Imagen Febrero

Por: Andrés Gómez Laborín – @agomezlaborin, en colaboración con Gabriela Gómez  –  @gabrielasgh

Cuando salió la idea de este artículo lo primero que nos preocupó fue como abordar la situación manteniendo un respeto absoluto a la gente que tenemos alrededor. Si estamos hablando del tema es sólo porque es un fenómeno con el que vivimos y en el que participamos. Esto nos preocupa. Estamos viviendo en una época en el que lo que consumes define quién eres y la forma se ha vuelto el fondo. Nos gustaría que al leer esta nota, hagas el ejercicio de introspección y reflexión que nosotros hicimos al escribirlo.

El lujo siempre ha existido. La sociedad siempre ha aspirado a acceder a él. ¿Por qué? No podemos mas que hacer suposiciones. Puede ser que busquemos pertenecer a un grupo que sentimos ajeno o incluso superior, y al vestirnos y actuar como sus miembros sintamos que encajamos. Puede ser que queramos proyectar una imagen perfecta de nosotros mismos para que el resto nos perciba así y nos trate como tal. O puede ser que el hacerlo nos abra la oportunidad de hacer negocios, de vender nuestro estilo de vida o de ser popular, porque por muy cliché y tonto que se escuche, ¡a nadie nos gusta que nos hagan el feo!

I want to be rich and I want lots of money
I don’t care about clever I don’t care about funny
I want loads of clothes and fuckloads of diamonds
I heard people die while they are trying to find them

Preparándonos para escribir, acudimos a nuestros amigos y familiares para que nos confirmaran si ellos también sentían que este era un fenómeno que crecía a un ritmo cada vez mayor, y no nomás todos estaban de acuerdo, sino que lo ejemplificaron con anécdotas que hubiéramos pensado eran inconcebibles. Aquí les van algunas joyas:

  • Una personita, llamémosle Anasofi, aceptó jubilosa la propuesta de matrimonio de su galante novio. Pero había un pequeñísimo problema que no tardó en hacer notar su querida madre, quien siendo pilar de su sociedad vio que los ojos de su hija brillaban más que la piedra en el anillo. Anasofi ni siquiera se había dado cuenta, pero al ver las rocas que portaban sus amiguitas y compararla con la suya, decidió recurrir a la habilidad de su experimentada madre, quien ofreció su sabio consejo: vender el anillo y ella, desinteresadamente, le aportaría los recursos para que adquiriera un anillo que reflejara su estatus. El galante novio siguió siendo galante, pero ya no su novio.
  • Luis Armando quería festejar en grande su cumpleaños ¡¿porqué no?! Si al final de cuentas se lo merecía, y que mejor manera de hacerlo que con un homenaje a Project X, una de las películas de fiesta más exhilarantes que hay. Hasta su apellido indicaba su estatus: Reynoso. REY…. noso. Su papá era la honorable cabeza del Ejecutivo del Estado de Aguascalientes. La noche era perfecta y a la fiesta no le faltó nada: malabaristas con fuego, un espectáculo tipo “Stomp”, un automóvil sumergido en la alberca, y ríos de champaña. ¡Ah! También muchos de sus más cercanos cientos de amigos. Aunque su papi acabó en la cárcel, el video en Youtube le durará a Luis Armando para siempre.

Historias hay para tirar al cielo. Desde el empleado de cafetería que trae el smartphone de último momento y que cuesta varios meses de su sueldo, a comprar la camioneta del año en la que queremos que nos vean llegar.

I’ll take my clothes off and it will be shameless
Cause everyone knows that’s how you get famous
I’ll look at the sun and I’ll look in the mirror
I’m on the right track yeah I’m on to a winner

Platicar con una wedding planner se vuelve una fuente de eterna diversión sólo de escuchar las anécdotas de los novios y sus papás que buscan maneras creativas, no de tener la boda de sus sueños, sino de tener una boda más lujosa y memorable que la de sus amigas.

Sin embargo, lo más preocupante son las pequeñas acciones y pensamientos de todos los días que incorporamos a nuestro inconsciente. Pedir con tus amigos la mejor mesa del antro, para ver a todos y que todos te vean. Irte arreglada al salón de belleza, aunque no conozcas a nadie ahí, porque es exclusivo y quieres demostrar que perteneces. Subir a redes sociales fotos de tu desayuno nutritivo, orgánico y presentado como si fuera a salir en la revista Good Housekeeping. Ir a la exposición de Yayoi Kusama o Anish Kapoor exclusivamente a tomarte una foto con la obra de moda. Todos lo hacemos. La aspiración no distingue entre clase social o género.

