruos?

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Escrito por InteIndep

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