notaimpunidad

Por: Paola González – @PaolagabbieG

Hay una tristeza latente en cada rincón del bellísimo continente que es América. A pesar de toda la diversidad, de esa emoción que te embarga al escuchar los sonidos de la tierra, el calor de su gente y sus tradiciones, la gente se siente desprotegida. Existe esta sensación generalizada de la que se habla tanto en los medios de comunicación y que nadie puede resolver. Los ecos de los llantos se esconden tras las risas de una noche de fiesta y en los cotilleos diarios por WhatsApp.

Puedes verlo: mira cómo aquel hombre venezolano lucha cada día por no perder las esperanzas por su país; o como aquella chica argentina que camina a su casa voltea hacia atrás continuamente, esperando que nadie la siga. ¿Ves a aquella madre mexicana? Todos los días reza fervientemente para que su familia esté a salvo de las ejecuciones, los tiroteos y secuestros que suceden a diario. Hay un joven estudiante estadounidense que teme ser atacado por grupos xenófobos y racistas ¿lo conoces tu?

Violencia. Miedo. Dolor.

Vivimos bombardeados constantemente por actos infames en contra de la humanidad y cuando buscamos con desesperación una noticia que alimente nuestra fe es cuando la tormenta arrecia. Nos llegamos a preguntar diariamente ¿cuándo fue que nuestras leyes dejaron de protegernos? ¿Cuándo comenzaron las burlas y los teatros?

Las leyes que deberían de proteger y regular nuestros derechos se han vendido a sí mismas; convirtiéndose en protectoras del delito y la humillación en el marco del trato indigno, inhumano. Se ha perdido ya, y quizás para siempre, la confianza en un sistema legal pleno que garantice el respeto a la ciudadanía que pretende cobijar.

Así es como en estos días inciertos, pasamos buscando en los móviles descargar toda esa frustración, ese miedo que amenaza con cerrarnos la garganta y silenciarnos para siempre entre las promesas de seguridad que suenan más a “cliché hippie” que a una verdad por suceder.

“En tiempos de vacas flacas, la justicia no tiene precio”, decía un locutor hace algunas semanas en una estación local. Mientras la justicia mórbida continúa alimentándose de los despojos que mantienen el precario equilibrio entre la guerra y la paz, algunos comienzan ya a tomar sus herramientas para reconstruir piedra por piedra este bastión en ruinas que jamás se ha terminado.

Algunos los observan y se alejan lanzando maldiciones al aire. Otros, toman una piedra y se la ofrecen al nuevo constructor; algunos más comienzan a ver con esperanza este proyecto y se suman de una manera u otra a los esfuerzos de reconstrucción.

Aún habrá rapaces que tirarán esos muros, cínicos que escondan las piedras por las noches. Incluso pasarán años antes de que esta tristeza y desconfianza se puedan difuminar en un ambiente digno y justo. Pero entre las cualidades del ser humano está la esperanza que nos mueve a creer que todas las mañanas la luz vuelve a vencer a la oscuridad.

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Escrito por InteIndep

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