I don’t know what’s right and what’s real anymore
I don’t know how I’m meant to feel anymore
When do you think it will all become clear
And I’ll be taken over by the fear

Las redes sociales sólo exacerban el fenómeno. Hay una presión para demostrarle a tus seguidores que eres guapo, simpático, interesante, divertido y cool. Perfecto. Y no sólo eso, pues la interacción tiene que ser constante. El ver más likes en la foto que subimos a Instagram nos da un placer que se esfuma casi de inmediato. Necesitamos más.

Ahora, la foto debe de ser del destino vacacional exótico, del platillo en el restaurante mejor calificado, de la decoración perfecta de tu casa. Antes las mujeres no querían usar el mismo vestido en un evento donde se iban a encontrar a la misma gente que estaba la primera vez que lo usaron; ahora, no lo quieren volver a usar ni en otro evento, ¿adivinan porqué? ¡Porque ya subieron una foto con él a Facebook!

Life’s about film stars and less about mothers
It’s all about fast cars and cussing each other
But it doesn’t matter cause I’m packing plastic
And that’s what makes my life so fuckin’ fantastic

Quizá lo más curioso es que cuando hablamos del tema, todos identificamos a tal persona o tal grupo que cae en ese comportamiento, pero nunca nos ponemos el saco. Nunca reconocemos que buscamos esa aprobación. Siempre tenemos una excusa para justificar nuestro comportamiento: “Es que no es por la marca, ¡me encantó la bolsa!”, “No es porque tengan la suela roja, ¡los zapatos están padrísimos!”, “No es por la hebilla de herradura, pero estos cinturones salen buenísimos.”, “¡Es que los BMW son súper seguros y no se devalúan tanto!”.

La situación se presenta en personas cada vez más jóvenes. Los padres se vuelven cómplices, facilitadores voluntarios o involuntarios, del problema. Los bienintencionados lo harán por darle a sus hijos lo mejor, o porque, tal vez, si su hijo no tiene el nuevo iPhone, o su hija no tiene la bolsa de cierta marca, sus amigos los vean distinto. Los malintencionados tal vez vean a sus hijos como una extensión o reflejo de ellos mismos, entonces, lo que ellos traen puesto y la vida que se puedan dar, es un reflejo de su poder adquisitivo. Otros quizá ni siquiera vean cuál es el problema con ello.

And I am a weapon of massive consumption
And its not my fault it’s how I’m programmed to function
I’ll look at the sun and I’ll look in the mirror
I’m on the right track yeah I’m on to a winner

El aparador de las redes sociales nos muestra sólo lo mejor de las vidas ajenas, y nos lleva a pensar que sus vidas son así siempre, mientras las nuestras no son más que una sucesión de días iguales en la escuela u oficina. Esto nos provoca una insatisfacción natural y constante y aunque es generalizada, o la vives en soledad o eres un acomplejado. La felicidad de Anasofi por comprometerse fue opacada por la presión de vivir en una sociedad que considera que el anillo de compromiso es pequeño. Nos hemos autoimpuesto un conjunto de reglas que se vuelven imposibles de cumplir, pero dejaríamos todo en la cancha tratando de hacerlo.

La necesidad que sentimos como sociedad por demostrar que tenemos todo, o aparentar que lo tenemos, es un círculo vicioso que se amplía cada vez más. Estemos agradecidos de tener lo que tenemos, sin caer en conformismo. Dejemos de sentirnos merecedores de las cosas. Compartamos nuestras alegrías porque queremos compartirlas y no porque nos validan como parte de algo. Dejemos de juzgar al que no cumple con ciertos estándares que se esperarían de él. Busquemos nuestra felicidad en nuestro desarrollo como estudiantes, profesionistas, hijos, hermanos, amigos. Si tus amistades no te permiten ser tú, y te provocan más inseguridades que alegrías o soporte, ¡mándalos a la fregada! Te sorprendería lo que puede mejorar tu vida cuando te rodeas de gente que te aporta.

I don’t know what’s right and what’s real anymore
I don’t know how I’m meant to feel anymore
When do you think it will all become clear
And I’ll be taken over by the fear

*Las estrofas insertadas en el texto corresponden a la canción The Fear, de la artista Lily Allen.

8_AndresGomez

9_GabrielaGomez

Escrito por InteIndep

2 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo! Me encanta la forma tan respetuosa en la que plantean una situación de la que todos formamos parte. Un gusto leerlos. Estaré el pendiente de sus próximas publicaciones.

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