Progreso

Por: Ingrid Abigail Canul

Mi vida está destinada al fracaso. Lo entiendo tan claramente ahora y ni siquiera eso me produce algún tipo de placer o dolor, la certeza se ha fijado en mi mente desde hace meses y no puedo quitármela, es como un cáncer molesto que remite y resurge de nuevo cada vez con más fuerza, una gripe, una maldita enfermedad que tiene que hacerse evidente de alguna forma.

Mi existencia se mece en el viento dejándome llevar, me decepciono continuamente por caer una y otra vez a la presión de lo que debería querer para mí, a lo que los demás dictan, a seguir la misma moda y los mismos patrones de comportamiento, a ser un hipócrita y odiarme cada vez que copio sus movimientos sólo por pertenecer a un lugar.

Pertenecer a alguna parte, cuando sé desde lo más profundo que soy un ser apartado.

¿Cuándo nos convertimos en lo que somos? Leo y leo libros de historia y busco el momento exacto en que las cosas cambiaron, en que se selló mi ruina y la de las personas que son como yo…si es que existen. Veo cómo hace más de doscientos años había manifestaciones una y otra vez, reclamando derechos de igualdad, tolerancia, feminismo y no encuentro cómo es que llegamos a estar en el lado opuesto sin conseguir nunca quedarnos en medio. Estamos tan perdidos como lo estuvimos entonces, pero preferimos ignorar lo que ya sabemos, preferimos pensar y mentirnos diciéndonos que no somos tan incivilizados como ellos, que somos diferentes, más avanzados, más evolucionados…mejores. Pero no lo somos.

Nuestra tecnología pudo haber mejorado nuestra calidad de vida, pero sólo nos ha vuelto más ciegos; nos sentimos más seguros en nuestros autos voladores, en nuestros viajes al espacio, miramos más allá del polvo del big bang sólo para distraer nuestros ojos de ver lo que hemos hecho con nuestro propio mundo, lo que hicimos a nuestros hermanos, lo que le hemos hecho a nuestros niños. Solucionamos el problema de la infertilidad con hombres creados in vitro, prefabricamos niños con las características que deseamos pero en este punto del tiempo ¿qué es lo que somos?

Vivimos una existencia “feliz” donde los trabajos son exactamente lo que queremos, nuestras diversiones son perfectas, nuestras relaciones son superficiales, donde nos burlamos de la monogamia y sentimos asco del embarazo natural, donde pueden evaluar enseguida si no encajas, donde eres tan desechable porque todos tus átomos pueden reutilizarse al antojo de ¿quién? Controlados por nuestros propios impulsos, nuestro deseo de placer es satisfecho instantáneamente y no es posible desear más…pero yo no quiero más, quiero menos, quiero mucho menos…

Quiero formar una familia y enamorarme de una sola persona, quiero no tener sexo con otros hombres y otras mujeres, quiero elegir a qué quiero dedicarme y que mi ropa no sea igual a la de ellos, quiero que haya un poco de caos porque esta perfección es artificial y amañada, es imposible, esto no es lo que soñaron nuestros antepasados, esto no está bien.

Pero dentro de esta perfección tiene que haber una trampa y es que ser diferente es inaceptable, cientos de años atrás la gente exigía sus derechos pero cuando por fin los ganó, no dejó que nadie pensara diferente. Lo anterior era anticuado y malo, tener una sola pareja se convirtió en algo irrisorio. ¿Quién querría vivir bajo las reglas de unas personas mojigatas que no sabían nada? ¿Quiénes querrían trabajar cómodamente en un solo lugar? ¿Quién preferiría no hacer un solo viaje en su vida? ¿Por qué tener sexo sólo con hombres o mujeres si puedes tener ambos? ¿Para qué esforzarse en el amor? Es mucho más sencillo ser libre para siempre…libre para siempre, pero no les permitieron ser libres, los cazaron, los “trataron” y los regresaron a la sociedad completamente reformados, ya sea por coacción, miedo o lo que fuera, pero regresaron y ya nadie los reconocía, no eran ellos mismos.

Mi bisabuelo dejó unos escritos ocultos en un doble fondo de un cajón, los encontré por casualidad, fue él quien escribió lo que había sucedido, escribió que mi bisabuela estaba decididamente en contra, decía que eso no era libertad, que las personas debían ser libres de elegir, porque no se podían olvidar los pasos que se dieron en la historia, él escribió que ella desapareció dos días y nadie lo ayudó a encontrarla, que volvió por sí sola y era otra persona, alguien en quien ya no confiaba, alguien que adoptó la nueva ideología con fe fanática, alguien a quien ya no amaba, alguien que lo entregó. La última línea (“sabía que vendrían, sabía que mis días estaban contados, no me arrepiento de nada excepto de no haber sabido protegerla, ahora es una extraña que los dejará entrar pronto y yo no puedo amar esa persona en la que se ha convertido”), es sólo un pequeño atisbo de lo que sucedió, no puedo saberlo, pero no escribió nada más y la libreta estaba más o menos intacta en aquel cajón.

Nos han vendido la libertad como si se tratase de un objeto que causa placer, no nos damos cuenta de lo poco libres que somos, que nos vigilan a cada paso, que controlan nuestras decisiones y nos hacen creer que fueron nuestras, que estamos tan limitados para decidir que terminamos eligiendo lo que es más fácil, así nos han educado.

Y yo, simplemente me pregunto ¿En qué momento lo permitimos? ¿Desde cuándo ser libre significa dejar de hacer lo que considero correcto? ¿Por qué nos volvimos tan intolerantes que no aceptamos que nuestras diferencias nos enriquecen? Nos dicen que vivimos en un mundo perfecto, pero no veo el verdadero bien que ha causado nuestro tan aclamado progreso y estoy tan terriblemente solo y quiero tan desesperadamente que me acepten, que me reuniré con ellos y fingiré que soy feliz haciendo lo que ellos hacen. Así nos tiene condicionados.

Por eso escribo esta nueva libreta y la guardo en mi propio cajón con doble fondo, inspirado en la obra de mi bisabuelo, porque sé que yo no podré, pero quizás alguien, en otros doscientos años, se dé cuenta de lo mal que vivimos ahora…y quizás comiencen las manifestaciones de nuevo y quizás en esa ocasión aprendamos de nuestros errores, porque los mundos perfectos simplemente no existen.

 

Cuento inspirado en un contexto similar a la sociedad que imaginó Aldous Huxley en “Un mundo feliz”, en la que un miembro de esa sociedad no se siente feliz de cómo son las cosas a pesar de que la misma sociedad le ofrece todo lo que muchos dirían, es todo cuanto puede desear.

28_ingridcanul

Escrito por InteIndep

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s